Las Entrevistas de El Gráfico

2004. Falcioni 100X100

Por Redacción EG · 17 de abril de 2019

Un mano a mano con cien respuestas imperdibles de Julio César Falcioni, para repasar orígenes, vida y obra como notable custodio de los tres palos primero y como director técnico después.

1 ¿Quién te pu­so Pe­lu­sa? Vie­ne de chi­qui­to. En to­do ba­rrio siem­pre ha­bía un Pe­lu­sa, y yo era el Pe­lu­sa de Ver­sai­lles: era ru­bio y con el pe­lo fi­ni­to.

2 ¿Te acor­dás el can­ti­to de los hin­chas de Vé­lez en 1980? Sí, cla­ro: “Aplau­da­ló / aplau­da­ló / Pe­lu­sa es el ar­que­ro del Mun­dial 82”.

3 ¿Y qué pa­só? Yo ha­bía es­ta­do en la Se­lec­ción va­rias ve­ces con Me­not­ti, pe­ro me fui al Amé­ri­ca de Ca­li en 1981 y per­dí to­das las chan­ces. En­ton­ces no era tan re­que­ri­do el fut­bo­lis­ta del ex­te­rior y me­nos el que es­ta­ba en Co­lom­bia.

4 ¿Tu­vis­te rea­les ex­pec­ta­ti­vas de ju­gar al­gún Mun­dial? Siem­pre creí. En el 78 era muy jo­ven, pe­ro creía que po­día es­tar en el gru­po; en el 82 an­da­ba muy bien, pe­ro ju­ga­ba en Co­lom­bia; en el 86 to­dos de­cían que yo era el ter­cer ar­que­ro, pe­ro apa­re­ció Ze­la­da con las ins­ta­la­cio­nes del Amé­ri­ca de Mé­xi­co pa­ra la con­cen­tra­ción y me mar­gi­na­ron. Y en el 90 es­tu­ve has­ta el úl­ti­mo día en el gru­po.

Un mundial fue su gran deuda: en el 90 perdió el lugar a último momento con Cancelarich.

Un mundial fue su gran deuda: en el 90 perdió el lugar a último momento con Cancelarich.

5 ¿Bi­lar­do te ex­pli­có por qué te ex­clu­yó? Yo ha­bía es­ta­do en la Co­pa Amé­ri­ca 89 y fui a la gi­ra de co­mien­zos del 90 con­tra Ita­lia, Mó­na­co y Gua­te­ma­la. Se­gui­mos en­tre­nan­do has­ta abril y me de­sa­fec­ta­ron un día an­tes de via­jar a Ita­lia. Fue Can­ce­la­rich.

6 ¿Bi­lar­do te ha­bló? Nun­ca me di­jo na­da.

7 ¿Al­gu­na vez es­tu­vis­te cer­ca de ir a Eu­ro­pa? En el 77, con ape­nas 21 años, un em­pre­sa­rio me acer­có un ofre­ci­mien­to pa­ra ir al Bar­ce­lo­na. Te­nía que ca­sar­me con una es­pa­ño­la pa­ra ob­te­ner la na­cio­na­li­dad por­que no ha­bía cu­po de ex­tran­je­ros y des­pués po­día rom­per el vín­cu­lo. Era una co­sa me­dio ra­ra, así que preferí decirle que no y chau.

8 ¿Des­de cuán­do fu­más? Des­de los 14 años. Lo ha­cía a es­con­di­das de mis vie­jos.

9 ¿Tam­bién fu­ma­bas a es­con­di­das de los téc­ni­cos? Só­lo en las in­fe­rio­res; en Pri­me­ra, no, si has­ta ha­bía téc­ni­cos que me man­guea­ban fa­sos. Es que siem­pre cum­plí al má­xi­mo con las exi­gen­cias que me pro­po­nían. De he­cho, des­de el día que de­bu­té en Pri­me­ra, en 1976, has­ta el día de mi re­ti­ro en 1992, ja­más fui su­plen­te en un par­ti­do de club.

10 O sea que co­mo ju­ga­dor ja­más co­no­cis­te el ban­co de su­plen­tes. Só­lo en par­ti­dos de Se­lec­ción. Aho­ra, que es­toy sen­ta­do en la si­lla eléc­tri­ca, los es­toy co­no­cien­do a fon­do.

11 ¿Qué ha­cés si te en­te­rás de que un ju­ga­dor fu­ma? Na­da. El ju­ga­dor de hoy, an­te tan­ta exi­gen­cia y tan­to es­trés, no se pue­de dar el lu­jo de una tras­no­cha­da u otra co­sa, en­se­gui­da nos da­mos cuen­ta. Y eso pue­de oca­sio­nar la pér­di­da del pues­to.

12 ¿Cuál era tu ma­yor vir­tud co­mo ar­que­ro? La per­so­na­li­dad. Con mis gri­tos ma­ne­ja­ba bien el or­de­na­mien­to de­fen­si­vo, y creo que fui un ar­que­ro pa­re­jo: no te­nía par­ti­dos de 10 y 1, siem­pre era 6 o 7.

13 Tu ído­lo de la in­fan­cia. El Ga­to Ma­rín, Fe­noy y, aun­que no lo vi mu­cho, el gran Ama­deo Ca­rri­zo.

14 ¿De qué club eras hin­cha de chi­co? De Vé­lez. Des­pués, siem­pre fui hin­cha del equi­po en que es­tu­ve. Pe­ro el club del que uno es hin­cha no se cam­bia nun­ca, es co­mo la ma­dre.

Inicios. En Vélez creció y debutó en Primera. Usaba guantes de lana y buzos oscuros.

Inicios. En Vélez creció y debutó en Primera. Usaba guantes de lana y buzos oscuros.

15 ¿Por qué te gus­ta­ba usar bu­zos os­cu­ros? Pa­ra con­fun­dir­me con los fon­dos de las can­chas, no que­ría que fue­se tan vi­si­ble mi pre­sen­cia. Em­pe­cé en el 77, ju­gá­ba­mos mu­cho con el off­si­de y eso me ser­vía pa­ra que no me pa­tea­ran de le­jos, por­que yo es­ta­ba ade­lan­ta­do.

16 ¿El fút­bol lo he­re­das­te de tu vie­jo? El ju­ga­ba mu­cho los pi­ca­dos del ba­rrio y tam­bién lo hi­zo en Ba­rra­cas Cen­tral. Ju­ga­ba atrás y bien, pe­ro tu­vo un pro­ble­mi­ta y su­frió una gra­ve san­ción. Creo que le pe­gó una pa­ta­da en los hue­vos al ár­bi­tro.

17 ¿Mu­chas ve­ces te di­je­ron Fal­cio­ne? Mu­chí­si­mas. Sa­lía más fá­cil de­cir Fal­cio­ne que Fal­cio­ni.

18 ¿Por qué los ju­ga­do­res ac­tua­les no se que­dan a prac­ti­car des­pués de ho­ra co­mo an­tes? ¿Se per­dió la pa­sión por me­jo­rar? Es cier­to, no­so­tros nos que­dá­ba­mos siem­pre per­fec­cio­nan­do al­go, qui­zás hoy las prác­ti­cas son más in­ten­sas, en­ton­ces los ju­ga­do­res ter­mi­nan can­sa­dos. Igual, tra­ta­mos de in­cul­car­les a los más chi­cos esas co­sas. Les de­ci­mos que la for­ma de co­rre­gir es con la re­pe­ti­ción y que con la vo­rá­gi­ne del tra­ba­jo uno no se pue­de de­te­ner en ca­da ju­ga­dor.

19 ¿Se­guís in­vi­tan­do a tus di­ri­gi­dos a que te pa­teen en las prác­ti­cas? Muy es­po­rá­di­ca­men­te. Los pro­vo­co pa­ra dar­le un to­no más ri­sue­ño a al­gu­nas co­sas. Pe­ro muy po­co. De­jé el fút­bol y no al re­vés, así que des­de el día que me re­ti­ré ha­bré ju­ga­do unas seis ve­ces pa­ra los ve­te­ra­nos y na­da más.

20 ¿Qué co­sas les acon­se­jás a tus ar­que­ros? La im­por­tan­cia de que les mar­quen a los de­fen­so­res y a los vo­lan­tes lo que va pa­san­do en el par­ti­do.

21 ¿Los tra­ba­jás vos en el cam­po? Aho­ra lo ha­ce Ru­bén Sán­chez y siem­pre con tres o cua­tro pe­lo­tas rá­pi­das, no más, tra­tan­do de que el ar­que­ro no dé re­bo­tes. Cuan­do hay mu­chas pe­lo­tas, el ar­que­ro pue­de per­der la coor­di­na­ción, y si pa­sa eso ha­ce mal los mo­vi­mien­tos y pue­de lle­gar a su­frir una le­sión.

22 El gol más bo­bo que te hi­cie­ron. En un Vé­lez-Ra­cing del 80, creo. El sol caía en­fren­te, pa­teó Za­vag­no des­de la mi­tad de la can­cha, no vi la pe­lo­ta, me ti­ré pa­ra un la­do y la pe­lo­ta fue al otro. Me sal­vó la fo­to de El Grá­fi­co: ahí la gen­te de atrás del ar­co es­ta­ba mi­ran­do ha­cien­do vi­se­ra sin gri­tar el gol.

23 ¿Por qué te re­ti­ras­te jo­ven, a los 34? Ha­bía pa­sa­do 16 años de mi ca­rre­ra ju­gan­do en dos clu­bes: Vé­lez y Amé­ri­ca; y en 18 me­ses es­tu­ve en tres equi­pos: Gim­na­sia, Vé­lez y On­ce Phi­lips, y no me pa­re­ció bue­no dar­le un fi­nal así a mi ca­rre­ra.

24 ¿Por qué es­tu­dias­te pe­rio­dis­mo? Cuan­do me re­ti­ré sa­bía que me que­da­ba cuer­da pe­ro no te­nía mo­ti­va­ción. Lo hi­ce en el On­ce Cal­das, que en­ton­ces se lla­ma­ba On­ce Phi­lips, y en­se­gui­da me me­tí en el cur­so de DT. Co­mo no sa­lió na­da, es­tu­dié pe­rio­dis­mo pa­ra mi­rar el fút­bol des­de otra óp­ti­ca. Ape­nas me pu­se a es­tu­diar, en el 96, me lla­mó Tar­di­vo pa­ra que lo ayu­de en Atlan­ta. Ahí arran­có mi ca­rre­ra. Igual, el cur­so de pe­rio­dis­mo lo ter­mi­né.

25 ¿Có­mo ves al pe­rio­dis­mo de­por­ti­vo ar­gen­ti­no? Se bus­ca de­ma­sia­do el pro­ble­ma, se des­ta­ca más el error que el acier­to.

26 ¿En Atlan­ta em­pe­zas­te co­mo ayu­dan­te de cam­po? No, co­mo el úl­ti­mo ore­jón del ta­rro: pre­pa­ra­dor de ar­que­ros en in­fe­rio­res. Des­pués aga­rró Ro­gel la Pri­me­ra y me per­mi­tió es­tar más cer­ca del plan­tel pro­fe­sio­nal (96); vi­no Da­nie­le y me pu­so co­mo un se­gun­do ayu­dan­te de cam­po y co­mo es­pía de ri­va­les. Así que to­dos esos di­bu­ji­tos y fle­chas que tu­ve que ha­cer, des­pués me sir­vie­ron mu­cho. A fi­nes del 96 se fue Da­nie­le, yo tam­bién, y a los 20 días me lla­mó Pas­cut­ti­ni, que ha­bía si­do com­pa­ñe­ro mío en el Amé­ri­ca, pa­ra que me su­ma­ra a las in­fe­rio­res de Vé­lez con los ar­que­ros. Cuan­do aga­rró Biel­sa, me pi­dió que le ar­me un se­lec­ti­vo con la Ter­ce­ra y la Cuar­ta, y fui el téc­ni­co. Tu­ve un par de in­te­ri­na­tos en la Pri­me­ra y cuan­do se fue Ma­ne­ra en el 99 que­dé al fren­te del equi­po. Des­pués, un año sin tra­ba­jar, y al fi­nal Olim­po y Ban­field.

27 ¿Cuán­tas lla­ma­das de tra­ba­jo re­ci­bis­te en los úl­ti­mos tiem­pos? Va­rias (ri­sas), la ver­dad que va­rias.

28 ¿Por qué te que­das­te en Ban­field? Por­que sus di­ri­gen­tes se ade­lan­ta­ron a to­dos en las char­las, sin sa­ber si nos cla­si­fi­cá­ba­mos o no a la Li­ber­ta­do­res, al mar­gen del re­sul­ta­do. Y qui­si­mos agra­de­cer ese re­co­no­ci­mien­to. Ade­más, nos pa­re­ció im­por­tan­te dar­le con­ti­nui­dad a es­te pro­ce­so en un fút­bol tan exi­tis­ta.

29 Pe­ro te de­bés ha­ber ten­ta­do. Uno siem­pre se tien­ta, pe­ro si se­gui­mos tra­ba­jan­do de la mis­ma for­ma, no fal­ta­rán opor­tu­ni­da­des en el fu­tu­ro.

30 An­tes de aga­rrar, ¿creías que le po­día ir tan bien a Ban­field? Cuan­do em­pie­za un pro­ce­so, uno tie­ne la obli­ga­ción de ser op­ti­mis­ta y apun­tar a los gran­des ob­je­ti­vos. El nues­tro fue en­trar a una Co­pa.

La sonrisa, toda una rareza en Falcioni, aunque en los últimos tiempos cambió bastante. Aquí, en el predio donde practica Banfield. Foto: Alejandro Del Bosco.

La sonrisa, toda una rareza en Falcioni, aunque en los últimos tiempos cambió bastante. Aquí, en el predio donde practica Banfield. Foto: Alejandro Del Bosco.

31 ¿Có­mo le cam­bias­te la men­ta­li­dad a un plan­tel acos­tum­bra­do a pe­lear el des­cen­so? Les di­je: “Va­mos a pe­lear por al­go im­por­tan­te. Mi­re­mos la ta­bla del día a día y si pa­san seis me­ses y no pun­tua­mos pa­ra el ob­je­ti­vo, vol­ve­re­mos a mi­rar aba­jo y a pe­lear por lo de siem­pre, pe­ro ten­ga­mos otra ilu­sión”. Y creo que el men­sa­je fue bien re­ci­bi­do.

32 ¿Los ju­ga­do­res no lo mi­ra­ron con ca­ra de “qué nos es­tá di­cien­do es­te hom­bre"? No, por­que en­con­tré ju­ga­do­res con ga­nas. Y si a me­di­da que uno le va di­cien­do las co­sas que pue­den pa­sar, el ju­ga­dor ve que pa­san, le acep­tan la crí­ti­ca y tam­bién la pal­ma­da, to­do se po­ten­cia.

33 ¿Al­gu­na vez te ha­bían gri­ta­do “que de la ma­no de Ju­lio Cé­sar...”? Es­ta­ba el can­ti­to del Mun­dial 82, en el Amé­ri­ca era muy re­co­no­ci­do, pe­ro nun­ca es­to. Que pon­gan un car­tel que di­ce “no te­ne­mos vi­rrey pe­ro sí em­pe­ra­dor” es mo­ti­van­te.

34 ¿Te preo­cu­pa que los equi­pos me­dia­nos que apos­ta­ron a la Co­pa, co­mo Ta­lle­res y Cen­tral, ter­mi­na­ran com­pro­me­ti­dos con el des­cen­so? Te­ne­mos un ai­re de pun­tua­ción im­por­tan­te y es­te Aper­tu­ra nos tie­ne que ser­vir pa­ra su­mar por­que en la Su­da­me­ri­ca­na no hay via­jes.

35 ¿Biel­sa si­gue sien­do tu ideal de téc­ni­co? No es que sea mi ideal. Yo di­go que den­tro de los téc­ni­cos del fút­bol ar­gen­ti­no, más allá de los re­sul­ta­dos, en la pre­via de un par­ti­do, es el que me­jor ana­li­za y tra­ba­ja den­tro del cam­po. Sin nin­gu­na du­da.

36 ¿No es de­ma­sia­do cien­ti­fi­cis­ta? No. El bus­ca la pa­la­bra jus­ta pa­ra no las­ti­mar a nin­gún ju­ga­dor y eso qui­zás lo ha­ce un po­co cien­ti­fi­cis­ta, pe­ro en el día a día con el ju­ga­dor es sim­ple, cla­ro y le exi­ge la má­xi­ma ex­pre­sión que pue­de dar.

37 Pe­ro to­dos des­ta­can de Bian­chi lo opues­to de Biel­sa: su sim­pli­ci­dad. No di­go que uno sea me­jor o peor. Bian­chi es in­dis­cu­ti­ble por lo que con­si­guió y por la fir­me­za con que jue­gan sus equi­pos. No tra­ba­jé al la­do de Bian­chi, sí me to­có es­tar cer­ca de Mar­ce­lo y por eso ten­go esa opi­nión.

38 ¿Te sen­tís un biel­sis­ta a ul­tran­za? No, me sien­to un fal­cio­nis­ta a ul­tran­za.

39 ¿Te gus­ta que te iden­ti­fi­quen con Biel­sa? Hoy no es­tá muy bien vis­to. Al­gu­nos di­cen que soy una mi­nia­tu­ra de Bian­chi con más exi­gen­cia, otros, que soy biel­sis­ta. En cual­quier ca­so, pa­ra mí es un ho­nor, me enal­te­cen con esas com­pa­ra­cio­nes.

40 ¿Ha­blás se­gui­do con Biel­sa? Cuan­do es­tu­ve en Vé­lez te­nía un diá­lo­go más con­ti­nua­do, des­pués por cues­tio­nes de tra­ba­jo se fue com­pli­can­do. Ha­ce po­co pa­sé por Ezei­za a sa­lu­dar­lo.

41 ¿No lo ves muy me­ti­do pa­ra aden­tro aho­ra? Mar­ce­lo siem­pre fue así, se in­vo­lu­cra mu­cho en su tra­ba­jo. El Mun­dial hi­zo de­rrum­bar un cas­ti­llo que es­ta­ba bien cons­trui­do e hi­zo re­caer en Mar­ce­lo to­do el pe­so de esa frus­tra­ción, pe­ro con­fío en su ca­pa­ci­dad pa­ra sa­lir ade­lan­te.

42 ¿Quié­nes se cla­si­fi­can pa­ra el pró­xi­mo Mun­dial? Bra­sil y Ar­gen­ti­na, lo vi bas­tan­te só­li­do a Pa­ra­guay y es­pe­ro que Co­lom­bia.

43 ¿Cuán­to de suer­te y cuán­to de mé­ri­to hay en una de­fi­ni­ción por pe­na­les? Yo di­ría 40% mé­ri­to de los eje­cu­tan­tes, 40% mé­ri­to de los ar­que­ros y 20% de suer­te.

Hazaña. En un Vélez-Argentinos de 1980 le atajó dos penales a Maradona en el mismo partido y su equipo ganó 1-0. Este es el segundo.

Hazaña. En un Vélez-Argentinos de 1980 le atajó dos penales a Maradona en el mismo partido y su equipo ganó 1-0. Este es el segundo.

44 ¿Por qué los equi­pos de Bian­chi ga­na­ban siem­pre esas de­fi­ni­cio­nes, has­ta la úl­ti­ma? Por­que son fuer­tes psi­co­ló­gi­ca­men­te, se­gu­ra­men­te Car­los le sa­ca­ría la res­pon­sa­bi­li­dad.

45 ¿Có­mo se sa­ca esa res­pon­sa­bi­li­dad? “An­dá a pa­tear, que pa­se lo que pa­se la res­pon­sa­bi­li­dad es mía, por­que yo te ele­gí”. Su­pon­go que con esas pa­la­bras Bian­chi en­to­na­ría a sus ejec­tuan­tes.

46 ¿Un ar­que­ro no sien­te pre­sión en una de­fi­ni­ción por pe­na­les? Pre­sión no, pe­ro sí es­tá ten­sio­na­do por tra­tar de ser im­por­tan­te pa­ra el equi­po con­te­nien­do al­gún pe­nal. Es cla­ve la con­cen­tra­ción. En rea­li­dad, el ar­que­ro de­be es­tar con­cen­tra­do los 90 mi­nu­tos por­que jue­ga con­tra 21 ri­va­les.

47 Los com­pa­ñe­ros, agra­de­ci­dos. Yo les di­go a mis ju­ga­do­res: la me­jor ma­ne­ra de res­pal­dar a un com­pa­ñe­ro es du­dan­do de él. Si yo me con­fío de mi com­pa­ñe­ro, no lo voy a es­tar res­pal­dan­do, por­que si se equi­vo­ca no voy a es­tar ahí pa­ra ayu­dar­lo. Si yo creo que el ri­val lo pue­de pa­sar, o la pe­lo­ta le pue­de pi­car mal, voy a es­tar ahí pa­ra cu­brir su error. Es la ba­se pa­ra que un equi­po sea so­li­da­rio.

48 ¿En qué mo­men­to de­ci­dís dón­de ti­rar­te en los pe­na­les? Con el tiem­po uno ga­na ex­pe­rien­cia y ma­ne­ja al­gu­nos mo­vi­mien­tos pa­ra lle­var al eje­cu­tan­te a que pa­tee don­de uno quie­re.

49 ¿Qué sen­tis­te en la de­fi­ni­ción Amé­ri­ca-Ar­gen­ti­nos, por la fi­nal de la Li­ber­ta­do­res 85? Que ha­bía­mos he­cho mé­ri­tos pa­ra ga­nar, que no pu­de ata­jar nin­gu­no, que Vi­da­llé ata­jó uno y per­di­mos.

La cumbre. En el América estuvo diez años, los mejores de su carrera.

La cumbre. En el América estuvo diez años, los mejores de su carrera.

50 ¿Por qué em­pe­zas­te a pa­tear pe­na­les? Ve­nía­mos de una ra­cha de pe­na­les erra­dos, y con­tra el Quin­dío nos die­ron un pe­nal en el mi­nu­to fi­nal. Co­mo es­ta­ba la pe­lo­ta pues­ta y na­die se acer­ca­ba, le pe­dí per­mi­so al téc­ni­co, y me lo dio. Lo me­tí, y se­guí has­ta que erré uno y vol­ví al fi­nal de la co­la.

51 Ata­jas­te va­rios, ¿cuál era tu mé­to­do? Un po­co de cha­mu­yo: “Pa­tea­lo tran­qui­lo, hay 20 mil per­so­nas y si lo errás no pa­sa na­da”. Eso le hi­ce a Ba­bing­ton, en el 79, en el úl­ti­mo mi­nu­to de un Vé­lez-Hu­ra­cán que nos per­mi­tió cla­si­fi­car a las fi­na­les.

52 ¿Cha­peás con los dos pe­na­les que le ata­jas­te a Ma­ra­do­na en un par­ti­do? Eso fue un ac­ci­den­te del fút­bol. Fue el día so­ña­do por cual­quier ar­que­ro: 1-0 y dos pe­na­les ata­ja­dos. Y en­ci­ma al Die­go de Ar­gen­ti­nos, que es­ta­ba en to­do su po­ten­cial. Tam­bién ata­jé dos en un par­ti­do con­tra Na­cio­nal, en Me­de­llín, en 1987, y ese triun­fo nos dio la cla­si­fi­ca­ción a una nue­va Li­ber­ta­do­res.

53 ¿Te cru­zas­te a Die­go al­gu­na vez des­pués de los pe­na­les? En la Se­lec­ción. Me di­jo: “¿Te acor­dás, Pe­lu­sa, que me ata­jas­te dos pe­na­les un día?”. Le con­tes­té: “Cla­ro, vos te po­dés ol­vi­dar; yo nun­ca en la vi­da”. Sin nin­gu­na du­da, él es el Pe­lu­sa más fa­mo­so.

54 ¿Un téc­ni­co de­be sa­ber más de fút­bol o de gru­pos? Las dos co­sas van de la ma­no. Pa­ra ele­gir on­ce y plan­tear una tác­ti­ca hay que sa­ber de fút­bol. Y des­pués de­be res­pal­dar las de­ci­sio­nes que to­ma, siem­pre a fa­vor del gru­po, pa­ra pro­te­ger­lo, po­ten­ciar­lo y pa­ra que ha­ya res­pe­to en­tre los in­te­gran­tes del gru­po. Si no te­nés las de­ci­sio­nes y la con­duc­ción cla­ra, el gru­po se te va de las ma­nos.

55 ¿Cuá­les son tus pre­cep­tos bá­si­cos? Prio­ri­zo que el equi­po sea so­li­da­rio, que man­ten­ga el or­den, pri­vi­le­gio el equi­po a la ac­ción in­di­vi­dual.

56 ¿Cuán­to du­ran tus char­las téc­ni­cas y en qué ha­cés hin­ca­pié? Las del día del par­ti­do du­ran 20 mi­nu­tos y se ba­san en las mar­cas, en las zo­nas don­de po­de­mos sa­car una ven­ta­ja, la ba­rre­ra, pe­lo­tas pa­ra­das. Tam­bién al­go mo­ti­va­cio­nal, con vér­ti­go, pa­ra que el ju­ga­dor en­tre me­ti­do. El día an­te­rior te­ne­mos una char­la de una ho­ra, en la que se des­ta­ca lo bue­no y lo ma­lo del ad­ver­sa­rio. Pa­ra eso, Es­te­ban, un co­la­bo­ra­dor, pre­pa­ra un com­pac­to de los úl­ti­mos tres par­ti­dos del ad­ver­sa­rio, que du­ra 25 mi­nu­tos. Eso lo veo con los ju­ga­do­res, y se agre­ga to­do lo que va­mos char­lan­do en la se­ma­na, de co­rre­gir co­sas que pa­sa­ron y co­sas por ve­nir.

57 ¿Qué es lo pri­me­ro que ha­cés cuan­do lle­gás a un club? Plan­tear mis ex­pec­ta­ti­vas, ver el gru­po de ju­ga­do­res que hay y qué fal­ta. Lo ra­ro del fút­bol de hoy es que sal­vo cin­co o seis ins­ti­tu­cio­nes, te en­con­trás con equi­pos mó­vi­les, don­de se van quin­ce y vie­nen diez. Hay que bus­car los ju­ga­do­res de acuer­do con la tác­ti­ca que uno quie­re. Si vas a tra­ba­jar con lí­nea de tres, por ejem­plo, ne­ce­si­tás ca­rri­le­ros. El ju­ga­dor de­be sa­ber des­de el arran­que de qué va a ju­gar. Si te­nés las ideas cla­ras y ele­gís los ju­ga­do­res de acuer­do a eso, es más sen­ci­llo pa­ra to­dos.

Julio César Falcioni jugó en Vélez, América de Cali, Gimnasia (LP) y Once Caldas.

Julio César Falcioni jugó en Vélez, América de Cali, Gimnasia (LP) y Once Caldas.

58 ¿Ar­más el equi­po de atrás pa­ra ade­lan­te o al re­vés? De atrás pa­ra ade­lan­te, sin du­das. La so­li­dez na­ce des­de atrás, a pe­sar de que cuan­do en­ca­ra­mos los par­ti­dos ha­blo de ade­lan­te pa­ra atrás, por­que el tra­ba­jo em­pie­za con los de­lan­te­ros.

59 ¿Cor­ner con pier­na cam­bia­da o abier­to? Pa­ra los que ata­can es me­jor con pier­na del sec­tor, por­que la pe­lo­ta se abre y se la en­cuen­tran lle­gan­do a su ca­be­za. Ade­más, la pe­lo­ta se va ale­jan­do del ar­que­ro. En los ti­ros li­bres de cos­ta­do me gus­ta con pier­na cam­bia­da, por­que com­pli­ca la vi­sión del ar­que­ro y cual­quie­ra que la to­que, o in­clu­so si no la to­ca na­die, pue­de ser gol.

60 ¿Cuán­do te gus­ta ti­rar el off­si­de? No me gus­ta en ge­ne­ral, qui­zás por­que en Vé­lez lo ti­rá­ba­mos mu­cho y yo me sen­tía de­ma­sia­do ex­pues­to. Tra­to de que mi de­fen­sa sal­ga rá­pi­do del fon­do o que achi­que a la sa­li­da de un cor­ner, na­da más.

61 ¿De­fen­sa de tres o de cua­tro? Tra­ba­jé con los dos sis­te­mas. La de cua­tro es me­jor por­que le da más equi­li­brio al equi­po, sa­li­da por los la­te­ra­les, por­que sir­ve pa­ra que los com­pa­ñe­ros no ha­gan tan­to es­fuer­zo y por­que se le ha­ce más di­fí­cil en­trar al con­tra­rio. Pa­ra ju­gar con tres es im­por­tan­te te­ner bue­nos ca­rri­le­ros. El se­cre­to de la lí­nea de tres es apre­tar al ad­ver­sa­rio en su cam­po pa­ra for­zar el pe­lo­ta­zo y que el lí­be­ro lle­gue a esa co­ber­tu­ra; por eso si no te­nés un equi­po ágil, pa­ra for­zar erro­res arri­ba, hay que re­tro­ce­der mu­cho. Y si los ca­rri­le­ros re­tro­ce­den, des­pués no tie­nen ai­re pa­ra sa­lir.

62 ¿Lá­ti­go o fra­ne­la con los ju­ga­do­res? Lá­ti­go y fra­ne­la. En un gru­po tie­ne que ha­ber una con­vi­ven­cia, den­tro de esa con­vi­ven­cia de­be ha­ber re­glas y den­tro de esas re­glas, elas­ti­ci­dad.

63 ¿Me­not­ti o Bi­lar­do? Tra­ba­jé con los dos… y me gus­ta Biel­sa.

64 ¿Fi­llol, Gat­ti o Chi­la­vert? Fi­llol fue el más gran­de en su épo­ca: ha­bía que ma­tar­lo pa­ra ha­cer­le un gol. Y Chi­la­vert es un mons­truo por per­so­na­li­dad y ma­ne­jo. Ade­más lo co­no­cí y me pa­re­ció una per­so­na bár­ba­ra. Una mez­cla de ellos dos.

65 ¿Quién es hoy el me­jor ar­que­ro ar­gen­ti­no? Ab­bon­dan­zie­ri con­si­guió gran re­gu­la­ri­dad los úl­ti­mos años y ad­qui­rió un sa­que muy bue­no.

66 ¿El triun­fo con Olim­po en Li­niers por el Clau­su­ra 03 te ce­rró las puer­tas de Vé­lez? Pa­ra na­da. Siem­pre tra­té de ha­cer lo me­jor pa­ra el equi­po que me tie­ne con­tra­ta­do.

67 ¿Por qué en Vé­lez no te fue tan bien co­mo des­pués en Olim­po y Ban­field? En Vé­lez me fue bien: me to­có en­trar en un mo­men­to con­flic­ti­vo del club, tu­ve que to­mar de­ci­sio­nes di­fí­ci­les con ju­ga­do­res (y en al­gu­nos ca­sos el tiem­po me dio la ra­zón) y pro­mo­cio­na­mos chi­cos co­mo Bu­ján, Fal­cón, Bar­da­ro, Le­yen­da, Obo­lo, Pe­lle­gri­no y Cen­tu­rión. Y con­se­gui­mos 64 pun­tos en la tem­po­ra­da, los mis­mos que en Ban­field.

 

Comienzos como DT, en Vélez.

Comienzos como DT, en Vélez.

 

68 Pe­ro el re­co­no­ci­mien­to lle­gó des­pués. Pa­rar un año des­pués de Vé­lez me sir­vió pa­ra re­pen­sar al­gu­nas co­sas. Cuan­do vol­ví, lo hi­ce más asen­ta­do.

69 Tam­bién cam­bias­te un po­co tu ima­gen: an­tes te­nías ca­ra de po­cos ami­gos. Ca­ra de or­to te­nía. Un día, en la pla­ya, un pe­rio­dis­ta me vi­no a ha­cer una no­ta. Lo veía aco­bar­da­do y le di­je: “No te guíes por es­ta ca­ra de or­to que ten­go”. Des­pués lo pu­so de tí­tu­lo. Es que me me­to de­ma­sia­do en el par­ti­do. Pe­ro en la vi­da no soy así, no an­do con ca­ra de cu­lo, soy un ti­po que se ríe bas­tan­te.

70 Ul­ti­ma­men­te se te vio más sim­pá­ti­co. ¿Hu­bo una apues­ta mar­ke­ti­ne­ra? Pue­de ser que me ha­ya sol­ta­do un po­qui­to más.

71 Los no­vios de tus hi­jas se de­ben asus­tar un po­qui­to. Y… les pon­go la ca­ra de los par­ti­dos.

72 ¿Dón­de es­ta­rías hoy si el pre­si­den­te de Olim­po hu­bie­ra acep­ta­do tu re­nun­cia tras el 0-3 con Chi­ca­go? No sé, pe­ro lo hi­ce por una ca­len­tu­ra: nos ha­bían go­lea­do y echa­do a dos.

73 ¿Por qué em­pe­zas­te a ir de tra­je a los par­ti­dos? Siem­pre ha­bía ido muy in­for­mal, pe­ro un ami­go me acon­se­jó dar­le un po­qui­to de for­ma­lis­mo.

74 ¿Por qué en tu épo­ca de Vé­lez siem­pre lle­ga­ban has­ta “ahí”, pe­ro no po­dían ser cam­peo­nes? Tu­vi­mos dos equi­pos muy bue­nos: el del Me­tro 77, que fui­mos ter­ce­ros, y el del Me­tro 79, que per­di­mos la fi­nal con Ri­ver. Nos fal­tó el to­que de suer­te. De he­cho, en la Co­pa del 80 eli­mi­na­mos a Ri­ver, o sea que es­tá­ba­mos a la al­tu­ra.

75 ¿Por qué te que­das­te diez años en Co­lom­bia? ¿No te mo­ti­va­ba dar un sal­to a otro fút­bol? Yo fui al Amé­ri­ca pen­san­do que iba un año, pe­ro me en­con­tré con un club de je­rar­quía, en un gran mo­men­to del fút­bol co­lom­bia­no, con mu­chas fi­gu­ras. Hu­go al­gu­na po­si­bi­li­dad de Eu­ro­pa, pe­ro no me qui­sie­ron ven­der, por­que era la ima­gen del club.

76 ¿Por qué te pu­sie­ron “ga­to” allá? Por los ojos, por­que era rá­pi­do de mo­vi­mien­tos.

77 ¿Exis­te el ga­lli­nis­mo en el fút­bol? No.

78 ¿Sa­bés adón­de va la pre­gun­ta? Por el Amé­ri­ca. Fui­mos tres ve­ces sub­cam­peón de la Li­ber­ta­do­res en for­ma con­se­cu­ti­va, no se dio. Diez años más tar­de, con otros ju­ga­do­res, vol­vió a per­der­la. Y va­rios de esos ju­ga­do­res, des­pués, se can­sa­ron de ga­nar la Co­pa con Bo­ca. Son do­sis de suer­te.

79 ¿Cuál fue la que más su­fris­te de to­das? La ter­ce­ra, con Pe­ña­rol, en el 87. La de Ar­gen­ti­nos fue muy pa­re­ja y Ri­ver nos ga­nó bien. Con Pe­ña­rol sa­ca­mos bue­na di­fe­ren­cia en Ca­li (2-0), en Mon­te­vi­deo ga­ná­ba­mos 1-0 has­ta fal­tan­do diez mi­nu­tos pe­ro nos die­ron vuel­ta. Y el de­sem­pa­te fue 0-0, hu­bo 30 de alar­gue y nos me­tie­ron el gol en la úl­ti­ma ju­ga­da. Si em­pa­tá­ba­mos, éra­mos los cam­peo­nes por la di­fe­ren­cia de gol. In­creí­ble.

80 ¿Có­mo te re­cu­pe­rás tras un gol­pe así? Me cos­tó mu­cho, no te­nía ga­nas de na­da, era mi ter­ce­ra fi­nal. Yo re­ga­la­ba to­do por con­se­guir un tí­tu­lo así, co­mo re­ga­la­ba to­do por ir a un Mun­dial.

81 ¿Te mo­les­ta ver­te tan se­gui­do en TV tra­tan­do de pa­rar el ti­ro de Fu­nes sin lo­grar­lo en la Co­pa 86? Sos el gil de la pe­lí­cu­la. La ma­yo­ría de mis fo­tos son de es­pal­das, qué voy a ha­cer.

82 ¿En la fi­nal del 86 sen­tis­te que Ri­ver no po­día per­der de nin­gu­na ma­ne­ra en el Mo­nu­men­tal? Pue­de ser, pe­ro no­so­tros ten­dría­mos que ha­ber ga­na­do el par­ti­do de Ca­li y no lo hi­ci­mos.

83 ¿Co­no­cis­te a los ca­pos del Car­tel de Ca­li? Te­nía­mos re­la­ción per­ma­nen­te. Cuan­do a mí me con­tra­ta­ron, vi­no Mi­guel Ro­drí­guez Ore­jue­la, no sé si era el je­fe del car­tel o no, pe­ro es­ta­ba siem­pre.

En América de Cali jugó con Gareca, Ischia y Cabañas, entre otros.

En América de Cali jugó con Gareca, Ischia y Cabañas, entre otros.

84 ¿Al­gu­na vez vis­te al­go ra­ro? Pa­ra na­da, siem­pre es­tu­vi­mos al mar­gen. Lo má­xi­mo que vi­mos fue una es­cua­dri­lla de pro­tec­ción cuan­do él ve­nía.

85 ¿Nun­ca tu­vis­te mie­do a los aten­ta­dos? Só­lo un po­qui­to en el 89: al tér­mi­no de un par­ti­do ma­ta­ron al juez de lí­nea. Era un Amé­ri­ca-In­de­pen­dien­te Me­de­llín. Fue mi úl­ti­mo par­ti­do.

86 Una co­mi­da de Co­lom­bia. Los frí­jo­les.

87 El peor de­fec­to del fut­bo­lis­ta ac­tual. La vo­rá­gi­ne en que vi­ve: no se per­mi­te sen­tar­se a char­lar de fút­bol o que­dar­se diez mi­nu­tos más ti­ran­do un cen­tro, o quin­ce com­par­tien­do un asa­do. Vi­ve apu­ra­do, y ese apu­ro lo trans­mi­te des­pués en la can­cha. Jue­ga apu­ra­do, no tie­ne pau­sa.

88 Tu com­pa­ñe­ro que me­jor le pe­ga­ba a la pe­lo­ta. El pa­ra­gua­yo Bat­ta­glia, tam­bién el pe­rua­no Cue­to y Car­li­tos Is­chia… has­ta que se rom­pió el to­bi­llo. Des­pués, ya no le po­día dar chan­fle.

89 ¿El hin­cha de Vé­lez es in­gra­to? Te pu­tea­ron a vos, a Is­chia y has­ta a Bian­chi. No es in­gra­to, es fa­ná­ti­co. Yo res­pe­to mu­chí­si­mo a to­dos los hin­chas y es­pe­cial­men­te al de Vé­lez.

90 Si pu­die­ras ele­gir los Mar­tín Fie­rro del fút­bol, ¿a qué DT ar­gen­ti­no le da­rías el pre­mio por la tem­po­ra­da 03/04? A Bian­chi.

91 ¿Fal­cio­ni en qué pues­to es­ta­ría? Es­ta­ría­mos ahí, en la ter­na, con Gus­ta­vo Al­fa­ro.

92 Una char­la téc­ni­ca que re­cuer­des es­pe­cial­men­te. Una vez, en Vé­lez, di­ri­gía el triun­vi­ra­to Cie­linsky-Mon­ta­ño-Ber­mú­dez. Ju­gá­ba­mos con­tra Ar­gen­ti­nos y en la char­la que­rían ha­blar los tres y se in­te­rrum­pían en­tre ellos has­ta que el de­fen­sor Omar Jor­ge pi­dió que ha­bla­ran de a uno. Ber­mú­dez se ca­len­tó y los echa­ron a los dos de la pie­za.

93 ¿Y al­gu­na vez te ten­tas­te? Siem­pre qui­se es­cu­char el má­xi­mo pa­ra co­no­cer lo que el téc­ni­co que­ría del equi­po y yo po­der or­de­nar­lo des­de atrás. Le pres­ta­ba aten­ción a to­do: a los que iban a ca­be­cear, los que su­bían, la ba­rre­ra. Creo que eso me sir­vió pa­ra ser el téc­ni­co que soy hoy en día.

94 ¿Te que­das­te con ga­nas de ju­gar en al­gún club? Tu­ve la opor­tu­ni­dad de ju­gar en Ri­ver y en Bo­ca. En el 81, cuan­do se hi­zo lo de Die­go, es­tu­ve reu­ni­do con la gen­te de Bo­ca pe­ro Vé­lez ya ha­bía fir­ma­do con el Amé­ri­ca. Y en el 84, sien­do Cu­bi­lla DT de Ri­ver, co­mo ve­nía de Co­lom­bia, pi­dió a Al­fa­ro y a Fal­cio­ni. Al fi­nal, só­lo se hi­zo lo de Al­fa­ro.

95 ¿Es cier­to que Ochoa Uri­be te qui­so na­cio­na­li­zar co­lom­bia­no? Sí, pa­ra la eli­mi­na­to­ria de Mé­xi­co 86, pe­ro co­mo ha­bía gen­te que no es­ta­ba de acuer­do, so­bre to­do el pe­rio­dis­mo, que que­ría que ju­ga­ra gen­te del país, to­mé la de­ci­sión de no na­cio­na­li­zar­me. Ya es­ta­ba to­do lis­to pa­ra que lle­ga­ra a la con­cen­tra­ción 48 ho­ras an­tes del par­ti­do, in­clu­so Ochoa ya me ha­bía di­cho que si no que­ría ju­gar con­tra Ar­gen­ti­na en Bue­nos Ai­res, no ju­ga­ba. Pe­ro bue­no, era apos­tar to­do por una car­ta que no me iba a be­ne­fi­ciar.

96 ¿Y hoy, en re­tros­pec­ti­va, có­mo lo ves? Hu­bie­ra si­do bue­no, qui­zás no su­fría los de­sen­can­tos que su­frí con la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na y qui­zás ha­bría lle­ga­do a un Mun­dial.

97 ¿Por qué em­pe­zas­te de ar­que­ro? Por­que me sen­tía có­mo­do y creía te­ner con­di­cio­nes. Con edad de Sép­ti­ma, Ló­pez y Ca­va­lle­ro me ca­ta­pul­ta­ron a en­tre­nar­me con la Ter­cer­a.

98 En los 60 se de­cía que el pues­to de wi­nes era de lo­cos y el de ar­que­ro de bo­lu­dos. ¿Por qué? No es por sa­lir en de­fen­sa del pues­to, pe­ro siem­pre con­si­de­ré al ar­que­ro co­mo el ju­ga­dor más im­por­tan­te del equi­po. Es­to me lo en­se­ñó Ochoa Uri­be: si te­nés un buen ar­que­ro y un buen equi­po, te­nés un gran equi­po, por­que el ar­que­ro sos­tie­ne to­do lo que ha­ce ese equi­po. Aho­ra, si te­nés un buen equi­po con un mal ar­que­ro, te­nés un mal equi­po, por­que to­do lo bue­no que pue­da ha­cer el equi­po lo ti­ra a la ba­su­ra el ar­que­ro. Por eso es fun­da­men­tal un ar­que­ro se­rio, equi­li­bra­do. Es tan im­por­tan­te el pues­to que uno de los po­cos cam­bios en las re­glas del jue­go es­tá vin­cu­la­do al ar­que­ro: el pa­se del com­pa­ñe­ro, los seis se­gun­dos.

99 ¿Por qué se de­cía, en­ton­ces, que era el pues­to del bo­lu­do? Por­que es un pues­to que no cual­quie­ra es­tá ca­pa­ci­ta­do pa­ra ocu­par. Son muy po­cos los que pue­den opi­nar so­bre el ar­co.

100 Pe­ro es pues­to in­gra­to, ¿coin­ci­dís? No. Pa­ra mí fue la fe­li­ci­dad, yo dis­fru­ta­ba mu­chí­si­mo en el ar­co y cuan­do me me­tían un gol, me reía, lo to­ma­ba co­mo al­go na­tu­ral. Hoy su­fro los par­ti­dos y pon­go ca­ra de cu­lo.

 

Por Diego Borinsky  (2004)

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