Las Entrevistas de El Gráfico

2001. Ramón Díaz: ¨Yo no me case con nadie¨

Por Redacción EG · 20 de noviembre de 2019

El Pelado volvía a dirigir en Núñez, donde años atrás había conseguido la gloria, en esta entrevista habla de Boca, elogia a Bianchi y también de los objetivos que tenía por delante.

El día de tu pre­sen­ta­ción, en la con­fe­ren­cia de pren­sa ca­li­fi­cas­te lo de Bo­ca “co­mo un ejem­plo”. ¿Fue un ac­to fa­lli­do o un gran re­co­no­ci­mien­to?

–No, un mo­men­ti­to, no fue así. Yo no di­je que lo de Bo­ca fue un ejem­plo. Sim­ple­men­te los fe­li­ci­té por lo que ha­bían con­se­gui­do a ni­vel in­ter­na­cio­nal.

–No, Ra­món, es­tá gra­ba­do. Vos los fe­li­ci­tas­te y ade­más di­jis­te que “en los úl­ti­mos años, un ejem­plo es Bo­ca, que se de­di­có a un so­lo ob­je­ti­vo”. Y a los po­cos días afir­mas­te que Bian­chi es el me­jor téc­ni­co de la Ar­gen­ti­na.

–Lo de Bian­chi no lo pon­go en du­da, pe­ro lo otro, no, pe­ro no im­por­ta. ¿Có­mo yo voy a po­ner a Bo­ca de ejem­plo? ¿Te pa­re­ce a vos?

–Pe­ro lo hi­cis­te.

–Es que Bo­ca no se pue­de com­pa­rar con Ri­ver. No exis­te pun­to de com­pa­ra­ción. Hay que mi­rar na­da más lo que es el Mo­nu­men­tal. Y es­to es un pe­que­ño ejem­plo. No va­le la pe­na bus­car otros.

Los dirigidos por Ramón se ponían a punto para afrontar un semestre lleno de exigencias.

Los dirigidos por Ramón se ponían a punto para afrontar un semestre lleno de exigencias.

El Pe­la­do Díaz, mo­des­ta­men­te, ju­gó su fi­cha. Y aten­dió a Bo­ca, des­pués de un arre­pen­ti­mien­to no de­cla­ra­do, por lo que des­li­zó el pa­sa­do vier­nes 22 de ju­nio en el pri­mer pi­so del Mo­nu­men­tal fren­te a una lar­ga va­rie­dad de tes­ti­gos. Ese per­fil pi­ca­res­co es el que des­nu­da su esen­cia. El que lo iden­ti­fi­ca con el per­so­na­je chis­pean­te y chi­ca­ne­ro que su­po fa­bri­car­se co­mo di­rec­tor téc­ni­co. En su re­gre­so a Ri­ver el hom­bre de 41 años igual es­tá un po­co con­te­ni­do. Pe­ro es cir­cuns­tan­cial, pa­sa­je­ro. De a po­co va ca­len­tan­do los mo­to­res. Y en Nú­ñez o en Tan­dil de­ja su se­llo por­que no le gus­ta trai­cio­nar­se.

–¿Por qué a Sa­vio­la y a Ri­quel­me los po­nés por arri­ba del res­to?

–Por­que en la ac­tua­li­dad son de lo me­jor que tie­ne el fút­bol ar­gen­ti­no. Es­to si mi­ra­mos el pre­sen­te, pe­ro ade­más por de­lan­te se les pre­sen­ta un fu­tu­ro ex­traor­di­na­rio, aun­que Ja­vier es un par de años más jo­ven que Ri­quel­me. Oja­lá si­gan así pa­ra que la gente del fútbol los disfrute.

–El pro­ble­ma es que a Sa­vio­la no lo vas a te­ner más. Él además no quería continuar en Ri­ver. La comisión directiva aprobó su transferencia al Barcelona a partir de una mejor oferta.

–Es una lástima. Más bien que co­mo hin­cha de Ri­ver, me hubiera gustado que siguiera en el club. Y como entrenador también. Pe­ro las de­ci­sio­nes siempre las to­man las ins­ti­tu­ciónes: si se que­da, si se va, si se es­pe­ra otra ofer­ta su­pe­rior. Los tiem­pos los ma­ne­ja el club. Es­to es así. Yo había expresado que siendo él  muy jo­ven iba a tener en es­tos años mu­chí­si­mas po­si­bi­li­da­des de ser vendido al ex­te­rior. Ade­más, no sé si Sa­vio­la realmente quería ir­se. Ten­dría que haber ha­blado con él pa­ra sa­ber­lo. No se ol­vi­den de que al chi­co lo hi­ce de­bu­tar yo en el 98 y lo co­noz­co con só­lo mi­rar­lo a los ojos.

–De lo que tam­po­co hay que ol­vi­dar­se es que Bo­ca des­de ha­ce tres años es­tá arra­san­do con to­do. Y Ri­ver es­pía fies­tas aje­nas.

–Me pa­re­ce que yo ten­dría que ha­ber se­gui­do al fren­te de Ri­ver, por­que des­pués que me fui co­men­zó la bue­na épo­ca de Bo­ca. An­tes no era así, ¿no?

–¿Y aho­ra lle­gas­te vos pa­ra po­ner las co­sas en or­den?

–Va­mos a ver. Acá no hay que me­ter pre­sión ni ace­le­rar los tiem­pos. Hay que ma­ne­jar to­do con tran­qui­li­dad. Así lo hi­ci­mos siem­pre. Y no va­mos a cam­biar de nin­gu­na ma­ne­ra. Por al­go ga­na­mos al­gu­nos tí­tu­los. Por­que ojo, no es fá­cil ga­nar. Y es­to Bian­chi tam­bién lo sa­be, por­que ya de­mos­tró ser ca­paz, muy ca­paz. Y aho­ra lle­gó a ser el me­jor de la Ar­gen­ti­na. Es que con­se­guir lo­gros no es sen­ci­llo. No es cues­tión de te­ner más o me­nos suer­te. En pe­que­ñas o gran­des co­sas siem­pre se ve la ma­no del téc­ni­co. Su idea, su ma­ne­ra de pa­rar al equi­po en la can­cha, el sis­te­ma que eli­ge, lo que de­ci­de... Son mu­chos de­ta­lles.

–Hay al­go que une a Bian­chi y a vos. Es la in­vo­ca­ción del am­bien­te a la bue­na es­tre­lla que los per­si­gue. 

–Pe­ro no exa­ge­re­mos con la suer­te. Só­lo con la suer­te no ga­nás tan­tos tí­tu­los. De­trás hay un tra­ba­jo, una con­vic­ción, un co­no­ci­mien­to. Si to­do fue­ra por la suer­te, no ha­bría que ha­cer na­da. Só­lo es­pe­rar que su­ce­dan los he­chos y dis­fru­tar­los. Pe­ro sa­be­mos que no es así.

–A pro­pó­si­to de la com­pe­ten­cia y la ri­va­li­dad his­tó­ri­ca con Bo­ca ha­ce unos días co­men­tas­te que no pro­me­tés cam­peo­na­tos.

–No, más bien. No pro­me­to cam­peo­na­tos. Sí tra­ba­jo, se­rie­dad y pro­fe­sio­na­lis­mo. Des­pués se ve­rá. Cla­ro que me gus­ta­ría vol­ver a ga­nar tí­tu­los. Y una lin­da ma­ne­ra de em­pe­zar se­ría con el Aper­tu­ra que se vie­ne.

–Pe­ro Ri­ver ya es­tá abu­rri­do de ga­nar cam­peo­na­tos lo­ca­les. Los hin­chas bus­can emo­cio­nes más fuer­tes.

–Un cam­peo­na­to lo­cal más nun­ca vie­ne mal. Tam­bién es­tá la Mer­co­sur. Aun­que la Mer­co­sur la ga­na cual­quie­ra. No tie­ne tan­to pres­ti­gio. Lo me­jor es la Co­pa Li­ber­ta­do­res, por­que te da la po­si­bi­li­dad de ju­gar la In­ter­con­ti­nen­tal en To­kio. No­so­tros fui­mos en el 96 y per­di­mos con la Ju­ven­tus. Por su­pues­to que­re­mos ir de nue­vo. Es el sue­ño que tam­bién tie­nen to­dos los hin­chas de Ri­ver.

–Pe­ro es­te Ri­ver no es el que di­ri­gías an­tes. No le so­bran ju­ga­do­res. Al con­tra­rio; le fal­tan.

–Sí, y es­ta­mos en eso. Pe­ro sin de­ses­pe­rar­nos. Con se­re­ni­dad. Los di­ri­gen­tes sa­ben muy bien cuá­les son las ne­ce­si­da­des del equi­po. Sa­ben que pre­ci­sa­mos re­fuer­zos, por­que en Ri­ver la gen­te es muy exi­gen­te. Y hay que aten­der esa exi­gen­cia de la me­jor ma­ne­ra. Pe­ro se va a cum­plir con lo que ya ha­bla­mos.

–Tu po­si­ción fue muy cla­ra: que­rés te­ner en el plan­tel al Tu­ru Flo­res y a Cam­bias­so.

–Sí, son dos muy bue­nos ju­ga­do­res con gran­des con­di­cio­nes. ¿Có­mo no los voy a que­rer? Pe­ro tam­bién quie­ro a otros. Son más o me­nos los nom­bres que sa­len pu­bli­ca­dos en to­dos la­dos. No hay na­da es­con­di­do.

–¿Con la si­tua­ción de Bo­na­no que­das­te mal pa­ra­do?

–No, ¿por qué? Yo só­lo di­je que me gus­ta­ría que se que­da­ra.

–¿Y tu­vis­te que con­ce­der, ne­go­ciar al­go, por­que to­do in­di­ca que fir­maría pa­ra el Bar­ce­lo­na?

–No, oji­to, yo no en­tre­go na­da. En­tre­gar nun­ca. No me gus­ta en­tre­gar.

–¿Por qué des­de que asu­mis­te te em­pe­ñas­te en re­pe­tir que en es­ta eta­pa to­dos los ju­ga­do­res arran­can de ce­ro?

–Por­que es la ver­dad. En to­do ci­clo nue­vo se arran­ca de ce­ro. Creo que es lo que co­rres­pon­de. Dar­les a to­dos las mis­mas po­si­bi­li­da­des.

–Pe­ro de tu an­te­rior eta­pa hay va­rios ju­ga­do­res que fue­ron la ba­se de equi­pos de Ri­ver bri­llan­tes. Po­de­mos men­cio­nar a Cel­so Aya­la, As­tra­da, Or­te­ga... ¿No es­tás ca­sa­do con ellos?

–No, yo no me ca­so con na­die. Só­lo es­toy ca­sa­do con mi se­ño­ra, que por otra par­te es hin­cha de Bo­ca. No sa­ben lo que fue la no­che en que Bo­ca ga­nó por pe­na­les la Co­pa Li­ber­ta­do­res fren­te al Cruz Azul. No la po­día­mos pa­rar.

–¿Tam­po­co sos ami­go de los ju­ga­do­res?

–No, tam­po­co, pa­ra na­da. Las bue­nas re­la­cio­nes pro­fe­sio­na­les son una co­sa y la amis­tad es otra. La rea­li­dad es que no soy ami­go de los ju­ga­do­res, por­que en el mo­men­to de las de­ci­sio­nes eso me po­dría con­di­cio­nar. Y no quie­ro que es­to ocu­rra.

–Aun­que en fút­bol es ca­si im­po­si­ble ha­blar sin nom­bres pro­pios, ¿cuál se­ría tu es­que­ma tác­ti­co ideal?

–Es­ta­mos vien­do al­gu­nas co­si­tas. En Eu­ro­pa por ejem­plo los equi­pos tie­nen mu­chí­si­ma di­ná­mi­ca, se mue­ven con lí­nea de tres, hay una gran pre­sen­cia en ata­que, van a pro­po­ner per­ma­nen­te­men­te... En fin, de­ta­lles tác­ti­cos in­te­re­san­tes. Acá, son po­cos los equi­pos que jue­gan con lí­nea de tres.

–Bo­ca con un sis­te­ma tác­ti­co muy clá­si­co no le per­do­nó la vi­da a na­die.

–Sí, es­tá bien, só­lo di­go que son for­mas de in­ter­pre­tar el fút­bol. Y de ju­gar. A Bo­ca con su sis­te­ma le fue ex­ce­len­te.

–Es­tá cla­ro que el fút­bol no pa­sa por el pi­za­rrón. A Bo­ca con lí­nea de cua­tro le sa­lió to­do diez pun­tos y Rug­ge­ri en San Lo­ren­zo con lí­nea de tres nun­ca en­con­tró el equi­po. Pe­ro la idea va más allá de tres o cua­tro hom­bres en el fon­do.

–Es que los téc­ni­cos de­pen­de­mos de los ju­ga­do­res con que con­ta­mos. Mar­ce­lo Biel­sa tie­ne a to­dos a su dis­po­si­ción por­que es el téc­ni­co de la Se­lec­ción Na­cio­nal y eli­gió un sis­te­ma que dio re­sul­ta­dos. Y no me pa­re­ce que ha­ya al­guien que no le gus­te cómo es­tá fun­cio­nan­do Ar­gen­ti­na. Creo que la Se­lec­ción jun­to con Fran­cia hoy son las dos me­jo­res del mun­do. No sé, me pa­re­ce.

En su primer ciclo al mando del Millonario, el riojano consiguió la Copa Libertadores de 1996, la Supercopa del 97 y el tricampeonato a nivel local.

En su primer ciclo al mando del Millonario, el riojano consiguió la Copa Libertadores de 1996, la Supercopa del 97 y el tricampeonato a nivel local.

Hay que de­cir que Ra­món es muy cons­cien­te de que en su se­gun­da eta­pa co­mo téc­ni­co de Ri­ver su glo­ria acu­mu­la­da no es eter­na. Si lo con­vo­ca­ron en la ur­gen­cia es pa­ra des­com­pri­mir la cri­sis po­lí­ti­ca del club y pa­ra ga­nar con un plan­tel muy diez­ma­do en re­la­ción con eta­pas an­te­rio­res. Por eso tie­ne que ir con pies de plo­mo sin dar pa­sos en fal­so. La di­ri­gen­cia, con to­do el do­lor del mun­do, tu­vo que tra­gar­se el re­gre­so del Pe­la­do por el fra­ca­so del To­lo Ga­lle­go. Pe­ro la ver­dad es que no se lo ban­can. Lo so­por­tan. “Lo mío no es me­ter­me en po­lí­ti­ca”, ase­gu­ró Ra­món. El hom­bre nun­ca ha si­do un in­ge­nuo. La po­lí­ti­ca for­ma par­te de la vi­da co­ti­dia­na de Ri­ver. Y si él vol­vió fue por una cues­tión po­lí­ti­ca, ata­da por su­pues­to a su fee­ling con los hin­chas –en es­pe­cial, los que ha­bi­tan la tri­bu­na po­pu­lar– y a sus éxi­tos co­mo téc­ni­co. Pe­ro el jue­go si­gue.

–¿Qué rol va a te­ner Or­te­ga en el equi­po?

–Ven­go es­cu­chan­do úl­ti­ma­men­te mu­chas de­fi­ni­cio­nes so­bre el lu­gar de la can­cha en el que Or­te­ga jue­ga me­jor. Que es pun­te­ro de­re­cho, que es me­dia pun­ta, que es pun­ta, que no tie­ne ca­rac­te­rís­ti­cas pa­ra mo­ver­se co­mo un en­gan­che. Y la ver­dad es que Or­te­ga ha ju­ga­do en Ri­ver en la fun­ción de en­gan­che par­ti­dos sen­sa­cio­na­les. Por­que él tie­ne la in­te­li­gen­cia su­fi­cien­te pa­ra sa­ber en qué lu­gar del cam­po tie­ne que es­tar. Más bien que siem­pre de­lan­te de la lí­nea de los vo­lan­tes. Pe­ro por de­re­cha, por iz­quier­da, por el cen­tro. Li­bre, pe­ro él su­po usar esa li­ber­tad. Y de­se­qui­li­bra. 

–En esa eta­pa, Ri­ver tam­bién con­ta­ba con Fran­ces­co­li y con Ga­llar­do. Or­te­ga nun­ca fue un diez clá­si­co.

–Sí, es­tá bien, es cier­to, es­ta­ba Fran­ces­co­li, pe­ro Or­te­ga se mo­vía por esa zo­na de la can­cha que in­di­qué an­tes. Cla­ro que lo que ju­ga­ba ese equi­po del 97 era im­pre­sio­nan­te. Te­nía to­do lo que te­nía que te­ner.

–¿Có­mo mar­cha tu re­la­ción con Car­det­ti des­pués de al­gu­nos de­sen­cuen­tros en la ges­tión an­te­rior?

–No hay pro­ble­mas con na­die. Ya que­dó di­cho. Em­pe­za­mos de ce­ro. Acá lo que se bus­ca es la gran­de­za y el de­sa­rro­llo de Ri­ver. Y na­da más. 

–¿El pi­be D’A­les­san­dro ten­drá un es­pa­cio pro­pio muy im­por­tan­te en la es­truc­tu­ra del equi­po?        

–D’A­les­san­dro tie­ne un muy buen fu­tu­ro.

–¿Y su pre­sen­te?

–Tie­ne un buen pre­sen­te, pe­ro un gran fu­tu­ro. Lo co­no­ce­mos muy bien. A es­te chi­co, co­mo a tan­tos otros, los ve­ni­mos ob­ser­van­do ha­ce años. Y lo va­mos a ir lle­van­do de a po­co. Co­mo co­rres­pon­de. De a po­qui­to, co­mo en de­fi­ni­ti­va hi­ci­mos con otros ju­ga­do­res que des­pués fue­ron ac­tuan­do en Pri­me­ra. 

–Ra­món, con una ma­no en el co­ra­zón, ¿sen­tís que los pe­rio­dis­tas te va­lo­ran o sos­pe­chás que te tie­nen co­mo un pro­fe­sio­nal que tu­vo la for­tu­na de en­con­trar­se con plan­te­les de gran ri­que­za?

–No, me sien­to va­lo­ra­do, re­co­no­ci­do. Co­mo di­je an­tes, só­lo con la suer­te no lo­grás man­te­ner­te du­ran­te tan­to tiem­po. Lo que pa­sa es que los pe­rio­dis­tas no ven to­do lo que gi­ra al­re­de­dor de un equi­po. Y to­do lo que hay que ha­cer pa­ra que ese equi­po crez­ca en su ren­di­mien­to in­di­vi­dual y co­lec­ti­vo.

–Es­to lo ma­ni­fes­tas­te en una de las úl­ti­mas no­tas que te hi­ci­mos. Di­jis­te que en “la Ar­gen­ti­na se ha­bla ca­da vez más de lo que ro­dea al fút­bol, pe­ro de jue­go ca­da vez me­nos”. Y que eso pa­sa­ba por­que “el jue­go aquí fue su­pe­ra­do por la po­lé­mi­ca”.

–Sí, exac­to. Eso co­men­té. Es que en va­rias opor­tu­ni­da­des no­so­tros hi­ci­mos mo­di­fi­ca­cio­nes tác­ti­cas en Ri­ver y pa­re­ce que la pren­sa no se da­ba cuen­ta por­que no las se­ña­la­ba. Y eran cam­bios muy im­por­tan­tes pa­ra el equi­po. Cam­bios que die­ron re­sul­ta­dos. Pe­ro no ter­mi­nan de ser de­ta­lles pa­ra el con­su­mo in­ter­no. Qui­zá lo que le in­te­re­sa­ba al pe­rio­dis­mo eran otras co­sas. Pe­ro bue­no, son las re­glas de jue­go.

Para esta nueva etapa, Ramón buscará enfocarse en el plano internacional.

Para esta nueva etapa, Ramón buscará enfocarse en el plano internacional.

No cam­bió. No po­dría cam­biar. El Pe­la­do, aquel que cuan­do se in­cor­po­ró a la Se­lec­ción ma­yor que di­ri­gía Cé­sar Luis Me­not­ti en el 79 no pro­nun­cia­ba pa­la­bra y era el cen­tro de al­gu­nas bro­mas por par­te de Da­niel Pas­sa­re­lla, hoy ha­bla lo jus­to. Ni más ni me­nos. A ve­ces la pi­fia, co­mo cuan­do con­fe­só que “Bo­ca es un ejem­plo” y des­pués re­tro­ce­dió. Pe­ro en ge­ne­ral, mi­de, cal­cu­la. Y se lar­ga o se con­tie­ne se­gún su aná­li­sis po­lí­ti­co.

Apren­dió en Ita­lia du­ran­te sus 7 años de es­ta­día la fór­mu­la pa­ra tra­tar con los pe­rio­dis­tas. En agos­to del 98, nos di­jo: “En Ita­lia la re­la­ción con la pren­sa es mu­cho más du­ra. Más de uno ten­dría que es­tar seis me­ses allá y des­pués com­pa­rar. El que ha­ce si­len­zio stam­pa, per­dió”.

Allá, es ob­vio, no hi­zo si­len­zio stam­pa. Y ga­nó. Aho­ra quie­re se­guir ga­nan­do. Y pre­ten­de ma­ne­jar los tiem­pos del fút­bol y de las en­tre­vis­tas. No la tie­ne fá­cil. Pe­ro él sue­le de­cir que Ri­ver va a re­cu­pe­rar la ale­gría.

–¿Es­tás en eso en­ton­ces?

–Ya vol­vió la ale­gría. ¿No se die­ron cuen­ta?

 

Las manos en el fuego

Admirador de Carlos Saúl Menem, Ramón Díaz visitó al ex presidente

en la quinta de Don Torcuato. El Pelado cree en la inocencia de su amigo

y advierte que con su detención a la Argentina no la toman en serio.

–Ra­món, ¿có­mo lo vis­te y qué le di­jis­te a Car­los Me­nem cuan­do lo vi­si­tas­te ha­ce unos días en su arres­to do­mi­ci­lia­rio de Don Tor­cua­to?

–Le di­je que con su de­ten­ción en un se­gun­do es­ta­ban ti­ran­do a la ba­su­ra lo que ha­bía cos­ta­do tan­to cons­truir du­ran­te diez, on­ce o do­ce años. Le di­je eso. Lo que real­men­te sen­tía. Por­que a ni­vel in­ter­na­cio­nal es­to fue un re­tro­ce­so te­rri­ble.

–¿Cuál es el re­tro­ce­so? Por más que sea un ex pre­si­den­te si co­me­tió un grave ilí­ci­to, co­mo sos­pe­cha el juez, no tie­ne por­ qué te­ner pri­vi­le­gios fren­te a la Jus­ti­cia.  

–Es que aho­ra in­ter­na­cio­nal­men­te no so­mos un país creí­ble. Que un ex pre­si­den­te ele­gi­do li­bre­men­te por la gen­te sea de­te­ni­do no es al­go de to­dos los días. Con­ven­ga­mos que no es co­mún que se acu­se a un ex pre­si­den­te de la Na­ción por un te­ma de co­rrup­ción, de aso­cia­ción ilí­ci­ta o co­sas por el es­ti­lo. Ade­más lo de­tu­vie­ron sin te­ner la se­gu­ri­dad de que es cul­pa­ble. Y si des­pués se des­cu­bre que no lo es, ¿qué pa­sa? ¿No pa­sa na­da?

–Él fue ci­ta­do a de­cla­rar y se ne­gó.

–Es que en la Ar­gen­ti­na mu­chas ve­ces una per­so­na fue acu­sa­da de co­me­ter un de­li­to y des­pués se com­pro­bó que no era así. Hay mu­chos ejem­plos. Me­nem es uno de ellos. Es ino­cen­te.

–¿Vos entonces po­nés las ma­nos en el fue­go por él?

–Sí, to­tal­men­te. Pon­go las ma­nos en el fue­go por Car­los Me­nem. Lo co­noz­co muy bien, sé lo que hi­zo por el país, to­do lo que tra­ba­jó. Yo no me ol­vi­do que cuan­do es­ta­ba Al­fon­sín en el go­bier­no no ha­bía naf­ta pa­ra ir a La Rio­ja. No me ol­vi­do. Y Me­nem cam­bió to­do. Pe­ro de re­pen­te re­tro­ce­di­mos. Y afue­ra se ha­bla muy mal de to­do lo que es­tá pa­san­do en la Ar­gen­ti­na. En el ex­te­rior ya no nos to­man en se­rio. Y de úl­ti­ma, aho­ra los pro­gra­mas de hu­mor se la aga­rra­ron con De la Rúa. Yo no es­toy de acuer­do con lo que es­tán ha­cien­do con su fi­gu­ra. To­do tie­ne que te­ner un lí­mi­te. Y De la Rúa de­be to­mar me­di­das, por­que si­ no pa­re­ce que acá va­le to­do. Y no de­be­ría ser así.  

 

Un ángel especial

Ramón Ángel Díaz jugó en River, Napoli, Avellino, Fiorentina e Inter de Italia, Mónaco de Francia y Yokohama Marinos de Japón. Empezó y finalizó su carrera en el club de Núñez, donde debutó el 13 de agosto de 1978; jugó 177 partidos y marcó 85 goles, en sus dos ciclos, entre 1978-81 y 1991-93, siendo campeón 5 veces: en el Metro y Nacional 79, Metro 80, Nacional 81 y Apertura 91. Como jugador también ganó el torneo de Italia 88/89 con el Inter, la Copa de Francia 90/91 con el Mónaco y el Campeonato Mundial Juvenil Sub-20 con Argentina en 1979.

Como técnico sólo dirigió a River. Su debut fue el 26 de julio de 1995, ante Vélez (1-1), por la Copa Libertadores de ese año y su último partido el 19 de diciembre de 1999, 2-2, ante San Lorenzo por la última fecha del Apertura . En sus cuatro años y medio al frente del primer equipo millonario dirigió en 250 partidos (entre torneos locales y copas internacionales), con 126 victorias, 66 empates y 58 derrotas, obteniendo el 59,20% de los puntos y ganando 6 títulos: 4 locales (los torneos Apertura 96, 97 y 99 y el Clausura 97) y 2 internacionales (la Libertadores 96 y Supercopa 97) . Perdió la final intercontinental ante Juventus.

 

 

Textos de Eduardo Verona (2001).

Fotos de Alberto Raggio.

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