Las Crónicas de El Gráfico

1935. La tragedia en el boxeo

Por Redacción EG · 13 de marzo de 2020

Un viejo cronista de boxeo rememora en este artículo algunos casos fatales ocurridos a destacadas figuras del boxeo cuando se hallaban en plena actividad deportiva.

Un viejo cronista yanqui de boxeo rememora en este interesante artículo algunos casos fatales ocurridos a destacadas figuras del boxeo cuando se hallaban en plena actividad deportiva. La "pelea premiada" como se le llamaba al principio al pugilismo y, más tarde el boxeo, más científico que aquélla, dice, no fue nunca por cierto; ni lo es ahora, un elegante y suave juego de salón. Es, por el contrario, un deporte que requiere potencialidad física y actividad mental, cualidades que debe poseer, y en alto grado, todo aquel que aspire a conquistar fama en el ring. Tanto en la moderna como en la antigua historia del boxeo hallaremos casos fatales ocurridos a devotos del "noble arte", lo mismo, claro está, que ha sucedido y sucede en las demás actividades deportivas; si bien analizando los últimos veinte años del pugilismo nos encontramos con que son menos las desgracias acaecidas en este rudo deporte que en la mayoría de los otros. Si tomamos por ejemplo el fútbol americano, hallamos que es en este sport, en mi país, donde se han producido mayor cantidad de accidentes fatales o de consecuencias graves.

 

Jess Willard

Jess Willard

 

Hace unos días estábamos de "cháchara" en las oficinas del promotor del Madison Square Garden, punto diario de reunión de periodistas, managers y boxeadores de nota, cuando recayó la conversación sobre las desgracias ocurridas entre gente del box. El tema surgió a raíz de una discusión sobre el match Baer-Carnera, debido a que alguien dijo que el juez Arthur Donovan había estado muy acertado al parar la pelea, pues de lo contrario un segundo caso Luther McCarthy se habría escrito en la historia del ring, ya que hay quien asegura que Baer tenía en ese momento la mirada del hombre salvaje.

EL CASO DE McCARTHY

Por extraño que parezca, el recuerdo de esa gran tragedia ringsística surge con toda persistencia, por más que uno trate de olvidarla. Luther McCarthy, como se recordará, fue muerto por su rival Arthur Pelky, sobre un ring de Calgary, Alberta, el 24 de mayo de 1913. McCarthy, que padecía del corazón, al recibir un punch sobre ese órgano se desplomó inerme sobre la lona y ya nunca más volvió a levantarse. "Muchas historias han circulado alrededor de la muerte de Pelky, el rival del infortunado McCarthy, y la fantasía de periodistas y aficionados los ha llevado a decir que el deceso de aquel boxeador fue ocasionado por la alteración en su estado físico y mental que le produjo el remordimiento de haberle aplicado el golpe de muerte al pobre McCarthy", dice Billy Rocke, viejo manager y promotor, que presenció la trágica contienda. Eso no es verdad, pues luego de la muerte de McCarthy, Pelky sostuvo importantes combates y durante mucho tiempo fue considerado como un aspirante de mérito al título, aunque nunca llegó a poseer la forma de un verdadero campeón. He seguido de cerca y conocido la historia de cientos de grandes boxeadores, pero ciertamente no recuerdo más que un solo caso en que un fighter haya visto quebrada su carrera como consecuencia de verse envuelto en una de esas fatalidades. Me refiero a cuando Jimmy Barry, de Chicago, en un tiempo campeón "bantam", puso knock-out a Walter Croot, ante el público que llenaba la sala del National Sporting Club de Londres.

La fiereza de gato montés que ponía en acción Barry cuando se hallaba sobre el cuadrado de lona era admirada por todos los públicos. Sin embargo, fuera del ring era un muchacho muy sensitivo y la muerte de su rival Croot, que falleció a consecuencia de aquel golpe de knock-out, lo dejó grandemente impresionado. Aquí es oportuno decir que a este fighter no se le debió dejar pelear jamás con un púgil como Barry, ni con ningún otro, ya que antes de enfrentar al chicagüense había permanecido inconsciente durante varias horas debido al knock-out que le provocara el boxeador Pedlar Palmer.

 

Luther McCarty y la escena de la muerte en el ring.

Luther McCarty y la escena de la muerte en el ring.

 

Desde el ring, sobre el cual quedó inerte Croot fue transportado directamente a un hospital, donde la autopsia demostró que el infortunado boxeador padecía del corazón, por lo que Jimmy Barry y sus segundos fueron puestos en libertad. Sin embargo, este gran muchacho me dijo más tarde que, mientras continuó, después de esa tragedia, participando en la competición activa, ya nunca pudo borrarse de su mente aquella impresión y siempre temí golpear con toda su potencia a los adversarios en el momento en que los tenía colocados ya en las orillas del knock-out. La cara inanimada de Croot se le aparecía siempre como una visión escalofriante, y Jimmy no pudo ya pelear más con el arrojo y la energía que lo habían distinguido.

Pero Barry fue la excepción que confirma la regla. En efecto; el pugilista, en general, no es un individuo de una sensibilidad extremadamente delicada y el cuerdo de los accidentes inevitables viene a cada rato a su imaginación.

YOUNG MUERTO FRENTE A JESS WILLARD

El gigante Willard, como Pelky, también mató a un hombre en el ring. Jess asegura que él jamás, después de haber provocado la muerte de Young, en Vernon, California, volvió a poner toda su fuerza detrás de los punches que colocaba, si bien esa muerte de Young no afectó nunca su carrera de pugilista; pero le hizo tan solo tener más precaución cuando peleaba. Dice el gigante ex campeón del mundo que cuando peleó con Dempsey subió al ring dispuesto a pegar tan sólo lo suficientemente fuerte como para provocar un rápido knock-out, pero que erró el cálculo con respecto poder de los punches del challenger.

"Pronto me di cuenta, dice Willard, de que era yo el que en esa ocasión podía recibir el punch mortal, pues si alguna he visto un tigre, ese era el Dempsey que tenía aquel día frente a mí. Tuve muy pocas oportunidades de emplear mi fuerza contra Jack, a causa de la velocidad de su acción. Volviendo al caso de Young, diré que si bien siempre me cuidé en la pegada, la muerte de aquel fighter no perjudicó en nada mis actividades de pugilista, y mucho después de que ese golpe fatal había sido colocado continuaba yo todavía peleando y ganando, hasta que derroté a Jack Johnson en un combate por el título mundial."

OTROS CASOS FATALES

En la misma forma que Willard mató a Young, Kid Levigne provocó la muerte de Andy Bowen, en Nueva Orleans, pero la potencia del punch y la afición por el boxeo que tenía el excelente púgil no decayeron un ápice; tan es así, que poco después enfrentaba y noqueaba a Dick Burge en Londres, ganando el campeonato mundial.

 

Luther McCarty

Luther McCarty

 

Bob Fitzsimmons tiene también en su foja ringsística una muerte, siendo la víctima Con Riordan, en ocasión de una pelea que sostuvieron ambos en Syracuse. Como en el caso de Bowen, la mortífera derecha de Bob no experimentó declinación alguna en su potencia y precisión a causa del inesperado deceso de Riordan.

El caso de Bud Taylor, en un tiempo campeón "bantam", es uno de los mejores ejemplos de dominio de sí mismo, frente al recuerdo ingrato, que se haya visto en los círculos boxísticos. Bud, un inteligente, vivaz y fuerte pegador, ganó un día, por knock-out técnico, un combate frente a Frankie Jerome, en Nueva York, y pocas horas más tarde de terminada la pelea, Jerome moría en el hospital Flower, a consecuencia de una hemorragia interna provocada por un golpe recibido durante el match.

Tan sólo pocas semanas después de la muerte de Jerome, Taylor reiniciaba su campaña pugilística como si nada hubiera ocurrido. Continuó entusiastamente su carrera, ganando pelea tras pelea, hasta que un día se midió con un compañero del famoso Pancho Villa, Clever Sencio. Este boxeador recibió un terrible castigo de manos de Bud Taylor, y pocas horas después de su derrota caía enfermo en su cuarto de hotel, muriendo en momentos en que era trasladado al hospital. De manera, pues, que Taylor, por segunda vez, era el causante de una muerte.

Resulta difícil decir si era el poder de los punches de Bud o la pobre condición física en que se presentaran sus contrincantes las causas de tales desgracias, pero lo cierto es que esa segunda muerte no afectó a Taylor más que la primera, y el sereno pugilista continuó peleando durante cuatro años más todavía. Cuando Tommy Burns era algo más que un "welter" vio envuelto su nombre también en una de estas tragedias boxísticos, resultando muerto el rival que le opusieron en una pelea realizada en Michigan. El único cambio que esta fatalidad operó sobre Burns fue que éste decidió cambiar su nombre, por un tiempo, por el de Noah Brusso, al cual más tarde agregaba el título de campeón del inundo. Y en cuanto al famoso Pancho Villa, si bien no murió debido a un golpe en el ring, nadie ignora que fue un punch de Jimmy McLarnin el que inició en el organismo del filipino el mal que lo llevó a la muerte.

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