Las Entrevistas de El Gráfico

“Durante mi mejor época, en el 91, probé la cocaína”

Por Redacción EG · 08 de noviembre de 2019

El inefable “Turco” le confiesa a El Gráfico, en 2003, que supo cuándo debía parar y afirma que hay que tener huevos para dejar la droga.

–Mu­chos su­po­nen que es­tás en In­de­pen­dien­te Ri­va­da­via por gus­to y no por di­ne­ro, pe­ro cuan­do te ba­ja­ron el suel­do te fuis­te. ¿Nece­si­tás la pla­ta que ga­nás  para vivir?

–No. Aque­lla vez me fui por el te­ma de la vi­vien­da. Ha­bía di­ri­gen­tes nue­vos que no sa­bían có­mo era la cues­tión y en­ton­ces yo te­nía que es­tar de un la­do pa­ra el otro con mi hi­jo, que es chi­qui­to. Y eso no me gus­ta­ba. Por su­pues­to que la pla­ta siem­pre es bien­ve­ni­da, pe­ro acá es­toy pa­ra cre­cer co­mo téc­ni­co.

–¿Vos me­re­cías más que Ar­di­les el bu­zo de téc­ni­co de Ra­cing?

–No voy a con­tes­tar­te si lo me­re­cía o no, por­que Ar­di­les es un téc­ni­co que di­ri­gió afue­ra y que tie­ne mu­cha más ex­pe­rien­cia que yo. Qui­zá Ra­cing ne­ce­si­ta­ba eso. Sí, me sor­pren­dió la de­sig­na­ción de Ar­di­les por­que no te­nía na­da que ver con el club. Pe­ro no du­do de que él tra­ba­jó en Eu­ro­pa y sa­be lo que ha­ce. Al mar­gen de eso, es mi am­bi­ción di­ri­gir al­gún día a Ra­cing o a Hu­ra­cán.

–Cuan­do ves a Ba­sual­do, Car­do­zo, Mon­se­rrat y a otros ve­te­ra­nos ju­gan­do en el as­cen­so, ¿no te dan ga­nas de vol­ver a po­ner­te los bo­ti­nes?

–No, ni en mo­to pue­do ju­gar. Uno va que­man­do eta­pas y tie­ne que de­ci­dir­se. Des­pués de mi re­ti­ro, en Zá­ra­te me pro­pu­sie­ron ser ju­ga­dor y téc­ni­co y di­je que no. Me de­di­co a es­to de lle­no, por­que cuan­do uno quie­re ha­cer to­do al mis­mo tiem­po no ha­ce na­da. El Tur­co Gar­cía ju­ga­dor mu­rió.

–¿Es cier­to que en una pre­tem­po­ra­da con Ra­cing, cuan­do to­dos vol­vían co­rrien­do al ho­tel, el Pu­ma Ro­drí­guez y vos se to­ma­ban un ta­xi?

–No, no, eso lo in­ven­ta­ron. Sí lo hi­ce en di­vi­sio­nes in­fe­rio­res. Es­pe­ré que pa­sa­ran to­dos co­rrien­do y me su­bí a un ca­mión de la ba­su­ra. Pe­ro lle­gué úl­ti­mo. En cam­bio hay mu­chos que lo ha­cen y lle­gan pri­me­ros. De gran­de ya no hi­ce más esas co­sas. Sal­vo en Fran­cia, cuan­do nos man­da­ban a co­rrer al bos­que y yo les de­cía a mis com­pa­ñe­ros que cor­tá­ra­mos ca­mi­no. Pe­ro igual no me da­ban pe­lo­ta.

–¿Por qué te fuis­te mal de los dos clu­bes a los que más re­pre­sen­tás?

–Por­que yo soy un ti­po muy fron­tal y no ela­bo­ro las co­sas. Si me pa­re­cés un hi­jo de pu­ta voy y te lo di­go.

 

Claudio García en la Selección.

Claudio García en la Selección.

 

–Me­nem te qui­so lle­var a Ri­ver co­mo ju­ga­dor, ¿no te que­rrá de téc­ni­co si ga­na las pró­xi­mas elec­cio­nes?

–Oja­lá. No sé, pe­ro Me­nem es un gran ami­go y lo voy a ban­car a muer­te. No me gus­ta la po­lí­ti­ca y no es­toy en con­tra de na­die, pe­ro soy me­ne­mis­ta has­ta las mue­las. Ten­go san­gre me­ne­mis­ta. Siem­pre di­go, en jo­da, que le gus­tan las mi­nas, le gus­ta la no­che y le gus­ta el de­por­te… es el pre­si­den­te que me­re­ce­mos los ar­gen­ti­nos.

–En el 96, en­tre las op­cio­nes “Sol sin dro­ga” o “Dro­ga sin sol”, di­jis­te: “Sol sin dro­ga, por­que ya soy gran­de”. Cuan­do em­pe­zas­te en Pri­me­ra no eras gran­de…

–Yo creo que uno prue­ba de to­do en la vi­da, pe­ro tie­ne que sa­ber cuán­do pa­rar y de­be dar­se cuen­ta de que es gran­de pa­ra ha­cer cier­tas co­sas. No me pon­go ca­re­tas co­mo otros y di­go que hay que te­ner hue­vos pa­ra de­jar la dro­ga o pa­ra de­cir: “Es­to no es pa­ra mí”. Lle­ga un mo­men­to en el que uno tie­ne dos ca­mi­nos, el bue­no y el ma­lo, y de­be to­mar una de­ci­sión. Yo ele­gí el bue­no. Por su­pues­to que he pro­ba­do co­mo cual­quie­ra. O, me­jor di­cho, co­mo la ma­yo­ría. Pe­ro ahí pen­sé: “Si ya soy eléc­tri­co, pa­ra qué quie­ro más”.

–¿Qué dro­gas pro­bas­te y cuán­do?

–Po­rros, de pi­be. Y des­pués pro­bé la co­caí­na, en el 91, du­ran­te mi me­jor épo­ca en Ra­cing. Pe­ro pro­bé, no lo ha­cía siem­pre. Y no era al­go pa­ra mí. Yo no es­toy en con­tra de la gen­te que to­ma; se­ría bue­no que en vez de san­cio­nar­los los edu­ca­ran.

–¿Cuán­tas ve­ces to­mas­te co­caí­na?

–No me acuer­do. No fue­ron muchas... tres, cua­tro ve­ces. Cuan­do sa­lía de no­che e iba a bai­lar a algún bo­li­che... No sé cuán­tas, pe­ro no fue­ron mu­chas.

–¿La dro­ga te lle­gó por el am­bien­te del fút­bol?

–No. Se dio por­que qui­zás sa­lís, es­tás bai­lan­do... y bue­no. Yo no di­go que tal o cual me me­tió en la dro­ga, si­no que yo di­je un día: “Voy a pro­bar”, co­mo cual­quier pi­be. Y no me “ca­bió”. Qui­zá mu­cha gen­te va a leer es­ta no­ta y va a de­cir que soy un men­ti­ro­so. Pe­ro la rea­li­dad es que si me til­da­ron de que to­ma­ba co­caí­na o de que fu­ma­ba po­rros fue más que na­da por mi for­ma de ves­tir y por mis cla­ri­tos en el pe­lo. La gen­te se equi­vo­có y yo lo de­mos­tré: ja­más tu­ve un pro­ble­ma con la po­li­cía, ni de do­ping. Con eso,  a mu­chos les cie­rro la bo­ca.

–¿Tus com­pa­ñe­ros y el téc­ni­co sa­bían que ha­bías to­ma­do

co­caí­na?

–No, nun­ca. Siem­pre las co­sas que hi­ce, las hi­ce so­lo. Por eso a mí na­die me pu­do sa­car en una re­vis­ta con una ve­det­te ni na­da. Yo sa­lía y ja­más hu­bo una fo­to de un re­por­te­ro, ni si­quie­ra sa­ca­da des­de 200 me­tros, por­que siem­pre fui un ti­po re­ser­va­do y no me gus­tó con­tar con quién sa­lía. Eso es de po­co hom­bre.

–¿Qué ha­cés si des­cu­brís que uno de tus ju­ga­do­res se dro­ga?

–Pri­me­ro in­ten­ta­ría que no sa­lie­ra a la luz, por­que en es­te país cuan­do ha­cés co­sas ma­las sos no­ti­cia y muy ra­ra vez lo sos ha­cien­do co­sas bue­nas. Tra­ta­ría de que no se en­te­ra­ra na­die o só­lo al­gu­no de con­fian­za e in­ten­ta­ría ayu­dar­lo a re­cu­pe­rar­se.

Sincero y sin rodeos, el Turco García tocó un tema tabú. También habló de su presente como DT en Mendoza.

Sincero y sin rodeos, el Turco García tocó un tema tabú. También habló de su presente como DT en Mendoza.

 

MIL VECES NO DEBO

En su cor­ta ca­rre­ra co­mo en­tre­na­dor, el Tur­co fue ex­pul­sa­do en va­rias oca­sio­nes. Sin em­bar­go aho­ra co­men­za­rá un plan de con­trol men­tal: “Acá (el as­cen­so en el Ar­gen­ti­no A) las can­chas y los árbitros son com­pli­ca­dos. Al­gu­nos fa­llos te ha­cen aga­rrar la ca­be­za. Y uno no pue­de ha­cer na­da. Por eso a ve­ces me ex­pul­san. Pe­ro aho­ra to­mé una de­ci­sión: an­tes de reac­cio­nar cuen­to has­ta mil pa­ra que no me echen más. Por­que, si no, to­do lo bue­no que ha­go en la se­ma­na, pue­de opa­car­se por eso. Es al­go que de­bía cam­biar y ya me pro­pu­se ha­cer­lo”.

 

 

Por Ignacio Levy (2003).

Foto: Archivo El Gráfico.

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