Las Crónicas de El Gráfico

1988. El día que el fútbol casi muere desangrado

Por Redacción EG · 02 de mayo de 2019

A minutos de empezar Instituto y San Lorenzo en Córdoba, una bomba estalla en el vestuario visitante hiriendo de gravedad al jugador Claudio Zacarías. Crónica y fotos inéditas de una pesadilla inconcebible.

La pesadilla no termina, aunque haya un alivio. El doctor Hugo Lobbe, médico traumatólogo de San Lorenzo, acaba de salir de uno de los quirófanos del Hospital de Urgencias de Córdoba. Son las 17.47 y cuenta con el drama en su rostro:

"En este momento el peligro de muerte pasó, pero estuvo muy cerca. La herida cortante tocó el dorsal ancho y el pectoral mayor, con lesiones venosas. Lo prioritario ya se hizo: parar la hemorragia y transfundirlo. Ahora lo vamos a trasladar al Hospital Español de Córdoba, tiene que actuar un neurocirujano, en lo posible hoy mismo, porque está afectada la movilidad y la sensibilidad del brazo izquierdo. Si todo va bien y no hay complicaciones tiene para seis meses de recuperación. Esto fue muy bravo, lo salvamos de morir; el doctor Rodofile (médico clínico de San Lorenzo), Juancito Mendoza (kinesiólogo), el personal policial y yo. Del vestuario hasta el quirófano pasaron apenas 25 minutos. Esto fue criminal, en el camión de la policía que nos trajo hasta aquí yo pensé que se me iba, que se desangraba".

Claudio Zacarías es trasladado a un hospital en Córdoba, producto de la agresión recibida en la previa del partido a disputarse entre Instituto y San Lorenzo.

Claudio Zacarías es trasladado a un hospital en Córdoba, producto de la agresión recibida en la previa del partido a disputarse entre Instituto y San Lorenzo.

Sí, criminales, como dice Lobbe. Las manos que pusieron la "bomba de pirotecnia" (informe oficial de la policía cordobesa), los ideólogos, si los hay. Se trataba de un partido de fútbol, estaban por jugar Instituto y San Lorenzo en el estadio de Alta Córdoba. Sí, por jugar, porque Juan Carlos Loustau ya estaba en la cancha, había salido a las 15.25, antes que los equipos. Se acercó al círculo central, giró, miró hacia el túnel, de pronto vio una seña, escuchó una voz llena de angustia...

Aquí comienzan los relatos, parece una pesadilla pero es real. Cuenta el Nano Areán: "Nos volvimos locos todos, yo salí del vestuario y le empecé a gritar a Pichi (se refiere a Loustau): vení que pusieron una bomba'. Pichi estuvo diez puntos, otro juez se queda en la mitad de la cancha y sí sale Instituto no sé qué pasa".

Lo que vio Loustau, al volver de la cancha, despejó todas sus dudas: el horror se había instalado en el vestuario de San Lorenzo. El árbitro se apoyó en una pared, a él también lo abofeteaba una mano demencial. Varios gritos piden paso para una camilla que transporta un herido envuelto en toallas, la mirada perdida, perdiendo sangre, haciendo un camino color rojo. Es Claudio Hugo Zacarías, 23 años.

Una bomba explotó en la vestuario visitante cuando el plante de San Lorenza estaba allí. El más afectado fue Claudio Zacarías.

Una bomba explotó en la vestuario visitante cuando el plante de San Lorenza estaba allí. El más afectado fue Claudio Zacarías.

Los hombres de EL GRAFICO llegan en ese momento. Comienza una tarea de reconstrucción. El Bambino Veira tiene un ataque de nervios. 'Esto es lo más grave que vi en una cancha de fútbol, son asesinos, asesinos..." Los jugadores de San Lorenzo se miran entre ellos, hay otros heridos, nadie lo puede creer. Chilavert volvió de la calle, con otras personas llevó la camilla en un furgón de la policía que se utiliza para transportar tropas y ahora llora con sonidos espasmódicos. Hay sangre en el piso, vidrios rotos, voces, una sensación de caos. A las 15.40 alguien habla de dadores de sangre, todo transcurre con una sensación de vértigo.

Veira había dado la charla técnica, el profesor Weber terminaba de marcar los ejercicios de elongación, eran las 15.24, los jugadores completaban una ceremonia futbolera: ponerse la camiseta, ajustar el cordón de los zapatos. Algunos, no todos, vieron un resplandor a través de los vidrios que cerca del techo del vestuario actúan como un ventiluz. Enseguida un ruido ensordecedor. Marcelo Trento, de LV 3 de Radio Córdoba, estaba con los auriculares puestos, en el hall contiguo: "Fue una explosión tremenda, parecía que el piso se movía. La puerta del vestuario se abrió y escuché gritos, algunos jugadores salieron como locos, a medio vestir'.

Otra vez Areán, para recordar esos segundos infernales: "Yo hablé con Zacarías, un momento antes, le dije que todo tipo de Instituto que apareciera a espaldas de Giunta o Siviski eran hombres de él. La charla la había dado el Bambino, pero yo siempre agrego cositas. Me di vuelta, caminé un par de pasos y escuché la explosión. Al lado de Zacarías estaban Chilavert, Siviski y Giunta…".

El lamentable hecho pudo haberle costado un brazo al jugador de San Lorenzo, e inclusive su vida. Afortunadamente eso no ocurrió.

El lamentable hecho pudo haberle costado un brazo al jugador de San Lorenzo, e inclusive su vida. Afortunadamente eso no ocurrió.

Los médicos mantuvieron la calma en todo momento, lo mismo que Weber. El presidente Miele estaba en el hall contiguo, ya se iba para el palco oficial. Volvió, miró lo que ocurría y cayó en un profundo shock nervioso; tardaría más de media hora para reponerse.

El doctor Rodofile confiesa en la noche del domingo, cuando la delegación emprende el regreso desde Pajas Blancas. "El primero que atendimos fue Zacarías porque era el que más sangraba, en un primer momento no me di cuenta de la gravedad, hasta que le vi la cara a Lobbe. Apenas lo vio me comentó: 'Hay que He-vario enseguida, no me gusta nada'. Se hizo una compresión de emergencia. El pibe se asustó cuando vio tanta sangre. Pobrecito, me dijo Lobbe que en el camión de la policía, llegando al hospital, le dijo: 'Doctor, no me deje morir'. Si Dios quiere de ésta sale bien".

Todo ocurrió al lado de Chilavert, quien resultó con heridas menores, al igual que Siviski. "Cuando escuché la explosión —cuenta el arquero— hice un gesto instintivo, como si me defendiera de una piña en la cabeza. Creo qué Zacarías hizo lo mismo y eso lo salvó de una muerte segura, porque el bloque de vidrio le dio en la axila. Los dos estábamos debajo de la ventana donde pusieron la bomba. Dios no quiso que me pasara a mí, pero estoy loco, nunca creí que por el fútbol se hicieran cosas como ésta."

La sangre de Zacarías cubre un sector del vestuario, las corridas mancharon medias y zapatos y el color púrpura va dejando huellas en todos los rincones, como extendiendo el sentimiento trágico. El bloque de vidrio que cayó de la ventana, el más grande, mide cincuenta centímetros por cuarenta, parece una guillotina. Lo es, porque tenía un mensaje de la muerte.

Así quedó el vestuario visitante del estadio de Instituto. La sangre en el piso es la muestra cabal de la barbaridad que se vivió aquella tarde en la docta.

Así quedó el vestuario visitante del estadio de Instituto. La sangre en el piso es la muestra cabal de la barbaridad que se vivió aquella tarde en la docta.

El desconcierto se instaló en el estadio. Las portátiles llevaban noticias pero faltaba una definición. Loustau estaba en su vestuario, indeciso. ¿Qué hacer? El reglamento tiene pautas, precisiones. Se reunió con Fernando Miele y Angel Desidero Gutiez (presidente de Instituto) en el despacho de este último. Se intentó una llamada a la casa de Julio Humberto Grondona, pero las comunicaciones fallaron. Miele dijo que sus jugadores no podían entrar a una cancha de fútbol. Gutiez no lo exigió expresamente, pero insinuó que el partido debía jugarse. Por fin, Loustau hizo lo más atinado: 'Suspendí por recomendación de los médicos, los jugadores de San Lorenzo no podían actuar en ese estado de ánimo y bajo esas condiciones". A las 16.22 el partido quedaba a decisión de la Asociación del Fútbol Argentino. A esa misma hora un jugador de fútbol estaba en el quirófano, todavía vestía parte de su atuendo profesional.

Ya estaba actuando la Comisaría 7° de la Policía de Córdoba, incluso con apoyo de la División Criminalística. El cabo Ricardo Almada estaba a cargo de la vigilancia en la puerta del vestuario de San Lorenzo. "Los que pusieron la bomba entraron por la puerta 24, que da a un sector de boleterías en desuso. Hay que ver cómo llegaron hasta ahí, si alguien abrió o forzaron la puerta."

La preocupación en los rostros de Héctor Veira, Ortega Sánchez, Arean y Perazzo.quien se acercó al hospital para seguir de cerca la evolución de Claudio Zacarías.

La preocupación en los rostros de Héctor Veira, Ortega Sánchez, Arean y Perazzo.quien se acercó al hospital para seguir de cerca la evolución de Claudio Zacarías.

¿Es como dice el cabo? Con el correr de los minutos se sumó otra teoría. Se habría forzado una pequeña ventanita de esa boletería y por ahí tiraron la bomba de estruendo ("pirotecnia" en el lenguaje oficial). La fuerza expansiva habría roto el vidrio del ventiluz y sobrevino el dramático episodio. Un detalle que no pasó inadvertido. Ese ventiluz está compuesto de cuatro sectores: tres tienen vidrio con refuerzo de metal, el que se cayó era de menor calidad, sin defensas y por la masilla de su contorno se apreciaba que había sido colocado uno o dos días antes. ¿Casualidad? Sí, puede ser casual...

Los jugadores de San Lorenzo no creen en la teoría de la ventanilla forzada. Ellos dicen que la bomba estaba colocada y que se accionó con una mecha, que sería ese fogonazo que vieron algunos antes del estruendo que hizo estallar el vidrio. Es la idea que tiene puntos de contacto con la visión del cabo Almada.

Walter Perazzo y Bernuncio consternados en el vestuario del horror.

Walter Perazzo y Bernuncio consternados en el vestuario del horror.

¿Quién puso la bomba? En la medianoche del domingo la policía seguía investigando. ¿Mano de obra desocupada? Alguna vez lo dijo un ministro del gobierno. ¿Reaparecieron en el fútbol? ¿Gente allegada a Instituto? Parece imposible, no se está jugando ni el descenso ni un campeonato, que a veces despierta mentes enfermizas en los clubes. ¿Un intento de amedrentar un rival y la bomba causó efectos no deseados? Podría ser. Una vez dos imbéciles se pusieron a jugar con bengalas en la cancha de Boca y mataron a un inocente llamado Roberto Basile. Todas las preguntas tienen fundamento. Y cualquiera sea la respuesta, para sus autores, sólo cabe un grito: ¡Asesinos!

 

Por NATALIO GORIN  Notas: NILO NEDER

Fotos: GERARDO HOROVITZ, VICTOR SAAVEDRA y ALEJANDRO PAGNI.

 

 

Un canto a la vida

 

Después de dos operaciones, Claudio Hugo Zacarías salvó su vida y también su brazo. Del domingo de horror a una semana feliz, que reunió a toda la familia en el Hospital Español de Córdoba.

La frase anda por ahí, tiene origen difuso pero marca una vieja verdad: "La ficción jamás supera a la realidad'. Si a un autor de esos denostados teleteatros se le hubiera ocurrido una historia parecida a la de la familia Zacarías, la que vivieron la semana anterior, lo menos que se hubiera dicho de él es que es un "fantasioso", para elegir una palabra benévola.

Una sinopsis diría que el sábado 7 de mayo de 1988, en un pueblito de la costa adriática italiana, el padre, Santos Zacarías, estaba en el rincón victorioso de un boxeador que él llevó de la nada a un título mundial; que ese padre de tres hijos (dos varones y una mujer) sigue siendo el jefe indiscutible de la familia, a la antigua, aun con los hijos casados. Precisamente, desde Roma, dos días después de la pelea, el padre llamó a Brest, Francia, para confirmarle a su yerno Jorge Higuaín que estaba en camino de su casa, junto a su esposa Angélica, para conocer al tercer nieto que les había dado su hija. En rigor, Santos tiene seis, otros tres son del matrimonio de su hijo Alberto. El mensaje de Higuaín fue inesperado, casi un golpe de nocaut en la sien de Santos: "Sería mejor que llame a Buenos Aires, me acabo de enterar de un accidente que sufrió Claudio antes de empezar el partido en Córdoba'. A esa hora, Claudio Hugo Zacarías, el protagonista de esta historia, estaba en la sala de terapia intensiva del Hospital Español de Córdoba, luego de sufrir dos operaciones en menos de doce horas. Sus padres, Santos y Angélica, iniciaron el desesperado regreso desde Roma. En Buenos Aires, desoyendo consejos de su madre, Karina, la esposa de Claudio, también iba hacia Córdoba; ella y su hermoso vientre de ocho meses, donde ya vive el que será el séptimo nieto de Santos. Todos se reencontraron el martes por la noche en la sala de terapia intensiva: Claudio, aún bajo los efectos de ese shock que puso su vida en peligro, sus padres, su hermano Alberto, quien había llegado a Córdoba el mismo domingo por la noche, y Karina, que por esa emoción y por haber viajado en avión, comenzó a sentir las primeras contracciones del parto, y ahora también ella está internada en el Hospital Español de Córdoba.

 

Sus padres fueron quienes estuvieron junto a él.

Sus padres fueron quienes estuvieron junto a él.

 

Otra vez aquella frase, emitiendo señales: "La ficción jamás supera a la realidad'. La familia Zacarías lo sabe para siempre, mientras las nubes del drama empiezan a diluirse. En la cara de Santos se estaciona un sol tibio del otoño cordobés. Ahora sonríe, está en el jardín del Hospital Español. El periodista recuerda el simple verso de una canción: "El sol no es sol si no brilla en tus ojos'. Tanto cambió su ánimo que hasta lanza una profecía: "Mi hijo vuelve a jugar en menos de un año, porque es fuerte, porque se llama Zacarías'.

En la historia del caso falta un eslabón. Cuando EL GRAFICO cerraba su edición, la semana pasada, Claudio entraba de nuevo al quirófano, esta vez en el Hospital Español. De la cancha lo habían trasladado al Hospital de Urgencias para realizar la tarea prioritaria, detener la hemorragia (perdió dos litros de sangre) y transfundirlo, pero era vital, según los médicos, una segunda intervención. Es la que relata el doctor Juan Carlos Salinas, quien actuó junto al doctor Carlos Gotusso:

'La de Claudio era una típica herida de guerra, pero rara, parecía causada por un machete o una guillotina. Los médicos teníamos dos tareas a realizar. 1) Recuperar al hombre; todos sabemos en qué peligro estuvo. 2) Devolverle vida al brazo, que estaba muerto por efecto de la herida. Esto último fue lo que se hizo en este hospital (Español), con una operación de microcirugía (se utiliza el micros-copio) que se extendió desde las 22 del domingo hasta las 7 de la mañana del lunes. Es una intervención muy compleja, Claudio tenía los nervios seccionados, Y los primeros resultados permiten ser optimistas. Ya se hizo un examen que nosotros llamamos electromiograma y se comprobó que el brazo tiene conductividad. En palabras poco ortodoxas yo diría que por los nervios volvió a circular la electricidad. Claudio tiene movilidad en tres dedos, le falta el meñique y el angular, porque esos dependen del cubital, y como ahí hubo pérdida de sustancia se deja para una futura operación".

Santos Zacarías es un hombre simple, de reacciones primarias, y en este caso muy entendibles. Estaba viviendo la euforia del triunfo de Látigo Coggi, su pupilo, se iba de paseo con su esposa, hasta Brest, Francia, para conocer a otro nieto, y de pronto recibe noticias del drama que está viviendo su hijo Claudio. Su reacción superó las palabras normales: Si no se hace justicia, yo mismo voy a buscar a los culpables. No sé qué espera Angeloz para prohibir el fútbol en Córdoba, o por qué no interviene Alfonsín; se habló mucho de la seguridad en las canchas pero nadie hace un c...". Estaba en Italia, lejos de Córdoba, la distancia deforma las cosas, y todo tiene su lógica: 'Lloré casi todo el viaje, porque creía que me estaban engañando, que me iban a contar la verdad en Ezeiza, que Claudio estaba muerto. No quería decirlo en voz alta porque mi mujer estaba peor que yo".

Claudio Zacarías en pleno diálogo con Natalio Gorin, quien le muestra la nota donde EL GRÁFICO contaba lo sucedido la tarde fatídica.

Claudio Zacarías en pleno diálogo con Natalio Gorin, quien le muestra la nota donde EL GRÁFICO contaba lo sucedido la tarde fatídica.

Pasaron las horas y la historia sumó días. Santos tiene el drama en la cara, pero también el sol, está más tranquilo, ya no amenaza, no quiere tomar el papel de justiciero, y desde un razonamiento simple emite esta frase que encierra una parte de la realidad: No digamos que fulano es barra brava. . . Son barras bravas cuando van todos juntos, de a cien, uno por uno no valen y no sirven para nada'.

Y Claudio, el protagonista... Estuvo 48 horas en la sala de terapia intensiva, después la mejoría lo llevó a la habitación 209. Esa mañana del jueves le dijo a su hermano Alberto: "Hoy a las 10.30 vienen los muchachos de EL GRAFICO, que pasen en seguida, ya lo sabe el director del hospital, el doctor Vergara'. En la puerta de la habitación hay un pequeño cartel: "Están estrictamente prohibidas todas las visitas". A las 10:30 Claudio dormía profundamente y hubo que esperar un par de horas para encontrarse con su mano extendida, la derecha, su sonrisa, y la explicación que por supuesto estaba de más, pero que sirvió para acercarse a la vida de los Zacarías, cuando la pesadilla está lejos, en retirada, vencida.

— ¿Sabés qué pasó? No dormí en toda la noche, me puse nervioso por Karina, es nuestro primer hijo, se quejaba, y yo no podía hacer nada, tengo absolutamente prohibido cualquier movimiento. Cuando empezó a tener los primeros síntomas, los médicos decidieron internarla en el sector de Maternidad, y ahora nos hablamos por teléfono, de una habitación a la otra. La idea de los médicos era llevarme a Buenos Aires, así podía volver toda la familia, pero esto de Karina cambió todos los planes. Sería bueno, dicen los médicos, que el parto se retrase unos días, así entra en el noveno mes, pero quién lo sabe...

— ¿Ya eligieron el nombre?

—Desde hace un tiempo, pero anoche hubo un pequeño cambio de planes. Si es varón se va a llamar Claudio Santos, por el papá y el abuelo, y si es nena María Belén o Milagros. Esto de Milagros se nos ocurrió anoche, te imaginarás por qué... A mi mamá le gusta mucho.

—Si es varón, tu hijo se va a llamar Santos (de segundo nombre), y en estos días que llevo cerca de ustedes, he visto que casi todas las decisiones, hasta las más simples, pasan por tu padre. Es una familia a la antigua.

—No sé si es a la antigua, lo que es verdad es que estamos muy unidos. Mis hermanos y yo nos sentimos orgullosos del viejo; es un gran tipo, muy honesto, un luchador. A algunos no les gusta que sea así, frontal, medio mal hablado, pero para nosotros es el mejor.

—Recién me dijiste que tenías el brazo inmovilizado. ¿Te molesta esa posición?

—Mirá (Claudio corre la cobija y asoma el enorme vendaje que le cubre casi todo el lado izquierdo del cuerpo). Es una posición incómoda. Los médicos me dijeron que tengo que estar así, casi sin moverme, uno o dos meses. A mí no me importa, si es por volver a jugar al fútbol me quedo así todo el tiempo que haga falta. Ya tengo buenas noticias, el brazo me duele, y eso es un gran adelanto, cuando salí del estadio lo tenía muerto, no lo sentía…

Padre e hijo y el futuro en esos escarpines. Claudio será padre. Uns sonrisa para olvidar la pesadilla.

Padre e hijo y el futuro en esos escarpines. Claudio será padre. Uns sonrisa para olvidar la pesadilla.

En una mesita, junto a la cama, la última edición de EL GRAFICO, la sonrisa de Coggi y de su padre en la tapa, el drama de Córdoba en letras grandes. El periodista la abre y de pronto asoma un título: "Doctor, no me deje morir".

—Me gustaría volver al domingo pasado, si vos querés...

—Dale, dale...

— ¿Te acordás cómo fue?

—Ustedes lo contaron mejor que nadie, porque le preguntaron al Nano Areán. Un minuto antes, por ahí menos, me había dicho: «Claudio, lo tuyo es muy importante, tipo que aparece a espaldas de Giunta o Siviski es hombre del seis de San Lorenzo". Bueno, yo vengo jugando de stopper y Marchi de último hombre.

— ¿Y tenés idea de cómo te lastima el vidrio?

—Hubo una explosión, y para que el vidrio me corte bajo la axila yo tengo que haber levantado los brazos, pero te juro que no recuerdo cómo fue. Sentí un gran dolor y el brazo me quedó colgando. Ahí me asusté mucho. Lo vi a Juancito Mendoza (kinesiólogo de San Lorenzo) y le dije: 'Juan, me c... el brazo, no lo puedo mover'. Estaba perdiendo mucha sangre, no sé cómo fue todo lo demás, ni cómo me sacaron del vestuario, estaba medio desmayado.

— ¿Qué otra cosa recordás?

—A partir de la primera operación, todo. Pero estaba muy asustado, me hablaron de una segunda operación, de que me llevaban al Hospital Español porque allí no tenían los elementos, y empecé a pensar lo peor: que me moría. Los médicos se portaron diez puntos, me sacaron la angustia. Uno de los cirujanos que me operó, el doctor Salinas, me ayudó mucho. Yo estaba desespera-do, me puse a llorar y le dije: «Me voy a morir y no voy a conocer a mi hijo'. El doctor Salinas me agarró la mano y me hizo una apuesta: "Vamos por dos asados, uno en Córdoba, lo pago yo, y otro en Buenos Aires, que hacés vos, pera mandame el pasaje porque mucha guita no tengo. En los dos asados te voy a recordar estas palabras, vas a quedar vivo y bien'. Me estaban por operar por segunda vez.

— ¿Cómo te acordás de todas esas palabras?

—Porque en ese momento se me terminaba el mundo. Pero pará, que después me hizo reír, y entonces le tuve más confianza. El doctor Salinas me dijo otra cosa: "¿Así que querés conocer a tu hijo? Bueno, y qué querés que sea, ¿nena o varón?". Yo le contesté varón, y entonces me hizo reír: "Bueno, va a ser varón, pero te va a salir p...". Ahí empecé a vivir nuevo, no me sentía tan mal.

—Si viste EL GRAFICO ya sabés cómo quedó el ranking de abril: sos el mejor seis del fútbol argentino, en este momento...

—Yo sabía que estaba jugando bien, pero el ranking fue una sorpresa. También me dijeron que me estaba siguiendo Bilardo, él siempre juega con stopper; yo no lo pude confirmar, pero un rumor de ésos te agranda.

— ¿Y ahora, Claudio?

—Ahora hay que pensar en muchas cosas: en el hijo que está por venir, en la familia, en la recuperación y en volver al fútbol. Los Zacarías somos de cabeza dura. Voy a volver a jugar, porque tengo unos compañeros bárbaros, el plantel de San Lorenzo es lo más sano que hay porque tengo 23 años y porque luche toda mi vida para jugar en una primera división.

— ¿Córdoba va a ser un recuerdo ingrato por el resto de tu vida?

—No, seguro que no. Primero porque no soy rencoroso. Y segundo porque los cordobeses se portaron mil puntos. Hay uno que tiró una bomba, un pobre tipo pero yo pienso en los policías que me llevaron al hospital, en los médicos, en las enfermeras y en los jugadores de todos los clubes de Córdoba que vinieron a dar sangre.

—Bueno, ¿y cómo imaginás tu regreso al fútbol...?

—Me gustaría volver un día de un partido grande, que haya mucha gente, que toda mi familia esté en la platea... Se le hizo un nudo en la garganta, su voz se quebró. La despedida fue en silencio, entre sonrisas. El periodista también tenía un nudo en la garganta.

 

NATALIO GORIN

Fotos: FABIAN MAURI.

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