Las Crónicas de El Gráfico

1981 ¡Viva Villa y Ardiles!

Por Redacción EG · 26 de abril de 2020

Un grito estremecedor salto de Wembley para invadir toda Inglaterra: ¡Viva Ardiles y Villa!. De la mano de los dos argentinos campeones del mundo el Tottenham Hotspur conquista la edición 100 de la FA Cup.

Fue hace casi tres años. Compartíamos la vigilia del debut con el Gordo Martínez. Una vigilia invadida de nerviosismo, de tensión y —porqué no— de temores. Él era el artífice de esta osada aventura. Todavía está fresco el recuerdo. Fuimos hasta Nottingham, hasta la tierra de Robin Hood, para ver cómo Villa y Ardiles tenían su presentación esplendorosa. Mucho público, alambrados caídos, policías tratando de poner orden. Un gol de Villa . El Gordo se había quedado en Londres palpitando el comienzo de la historia. "Fue bárbaro, Gordo, fue bárbaro...", le grité al regreso. "¿Viste?, yo te dije. .", me respondió.

 

La llegada de Ardiles y Villa revolucionó al Tottenham Hotspurs

La llegada de Ardiles y Villa revolucionó al Tottenham Hotspurs

 

A hora, la segunda final de la Copa. La decisión de las autoridades para que haya definición. Después del alargue, de prolongarse un empate, sobrevendrán los penales. Dicen que fueron vendidas 8.000 entradas menos que el sábado anterior. Por las calles, el clima no es tan pintoresco y desafiante como en el otro partido. O acaso sea una impresión demasiado subjetiva que parte de sentir como que uno vuelve a ver el mismo espectáculo. En las tribunas los gritos, las banderas y las cervezas no se agotan.

El juego tiene en su comienzo un trámite de vigorosa espectacularidad. Gow lo persigue a Ardiles. Y le pega hasta que el árbitro pretende ponerle límite a su agresividad. Dos veces se salva el arco del Tottenham en los primeros cinco minutos. En una actúa para ello Hughton, luego Villa. Dos "vicegoles" como diría un español. Pero el gol será del Tottenham y tendrá a los dos argentinos como protagonistas fundamentales. Gran jugada de Ardiles por la izquierda, diagonal y remate que pega en la espalda de Archibald, que corría no se sabe hacia dónde. El rebote queda para la sensibilidad del botín derecho de Villa. Golazo. Dura poco, viene la volea y el empate de Mackenzie. Enseguida tiro libre de Hoddle en el palo derecho. No hay tiempo para registrar. Es un partido para verlo en puntas de pie. Tal vez haya sido por eso, por una recóndita ansiedad de todos, que el segundo tiempo se reanuda tras sólo 12 minutos de descanso. A los 2 se para el juego porque una paloma aterriza en el césped. El árbitro la toma con una mano y la hace volar. Una paloma. Haya paz.

El primero de Villa. Su remate entre Caton, McDonald y Corrigan. La jugada previa había sido una gran maniobra de Ardiles, cuyo remate pegó en la espalda de Archibald. Primer derechazo a la red...

El primero de Villa. Su remate entre Caton, McDonald y Corrigan. La jugada previa había sido una gran maniobra de Ardiles, cuyo remate pegó en la espalda de Archibald. Primer derechazo a la red...

 Pero no hay tregua. Penal al morenito Bennett y el Manchester pasa al frente. Ante un nuevo y violento foul de Gow a Ardiles un hincha ingresa al campo para tomar represalia. Insólito. La policía tarda muy poco en desalojarlo.

Se van los minutos. Íntimamente se me está yendo la esperanza. El Manchester City, un conjunto sin grandes individualidades, con un correcto funcionamiento y con mucho fervor, va consiguiendo su objetivo. El Tottenham vuelve a ser un equipo partido en dos. Con un mediocampo excepcional a través de la gestión de Hoddle y Ardiles (aunque esta vez sin la precisión del toque y del talento conocidos) y los aportes aislados de Galvin y Villa. Pero atrás y arriba es mal equipo. En el fondo las ventajas ofrecidas fueron alarmantes. Salvo algunas muestras de oficio a cargo de Perryman, el resto flojo, muy flojo, permitiendo que el ataque del Manchester fuera más de lo que es y de lo que pretendía. Y arriba el morenito Crooks y Archibald ratificando lo que viéramos en la primera final. Torpes, sin ningún recurso para resolver en espacios reducidos. Chocando y chocando, devolviendo "sandías" cuando le tiraban una pared. El gol del empate lo hacen a dúo. Córner de Galvin corto para Villa, de éste a Hoddle, excelente habilitación por arriba a Archibald, quien quiere dominar el balón y —como siempre— se le escurre del botín, le queda a Crooks y 2-2.

La pose dominante de "Ossie" Ardiles. El cordobés, Villa y Hoddle, fueron las columnas para dar vuelta el resultado.

La pose dominante de "Ossie" Ardiles. El cordobés, Villa y Hoddle, fueron las columnas para dar vuelta el resultado.

 El fútbol de Hoddle, Villa y Ardiles comienza a transformar lo que parecía intransformable. Ellos tres pueden más que todas las ventajas que ofrecen sus compañeros y que toda la inclaudicable vocación ganadora del Manchester.

Ricardo Julio Villa. Primero la crónica y el análisis.

Salió a jugar tal vez perseguido por el fantasma de aquel reemplazo del sábado. Con el fastidio a cuestas. Con el desafío quemándole las entrañas. "Ahora o nunca", pudo ser su lema.

Arranque en la posición habitual, pero al cabo de pocos minutos va de punta. Bien de punta. Como queriendo desconcertar al equipo adversario y a su marca personal. Va forzando en la ofensiva. Y demuestra ya en el primer gol que es capaz de definir como un auténtico y avezado delantero. A los 29 minutos, tiro, de media distancia y Corrigan (gran arquero) manotea al córner. A los 36 se fue por la derecha habilitado por Archibald, remate violento y bajo que otra vez Corrigan envía al comer. A los 38 otro desborde, esta vez por la izquierda, amague, enganche, y centro para la defectuosa volea de Crooks, que la tira afuera. Entra y sale, va y vuelve, rota por la izquierda, rota por la derecha. Nunca se estaciona. Devuelve bien. No arriesga. Salva un gol en su arco y hace lo que hace falta enfrente. Gran partido de Villa. Todo el repertorio de un jugador inteligente, hábil, generoso. Una clase magistral de cómo se puede integrar —y triunfar— un jugador de nuestro estilo en este fútbol inglés tan especial. Es cuando —más que nunca— a uno se le ocurre aquello de que "fútbol hay uno solo".

La obra genial de Villa va a terminar en el gol del triunfo, a 13 minutos del final. Ahí está por partir el derechazo que ya está acuñado en la centenaria trayectoria de la Copa...

La obra genial de Villa va a terminar en el gol del triunfo, a 13 minutos del final. Ahí está por partir el derechazo que ya está acuñado en la centenaria trayectoria de la Copa...

 Pero faltaba lo mejor. Que, como suele ocurrir, fue dejado para el final. La derrota del Tottenham, que por momentos pareció fatalmente irreversible, habría de sucumbir. Los errores alarmantes de la defensa. La ceguera de los delanteros de punta. Todo quedaría disimulado por la genial construcción futbolística de Villa. Hoy y para siempre dirá el relato: iban 32 minutos de juego del segundo tiempo en el majestuoso estadio de Wembley. Se estaba definiendo la edición número 100 de la Copa de Inglaterra. Un jugador sudamericano, para más datos argentino, nacido en Roque Pérez, llamado Ricardo Julio Villa, tomó la pelota sobre la izquierda y empezó a elaborar una jugada de alta categoría técnica. Llegaron a ser cuatro los hombres que quedaron desairados con sus gambetas y sus amagues. El remate final no venía nunca. El suspenso aceleró miles de corazones, anudó gargantas, crespó los puños… Hasta que fue gol. Difícil de calificar por su desarrollo, por su conclusión, por su trascendencia. Las tribunas crujen. A Villa lo sepultan millones de abrazos.

Faltaban 13 minutos pero la Copa Inglesa tenía dueño. Era del Tottenham Hotspur. La ceremonia de entrega. La hinchada rugiente que espera la vuelta olímpica. Abrazos. Sombreros, bufandas, delirio. Honor al derrotado que también da la vuelta olímpica. Se aplauden vencedores y vencidos. Nadie arrea su entusiasmo. Ni los del Manchester ni los del Tottenham. Hasta el técnico del vencido (John Bond) -recibe - el saludo jubiloso de los "celestes" instalados en una de las cabeceras.

 

Ardiles y Villa con la FA Cup.

Ardiles y Villa con la FA Cup.

 

Me meto en la multitud. Bien anónimo, mimetizado. ¿Qué pensará ese hincha? ¿Qué sentirá? Sólo puedo entender una cosa: ese "¡Vivan Villa y Ardiles!", que yo había visto inscripto en una bandera. "¡Vivan Villa y Ardiles!" es la consigna. Y pegada a ella un "¡Argentina!", con fonética nuestra sin la "y" que los ingleses arrastran para pronunciar el nombre de nuestro país.

Las calles del barrio de Tottenham. Puede ser la Boca o Aveilaneda. ¿Dónde está la diferencia? Puede ser la cerveza, puede ser el idioma. Yo no lo noto. Abrazos. Saludos. Ganas de que esa noche no se acabe nunca. Que el sol haya muerto para no anunciar otro día. Festejar y festejar en ese inigualable rito popular que sólo el fútbol puede ofrecer.

 

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