Las Crónicas de El Gráfico

Rescatando al soldado De Felippe

Por Redacción EG · 02 de abril de 2019

Jugando en la 3ra. de Huracán, Osvaldo Omar De Felippe fue enviado a luchar a la Guerra de Malvinas. En 1998 soltó sus recuerdos por primera vez a El Gráfico y dejó este testimonio imprescindible.

1981. TERCERA DE HURACÁN. En ese año era conscripto y alternaba 4ta. y 3ra. Parados: Juan Amador Sánchez, Aguirre, De Felippe, Tambone, Marangoni, Borzi. Abajo: Arias, Sosa, Beliz, el Turco García y Agüero.

1981. TERCERA DE HURACÁN. En ese año era conscripto y alternaba 4ta. y 3ra. Parados: Juan Amador Sánchez, Aguirre, De Felippe, Tambone, Marangoni, Borzi. Abajo: Arias, Sosa, Beliz, el Turco García y Agüero.

 

 

 


En estos días hay guerra en el cine -solamente, a Dios gracias- por una de las últimas historias de Spielberg, "Rescatando al soldado Ryan", con Tom Hanks. Y hay guerra de Malvinas bullendo en los recuerdos -solamente, a Dios gracias- por el viaje del presidente Menem a Gran Bretaña, con Tony Blair y la Reina, entre otros personajes importantes, ya que Thatcher y Pinochet parece que perdieron rating y no les renovaron el contrato para este capítulo...

Mientras tanto, sigue el fútbol, como una fabulosa e inagotable caja de sorpresas. Porque se hable de lo que se hable, pase lo que pase en el cine o en el mundo, uno siempre encontrará en el fútbol un testigo único, singular, irreemplazable. Y en este caso, imprescindible.

1982: GUERRA DE MALVINAS. Omar, con una ametralladora MAG, el cabo Torrecín y Juan José Fernández. "En la conscripción, antes de la guerra, reconocí a otros jugadores. Como Revasti, arquero de San Lorenzo. Y Gustavo de Luca, de River.

1982: GUERRA DE MALVINAS. Omar, con una ametralladora MAG, el cabo Torrecín y Juan José Fernández. "En la conscripción, antes de la guerra, reconocí a otros jugadores. Como Revasti, arquero de San Lorenzo. Y Gustavo de Luca, de River.



Osvaldo Omar De Felippe (hermano mayor de Wélter Fabián, el que juega en Banfield) era un pibe de Villa Madero, que como tantos en 1981 hacía "la colimba" ("corre, limpia, baila", se decía del conscripto en las épocas en que había servicio militar obligatorio). Pero en su caso, mientras cumplía con el Ejército, jugaba en la tercera de Huracán, su club desde la prenovena.

 Hoy se recibió de técnico y es el ayudante de campo del "Ruso" Ricardo Alberto Zielinsky, en San Telmo.

Entre un punto y otro de su joven biografía, hay un paréntesis que durante mucho tiempo llenó con silencios. Hasta que hace poco, una nota de EL GRAFICO en su espacio de TELEFE Internacional, le dio la pauta de que había llegado un momento distinto: sintió algo así como que... por primera vez, podía hablar libre-mente. Que los ruidos y los dolores habían quedado lo suficientemente atrás como para empezar a nombrarlos sin quemarse la piel nomás rozarlos.

Y en una larga charla con la revista, a la sombra de unos apacibles árboles de primavera, tras una mañana de entrenamiento con San Telmo, nos ayudó a rescatar su increíble tránsito de futbolista a guerrero de la noche a la mañana. Su registro es detallado, profundo, inteligente y extenso. Lo que sigue es apenas una mera síntesis de sus vivencias, entre la guerra y el fútbol...

1983: PRIMERA DE HURACÁN. Arriba: Martínez, Angeletti, De Felippe, Vidallé, Bottari, Cortés. Abajo: Dabroski, Vidal, Morresi, el Turco García y Mario Zanabria

1983: PRIMERA DE HURACÁN. Arriba: Martínez, Angeletti, De Felippe, Vidallé, Bottari, Cortés. Abajo: Dabroski, Vidal, Morresi, el Turco García y Mario Zanabria



EL SILENCIO



 "Una vez Víctor Hugo Morales me quiso hacer una nota. Yo estaba en el vestuario para salir a la cancha y se acercó un muchacho con el micrófono. Ahí me trabé y me di cuenta de que no podía hablar del tema... Hoy, sí. Porque puedo yo. Y porque pasó el tiempo. Hubo cosas que... uno tiene que tener un respeto bárbaro por los que no están, los chicos que no volvieron. Y sobre todo, por no herir a sus familias... Apenas volví nombré a un soldado por la radio, al que yo vi morir, al lado mío, en un bombardeo. Estábamos en el mismo batallón. Recibió una esquirla en el estómago y otra en la pierna, y se nos fue ahí... Al otro día de contarlo, en el entrenamiento de Huracán, el Loco Candedo me avisa: “Che, Gurka... te busca un muchacho". Era el hermano del pibe. Me acuerdo que era cartero. Me contó que nadie les había dicho nada. "Mi vieja todavía lo está esperando", me dijo, y yo me hubiese cortado la lengua... Me pidió por Dios que le contara cómo había muerto el hermanito. Se lo conté. Y me quedé mudo hasta hoy".

 

EL FÓBAL Y EL GURKA



"El Loco Candedo me decía Gurka, porque con las cargadas, con las bromas, uno va saliendo. A mí Huracán me ayudó mucho. Me recibieron con mucha... calidez, me apoyaron siempre. El Baby Cortés, por ejemplo, era mi compañero de pieza. Y siempre me hacía una gritaba “¡Ataque!" y se tiraba abajo de la cama, y los demás le seguían el juego. Y yo también. Me hacía bien tomarlo con humor".

1985: EL ADIÓS AL GLOBITO. Don Manuel Guerra ("Lo llamo Don porque me fue de frente") le dijo quo no lo iba a tener en cuenta. Se fue a Mar del Plata y enseguida se fue Guerra “Lo adoro a Cacho Silveira, porque me bancó y me puso en un momento bravo".

1985: EL ADIÓS AL GLOBITO. Don Manuel Guerra ("Lo llamo Don porque me fue de frente") le dijo quo no lo iba a tener en cuenta. Se fue a Mar del Plata y enseguida se fue Guerra “Lo adoro a Cacho Silveira, porque me bancó y me puso en un momento bravo".



 

CARTA DE HURACÁN



"Lo más bravo para el grupo nuestro lo vivimos cuando faltaban dos o tres días para el final y los combates eran feroces por todas partes. Nos vinieron a buscar a la posición y nos llevaron a un galpón donde había comida...montones de comida... que allá era uno de los grandes problemas para los soldados. Y nos dejaron comer lo que quisiéramos. Yo me di cuenta de que era algo así como la última cena... Después nos pusieron en marcha y nos dijeron. "Dejen todo, menos las armas, las municiones... y las cartas de sus familias". Nunca me voy a olvidar ese momento con los muchachos, mis compañeros de toda la guerra, el cabo primero Torrecín, Juan Fernández -que lo sigo viendo- y Sergio Leal, que íbamos a la primera línea. Y que no volvíamos... Cargué mi ametralladora, las balas y tres cartas. La de mi vieja, la de mi novia y la que me mandaron de Huracán. También me llevé las que recibíamos de los chicos de las escuelas, que no te conocían, pero te ayudaban tanto... Había que estar allá para entenderlo".

 

MATAR A ALGUIEN…



"Era todo muy raro. Por momentos, uno se sentía como si estuviera viendo una película. Otras veces te decías a vos mismo: "¿Qué carajo estoy haciendo acá?" Ese día, cuando nos mandaron al frente, yo iba en la segunda línea. Adelante van los fusileros y, como yo tenía la ametralladora, la MAG, que es más pesada y de más alcance, unos dos mil metros, iba unos 100, 200 metros atrás de ellos. Tirábamos por arriba. Y por arriba nuestro, los cañones de 90 milímetros, que venían atrás de todo, completando el apoyo... Entonces los fusileros nos vinieron a buscar porque, nos dicen: "Miré, allí hay un nido de ametralladoras de los ingleses y no nos dejan avanzar, nos están haciendo pomada. Barrelos vos..." Mi compañero y yo nos preparamos, desde el principio nos habíamos puesto de acuerdo en que yo era el que tiraba, y los ametrallamos. No sé si los maté o se escaparon. No maté a nadie, que yo lo haya visto. Lo único que sé es que dejaron de tirar y seguimos avanzando. ¿Qué querés que te diga, hermano? Ojalá se hayan escapado..."

1986: Con la camiseta del Cristal Caldas. Tardivo, que dirigía las inferiores de Huracán, se fue a dirigir al club colombiano y lo llamó. Después su entrañable Bahía Blanca (Villa Mitre y Olimpo), Arsenal y San Telmo empezarían a abrirle nuevos caminos.

1986: Con la camiseta del Cristal Caldas. Tardivo, que dirigía las inferiores de Huracán, se fue a dirigir al club colombiano y lo llamó. Después su entrañable Bahía Blanca (Villa Mitre y Olimpo), Arsenal y San Telmo empezarían a abrirle nuevos caminos.


 

BALAS MENSAJERAS


"Vos no querés matar a nadie. ¿Quién va a querer, por más que estés en la guerra? Es fu-lero. Y hay de todo. En los dos lados, Hace poco fui a ver a un ex compañero a que es boxeador. Me enteré que peleaba en Villa  Insuperable y lo fui a alentar. Allá me encontré al sargento, que también lo había ido a ver... Me acuerdo que el sargento viajó a Malvinas gordo. En la guerra se puso flaco. Y ahora lo encontré más flaco todavía. Vos sabés que la primera línea, el cuerpo a cuerpo, es lo más bravo de todo... La otra, creo yo, es cuando te bombardean y lo único que podés hacer es rezar. El sargento me contó lo que le había pasado. "Un inglés me metió un tiro y me caí. Me levanté y me metió otro tiro en una mano. Volví a caer. Arranqué de nuevo y me metió un tercer tiro en un brazo... Ahí me di cuenta de que me estaba dando un mensaje. No me quería matar. Me decía te estoy hiriendo, boludo, no sigas avanzando". Y le hizo caso. El inglés no lo quiso matar".

 

LOS QUE VOLVÍAN



"Tengo grabados los primeros días en Malvinas... Había chicos que estaban en el frente desde el primer día. Y me quedó grabado, grabado... lo que era verlos volver. Con la mirada perdida, arrastrando el fusil por el suelo... Nosotros les preguntábamos: "¿Cómo está la mano allá?". Y alguno te contestaba, sin mirarte..."Mal, flaco, mal". La mirada de esos pibes las tengo grabadas. Nunca me las voy a olvidar”.

1998. Ayudante de Ricardo Zielinski,en San Telmo.

1998. Ayudante de Ricardo Zielinski,en San Telmo.



 

TIROS EN LOS PIES



"Al principio, algunos pibes se herían a propósito, para volver a casa. Cuando estaban limpiando las armas, se pegaban un tiro en un pie... decías que se te había escapado... y volvías. Cuando lo empezaron a hacer demasiados, los jefes se avivaron y dijeron, bueno, en adelante por más heridos que estén se quedan igual. Yo, por supuesto, nunca lo hubiera hecho. No por guapo ni nada por el estilo, sino porque tenía la motivación puesta en volver a jugar en Huracán... no me hubiera lastimado un pie ni loco. El miedo mío era perder un miembro y no poder seguir jugando..."

 

LOS CANTOS DE LA CANCHA



"Hice la colimba con edad de cuarta, en el Regimiento de La Tablada. El 23 de diciembre del '81 me dieron la baja, con 18 años. Volví al club y empecé a entrenar. El 2 de abril se toman las Malvinas. El 3 de abril cumplí los 19 años. Y el 9 de abril, a las 06:00 de la mañana, me acuerdo que estaba durmiendo,cae un soldado con una cédula de citación. Mi vieja lo recibió... lloraba... yo le dije: "No te hagás problema", y me volví a dormir. A las 10:00 me fui para el regimiento. Muy tranquilo, porque en ese momento se decía "no va a pasar nada". El viernes nos cortaron el pelo. Nos visitaron las familias... El sábado iba a venir mi vieja con unos pollos para todos. Pero ese mismo viernes, a las 06:00, 07:00 de la tarde, nos armaron, nos dieron la ropa y hacia la medianoche salimos en micros. Me acuerdo del aliento de la gente... íbamos por la avenida Crovara, y todo a lo largo estaban las casas con banderas argentinas, y la gente al costado del camino, cantando sobre la guerra con los cantos de la cancha. Nosotros también. Un entusiasmo bárbaro. Recién cuando llegamos a El Palomar y nos subimos a los aviones... llegó el silencio. La euforia quedó atrás. Éramos como cien en el piso del avión, que era un avión de línea, pero sin asientos. Las seis horas de vuelo a Río Gallegos no habló nadie... un mate cocido. Y de Río Gallegos a Malvinas. Ahí fue cuando dijimos: "Ah, esto va en serio". Y se acabó la sensación de que era un partido de fútbol.

1998. Con los muchachos de San Telmo en un entrenamiento. En Paz.

1998. Con los muchachos de San Telmo en un entrenamiento. En Paz.


 

 

LA MIRADA DE ELLOS


"Entramos a Puerto Argentino desfilando, en columnas de a cinco. Lo primero que vimos fueron las casas tipo inglesas, con parquecitos. Y chicos, muy chiquitos, jugando en los jardines... Me acuerdo que salían los padres, nos miraban como si fuéramos monstruos, llevaban a los chicos adentro y cerraban todo... De la ciudad caminamos seis kilómetros hasta la que iba a ser nuestra posición, el pozo en el que íbamos a vivir, con mis compañeros, durante setenta días. Me acuerdo que el capitán Zunino nos salvó la vida, porque cuando nos hartamos de estar tanto bajo tierra, la hicimos un poquito más alta. Y en un ataque, nos avivó que así iba a aparecer en los radares..."

 

SI PARA ALGO SIRVIÓ



"Más allá de sentir que las Malvinas son argentinas, yo no quiero opinar sobre política, ni sobre Fuerzas Armadas. Tuve la suerte de volver entero y sentir el apoyo de mi familia, de mi club... Nosotros teníamos mucho miedo, porque no sabíamos cómo nos iban a recibir al volver... Pero la gente nos apoyaba, nos daba comida a lo largo del camino de vuelta... En su momento también hice terapia y participé de grupos de ex combatientes. Era necesario. Vi replegarse a los nuestros, con los chicos heridos, o directamente tapados... Viví el día que los ingleses batieron la zona nuestra con morteros. Y en la piedra donde yo había estado un minuto antes volaron por el aire varios de los nuestros... Pregunté "¡¿Qué pasó?! " Y me dijeron : "Le dieron al Negro". ¡Justo al Negro! No sé... Si para algo sirvió, te diría, es para no aflojar nunca".

Omar con Doña Rosa, su mamá.

Omar con Doña Rosa, su mamá.


 

MADRE QUERIDA, VOLVERÉ


Cuando terminó la guerra, la señora Rosa Alaniz de De Felippe fue a buscar a Omar a Campo de Mayo. “Como no lo encontré, pensé lo peor. Pero una chica lo halló por casualidad y me trajo una gorra de él, en la que había escrito: "Madre querida, volveré". Todavía la tengo guardada. Al otro día lo fui a buscar y, cuando por fin lo vi, sentí que recuperaba mis ojos".

Cuando Omar era chico, Rosa, como buena mamá de dos futuros futbolistas profesionales, lo acompañaba a los partidos de prenovena. Pero un día la señora se puso a discutir con un árbitro, y él le prohibió ir a la cancha por el resto de sus días. Pasó el tiempo. Y Omar no sólo llegó a jugar en la primera de Huracán, sino que lo hizo inmediatamente después de haber vivido la pesadilla de la guerra. Ella no aguantó y. sin pedirle permiso ni avisarle, rompió con aquella prohibición. Y fue a la cancha.

“Fui con Wálter, sin decirle nada, para darle una sorpresa. Cuando empieza el partido, uno del equipo contrario, que estaba detrás mío, le grita: "¡De Felippe... vos tendrías que haberte muerto en las Malvinas!" Fue tal la impotencia que sentí, que me di vuelta, lo miré fijo y le dije... "iYo soy la madre !". Y le di un trompazo. Después no sabía cómo disculparse... "Señora... son cosas de hincha". Yo... bueno… no le podía aceptar la disculpa". Finalmente, el hincha, con los ojos enrojecidos, se retiró del estadio, avergonzado...

 

HORACIO DEL PRADO (1998)

Producción GERMAN HEIDEL Fotos. ALEJANDRO DEL BOSCO, CARLOS ALFANO y LEONARDO CAVALLO 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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