Las Crónicas de El Gráfico

1967. Bomba santiagueña en La Boca…

Por Redacción EG · 04 de junio de 2019

Central Córdoba de Santiago del Estero nació pocos días después que El Gráfico. Como regalo del centenario la crónica, con fotos inéditas, del triunfo sobre Boca en La Bombonera en el Nacional 67.

Diez mil hombres que silban el rematé de Simeone que se fue a las nubes. Diez mil hombres que un segundo después gritan Boca en el pelotazo cruzado de Gonzalito que Zarich levanta sobre el arco. Diez mil hombres que fueron a la cancha para ver una goleada, para darse un banquete de fútbol "con los santiagueños simpáticos que han llegada a Buenos Aires para hacer lo que pueden..."

Pero pueden más de lo previsto. Tienen gente hábil. Tienen pulmones bien cargados. Y tienen resto para defender su ventaja, mal o bien, con la cuota de fortuna que acompaña a todo ganador, pero sin bajar la cabeza, sin entregarse nunca.

Y los diez mil hombres ya no sienten ni la lluvia ni el frío y el partido es el drama más absoluto en un resultado que se va hacia el Norte, en las energías criollas de un equipo casi de aficionados, en las sonrisas satisfechas de la simpática muchachada que poco a poco mostró que no había llegado en excursión, sino para acentuar el gris de la tarde, para hacer más penetrante esa garúa que se evapora en los rostros al rojo de los boquenses, como si cayera sobre una plancha caliente. Diez mil hombres que ya no piensan en reciprocidades más o menos cordiales.

El vencedor de Boca. Parados: Carott, Saganias, Rossi, Chazarreta, Ruiz, Mackeprang. Agachados: Aranda, Taboada, Rojas, Pereyra y Ayunta. Para el álbum de la provincia. Archívese...

El vencedor de Boca. Parados: Carott, Saganias, Rossi, Chazarreta, Ruiz, Mackeprang. Agachados: Aranda, Taboada, Rojas, Pereyra y Ayunta. Para el álbum de la provincia. Archívese...

Diez mil hombres que entre silbidos y vivas a Boca, en el vaivén permanente del yerro al acierto, ven cómo esos dos puntos que ya habían apartado de antemano, como un truco seguro, pasan a ser del adversario que está enfrente.

Y sobre los 29' se va Víctor Pereyra. El golpeado Víctor Pereyra, que sufrió un puntapié muy fuerte de Silveira sobre el final del primer tiempo, la mete a Rojas para que éste la tire larga, escapando a Magdalena. Y un segundo después la cruza muy sesgada frente a la estirada de Roma. Y la pelota lenta entra contra el segundo palo. Es el segundo gol. Es un 2 a 0 cuando falta un cuarto de hora para terminar el partido. Es el grito que casi ni se oye dé siete u ocho santiagueños que se mojan a gusto en lo alto de la tribuna, rebeldes, levantando sus puños contra el tiempo, sacudiendo su modorra provinciana bajo el chubasco.

¿Qué pasa?

Los hombres de la camiseta blanca se abrazan en torre. Los hombres de Boca sólo tienen tiempo para contemplar el piso, resignados ante lo imposible, para luego seguir con la mirada a esos muchachos del Norte que gritan como si la cancha de Boca les fuera propia.

Aranda marco el primer gol de los santiagueños en la Boca. El puntero derecho inició así un triunfo sensacional de Central Córdoba.

Aranda marco el primer gol de los santiagueños en la Boca. El puntero derecho inició así un triunfo sensacional de Central Córdoba.

Y Boca sigue martillando. Simeone es un peligro para la estructura de los palos. El noble Rattin, peleado con el fútbol, se va adelante diez veces, choca en el área, patina, la pierde, la alcanza con la punta del pie para cederla a un costado, pero se brinda con la innegable calidad humana que tiene Rattin, con la honestidad profesional que pone Rattin aun cuando está peleado con la pelota, como ocurrió en el primer tiempo del partido.

¿Pero cuánto falta? El puntero izquierdo santiagueño hace medio tiempo que está en su área. Ya se fueron a bañar Pianetti y Ruiz luego de un intercambio de cache-tazos que Goicoechea vio a dos pasos, en primera fila. Ya los silbidos de la hinchada empiezan a ganarle a los aplausos tibios que se oían hace unos minutos...

¿Cuánto falta ahora?

Sólo tres. Sólo tres vueltas a la esfera del segundero para que Boca pierda el segundo partido en el Nacional, para que caiga en su propia cancha... y le ofrezca a su adversario la alternativa de un triunfo resonante.

Faltan tres minutos. Ya el reloj del árbitro corre al impulso nervioso de diez mil dedos que quisieran parar las agujas. Simeone se va otra vez como puntero derecho, dentro del área se la pasa a Gonzalito, volcado como wing, y éste la cruza sobre el segundo palo para que Rattin la envíe a la red en plena carrera.

Tres minutos. Nada más que tres minutos... ¿Puede ser posible?, se preguntan los diez mil que ahora claman el empate. Y la misma pregunta se la formulan el puñado de santiagueños que anuncian piedra libre en aquel clima de entierro, casi de funeral, que se respira en todos los rincones... ¿Se nos escapará este triunfo?

 

Carott, el arquero de Central Córdoba.

Carott, el arquero de Central Córdoba.

 

Y los dientes se siguen apretando. Boca tratando de dar vuelta un partido que perdió desde el pique. Central Córdoba acariciando una posibilidad de victoria que es el único fin propuesto.

Y Goicoechea marca el centro, Final. Los santiagueños, humildes hasta cuando son ganadores, fueron los primeros en adelantarse a los de Boca, quizá para pedirles disculpas por el mal momento pasado... Quizá.

Los diez mil hinchas que se protegían bajo los aleros y después se mojaron sin sentir el agua, sólo tienen silbidos... Diez mil silbidos que le ponen el marco final a la derrota más inesperada de todas, a esos dos puntos separados desde el lunes y que ahora se van al vestuario santiagueño.

Los hombres de Boca tienen el supremo gesto de la felicitación. Rattin, Marzolini y Zarich comprenden aquello, viven aquello aunque el contraste duela. Viven aquello por pensar en lo que significa para este equipo de empleados, de hombres que trabajan todos los días y que se entrenan en los ratos libres, el halago de este triunfo en el torneo oficial, la conmoción de haberle ganado a Boca en su cancha.

Ya no queda más nada. Mucha gente mojada. Muchos pedidos de "revolución" que vienen desde las plateas. Un vestuario provinciano que asiste de ojos abiertos al sueño más grande que pudo haber imaginado el más grande de sus hinchas.

ESE PRIMER TIEMPO

Cuando llegamos al pasillo nos enfrentamos con Rattin. El rostro encendido, pero la cordialidad de siempre: "Mire como tengo la pierna derecha, me duele". Y Rattin arrastraba la pierna, mientras agregaba: "Si entra esa pelota que levantó Simeone les ganamos nosotros. Es increíble". Adolfo Pedernera ("no formulo declaraciones porque nunca las hago") sale en compañía de amigos, inmutable, sereno. Magdalena nos saluda, sin fuerzas para el diálogo. Gonzalito sólo deja una frase: "En esto ya no caben las palabras. ¿Para qué vamos a hablar? No se puede hablar".

Es cierto. Ya todo es irremediable. Boca Juniors se aferra a la mala fortuna como explicación principal del contraste. A ese segundo tiempo en que tuvo ocho o diez situaciones propicias y sólo aprovechó una sola. En ese período, Central Córdoba sintió la baja parcial de Víctor Pereyra, su hombre más importante en el balance del partido. Aranda bajó a cubrir su función de primera puntada, pero no fue lo mismo. Ya sea por un estado físico incompleto o por decisión de amontonar gente atrás, lo real fue que el visitante regaló la media cancha y se refugió en su última zona. Simeone, Marzolini y Rattin comenzaron a caminar con una facilidad que antes no tenían. Los centros se repitieron sobre el arco de Carott, pero la ausencia de un hombre que peleara por alto —sólo lo hacía Rattin cuando llegaba— también contribuyó a facilitar el despeje de los zagueros centrales. Allí sí estamos de acuerdo con Rattin. Allí sí, cuando Central Córdoba comenzó a jugar con el libreto de la especulación Boca pudo empatar e incluso ganar el partido.

 

Ruiz celebrando.

Ruiz celebrando.

 

Pero antes de esto hubo UN PRIMER TIEMPO donde las explicaciones del infortunio boquense no pueden encuadrarse dentro del exclusivo argumento de "la mala fortuna". En ese PRIMER TIEMPO hubo un fracaso absoluto en casi todas las líneas, con la agravante de la lesión de Madurga a poco de comenzado el partido, que redujo a cero sus posibilidades. Pasó de puntero derecho padeciendo un notorio desgarro y no volvió en la segunda parte. Y aun In los minutos en que Madurga estuvo entero ya surgían los problemas de Boca. Ni Rattin ni Zarich hacían pie ante la habilidad de Pereyra, siempre contando con Manuel Rojas, número 9, para intentar avanzar por las espaldas de Silveira y Marzolini, estos dos perdiendo en casi todos, con una regularidad que sorprendía, casi en la misma medida que el buen planteo de Central.

Había salido encimando bien, no dejando resquicios adelante. La falta de un hombre que hostigara de firme a la última línea también lo favoreció. Zarich arrancaba de atrás. Madurga arrancaba de atrás. Novello bajaba a buscarla porque no le llegaba nunca. Gonzalito dejó la raya para pasar a trabajar de Madurga cuando éste quedó en una pierna. ¿Y quién iba arriba? Sólo Pianetti, sólo la voluntad del "Pocho" Pianetti para intentar la suerte de lotería de su remate sorpresivo, de su puntería fallida con la pólvora mojada en esta semana que lo vio mal en Asunción y en la Boca.

La desesperación llegó temprano. A los 20' un remate de Aranda, desviado en Magdalena, venció a Roma. Y Boca en vez de tranquilizarse, impresionado quizá por los contrastes anteriores del rival, creyendo menos de la cuenta en los méritos de su oponente, se lanzó hacia adelante sin mirar hacia atrás. Y atrás quedaba una franja libre que iba de las espaldas de Rattin y de Zarich hasta la lejana ubicación de Magdalena. Central Córdoba fue ligero en la réplica no quedándose con la pelota, jugándola desde el arranque en la salida clara de Saganías y en la seguridad de Pereyra, Rojas y el mismo Taboada. Silveira y Marzolini seguían sin encontrarse, dejando un ancho camino a sus espaldas. Las corridas de Simeone también dejaban campo fértil para el contraataque.

Y pese a ellos, pese a los gritos de Gonzalito "por jugar tranquilo" se fue a la montonera, al cabezazo de Magdalena en un comer, a algún tiro del número 4 que amenazaba con romper cuanto paraguas se interpusiera en el camino.

Central Córdoba hacía lo que Boca dejaba de lado: desmarque, toque, pelota contra el piso y cambio de frente, a derecha o izquierda para la mandada a fondo.

Y Aranda cabeceó solo frente a Roma. Y Rojas se fue sobre la izquierda del área, también solo, y el barro se puso la camiseta de Boca para frenarlo.

Allí no cabe la mala suerte. Allí sólo hubo un equipo que jugó redondamente mal, que quizá subestimó a su adversario en la misma medida que San Lorenzo "ignoró" a San Martín de Mendoza ocho días atrás. En ese primer tiempo está el mayor mérito de la honesta victoria santiagueña. En esos primeros 45 minutos Central Córdoba JUGO MEJOR QUE BOCA, redondamente, sin que nadie pueda negarlo. Ni los diez mil practicantes de silbidos. Ni aquellos siete u ocho santiagueños en lo más alto del estadio.

Los santiagueños felices, le ganaron a Boca en la Bombonera, algo histórico.

Los santiagueños felices, le ganaron a Boca en la Bombonera, algo histórico.

Final: una derrota muy difícil de levantar para el local. Un triunfo que Central Córdoba se lleva orgulloso a su provincia para ponerlo en la vitrina de su mejor recuerdo.

¡SANTIAGO! ¡SANTIAGO!

Central Córdoba de Santiago del Estero nunca había jugado contra Boca Juniors. Por eso la alegría de este triunfo, dentro de un vestuario eufórico, sí, pero sin excesos. Podemos decir que el respeto por el adversario, y eso lo advertimos en la misma cancha, fue tan importante para ellos como el triunfo.

Solamente el grito de "¡Santiago! ¡Santiago!" que se escuchó en la calle al final cuando el micro salía rumbo al hotel rompió la monotonía de un silencio que en la Boca era de tumba. Y mezclado entre ellos, entre esos que gritaban, estaba el "Chango" Arce, el gran crack santiagueño del basquetbol ahora jugando en Atlanta.

Llegaron los jugadores y los dirigentes el sábado a las 23 en un Caravelle de Aerolíneas procedente de Tucumán. Y regresaron a la provincia con esa sensacional victoria entre las manos en el día de ayer (lunes) donde seguramente debe haber sido fiesta provincial.

La noche del domingo fue de festejos que arrancaron allí mismo en el Hotel San Carlos, en pleno centro (Suipacha 39) donde pernoctaron. "Este es el tercer punto que ganamos este año. Le habíamos empatado a Vélez allá en nuestra cancha, pero esto supera nuestros cálculos". El presidente de la Liga, Leopoldo ldavi, hablaba serenamente pero reflejando esa íntima alegría que dan solamente estas situaciones. Lo escuchaban y agregaban datos otros tres dirigentes que acompañaron la delegación: el arquitecto Néstor R. Cáceres, Rodolfo Aranda y el médico Dr. Raúl S. Díaz. Prepara físicamente al equipo el profesor Luis Alfano.

 

Manuel Rojas saluda a su rival.

Manuel Rojas saluda a su rival.

 

Estos son los hombres de la hazaña: ANTONIO CAROTT, de 30 años, es maestro de escuela; RENE RUIZ, empleado en una oficina, de 33 años; JUAN CARLOS ROSSI, empleado, de 26 años; HECTOR SAGANIAS, empleado en la Policía de la provincia de 23 años; el conocido ALFREDO ERALDO MACKEPRANG, 3mpleado judicial, de 23 años; ALBERTO CHAZARRETA, muy joven, de 19 años, empleado, que no tiene nada que ver con los Chazarreta del básquet; MANUEL ROJAS, de 21 años, que está haciendo el servicio militar; JOSE PATRICIO AYUNTA, de 30 años, empleado de la Policía; RENE TABOADA, 20 años, estudiante de comercio; MARCELO ARANDA, taxista, de 24 años; VICTOR PEREYRA, 21 años, estudiante, ya recibido de tenedor de libros.

El único "préstamo" que tienen es el del volante Rossi, que viene del club Mitre, de Santiago.

El presidente del club, en medio del vestuario, parecía estar falto de brazos para estrechar a tantos amigos y recibir tantas felicitaciones. Angel Guillermo Alegre, de 44 años, comerciante en el ramo forestal y ganadero, hablaba emocionado: "Esta es la satisfacción más grande de mi vida. Imagínese, y usted lo sabe, cómo recibe Santiago del Estero esta clase de triunfos. Por eso ya me imagino cuando lleguemos allá..."

Y otro dirigente, que escuchaba a su Presidente, terció en la conversación, "Vélez Sársfield ya nos apalabró a Rojas, Chazarreta y Víctor Pereyra. Por Chazarreta tiene interés River. Y Boca también sabernos que gusta de Manuel Rojas..." Creemos que después del domingo pasado, otro Rojas entrará en "onda" en Boca.

Este fue, sin duda uno de los domingos más grises en la historia de Boca. Pero sin duda fue también el de más color en la modesta historia de estos hombres santiagueños que se entrenan cuando Pueden, generalmente después de las 4 de la tarde... Sin horario estricto, Y después de haber trabajado o estudiado la mayor parte de las horas del día...

ASÍ SE FESTEJÓ EL SEGUNDO GOL

 

Carott y Chazarreta se abrazan.

Carott y Chazarreta se abrazan.

 

No lo pueden creer, Central Córdoba está ganando en la Bombonera.

No lo pueden creer, Central Córdoba está ganando en la Bombonera.

  
La felicidad en sus rostros.

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Por Piri García.

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