Las Crónicas de El Gráfico

2000. River 2 – Boca 1

Por Redacción EG · 19 de noviembre de 2018

Nueve años después vuelven a verse las caras River y Boca por Libertadores. Más efectivo que brillante el equipo de Gallego derrota al de Bianchi, a pesar de la magia de Riquelme. Crónica, fotos y video.

Libertadores 2000. River 2 (Ángel , Saviola) - Boca 1 (Riquelme)

 

RIVER NO PERDONO

La capacidad para aprovechar los errores del fondo de Boca y su propia solidez defensiva fueron los cimientos de la victoria de River. Generando una actuación más efectiva que brillante, el equipo de Gallego pegó primero en los dos tiempos, aunque le faltó mayor determinación para abrochar un resultado más amplio. Impreciso en el traslado y perdiendo dos de cada tres pelotas divididas en el medio, Boca dependió demasiado de la magia de Riquelme. Que es mucha, pero no tanta como para ganar solo un partido.



LA FIGURA: Mario Yepes 8 (River) Gran trabajo del colombiano, tanto en el anticipo como en los cierres a ambos costados, Ni Delgado, ni Moreno pudieron quebrarlo a lo largo de todo el partido. Un pilar de la victoria.



 

EL ÁRBITRO: Claudio Martín (5)  Cobró bien, pero castigó mal. Más de uno debió irse expulsado por patadas mal intencionadas o protestas desmedidas.

 

LOS MEJORES . Lombardi (7): Como dirían las crónicas de antaño, "clausuró su lateral". Fue muy importante en el anticipo y la presión del delantero que avanzó por su costado. Pasó bien al ataque.

Trotta (7): Muy firme. Después de chocar con Yepes, los delan-teros de Boca fueron por su sector y tampoco pudieron.

Riquelme (7): Talento e inspiración en conmovedora soledad. Convirtió su primer gol oficial en el superclásico con un tiro libre magistral.

 

LOS PEORES. Córdoba (4): Error fatal en el primer gol de River y entrega muy comprometida para Ibarra en el segundo. Levantó cuando le tapó un mano a mano tremendo a Saviola.

Delgado (4): Voluntad y poco más. Todavía está lejos de su mejor nivel futbolístico, como si la adaptación a Boca le estuvie-ra costando más de lo previsto.

Moreno (4): Encaró, pero perdió casi siempre. Tampoco participó con acierto en los circuitos de ataque. Después de la explosión le vino el bajón.

Elias Perugino

 

RIVER - DESHOJANDO LA MARGARITA

Alcanza, no alcanza; alcanza, no alcanza. ¿Y vos cómo la ves? ¿Te parece que llegamos? ¿Será suficiente la diferencia'? No bien terminó el clásico del Monumental, los hinchas de River comenzaron a deshojar la margarita de temores, angustias y afines, rito que repetirán hasta que se haya jugado la última bola el próximo miércoles. A contrapelo de los últimos años ahora el hincha de River tiene razones para sufrir: no existe una diferencia futbolística notoria sobre su rival. En la última década, en pleno auge de la racha maldita, las cosas estaban muy claras: Rever era mejor en los papeles, lo insinuaba por instantes en el clásico, pero indefectiblemente se desbarrancaba ante la primera adversidad. Fuerte en fútbol, como lo demostró históricamente a través de 70 años de profesionalismo, y débil en carácter. Esa era la ecuación. El hincha millonario sólo soñaba con la ruptura del embrujo; el resto lo debía hacer el equipo con su juego. Ahora, las cosas se han equilibrado. Será por las lesiones, por el trajín, por lo que sea.

Lo cierto es que River ya no es tan superior en los papeles. En el Monumental, cuando debió marcar las diferencias, lo hizo apenas por una luz. Una luz muy tenue. Y envió una señal preocupante: las dos veces que pasó adelante en el marcador enseguida se retrasó demasiado para apostar al contraataque. Encima, cometió un pecado que con Riquelme enfrente es casi un suicidio: hizo demasiados foules en la puerta del área. Antes del gol, Boca ya había dispuesto de dos ocasiones similares más. Con Alvarez, Coudet, Escudero, Díaz y Gancedo fuera de combate; con Zapata, Castillo, Rambert y Pereyra faltos de fútbol; con Aimar y Ángel entre algodones, sin recuperarse aún de sus últimas lesiones, River se jugará el resto en la Boca. No le conviene colgarse del travesaño: ya lo sufrió en el partido del campeonato. Aparte, con tantos lesionados, tal vez ni le alcance para tapar el arco.

DIEGO BORINSKY



BOCA - VELAS PARA SAN ROMAN

Riquelme la lleva. Riquelme la aguanta. Riquelme piensa. Riquelme maneja la pelota parada. Riquelme asiste. Riquelme define, Hoy, más que nunca, el fútbol del Boca de Bianchi depende de la lucidez de Román. Quedó patéticamente al desnudo en los dos primeros clásicos. Lejos de cohibido, esa orfandad de acompañantes hizo emerger toda su personalidad de crack. La pidió siempre; encaró por adentro y por afuera; banco y desbancó a la marca; mostró el camino y no tiró la toalla ni cuando estuvo fundido físicamente. Porque en los últimos quince minutos fue más de punta, confundió a los centrales, atemorizó a todo el fondo de River. La falta de interlocutores no parece ser un problema de sistema sino de actitud y aptitud individual. Detrás de la rotación de hombres en el medio y adelante "porque los volantes y los delanteros son los que más sufren el desgaste" las decisiones de Bianchi también denuncian que los carrileros y los puntas no rindieron a pleno.

De lo contrario, se hubieran afirmado como sí lo hicieron los del fondo, Román y Traverso en su versión de volante central. Marchant fue el que más se aproximó al aprobado en la necesaria dualidad del correr y el jugar. Pero el resto no. A Basualdo lo condicionaron las imprecisiones en las entregas. Navas fue vértigo con anteojeras. Gustavo alternó una gambeta con una discusión. Guillermo alternó una discusión con otra discusión. Delgado, jaqueado por las lesiones, todavía no enganchó el ritmo. Moreno parece empantanado en la meseta post explosión. Y Barijho está sólo para el último toque, no engrana en la circulación. Sin demasiado brillo, pero con el mento determinante de haberse puesto dos veces en ventaja durante el partido del Monumental, River desenmascaró las carencias de Beca en la búsqueda. Que es, casualmente, lo que deberá hacer en la Bombonera: buscar. Si no crecen en actitud y aptitud las individualidades, no lo quedara otra que prenderle más velas a San Román.

ELIAS PERUGINO.

Fotos: Gerado Horovitz, Luis Micou. Alberto Raggio.


Imagen de Fórmula Uno: El triunfo más triste
Las Crónicas de El Gráfico

Fórmula Uno: El triunfo más triste

Se cumplen 39 años de la última vez que se vio a un argentino en el podio de la máxima categoría del automovilismo mundial. El 17 de mayo de 1981, a bordo de su Williams FW07C, Carlos Reutemann se impuso en Bélgica. Sin embargo, durante el fin de semana, había atropellado accidentalmente a un mecánico del equipo Osella, causándole la muerte poco tiempo después. Una tragedia que empañó su último festejo.

Imagen de 70 años de velocidad y pasión
Las Crónicas de El Gráfico

70 años de velocidad y pasión

En la ciudad británica de Silverstone se llevó a cabo el primer Gran Premio de la categoría. El periodista Ricardo Lorenzo fue el encargado de narrar la crónica de una carrera que tuvo a Juan Manuel Fangio como protagonista hasta tener que abandonar a 7 vueltas del final, mientras marchaba en segundo lugar.

Imagen de 1987. Independiente 3 – 3 Boca
Las Crónicas de El Gráfico

1987. Independiente 3 – 3 Boca

Los equipos regalaron un clásico para el recuerdo. Vimos goles de excepcional factura, actuaciones individuales de alto nivel y una emotividad que no cesó hasta que terminó el encuentro...

DEJÁ TU COMENTARIO