Las Crónicas de El Gráfico

1988. El partido más largo del fútbol argentino.

Por Redacción EG · 17 de enero de 2020

El Campeonato 88/89 tuvo la particularidad que frente al empate en tiempo regular, los encuentros se definían por penales. El 20 de noviembre Argentinos y Racing hicieron historia.

Los últimos veinte segundos podían haberlo convertido en un partido más. Con otro resultado inesperado (la derrota del puntero), pero sin todo el sabroso condimento de lo que pasó después hasta completar un hecho inédito en la historia del fútbol argentino.

 

Antes de llegar a los penales hubo cuatro goles y algunas situaciones como esta. Fernando Gabriel Cáceres le saca a Medina Bello la pelota y la camiseta…

Antes de llegar a los penales hubo cuatro goles y algunas situaciones como esta. Fernando Gabriel Cáceres le saca a Medina Bello la pelota y la camiseta…

 

Carlos Ereros quedó en posición de remate, habilitado por un hermoso taquito de Rudman, lo vio adelantado a Balerio, midió el impacto, lo colocó en caída detrás del arquero y la pelota se fue lamiendo el travesaño. Pudo ser muy duro para Racing, que estuvo dos veces en ventaja y que había sido protagonista las dos terceras partes del encuentro, pero le hacía justicia a ese final de Argentinos. Que lo mostró más entero, más ambicioso, más incisivo, exponiendo la calidad de algunos jugadores como su marcador lateral Osvaldo Gregorio Rodríguez (21 años), el volante ofensivo Silvio Gabriel Rudman (19 años) y el zaguero central Fernando Gabriel Cáceres (19 años), como para confirmar la excelencia del semillero de La Paternal. Sobre esa última oportunidad perdida sonó el silbato de Carlos Espósito y comenzó otra historia. La de los tiros desde el punto del penal, con la serie de ejecuciones más larga, más interesante, más agotadora, más increíble y más insoportable (cuando íbamos por la segunda vuelta completa de diez jugadores por equipo) que hayamos vivido en una cancha de fútbol.

La primera vez que se definió un encuentro por penales en la Argentina fue entre San Lorenzo e Independiente por una de las semifinales del Nacional 1971. Empataron los 90 minutos (gol del Lobo Fischer sobre la hora), jugaron media hora de alargue sin modificar el score 2-2 y comenzó la serie de tiros para definir. Se ejecutaron 14 y se convirtieron 13. Pateó Perico Raimondo, devolvió el palo, quedaron parejos 6-6 y Pedro Salvador Chazarreta metió el séptimo para el Ciclón, clasificándolo finalista.

Por tiempo completo de juego más penales, aquel pudo ser más largo que éste de Argentinos-Racing en Caballito, cuya duración total sumó 135 minutos efectivos, dos horas y cuarto, de los cuales 45 minutos se consumieron pateando 44 penales. Esta cifra sí, es única en la historia del fútbol argentino y pude ser record mundial si alguno de nuestros lectores desparramados por los cinco continentes no nos informa de un caso semejante producido entre equipos de primera división en algún lejano rincón del universo.

De los 44 tiros que se  ejecutaron se convirtieron 39, lo que da un porcentaje de efectividad realmente notable: 88,63 por ciento. Esos números parecerían darle la razón a aquella vieja frase de un árbitro de la guardia vieja, Garlitos Nai Foino, cuando los jugadores de River le pidieron la repetición del penal que Roma le atajó a Delem: “AIRE, PENAL BIEN PATEADO ES GOL. . .".

 

La atajada decisiva, Goyén frente a Videla.

La atajada decisiva, Goyén frente a Videla.

 

Máxime si los comparamos con otras definiciones de este campeonato resueltos en la primera serie de diez tiros por remates desviados o atajados. En ese caso, resultaron fallidos los dos primeros intentos: Wálter Fernández dejó temblando el travesaño con un zurdazo alto y Oscar Dertycia remató totalmente desviado. A partir de esos dos tiros negativos, sobrevino una serie espectacular. Patearon y convirtieron los diez jugadores de cada equipo (Rubén Paz y Carlos Redondo habían sido expulsados a los 24 minutos de juego), incluidos los arqueros Balerio y Goyén, dejando el score de la definición 9-9. Recomenzó Wálter Fernández para Racing, puso los tantos 10-9 y siguieron convirtiendo los mismos que ya habían pateado la primera serie hasta llegar al tiro número 33, igualados en 15 goles. Recién a esa altura se registró el primer penal atajado: se lo sacó Goyén a su compatriota Chupete Vásquez, tirándose en gran forma hacia su palo derecho. Podía desempatar Ereros en el remate siguiente, pero su remate recto pegó en el pie izquierdo de Balerio cuando el arquero racinguista iba hacia su palo derecho. Los seis disparos siguientes fueron adentro y se completó el 'ballotage' de los diez jugadores de cada equipo.

Para entonces, el entusiasmo y la excitación habían sido copados por otro sentimiento: agotamiento y hastío. Adentro de la cancha y en las tribunas. Comenzó la tercera vuelta. Wálter Fernández metió el penal número 40, Sergio González un uruguayo que le pega muy bien, convirtió el 41 y el Panza Videla fue a tirar su tercer penal contra su ex club. La atajada de Goyén fue fantástica y la hinchada local, tras la ovación al arquero, tuvo un simpático gesto alentando a Videla con el grito de "¡Dale Panza!". Quedaba el tiro número 44, Jorge Gaspari, el hombre que hace diez años le metió a Rosario Central el zurdazo decisivo para consagrar campeón al viejo Quilmes Atlético Club, arrancó tranquilo hacia la pelota y definió con clase su tercer penal, en ese crepúsculo inusual que vivimos en Caballito. Argentinos había ganado la definición por 20 contra 19.

 

Carlos Goyén convierte a la izquierda de Baleiro.

Carlos Goyén convierte a la izquierda de Baleiro.

 

Hubo un suspiro general de alivio. Entre los que tiraban, cada vez más fundidos física y síquicamente, enfriándose a medida que pasaban los tiros y todo seguía igual. Entre los dos arqueros, sometidos a la casi patética situación de verse fusilados una y otra vez, con la lógica desmoralización que eso produce en el ánimo de los más templados. En el árbitro Carlos Espósito, obligado a controlar la pelota, la posición del arquero y el posible amague del tirador en cada uno de los 44 penales pateados. En el linesman Abel Gneco, haciendo gimnasia en la mitad de la cancha para sacarse el frío de encima. En los espectadores, que ya no soportaban lo prolongado y agotador del espectáculo.

Argentinos ganó un punto más, y allá, detrás del otro arco, brotó como si alguien hubiera oprimido un botón invisible, ése que le da rienda suelta al amor por los colores, el grito de "...DALE, Y DALE, Y DALE, DALE RACING. . .". Más allá de la decepción por el punto perdido y el otro que se fue con los penales, los hinchas de la Academia seguían festejando la punta de la tabla.

 

Humor: BLOPA

Humor: BLOPA

 

En esta misma edición de EL GRAFICO publicamos un plebiscito hecho entre todos los planteles de primera división de la AFA, sus técnicos y sus presidentes, junto con importantes opiniones sobre la innovación implantada por la AFA para el presente campeonato. Una abrumadora mayoría se pronuncia en contra de la definición por tiros desde el punto del penal cuando un partido termina empatado. La experiencia vivida el último domingo en Caballito justifica esa oposición de los protagonistas. Se los somete a un esfuerzo muy extenuante, a una presión anímica muy grande, exponiendo una buena actuación durante los 90 minutos a la desgracia de malograr un penal. En este caso, corresponde un fuerte aplauso a los jugadores de Argentinos y Racing por la eficacia que lucieron en las ejecuciones. Demostraron dedicación, profesionalidad, concentración y fuerza anímica. Especialmente los arqueros. Derrotados una y otra vez por remates que no les dejaban ninguna chance, cuando les tocó patear lo hicieron con sangre fría y clara determinación, metiendo en forma impecable los cuatro que tiraron. En el caso de Goyén, fue realmente admirable que después de haber sufrido 21 fusilamientos, de los cuales 19 habían terminado en la red, le quedaran reflejos para mandarse la formidable atajada final ante el disparo de Videla.

Hubo un jugador que sufrió especialmente el drama que puede representar esta clase de definiciones: el cordobés Dertycia. Podría decirse que en esos 45 minutos extras que tuvo el partido pagó sus culpas de los 90 minutos de juego. Porque pegó muy mal varias veces. Le hizo un foul a Fabbri que merecía tarjeta roja y el juez le mostró la amarilla porque pocos minutos antes había dejado a los dos equipos con diez hombres. La hinchada de Racing no se lo perdonó. Cuando llegó el momento de los penales, ejecutó el primero de Argentinos pateando mal, afuera. Ya había malogrado otros dos en definiciones anteriores de su equipo frente a Racing de Córdoba y Newell's Old Boys de Rosario. Para la segunda vuelta, en tanto Fernández iba resueltamente a buscar su revancha por el tiro que había pegado en el travesaño. Dertycia dejó que fuera a patear su compañero Sergio Nelson González. En el acto brotó el cantito hiriente de la hinchada racinguista: “Dertycia se borró. . . Dertycia se borró. . .”. En realidad, el verbo usado izquierda de Balerio. La era otro, pero lo sustituimos por uno de similar sentido, por razones de buen gusto. Finalmente, tuvo que volver a patear el cordobés. Hizo de tripas corazón y le pegó tan al palo derecho de Balerio que casi la manda otra vez afuera. Se metió justito en la ratonera. Y llegó la réplica de la pequeña pero eufórica tribuna local: "Dertycia los mató. . . Dertycia los mató. . .". Las vocales del verbo eran las mismas, las consonantes eran diferentes. También las damos cambiadas por respeto al buen gusto... Así se fue la tarde en Caballito. Así cayeron sobre el estadio Ferro Carril Oeste las sombras del crepúsculo. Así pasó el partido más largo, más excitante, más cansador, más insólito, más aburrido y más contradictorio del fútbol argentino. ©

JUVENAL

Notas: GONZALO ABASCAL

Fotos: SALTO, ALFIERI (padre) y DEL BOSCO

Humor: BLOPA

Temas en esta nota:

Imagen de 1999. El clásico de los inundados
Las Crónicas de El Gráfico

1999. El clásico de los inundados

Unión y Colón, dice la leyenda, nacieron casi juntos a principios de siglo cuando el agua desbordó Santa Fe. Pero esta vez festejaron los Tatengues que le ganaron a los Sabaleros por 2 a 0.

Imagen de 1932. Estudiantes 6 – 1 Gimnasia
Las Crónicas de El Gráfico

1932. Estudiantes 6 – 1 Gimnasia

Por Chantecler. La crónica de un clásico que careció de emoción, ya que rápidamente se resolvió el partido a favor del Pincha que con un quinteto ofensivo memorable no tuvo piedad contra su máximo rival.

Imagen de 1996. Rosario terminó en paz
Las Crónicas de El Gráfico

1996. Rosario terminó en paz

Central y Newell´s empataron 1-1 en el clásico de la ciudad. Pero la fiesta estuvo afuera: el partido finalizó sin incidentes en un marco custodiado por 900 policías.

DEJÁ TU COMENTARIO