Las Crónicas de El Gráfico

1979. Y fueron Campeones del Mundo…

Por Redacción EG · 03 de febrero de 2020

Por Héctor Onesime. La crónica de la final del Mundial Sub 20 de Japón. La Selección Argentina comandada por César Luis Menotti vence por 3 a 1 a la Unión Soviética y de esta manera se corona por primera vez.

No aguanté más. Faltaban cinco minutos y no aguanté más.

Dejé el sucio palco de la prensa y empecé a bajar escalones. Los japoneses sonreían, querían ser solidarios con nuestra alegría. Llegué al campo de juego.

Desde cuatro metros veía el banco de suplentes. Los imaginaba como un solo cuerpo jadeante y ansioso. En la cancha unos muñequitos realizaban movimientos incomprensibles. Hasta me parecían torpes. Y era los chicos que estaban jugando la final.

Falta muy poco, muy poco... ¡Nada! Algunos pibes se arrodillan. Otros se abrazan, ya es difícil distinguir algo. El banco de suplentes salta en mil pedazos. El Negro Nieva, Poncini. Dorée... destilan sus emociones. Entre ellos el Flaco Menotti parece un jefe tribal a quien festejan con danzas rituales. Y él observa con gesto severo, grave.

El once titular que le ganó a la Unión Soviética en la final: Arriba: García, Carabelli, Simón, Rossi, Alves y Maradona. Abajo: Escudero, Barbas, Díaz, Rinaldi y Calderón.

El once titular que le ganó a la Unión Soviética en la final: Arriba: García, Carabelli, Simón, Rossi, Alves y Maradona. Abajo: Escudero, Barbas, Díaz, Rinaldi y Calderón.

La copa, Havelange, Maradona. Y gente, gente, gente. Menotti muy cerca mío continúa en silencio. Hasta que los pibes lo descubren. Lo rodean, lo levantan en andas. La cara de Menotti no se altera, pero en el fondo de su alma crecía una lágrima. Yo la ví.

Ahora hacia el vestuario. Tokio nos estaba despidiendo con el mismo calor y la misma humedad con que nos había recibido. Acaso fue por eso que cuando el sudor y el llanto de Rossi me sepultan, siento que estoy disfrutando en el medio de un fresco manantial.

¿O sentí esa sensación por mi estado de ánimo?

El vestuario tiene una intimidad patética, conmovedora.

¿Cómo olvidar la cara desencajada del chiquilín Hoyos? O el gesto de Maradona: ¨Tomá, Hoyitos, la cinta de capitán. Vos la vas a usar en el 78 para defender este título¨

De pronto fue como descubrir que Maradona comenzaba a ser adulto.

Cantan, bailan, saltan. En el medio de la rueda, como "vedette", está Sperandío.

Alves marca el primer gol de Argentina, fue de penal. Era el 1 a 1 parcial, ya que para la Unión Soviética había abierto el marcador Ponomarev.

Alves marca el primer gol de Argentina, fue de penal. Era el 1 a 1 parcial, ya que para la Unión Soviética había abierto el marcador Ponomarev.

Uno, tal vez porque la vida lo salpicó de mezquindades, piensa "Este Sperandío salió de Buenos Aires siendo titular y aquí no jugó nunca. Sin embargo, nada que delate esa pequeña bronca que hasta podría ser justificada¨. Razonamiento de gente grande... Para estos pibes, para su pureza y hasta su grandeza eso es una herejía... Acá jugamos todos, acá ganarnos todos: Esa es una de las tantas enseñanzas que dejaron con su victoria.

Me quedé a un costado. Justo en el casillero donde debía cambiarse Alves.

"Diego me pidió el penal, pero lo tenía que patear yo. Fui decidido a tirárselo a la izquierda. Al arquero ruso lo había observado por televisión. Buen arquero. ¿Pero vio que al final los matamos físicamente? No daban más..."

Rinaldi, con los ojos brillosos, repetía: "Qué bueno sería tener en estos momentos un aparato que nos transportara a Buenos Aires".

A Maradona le sacan la última foto con la copa y va hacia la ducha. Nos abrazamos. Así nos dijimos todo.

"Un aplauso para Urquiza de 'Clarín'...", grita Poncini. Enseguida los aplausos se reiteran para los demás enviados.

Ramón Díaz festeja el segundo gol de Argentina, el que le da el triunfo parcial por 2 a 1 a los chicos de Menotti.

Ramón Díaz festeja el segundo gol de Argentina, el que le da el triunfo parcial por 2 a 1 a los chicos de Menotti.

En la cúspide de ese clima eufórico asoman las figuras rubias, cansadas a hidalgas de los muchachos soviéticos. El plantel completo saluda uno por uno a sus colegas argentinos. ¡Pucha qué lindo!

Llegar hasta el micro fue una aventura desgastadora. Los japoneses y su afecto. Los autógrafos. Los saludos. Las miradas. Por fin, rumbo al Takanawa Prince Hotel. Siguen los cantos:

"MARADONA NO SE VENDE

MARADONA NO SE VA

MARADONA ES ARGENTINO

PATRIMONIO NACIONAL".

Maradona sentencia el resultado final. Fue 3 a 1 para que Argentina grite Campeón del Mundo.

Maradona sentencia el resultado final. Fue 3 a 1 para que Argentina grite Campeón del Mundo.

¡Bien! ¡Bien! ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva! Luego es el turno para .Menotti:

"FLACO NO TE VAYAS

FLACO VENI

QUEDATE OTRO RATITO

 CON EL JUVENIL".

 

¡Bien! ¡Bien! ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!

Menotti alcanza a sugerir paternalmente: "Bueno, basta muchachos. A ver si mañana aparecen con anginas y cuarenta grados de fiebre".

El tercer piso del hotel se sacude. Han llegado los campeones.

Alves y Sperandío acaban con la cábala de la barba. Simón saca un papelito de la mesa de luz y lo muestra: ¨Argentina 3 - Unión Soviética 1¨, dice. Y Simón no puede, ni quiere, disimular su orgullo por el acierto.

Diego saluda a un nene japonés. Todos querían estar cerca del astro.

Diego saluda a un nene japonés. Todos querían estar cerca del astro.

Los esperan para la fiesta.

El cielo se había enfurecido. Parecía  que nosotros le habíamos transmitido nuestro fastidio por este clima insoportable.

El fuego de los relámpagos, el agua de la lluvia. El Flaco Menotti prendía y apagaba cigarrillos. Iba y venía al campo de juego. Lo pisaba y volvía. Eso no estaba en ningún cálculo. Eso no convenía.

El rival era Uruguay. Y toda la vigilia se había consumido serenamente. Apenas la preocupación por el tobillo de Simón. Los jugadores durmieron hasta tarde y Poncini debió hacer esfuerzos para levantarlos a la hora del almuerzo. Buen síntoma.

Sin embargo, esa lluvia...

Un grupo de uruguayos con ritmo de tamboril. Al lado, un grupo de argentinos con menos ritmo. Tensión, conjeturas.

El equipo uruguayo sale a probar el campo. Por un capricho del fixture Uruguay y Argentina se enfrentan en semifinales. Debieron ser los finalistas. Gana Argentina 2-0, pero hay excelente producción oriental. Llegando al máximo de sus posibilidades. Cero a cero el primer tiempo. Desnivela el mayor caudal técnico argentino. En la segunda etapa, hay quejas por algunas brusquedades de los uruguayos, pero se debe adjudicarlas a esas ganas de los 19 años que no se quieren entregar.

Me dicen que este proceso de Ventancor culmina con este torneo. Es una pena.

Los uruguayos debieran aprender, como parece que estamos aprendiendo los argentinos, mirando el futuro con sensatez y sin urgencias. Para que Uruguay no quede aferrado sólo a la historia.

El jueves, por el tercer puesto, Uruguay vence a Polonia. Hizo falta alargue y penales. Uruguay había sido netamente superior. Bien Uruguay.

El turno de la Unión Soviética. Tenemos algunas referencias y algo de lo visto por televisión.

Opinión general: gana Argentina. Hay una lúcida tranquilidad en la espera. "Yo quería a los rusos en la final", recuerda Menotti. Pasa el pibe Rossi y saluda; Menotti acota: "No sé quién ganará la terna de los mejores futbolistas, pero este Rossi anduvo una barbaridad". "¿Viste cómo cruza la pierna izquierda como Sacchi? Cada vez se parece más a Federico. Él no lo vio jugar, pero ayer me contaba que el padre le dice: 'Si vos jugás la mitad de lo que jugaba Sacchi, serás un fenómeno...¨

El último entrenamiento termina por consolidar el estado anímico del plantel.

Banderas. Papelitos. Más gente que nunca. La final. Y esa habitual ceremonia previa que hasta había llegado a aburrirnos, nos pareció distinta, nueva. La piel se nos arruga el pecho sufre pe-queñas convulsiones. ¿Qué pasará?

El estadio es de Argentina. El partido, no. Los soviéticos marcan, se cierran, y en un par de contraataques comprometen a García.

Escudero y Calderón rotan bien, pero Díaz y Maradona están demasiado estáticos con sus marcas. Se intuye la superioridad argentina, pero no se concreta en el desarrollo del juego. La actuación de Simón, sólido para marcar y jugar, queda como saldo positivo de ese primer tiempo.

Las características del trámite se mantienen en el inicio de la segunda etapa, y entonces Menotti apela a dos cambios: ingresan Meza y Torres por Rinaldi y Escudero. Sale un volante de contención y entra uno de creación. Sale un delantero y entra otro. No obstante, enseguida gol de la URSS, quizás una circunstancia que era dolorosamente necesaria.

Aparece Argentina en la dimensión de su fútbol. En nueve minutos define el pleito. Fútbol, fútbol de primera categoría.

Don Diego junto a su hijo dan la vuelta olímpica en el Estadio Olímpico de Tokio.

Don Diego junto a su hijo dan la vuelta olímpica en el Estadio Olímpico de Tokio.

El arquero soviético salí o con córner una situación de riesgo creada por Díaz. Ejecuta desde la izquierda Maradona para Calderón, amaga, salen tres, el hombre de Racing pretende meter en profundidad para Díaz, pero la mano izquierda de Khachatrian interrumpe la trayectoria. Penal. Gol. Después, la jugada inmensa de Ramón Díaz. Después, el tiro libre de Maradona. Después, el festival.

El primer subsuelo del Takanawa Prince Hotel es el lugar de la ceremonia. Entrega de premios, Argentina se lleva varios. Por supuesto, el del campeón. Aparte, Maradona es elegido el mejor jugador del torneo y es el segundo entre los goleadores. Díaz obtiene el Botín de Oro como goleador y el Balón de Bronce como jugador, detrás de Maradona y el paraguayo Romero. También nos tocaba el del "Fair-play" (Juego limpio), pero a último momento se lo dieron a Polonia.

Alguien le comenta a Díaz: "¡Qué manera de llevarte trofeos!". "Todo esto se lo debo a Menotti que une banca a muerte. En las buenas v en las Malas...". Es su respuesta. Fue el primer momento serio que tuvo en una noche de festejo a plenitud. El otro fue cuando se dio cuenta de que ese Balón de Bronce había desaparecido.

''Dicen que en Olavarría, mi pago, está la gente en la calle, que es una locura. No lo puedo creer..." Créalo Hugo Alves...

Juan Carlos Morales tiene a Muñoz en el aparato. "La familia de Calderón", dicen desde Buenos Aires. Y se establece el, diálogo. En el escenario, Piaggio con la guitarra, Sperandío en batería; Díaz, Hoyos y Meza en, el canto. La danza va llevándose las últimas energías. Menotti sonríe en un costado. Se va a dormir temprano, al otro día viaja a Berlín.

Havelange también parece contento. Los pibes no quieren parar. Se van uruguayos, polacos y soviéticos. El salón es argentino. Lacoste con su señora, también Domingo Tabares, presidente del Tribunal de Disciplina de la AFA. Y el Gordo Martínez y don Mario Salvatierra, el suegro de Menotti, con la poca voz que le queda.

Nadie quiere que esta noche sea como todas. Que avance y se haga madrugada. Pero el reloj es inexorable. Los veo desaparecer con distintos rumbos. Con sus caras frescas y sus almas puras. Dejaron en Japón la marca de un fútbol brillante y la nobleza de una conducta saludable. Japón nos había acogido con su habitual cortesía y su milenaria cultura. Ellos supieron responder con las armas más nobles. Dieron lo mejor dentro y fuera de la cancha.

La delegación Argentina, encabezada por César Luis Menotti en el hotel festejan el título.

La delegación Argentina, encabezada por César Luis Menotti en el hotel festejan el título.

Otra vez la maldita necesidad de buscar palabras. Que sean bellas sin ser grandilocuentes. Que sean justas sin ser ampulosas. Que sean dulces sin ser empalagosas. Difícil tarea.

Simplemente: honra a estos chicos que ganaron por mejores, que corno pocas reces tuvieron el respaldo de la justicia. Que son para nosotros los argentinos una esperanza a largo plazo. Honra a ellos.

Y que la lección sea nuevamente aprendida por aquellos que conducen a este nuevo proceso ya en marcha. Volvamos a Ver el horizonte sin asustarnos frente a la primera pared.

La intimidad del vestuario. Los chicos festejan el primer Mundial Sub 20 de la historia para Argentina.

La intimidad del vestuario. Los chicos festejan el primer Mundial Sub 20 de la historia para Argentina.

El camino se ve más claro. No lo ensuciemos ni lo cerremos. En el final está la gloria.

No fue una mañana como todas. Había llegado despacito, sin que nadie la llamara. Corrí, como siempre, las cortinas que tapan la amplia ventana de mi habitación. Volví a admirar el esplendor de esta ciudad desde la altura del décimo piso.

Mi mirada se quedó fija en la imponente Torre de Tokio. Hubiese jurado que era el Obelisco.

 

 

Por Héctor Onesime (1979).

Fotos: Eduardo Forte y Eduardo Giménez.

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