Las Entrevistas de El Gráfico

2004. Palermo volvió a vivir

Por Redacción EG · 29 de abril de 2019

Después de su experiencia en España, Martín Palermo regresa a Boca, y le cuenta a El Gráfico sus sensaciones. En el club xeneize jugaría 7 años más para seguir escribiendo su leyenda.

Es­ta más fla­co que cuan­do se fue. Se le no­ta en la ca­de­ra abre­via­da y mien­tras ca­mi­na con las pier­nas en­va­sa­das en esos jeans ma­rro­nes que las tor­nan de­ci­di­da­men­te zan­cu­das, con­va­li­dan­do aquel bau­tis­mo de “Gar­za” en sus días de ado­les­cen­cia y ac­né.

Es­tá más se­re­no que cuan­do se fue. Se le no­ta en el aplo­mo con que re­la­ti­vi­za las com­pli­ca­cio­nes de su Ope­ra­ción Re­tor­no y en la pla­ci­dez que irra­dia al re­co­rrer el club, in­mu­ne a fas­ti­dios de cual­quier ín­do­le cuan­do se le ad­hie­ren a la es­pal­da hin­chas, so­cios, alle­ga­dos y afi­nes pa­ra pre­gun­tar­le có­mo es­tá, qué pien­sa, cuán­tos go­les le ha­rá a Ri­ver, qué on­da con Brin­di­si.

La sonrisa compañera permanente de Martín desde que regresó a Boca.

La sonrisa compañera permanente de Martín desde que regresó a Boca.

Es­tá más con­ten­to que cuan­do se fue. Se le no­ta en la son­ri­sa en­cen­di­da y en esa ex­ci­ta­ción des­bo­ca­da al va­lo­rar ca­da ra­mi­fi­ca­ción co­ti­dia­na de su ofi­cio de fut­bo­lis­ta, co­mo un ma­te en la uti­le­ría, una char­la al pa­so con un pe­rio­dis­ta de los bue­nos vie­jos tiem­pos o un sal­to acro­bá­ti­co pa­ra aca­ri­ciar­le la ma­no a un hin­cha que tre­pó un mu­ro de Ca­sa Ama­ri­lla só­lo pa­ra sa­lu­dar­lo.

Es­tá más fla­co, más se­re­no y más con­ten­to, pe­ro Mar­tín sa­be que lo tra­je­ron a Bo­ca pa­ra que sea el mis­mo Pa­ler­mo. “El op­ti­mis­ta del gol”, se­gún el bau­tis­mo de Bian­chi. “La fie­ra del gol”, se­gún el ag­gior­na­mien­to de Brin­di­si pa­ra el lar­gui­ru­cho de go­les épi­cos, looks oxi­ge­na­dos y fes­te­jos lo­cos.

–¿Qué sen­sa­ción tu­vis­te en es­tos pri­me­ros días de reen­cuen­tro con el Mun­do Bo­ca?

–Sien­to que vol­ví a vi­vir. Que re­gre­sé a mi ca­sa. Ha­cía tiem­po que que­ría reen­con­trar­me con es­ta fe­li­ci­dad que só­lo te da Bo­ca. Des­de el pri­mer en­tre­na­mien­to, cuan­do en­tré en el ves­tua­rio y em­pe­cé a bro­mear con los mu­cha­chos, sen­tí que el al­ma me vol­vía al cuer­po. Es­toy es­pe­ran­do con an­sie­dad el día de pi­sar la Bom­bo­ne­ra, por­que sé que me voy a emo­cio­nar de lo lin­do.

–¿Ne­ce­si­ta­bas reen­con­trar­te con esa adre­na­li­na?

–Mu­chí­si­mo. Uno no se da cuen­ta lo que es Bo­ca has­ta que se va. Es al­go in­com­pa­ra­ble, úni­co. Por el ca­ri­ño de la gen­te, por la re­per­cu­sión, por los ob­je­ti­vos, por la pren­sa. Es una su­ma de co­sas que lo con­vier­ten en al­go ma­ra­vi­llo­so. Po­drá exis­tir al­gún club del mun­do con más hin­chas, pe­ro la pa­sión que ge­ne­ra Bo­ca es ini­gua­la­ble.

Feliz de la vida, a caballito de Traverso. Palermo recuperó la alegría y sueña con más goles.

Feliz de la vida, a caballito de Traverso. Palermo recuperó la alegría y sueña con más goles.

–Te fuis­te ga­na­dor de to­do, pe­ro du­ran­te tus cua­tro años de au­sen­cia Bo­ca vol­vió a re­co­rrer ese ca­mi­no. ¿Eso au­men­ta el com­pro­mi­so de es­ta vuel­ta?

–No. Aun­que yo no es­tu­vie­ra, Bo­ca igual apun­ta­ría a lo má­xi­mo. En es­tos días no­té al gru­po muy mo­ti­va­do. Aun­que cam­bió el cuer­po téc­ni­co y lle­ga­ron va­rios ju­ga­do­res, la esen­cia es la mis­ma. Pa­re­ce que Bo­ca no hu­bie­ra ga­na­do na­da en los úl­ti­mos tiem­pos. Hay una ex­pec­ta­ti­va re­no­va­da, ham­bre de glo­ria, ga­nas de con­se­guir co­sas im­por­tan­tes.

–¿No arries­gás de­ma­sia­do pres­ti­gio con es­te re­gre­so? Di­go por la com­pa­ra­ción con la eta­pa an­te­rior.

–Eso no me preo­cu­pa. To­do lo que le dí a Bo­ca ya es­tá, que­dó en la his­to­ria y no lo bo­rra na­die. Aho­ra vi­ne pa­ra se­guir su­man­do co­sas. Quie­ro dar­le más ale­grías a la gen­te de Bo­ca. To­das las que pue­da. Pe­ro sin mi­rar pa­ra atrás. Yo vi­vo el pre­sen­te. No me gus­ta dor­mir­me en los lau­re­les de los go­les que le pu­de ha­ber he­cho a Ri­ver, al Real Ma­drid o a San Lo­ren­zo. Mi­ro pa­ra ade­lan­te y veo ob­je­ti­vos por al­can­zar, go­les por ha­cer, par­ti­dos por ga­nar. Y creo que aho­ra voy a dis­fru­tar más que an­tes.

–¿Por qué?

–Por­que es­toy más ma­du­ro. En la eta­pa an­te­rior pa­só to­do muy rá­pi­do y no su­pe en­con­trar el tiem­po pa­ra sa­bo­rear­lo. Me ex­plo­tó to­do de re­pen­te: los go­les, los cam­peo­na­tos lo­ca­les, la Li­ber­ta­do­res, la In­ter­con­ti­nen­tal… Co­sas muy fuer­tes que ve­nían una de­trás de la otra, sin res­pi­ro. Y yo no te­nía la ca­pa­ci­dad o el en­tre­na­mien­to pa­ra ma­ne­jar esas si­tua­cio­nes. Es­toy se­gu­ro de que voy a dis­fru­tar mu­chí­si­mo ca­da mi­nu­to de es­ta eta­pa, sin apar­tar­me del com­pro­mi­so que sig­ni­fi­ca ga­nar un tí­tu­lo.

–Co­mo si hu­bie­ra otro Pa­ler­mo.

–No sé si otro Pa­ler­mo. Yo di­ría que es el mis­mo, pe­ro más ma­du­ro. Por una cues­tión de años y de vi­ven­cias.

Autógrafo al paso. Mientras Martín trotaba, una jugadora corrió con él hasta que le firmó.

Autógrafo al paso. Mientras Martín trotaba, una jugadora corrió con él hasta que le firmó.

El si­nuo­so pe­ri­plo eu­ro­peo apor­tó esas vi­ven­cias que gal­va­ni­za­ron el es­pí­ri­tu del nue­vo Mar­tín. Par­tió ha­cia Es­pa­ña con el aval de aque­llos go­les al Real Ma­drid, pe­ro sus días trans­cu­rrie­ron en un con­tex­to me­nos gla­mo­ro­so que la fi­na­lí­si­ma de To­kio 2000.

Irre­gu­la­ri­dad. Esa es la pa­la­bra que me­jor se en­ta­lla a su ren­di­mien­to en tie­rra his­pa­na. Por va­ria­bles fut­bo­lís­ti­cas o cir­cuns­tan­cias tan in­só­li­tas co­mo la do­ble frac­tu­ra mien­tras ce­le­bra­ba un gol del Vi­lla­rreal, a Pa­ler­mo le cos­tó sos­te­ner el ni­vel ex­plo­si­vo del pri­mer vi­rrei­na­to de Bian­chi.

–¿Qué les res­pon­dés a quie­nes sos­tie­nen que Pa­ler­mo fra­ca­só en el fút­bol es­pa­ñol?

–No creo ha­ber fra­ca­sa­do. Pe­ro re­co­noz­co que no me fue to­do lo bien que de­sea­ba. Ca­si nun­ca pu­de ser fe­liz. Des­gra­cia­da­men­te, no tu­ve la for­tu­na de ju­gar en un equi­po con as­pi­ra­cio­nes gran­des co­mo las que tie­ne Bo­ca. Ju­gué en clu­bes sin esa au­toe­xi­gen­cia. Y eso in­flu­yó en mi ren­di­mien­to. Mi idea era em­pe­zar de aba­jo y cre­cer pau­la­ti­na­men­te, pe­ro se me com­pli­có to­do a par­tir de aque­lla fa­mo­sa le­sión por el mu­ro que se me ca­yó en­ci­ma. Res­ca­to que en Es­pa­ña me ha­yan tra­ta­do muy bien a ni­vel per­so­nal. Y tam­bién las ex­pe­rien­cias que vi­ví den­tro y fue­ra de la can­cha. Me sir­vie­ron pa­ra cre­cer a to­do ni­vel.

En Villarreal jugó entre 2001 y 2003. Disputó 81 partidos y marcó 20 goles.

En Villarreal jugó entre 2001 y 2003. Disputó 81 partidos y marcó 20 goles.

–¿Te arre­pen­tís de ha­ber­te ido?

–No. En su mo­men­to to­mé la de­ci­sión co­rrec­ta. Ha­bía un de­sa­fío por de­lan­te y que­ría ase­gu­rar el fu­tu­ro de mi fa­mi­lia.

–¿No te ba­jo­neó ha­ber ter­mi­na­do en un equi­po de Se­gun­da Di­vi­sión?

–No, pa­ra na­da. No só­lo no me aver­güen­za, si­no que los me­ses que pa­sé en el Ala­vés fue­ron fun­da­men­ta­les pa­ra mi re­cu­pe­ra­ción. Des­pués de tan­tas pá­li­das, ha­bía per­di­do el en­tu­sias­mo, las ga­nas de ju­gar. Y las re­cu­pe­ré en Ala­vés. Tu­ve con­ti­nui­dad y pe­lea­mos el as­cen­so has­ta el fi­nal. Nos que­da­mos en la puer­ta, pe­ro siem­pre fui­mos pro­ta­go­nis­tas.

–¿Y qué te fal­ta pa­ra ser el Pa­ler­mo que fuis­te?

–Lo que es­toy vi­vien­do aho­ra: la ilu­sión de pe­lear co­sas im­por­tan­tes, una pre­tem­po­ra­da in­ten­sa pa­ra po­ner­me a pun­to y un gru­po que con­ta­gia op­ti­mis­mo.

–Que con­ta­gia op­ti­mis­mo y que es­tá lle­no de “vie­ji­tos”.

–Nooo… Te­ne­mos ex­pe­rien­cia, que no es lo mis­mo. Pe­ro los “vie­ji­tos”, co­mo di­ce la gen­te, no es­ta­mos so­los. Nos ro­dean un mon­tón de chi­cos que jue­gan muy bien y em­pu­jan con una fuer­za bár­ba­ra. Hay una bue­na mez­cla. Y a to­dos nos igua­la una co­sa: la men­ta­li­dad ga­na­do­ra.

Zurdazo típico de Palermo, en este caso en un partido muy especial para él, enfrentando a Gimnasia en el Bosque.

Zurdazo típico de Palermo, en este caso en un partido muy especial para él, enfrentando a Gimnasia en el Bosque.

–Se reen­con­tra­ron va­rios mu­cha­chos de la pri­me­ra eta­pa, pe­ro se fue Bian­chi…

–Lo de Car­los me sor­pren­dió, co­mo a to­dos. Pe­ro si to­mó esa de­ci­sión, ten­drá sus ra­zo­nes y hay que res­pe­tar­las. Yo le ten­go un agra­de­ci­mien­to eter­no y le de­seo lo me­jor. Aho­ra el gru­po tra­ta­rá de res­pon­der­le a Mi­guel, que me pa­re­ce una gran per­so­na…

 Mi­guel su­po lle­gar­le al co­ra­zón en un ins­tan­te cru­cial. La Ope­ra­ción Re­tor­no pa­re­cía nau­fra­gar por una cláu­su­la te­ñi­da de des­con­fian­za, que lo obli­ga­ba a ju­gar una de­ter­mi­na­da can­ti­dad de par­ti­dos pa­ra ga­ran­ti­zar­se la ple­na vi­gen­cia de un con­tra­to trie­nal. Pa­ra col­mo, las no­ti­cias que ve­nían de Mé­xi­co ubi­ca­ban a su com­pe­ti­dor di­rec­to por la va­can­te de cen­tro­de­lan­te­ro, Jo­sé Sa­tur­ni­no Car­do­zo, ca­da vez más cer­ca en las ci­fras. Y esa ilu­sión cons­trui­da día tras día, la­dri­llo a la­dri­llo, pa­re­cía de­rrum­bar­se ine­xo­ra­ble­men­te.

En Boca tuvo dos ciclos, en total jugó 404 partidos y convirtió 236 goles.

En Boca tuvo dos ciclos, en total jugó 404 partidos y convirtió 236 goles.

En el her­vor de la amar­gu­ra le so­nó el ce­lu­lar. Y la voz de Brin­di­si le re­vi­ta­li­zó la es­pe­ran­za: “Tran­qui­lo, Mar­tín, que vos sos el nue­ve que yo quie­ro. Se va a ha­cer lo im­po­si­ble pa­ra que ven­gas.”

Me­nos de 24 ho­ras des­pués, Pa­ler­mo es­ta­ba en el com­ple­jo de Ca­sa Ama­ri­lla pa­ra ser pre­sen­ta­do co­mo nue­vo ju­ga­dor de Bo­ca. Aque­lla des­con­fian­za in­com­pren­si­ble mu­tó a un res­pal­do in­con­di­cio­nal. Tan­to que lo pre­sen­ta­ron a la pren­sa an­tes de pa­sar la re­vi­sión mé­di­ca y fir­mar con­tra­to…

–Ese lla­ma­do de Mi­guel fue im­por­tan­te. Pa­ra un ju­ga­dor es fun­da­men­tal que el téc­ni­co lo quie­ra y con­fíe en él.

–¿Tu­vis­te mie­do de que se ca­ye­ra to­do?

–No, es­tu­ve muy tran­qui­lo. Las ne­go­cia­cio­nes siem­pre tie­nen sus idas y vuel­tas. Lo im­por­tan­te fue que de am­bos la­dos ha­bía pre­dis­po­si­ción pa­ra lle­gar a un acuer­do.

–¿Qué char­las­te con Ma­cri?

–Ha­bla­mos des­pués de que se arre­gla­ra to­do y me pi­dió que dis­fru­ta­ra mu­cho lo que se vie­ne.

–¿Y los hin­chas qué te pi­die­ron?

–Lo ló­gi­co: go­les, tí­tu­los, ga­nar­le a Ri­ver.

–¿Vos qué les con­tes­tas­te?

–Que voy a de­jar to­do pa­ra dar­les mu­chas ale­grías. Aun­que mis ac­tua­cio­nes en Es­pa­ña no ha­yan si­do de las me­jo­res, no me ol­vi­dé de ha­cer go­les. Yo sue­ño con lo mis­mo que ellos.

–Y ellos so­ña­ban con la du­pla Gui­ller­mo-Pa­ler­mo, aun­que aho­ra ten­drán que es­pe­rar un tiem­pi­to.

–Con Gui­ller­mo vi­vi­mos sen­sa­cio­nes opues­tas en po­co tiem­po. Reen­con­trar­nos en Bo­ca es lo que más de­seá­ba­mos. No­so­tros nos hi­ci­mos muy ami­gos y se­gui­mos sién­do­lo cuan­do me fui, así que siem­pre ha­blá­ba­mos de lo lin­do que se­ría re­vi­vir to­do aque­llo. La­men­ta­ble­men­te su le­sión se com­pli­có y va­mos a te­ner que es­pe­rar pa­ra dis­fru­tar jun­tos aden­tro de una can­cha.

–¿Có­mo no­tas­te a Gui­lle en es­tos días?

–Y… es­ta­ba ba­jo­nea­do, con la bron­ca ló­gi­ca por una co­sa así. Pe­ro se to­mó la me­jor de­ci­sión pa­ra su fu­tu­ro. La ope­ra­ción le va a per­mi­tir vol­ver en ple­ni­tud lo más rá­pi­do po­si­ble.

–¿Có­mo te ima­gi­nás una so­cie­dad con Te­vez?

–Si Mi­guel de­ci­de que ju­gue­mos jun­tos, ima­gi­no que nos va­mos a aco­plar muy bien, igual que con el res­to de los mu­cha­chos. Car­li­tos le dio co­sas im­por­tan­tí­si­mas a Bo­ca y ya de­mos­tró to­do el ta­len­to que tie­ne. Jue­ga bien en cual­quier lu­gar de la can­cha.

–Más allá de lo que pa­se en Bo­ca, ¿te­nés ga­nas de una re­van­cha en la Se­lec­ción?

–El ju­ga­dor siem­pre pien­sa en la Se­lec­ción. Des­de ya que me gus­ta­ría te­ner una nue­va opor­tu­ni­dad. Pe­ro aho­ra ten­go la ca­be­za pues­ta en Bo­ca. No quie­ro mi­rar más allá del pre­sen­te. Si le rin­do bien a Bo­ca, qui­zá me ga­ne una chan­ce en la Se­lec­ción. Me en­can­ta­ría.

En la Selección Argentina vivió los dos extremos, la tristeza de errar tres penales en un mismo partido (Copa América de 1999) y 10 años después la gloria de convertir el gol frente a Perú en las eliminatorias para darle el pase a la Selección de Maradona al Mundial de Sudáfrica 2010, donde sería convocado y marcaría un gol frente a Grecia.

En la Selección Argentina vivió los dos extremos, la tristeza de errar tres penales en un mismo partido (Copa América de 1999) y 10 años después la gloria de convertir el gol frente a Perú en las eliminatorias para darle el pase a la Selección de Maradona al Mundial de Sudáfrica 2010, donde sería convocado y marcaría un gol frente a Grecia.

Des­de que re­tor­no al club, Mar­tín ha da­do pa­sos cor­tos, pe­ro fir­mes, se­gu­ros. Ini­ció su pre­pa­ra­ción de ce­ro, di­fe­ren­cia­do del res­to del plan­tel. Y a me­di­da que aco­pió ki­ló­me­tros en el tra­ba­jo de fon­do, fue aco­plán­do­se a la ma­qui­na­ria ge­ne­ral. Con óp­ti­mos re­sul­ta­dos en to­das las eva­lua­cio­nes fí­si­cas que se le prac­ti­ca­ron, y fer­ti­li­za­do por los cons­tan­tes gri­tos de alien­to de Mi­guel, “la fie­ra del gol” afi­la las uñas pa­ra el zar­pa­zo del re­gre­so.

–¿Có­mo ima­gi­nás la vuel­ta ofi­cial?

–Pre­fie­ro vi­vir­la y no so­ñar­la. Pe­ro sé que va a ser lin­da, emo­cio­nan­te. Y que de ahí en más em­pie­za otra his­to­ria. Ya di­je: no voy a mi­rar pa­ra atrás. To­dos me ha­blan del gol que le hi­ce a Ri­ver por la Co­pa y tie­nen ra­zón, fue al­go sen­sa­cio­nal, inol­vi­da­ble, de pe­lí­cu­la. Nun­ca voy a sen­tir en una can­cha lo que sen­tí en ese ins­tan­te. Pe­ro no pue­do de­te­ner­me en eso. Mi men­ta­li­dad es mi­rar pa­ra ade­lan­te. Lo que pa­só, pa­só. Quie­ro que me re­co­noz­can por lo que ha­ga a par­tir de aho­ra, co­mo si nun­ca hu­bie­ra he­cho na­da en Bo­ca. Es mi gran de­sa­fío en es­ta eta­pa.

 

Evolución de la especie

● De chi­co an­da­ba con los bra­zos le­van­ta­dos, co­mo si su­pie­ra que más ade­lan­te lo ha­ría se­gui­do pa­ra fes­te­jar go­les y más go­les. No bien dio los pri­me­ros pa­sos, le re­ga­la­ron una pe­lo­ta nú­me­ro cin­co tan gran­de co­mo él. ¿Los co­lo­res? Ob­vio: ro­jo y blan­co, los del Pin­cha.

 

Martín Palermo nació en La Plata el 7 de noviembre de 1973.

Martín Palermo nació en La Plata el 7 de noviembre de 1973.

 

● An­tes de en­trar a la pri­ma­ria, Mar­tín ya era un hin­cha fa­ná­ti­co de Es­tu­dian­tes. Si bien te­nía la ca­mi­se­ti­ta, cuan­do ju­ga­ba con los ami­gui­tos le en­can­ta­ba ir al ar­co, el pues­to que hizo famoso a su pa­dre en el club For Ever. Pe­ro los ge­nes del go­lea­dor se­rían más fuer­tes que los del ar­que­ro.

 

La zurda y la camiseta Pincharrata.

La zurda y la camiseta Pincharrata.

 

● Por al­go le de­cían La Gar­za en la ado­les­cen­cia… ¡Qué pa­tas fla­cas! En esa épo­ca es­ta­ba pe­lea­do a muer­te con los me­lli­zos Ba­rros Sche­lot­to, sím­bo­los de Gim­na­sia. Se mata­ban en los clá­si­cos pla­ten­ses de in­fe­rio­res, en los que Martín fue cam­peón de No­ve­na a Quin­ta.

Debutó en Estudiantes el 5 de julio de 1992. Jugó en el Pincha hasta 1997.

Debutó en Estudiantes el 5 de julio de 1992. Jugó en el Pincha hasta 1997.

● Ex­plo­tó en la Pri­me­ra de Es­tu­dian­tes, allí se di­plo­mó de ver­du­go de Ri­ver: le hi­zo sie­te go­les. Pe­ro an­tes de ese mo­men­to de glo­ria, es­tu­vie­ron a pun­to de ce­der­lo a prés­ta­mo a San Mar­tín de Tu­cu­mán por apenas 1000 dó­la­res, ya que el DT Miguel Angel Rus­so no le veía pas­ta.

 

En Estudiantes jugó 99 partidos y convirtió 36 goles.

En Estudiantes jugó 99 partidos y convirtió 36 goles.

 

● El me­chón do­ra­do fue la mar­ca re­gis­tra­da de su me­jor mo­men­to en Bo­ca. Má­xi­mo ar­ti­lle­ro de tor­neos cor­tos –20 go­les en los 19 par­ti­dos del Aper­tu­ra 98–, ga­nó cin­co tí­tu­los e hi­zo su gol 100 con los li­ga­men­tos ro­tos.

 

● En la Se­lec­ción Na­cio­nal tam­bién ba­tió ré­cords, aun­que pa­ra na­da en­vi­dia­bles: ¡erró tres pe­na­les en un mis­mo par­ti­do! El par­ti­cu­lar he­cho ocu­rrió en Lu­que, con­tra Co­lom­bia, por la Co­pa Amé­ri­ca 99. Con la ce­les­te y blan­ca, con­vir­tió 3 go­les en 7 par­ti­dos.

 

● Vi­lla­rreal fue la pa­ra­da ini­cial en el fút­bol es­pa­ñol. Allí con­su­mó otro ré­cord in­só­li­to: se frac­tu­ró la ti­bia y el pe­ro­né por­que se le ca­yó una pa­red en­ci­ma mien­tras fes­te­ja­ba un gol con los hin­chas. Des­pués vi­nie­ron vue­los fu­ga­ces por el Be­tis y el Ala­vés.

 

● A los trein­ta años, vuel­ve a cal­zar­se la ca­mi­se­ta de Bo­ca pa­ra trans­for­mar­se en una de las fi­gu­ras es­te­la­res del año del cen­te­na­rio. Nue­ve go­les, pa­ra­dó­ji­ca­men­te, lo se­pa­ran de las 100 con­quis­tas con la azul y oro. Un hi­to que, se su­po­ne, al­can­za­rá en muy po­co tiem­po.

 

Una operación muy particular

Bo­ca com­pro el 50% del pa­se de Pa­ler­mo en 900 mil dó­la­res y acor­dó pa­gar­le 100 mil dó­la­res de pri­ma por el pri­mer año de con­tra­to. En ju­lio de 2005 ten­drá la op­ción de com­prar el 50% res­tan­te por otros 900 mil dó­la­res y pro­rro­gar au­to­má­ti­ca­men­te el vín­cu­lo por dos años más, abo­nan­do otros 100 mil anua­les de pri­ma. Si Bo­ca no com­pra el 50% res­tan­te, Mar­tín que­da­rá li­be­ra­do pa­ra ju­gar en otro equi­po.

 

Por Elias Perugino

Fotos: Alejandro del Bosco y Archivo El Gráfico

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