1950. Adrogué vio ganar a su ídolo
Por Dante Panzeri. Oscar Muleiro triunfa en una durísima carrera desde su pueblo natal, Adrogué, hasta Chascomús ida y vuelta para completar 212 km de los cuales 116 eran de tierra.
Ganar ya se convertía en una obligación para Muleiro. Se corría allá por sus dominios del sur; se aclamó su nombre en todo Adrogué desde la mañanita del domingo hasta la media tarde del regreso; se lo aclamó a lo largo de todo el recorrido, desde las aceras, desde los camiones abarrotados por su hinchada y pintarrajeados con su nombre y el de Adrogué; por todas partes el clamor incesante:
— ¡Muleiro!... ¡Muleiro!... ¡Muleiro!...
— Clamor que se acentuó al cruzar victorioso la meta y desaparecer entre el palmoteo de la barra; clamor que todavía debe resonar allá por las coquetas calles de la barriada.
"El Oso" tenía que ganar. Iba a ser ese, por otra parte, el mejor premio para los dirigentes del .Club Brown, ¡también de Adrogué!, que en su segunda prueba federada — muy bien organizada — restauraron a las programaciones oficiales esta clásica de antaño de tan hermoso historial.
En resumen, fiesta de pago chico, fiesta de familia grande. Fiesta de Adrogué en torno de su ídolo deportivo de hoy.
La "crema" estuvo casi en pleno. Apenas algunas ausencias, tan forzosas como relativas, puesto que sólo por excepción puede lograrse la concurrencia de todos, pero todos, los valores de primera fila. Esta vez faltaron Perone, Covolo, el bahiense Fernández, y creemos que ninguno más a excepción de los pre-seleccionados para el Sudamericano, a quienes la Federación no permite momentáneamente actuar en ruta. Tuvimos en cambio un debut de lustre en nuestros caminos: el del italiano Primo Zuccotti, ya con muchos años más que los que acusaba en sus épocas felices en la península, donde llegó a destacarse en el campo profesional.
Ruta dura, muy dura: los 212 kilómetros que completaban el trayecto de ida y vuelta a Chascomús comprendían más de la mitad en tierra, 116 kilómetros, con 96 de afirma-do entre Adrogué y Brandsen. Por suerte tocó una jornada sin ese calor sofocante que en medio de la tierra suele ser matador para el ciclista. Es decir que no hubo desesperación por agua; sólo "ahogos" momentáneos cuando la polvareda de los coches de acompañamiento envolvió al pelotón. No tuvimos tampoco el espeso colchón de aquella última Chascomús que ganara Manuel Fernández, haca cuatro años. Y el viento sopló cruzado, en contra, de ida; pero de cola, y con doble fuerza, de regreso. De allí un motivo en la diferencia de los promedios de cada tramo. Resumiendo: una carrera pesada, pero mucho más liviana de lo que pudo ser en otras circunstancias; de lo que creímos iba a ser, máxime cuando han pasado tantas semanas sin una lluvia en forme. Pongámonos en marcha.
Salieron fuerte. En seguida hubo arranques. Royal y Vavrin sus protagonistas principales. Pero todos anulados. Hasta prosperar, finalmente, un lancecito de dos pichones: Pablo Peuk y Luis Segota. Con ellos en punta se entró en la tierra, Y allí se produce de in-mediato el estirón. Pinchan Heide, Schen, Víctor González, el primero de los cuales sufre posteriormente una violenta rodada que lo priva radicalmente de medio mecánico. A esa caída sigue una mayor en la punta, donde el grueso de los ases se mantiene en lote. En la lucha de posiciones dentro de la escalera se produce un roce de ruedas que determina un aterrizaje en masa de Meo, Benvenutti, Marinelli y el italiano Zuccotti. Abandona Marinelli. Persiguen los otros. Y en punta encontramos,, en medio de una serie de arranques que han estirado aún más el lote, a: Segota, Pauk (ya alcanzados), Muleiro, Marisco, Formenti y Coombes. La acción por despegar a Benvenutti no es agresiva. Se marcha fuerte, nada más que fuerte. Y así puede aquél, con Meo, reintegrarse más pronto al comando. En tanto decide abandonar Zuccotti.
A este debe sumarse otro abandono de importancia, el de Angel Castellani, que ya en su fordcito da resignada como leal explicación:
—Me venía quedando en el asfalto... Después de ésta, ahora sí que no hago más ruta. Nos veremos en la pista. (Evidentemente el tiempo — y su hijita que lo chochea — han transformado a Angel. Ahora es sereno, manso, blando. El deporte ha hecho su obra).
Y vienen persiguiendo, en segunda posición, Víctor González, Ulrich, Olivera y Curcio. Más atrás Vavrin y Botas; a pocos metros Hoss, Arregui, Curas y Sevillano, que ha vuelto a quedarse. Pero que allí insiste: como todo aquel que no se resigna a admitir un mal momento. (Vaya para él nuestro más bien inspirado consejo: descanso). En quinta posición encontramos al italiano Debenedetti con Saúl Crispino; luego en lotes sucesivos a Schell, Koval y Raúl Rodríguez; Rionildo Donatti; Vera; el italiano Fanti, Vajda y Carlos Palina; y cerrando la marcha a Juan Kaminsky, Fernández, Martinove, Pillón, Scaunich y Comido.
Se ha organizado en tanto la persecución de Jorge Olivera y su lote de segunda posición, alcanzado a su vez por Botas después de desprenderse éste de Vavrin. Logra éxito aquélla y así los 8 punteros anteriormente indicados se convierten en 13, todos los cuales llegarán a Chascomús en lote y sin intentos de despegue. La situación es francamente dominante para Muleiro, Varisco, Meo y sus hombres adictos. Los demás esperan. En tanto abandonen Sevillano y Fanti. Y tenemos a Chascomús a la vista. Allí se va Curcio, sin que nadie le responda, para conquistar los 28 segundos con que arribará a la meta de ese lugar de neutralización. A su vez se han quedado de rueda del pelotón Segota y Pauk, justamente los dos prófugos del comienzo. Segota por saltársele la cadena, Pauk frenada su máquina en un trecho pesado. Llegan, respectivamente, a 50" y 1' 08" de Curcio; entran luego: Arregui y Schell a 1' 27"; Curas, Rodríguez y Debenedetti a 2' 53"; Crispino a 7' 02"; Pillón a 8'. El resto arriba a más de 15 minutos sobre el puntero. Citémoslos en lote: Koval, Scaunich, Corrado, Barral, Moretti, Vajda, José Castellano, Donatti, Américo Flores, Kaminsky, Adolfo Flores, Manuel Fernández, Paline, Vera y Vavrin. Entre éste y Curcio hay casi 40 minutos. Totál desgranada. 35 son los llegados e Chascomús. El promedio de esos primeros 105 kilómetros realizados en 3 h. 03 m. 39 s. acusa 34,594 metros horarios.
Se inicia el regreso, como decíamos, con fuerte viento a favor. Y naturalmente que Curcio no comete el error de pretender seguir solo. Espera al pelotón, cuyo paso, ligero por el viento pero calmo en la acción muscular, permite recuperar contacto e Segota, Pauk, Arregui, Schell y Debenedetti. Hay una consigna elemental en el lote donde forma mayoría el "squadrón" de Muleiro: deshacerse de Benvenutti. Y por parte de éste tratar de llegar a rueda de aquéllos para intentar su único posible recurso en la victoria: la escapada final. Pero la suerte de todo eso no será sino la que la lógica indica. Cuando el paso se apura empieza nuevamente la desgranada. Pierden contacto Víctor González, Formenti y Botas, después de haberle ocurrido lo propio a Ulrich, Pauk y Debenedetti, Luego se queda de rueda Coombes, a quien se une el lote de González, pero sobreviene una caída que deja por el suelo a Formenti y Botas. Adelante el trabajo anda en los 40 y 42 de media. Y producidos aquellos retrasos tenemos así al frente a 9 hombres: Curcio, Schell, Meo, Varisco, Muleiro, Olivera, Arregui, Segota y Benvenutti. Todos ellos entran en block al asfalto, pero de inmediato se registran en lo liso las consecuencias de lo áspero anterior (también con viento de cola, los músculos se cansan); endurecido, pierde rueda Benvenutti. La lucha de equi-pos está así resuelta. Benvenutti persiste en ella pero ya vencido y es cuando en medio de su fatiga le confiesa a Castellani:
—Me estoy acordando de vos en la San Antonio de Areco. Yo estoy igual en este momento. —Aquella vez Benvenutti y su gente lo habían dejado e Angel con todo un drama. Así es la ruta. Y Benvenutti abandonó.
Se retrasa Schell por falla en la cadena y en seguida corrían la misma suerte Curcio y Segota. Allí es cuando se produce el arranque de Olivera, arranque "a cara e' perros", que vino a dignificar la lucha entre hombres de un mismo equipo. Y el entrerriano se fue para conquistar más de un minuto. Llegamos a tomar 1' 14". Eso destrozaba los planes de Muleiro. Y a buscarlo fue éste. Se achicaron progresivamente las distancias, retornó Olivera al pelotón de vanguardia y así se estuvo sobre el sprint que daría a Muleiro su resonante victoria. Victoria bien trabajada. Noblemente construida, puesto que supo de lucha aun en situación aparentemente tranquila. Destaquemos también por su mérito el quinto puesto de Arregui.
Para los organizadores de esta Doble Chascomús vaya la felicitación de los que gustamos de las buenas organizaciones. El Atlético Brown se ha lucido y entre los detalles que justifican este elogio va la cita de que, como pocas veces ocurre en nuestro ciclismo, sus dirigentes denunciaron el recorrido métrico de la prueba con toda corrección —y no al tanteo como suele hacerse — y se preocuparon por que en cada bifurcación del camino hubiese una bandera que despejase cualquier duda. Colaboró, como otras veces, la Dirección de Medicina del Deporte.
Por Dante E. Panzeri.
Fotos: Sanjurjo.