Las Entrevistas de El Gráfico

2007. Gastón Fernández: desquite en clave de gol

Por Redacción EG · 13 de enero de 2020

Pieza fundamental en el Clausura que ganó el Ciclón, fue pedido y respaldado por Ramón Díaz y no lo defraudó. En esta entrevista también habla de lo mal que lo trataron en River.

Re­sul­ta me­dio ra­ro ver así al Nue­vo Ga­só­me­tro. Ese mis­mo gi­gan­te azul­gra­na que ape­nas un pu­ña­do de días atrás re­bo­sa­ba de gen­te -muy fe­liz, por cier­to-, aho­ra es­tá va­cío, mu­do, apa­ga­do. El con­tras­te en­tre és­te mar­co se­mi­de­sér­ti­co y aquel del do­min­go su­per­po­bla­do de ale­gría san­lo­ren­cis­ta lla­ma la aten­ción, es cier­to. Pe­ro lo que más se ex­tra­ña de esas 40.000 al­mas que lo col­ma­ron el día de la con­sa­gra­ción cuer­va an­te Ar­se­nal, es el ca­lor. Bue­nos Ai­res ama­ne­ció he­la­da y en la ma­ña­na el frío se sien­te has­ta los hue­sos. Mu­cho más en es­te es­ta­dio, don­de la na­tu­ra­le­za al­gu­na vez dio a luz al vien­to, se­gún las con­clu­sio­nes del popular fi­ló­so­fo Héc­tor Veira, mu­cho más co­no­ci­do co­mo Bam­bi­no.

De la zo­na de ves­tua­rios sur­ge, al tro­te, la fi­gu­ra del go­lea­dor del cam­peón del fút­bol ar­gen­ti­no. Em­pon­cha­do de pies a ca­be­za, Gas­tón Fer­nán­dez sa­lu­da con unas dis­cul­pas, “por­que se me hi­zo tar­de por un ac­ci­den­te en la Ge­ne­ral Paz”. Des­pués de qui­tar­se va­rios ki­los de la­na y fri­sa de en­ci­ma, mues­tra su cos­ta­do más co­que­to al aco­mo­dar con de­ta­lle sus ru­bios ca­be­llos y se en­tre­ga a los flas­hes en el co­ra­zón de la po­pu­lar lo­cal.

En San Lorenzo jugó en el 2007, disputó 32 partidos y convirtió 10 goles.

En San Lorenzo jugó en el 2007, disputó 32 partidos y convirtió 10 goles.

Po­pu­lar, y bien lo­cal, se hi­zo él en es­te cor­to tiem­po que lle­va en Boe­do. A fuer­za de go­les (va­rios go­la­zos) se ga­nó un lu­gar en el po­dio de los más ova­cio­na­dos por el pue­blo cuer­vo, que ya lo tra­ta co­mo si fue­ra un hom­bre na­ci­do en la ca­sa. “Me sor­pren­dió el ca­ri­ño de la gen­te de San Lo­ren­zo -re­ve­la la Ga­ta- pe­ro yo lo lle­vo mu­cho a que el equi­po con­si­guió re­sul­ta­dos y ahí mi ren­di­mien­to per­so­nal pu­do cre­cer. Y ob­via­men­te que con los triun­fos y las ale­grías, la gen­te a uno le va to­man­do apre­cio más rá­pi­do”. Rá­pi­do, y en el mo­men­to in­di­ca­do, se en­car­gó de em­pe­zar a ha­cer su par­te pa­ra ge­ne­rar ese idi­lio con los hin­chas. En la cuar­ta fe­cha, des­pués de reem­pla­zar a La­vez­zi, lesionado, hi­zo su pre­sen­ta­ción con el gol co­mo ju­ga­dor del Ci­clón, na­da me­nos que en La Bom­bo­ne­ra. “La ver­dad es que ese par­ti­do fue im­por­tan­te pa­ra el equi­po y ob­vio que pa­ra mí, por­que fue el pri­me­ro en el que me to­có ju­gar bas­tan­te tiem­po. Fue el des­pe­gue. Por suer­te, des­pués con­fir­mé el buen mo­men­to en tres par­ti­dos se­gui­dos en los que con­ver­tí”.

Ese buen mo­men­to del que ha­bla se man­tu­vo du­ran­te to­do el cam­peo­na­to y se vio co­ro­na­do en la penúl­ti­ma fe­cha fren­te a Ar­se­nal, don­de mar­có el ter­ce­ro y el cuar­to pa­ra ese 4-2 fi­nal que de­sa­tó la fies­ta azul­gra­na y que­dó gra­ba­do pa­ra siem­pre en la his­to­ria san­ta. De esa tar­de, la Ga­ta eli­ge el pri­me­ro de su do­ble­te co­mo el gol más im­por­tan­te de los que ano­tó en el tor­neo, aun­que se que­da con el que le con­vir­tió a Cen­tral a la ho­ra de op­tar por el más lin­do.

Reflejo de pichichi. La Gata, en el Nuevo Gasómetro que supo conquistar a fuerza de golazos y grandes partidos.

Reflejo de pichichi. La Gata, en el Nuevo Gasómetro que supo conquistar a fuerza de golazos y grandes partidos.

Es­tos días ale­gres de Gas­tón no lo eran tan­to ha­ce unos me­ses, cuan­do es­te 2007 re­cién co­men­za­ba a an­dar. De vuel­ta en Ri­ver -por en­ton­ces due­ño de su pa­se- tras una es­ta­día en el fút­bol me­xi­ca­no, su ilu­sión era te­ner una chan­ce pa­ra de­mos­trar to­do su ta­len­to en el club don­de se for­mó co­mo ju­ga­dor. Pe­ro en Nú­ñez vol­vie­ron a ce­rrar­le las puer­tas y fue jus­to ahí que apa­re­ció el otro pro­ta­go­nis­ta des­ta­ca­do en es­ta his­to­ria fe­liz de la Ga­ta en San Lo­ren­zo. Ra­món Díaz, quien por en­ton­ces an­da­ba de­li­nean­do su equi­po pa­ra afron­tar el Clau­su­ra, vio có­mo ve­nía la ma­no y en­se­gui­da apu­ró a los di­ri­gen­tes pa­ra que hi­cie­ran el má­xi­mo es­fuer­zo pa­ra traer a Boe­do a ese ru­bie­ci­to al que él, en sus vie­jos días de DT mi­llo­na­rio, le ha­bía he­cho co­no­cer el gus­ti­to de en­tre­nar con la Pri­me­ra a los 15 años y via­jar a una pre­tem­po­ra­da a los 17.

-No se ve to­dos los días que un ju­ga­dor co­rra cin­cuen­ta me­tros des­pués de un gol pa­ra ir a abra­zar a su téc­ni­co…

-Qui­se ha­cer pú­bli­ca una de­mos­tra­ción de agra­de­ci­mien­to, por­que él se la ju­gó por mí en un mo­men­to du­ro de mi ca­rre­ra. Yo ve­nía de Mé­xi­co, don­de no ha­bían he­cho uso de la op­ción de com­pra, y no te­nía lu­gar en Ri­ver. Era to­do ma­lo pa­ra mí y en el me­dio apa­re­ció él, que es un téc­ni­co muy im­por­tan­te. Que me ha­ya pe­di­do co­mo lo hi­zo es muy gra­ti­fi­can­te, por eso se lo qui­se agra­de­cer de esa ma­ne­ra.

-Des­pués de có­mo pa­teas­te el pe­nal con­tra Ban­field, ¿tam­bién te ban­có o te di­jo que si no lo ha­cías no vol­vías a pa­tear más en tu vi­da?

-¡No!, ja­más. Sí es­cu­ché que se lo di­jo a la pren­sa, pe­ro a mí nun­ca. Al con­tra­rio, él siem­pre me dio li­ber­tad pa­ra ma­ne­jar­me  den­tro del cam­po.

-¿Por qué se te ocu­rrió pa­tear­lo así en un mo­men­to tan ca­lien­te co­mo ese?

-Por­que en in­fe­rio­res me gus­ta­ba esa for­ma de pa­tear y bue­no, me ani­mé a ha­cer­lo en pri­me­ra.

-¿Te gus­ta­ría que­dar­te en San Lo­ren­zo y ti­rar­se a la Co­pa el año que vie­ne?

-Sí, me en­can­ta­ría. Va a de­pen­der mu­cho de los di­rec­ti­vos y de lo que pa­se en el tor­neo que vie­ne, pe­ro sí, la ilu­sión de es­te plan­tel y de la pro­pia di­rec­ti­va es que de aho­ra en ade­lan­te San Lo­ren­zo no sal­ga de los pri­me­ros pues­tos.

-¿Fuis­te el me­jor ju­ga­dor del cam­peo­na­to?

-No, pe­ro sí me sen­tí im­por­tan­te en mi equi­po, y eso me ha­ce re­na­cer y vol­ver a sen­tir­me bien, por­que fue muy es­pe­cial mi si­tua­ción y era un de­sa­fío ve­nir acá y de­mos­trar que po­día.

-Di­jis­te que es­te tí­tu­lo era una re­van­cha gran­de por­que Ri­ver te ha­bía ce­rra­do las puer­tas. ¿Con quién que­das­te do­li­do?

-No ten­go una per­so­na en par­ti­cu­lar a quien nom­brar. Pe­ro me sen­tí muy mal por­que na­die me lla­mó cuan­do se ter­mi­nó mi eta­pa ahí. Creo que es lo mí­ni­mo que tie­nen que ha­cer con un ju­ga­dor que na­ció, se crió en ese club y se tu­vo que ir co­mo to­dos sa­ben que me tu­ve que ir yo. Eso fue lo que más me do­lió, por­que si bien uno no de­jó una gran hue­lla, creo que siem­pre que ju­gué tra­té de de­jar lo me­jor.

-¿Si­gue sien­do una cuen­ta pen­dien­te ju­gar un tiem­po pro­lon­ga­do y en buen ni­vel en Ri­ver?

-No (en­fá­ti­co), la ver­dad que no, pa­ra na­da. No me in­te­re­sa vol­ver ahí. Si al­gún día me to­ca ir­me de San Lo­ren­zo, don­de me tra­tan de ma­ra­vi­llas, ten­go a Ra­cing, don­de tam­bién se por­ta­ron bár­ba­ro y me hi­cie­ron sen­tir muy bien.

-¿Tu pro­ble­ma en Ri­ver fue la pre­sión que te­nías des­de chi­co?

-Se ge­ne­ró mu­cho al­re­de­dor mío. Yo vi­ví una pre­sión muy gran­de cuan­do es­ta­ba en in­fe­rio­res y eso me ju­gó en con­tra a la ho­ra de lle­gar a Pri­me­ra. Des­pués, siem­pre sen­tí que cuan­do ju­ga­ba bien, eran mu­chos los elo­gios y cuan­do an­da­ba mal, eran mu­chí­si­mas las crí­ti­cas. Nun­ca tu­ve tér­mi­no me­dio, aun­que sé que eso tam­bién se de­be a que es un club muy exi­gen­te.

Festejo de campeonato. Gastón metió dos ante Arsenal y el Ciclón dio la vuelta.

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La re­la­ción en­tre la Ga­ta y Ri­ver fue cu­rio­sa des­de aque­lla pri­me­ra vez, ha­ce al­go más de una dé­ca­da, cuan­do en una prue­ba lo man­da­ron a ju­gar de ¡la­te­ral de­re­cho! “Ha­bía un mon­tón de chi­cos -re­cuer­da- y co­mo es­ta­ban to­dos los pues­tos ocu­pa­dos, me di­je­ron: 'ju­gá de cua­tro que des­pués te pa­sa­mos de nue­ve'. Co­mo yo era chi­qui­to di­je que sí. Y que­dé. Pe­ro no fui más por­que que­da­ba muy le­jos de mi ca­sa”.

Vol­ve­ría un tiem­po des­pués pa­ra con­ver­tir­se, jun­to con Fer­nan­do Ca­ve­nag­hi, en la du­pla ofen­si­va más pro­me­te­do­ra de las in­fe­rio­res mi­llo­na­rias (¿se sa­ca­rán en San Lo­ren­zo esa es­pi­na de ju­gar jun­tos en Pri­me­ra?). An­tes le ha­bía da­do sus pri­me­ros ara­ña­zos a la pe­lo­ta en el baby de Es­tre­lla de Eche­nau­cía, de don­de re­cuer­da con afec­to a Val­di­no Lu­ras­chi, el téc­ni­co que ade­más de des­cu­brir­lo y lle­var­lo a pro­bar­se pri­me­ro a Hu­ra­cán y des­pués a Ri­ver, lo bau­ti­zó con el apo­do fe­li­no con el que hoy to­dos lo co­no­cen. Con los años, las vuel­tas de la vi­da -del fút­bol- lo ha­rían rum­bear ha­cia tie­rra az­te­ca. “Mon­te­rrey es un lu­gar en el que me que­da­ría a vi­vir, me en­can­tó Mé­xi­co. Des­de lo fut­bo­lís­ti­co, pa­ra mi pen­sa­mien­to y el de la gen­te, me fue de­ma­sia­do bien. Los hin­chas me sa­lu­da­ban en la ca­lle y con só­lo seis me­ses ahí ya me tra­ta­ban co­mo si fue­ra un ído­lo. Me to­có ce­rrar el tor­neo muy bien, con seis go­les en los úl­ti­mos cin­co par­ti­dos. Pero los di­rec­ti­vos se dur­mie­ron y pre­fi­rie­ron no utilizar la op­ción…”

An­tes ha­bía es­ta­do un tiem­po en Ave­lla­ne­da, en esa can­cha que que­da a cin­co cua­dras de la ca­sa don­de na­ció. “Ten­go un gran re­cuer­do de Ra­cing. Es un club al que quie­ro mu­chí­si­mo y oja­lá un día me to­que vol­ver”. Co­mo en San Lo­ren­zo jun­to a La­vez­zi y Sil­ve­ra, en su pa­so por la Aca­de­mia for­mó un tri­den­te de ata­que de lu­jo. “Con Li­san­dro Ló­pez y Ma­ria­no Gon­zá­lez se ar­mó una lin­da amis­tad. Me acuer­do de los bai­le­ci­tos que ha­cía­mos des­pués de ca­da gol. Siem­pre di­go que cuan­do a uno lo ro­dean de gran­des ju­ga­do­res, se ha­ce to­do más fá­cil den­tro de la can­cha. Me pa­só con ellos y me pa­sa aho­ra con el Cu­qui y el Po­cho”. El trío de ata­que de Ra­món se com­ple­men­ta a la per­fec­ción en la can­cha, pe­ro a la ho­ra de ma­ne­jar el equi­po de mú­si­ca hay uno de ellos que ha­ce y des­ha­ce a su an­to­jo. “A mí me gus­ta Is­mael Se­rra­no y tam­bién es­cu­cho rock na­cio­nal, lo que pa­sa es que cuan­do en­tro al ves­tua­rio el Po­cho po­ne cum­bia y no que­da otra. En eso man­da él”, se re­sig­na Gas­tón. Y si­gue con la in­ti­mi­dad del cam­peón: “Yo con­cen­tro con Adrián Gon­zá­lez, mi gran com­pa­ñe­ro. Me­te­mos Play y mu­cho ma­te, siem­pre jun­to con el Bu­rro y el Ma­le­vo, mi ami­go des­de los 14 años con el que tu­ve la suer­te de reen­con­trar­me y ser cam­peo­nes jun­tos”. Cuen­ta que es “un plan­tel muy di­ver­ti­do”, que se in­te­gró rá­pi­do y que Ra­món “se pren­de en las jo­das y ga­na las apues­tas de los ti­ros li­bres por­que ha­ce tram­pa”. Sa­lu­da con la mis­ma ama­bi­li­dad que mues­tra an­te ca­da pe­di­do de au­tó­gra­fo o fo­to y se va ha­cia la ma­ra­ña de com­pa­ñe­ros que lo es­pe­ra pa­ra un nue­vo al­muer­zo de fes­te­jo. Fes­te­jo de un tí­tu­lo que sig­ni­fi­có una lin­da re­van­cha per­so­nal.

 

Yo y mis técnicos

Ubaldo Fillol.

 

Fillol.

Fillol.

 

“Un ganador que quería que todo saliera siempre a la perfección. Confió mucho en mí y me dio una bueba chance de mostrarme en Primera”.

 

Angel Cappa.

 

Cappa.

Cappa.

 

“Un lírico. El técnico ideal para alguien que gusta del buen fútbol”.

 

Manuel Pellegrini.

 

Cappa.

Cappa.

 

“Un entrenador al que nunca voy a olvidar porque me hizo debutar en Primera”.

 

Leonardo Astrada.

 

Astrada.

Astrada.

 

“Con él me confirmé como jugador de Primera. Me dio mucha confianza y pasé momentos muy buenos en esa etapa”.

 

Marcelo Bielsa.

 

Bielsa.

Bielsa.

 

“Un tipo noble. Lo tuve cuando era sparring de la selección y nos trataba como si fuéramos jugadores de la mayor. Es el mejor a la hora de trabajar”.

 

Reinaldo Merlo.

 

Merlo.

Merlo.

 

“De él no puedo decir ni una palabra porque no me dejó nada” .

 

Ramón Díaz.

 

Ramón Díaz.

Ramón Díaz.

 

“Siempre le voy a estar agradecido por la oportunidad que me dio. Se la jugó por mí en un momento complicado“.

 

LA FAMILIA Y SUS MARCAS EN LA PIEL

la gata tiene varios tatuajes a lo largo y ancho de su cuerpo, todos con un significado muy especial para él. “El de mi perro Palmito me lo hice en México porque lo extrañaba mucho. Tengo otro que comparto con mi mejor amigo, un águila igual a la que tenía mi papá, una estrella con la inicial de Paula, mi mujer, y las iniciales de mi familia en letras chinas”. Todavía le falta el de su hijo, Lautaro, que cumplió el segundo mes de vida el 23 de junio. “Mi señora no me deja hacerme más, no le gusta, pero con ese no creo que haya problemas”. Se nota que es muy familiero, Gastón. A lo largo de la entrevista menciona a su mamá, su hermana, sus abuelos, sus tíos, sus primos y su papá, a quien busca en el cielo cada vez que festeja un gol.

 

 

Por Aquiles Furlone (2007).

Fotos: Emiliano Lasalvia.

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