Las Entrevistas de El Gráfico

Cuando el fútbol alivió la guerra

Por Martín Estévez · 14 de enero de 2015

Hace un siglo, en la Navidad de 1914, soldados ingleses y alemanes pactaron una tregua ¡y jugaron a la pelota!

 
Tapa de un diario inglés en enero de 1915.

Tapa de un diario inglés en enero de 1915.

Todas las palabritas vacías que podamos escribir en esta página no pueden describir absolutamente nada de lo que significa una guerra. Imaginate a una persona asesinando a otra con un disparo. Su sangre, sus últimas respiraciones, el dolor de toda una familia que nunca más la volverá a ver. Repetí esa imagen una, dos, tres, nueve millones de veces. Nueve millones de veces. Esa masacre fue apenas una de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. ¿Qué tiene que ver con esto con una revista deportiva? Acá va la historia.

En diciembre de 1914, la Guerra llevaba cinco meses de duración. Uno de los principales puntos de batalla era en Ypres, Bélgica, donde soldados alemanes combatían contra ingleses y franceses, aliados ante el enemigo común. El 24 de diciembre, los alemanes frenaron la planificación de nuevos ataques para decorar sus trincheras y cantar canciones navideñas. Esa acción, que puede parecer infantil o ingenua, desató una de las pocas situaciones felices de aquella Guerra. Las trincheras estaban lo suficientemente cerca como para que ingleses y franceses escucharan los cantos. ¿Qué hicieron? Empezaron a gritarles una frase en distintos idiomas: “Feliz Nochebuena”. Los alemanes hicieron lo mismo. Los gritos siguieron, hasta que los alemanes se atrevieron a enviar un mensajero para realizar la propuesta más absurda y hermosa: juntarse para celebrar la Navidad.

Esos tipos, que horas antes planificaban matarse, guardaron las armas, confiaron los unos en los otros y se unieron. No tardaron mucho tiempo sus jefes, los ideólogos de la Guerra, en enterarse y enviar una orden: nada de tregua, todos a combatir de nuevo. Pero a veces no hay obediencia debida que valga, y esos soldados, esos seres humanos, se negaron a asesinarse durante la Navidad. Y además de comida, bebida y canciones, y de permitirse enterrar a sus compañeros muertos, compartieron algo más: un partido de fútbol. La Guerra detuvo casi todas las ligas de Europa (dejó de jugarse en Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Croacia, Checoslovaquia, Dinamarca, Rumania), pero no pudo matar al fútbol. Nada de mito hay en esta historia: existen fotos de los soldados posando juntos y hasta alguna del partido en el que, con alrededor de cincuenta jugadores por equipo, los alemanes derrotaron 3-2 a los aliados, pero todos festejaron. Conocida ahora como la Tregua de Navidad, no se sabe cuánto duró la detención de la Guerra: algunas versiones afirman que fue sólo hasta el día 26; y otras, que llegó hasta enero de 1915. Luego, la Guerra se extendió durante cuatro terribles años.

El último protagonista que quedaba de aquella tregua murió en 2005, el mismo año que en Francia se estrenó una película sobre el tema: Feliz Navidad. También fueron escritos varios libros y una canción (All Together Now, del grupo The Farm). El 17 de diciembre, en Ypres, la UEFA levantará un monumento para conmemorar el centenario de aquella vez en la que el fútbol alivió la guerra.

Por Martín Estévez

Nota publicada en la edición de diciembre de 2014 de El Gráfico
 

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