Las Entrevistas de El Gráfico

2005. Trotta 100x100

Por Redacción EG · 22 de julio de 2019

Polémico y picante, Roberto Trotta se enfrentó a las cien preguntas de El Gráfico. Sus años en Vélez, su insólito gol de chilena, las peleas con sus compañeros y las críticas a Ramón Díaz. Imperdible.

1 ¿Fuis­te un “ju­ga­dor del mon­tón”, co­mo di­jo Chi­la­vert? Sí. Siem­pre me con­si­de­ré uno más. Por eso lle­gué has­ta don­de lle­gué y fui tan­tos años ca­pi­tán. Chi­la­vert di­ce mu­chas bo­lu­de­ces, pe­ro en al­gu­nas tie­ne ra­zón: yo soy uno del mon­tón. Igual, al me­nos es­toy en la lis­ta de los de­fen­so­res más go­lea­do­res. Al­go bue­no hi­ce, y fue por­que nun­ca me la creí. Es real que tam­bién Chi­la­vert lle­gó le­jos en el fút­bol, pe­ro hay que fijarse cómo…

Tres guapos del mejor Vélez. El Turu Flores, Chila y el Cabezón posan para El Gráfico...

Tres guapos del mejor Vélez. El Turu Flores, Chila y el Cabezón posan para El Gráfico...

 

2 ¿Por qué te re­ti­ras­te? Por­que me can­sé de ju­gar y del do­lor de ro­di­llas. No me ban­ca­ba dar­me una pi­chi­ca­ta por se­ma­na.

3 ¿Dón­de es­ta­rías hoy si hu­bie­ras he­cho en Bo­ca to­do lo que hi­cis­te en Vé­lez? No sé dónde estaría, pe­ro se­gu­ro me hu­bie­ra podido re­ti­rar en Bo­ca.

4 ¿Te do­lió no re­ti­rar­te en Vé­lez? Me do­lió, por­que me hu­bie­ra gus­ta­do te­ner otra opor­tu­ni­dad de ves­tir esa ca­mi­se­ta.

5 ¿Cuán­tos mi­nu­tos te di­ver­tis­te ju­gan­do al fút­bol pro­fe­sio­nal? Y… ¿en to­tal? Ca­si diez. Re­cién pu­de di­ver­tir­me el úl­ti­mo tiem­po, en Unión.

6 Si te ofre­cían más pla­ta por re­gar la can­cha que por ju­gar, ¿cam­bia­bas de pro­fe­sión? Sí, sin du­das hu­bie­ra re­ga­do la can­cha. Los que di­cen que ju­ga­rían por el paty y la co­ca son los que no lle­ga­ron a Pri­me­ra y mue­ren por vi­vir es­ta ex­pe­rien­cia, pe­ro quien ya la vi­vió, pien­sa en la pla­ta. Yo siem­pre su­pe que ju­ga­ba por mi fu­tu­ro.

7 Y si ju­ga­bas “pa­ra ga­nar pla­ta”, ¿por qué vol­vis­te al fút­bol ar­gen­ti­no? Por­que no tu­ve me­jo­res op­cio­nes. Só­lo me ofre­cie­ron ir a Pe­rú o Ecua­dor, y la di­fe­ren­cia eco­nó­mi­ca no era tan gran­de. No va­lía la pe­na mo­vi­li­zar­me por eso. Si me hu­bie­ran lla­ma­do de Ara­bia, to­da­vía es­ta­ría allá.

8 Rom­pis­te un vi­drio en Es­tu­dian­tes, una ca­bi­na en Quil­mes y sa­cas­te una pe­lo­ta de la Bom­bo­ne­ra. ¿Có­mo le vas a pe­dir a un de­fen­sor que no la re­vien­te? No se lo voy a pe­dir, ni lo­co. Lo úni­co que les pue­do de­cir es: “Mu­cha­chos, no se gas­ten en re­ven­tar­la, por­que no van a po­der su­pe­rar­me rom­pien­do vi­drios”. Y es cier­to. Pe­ro ojo, por­que tam­bién sa­lí ju­gan­do mu­chí­si­mas ve­ces… Un buen de­fen­sor sa­be qué ha­cer en ca­da mo­men­to.

9 ¿Por qué sos el ju­ga­dor más ex­pul­sa­do de la his­to­ria del fút­bol ar­gen­ti­no? Por mi for­ma de jue­go. Siem­pre vi­ví el fút­bol al lí­mi­te. Y mi ca­rre­ra se ter­mi­nó con una ro­ja, pe­ro no me preo­cu­pa, pa­ra na­da.

10 “Le voy a pe­gar a Te­vez, pe­ro sin ma­la le­che…”. ¿Có­mo se pe­ga con bue­na le­che? Y… sin que­brar nin­gún hue­so. La idea es que le due­la al otro, pe­ro no rom­per­lo. Si un jugador pe­ga una pa­ta­da pa­ra que el ri­val sien­ta su pre­sen­cia, es una ac­ción en be­ne­fi­cio del equi­po. De lo con­tra­rio, qui­zás el ad­ver­sa­rio se agran­da y le pin­ta la ca­ra.

11 ¿Es fá­cil re­ci­bir­se de téc­ni­co? Sí, el cur­so lo ha­ce cual­quie­ra de ta­qui­to. Só­lo hay que es­tu­diar co­sas que uno ya vi­vió. Lo más com­ple­jo pue­de ser la par­te re­la­cio­na­da a la me­di­ci­na o al en­tre­na­mien­to fí­si­co, pe­ro tam­po­co se aprende na­da nue­vo en ese sen­ti­do.

12 ¿Tu vie­jo te re­ta­ba cuan­do te por­ta­bas mal aden­tro de la can­cha? No, nun­ca, por­que él era peor que yo… Hu­bo una épo­ca en la que no nos lle­vá­ba­mos bien, pe­ro por lo ge­ne­ral man­tu­vi­mos una bue­na re­la­ción.

13 ¿Qué tie­ne Bian­chi que no tie­nen to­dos los de­más? Tie­ne siem­pre un gran co­no­ci­mien­to de los ju­ga­do­res y sa­be có­mo for­jar un ex­ce­len­te vín­cu­lo con los que van al ban­co. Bian­chi apun­ta a te­ner me­jor a los que no jue­gan que a los ti­tu­la­res, por­que esos ya es­tán bien. De ese mo­do, el téc­ni­co arran­ca con mu­cho cam­po ga­na­do.

14 Si sa­be tan­to de fút­bol, ¿por qué te pu­so de de­lan­te­ro? ¡Por­que ren­día! Si me­tí más de 60 go­les, es por­que al­go de go­lea­dor te­nía. Me hu­bie­ra gus­ta­do ju­gar arri­ba, pe­ro no se dio el mo­men­to, ni el lu­gar in­di­ca­do. Era un cam­bio que de­bía ha­ber he­cho en in­fe­rio­res.

15 Tam­bién ju­gas­te al ar­co. ¿Ata­ja­bas me­jor de lo que ata­ca­bas? No, no creo. De ca­sua­li­dad me to­có dos ve­ces, y an­du­ve más o me­nos bien. Ma­ri­ni me cla­vó un gol en can­cha de Vé­lez, de ca­be­za. Yo lo mar­ca­ba en los cór­ners y, en ese no pu­de, por­que es­ta­ba ata­jan­do… Lo de­jé y me va­cu­nó.

16 ¿Tu Vé­lez ju­ga­ba lin­do al fút­bol? No tenía un juego vistoso, pe­ro era prác­ti­co. El equi­po fun­cio­na­ba muy bien en con­jun­to. Pa­ra ju­gar bien, no ha­ce fal­ta ti­rar ca­ños y som­bre­ros. Al­can­za con ser só­li­do y con­tun­den­te.

Capitán del Vélez invencible, había llamado “amargos” a los fortineros. Ahora se retractó.

Capitán del Vélez invencible, había llamado “amargos” a los fortineros. Ahora se retractó.

 

17 “Lo di­jo Trot­ta, son amar­gos de ver­dad”. ¿Ra­ti­fi­cás o rec­ti­fi­cás? No, no, no… no es así. Ha­ce po­co fui a fes­te­jar el dé­ci­mo ani­ver­sa­rio de la pri­me­ra Co­pa y me tra­ta­ron muy, muy bien. Eso lo di­je en un mo­men­to de mu­cha ca­len­tu­ra, pe­ro la gen­te de Vé­lez ya ha de­mos­tra­do que lle­na cual­quier can­cha. Y ade­más, ten­go un hi­jo del For­tín. Si no di­go eso, me ma­ta.

18 ¿Gá­mez es el me­jor pre­si­den­te del fút­bol ar­gen­ti­no? No sé, pe­ro co­mo mí­ni­mo hay que va­lo­rar el sal­to que dio. De lo que era en el fút­bol a ser pre­si­den­te, hay un gran pa­so. En­ci­ma fue muy im­por­tan­te lo que hi­zo con Vé­lez en los úl­ti­mos años, en cuan­to a los tí­tu­los y a la eco­no­mía sa­nea­da del club.

19 ¿Cuán­tos ami­gos te que­da­ron de Vé­lez? Ami­gos, dos: Juan Car­los Do­ca­bo y Víc­tor Hu­go So­to­ma­yor. Con los demás, sal­vo con Chi­la­vert, que­dó una bue­na re­la­ción.

20 ¿Pas­sa­re­lla si­gue sien­do tu ído­lo? No, ya no. Era mi ído­lo co­mo ju­ga­dor y me en­can­ta­ba có­mo de­fen­día. Pe­ro co­mo téc­ni­co es dis­tin­to. No di­go que sea ma­lo. Tie­ne mu­chas co­sas bue­ní­si­mas, aun­que no me pa­re­ce el téc­ni­co ideal, ni pre­ten­do ser un es­pe­jo su­yo.

21 ¿Por qué só­lo te con­vo­có cua­tro ve­ces, en tu me­jor mo­men­to? Por dos co­sas. Pri­me­ro y prin­ci­pal, por mi for­ma de ser. Pa­ra él, hu­bie­ra si­do cho­can­te mi per­so­na­li­dad. Yo no era un ti­po fá­cil. Y ade­más, por­que pre­fi­rió pro­bar con Aya­la, que es­ta­ba muy bien. Que­dó cla­ro que no se equi­vo­có: Ro­ber­to es un bri­llan­te ju­ga­dor.

22 ¿No te de­jó afue­ra por tus sa­li­das noc­tur­nas? No. Si hu­bie­ra si­do eso, hu­bie­se te­ni­do pro­ble­mas con to­dos... Era una épo­ca di­fí­cil pa­ra mí, pe­ro no creo que ésa ha­ya si­do la cau­sa. Bah, en rea­li­dad, no sé. No di­go que no, ni que sí.

23 ¿Tam­po­co in­flu­yó que le ha­yas di­cho “bu­chón” al To­lo Ga­lle­go? No, eso fue un ru­mor que sur­gió por al­go que le di­je en una prác­ti­ca, en un mo­men­to de ca­len­tu­ra, por­que el To­lo me car­ga­ba con al­gu­nas pa­va­das, pe­ro no fue na­da im­por­tan­te.

24 ¿Por qué ca­li­fi­cas­te a Oye­ras, de Unión, co­mo “un téc­ni­co sin hom­bría”? Por­que no se ma­ne­jó co­mo un hom­bre, ni él ni sus co­la­bo­ra­do­res. Se com­por­ta­ron co­mo co­bar­des, mie­do­sos, siem­pre ha­blan­do por atrás. La pa­la­bra “hom­bre” no les que­da­ba bien.

25 ¿Te es­tá ma­tan­do la abs­ti­nen­cia de fút­bol? Por aho­ra la lle­vo bas­tan­te bien, pe­ro de a po­qui­to me va pi­can­do… Ten­go que em­pe­zar a ha­cer al­go. Apro­ve­ché las va­ca­cio­nes de los chi­cos y fui a pes­car, pe­ro no es­toy acos­tum­bra­do a tan­ta tran­qui­li­dad.

26 ¿Sos un se­ñor ma­lo? No, soy muy bue­na per­so­na. Qui­zá de­ma­sia­do fron­tal. No soy Ca­pe­ru­ci­ta, pe­ro po­cos com­pa­ñe­ros han di­cho que soy mal ti­po.

27 ¿Por qué los di­ri­gen­tes de Ri­ver te ro­tu­la­ron co­mo un “lí­der ne­ga­ti­vo”? No sé. Creo que di­je­ron eso por­que fue la for­ma po­lí­ti­ca que en­con­tra­ron pa­ra sa­car­me del club, pa­ra lim­piar­me. Lo ra­ro fue que des­pués vol­ví, y fui ca­pi­tán con esos mis­mos di­ri­gen­tes...

28 ¿Qué te gri­ta­ron cuan­do ex­plo­tas­te y le pe­gas­te a un bo­le­te­ro, des­pués de un Ri­ver-Co­lón? Ha­bi­tual­men­te, pu­tean a la ma­dre del ju­ga­dor, y no pa­sa na­da. Pe­ro esa vez fue dis­tin­ta. Jus­to ha­bía fa­lle­ci­do mi vie­ja ha­cía tres días… Me di vuel­ta en­se­gui­da, y al pri­me­ro que en­con­tré le ba­jé los dien­tes.

29 ¿A qué país te ibas a vi­vir si Chi­la­vert te ata­ja­ba el pe­nal que le pi­cas­te? A Ja­pón. Y, al lle­gar, ha­cía un po­zo y me en­te­rra­ba… Ni pen­sé en las con­se­cuen­cias que po­día su­frir si lo erra­ba. Si me hu­bie­ra pues­to a es­pe­cu­lar, no lo hu­bie­se he­cho.

 

 

30 ¿Era lo peor que po­días ha­cer­le? Sí, se lo hi­ce por­que él me ha­bía di­cho “cor­nu­do”. No le con­tes­té fren­te a las cá­ma­ras, pe­ro la me­jor res­pues­ta era po­ner­lo en ri­dí­cu­lo en su pro­pia can­cha y fren­te a la gen­te. Así me co­bré to­do, bien co­bra­do.

31 ¿For­ma­rías una du­pla téc­ni­ca con Chi­la? No. Y es un no ro­tun­do.

32 Un año en una is­la, ¿con un di­ri­gen­te, con un hin­cha de Vé­lez o con un ár­bi­tro? Con un hin­cha de Vé­lez, sin du­da. Yo di­je que no eran bue­nos, pe­ro tam­po­co pa­ra com­pa­rar­los con los ár­bi­tros y los di­ri­gen­tes...

33 ¿Por qué fra­ca­só la ex­por­ta­ción de Vé­lez a la Ro­ma? Ahí me di cuen­ta que, con tan buen gru­po, to­dos éra­mos fi­gu­ras. Cuan­do nos des­pren­di­mos, cada paso nos cos­tó el do­ble. En lo fut­bo­lís­ti­co, no me fue na­da bien. Me resultó durísimo se­pa­rar­me de ese plan­tel de Vélez. Y en cuan­to a Bian­chi, qui­zá no en­con­tró un gru­po con ga­nas, ni calidad…

34 En Ita­lia, ¿te co­bra­ron a vos los tro­pe­zo­nes de Bian­chi? No, pe­ro el gru­po creía que yo era el al­ca­hue­te del téc­ni­co. En­ton­ces, ha­bla­ban lo me­nos po­si­ble de­lan­te de mí, y los te­mas im­por­tan­tes los ha­bla­ban por atrás. Así se me ha­cía muy di­fí­cil todo.

35 ¿Ocul­tas­te una le­sión en la ro­di­lla an­tes de fir­mar con la Ro­ma? No. Si lo hu­bie­ra he­cho, hu­bie­se sal­ta­do en el exa­men mé­di­co que me hi­cie­ron. Ha­bía te­ni­do un es­guin­ce de ro­di­lla un tiem­po atrás, pe­ro eso no me com­pro­me­tía pa­ra na­da. Lo que pa­só des­pués fue una ro­tu­ra de me­nis­cos, que no tu­vo na­da que ver con to­do lo an­te­rior.

36 ¿Aya­la tie­ne reem­pla­zan­te en la Se­lec­ción? Pa­ra mí, Aya­la, Sa­muel y Hein­ze no tie­nen reem­pla­zan­tes. Co­loc­ci­ni y Mi­li­to son can­di­da­tos, pe­ro no es­tán al ni­vel de ellos. Tam­bién me en­can­ta Cabral, el de Ra­cing, pe­ro to­da­vía le fal­ta pa­ra reem­pla­zar a Aya­la.

 

En la Selección Argentina.

En la Selección Argentina.

 

37 ¿Por qué nun­ca se dio tu pa­se a Bo­ca, si es­tu­vis­te cer­ca dos ve­ces? La pri­me­ra chan­ce fue cuan­do es­ta­ba en Vé­lez, y Gá­mez no que­ría que nos fué­ra­mos a otro club ar­gen­ti­no. Y la otra se dio cuan­do yo es­ta­ba en la Ro­ma, pe­ro ahí se mos­tra­ron más in­te­re­sa­dos los de Ri­ver. Ma­cri fue a bus­car­me, pe­ro en rea­li­dad es­ta­ba de pa­seo, muy ocu­pa­do, no me dio bo­la. Lo en­tien­do, eh. Con se­me­jan­te lu­na de miel, no se iba a dis­traer con­mi­go…

38 ¿En la Bom­bo­ne­ra te hu­bie­ran ova­cio­na­do más que en el Mo­nu­men­tal? No sé. En Ri­ver, cuan­do voy a la can­cha, no­to que la gen­te to­da­vía se acuer­da de mí, por­que re­co­no­ce el sa­cri­fi­cio. Cuan­do me ti­ra­ba al pi­so, tam­bién me aplau­dían, pe­ro ahí con eso só­lo no al­can­za. En Bo­ca sí han triun­fa­do ti­pos que só­lo ha­cían eso.

39 ¿Por qué te qui­sis­te aga­rrar a pi­ñas con Ser­na en un es­ta­cio­na­mien­to? Por hue­vón. Fue des­pués de un clá­si­co. Ber­mú­dez ha­bía di­cho que nos íba­mos a po­ner pá­li­dos y bueh… Co­mo Ser­na tam­bién era co­lom­bia­no, cuan­do lo vi, lo in­sul­té y ca­si nos pe­lea­mos.

40 En el 2000, di­jis­te: “Si Bo­ca ga­na to­do, me voy a Sibe­ria”. ¿No con­se­guis­te pa­sa­jes? No, ¡no ga­nó to­do! ¡Le fal­tó la Con­me­bol! Por eso me que­dé. Si no, real­men­te hu­bie­ra te­ni­do que bus­car club en Si­be­ria.

41 Tra­tas­te de dic­ta­dor a Cas­tri­lli, de per­mi­si­vo a La­mo­li­na y de so­ber­bio a Cres­pi… ¿Co­no­cis­te al­gún buen ár­bi­tro? No, nun­ca. No me lle­vé bien con nin­gu­no. Me ima­gi­no que de­ben ser bue­nos en sus ca­sas, pe­ro di­ri­gien­do no me gus­ta­ba nin­gu­no.

42 Tras una irri­so­ria sus­pen­sión a Ber­mú­dez iro­ni­zas­te que le ibas a pe­gar un co­da­zo a un ár­bi­tro. ¿Pen­sa­bas en al­gu­no? Tal vez a Gi­mé­nez le da­ría un buen cos­co­rrón… Nun­ca me lle­vé bien con él aden­tro de la can­cha, y no me gus­ta co­mo di­ri­ge.

43 ¿Qué hay que te­ner pa­ra triun­far en el fút­bol me­xi­ca­no? Ellos bus­can a los ar­gen­ti­nos por la per­so­na­li­dad y por la fa­ci­li­dad que tie­nen pa­ra adap­tar­se al cli­ma. Allá el tiem­po va­ría ca­da 15 días, y tan­to los ar­gen­ti­nos co­mo los uru­gua­yos, se adap­tan rá­pi­do. Ade­más, tam­bién se ven atraí­dos por las con­di­cio­nes téc­ni­cas de los fut­bo­lis­tas de acá, por­que sa­ben que ellos no tie­nen la téc­ni­ca que te­ne­mos no­so­tros.

44 ¿Y por qué vos no triun­fas­te, ni en el Atlan­te, ni en el Pue­bla? Yo no triun­fé en Mé­xi­co, ni en Es­pa­ña, ni en Ita­lia, ni en Ecua­dor, por­que a to­dos les mo­les­ta que uno sea fron­tal, pe­ro nun­ca fra­ca­sé en un gru­po. Al con­tra­rio, tu­ve pro­ble­mas jus­ta­men­te por­que mis com­pa­ñe­ros me se­guían… Y si no me fue bien en lo fut­bo­lís­ti­co, tam­bién tie­ne que ver con que no vol­ví a en­con­trar un plantel que me hi­cie­ra fi­gu­ra, co­mo en Vé­lez. Eso es ne­ce­sa­rio, por­que sal­vo Die­go, na­die jue­ga so­lo.

45 El ju­ga­dor es hi­pó­cri­ta o po­lé­mi­co. ¿Por qué no exis­te ni uno que sea fron­tal y no sea con­si­de­ra­do una ma­la yer­ba? Por­que la gen­te fron­tal no le con­vie­ne a na­die en el fút­bol. Me­nos que me­nos a los di­ri­gen­tes, y a los téc­ni­cos. Acá, el que va de fren­te, que­da afue­ra. Y el que mien­te, du­ra más. Los que ma­ne­jan to­do siem­pre pre­fie­ren a los ju­ga­do­res que ba­jan la ca­be­za an­te el pri­mer gri­ti­to.

46 ¿Por qué du­ró só­lo unos mi­nu­tos tu pa­so por el Bar­ce­lo­na, de Gua­ya­quil? Por­que los dirigentes de ese club no se manejan bien. Creen que uno los quie­re pa­sar, cuando no es así. El te­ma es que es­tán acos­tum­bra­dos a tratar a los jugadores co­mo es­cla­vos y, cuan­do uno se re­be­la, o se plan­ta pa­ra no ser tra­ta­do así, tie­ne pro­ble­mas. Ade­más, no res­pe­tan los con­tra­tos ni na­da. Y si se les exige que cumplan con su palabra, pien­san que uno ha­ce las co­sas mal.

47 ¿Ju­gas­te con al­gún 6 que te tu­vie­ra mie­do? No, no tu­ve re­la­cio­nes ten­sas con otros de­fen­so­res, pe­ro sí có­mi­cas. En el 98, en Unión, ju­ga­ba con el Ta­te Biag­gio­ni, que me ha­cía reír aden­tro de la can­cha. Yo le gritaba: “¡Re­ven­tá!”, y él me respondía: “Nun­ca me en­se­ña­ron”. En ge­ne­ral, no soy tan ogro. Has­ta lle­gué a di­ver­tir­me...

48 ¿Un dos que no gri­ta, es dos? No. Si un ti­po no gri­ta, pue­de ju­gar de en­gan­che o de pun­ta, pe­ro nun­ca de mar­ca­dor cen­tral.

49 Al­gu­na vez Ba­si­le te re­co­men­dó pa­ra el Amé­ri­ca, de Mé­xi­co… ¿Si te lla­ma aho­ra, vol­vés? No, ya no. Si di­je que se ter­mi­nó, se ter­mi­nó. No hay vuel­ta atrás, ni aun­que me lo pi­dan mis hi­jos.

50 ¿Se jun­tan con Pe­pe Ba­sual­do a co­mer po­cho­clos y ver vi­deos de Vé­lez? Sí, la pe­lea ya pa­só. El sa­be que a ve­ces di­go bo­lu­de­ces y yo sé que él tam­bién.

51 Cuando te tocó retirarte en la B, ¿no te arre­pen­tis­te de haber abandonado Ri­ver? No, por­que igual hu­bie­ra si­do im­po­si­ble re­ti­rar­me ahí. Sal­vo que seas As­tra­da o Fran­ces­co­li, que son sím­bo­los del club, se ha­ce muy di­fí­cil. Yo me fui en el 2000, y has­ta el 2005 no me aguan­ta­ban ni dro­ga­dos.

52 Fir­mas­te an­te es­cri­ba­no que Ra­món nun­ca te ha­bía pe­di­do pla­ta. ¿Fir­ma­rías que nun­ca se la pi­dió a otro? No pue­do po­ner las ma­nos en el fue­go por al­go que no sé.

¨¿La foto en este lugar no será para insinuar que estoy viejo, no?¨, indagó, mientras posaba en el barrio de San Telmo.

¨¿La foto en este lugar no será para insinuar que estoy viejo, no?¨, indagó, mientras posaba en el barrio de San Telmo.

 

53 Re­la­tá el gol de chi­le­na que le hi­cis­te a Ri­ver en el 91. Fue en la épo­ca en la que usá­ba­mos ro­pa ajus­ta­da, bien de ma­ri­co­nes. Nos po­nía­mos unos shor­ci­tos que, si me los po­ngo aho­ra pa­ra sa­lir a la ca­lle, me ma­tan. En fin, per­día­mos 2 a 1, me fui co­rrien­do pa­ra el medio del área, vi­no un cen­tro, re­bo­tó en al­guien, me que­dó de es­pal­das, anticipé a Ramón Díaz, ti­ré una chi­le­na, y le hi­ce el gol al Ga­to Mi­guel… No lo po­día creer. Me pe­gué un gol­pe bár­ba­ro, pe­ro ni sen­tí el do­lor.

54 A Ra­món no le gus­tó que lo an­ti­ci­pa­ras esa vez, ¿no? Quizá, pe­ro no creo que ha­ya si­do por eso to­do lo que vi­no des­pués.

55 “Sa­vio­la me ha­ce ga­nar pla­ta”, de­cías. ¿Qué ju­ga­dor te ha­cía per­der­la? No me acuer­do de nin­gu­no. Creo que yo les ha­cía per­der pla­ta a otros, por­que así co­mo Sa­vio­la su­ma­ba con sus go­les, yo res­ta­ba con mis ex­pul­sio­nes… Es así. El que di­ga que le hi­ce per­der pla­ta, tie­ne ra­zón.

56 ¿Se pue­de ju­gar con una pa­re­ja de cen­tra­les pe­lea­da? No, es im­po­si­ble. A la vis­ta es­tá…

57 ¿Cuán­to tu­vo que ver la in­ter­na Ame­li-Tuz­zio en el ba­jón de Ri­ver? No pue­do opi­nar, porque no co­noz­co bien la his­to­ria.

58 ¿Que­rés al Co­co Ame­li en tu equi­po? Es un buen ju­ga­dor, pe­ro es muy ca­ro, no creo que pue­da ve­nir a mis equi­pos. Hoy no hay cen­tra­les, así que tan­to él, co­mo Tuz­zio, se­rían bien­ve­ni­dos. No pon­dría a los dos jun­tos, pe­ro se­pa­ra­dos sí. No con­de­na­ría a nin­gu­no por lo que pu­do ha­ber pa­sa­do. Que ti­re la pie­dra el que es­té li­bre de pe­ca­dos…

59 ¿Por qué no te fuis­te a Ale­ma­nia en el 95? Hu­bie­ras aho­rra­do pla­ta y pe­leas… Me ba­ja­ron del avión. Te­nía los pa­sa­jes y no me de­ja­ron via­jar por una di­fe­ren­cia con un in­ter­me­dia­rio. El que es­ta­ba ha­cien­do la ne­go­cia­ción me di­jo que no se ha­cía cuan­do ya te­nía to­do lis­to. Lo pu­teé un po­co, de­vol­ví los pa­sa­jes y vol­ví con los bo­ti­nes. En Vé­lez, no en­ten­dían na­da.

60 ¿Te do­lió la de­va­lua­ción o la apro­ve­chas­te? Fue cuan­do es­ta­ba en Mé­xi­co y me do­lió mu­chí­si­mo, por la gran de­si­lu­sión ge­ne­ral. Cuan­do nos pe­gan es­tos pa­los, la gen­te se vie­ne aba­jo y cues­ta le­van­tar­se.

61 Si Bian­chi es Dios, ¿Ra­món Díaz quién es? El dia­bli­to. Y no di­go el Dia­blo, eh. Di­go el dia­bli­to, por su sim­pa­tía y su son­ri­si­ta.

62 ¿Por qué no vol­vió a di­ri­gir? Yo no pue­do creer que no ten­ga op­cio­nes pa­ra di­ri­gir. Su­pon­go que pre­fe­ri­rá es­pe­rar al­go que le pue­da ase­gu­rar el éxi­to, otro gru­po con ju­ga­do­res ex­ce­len­tes. De­be es­tar a la es­pe­ra de otro plan­tel que jue­gue so­lo, co­mo ése que tu­vo des­de el 94 has­ta que se fue de Ri­ver.

63 Si ya co­no­cías a Ra­món, ¿por qué ele­gis­te vol­ver a Ri­ver? Ni me fue­ron a bus­car, ni yo acep­té vol­ver. Sim­ple­men­te, el Gi­jón no pa­gó las cuo­tas y me de­vol­vie­ron. Me man­da­ron por fal­ta de pa­go, co­mo cuan­do no pa­gás un au­to. En­ton­ces, ha­bla­mos con Ra­món, y ya no era lo mis­mo. Sus ne­ce­si­da­des eran otras por­que no es­ta­ban ni Be­riz­zo, ni Aya­la, ni As­tra­da… Como se le ha­bían ido los re­fe­ren­tes, ne­ce­si­ta­ba al­guien pa­ra li­de­rar al gru­po. Y al fi­nal, has­ta fui ca­pi­tán. Yo no lo es­pe­ra­ba, pa­ra na­da, pe­ro él no tuvo otra op­ción.

64 “Si tan­tos lo cri­ti­can, de­ben te­ner ra­zón”, di­jis­te so­bre Ra­món. ¿Los tan­tos que te cri­ti­can a vos tam­bién tie­nen ra­zón? Pue­de ser…

65 ¿Cuál fue la crí­ti­ca que más te do­lió en el fút­bol? No me acuer­do de mu­chas por­que, cuan­do sur­gen las crí­ti­cas, es cuan­do uno me­nos ga­nas tie­ne de leer los dia­rios o de es­cu­char la ra­dio. Lo que más me do­lió en el fút­bol fue to­do lo que ge­ne­ró ese cor­te de man­ga que le hi­ce a Gim­na­sia. Por esa ac­ti­tud, mi fa­mi­lia tu­vo pro­ble­mas y has­ta le qui­sie­ron pren­der fue­go un bo­li­che a mi vie­jo… Crí­ti­cas tu­ve tan­tas que ya ni me mo­les­tan. Yo sé có­mo soy.

66 Si te trajo problemas el corte de manga a Gimnasia, ¿por qué lo hiciste de nuevo ante La­nús? Contra Gim­na­sia, había sido por la ri­va­li­dad con Es­tu­dian­tes. Y frente a La­nús, maté dos pá­ja­ros de un ti­ro: ade­más de ha­cer­lo pa­ra la hin­cha­da ri­val, apro­ve­ché que es­ta­ba jus­to en­fren­te de la gente de Vé­lez, que ha­bía co­rea­do el nom­bre de Chi­la­vert pa­ra que pa­tea­ra el pe­nal.

Clásico pincha. Por un corte de manga al Lobo, le quisieron quemar el local a su padre.

Clásico pincha. Por un corte de manga al Lobo, le quisieron quemar el local a su padre.

 

67 ¿Al­gu­na vez acu­sas­te una le­sión pa­ra no ju­gar un par­ti­do en la era Ra­món? No men­tí, ni voy a men­tir. Si la pre­gun­ta es por el par­ti­do con­tra Es­tu­dian­tes, que ge­ne­ró esos ru­mo­res, ra­ti­fi­co que no fin­gí na­da. Me lla­mó el den­tis­ta la no­che pre­via pa­ra de­cir­me que se ha­bía equi­vo­ca­do de anes­te­sia, y que po­día sa­ltar en el do­ping. Con los pro­ble­mas que ya te­nía, si en­ci­ma me lle­ga­ba a salir positivo, me te­nía que ma­tar... La con­fu­sión em­pe­zó por­que el mé­di­co del plan­tel sa­lió a declarar que yo ha­bía te­ni­do fie­bre y sur­gie­ron ver­sio­nes con­tra­dic­to­rias. En­ci­ma, jus­to fue con­tra el Pin­cha, y Ri­ver per­dió 4 a 1. Pe­ro así y to­do, al par­ti­do si­guien­te ya ju­gué de nue­vo… Agran­da­ron mu­cho el pro­ble­ma.

68 ¿El am­bien­te del fút­bol es per­ju­di­cial pa­ra la sa­lud? Tie­ne mu­chas co­sas que no son bue­nas, pe­ro a mí el fút­bol me dio to­do, y no me pue­do que­jar. Si no hu­bie­ra si­do ju­ga­dor, no ten­dría la po­si­bi­li­dad de dis­fru­tar de la vi­da que ten­go hoy.

69 Es ra­ro que al­guien se cues­tio­ne por qué hay que reír­se pa­ra las fo­tos. ¿Sos un ti­po tris­te? No, yo me con­si­de­ro un ti­po di­ver­ti­do, pe­ro mis hi­jos di­cen que ten­go ca­ra de cu­lo to­do el día. A ve­ces, los fo­tó­gra­fos me di­cen: “Reí­te co­mo en tu ca­sa”. Y yo no es­toy to­do el día rién­do­me en mi ca­sa…

70 ¿Cuán­tas ve­ces te aga­rras­te a pi­ñas en la ca­lle? Nun­ca. Me­nos aho­ra, que no sa­bés con qué te po­dés en­con­trar.

71 No es co­mún que un ju­ga­dor se bo­xee con un com­pa­ñe­ro. Y vos lo hi­cis­te con dos: Ba­ta­lla y D’A­mi­co. ¿Fue cul­pa de ellos? Ba­ta­lla… Po­bre mu­cha­cho. Yo no me pe­leé con él, él se pe­leó con­mi­go, por­que no te­nía otra ma­ne­ra de sa­lir en un dia­rio. Se que­jó de có­mo le da­ba en las prác­ti­cas, pe­ro así co­mo le pe­gá­ba­mos pa­ta­das y co­da­zos a él, tam­bién se los dá­ba­mos a Mo­rig­gi, a Pan­dol­fi… Só­lo que ellos lle­ga­ron a al­go, y él no. La otra, con D’A­mi­co, fue una ca­len­tu­ra del mo­men­to. Nos em­pe­za­mos a pu­tear y nos aga­rra­mos co­mo diez mi­nu­tos. Ah, y hu­bo una más… En Es­pa­ña, me lle­va­ba muy mal con un com­pa­ñe­ro ru­so. Y siem­pre lo pu­tea­ba, por­que to­tal no me en­ten­día. Pe­ro en una le di­je “¡ru­so de mier­da!” y evi­den­te­men­te me en­ten­dió: me vino a pegar y le ti­ré una pa­ta­da vo­la­do­ra.

72 Tam­bién le pe­gas­te a un pe­rio­dis­ta par­ti­da­rio de Vé­lez, ¿te que­da­ron ga­nas de pe­gar­le a al­gún otro? Sí, esa vez le erré, por­que agredí al pe­rio­dis­ta equi­vo­ca­do. En rea­li­dad, le qui­se pe­gar al Gor­do Pa­la­cios. El siem­pre cuen­ta la anéc­do­ta, pe­ro la cuen­ta mal… Des­pués de un par­ti­do que ju­ga­mos con­tra Ta­lle­res, los pe­rio­dis­tas par­ti­da­rios se su­bie­ron al mis­mo mi­cro que no­so­tros. En­ton­ces le di­je a Gá­mez que, si no los ba­ja­ba, yo no su­bía, por­que nos ve­nían ma­tan­do mal. Ahí, el Gor­do me hi­zo un ges­to, co­mo una cruz, y me qui­se ba­jar a dar­le, pe­ro co­mo no me de­ja­ron, le advertí que ya lo iba a aga­rrar. Y al mar­tes si­guien­te, cuan­do lo vi en la prác­ti­ca, le avisé: “Si te que­dás, te ca­go a trom­pa­das”. Se fue co­rrien­do, y se sal­vó. Pe­ro se que­dó otro, que la­bu­ra­ba con él y, cuan­do me qui­so ve­nir a ha­blar, le di una ca­che­ta­da.

73 ¿Un Trot­ta su­mi­so, o me­nos con­flic­ti­vo, has­ta dón­de hu­bie­se lle­ga­do? Has­ta nin­gún la­do. Nun­ca hu­bie­ra pa­sa­do de Es­tu­dian­tes, por­que aun­que a mu­chos no les gus­te mi per­so­na­li­dad, la ma­yo­ría de los hinchas quie­re te­ner, en mi posición, a un ju­ga­dor co­mo yo.

74 ¿Te emo­cio­nó la ban­de­ra que te de­di­ca­ron en la Ro­ma, con la leyenda “Trot­ta an­da­te”? No, por­que allá me pu­tea­ban y yo no en­ten­día el idio­ma... Esa ban­de­ra, por ejem­plo, es­ta­ba es­cri­ta en ita­lia­no, y cuan­do vi mi nom­bre, pen­sé que de­cía: “Trot­ta ído­lo”. Pero bueh, igual, ya es­ta­ba al hor­no. La ban­de­ri­ta fue lo de me­nos.

En la Roma, en 1996, el plantel lo señaló como el hijo adoptivo de Bianchi y lo marginó.

En la Roma, en 1996, el plantel lo señaló como el hijo adoptivo de Bianchi y lo marginó.

 

75 ¿Por qué nin­gún ju­ga­dor del Vé­lez co­pe­ro pu­do triun­far en otro club? Por­que fue un gru­po tan bue­no que cos­tó mu­chí­si­mo acos­tum­brar­se a to­do lo que vi­no des­pués. De he­cho, al Bo­ca cam­peón de Bian­chi le pa­só lo mis­mo. Sal­vo Ri­quel­me, por su ca­te­go­ría in­di­vi­dual, a to­dos se les com­pli­có. Es ló­gi­co. Cuan­do el ju­ga­dor se sien­te que­ri­do y no de­be dar exá­me­nes, sa­le a ju­gar tran­qui­lo y to­do es mu­cho más fá­cil.

76 Bas­se­das, Ma­nu­so­vich y Pan­dol­fi se ju­bi­la­ron muy jó­ve­nes, y a Car­do­zo, Pom­pei y Ba­sual­do los re­ti­ró el PA­MI. ¿Quié­nes fue­ron más in­te­li­gen­tes? Yo me que­da­ría con el gru­po del PA­MI, por­que me re­ti­ré bas­tan­te gran­de, pe­ro los que de­ja­ron el fút­bol de chi­cos te­nían otra for­ma de pen­sar. Son ti­pos aman­tes de la mú­si­ca, que pre­fi­rie­ron ju­gár­se­la por otras co­sas.

77 ¿Por qué se ha­bla­ba del “tem­pe­ra­men­to” de Rug­ge­ri y de la “ma­la le­che” de Trot­ta? Eso fue cuan­do yo re­cién sa­lía del Pin­cha. Rug­ge­ri ya era ju­ga­dor de la Se­lec­ción y ha­bía pa­sa­do por Bo­ca, Ri­ver e Ita­lia. Cuan­do uno sur­ge de las in­fe­rio­res de Es­tu­dian­tes es un ti­po ma­lo has­ta que de­mues­tre lo con­tra­rio. Aho­ra sí di­cen “el tem­pe­ra­men­to” de Trot­ta. Ade­más, des­de el lu­gar que ocu­pa­ba, Rug­ge­ri po­día ma­tar a cual­quier pe­rio­dis­ta, y yo no. Acá, to­do es por con­ve­nien­cia.

78 ¿Te ge­ne­ró al­go es­te Vé­lez cam­peón? No, por­que no soy hin­cha de Vé­lez, ni co­noz­co a los chi­cos que es­tán aho­ra en el club, sal­vo a Ses­sa,  a quien co­no­cí en Ri­ver. De to­dos mo­dos, sí me dio ale­gría, por­que mi pi­be es de Vé­lez y es­tá con­ten­to con el cam­peo­na­to. Y tam­bién me ale­gró por­que fue otra mues­tra de las co­sas que se pue­den lo­grar sien­do ho­nes­to, co­mo Gá­mez.

79 ¿Pre­fe­rías que te aplau­die­ran los tu­yos o que te pu­tea­ran los otros? Las dos co­sas es­ta­ban bue­nas. ¡Lo ma­lo era cuan­do me pu­teaban to­dos!, co­mo me pa­só en Vé­lez. Cuan­do aplau­den los tu­yos y pu­tean los otros, es ideal, por­que si uno no ha­ce na­da bue­no, el ri­val no pu­tea…

80 ¿Es­tás en jui­cio con Unión? No, to­da­vía no. Hay un con­flic­to, que oja­lá se so­lu­cio­ne pron­to, por in­cum­pli­mien­to de con­tra­to, al igual que con el Bar­ce­lo­na, de Gua­ya­quil, y con el Spor­ting Gi­jón.

81 ¿Ma­rín es lo me­jor que le pa­só a Ra­cing o Ra­cing es lo me­jor que le pa­só a Ma­rín? No sé si Ma­rín, pe­ro el ge­ren­cia­mien­to fue lo me­jor que le pu­do pa­sar a Ra­cing. Yo pa­sé por ahí en el 97, y pue­do de­cir que si el club se­guía así, de­sa­pa­re­cía, o lo ha­cían de­sa­pa­re­cer, es­toy se­gu­ro.

82 ¿Qué fue lo más feo que te di­jo un ri­val? En un Vé­lez-Ra­cing, el Tur­co Gar­cía me vol­vió lo­co. Ve­nía una y otra vez has­ta don­de es­ta­ba yo, se pa­ra­ba al la­do, se aga­cha­ba, jun­ta­ba pas­to y me lo ti­ra­ba. Lo hi­zo to­do el par­ti­do, in­clu­so mien­tras yo no lo es­ta­ba mi­ran­do. Ca­da vez que lo bus­ca­ba, es­ta­ba jun­tan­do pas­to, has­ta que al fi­nal en­ten­dí to­do… “Da­le ca­ba­llo, co­me pas­to”, me di­jo. Un gran­de, a mí nun­ca se me hu­bie­ra ocu­rri­do.

83 ¿Qué fue lo más feo que le hi­cis­te a un de­lan­te­ro? Uh, me acuer­do de al­go que hi­ce, pe­ro des­pués me arre­pen­tí. Ju­gan­do la Co­pa pa­ra Vé­lez, con­tra De­fen­so­r, de Uru­guay, me ubi­qué en la ba­rre­ra y, co­mo uno me em­pu­jó, le pu­se un co­da­zo en el me­dio de ca­ra. Le rom­pí to­da la na­riz y me asus­té, en se­rio, por­que le sa­lía san­gre por to­dos la­dos… Eso fue lo peor que hi­ce.

84 Aho­ra pensás así, pe­ro ese día di­jis­te: “Si le rom­pí la na­riz, que se la arre­gle”. ¿No te que­da­ba car­go de con­cien­cia? Sí, un po­co. En ese mo­men­to, si rom­pía una na­riz  sin que me vean, me creía un hé­roe. En cam­bio, si me veían, me sen­tía un hue­vón.

85 ¿Có­mo de­fi­ni­rías la sen­sa­ción de su­frir un ca­ño? Eh… Es co­mo que no se te pa­re en el me­jor mo­men­to, porque sen­tís una ver­güen­za to­tal, un gran pa­pe­lón.

86 ¿Cuán­tos ca­ños ti­ras­te en tu ca­rre­ra? Ni uno. Por ahí me salió alguno de esos que te pegan en las dos ro­di­llas y le pa­san de ca­ño al rival, pero sólo eso. Lo prac­ti­ca­ba y todo, pero no me sa­lía. Era más fuer­te que yo.

87 ¿Ma­cri te des­pre­ció cuan­do qui­sis­te ir­te de la Ro­ma? En ese mo­men­to sen­tí que él es­ta­ba en Italia por com­pro­mi­so, no por una ver­da­de­ra in­ten­ción de lle­var­me. En cam­bio, la gen­te de Ri­ver fue mu­cho más se­ria. Ma­cri me di­jo: “Hay in­te­rés”. Y Ri­ver me di­jo: “Te que­re­mos sí o sí”.

88 Des­pués de Ri­ver, pro­me­tis­te no ju­gar en Bo­ca. De di­ri­gir­lo no di­jis­te na­da… No, cla­ro que no. De­jo las puer­tas abier­tas pa­ra cual­quier equi­po, porque cuan­do uno es buen téc­ni­co surgen posibilidades... ¿A Pas­sa­re­lla cuán­tas ve­ces lo fue­ron a bus­car? Apar­te, se trata de Bo­ca: no pue­do ce­rrar esa puer­ta.

Tras este gol a Newell’s, en el Clausura 97, ¨Francescoli me corrió a mí, por única vez¨.

Tras este gol a Newell’s, en el Clausura 97, ¨Francescoli me corrió a mí, por única vez¨.

 

89 ¿Cuán­tas ve­ces men­tis­te en una no­ta pe­rio­dís­ti­ca? ¿En la mis­ma? Ja, no, muy po­cas ve­ces. Si men­tí, fue por con­ve­nien­cia, pe­ro sin la in­ten­ción de ha­cer­le mal a al­guien.

90 Es­tan­do en Ri­ver, en­tre Ra­món y Bian­chi, ele­gis­te a Ra­món. ¿Te ha­cés car­go? Yo di­je que en algunas ha­bía men­ti­do…

91 ¿Có­mo que­dó tu re­la­ción con Bian­chi? Bien, no me ha­blo to­dos los días, pe­ro si nos cru­za­mos, nos sen­ta­mos a to­mar un ca­fé. Con to­dos mis téc­ni­cos que­dé así, sal­vo con Ra­món Díaz. A él qui­zá lo sa­lu­da­ría, pe­ro nada más. Ah, y Oye­ras tam­po­co creo que se quie­ra sen­tar a tomar algo con­mi­go.

92 ¿Vas al psi­có­lo­go? No, no fui, ni voy, ni iría. Bah, eso di­go por aho­ra, por­que to­dos ya me es­tán di­cien­do que se­ría ne­ce­sa­rio.

93 ¿En el po­tre­ro eras crack o pa­sa­bas inad­ver­ti­do? Pa­sa­ba inad­ver­ti­do. Era pe­ti­so y gor­do. Só­lo le pe­ga­ba fuer­te a la pe­lo­ta, pe­ro na­da de ca­ños, ni esas co­sas. Ni si­quie­ra ca­be­cea­ba. Ape­nas me di­fe­ren­cia­ba por la fuer­za con la que pa­tea­ba, pe­ro eso no me al­can­za­ba pa­ra ser crack. Es así, na­die da­ba dos man­gos por mí, sal­vo mi vie­jo, que te­nía la fe de ver­me en Pri­me­ra.

94 ¿Cuántos jue­gui­tos hacés con la zur­da? ¿Tie­nen que ser se­gui­dos o la pue­do aga­rrar con la ma­no en­tre un to­que y otro? Sin pa­rar, qui­zá po­dría lle­gar a unos 30 jue­gui­tos, in­ten­tán­do­lo durante 20 años…

95 ¿Có­mo de­be reac­cio­nar un de­fen­sor si Ba­rij­ho lo pu­tea? Para empezar, que se ale­je, por­que si lo aga­rra, lo par­te al me­dio y no sirve más… En rea­li­dad, no sé, eso es muy per­so­nal. A mí, hace poco, Bianchi me di­jo una fra­se que me que­dó grabada: “Si vas a ser téc­ni­co, no le ha­gas al ju­ga­dor lo que no te gus­ta­ba que te hi­cie­ran”. Y a mí no me gus­ta­ba que me di­je­ran: “No me­tas un co­da­zo”, ni na­da por el es­ti­lo. Si lo ha­cía, me ban­ca­ba el re­to, pe­ro no acep­ta­ba que me in­di­ca­ran có­mo me te­nía que ma­ne­jar.

96 ¿Cuál fue el ti­po que más te en­lo­que­ció en una can­cha? Hu­go Gue­rra siem­pre me ha­cía go­les. Los téc­ni­cos me man­da­ban a mar­car­lo, pe­ro el tipo me la ter­mi­na­ba man­dan­do a guar­dar. Y, psí­qui­ca­men­te, Sa­vio­la y Ai­mar tam­bién me vol­vían lo­co, por­que ni si­quie­ra les po­día pe­gar. Me sal­ta­ban la pe­lo­ta, y eso me sa­caba del partido.

97 ¿Qué sue­ño te ne­gó el fút­bol? Lo úni­co que me fal­tó fue ha­ber jugado en el par­ti­do ho­me­na­je a Ma­ra­do­na, es lo que más me hu­bie­ra gus­ta­do. Pe­ro no se dio. Só­lo ha­blé una vez con él, y fue una dis­cu­sión… Fue­ra de eso, tu­ve to­das las ale­grías que se pue­den te­ner en el fút­bol.

98 ¿Los Barros Schelotto te car­ga­ban por tu na­riz? ¿Quién no? Igual, me lle­vé bas­tan­te bien con ellos, por­que se de­di­ca­ban a en­lo­que­cer al Pa­cha Car­do­zo. Le de­cían tan­tas co­sas que has­ta mi na­riz pa­sa­ba inad­ver­ti­da.

99 ¿Tan­tos go­les fue­ron pro­duc­to de la téc­ni­ca, la suer­te o el ol­fa­to? Ah, ¿la pren­sa tam­bién me gas­ta con mi na­riz? Ja, no sé, pa­teé mu­chos pe­na­les, y así metí casi la mitad de mis goles. También tu­ve la fortuna de en­con­trar va­rios re­bo­tes, y un po­co de opor­tu­nis­mo. Pe­ro bá­si­ca­men­te, la cla­ve es­tá en que a mí me gus­ta­ba ha­cer go­les. Por eso los iba a bus­car. So­to­ma­yor, por ejem­plo, ca­be­cea­ba muy bien, pe­ro no disfrutaba ir al ataque, y no iba. En cam­bio, yo me man­da­ba en ca­da ba­ru­llo que ha­bía. Principalmente, con­si­de­ro que fui un ti­po con mu­cha suer­te.

100 Ha­ce cinco años le di­jis­te a El Grá­fi­co que re­cién ibas a expresar to­das tus verdades el día que te re­ti­ra­ras. ¿Qué ver­dad te fal­tó de­cir? Ninguna. La gran ver­dad es que el fút­bol es bastante más fá­cil de lo que mu­chos lo quie­ren ha­cer. Lo com­pli­can de­ma­sia­do…

 

Por Nacho Levy

Fotos: Alberto Raggio y Archivo El Gráfico.

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