Las Crónicas de El Gráfico

1970. Por primera vez Argentina no clasifica a un Mundial

Por Redacción EG · 17 de mayo de 2018

Por primera y única vez, Argentina se quedó sin ir a un Mundial por no pasar las eliminatorias. El histórico golpe lo dio Perú en la mismísima Buenos Aires.


Al regresar del Mundial 66, mientras el ambiente descorchaba champagne por el supuesto “campeonato moral” obtenido en Inglaterra, Luis Artime mantuvo los pies en la realidad y dijo una frase atinada que se llevó el viento: “Que esta euforia no sirva para olvidar lo otro.” Lo otro era, obviamente, todo lo malo que, en materia organizativa y estratégica, se había realizado después del “Desastre de Suecia”. Chile 62 e Inglaterra 66 reflejaron que la lección estaba lejos de aprenderse. Y el camino hacia México 70 tendría reservado el puñal envenenado que duele hasta hoy…

Valentín Suárez asumió como interventor de AFA en agosto de 1966 y lanzó una idea: “Armar un nutrido calendario inter nacional para la Selección.” Designó a Adolfo Pedernera como entrenador, pero la inestabilidad volvió a ganar la batalla.

Los técnicos se sucedieron de una manera increíble. Pedernera quedó out antes de asumir, reemplazado por Jim Lópes en octubre del 66. Luego de perder la final del Sudamericano 67 ante Uruguay, tomó las riendas Carmelo Faraone. Y en 1968 le tocó el turno a Pepe Minella, quien renuncia tras el alejamiento de Valentín Suárez. Armando Ramos Ruiz queda como inter ventor y elige como entrenador a Humberto Maschio, virgen en el oficio de DT, al punto que ni siquiera había dirigido en un club. El interventor había quedado encandilado con el Maschio jugador y confiaba en ese conocimiento, pero igualmente lo rodearía de dos asesores: Osvaldo Zubeldía y Osvaldo Brandao.


Cachito Ramírez firma la sentencia de Argentina. Es el segundo de Perú en la Bombonera. Adiós al Mundial de México 1970.

Cachito Ramírez firma la sentencia de Argentina. Es el segundo de Perú en la Bombonera. Adiós al Mundial de México 1970.




Entre semejante madeja de nombres, se conocieron los rivales de la eliminatoria: Bolivia y Perú. Por eso el 3 de febrero de 1969, cinco meses antes del partido ante los del Altiplano, un grupo de futbolistas fue llevado a La Paz con el objeto de mensurar sus reacciones en la altura y determinar qué equipo jugaría con Bolivia el 27 de julio y qué grupo lo haría ante Perú, en Lima, el 3 de agosto. El estudio lo efectuaron los doctores Alejandro Pittaluga, Félix Verna y Carlos Carvajal, más el aporte del Instituto de Biología de la Altura paceño, dirigido por el francés Jean Coudert y su colega boliviano Mario Paz Zamora. Parecía un avance, una pincelada de seriedad… Los amistosos siguientes fueron decepcionantes. Maschio no se sentía seguro como entrenador –lo confesaría años más tarde– y encima tenía una relación tirante con la prensa. El clima no era el mejor. Y a 45 días de enfrentar a Bolivia sucede lo peor: el presidente Juan Carlos Onganía le pide la renuncia a Ramos Ruiz y ubica como interventor a Aldo Porri. Se objetaban los constantes cambios en el plantel, el supuesto desconcierto en la marcha del proyecto.

Porri designa como técnico a Adolfo Pedernera –sí, el mismo que no había alcanzó a asumir tres años antes– y también se produce el cambio de cuerpo médico. Para muchos, ese fue el error que se pagó más caro. La cuestión médica quedó en manos del doctor Raúl Gioiosa, quien, de cara al debut en La Paz, pensó aplicar el criterio que tan buen resultado le había dado con su club, Boca Juniors, en ocasión de un partido de Copa Libertadores. Llegando sobre la hora del partido, los xeneizes habían superado 3-2 al Bolívar. Cuanto menos tiempo, mejor, parecía ser la receta. Pero a la hora de la verdad no se usó ni el Plan A (los estudios de Pittaluga y Cía.), ni el Plan B (la experiencia de Boca), sino el inesperado Plan C. Así lo explicó Gioiosa: “Apareció un nuevo medicamento que parecía ser la última palabra para combatir la altura. El laboratorio que lo lanzó aseguraba que las inyecciones lograban una paulatina aclimatación. Lo empleé durante los 15 días previos, pero en la práctica no funcionó.” Increíble, pero real…


Ramírez y Cubillas festejan el segundo de Perú en las narices de Gallo.

Ramírez y Cubillas festejan el segundo de Perú en las narices de Gallo.




Pese al hermoso gol de chilena del Conejo Tarabini, los bolivianos ganaron 3-1, con tantos de Juan Díaz, Blacut y Raúl Alvarez. Ni las inyecciones del entretiempo sirvieron para remontar el rendimiento del equipo en un partido que terminó con una gresca por un codazo de Pachamé a Blacut. El lío siguió rumbo al hotel y los argentinos debieron viajar hasta el aeropuerto tirados en el piso de un ómnibus, ya que querían lincharlos.

En esa excursión a La Paz se había cometido otro error: llevar a los jugadores que no participarían del encuentro y sí lo harían en Lima, como Gallo, Basile, Rulli, Bernao o Yazalde. ¿Por qué los hicieron padecer la altura sin sentido?

Perú era un rival de riesgo. Con Didí como entrenador, se había preparado a conciencia durante nueve meses y contaba con futbolistas de jerarquía: Cubillas, Chumpitaz, Mifflin, Challe, Cachito Ramírez… La diferencia se notó en la cancha. Ganaron 1-0, con gol de León, y dejaron a Argentina en terapia intensiva. Si quería ir a México 70, debía ganar sus dos partidos en la Bombonera y rezar para que Bolivia superara a Perú en La Paz. De ese modo, se produciría un triple empate en cuatro puntos, obligando a una serie de desempate en tierra neutral, Paraguay.

Los rezos fueron escuchados. Bolivia bajó a Perú por 2-1. Y en la Bombonera, jugando un fútbol escuálido, Argentina superó a Bolivia gracias a un penal dudoso contra Yazalde –un empujón imperceptible– que Albretch tradujo en gol.


El Rey del Campeón de México 1970 fue Pelé, en la foto en andas después de ganar la final frente a Italia. Fue su último Mundial.

El Rey del Campeón de México 1970 fue Pelé, en la foto en andas después de ganar la final frente a Italia. Fue su último Mundial.




Con Argentina desesperada, el toque lujoso de Perú marcó el ritmo en la Bombonera. A espaldas de Gallo, la velocidad de Cachito Ramírez estaba de fiesta. Por allí, justamente, vino el primer gol, a los 63. Una picardía del Toscano Rendo –incluido tardíamente, en el segundo tiempo– facilitó el empate. “Me enredé a propósito en las piernas de De la Torre y el árbitro cobró penal”, contó luego. Albretch lo capitalizó y renació la esperanza, pero otra diagonal devastadora de Ramírez, a los 81’, terminó en la red. Con el 1-2 y el reloj en contra, Argentina puso el poco corazón que le quedaba. Y Rendo convirtió un golazo que sirvió de poco, pero cuya factura fue memorable, ya que dejó a tres rivales en el camino. En tiempo adicionado, Brindisi le comete una clara falta al arquero y señala el tercero, bien anulado por el árbitro Hormazábal.

Un desconsuelo denso, profundo, invade a la Bombonera con el pitazo final. Todavía aturdido por el fracaso, Rendo regresó a su casa caminando. No se cruzó con nadie. A los hinchas se los había tragado la tierra. La Argentina futbolera había tocado fondo. Esta vez ni siquiera tendría la chance de fracasar en la Copa del Mundo, debería mirarla por televisión…

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