Las Crónicas de El Gráfico

Disparador: la manta corta

Por Elías Perugino · 17 de marzo de 2013

Tim inmortalizó una frase que pronto reverdecerá en el amplio y generoso ambiente del fútbol argentino. Subestimado por muchos y adorado por otros tantos, el brasileño fue crack como jugador y un sabio de perfil bajo en el rol de entrenador. Sus conceptos futboleros están más vigentes que nunca.

  Nota publicada en la edición de marzo de 2013 de El Gráfico

Tocar de oído es una desfachatez maravillosa. Un refugio delicioso para los vendehumo. En el ambiente del fútbol –tan volátil, tan voluble, tan propenso a comprar y vender buzones cuando el mundo se maneja por mails–, esos especímenes retozan con la placidez de las ballenas en las aguas de Puerto Madryn. Así es el ambiente del fútbol: amplio, plural, generoso. Admite a dirigentes serios y no tanto, a técnicos serios y no tanto, a jugadores serios y no tanto, a periodistas serios y no tanto... Los “no tanto” sacan chapa gracias a cierta intuición y oportunismo. Son especialistas en capturar frases que flotan por ahí e inyectarlas en momentos precisos y adecuados de una conversación. “Como decía Dante Panzeri[1], el fútbol es la dinámica de lo impensado”, acotan aunque no sepan si Panzeri fue técnico, jugador, periodista o filósofo, y adelantan un par de casilleros. “El puesto del arquero es el más ingrato de todos”, sostienen con pesadumbre. “Penal bien pateado es gol”, decretan sin admitir disenso. “Para saber entrar hay que saber salir”, propalan como si realmente supieran el fundamento que tenía el Flaco Menotti para inculcar ese concepto. “El fútbol es una manta corta: si te tapás los pies, te descubrís la cabeza, y si te tapás la cabeza, te descubrís los pies”, declaman con altanería universitaria. Pero si alguien les susurra que esa frase es de Tim, tal vez imaginen que pertenece a un eslogan de la operadora italiana de telefonía móvil[2]…

Tim era brasileño y se llamaba Elba de Padua Lima[3]. Su papá, que murió exactamente el día en que él cumplía 7 años, era un apasionado lector de geografía e historia universal, y le puso Elba por la isla italiana en la que debió exiliarse Napoleón. Tim quedó inmortalizado en la historia del fútbol argentino por ser el entrenador de Los Matadores, fantástico equipo de San Lorenzo que salió campeón invicto del Metropolitano 68. Tim se asumió como jefe de familia desde su amargo cumpleaños de 7 –aún tenía a su mamá y a cuatro hermanas– y salió a trabajar. Primero, en una fábrica de cerámicas. Luego, en un café, hombreando bolsas al mismo tiempo que intentaba ser futbolista en Botafogo de Riberão Preto[4], en el estado de San Pablo. Y a los 15 años ya fue jugador profesional, mezclado con hombres de verdad, tipos rudos que, sin embargo, lo protegieron, le inocularon valores esenciales como el compañerismo y la solidaridad, y le potenciaron el carácter bohemio, bonachón y soñador que lo distinguió de por vida.

“Tim nunca fue suplente”, se jactaba Tim, acaso en el único gesto de ínfima soberbia que se le conoció. Era casi cierto. Delantero, mediapunta o volante de creación –le decían Peón por su despliegue, pero era un polifuncional ofensivo–, fue ídolo y figura con todas las camisetas que usó, especialmente con la de Fluminense. Pero fue suplente con la selección brasileña que disputó el Mundial de 1938, en Francia, donde compartía equipo con Leónidas, El Goleador Descalzo[5]. El entrenador Ademar Pimenta sólo le dio minutos en el desempate de cuartos ante Checoslovaquia. Y en la semifinal frente a Italia sorprendió dejándolos afuera a él y a Leónidas. “Quiero que estén descansados para la final”, fue su endeble descargo. Claro que la versión extraoficial fue otra: Tim y Leónidas se habrían escapado de la concentración para asistir a una fiesta y el técnico no los perdonó, aún asumiendo el costo de que Brasil desperdiciara la posibilidad de ser campeón mundial por primera vez[6].

Aquel episodio le dejó una huella en el alma y un aprendizaje para aplicar en su etapa de entrenador. En ese rol, Tim también fue un abanderado del fútbol espectáculo. Creaba lazos de confianza con los jugadores, jamás se ponía delante de ellos, sugería sin imponer. Y valoraba a la concentración como una herramienta para que los jugadores se conocieran y solidificaran un grupo. No creía en el encierro por el encierro mismo. “No debe ser ni una cárcel ni un internado, porque el peor enemigo del jugador es el aburrimiento”, decía. Al San Lorenzo del 68, por ejemplo, lo hizo concentrar en el Hotel Regis, “en ese torbellino de transeúntes que inunda la calle Lavalle desde la mañana, en ese cúmulo de tentaciones frívolas que se escapan de las carteleras de los cines, de las muchachas que dejan a su paso esa insinuante sugerencia de conquista”, como lo describió alguna vez Osvaldo Ardizzone para El Gráfico.

Tim pedía sinceridad a cambio de libertad, porque no quería vivir dudando del jugador. ¿Alguien deseaba ir al cine? Iba. ¿Otro prefería pasar la tarde del sábado viendo un partido de Primera B? Adelante. ¿Rendo descansaba mejor en su casa que en la concentración? Entonces tenía permiso para retirarse y dormir en su domicilio. Pero todo clarito y transparente para él y para el grupo. Y ese ida y vuelta generaba un alto compromiso en los jugadores.

En la mitología futbolera quedó encasillado como un técnico poco afecto al trabajo, cuando era todo lo contrario. Usaba pizarrón y cancha con botoncitos para ilustrar a sus jugadores, analizaba detenidamente a los rivales para luego bajarle información precisa a su plantel y no toleraba dos cosas: que su equipo hiciera “fulbito”[7] y que no tuviera movilidad. “No quiero gente parada ni con posición fija, hay que provocar espacios para que sean ocupados por otro compañero. Si todos cambian posiciones, si llega cualquiera, si todos pueden ser delanteros, si todos pueden ser defensores, entonces ahí tendremos un equipo”, sostenía para graficar su concepto de fútbol total. Y en esa idea cabía como costo, como cornisa, la frase que lo inmortalizó, la manta corta.

Argentina, la Selección de Sabella, hoy nos reflota a los duendes del viejo sabio Tim, porque a un año y monedas del Mundial ya eligió la manta corta. Ya la asumió como la identidad que vale la pena fortificar para desparramar en la cancha a los cuatro ases[8] que conforman la mejor delantera del mundo. Esa será la apuesta sobre el paño: los cuatro ases. Y detrás de ellos, la manta corta, más allá del apuntalamiento de la dupla Gago-Mascherano, juego y marca combinados en la dosis justa, como los ingredientes de un buen trago; más allá del fraguado que pueda conseguir la última línea de aquí a junio de 2014.

Por eso es probable, altamente probable, que durante los próximos meses se escuche decir a varios individuos que “el fútbol es una manta corta: si te tapás los pies, te descubrís la cabeza, y si te tapás la cabeza, te descubrís los pies”. Están advertidos: algunos pueden ser serios; otros, no tanto…

Por Elías Pergunino
NOTAS AL PIE

1 Dante Panzeri (1921-1978) fue uno de los más brillantes periodistas deportivos de la Argentina. Publicó dos libros: “Fútbol, dinámica de lo impensado” y “Burguesía y gangsterismo en el deporte”.

2 TIM (Telecom Italia Mobile) se fundó en 1995. Tiene su sede en Turín y su página web es www.tim.it.

3 Tim nació el 20/2/1915 y murió el 7/7/1984. Jugó en Botafogo de Riberão Preto, Portuguesa, Fluminense, Nacional AC, Olaria y Junior de Barranquilla. Fue DT de varios equipos brasileños, de San Lorenzo y de la selección peruana que clasificó para el Mundial 82.

4 Homónimo del famoso club carioca, este Botafogo pertenece a una ciudad del interior de San Pablo y fue fundado en 1918. Además de Tim, otras glorias que vistieron su camiseta fueron Sócrates y Raí.

5 Brasil le ganó 6-5 a Polonia por los octavos de final de Francia 38. A Leónidas se le rompió un botín y, mientras se lo arreglaban, se quitó el otro y jugó varios minutos descalzo, aprovechando que llovía furiosamente y que el árbitro sueco Eckling no lo notó porque todas las piernas estaban embarradas. Así fue que empalmó un centro de Hércules y la mandó a la red. Fue el segundo de sus tres goles. Al rato, el árbitro lo vio descalzo y lo obligó a calzarse. 

6 Sin Tim ni Leónidas, Brasil perdió 2-1 su semifinal contra Italia. Luego se quedó con el tercer puesto al vencer 4-2 a Suecia. Tim tampoco jugó, pero Leónidas fue de la partida y señaló dos goles, con los que llegó a 7 y terminó como artillero de la Copa que Brasil dejó escapar.

7 Tim llamaba “fulbito” a darle demasiadas veces la pelota al arquero y a lateralizar el juego en exceso. “Quiero y exijo la pelota entregada hacia delante”, decía. Le gustaba el fútbol bien vertical.

8 Messi, Di María, Higuain y Agüero, salvo mediar una lesión, serán titulares en el Mundial de Brasil, para el que Sabella dice tener “el 70% de la lista definitiva en la cabeza”.

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