Las Entrevistas de El Gráfico

1997. Memorias de un viejo sabio

Por Redacción EG · 04 de julio de 2019

Ángel Tulio Zof recibe a El Gráfico en su casa a poco de retirarse de la dirección técnica. “El Viejo”, leyenda de Rosario, comparte su sabiduría sobre las verdades y mentiras del fútbol.

El hombre de 69 años transmite serenidad. En la casa con amplio terreno y piscina que compró hace cinco años en  el bucólico barrio de Fisherton, parece disfrutar de los atardeceres sin urgencias junto a su esposa Norma y a sus hijas Sandra y Karina. Su otra niña, Diana, casada con un hijo de Alejandro Tato Mur –una gloria de Rosario Central siempre ponderada por el Flaco Menotti–, ya lo convirtió en abuelo y le dio tres nietos.

El 2 de junio de 1997, este hombre sabio que prefiere no agotarse en estériles polémicas, dirigió por última vez a su querido Central, cuando en el Gigante de Arroyito derrotó a Banfield por 2–0. Desde aquel día, Angel Tulio Zof, una indiscutible bandera del buen fútbol, está sujeto a permanentes homenajes...

–Es lindo el reconocimiento, porque uno se da cuenta de que en treinta años de trabajo como técnico, dejó algo. Y yo tengo la obligación de ser muy sincero: en mi carrera, un gran sector del periodismo y el ambiente en general, me han tratado muy bien.

Una vueltita para sacarse el gusto. En su casa tenía terreno para dedicarse a la bici.

Una vueltita para sacarse el gusto. En su casa tenía terreno para dedicarse a la bici.

El Viejo Zof –como lo llaman con afecto quienes lo frecuentan–, se inició en las inferiores de Central, donde actuó como número seis durante tres temporadas en Primera División. Después pasó por Huracán, Quilmes, Zelaya y Morelia de México, Toronto de Canadá y se retiró en Estados Unidos jugando para el Hacoaj, de Nueva York. Nada relevante. El mismo lo admite, porque confirma que como segundo zaguero central era “luchador, aguerrido”, aunque el orgullo vigente le permite disparar una frase que apunta a la autoestima: “Ojo, que en la década del ’50 el que no sabía con la pelota no tenía un lugar en el equipo. Y yo algo sabía ¿eh?”.

–¿Ahora hay menos técnica que antes?

–Es que ahora los pibes juegan menos al fútbol. Tienen otros estímulos: la computación, los idiomas, estudios diversos... En cambio antes lo único que existía era la pelota. Y estábamos casi todo el día con la bola. El mejor juguete era una pelota de veinte guita. Y de tanto darle y darle, uno aprende los secretos. Porque la técnica se incorpora con horas y más horas. Desde que nací jugué al fútbol como tantos otros pibes. Las alpargatas que usaba para ir al colegio y salir a pasear, también me servían para prenderme en todos los picados. ¡Mire si el fútbol me habrá hecho feliz!

En la primera de Central el 29 de mayo de 1954. Arriba Minni, Federico Vairo, Zof, Botazzi, La Rosa, doctor Oliva. Abajo Cisneros, Gauna, Apiciafuocco, Massei, Gómez,

En la primera de Central el 29 de mayo de 1954. Arriba Minni, Federico Vairo, Zof, Botazzi, La Rosa, doctor Oliva. Abajo Cisneros, Gauna, Apiciafuocco, Massei, Gómez,

Con 37 años comenzó a acercarse a la dirección técnica. Arrancó conduciendo a Independiente de Bigand, un pueblo próximo a Rosario. La escala posterior lo encontró en Newell’s Old Boys. Luego estuvo en Los Andes y regresó a Newell’s en 1969. Hasta que al año siguiente hizo por primera vez pie en Central como entrenador: se desvinculó en siete oportunidades, regresó otras tantas. Fue también técnico de Atlanta, Platense, Atlético Ledesma de Jujuy y San Martín de Tucumán. Pero ese gran amor que floreció en cada primavera se pintó con los colores azul y amarillo de la fiebre centralista.

Llegaron los campeonatos obtenidos en 1980 (el Nacional), en la temporada 1986/1987 y la Copa Conmebol en 1995. Pero detrás de las conquistas, quedó un sello, una línea, un estilo. Y un valor supremo: el respeto inalterable por el fútbol...

–¿Cómo va a hacer para vivir sin el amor de toda su vida?

–Yo me fui del fútbol profesional que es un estrés permanente, pero mi intención no es desligarme por completo. Lo único malo que tiene todo esto es el día domingo, que es cuando se acaba la tranquilidad. Si no existieran los domingos, ¡qué lindo sería todo! Pero igual algo voy a hacer. No me puedo quedar quieto. Eso sí: lo de manager lo descarto porque, en la Argentina, ésa función parece no tener presente ni futuro.

–¿La carrera desesperada por los resultados perturbó al fútbol?

–El resultado importó siempre, en todas las épocas. El tema es que antes una derrota no desataba una tragedia como ocurre ahora. Se perdía y punto. No había esta locura por ganar y ganar. Esto no significa que piense que todo pasado fue mejor. Yo no soy un prisionero de los recuerdos. Pero no hay que taparse los ojos. Hoy parece que ser cada vez más profesional es ser cada vez más resultadista. Porque el hincha quiere ganar y no le importa cómo: si es de cualquier manera está bien igual. Hace unos años también importaba ganar, pero además jugar bien. Claro que hay algunas diferencias.

 

Jugó en Rosario Central entre 1950 y 1955.

Jugó en Rosario Central entre 1950 y 1955.

 

–¿Qué tipo de diferencias?

–Las que establecen los hinchas. Hace treinta o cuarenta años, ocho de cada diez que iban a la cancha, jugaban al fútbol. Hoy, ocho de cada diez no juegan. Es probable que al no jugar no interpreten exactamente lo que es saber de fútbol.

–Pero, ¿qué es saber de fútbol?

–Que en esto nadie puede decir que tiene la verdad absoluta. Porque no es una ciencia: en el fútbol dos más dos no son cuatro. Y no se puede descalificar al otro porque no comparta una opinión. Yo, por ejemplo, coincido con la escuela de Menotti, pero también respeto a Bilardo, porque con sus ideas ha conseguido muchos logros. Igual, en el ambiente, hay quienes saben y no saben de fútbol. Incluso en el periodismo especializado. Pero no me pidan nombres porque si hasta ahora me mantuve alejado de las polémicas, no voy a prender el ventilador a esta altura de mi vida.

–¿Por qué los técnicos se convirtieron en piezas más importantes que los propios jugadores?

–No comparto para nada ese criterio. Un técnico es bueno cuando cuenta con buenos jugadores. Con individualidades mediocres, un entrenador corre el serio riesgo de que la gente también lo considere un mediocre. Algunos sostienen que el fútbol es un estado de ánimo. Y es cierto. Pero con eso solo no alcanza para destacarse. Los entrenadores somos el complemento del equipo. Los que tenemos que mirar un poco más, analizar por encima de un triunfo o una derrota, aunque de ahí a ganar y perder partidos hay una diferencia muy grande.

Dice convencido que el fútbol ha perdido bohemia, lirismo, pero también se preocupa en avalar el presente. “Siguen saliendo muy buenos jugadores”, admite, aunque en un arrebato pasional, aprieta el acelerador: “Durante un partido  de la década del ’40 vi a Farro, Pontoni y Martino ir con toquecitos de cabeza desde la mitad de cancha hasta el arco rival y ahora parece mentira que no se puedan ver dos pases seguidos”.

Elogia la inventiva y la impronta del Burrito Ortega, se enciende cuando menciona la vigencia de Omar Arnaldo Palma, ríe con ganas a la hora de evaluar las bondades de los videos –”yo salí campeón sin saber lo que era un video de fútbol”– y se multiplica en adjetivos cuando habla de Ricardo Enrique Bochini, el Beto Alonso y Mario Alberto Kempes: “Eran jugadores para ganar partidos y títulos”. Pero mas allá de esos reconocimientos, todas las flores se las lleva Diego Armando Maradona.

–El sabe todo, pero todo ¡eh¡ Cuando ande por los sesenta años, lo van a meter en una cancha y con lo que Dios le dio, le va a alcanzar para hacer la diferencia. Porque lo de Diego pasa exclusivamente por su estado físico. Por si está bien, regular o mal. Nada más. Todo lo otro, lo tiene de sobra. Entonces se va del fútbol, regresa, se va, regresa, y nada parece cambiar, porque en realidad lo único que cambia es el almanaque.

–La eterna comparación surge entre Maradona y Pelé...

–No hay que comparar.

–La gente compara...

–Pero, ¿por qué me tengo que quedar con uno u otro? No, yo me resisto. Y no porque no quiera jugarme. Son genios, nacieron genios y siempre disfruté de los dos.

–A propósito, ¿los jugadores nacen o se hacen?

–Nacen, nacen... Muchos dicen que se hacen, pero es mentira. Pueden mejorar, pero si no tienen pasta no pasa nada. Y esto último viene de fábrica.

 

Amado por los hinchas de Rosario Central.

Amado por los hinchas de Rosario Central.

 

Recuerda grandes equipos: “El Boca de Boyé, Corcuera, Sarlanga, Gandulla y Emeal y aquella inolvidable Máquina de River de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau”. También evoca a San Lorenzo de 1946: “Adelante tenían a Imbelloni, Farro, Pontoni, Martino y Silva o De la Mata”.

Pero parece que el ranking lo encabeza el Santos de Pelé, aquella maravilla blanca cultivada por negros: “Los vi en su esplendor. A principios de los ’60 yo estaba jugando en México y los seguía a todas partes cuando iban de gira. Eran unos monstruos increíbles. Partidos que finalizaban 5–3, 6–4, 7–2, de ida y vuelta y con una calidad técnica impresionante. Era el mejor fútbol en su máxima expresión”.

Claro que Rosario Central merece un capítulo aparte. Aunque fue el técnico de dos equipos campeones, Zof sorprende y elige al que dirigió en 1970 y entró segundo...

–Perdimos 2–1 la final con Boca en el Monumental, con una invasión de gente al terreno que muy pocas veces se vio. Ese Central integrado por Munutti o Biasutto; el Negro González, Pascuttini, Fanesi y Carrascosa; Hijitus Gómez, Landucci, Castro; Bóveda, Poy y Gramajo, fue el mejor conjunto que dirigí. Los que venían a Rosario, no pasaban la mitad de cancha. Los pisábamos.

–¿Y el Central campeón del Nacional de 1980?

–Era irregular. Ganábamos adentro y perdíamos afuera. El de la temporada 1986/87 que se clasificó campeón luego de ascender, se terminó de armar en la última parte del torneo. Si ese equipo no se desmembraba como después ocurrió,  estoy seguro de que habríamos tenido dos o tres años más de gran nivel. 

–¿Cómo interpretó la división que se estableció en el fútbol argentino entre técnicos trabajadores y estudiosos, y otros más próximos a la inspiración de los jugadores?

–Fue siempre una separación absurda, caprichosa, sin sentido. Un invento del periodismo: técnicos modernos, técnicos antiguos, técnicos que trabajan, técnicos que no hacen nada. ¿Donde se vio? ¿Qué es eso? Todos, en definitiva, trabajamos a  nuestra manera. Recuerdo que de Labruna también se comentaba que no trabajaba y Angelito se cansó de ganar campeonatos con su querido River. Yo lo he visto entrenar y comprobé la enorme capacidad que tenía para armar equipos. Porque la función de un técnico es ésa: armar, armonizar. Y esta virtud no la tiene cualquiera. A él no le hacía falta estar en un doble turno con el pico y la pala para demostrar todo lo que sabía. Muchas veces lo vi conducir una práctica con ropa de calle y algún improvisado podía sospechar que ese hombre no estaba comprometido con el trabajo. Nada más alejado de la realidad. Por eso hay que tener mucho cuidado con las etiquetas. Porque son sólo eso: etiquetas, cartelitos que se cuelgan y que después quedan. Yo también tengo una característica parecida: al igual que Angel Labruna, siempre busqué a los equipos. Porque hay que buscarlos para encontrarlos. Eso es así. Aunque a veces, más de lo que uno se imagina, los grandes equipos aparecen solitos, casi sin querer. Y sorprenden porque son máquinas de jugar. Como aquella Selección de Brasil en México ’70.

Central se consagraba campeón en la temporada 1986/87 y Zof se unía a la vuelta olímpica.

Central se consagraba campeón en la temporada 1986/87 y Zof se unía a la vuelta olímpica.

Uno de los últimos románticos del fútbol argentino se tomó una merecida pausa. Porque es difícil creer que se haya despedido. Sale del interior de su casa a un espacio verde para mirar el sol que se esconde, y parece que ya comenzó a extrañar. Y así, como quien no quiere la cosa, larga lo que tiene adentro: “¡Qué lindo que es el fútbol!, ¿no?”.

“Me hubiera gustado dirigir a Boca o River”

Estoy muy satisfecho con la carrera que hice: dirigí durante muchos años nada menos que a un grande del fútbol como Rosario Central, y la verdad es que no me fue mal”, dice Zof en una clara evidencia de orgullo. Sin embargo, cuando se le menciona el hecho de no haber tenido una chance de conducir a Boca o River, Angel reconoce de inmediato que la posibilidad siempre lo entusiasmó: “Por supuesto que me hubiera gustado estar al frente de los planteles de Boca o River. ¿A quién no? Hay que ser sincero y no decir una cosa por otra. Pero yo nunca tuve un representante o alguien que en el momento oportuno, cuando se está cocinando todo, me ofreciera en la mesa de los dirigentes. Esto en el fútbol tiene un peso importante y no se puede desconocer. Pero ojo que no me sientro frustrado ni mucho menos. No se dio simplemente. Y no hay lugar para los lamentos”.

 

 

Por EDUARDO VERONA

Fotos: ANGEL JUAREZ.

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