Las Crónicas de El Gráfico

1993. El golazo de la locura

Por Redacción EG · 31 de marzo de 2020

Juan Fleita, de espalda al arco, convirtió un gol para la historia. Con él Racing aseguró su victoria y desató la euforia en Liniers. CRÓNICA Y VIDEO.

Racing vivió su fiesta en Liniers. La desató un resultado que para sus aspiraciones aparecía tan difícil como imprescindible. Tenía que ganar y ganó. En buena ley. Con dos goles legítimos. Uno de ellos, el de Juan Ramón Fleita, espectacular por su definición. Por eso la euforia de toda su gente, por eso la locura de esos miles de hinchas que, con los torsos al sol, tocaban el cielo con sus manos. Ellos fueron a verlo ganar, ayudaron con sus cantos y empujaron con anhelos para que la pelota llegara a la red. Racing llegó dos veces y convirtió dos goles, sosteniendo un envidiable cien por ciento de efectividad definidora. Vélez se perdió tres en dos minutos. Ahí está la verdad del fútbol. Pragmatismo puro sobre el césped. El lirismo es una hermosa dialéctica a la hora de la polémica. Racing tenía que ganar y ganó. Sin versos.

 

Golazo de Fleita de Vélez

 

 

LA SINCERIDAD DE BABINGTON

Sereno y atildado como siempre, Carlos Babington no se cansó de elogiar las virtudes de un equipo que en el manejo de la pelota se vio superado en gran parte del partido. "Lo mejor fue la entrega total, ese convencimiento de que hoy había que ganar y el derroche de espíritu de lucha para conseguir ese resultado. El único posible para afirmar que todavía tenemos serias pretensiones en este campeonato tan duro y parejo". El Inglés podía haber aprovechado otras circunstancias para atribuirse los méritos del triunfo: acertó con los cambios. Los dos hombres que entraron en el segundo tiempo -Alejandro Eliseo Allegue y Juan Ramón Fleita- le dieron la victoria con un cabezazo y una chilena. "Sería una pedantería de mi parte pensar que ellos iban a hacer lo que hicieron. A Allegue no lo puse para que metiera un gol de cabeza. Entró para ordenar y buscar contención, en vez de Marini, que estuvo un poco impreciso con la pelota. Fleita era el cambio obligado por De Vicente que salió lesionado", aclaró con sinceridad. Y explicó, desde su punto de vista de vencedor, el desarrollo del partido. "Fue parejo al principio, después de la media hora se hizo difícil porque ellos, con pelotazos, nos metieron en el área y se hacía complicado salir con la pelota dominada. Por eso, en el entretiempo, los reté y les pedí que pusieran la pelota contra el piso para tratar de buscar el contraataque. Nos ayudó mucho el gol de Allegue. Ese gol y los que se perdieron ellos. Después, esa gran jugada de Fleita definió todo. No puedo negar que la de hoy fue una tarde de suerte para Racing".

Faltaban seis minutos y el empate flotaba en el estadio. Racing apostaba todas sus fichas al contraataque, y acertó cuando Claudio López le ganó a Héctor Almandoz y alargó a Dalla Libera. Como los que saben, levantó la cabeza y la puso alta para que Fleita, con chilena espectacular, la clave en el arco.

Faltaban seis minutos y el empate flotaba en el estadio. Racing apostaba todas sus fichas al contraataque, y acertó cuando Claudio López le ganó a Héctor Almandoz y alargó a Dalla Libera. Como los que saben, levantó la cabeza y la puso alta para que Fleita, con chilena espectacular, la clave en el arco.

Atrás había quedado una semana de prolongadas charlas y varios lavados de cabeza en el plantel académico. Las bajas actuaciones de algunos de sus jugadores "indiscutidos" después del agónico empate contra Huracán en Avellaneda, y del escándalo posterior al partido habían caldeado el ambiente racinguista. Sin dudas que este partido en Liniers era la oportunidad para revertir la serie de altibajos y meter a este equipo de lleno en el corazón de su gente. Esta era una importante materia pendiente para Racing y aprobó el examen con creces. Con fortuna, en algunos segmentos del partido, pero con la guapeza suficiente como para afirmarse en lo alto de la tabla de posiciones.

 

UNA CHILENA CONMOVIO LINIERS

Muy cerca del técnico de Racing, Juan Ramón Fleita, sumergido en una red de cables y rodeado por una gran cantidad de periodistas, comentaba su golazo con esa característica vocecita medida y respetuosa. "Mi gol nació en una jugada rapidísima por izquierda. Claudio López se la jugó pegado a la raya y antes que le saliera Almandoz para la marca, se la pasó al Loco Dalla Líbera. Mariano me vio de reojo y sacó el centro pasado sobre el segundo palo de Chilavert. Me jugué por la chilena y me salió un gol infernal. Creo que la pelota se metió muy pegada al palo. Muchas veces en los entrenamientos trato de hacer cosas parecidas, aunque con resultados muy distintos a éste". El pibe de Las Toscas, Santa Fe, fue más allá de su particular relato sobre su tercer gol en el campeonato y también opinó sobre el rendimiento de su equipo y el suyo personal. "Después del empate con Huracán y de toda la presión que había en el equipo, el de hoy era un partido para meter y meter contra un rival que siempre te complica con juego sólido en todas sus líneas y que, además, por algo es el último campeón del fútbol argentino. El triunfo era muy importante para seguir prendidos en la lucha por el título. Tuve la suerte de entrar ayudara que todo esto fuera posible. Eso sí, me gustaría jugar de arranque como a cualquiera de los titulares. Y mucho más contra River la semana que viene. Pienso que va a ser un partidazo y que ahí podemos quedar punteros". Con 21 años, el Lagarto Juancho Fleita se disfrazó de artista y pintó un gol único e inolvidable.

El momento del impacto, Felita con una pirueta vence a Chilavert.

El momento del impacto, Felita con una pirueta vence a Chilavert.

 

LA ÚNICA VERDAD...

Es la realidad. En el cabezazo del Cabezón Allegue y en la media chilena de Fleita, ante pelotas largas, pasadas, lanzadas desde la derecha, está la verdad de una tarde plena de fútbol jugado a dientes apretados, con mucha fuerza, con demasiada fuerza. Fútbol físico, que le dicen. Los dos equipos haciendo zona y en la zona el reparto de hombres. Hasta allí, tácticamente ganaba Vélez porque Bassedas, con su infatigable ir y venir, obligó a Babington a cambiar a Marini, porque Pico le escapaba con velocidad a Quiroz y Compagnucci anulaba a Dalla Libera. Hubo momentos en que a Racing lo desbordó la presión asfixiante de Vélez. Pero esa presión terminaba rebotando contra el fondo de Racing y los partidos se ganan -generalmente- dentro del área.

 

La locura, el gol del Lagarto significó el triunfo de la Academia.

La locura, el gol del Lagarto significó el triunfo de la Academia.

 

Ahí fue donde acertó La Academia cuando le tocó el turno del contraataque. Ahí fue donde perdió Vélez cuando -con uno a cero en contra- el Gallego González erró tres oportunidades en dos minutos. Una, cuando recibió solo, con el arco libre, una pelota pifiada por Borelli. Desde casi el punto del penal la puso afuera. La segunda murió en las seguras manos de Roa y la tercera pegó en la base del palo derecho cuando el arquero visitante estaba vencido. Esteban González tiene derecho a pensar en el maleficio del gol número cien que se le niega. Racing, metido en su campo, buscó salir por las puntas. Vélez, perdido, se jugó. Sacó a Trotta del fondo, quedó con tres y como en el cabezazo de Allegue, otro centro desde la izquierda lo mató. Fleita le puso un broche inolvidable. Y lapidario.

 

Fleita lo festeja en el alambrado.

Fleita lo festeja en el alambrado.

 

Una vez más había quedado demostrado que los goles que se pierden en un arco se sufren en el otro. Poco importan la presión, el dominio del terreno y de juego. Vélez tuvo todo eso pero falló en lo fundamental: no la metió. Racing peleó hasta donde pudo, retrocedió, se juntó atrás hasta provocar la reacción de sus hinchas que le exigían "un poco más de h..." pero supo aprovechar el desorden del rival para flagelarlo en dos jugadas decisivas, dos jugadas que contaron con una precisión digna de otro partido. Y ese mérito es suficiente, en el fútbol de hoy, para definir cualquier encuentro. Para Vélez era un partido importante. Para Racing, decisivo. Así parecieron afrontarlo. Careció de calidad pero le sobró intensidad, ganas de ganarlo. Por parte de los dos. Uno de ellos se quedó con todo.

Lo demás -escándalo aparte- fue todo una fiesta para Racing. Y una ilusión que crece y viene de lejos, de muy lejos. Carlos Alberto Babington, a la hora de la euforia, intentó aplacar el fuego desmedido. "Creo que lo planteamos de la manera correcta. El equipo necesitaba de una victoria de esta envergadura para creer en sus posibilidades a fondo. Vélez es un equipo sólido, no regala nada, y siempre tiene una actitud ganadora. Esta tarde sufrimos un poco pero finalmente se dio este triunfo que nos pone a tiro del campeonato. Racing jugando al fútbol le puede ganar a cualquier equipo argentino. River juega muy distinto a Vélez y en la semana estudiaremos mucho la forma más adecuada de afrontar ese partido. Ellos andan muy derechos pero nosotros tenemos hambre de punta. Hambre de ganarle a otro grande y hambre de campeonato".

 

 

Por EDUARDO RAFAEL y MATIAS ALDAO (1993).

Fotos: EDUARDO FORTE, FABIAN MAURI, NORBERTO MOSTEIRIN, GERARDO PREGO, ANTONIO LEGARRETA, OSVALDO MARCARIAN y DANIEL ROTHENBERG.

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