Las Entrevistas de El Gráfico

1984. Enzo, cuantas cosas pasaron en un año

Por Redacción EG · 10 de enero de 2020

Los primeros pasos del uruguayo en River, donde tuvo una adaptación difícil. El Principe habla Cubilla, Alonso y también hace un balance de su primer año en el Millonario.

Enzo timón, Enzo mago, Enzo gol,  Enzo pirueta, Enzo toque, Enzo sol. Y quién sabe cuántos otros Enzos ve la gente en este flaco que está listo para empezar la charla. El no parece perturbarse, sigue con la misma imagen que trajo en abril del año pasado cuando llegó a Buenos Aires. Le cae bien aquella frase de don Atahualpa Yupanqui: "Hay que cuidar lo de adentro, porque lo de afuera es prestao". Le cae bien, porque aunque nunca la haya escuchado, hace de ella un modo de vida. Hoy, con la nostalgia archivada —jamás muerta— y el desarraigo superado, este uruguayo sigue siendo un tipo "metido para adentro", de mirada pensativa, de gesto serio y risa difícil, de una vida interior que no asoma fácilmente, que huye espantada por los destellos de la fama, por la rutilante caricia del éxito. Enzo Francescoli parece el mismo de un año atrás. Pero han pasado cosas en éste. Su tiempo en River. Y de eso se trata —de desempolvarlas— en esta tarde gris de interminable llovizna.

Francescoli surgió de Montevideo Wanderers, donde debutó en 1980. Tres años más tarde pasaría a River Plate.

Francescoli surgió de Montevideo Wanderers, donde debutó en 1980. Tres años más tarde pasaría a River Plate.

—¿La adaptación fue más difícil de lo que imaginabas?

—Fue difícil, yo sabía que iba a ser difícil. Llegué a Buenos Aires con un gran desgaste, por todas las idas y venidas del pase, y eso ya me predispuso mal. Si a eso le sumas que tuve que vivir solo, lejos de todas mis cosas, en un mundo nuevo, te podés imaginar todos los problemas que siguieron.

—¿íntimamente, sentiste que fracasaste en el '83?

—Siempre es bravo hablar de fracaso, pero sí reconozco que fue mi primer momento difícil como futbolista profesional. Yo me daba cuenta antes que nadie de que no estaba jugando bien. No soy de hacer el verso, y lo reconocía sin poner excusas. Sentía que la gente estaba como decepcionada conmigo. Aparte el clima en el club no era de los mejores...

—¿ Te pesó el hecho de llegar como un salvador?

—No. no es por eso que digo lo del clima. Lo que pasó es que noté al equipo muy caído anímicamente. Y para colmo después llegó el problema con los dirigentes, que nos tuvo más de dos meses parados. Ese fue un golpe muy duro, nunca me hubiera imaginado que en el fútbol argentino pudieran ocurrir cosas como ésas. Tenía otra imagen.

—¿ Te desilusionó River al principio? Por todo eso: los dirigentes, la poca gente que iba a verlos, los problemas...

—Por los dirigentes ya te dije que sí, ahora por el poco público no, porque yo estaba acostumbrado a jugar con no más de 5.000 personas en las tribunas (salvo los partidos contra Nacional o Peñarol). Lo que nos dolió mucho a todos fue la reacción de la hinchada, que terminó tirándose en contra de los jugadores en el conflicto. Ellos tienen todo su derecho de criticar al que quieran, pero eso fue lo que faltaba para aumentar todavía más las presiones y tirar al piso la moral a todos.

—¿Pero sólo era un problema anímico el de ustedes? ¿No había ningún factor exclusivamente futbolístico?

—Yo creo que sobre todo era anímico. Fíjate que la gran mayoría de los jugadores del año pasado son la base de este equipo, y eso quiere decir que servían de veras. Pero una vez que nos alejamos de la posibilidad del campeonato, lo que queríamos todos era que el año terminara cuanto antes...

—¿Qué cambió cuando llegó Cubilla?

—En lo general, sabe motivar de nuevo al plantel. Habla de campeonatos, de título, de la plata que podemos ganar si aprovechamos todas las oportunidades. Nos hace sentir verdaderamente jugadores de River. Y en lo personal, me da la seguridad de que voy a quedar en el plantel. Eso ya era hablar de frente...

—¿Lo decís porque te molestó que se hablara de tu transferencia?

—No, no es que me haya molestado. Uno es un profesional y tiene que jugar donde mejor le paguen...

—Sí, macanudo, pero el hecho de que alguien hablara de transferirte ya era reconocer un poco que habías fracasado en River...

—Por eso, como te decía, yo antepuse justamente mi profesión a las facilidades económicas que me ofrecían en Colombia. Sentía que estaba en deuda conmigo mismo, y que no me podía ir así de River, sin haber mostrado todo lo que soy capaz. Por eso hablé con Cubilla y le pregunté si realmente le iba a ser útil. Me dijo que quería verme bien físicamente y que me quedara tranquilo: él confiaba mucho en mi capacidad. Eso fue todo...

 

En su primer año en River jugó 27 partidos y convirtió 11 goles.

En su primer año en River jugó 27 partidos y convirtió 11 goles.

 

—¿Cómo surgió tu nueva función en la cancha?

—En el Torneo de Verano de Mar del Plata. Cubilla me pidió que fuera ocho, porque creía que en esa posición iba a poder llegar con más sorpresa al gol, que iba a tener más panorama. Y el tiempo demostró que tenía razón.

—¿Eso significa una mayor cuota de marca de tu parte?

—No tanto. Yo no siento la marca y nunca voy a poder marcar. Como visitante me quedo más cerca de Gallego y regulo más las subidas, hasta que vemos cuál es el planteo rival. Como local, al venir todos prevenidos, puedo subir de entrada sin ningún problema. Y como ahora puedo correr más, la función se hace más fácil. También me está ayudando mucho Gallego, hablo con él, me gula en la cancha y me está dando una gran mano. Es un jugador importantísimo por el temperamento que transmite. A veces los más jóvenes necesitamos de gente de experiencia que no nos deje caer en la cancha.

—Veo que le das mucha importancia a la parte anímica. ¿La llegada de Alonso fue para vos un incentivo especial?

—No me incentivó ni me dejó de incentivar. Él es un gran jugador, no lo voy a descubrir yo ahora. Pero también hay otros nombres importantes que tiene River, como Tapia, que aunque no sea tan famoso cumple una función importantísima en el equipo. Mejor que haya llegado Alonso, tenemos a otro jugador de toque y habilidad para hacer el fútbol que siempre fue tradicional en River.

—¿ Te atrae jugar con él?

—Sí, cómo no, yo sé qué él fue y es ídolo, y que nadie va a poder borrar su recuerdo de la hinchada. Algunos me compararon con Alonso cuando recién llegue al club, pero yo nunca vine a competir con él. Si llego a ser ídolo, seré Francescoli, y no por eso tendré que desplazar a Alonso. El que es ídolo para la hinchada, lo es para siempre. Además yo sé muy bien lo que es Alonso como jugador. Desde pibe lo veía por televisión desde Uruguay, en su mejor época, en 1975...

Dueño de una gran técnica, su fina estampa en la cancha se ajustaba al paladar histórico de los hinchas de River.

Dueño de una gran técnica, su fina estampa en la cancha se ajustaba al paladar histórico de los hinchas de River.

—¿Qué te gusta menos del fútbol argentino?

—El clima que se vive en las tribunas, toda la violencia de las barras bravas.

—¿En lo futbolístico?

—Nada en especial. Acá hay mejores espectáculos, quizá porque el estado de las canchas es mejor que en Uruguay, y eso permite jugar más rápido con más ritmo. No puedo decir que me hayan marcado deslealmente, porque allá también me prestaban mucha atención. Ah, también tendría que decir que no me gustó la forma de moverse de los dirigentes, por todo el problema del año pasado...

—¿Les dio más tranquilidad esta nueva Comisión Directiva?

—Y... el trato con nosotros es mucho más cordial, todos estamos muy cómo-dos, aunque claro, siempre la relación entre los dirigentes y los jugadores va a ser difícil. Ellos defienden a la empresa y nosotros defendemos nuestra parte.

—¿Sentís que la Argentina ya vio al verdadero Francescoli, que ya llegaste al mejor nivel que tenías en tu país?

—No, todavía me falta; todavía no fui el jugador desequilibrante que era allá.

Puede ser porque a River todos le juegan con mucho cuidado. En cambio allá los rivales no se preocupaban tanto por defenderse. Sí puedo decirte que tuve partidos que me dejaron muy conforme como el que jugué contra Huracán, en cancha de ellos, el año pasado. Pero ya voy a llegar a desequilibrar como lo hacía allá...

 

Su primer ciclo en el Millonario finalizó a mediados de 1986.

Su primer ciclo en el Millonario finalizó a mediados de 1986.

 

—Precisamente eso te criticaron muchos. Dijeron que no sos un jugador capaz de dar vuelta un partido solo, que no tenés temperamento...

—Mirá, hay que distinguir entre el temperamento y la manija. El temperamento lo pone Gallego, por ejemplo, es el tipo que nunca se da por vencido. La manija es otra cosa: es el que para la pelota cuando todos están enloquecidos, el que le da ritmo al equipo, el que lo guía...

—Entonces vos hoy tenés mucho de manija...

—La manija hoy puede ser cualquiera, no es algo que se impone sino que se presenta según los partidos. Teglia, por ejemplo, fue decisivo contra Belgrano. Lo que pasa es que hoy en River hay que cuidarse de muchos, tenemos un verdadero plantel, con suplentes tan buenos como los titulares.

—¿Esperaban tan fácil el partido con Belgrano?

—No, claro que no. El gol de entrada facilitó todo. Fue uno de los mejores partidos que le ví al equipo. Ahora nadie puede decir que River especula como visitante, porque la otra noche hizo de todo: fue constante, no aflojó, atacó siempre.

—imagínate recién llegado a Buenos Aires, hace un año. ¿Qué ilusiones tenías entonces y cuáles se te cumplieron?

—Se me cumplieron muchas, pero son sin importancia. No cumplí la principal, que es ser campeón con River. No sé por qué, pero siento que no me falta mucho para cumplirla. Soy optimista, este año soy más optimista que nunca...

 

 

Por GUSTAVO BELIZ (1984).

Fotos: EDUARDO GIMENEZ, GERARDO HOROVITZ Y JOSÉ MANUEL CACERES.

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