Tenis

FEDERER, WIMBLEDON Y UNA DESPEDIDA CON SABOR A FINAL

Por Pablo Amalfitano · 07 de julio de 2021

El suizo perdió con Hurkacz y no ofreció certezas sobre un eventual regreso al All England. A un mes de cumplir 40 años, la pregunta sobre su futuro tiene menos respuestas que nunca.

AQUELLA CAMINATA, ante la interminable ovación del colmado Centre Court, despertó una catarata de sensaciones. Lo más probable es que Roger Federer, al igual que miles y miles de personas en cada rincón del mundo, se haya hecho la pregunta lógica: ¿habrá sido la última vez en Wimbledon?

El suizo cumplirá 40 años dentro de un mes. Nada menos. Este miércoles perdió casi sin atenuantes con Hubert Hurkacz, un entusiasta polaco quince años menor que jugará sus primeras semifinales de Grand Slam, cuyo tenis explosivo ya lo había impulsado a ganar, por caso, el Masters 1000 de Miami. 

El dolor no radica en la derrota, claro. Derrotas hubo y habrá miles, más allá de que Federer haya cosechado muchísimas más de las primeras que de las segundas. El interrogante nace a partir de una certeza: Federer ya no es el mismo. Si bien varias veces le hizo creer al mundo que podía ganarle al tiempo, la realidad es que ese partido, como el resto de los deportistas y de las personas, tarde o temprano lo perderá. La imagen de su despedida en cuartos de final de Wimbledon, en ese sentido, cayó como un golpe bajo: el suizo ya juega los momentos límite del quinto set contra el paso de los años.

"No lo sé. Realmente no lo sé. Tengo que evaluar las cosas. Mi objetivo siempre fue intentar jugar otro Wimbledon. La meta inicial era apuntar al año pasado, aunque de cualquier manera sería imposible por la pandemia. Pude hacerlo este año y me hizo muy feliz. Como había dicho antes, sobre todo lo que viniera después de Wimbledon nos sentaríamos a hablar con mi equipo", deslizó Federer apenas el periodista le soltó la consulta: ¿Fue la última vez en la cancha central de Wimbledon?".

Certezas, ninguna; preguntas, infinitas. El análisis llevará las dudas hacia límites insospechados, pero la única verdad es la realidad: después de las dos cirugías del año pasado en la rodilla derecha su físico, por más extraño que resulte para los idealistas del tiempo, ya no reacciona como siempre. Y el dolor de ya no ser recrudeció esta semana, incluso más allá de los altibajos con los que encaró los últimos torneos desde su regreso en Doha, en marzo de este año.

En lo que va del año el suizo apenas jugó trece partidos, con un registro de nueve victorias y cuatro derrotas. Son los trece compromisos totales que protagonizó en los últimos 18 meses: hasta el regreso este año en la capital de Qatar, no jugaba desde el Abierto de Australia de 2020.

El estímulo máximo siempre fue, sin dudas, Wimbledon. El torneo en el que agigantó su leyenda más que en cualquier otro lado, el lugar que lo vio levantar nada menos que ocho trofeos después de haber desbancado, 20 años atrás, al estadounidense Pete Sampras, el rey que debió ceder su trono. Antes de la gran cita el puñado de partidos previos le sirvió, según sus palabras, para recopilar información, incluso ante el riesgo de sumar derrotas y acumular dudas.

Llegó a octavos de final en Roland Garros y desistió de jugar el partido ante Berrettini (9º) con el deseo de cuidar el cuerpo para el césped. Una vez en el pasto se despidió en Halle ante Felix Auger Aliassime, 19 años menor, y hasta se recriminó la actitud durante el tercer set. Sintió que se dejó ir y se prometió a sí mismo que no volvería a pasar. Por primera vez en su vida demoró más de dos horas en acudir a la conferencia de prensa: no quería tomar decisiones "tontas y apresuradas". Nadie sabe lo que se le cruzó por la cabeza en aquel momento.

Federer, en plena ovación tras perder en el Centre Court de Wimbledon.

Federer, en plena ovación tras perder en el Centre Court de Wimbledon.

 

Tampoco resulta posible saber lo que pensaba mientras dirigía sus pasos hacia la salida del Centre Court, con la mirada fija hacia abajo y con una mochila cuyo peso sólo se compara con la historia. "Veremos cuánto me queda en el tanque", había avisado después de superar al italiano Lorenzo Sonego. Los récords denotan grandeza: con 39 años y 337 días Federer se había transformado en el tenista masculino de mayor edad en llegar a los cuartos de final de Wimbledon, por encima de la marca del australiano Ken Rosewall (39 años y 224 días en la edición de 1974).

El tiempo no se detiene. Ni siquiera para Federer, el hombre que construyó su mito mientras se reinventaba una y otra vez para superar a las nuevas generaciones. Porque el suizo le ganó finales a Andre Agassi, retirado una década y media atrás, y derrotó a jóvenes talentos como Denis Shapovalov, Alex De Miñaur o Daniil Medvedev. En el medio, como si hiciera falta mencionarlo, se cargó un cúmulo de innumerables camadas de jugadores que jamás pudieron dominarlo. A excepción, está claro, de Novak Djokovic y Rafael Nadal, dos monstruos con los que se repartió la gloria a niveles tan altos que hoy se discute quién de ellos acabará como el mejor de los tiempos.

"Necesito ser un mejor jugador si quiero ser competitivo en el alto nivel. Ya lo sabía cuando regresé. Los mejores jugadores siempre te lo recuerdan, como hicieron Hurkacz y Auger Aliassime, por ejemplo, en Halle. Se hace difícil cuando las cosas se complican en lo físico. Analizaremos lo que tengo que hacer para estar en mejor forma. Me gustaría volver a jugar Wimbledon pero a mi edad nunca se sabe qué hay a la vuelta de la esquina", disparó Federer, como para que nadie olvide que atraviesa el epílogo de una película cuyo final, más temprano que tarde, en efecto llegará.

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