Las Entrevistas de El Gráfico

1967. Antonio Angelillo: si volviera a nacer, haría lo mismo

Por Redacción EG · 10 de septiembre de 2019

El encuentro en Colombia con Antonio Angelillo, el goleador implacable, uno de los inolvidables carasucias de Lima y exitoso en Italia, cuenta su tristeza por ser un exiliado forzoso de su patria.

Había recobrado en los últimos días el acento aporteñado que Italia le robó después de diez años de residencia. Su convivencia con Sívori —vivían en la misma habitación desde que salieron de gira con el Nápolí— lo hacía más el Angelillo de su última imagen en Buenos Aires.

Aquella habitación del hotel Cordillera, de Bogotá, ocupada por dos de los "caras sucias" de Lima, mostraba un contraste absoluto: Sívori, con 32 años, vivía la plenitud de un presente cargado de posibilidades: Angelillo, dos años menor, apoyaba en la almohada un futuro de incertidumbre. Y mientras el "Cabezón" meditaba las ofertas, Angelillo las esperaba, sólo las esperaba...

"No sé, me hablaron desde los Estados Unidos", decía esperanzado, buscando una réplica. "Puede ser el Boston, o tal vez salga este asunto de Peñarol de Montevideo", insistía.

 

Antonio Angelillo en plena nota con El Gráfico. El jugador fue declarado desertor por el ejercito argentino, por no hacer el servicio militar obligatorio. Pasó 20 años en el exilio.

Antonio Angelillo en plena nota con El Gráfico. El jugador fue declarado desertor por el ejercito argentino, por no hacer el servicio militar obligatorio. Pasó 20 años en el exilio.

 

El día anterior —domingo 25 de junio— Angelillo jugaba sólo un tiempo en el partido que el Nápoli le ganó a Millonarios por uno a cero. "Pesaola me mandó a marcar en el fondo, y yo ésa no la siento", se quejaba.

—¿Por eso lo sacó?

—Sí, por eso.

Antes de que salieran para Medellín, a seguir la gira, almorzamos en la casa de "Pipo" Rossi.

—¿Cómo es tu situación con el Nápoli? —preguntó Néstor.

—Yo soy jugador del Milan. Pero la temporada pasada jugué a préstamo en el Lecco, un club que se fue al descenso. Cuando terminó el campeonato me pidió a prueba y me ofreció la gira por América del Sur. Y, bueno, aquí estoy, a prueba...

—¿Y ahora?

—Má, qué sé yo. Cuando vuelva a Italia vamos a ver, ¿no?

 

Angelillo junto a Pipo Rossi y Cherquis Bialo.

Angelillo junto a Pipo Rossi y Cherquis Bialo.

 

Rossi evocaba frescamente lo de Lima. Angelillo, orgulloso, le resumía sus diez años en Italia: "Estuve desde el 57 hasta el 61 en el Inter. Bah..., hasta que vino Helenio Herrera, ese «tipo» despreciable. ¡Cómo me alegro, «Flaco», de que perdió ahora! Todo llega en la vida, y yo sabía que a ése también le iba a tocar perder. Te juro una cosa: el día que perdieron con el Celtic brindé por la derrota..."

—¿Tan malo es? —preguntó "Pipo", ingenuamente.

—No, como preparador es bueno. Má, como persona, no lo paso. ¿Sabés qué hace, "Flaco"? —narraba Angelillo—; se mete en tu casa, en tu vida privada. Y siempre busca algún lío que lo haga famoso. ¿Te das cuenta? Yo era figura del equipo, por ejemplo. Fui goleador en el 59, con 33 goles en 33 partidos. Él no concibe que haya una figura superior a él...

—Y del Inter, ¿adónde fuiste?

—Bueno, del Inter pasé al Roma y me quedé cuatro años. Y justo cuando el Milan me iba a comprar, viene a Roma Juan Carlos Lorenzo. ¿Y sabés qué dice?: que si yo me voy él no toma la dirección técnica. Daban 150 millones de liras por el pase, y yo me llevaba un montón de "guita". Pero ahí no termina la desgracia. Mirá lo que sucede al año siguiente: voy a pasar, junto con Sívori y Altafini, al Nápoli (temporada 64-65) y sufro un pellizcamiento de meniscos... Me operan; el Nápoli no me compra y paso al Milán. Me quedé la temporada 65-66 y después me dieron al Lecco. ¡Vos sabés lo que es Lecco, "Flaco"! Yo creí que me moría... Un pueblito donde lo único que hacíamos era jugar a la escoba de 15; un equipo desastroso y, para colmo, nos fuimos al descenso. ¡Mirá dónde jugaba, "Flaco"!

Jugó en la Selección Italiana. Dos partidos y un gol. Fue entre 1961 y 1962.

Jugó en la Selección Italiana. Dos partidos y un gol. Fue entre 1961 y 1962.

Antes del café, Angelillo nos daba el clima ideal para tres preguntas que no nos atrevimos a formularlas antes:

—¿Está arrepentido de algo?

—Profesionalmente, no. Creo que si volviera a nacer haría exactamente lo mismo.

—Económicamente, ¿cómo está?

—Muy bien. Con lo que gané en estos diez años tengo dos casas en Italia: una en Roma (la conocemos, un verdadero palacio) y otra de vacaciones. Además, tengo otras tres casas en Buenos Aires, que administra mi primo Oscar González, y algún dinero importante puesto en hipoteca.

—¿Haría algo por volver a la Argentina?

—Sí. Haría cualquier cosa. No sólo por jugar, sino por estar allá, por vivir allá.

Y después de la respuesta, una angustiosa reflexión con los ojos brillosos: "Murió mi padre y no pude ir; murió mi madre y tampoco pude estar con ella para despedirla... ¡Te imaginas, «Flaco», las que pasé!...

El avión de Angelillo se iba hacia Medellín, hacia otro partido amistoso de esta serie que finalizó el domingo pasado. Salimos para el aeropuerto admirando el regalo que Antonio le llevaba a su esposa: una gargantilla de 1.200 dólares.

Angelillo jugó en Racing y Boca en Argentina, para luego migrar a Italia donde se desempeñó en equipos de la talla del Inter y el Milan.

Angelillo jugó en Racing y Boca en Argentina, para luego migrar a Italia donde se desempeñó en equipos de la talla del Inter y el Milan.

En el regreso, "Pipo" analizaba el diálogo en silencio.

—¿Qué opina, "Pipo"?

—Este pibe fue un gran jugador...

 

 

Por Cherquis Bialo (1967).

Fotos: Archivo El Gráfico.

Imagen de 2009. Mouzo 100x100
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2009. Mouzo 100x100

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