Las Entrevistas de El Gráfico

1984. Pastoriza: este Rojo va por derecha

Por Redacción EG · 06 de enero de 2020

José Omar Pastoriza vuelve a dialogar con EL GRÁFICO en una nota imperdible y en la que se tocaron todos los temas: el hombre, el técnico, el fútbol, la cárcel, Independiente...

¿Café o mate?

José Omar Pastoriza empieza a cebar: toma el primero, me ofrece el segundo, y como para empezar, asoma un recuerdo.

— ¿Vos jugaste en la cancha de Barracas Central?

—Sí, para Colón de Santa Fe. Eso debe ser en 1962, o en 1963.

—Bueno, por esas vueltas que tiene el fútbol, por esas cosas de la memoria, en este momento lo veo a Janín sacando un lateral, te da la pelota y escucho una frase: "Pibe, no la pises todos los tiros".

—No creo que haya sido el Zurdo (Janín), tiene mi edad, 41, y no me decía pibe. Esa línea media formaba con Boveri, yo y Janín. ¿De qué lado me dieron la pelota?

—De la izquierda, yo estaba detrás del alambrado: el lugar de los periodistas era una mesa de bar con cuatro sillas…

—Entonces fue Boveri, que a veces jugaba de tres. ¿Te acordás? Jugó en Newell's, San Lorenzo, después en Colón…

— ¿La pisabas todos los tiros?

—Y… si me lo dijeron: vos sabés cómo es el fútbol...

—Me gustaría que lo digas: ¿cómo es el fútbol?

—Un juego, nada más que eso: un juego para que la gente se divierta...

—Le agregarla una palabra: drama.

—De pibe, no. Primero hacés jueguito, con el pie, con la cabeza, después un mareo: dos contra dos. . . Ahí la empecé a pisar, y te queda para siempre.

— ¿Y cuándo aparece el drama?

—Para mí no existe. Todo nace según como se arranca, y quedás marcado para toda la cosecha, aún siendo profesional, jugador o técnico. El otro día perdimos con San Lorenzo, con los pibes, y yo me fui contento. Eso es fútbol: salí tan conforme como si hubiéramos ganado...

— ¿Y si perdías con la primera?

—Creo que no perdíamos. El primer gol de San Lorenzo es gran error de concepto: quedaron tres jugadores sin marca. Con Villaverde, Trossero y Marangoni, eso no nos pasaba. Pero no importa, me queda lo otro. La desfachatez, el atrevimiento de los pibes. Con cualquiera de estos puedo completar un equipo. En Independiente hay varios que apuntan para cosas grandes: Carrera, Percudani, Sánchez, Reinoso, Ríos, Bufarini.

 

Osvaldo Brandao fue el técnico en la conquista del título del primer Nacional, en 1967. "Me asombraba su buen trato".

Osvaldo Brandao fue el técnico en la conquista del título del primer Nacional, en 1967. "Me asombraba su buen trato".

 

El mate va y viene. Parece un pasaporte para saltar de una época a la otra.

—Una vez le pregunté a Marangoni qué diferencia habla entre Pastoriza y Nito Veiga, y me contestó —en palabras reproducibles, aunque dijo las otras—que le habías puesto un dedo en el trasero a todo el plantel. ¿Vos estabas siguiendo la campaña de Independiente?

—No. Desde que me fui, en 1979, sólo lo vi personalmente cada vez que me tocó dirigir otro equipo, en contra. En la vida nunca hay que hacer lo que uno no quiere que le hagan. Mi presencia en la tribuna, cuando Independiente perdía, podía turbar el trabajo de Nito Veiga. Yo espero la misma reciprocidad. Es mi forma de ser, pienso que es lo correcto.

— ¿Qué le cambiaste al equipo?

—Antes atacaba con ocho y se defendía con dos. Ahora los marcadores de punta no se van tanto al ataque. Eso es equilibrio. Si uno llega con cinco jugadores y saca buenos resultados, irse arriba con ocho no es bueno, es regalarse. Los wines contrarios ahora no le hacen goles a Independiente...

—Eso es ordenamiento, pero creo que la frase de Marangoni iba más lejos…

—Será por lo que anuncié el primer día: que en Independiente podía jugar cualquiera, que nadie se sintiera titular.

—Hace un rato dijiste que el fútbol no tenía drama. Pero los jugadores de Estudiantes comentaron que Independiente había ido a especular en La Plata, que habla hecho tiempo...

—Sí, ya sé, nos dijeron miserables. Lo único que hicimos fue aguantar el partido en los últimos tres minutos. Ellos estaban acostumbrados a jugarle a un Independiente que se regalaba, y como se encontraron con otra cosa, y no nos pudieron ganar, salieron diciendo que habíamos jugado pensando en el resultado y no en el espectáculo. Yo opino lo contrario. Eso de los tres minutos finales es algo que los equipos de fútbol manejaron en todas las épocas, yo no lo inventé...

—Pato: ¿Hay algo nuevo en el fútbol?

—Hay ideas, como decía antes, que uno trae desde chico y que se llevan hasta la muerte. Son formas de ver y sentir, nada más.

—Si te pido una ubicación en el fútbol argentino, ¿con quién estarías?

Cambió la yerba. Se sirvió. Lo meditó un momento.

—Si digo Pastoriza puede parecer algo vanidoso, pero es lo que siento. Uno es el resultado de muchas cosas. Se aprende jugando, en los vestuarios, escuchando, eligiendo. Te sentás a conversar con una persona y pensás para vos, por ejemplo: usa un lindo saco, pero no me gusta la camisa; por ahí le mirás los zapatos y también te gustan, pero no las medias. Después vas y te comprás el saco y los zapatos que usaba esa persona, pero la camisa y las medias ya pertenecen a tu propio gusto. No sé si fui claro...

—Pasalo en limpio con nombres y apellidos futbolísticos. . .

—A mí me gustaba la personalidad de Adolfo Pedernera, el buen trato de Osvaldo Brandao, la facilidad que tenía para explicar Rubén Bravo, el grito orientador de Néstor Rossi. Los tuve de técnico, como jugador, y me marcaron.

— ¿Compartís cosas con técnicos de otra generación?

—Tengo muchas afinidades con Coco Basile, creo que frente al fútbol pensamos de la misma manera.

—Dicen de vos, Pato, que tu principal virtud como técnico aparece frente a un buen asado.

—Sí, lo sé, y no me importa. Además digo que es verdad, que creo en los asados, porque hacen a la unidad de un plantel.

 

Rubén Bravo. Está entre los preferidos de Pastoriza por la facilidad con que explicaba las cuestiones tácticas.

Rubén Bravo. Está entre los preferidos de Pastoriza por la facilidad con que explicaba las cuestiones tácticas.

 

—Pero la intención de tus críticos es despectiva.

—También lo sé. La diferencia la conozco yo: mis equipos no se entrenan únicamente comiendo un asado, también corren, se dedican a su profesión. Mirá, en este país se habla mucho y en el fondo somos todos unos tramposos. ¿Qué es trabajo en el fútbol? No es lo mismo que hombrear bolsas en el puerto. No nos engañemos: nadie puede hacer más del límite que soporta un jugador. Si voy a la lógica de mis críticos, habría que decir que Independiente salió campeón comiendo asados. Es un disparate. De Angelito Labruna también se decía que no trabajaba, y entonces qué, ¿ganó todos los títulos de casualidad? ¿Y Lorenzo? ¿Y Menotti? ¿Y Griguol? ¿Y Bilardo? Todo es rescatable, todo es válido, depende de cada uno. Ferro tiene fundamentos, pero a la hora de definir su técnico prefiere el pelotazo. A mí me gusta otra: entrar con una pared. No es malo lo de Griguol ni es verdad lo mío. Yo jugué contra Griguol, su filosofía era distinta a la mía. Y ahí, en la cancha, es cuando se empieza a discriminar, y el que se convierte en técnico sigue con esas ideas, no cambia. Él tiene afinidades con Bilardo; yo, con Basile.

— ¿Y Lorenzo?

—Es un hombre que tiene una extensa trayectoria. En Boca armó un buen medio campo: Suñé, Benítez, Zanabria, y atacaba con el pelotazo a Mastrángelo. Antes, en San Lorenzo, dirigió un equipo de exquisitos. Siempre se adaptó, tiene personalidad, es un técnico importante.

—Nos queda Menotti.

Pide un paréntesis. Quiere remarcar algo a propósito de su reencuentro con EL GRAFICO.

—No sé si los lectores se dieron cuenta: este es el primer reportaje que acepto desde 1981 hasta hoy. Cuando estaba en Talleres la revista hizo una nota por un problema que se vivía en el plantel. Entonces, alguien agregó ciertos detalles que la desvirtuaron, me perjudicó a mí y al periodista que la escribió. Posteriormente, cuando Argentina quedó eliminada en el Mundial de España, EL GRAFICO destrozó a Menotti después de haberlo elevado a la categoría de un dios. Esos dos temas me afectaron, me alejaron de la publicación. Ahora están dadas las condiciones para reanudar el diálogo.

—Te había preguntado por Menotti.

—Hizo algo muy valioso: puso al jugador argentino en condiciones de enfrentar a los europeos de igual a igual. Lo digo por experiencia, porque fui jugador de la Selección Argentina. En mi época le teníamos miedo a la velocidad de los europeos antes que bajaran del avión. Menotti terminó con ese mito. Se vio cuando Argentina tuvo que jugar contra Alemania, Inglaterra, Holanda, contra todos los cucos. Y también lo pude apreciar cuando los jugadores que dirigía como técnico, Bertoni en Independiente, Barbas y Calderón en Racing, volvían al equipo después de haber trabajado con la Selección. El ritmo de ellos era muy superior al que tenían los que competían en el torneo local.

 

José Omar Pastoriza. Un hombre. Una trayectoria: "El fútbol es un juego, nada más que un juego para que la gente se divierta".

José Omar Pastoriza. Un hombre. Una trayectoria: "El fútbol es un juego, nada más que un juego para que la gente se divierta".

 

—Alguna vez se comentó que estabas distanciado de Menotti…

—No, puro chismerío. En este país mucha gente vive del chisme, hay demasiados maricones. Por eso nos aguantamos el atropello en estos últimos años.

—Se dijo también que Menotti hizo gestiones en altos niveles del gobierno cuando tuviste el problema de la nafta, para ayudarte.

—Mucha gente se interesó por mi caso. Vinieron a verme amigos que no había visto en los últimos diez años. Eso fue muy reconfortante.

—Buscando elementos para esta nota, en el archivo, encontré un par de cosas que me llamaron la atención. Por ejemplo una frase de tu esposa, Liliana: "Esto le va a venir bien, se va a dar cuenta de quiénes son sus verdaderos amigos". ¿Tenía razón?

—Puede ser...

—Y otra frase, tuya: "En este país los únicos que vamos presos somos los giles".

—Es lo que quedó demostrado, por lo menos hasta que asumió este gobierno. Me tuvieron incomunicado doce días, y como preso común diez más. Me largaron sin darme ninguna explicación. Y acaso tengo que dar las gracias, porque en esa época cualquiera aparecía tirado en un zanjón. Yo estoy vivo. El que me metió en cana, el comisario Reynoso, ahora está detenido, involucrado en la banda de Aníbal Gordon, por asesinatos y robos.

 

Adolfo Pedernera, el maestro, una gran personalidad. Marcó las líneas de las cuales Pastoriza jamás se apartó en su profesión.

Adolfo Pedernera, el maestro, una gran personalidad. Marcó las líneas de las cuales Pastoriza jamás se apartó en su profesión.

 

— ¿Qué te queda de todo eso?

—Estoy vivo, pero también me destrozaron. A las 24 horas de estar detenido, sin que nadie me hubiera comprobado nada, los bancos me cortaron el crédito, y hasta el Diners mandó un telegrama a mi casa anulando la tarjeta. ¿Eso es justicia? Por eso hablo de un país de maricones, por eso soportamos todo el atropello de la dictadura. Nadie pensó que de mí dependían cien familias, empleados que tenían hijos como yo, que necesitaban el sueldo para comer. Yo hice una gran diferencia en el exterior, jugando en el Mónaco, y cuando volví invertí la plata aquí, fui de los que creían...

— ¿Creés todavía?

—Es mi país, ¿no? Dicen que los haitianos viven en el c... del mundo. Sin embargo no se van, están aferrados al suelo. Estoy golpeado pero sigo queriendo el lugar donde nací, es mío. Aquí un ministro de Economía dijo un viernes que el que apostara al dólar iba a perder, y al lunes siguiente devaluó un cuarenta por ciento. .. El otro día escuché a Neustadt y Grondona en "Tiempo Nuevo": ahora piden que todos defendamos el orden legal, que nadie vaya a golpear las puertas de los cuarteles. Claro, yo estoy de acuerdo, pero les preguntaría por qué no hicieron lo mismo para salvar al gobierno constitucional de Isabel Perón. Los argentinos tenemos poca memoria, y eso va salvando a mucha gente. Nadie purga nada: ni ese ministro de Economía, ni Neustadt ni Grondona, ni ninguno de los responsables de la matanza de tantos argentinos.

—Te podría decir que está actuando la justicia, hay militares presos, y vos mismo acabás de contar la situación del comisario Reynoso; pero también me doy cuenta de que es intransferible lo que sufriste, que te cuesta ser optimista.

—No, porque creo en Dios, hay un Dios. Me lo demostró cuando salí de la cárcel. En ese momento aparece en mi vida un señor que se llama Hermes Tamayo, el presidente de Millonarios de Colombia. Yo no lo conocía, se presentó en mi casa para contratarme, me dijo que conocía todos mis problemas que no tenía dinero para pagarle a los empleados de la pizzería, que la embotelladora de agua mineral que tengo en Tandil estaba por cerrar... Mirá si puedo hacerle reproches al país: los bancos me cortan el crédito, Diners me manda un telegrama, y la gente deja de comprarme agua mineral, todo porque un comisario me mete preso y me retiene fuera de todo límite legal. Este señor Tamayo me salva poniendo 200.000 dólares sobre la mesa, para que solucione mis problemas, para que no queden en la calle cien familias. Una parte se lo devolví con trabajo, dirigiendo a Millonarios, la otra todavía se la debo.

—Por esa época era muy común un chiste grosero. Yo lo escuché en las estaciones de servicio: "no me ponga nafta de Pastoriza". Parece que hay muchos argentinos que gozan la desgracia de otro.

—Son maricones… maricones. Gente como esa me dejó en cero, casi podría decir que empecé de nuevo. Lo saben mi esposa y mis dos hijos: Karina tiene 16 años; Javier, 11. Sufrí por ellos, por mí, por todos los amigos. Salí de la cárcel golpeado, pero con la frente alta, no tengo por qué bajar la mirada, ante nadie.

El Pato se empecina en ponerle azúcar al mate, pero él sabe que los últimos fueron muy amargos. Ahora cuesta volver al fútbol, cuesta…

— ¿Qué jugadores te hubiera gustado dirigir? — ¿Qué no tuve?... Beckenbauer, Pelé, Maradona. Por el gusto de verlos de cerca, como a Bochini.

— ¿En este momento es el mejor jugador argentino?

—Sí, no tengo dudas. También me gustan los cruces de Villaverde, la polenta de Trossero, la prestancia de Marangoni, lo veo bien a Giusti...

— ¿Y Burruchaga?

—Sería muy bueno con el temperamento de Enrique o Clausen...

— ¿Cuánto tiempo te insume una charla técnica?

—Dentro de un rato los jugadores se van a levantar de la siesta: esta noche jugamos con Central (por el Nacional, revancha en Avellaneda, miércoles 11 de abril). Bueno, quince minutos son suficientes.

 

Néstor Rossi, el gritón, la "voz de América", el hombre capaz de orientar, con una sola palabra al jugador dentro de la cancha.

Néstor Rossi, el gritón, la "voz de América", el hombre capaz de orientar, con una sola palabra al jugador dentro de la cancha.

 

—Esta nota va a salir unos días después, podés contar el libreto.

—Es muy sencillo: tenemos que apretarle los wines, no darles lugar para que jueguen. Gerardo González y Scalise son peligrosos. Si conseguimos neutralizarlos tenemos que ganar, somos superiores en el resto. Eso es todo.

— ¿Tenés espías?

—No, a esos wines los vi en el partido de ida...

— ¿Y no diste ventaja por eso, en Rosario?

—Algo ya sabía. Acá nos conocemos todos, no hay grandes misterios. Si yo te pregunto a vos por un jugador de Boca, ¿qué me contestás?

—Gareca.

— ¿Viste? El día que juguemos con Boca hablaré de Gareca, de lo bien que se para el Gringo Berta, y algunas cositas más. Eso no quita que aparezca otro, inspirado, cosa que también puede suceder esta noche, y te pinta la cara. Nosotros, según mi manera de ver, estamos para unir el grupo, aconsejar, cuidar los detalles, la disciplina, vigilar los entrenamientos (especialmente el invisible, como decía Renato Cesarini), armar el equipo, elegir jugadores. . . Así de sencillo, y esa tarea jamás convierte al técnico en estrella del equipo.

— ¿Por qué fracasaste en Talleres y en Racing?

—Yo no diría que fracasé. En Talleres salimos terceros en el Metro de 1980, y se pudo llegar al segundo puesto. Ni los mismos dirigentes creían en esa campaña. Después los puse sobre alerta, había que hacer unos retoques, cambiar varios muchachos. No me escucharon y el tiempo me dio la razón. Los nombres no son necesarios, cualquiera los conoce. Lo de Racing fue distinto. En el Metro de 1981 alcanzamos el cuarto puesto. Se habló entonces de jugarnos el todo por el todo en el Nacional. Pedí a Outes y a la Pepona Reinaldi. No sólo no los compraron sino que también vendieron a Calderón y al Vasco Olarticoechea. Eso fue todo. No sentí la sensación del fracaso.

— ¿Qué te pasó con Morete?

—Él todavía cree que lo saqué del equipo por aquella huelga de 1971, por despecho, por venganza. Lo siento por él. Salió porque no la metía, simplemente por eso. Y fijate cómo son las cosas: le acaba de hacer un juicio a Boca, va a cobrar dos millones y medio de pesos argentinos, una fortuna, amparado por aquello que estaba en juego en 1971, por lo que luchábamos, que fue el detonante de la huelga cuando yo era dirigente de Futbolistas Argentinos Agremiados.

— ¿Y con Julio Humberto Grondona cómo andas? ¿Siguen peleados?

—Julio entró una noche al vestuario de Independiente, traía a Bochini de la mano y era el presidente del club. Me pidió que lo pusiera y le dije que no, que no jugaba porque yo era el técnico y él (Bochini) había faltado a un par de entrenamientos. Eso fue cuando terminaba 1979, en la cancha de Ferro: perdimos 3-1 y quedamos al margen del Nacional. No sé si fue determinante para mi alejamiento. Llevaba tres años como técnico y posiblemente los dirigentes querían cambiarle la cara al equipo. Fue un episodio ingrato para los dos, para Julio y para mí, pero nunca rompimos relaciones.

—Recuerdo otro presidente que entró a un vestuario para poner o sacar un jugador: Santiago Saccol.

—Claro, en Racing, yo estaba. El técnico era Pipo Rossi. A Saccol no le gustó que jugara Basílico y le fue a pedir a Pipo que lo sacara. Basílico jugó porque el técnico lo bancó a muerte.

—Posiblemente vos hiciste lo mismo con Bochini por aquel ejemplo de Pipo.

—Es casi seguro. Son las cosas que va dejando el vestuario y que le sirven a uno de experiencia. Es todo muy sencillo, como el fútbol. Hay que ir por derecha, sin trampas: este país está harto de tramposos.

José Omar Pastoriza. Lo identifica un color: el rojo. Frente a la vida va por derecha.  

NATALIO GORIN

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