Las Entrevistas de El Gráfico

1969. Cejas: el equilibrio a los 24 años

Por Redacción EG · 03 de septiembre de 2019

Agustín Mario Cejas, el arquero de Racing de la década del 60, donde alcanzó la gloria al ganar la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1967, cuenta sus inicios y su vida ligada a la Academia.

Su primera sinceridad consistió en reconocer que este éxito actual tiene dimensión de revancha. Y lo dijo sin rencor. Simplemente irradiando una serena alegría, una alegría que estaba escondida y que no le brotó explosivamente. Este desquite de hoy es, para Cejas, el reconocimiento a una trayectoria que no siempre el público y el periodismo supo reconocer.

Puede ser...

Los argumentos se fueron enhebrando en el laberinto sinuoso de una vida que detalló con minuciosa artesanía. El repaso fue lento, salpicado por la precisión de Marta Dover (su esposa) y el mudo testimonio de Karina Verónica (9 meses) con los ojos agrandados de asombro.

Estamos en una esquina tranquila de Villa Devoto. Pero la evocación nos llevaba en la primera parada a Parque Patricios. Allí donde Agustín Mario nació un 22 de marzo de 1945 y se quedó en el mezquino lapso de una década. Parque Patricios y un sabor de tango que se acentúa en la calle Pepirí al 300. Una infancia con juguetes, un pasado con amor...

Cálida imagen del grupo familiar. El orgullo de Cejas y la réplica de la Copa...

Cálida imagen del grupo familiar. El orgullo de Cejas y la réplica de la Copa...

"Tuve todo lo necesario para ser un pibe feliz, sin problemas. Mis padres (Agustín y María Julia) me brindaron un hogar lleno de comodidades. Y siempre quisieron que yo estudiara. Recuerdo que los primeros pasos en la primaria los di en la escuela que está en la esquina de Cortejarena y Pepirí. Junto a mi guardapolvo blanco están Celia, la maestra de primer arado, una sorda muy cariñosa, y Tetino, el maestro de tercero que era muy bravo, que gritaba mucho pero que tenía una virtud: todos los jueves nos llevaba a jugar al balón..."

A los 10 años otro barrio espera a los Cejas: Soldati. Atrás queda la plaza de los primeros picados, la escuela, la calle Pepirí. Y Huracán, el club de la tempranera pasión futbolística. "Mi padre era hincha a muerte del "Globito" y siempre íbamos a verlo. Aquellos equipos los sé de memoria, aquellos jugadores eran mis ídolos. Una vez José María Sánchez, que vivía a una cuadra de casa, se paró a hablar con mi viejo y para mí fue una gran emoción".

La segunda parada se establece en la calle José Martí al 3000.

Ya empieza a ser arquero formal. Y es arquero nada más que porque le gusta el puesto. "Cachafaz" es el nombre que identifica a ese grupo de la barriada que acepta cualquier desafío. En el infinito de los potreros o en la iglesia Cristo Obrero la profesión de hoy era apenas un vicio incipiente. Dos años de "Cachafaz" que ese chiquilín inmenso matizaba con algunas grescas. "Jugaba con muchachos mayores que yo, pero por mi físico desde entonces empecé a pensar que tenía la obligación de defenderlos. Últimamente cambié de posición porque me traía muchos inconvenientes. Una cosa es el fútbol callejero y otra muy distinta el fútbol profesional..."

El saludo de cada domingo. La responsabilidad del jugador y capitán. Siempre Racing.

El saludo de cada domingo. La responsabilidad del jugador y capitán. Siempre Racing.

La aclaración viene para descartar cierta fama de nerviosismo e inseguridad. Cejas confiesa ser un tipo tranquilo y como mejor argumento exhibe la pureza de su legajo: nunca fue expulsado...

En esos tiempos memora la felicidad de su adolescencia. La seguridad de saber viajar solo, de jugar en canchas grandes, de tener compañeros como "Puchero" Domínguez, Davino y a veces hasta de Villano, que era un jugador consagrado. En 1959 se produce el acontecimiento vital de su campaña. Don Emilio —un amigo de su primo— lo lleva a una práctica en Racing. Tres tiros al arco, la aprobación de "Repollo" y una firma que lo habilita como jugador de la novena división...

El fútbol le saca ventajas al estudio. Aunque sigue estudiando en el Comercial N9 12 de la calle Aquino 6040. Las obligaciones "culturales" se prolongan con esfuerzo hasta el cuarto año. "El director, que era hermano de aquel árbitro Bartolomé Macías, todos los días me quería echar. ¿Por qué? Bueno, yo era muy bromista, muy inquieto y, según él decía, todo el mundo se quejaba. Algo de cierto podría haber. Una de las tantas anécdotas que tengo con una profesora de inglés que era joven y bastante bonita. Yo había metido en el aula a un gatito que en plena clase comenzó a maullar. Ella preguntaba ¿qué pasa?» y nadie contestaba hasta que al gatito se le dio por sacar la mano por el agujero del tintero. ¡Qué lío se armó!"

La novena jugaba por la mañana y le quedaba el descanso exacto para apurar un sándwich en el bar y volver a la cancha para alcanzar las pelotas que salían afuera. Por cada una de esas tareas le pagaban 30 pesos. A la noche volvía a su casa hecho un bacán con 60 mangos en el bolsillo. Hasta que una tarde el susto y el miedo cortaron la redoblona. Fue en un partido contra Boca donde una botella le rozó la cara como teniendo lástima de destrozársela. Desde ese instante renunció a la mitad de sus ingresos...

En el 60 era el arquero de la octava, pero en un viaje a Entre Ríos se entreveró como suplente de la tercera, de aquella tercera de De Ciancio, Oleniak, Marchetta, Scardulla... El ascenso toma fisonomía de vértigo. A los 16 años Ongaro lo lleva a Mar del Plata con el plantel profesional y lo inscribe en la primera Copa Libertadores que juega Racing. En su historial queda una secuela de campeones y sub que registran sus pasos por las divisiones inferiores. Y una reflexión cargada de extrañeza: "¡Parece mentira! Pero ninguno de esos pibes llegó a ser figura..."

El otro ídolo: Amadeo Carrizo. Una enseñanza permanente. Admiración por la capacidad técnica y la trayectoria del hombre que hizo del arco una cátedra...

El otro ídolo: Amadeo Carrizo. Una enseñanza permanente. Admiración por la capacidad técnica y la trayectoria del hombre que hizo del arco una cátedra...

José y "Cholo" Pérez dirigen la Escuela de Fútbol que inaugura Racing. Esos nombres se agregan a los de Senén Rodríguez, Scalise, Duchini y Palma en el momento del homenaje a los maestros de su formación técnica. Y esos hombres —durante un breve interinato con el equipo superior— fueron los que le dieron la inmensurable satisfacción de poder debutar en la primera.

¨Le ganamos a Chacarita 7 a 3 y a pesar de los tres goles creo que anduve muy bien. Después hicimos un viaje a Bolivia y al volver tenía que jugar contra Independiente, pero la fecha se sus pendió por la lluvia y al otro do mingo reapareció Toledo. Mi afín oración se postergaría hasta el 64 cuando "Pipo" Rossi nos llevó a Basile, Perfumo y yo en una gira que duró 2 meses por los países del Pacífico. Fui como suplente de Luis Carrizo, pero él tuvo un problema y se tuvo que volver desde Chile y aunque viajé Righi corno refuerzo tuve la oportunidad de jugar varios partidos. Los resultados no fueron muy favorables, pero para mí ese viaje fue inolvidable. En lo futbolístico por haber enfrentado a equipos como Flamengo, Nacional de Montevideo, Universidad de Chile... en lo personal por conocer lugares interesantes. Con la máquina de sacar fotos me pasaba todos los días gatillando..."

Parecía que nada podría quebrar su consagración definitiva a pesar de sus escasos 19 años. En mayo se enciende una nueva ilusión. Se inicia el torneo preolímpico y los argentinos ganan en Lima invictos y con un solo gol en contra como producto de un penal. Una alegría enturbiada por la tragedia que devoró a más de 300 espectadores. "Estuvimos colmo cuatro horas encerrados en un baño con los uruguayos que habían ido a ver el partido. Cuando llegó la primera noticia de que había 10 muertos nos pareció he revendo. Cuando la cifra empezó a ser mayor no lo podíamos creer".

Los grandes duelos frente a Estudiantes. Siempre la Copa en el medio. La mirada fija, los músculos tensos, los puños apretados y la exuberancia del físico.

Los grandes duelos frente a Estudiantes. Siempre la Copa en el medio. La mirada fija, los músculos tensos, los puños apretados y la exuberancia del físico.

Y después Japón. El marco espectacular y conmovedor de una Olimpíada en tierras orientales. Sin embargo allí estaría esperando agazapada la primera gran tristeza que le provoca el fútbol. Los argentinos tienen una zona liviana". Van a ver los entrenamientos de Japón y Ghana y no pueden reprimir un gesto bien porteño "¡Uy!, qué desastre". Esos "desastres" nos dejaron en el camino. "Cosas de pibes", admite hoy Cejas. Esas cosas de pibes que se repitieron muchas veces en el fútbol argentino.

"De cualquier manera pienso que en las finales no hubiésemos tenido nada que hacer. Los húngaros eran una barbaridad y ese Bene un delantero que hacía cualquier cantidad de goles. El partido que Hungría le ganó a Yugoslavia 7 a 5 fue el mejor que vi en mi vida, superior a aquel del Santos-Racing en cancha de Huracán. Cada equipo que sacaba la pelota de la mitad de la cancha llegaba al otro arco con una facilidad asombrosa".

Otra sinceridad de Cejas sirve para evaluar lo que pasó al regreso de Tokio. Lo confiesa ahora que el ruido de la fama está más cerca y la fantasía más lejos. Es el hombre que juzga al chacho tierno de experiencia y humildad. "Volví agrandado y pensando que ya era un fenómeno. Tenía 19 años y creía que no me quedaba nada por aprender. La consecuencia de ese error fue que en el 65 estuve casi siempre comiendo banco hasta que empecé a comprender cuál era la realidad. Al otro año volví a ser titular y tuve esa racha invicta hasta que en el partido con River me fracturé el dedo y nuevamente al banco. Racing estaba en esa etapa que lo llevaba de la nada al todo. De estar muy mal psíquica y económicamente hasta llegar a campeón del mundo".

La vitrina escogida. Allí sólo se recuerda al campeón del mundo en oro y plata...

La vitrina escogida. Allí sólo se recuerda al campeón del mundo en oro y plata...

Campeón del mundo. Allí cerró Cejas el cuidado de su álbum fotográfico. Allí enterró al paciente coleccionista. Allí había concluido su sueño máximo. Como si ya nada interesara, cerró la tapa del pasado…

Ni siquiera conservó aquel dolor de sentirse excluido cuando Racing empezaba a escalar la quimera de la Copa. Sin embargo, una nueva sinceridad lo asalta y memora "sigo pensando que después de la lección, Pizzuti debió darme la oportunidad de volver a la primera. En última instancia yo era el titular. En fin, lo importante es que se siguió ganando, y en los partidos decisivos pude saborear el inmensa placer de colaborar para que trajéramos, por primera vez a la Argentina, el trofeo intercontinental".

Pero el arranque del 68 lo encuentra destrozado anímicamente. La pérdida de su madre, esa pérdida que todavía se niega a aceptar, los amigos que fallan cuando deben demostrar que son auténticos amigos, la vida, al fin, que le pega un cachetazo. Anda mal, bajo, y luego de un partido contra

Atlanta le pide resignado a Pizzuti que lo saque del equipo. El técnico le da un consejo que tendría valor de vaticinio: "Usted quédese tranquilo que no sólo va a ser el arquero titular de Racing sino también de la selección nacional..."

La sentencia de "Tito" se cumple...

Cejas, arquero campeón de la Copa Libertadores e Intercontinental del 1967.

Cejas, arquero campeón de la Copa Libertadores e Intercontinental del 1967.

"Maschio me dio la gran oportunidad de integrar el seleccionado. Y lo hizo porque confiaba en mí y no por una cuestión de amistad. Lamenté mucho que al "Bocha" no le fueran las cosas como se lo merecía por su valor humano y por su capacidad. Tuvo que pagar tributo a la falta de experiencia, pero estoy seguro que con el tiempo va a ser un gran director técnico. Por suerte me queda la satisfacción de no haber defraudado su confianza."

El gran año. El año del hombre equilibrado que quiere desterrar definitivamente la imagen de nerviosismo que ciertas actitudes le crearon. Allí en la intimidad del hogar, sintiendo la responsabilidad que tácitamente le señalan las miradas de Marta y Verónica, lo dice casi como un juramento. "Ahora trabajo pensando en lo mío y no me hago más problemas. La fe en mis condiciones no se resiente más. Tampoco voy a tener agrandamientos estúpidos como tuve en el pasado. Estoy totalmente asentado en todo..."

Fue su última sinceridad...

¡Ah! Y sólo tiene 24 años...

 

 

Por Héctor Onesime (1969).

Fotocolor: Gemelli

Fotos: Archivo El Gráfico.

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