Las Entrevistas de El Gráfico

1987. ¨Yo soy así, qué voy a hacer…¨

Por Redacción EG · 10 de abril de 2019

Un joven Claudio Paul Caniggia de 20 años era entrevistado por EL GRÁFICO, con tan sólo 24 partidos en River, la gente lo pedía para la Selección. El hijo del viento sería pieza fundamental en el Mundial de Italia 90.

"A Caniggia yo lo amo", María Gabriela.

La servilleta blanca de papel, con el mensaje escrito en prolija birome azul, descansaba premeditadamente acomodada junto a la ventanilla del lado del conductor, y Claudio Paul Caniggia la encontró cuando iba a subirse a su Fiat 128 celeste, ubicado como uno más en la playa de estacionamiento de River.

Lo leyó como quien lee la factura de un impuesto, después sonrió un poco, se llevó la mano izquierda a la cabeza y con los dedos tiró hacia atrás su largo pelo entre rubio y castaño, en un gesto tan mecánico que lo repite minuto a minuto. Cuando puso el auto en marcha, ya se había olvidado del papel.

Primera, segunda, para salir de la playa, tercera, tomó la avenida Lugones, cuarta, a fondo, con todo, Claudio Paul Caniggia. Vistoso y callado. Solitario y pícaro. Indiferente y pensante. Personal y carismático. Todo eso fundido en veinte años, nada más, y traducido en una mirada que a veces examina y a veces se pierde, en una sonrisa que a veces es cómplice y a veces provoca. Distinto, diferente, un pibe sí, pero un pibe muy particular.

—Claudio, ¿te diste cuenta de que te ganaste a la gente?

—Sí, me di cuenta...

— ¿Y?

— ¿Y qué?

— ¿Qué sentís?

—Estoy muy orgulloso y voy a tratar de responderle...

Recurre al lugar común y ni él mismo se lo cree, vuelve a acomodarse el pelo, retorna a su voz casi inaudible de todos los días y deja volar su autenticidad: "Qué se yo, fiera...". No le gusta tener a un tipo adelante que le pregunte cosas, dice que recién ahora se está acostumbrando, se dispersa. Prefiere la charla variada, con el fútbol sólo como ingrediente. Prefiere seguir acelerando a fondo, adentro y afuera.

El oriundo de Henderson llegó a River donde hizo las inferiores y debutó en 1985.

El oriundo de Henderson llegó a River donde hizo las inferiores y debutó en 1985.

"Bilardo: queremos ver a Caniggia"

La bandera enorme, con letras azules sobre fondo blanco, atraía la atención sobre la platea Belgrano baja, el día del debut de Argentina en la Copa América, contra Perú. La vio todo el mundo la habían puesto unos pibes que se identificaron como "hinchas de Caniggia, nada más..."

— ¿Conoces a los que pusieron la bandera?

— ¿Sabés la plata que me salió eso? No. en serio, no tengo ni idea, no sé de dónde salió. Me sorprendió hasta a mí...

—Da la impresión de que esa bandera es el reflejo de lo que piensa la gente. Pero vos, íntimamente, ¿querés ser titular?

—Más vale que si estoy en la Selección Argentina quiero jugar, quiero ser titular, pero es algo que debemos sentir todos. A ver si se entiende: lo que quiero decir es que no me quedo conforme con estar en el banco, porque soy así desde siempre, pero tampoco me voy a tirar contra nadie. Es una decisión de Bilardo y lo respeto...

— ¿Te afecta anímicamente jugar veinte minutos por partido?

—Me caigo un poco en el momento en que me entero que voy al banco, después se me pasa y en el momento del partido ya estoy diez puntos... Lo único que no acepto es que digan que no soy titular porque no estoy para jugar los noventa minutos, o porque tengo nada más que veinte partidos en primera, o porque no tengo experiencia... Yo digo: si estoy en la Selección por algo es, ¿no? ¿Y la experiencia cómo se gana? Jugando... Aparte, hay varios ejemplos de jugadores que fueron suplentes en sus clubes y titulares en la Selección: Passarella, Gallego, el mismo Tata Brown en el '86, que no jugaba en Español.

Claudio Paul Caniggia tal cual es. Un estilo personal, una imagen carismática. Un fenómeno que empieza a volar.

Claudio Paul Caniggia tal cual es. Un estilo personal, una imagen carismática. Un fenómeno que empieza a volar.

— ¿Te presiona el hecho de entrar un ratito, pedido por la gente, te obliga?

—Soy frío, siempre lo dije, y confío en mí. No me importa que haya 70.000 personas, ni un cartel con mi nombre, ni nada. Entro a la cancha y juego...

—Parece fácil. Cualquiera diría que la camiseta de la Selección...

—No digo que sea lo mismo. Pero yo juego con la camiseta de la Selección como jugaba en la tercera de River. Creo que eso es lo que me reconoce la gente.

—No te imagino escuchándolo a Bilardo una hora entera...

—Bilardo no habla mucho, por lo menos individualmente no. Por ahí hace indicaciones cuando está todo el grupo junto, o cuando vemos algún video, pero de agarrarme a mí solo, por ejemplo, casi nunca.

—Es toda una revelación. Pero, ¿cambiaste tu juego en la Selección?

—Corro más, eso sí. Antes llegaba hasta la mitad de la cancha y ahí esperaba. Otra es que me concentro más, no me voy del partido, algo que me pasaba seguido.

—Y hace poco. Lo recuerdo de los Odesur, en Chile, con la Selección de Pachamé. Ahí daba la impresión de que te faltaba algo para enchufarte del todo...

—Sí, sí. Al principio me costó adaptarme a Pachamé, no me podía acomodar a los horarios, a la concentración. Por ahí el técnico estaba dando alguna indicación y yo me reía o hablaba. Me dijeron "pará la mano" y me di cuenta. Yo pensaba: "Son veinte días, tengo que hacer el esfuerzo". Y lo conseguí. Cuando ganamos ese título en Chile, hubo una reunión y me felicitaron porque no me mandé ninguna más...

Típica postal, Caniggia por los aires, su velocidad fue siempre su marca registrada y muchas veces sufría este tipo de faltas.

Típica postal, Caniggia por los aires, su velocidad fue siempre su marca registrada y muchas veces sufría este tipo de faltas.

— ¿Ahora cambiaste del todo?

—Progresé mucho, tengo más confianza para decir muchas cosas. Ahora me doy cuenta de la oportunidad y no la pienso desaprovechar.

— ¿Te gustó el equipo hasta ahora?

—Sí, a mí sí, creo que le faltan algunas cositas, falta tiempo. Nos agregamos muchos pibes al grupo que ya estaba, hay que trabajar sobre eso. Pero bueno, nos alcanzó para ganar. Del primer partido no quiero ni hablar: los peruanos no entraron a jugar, lo único que hicieron fue tirar la pelota afuera, pegar patadas y tirarse al piso. A Ecuador le tendríamos que haber hecho siete...

—Pero le hicieron tres. Y la cosa se aclaró cuando vos entraste...

—Eso lo dicen ustedes. Yo tuve suerte, porque en el primer tiempo se habían creado un montón de situaciones de gol y no hicimos ninguno. En el segundo hicimos uno, los ecuatorianos tuvieron qué salir y ahí tuve mucho espacio, que es lo que a mí más me gusta para picar... Por eso se notó que yo entré.

Agarrando un micrófono preparado para la ceremonia inaugural en el Estadio Olímpico de La Paz, cuando jugó el Torneo Preolímpico: Claudio imitó a The Cure y Sting, sus preferidos.

Agarrando un micrófono preparado para la ceremonia inaugural en el Estadio Olímpico de La Paz, cuando jugó el Torneo Preolímpico: Claudio imitó a The Cure y Sting, sus preferidos.

"Caniggia y Alzamendi son dos Tipos difíciles."

El Tolo Gallego, hombre experimentado si los hay, largó la frase intentando la radiografía de dos tipos muy especiales. Fuera de contexto, parece una crítica. Dentro del contexto, dentro de River más precisamente, es una definición objetiva, que marca estilos. Desde antes de debutar en primera (frente a Unión de Santa Fe, el 14 de diciembre de 1985, 3-0 para River) el nombre de Caniggia era conocido por más de uno: el Bambino amenazaba con él a cada rato. Finalmente, cumplió. Y el pibe del pelo largo, la facha rara, los suéters grandes y las zapatillas eternas, también. Para que todos se fijaran en él, necesitó nada más que 24 partidos en primera con tres goles convertidos.

— ¿Sos difícil?

—No...

— ¿Sos raro?

—No.

— ¿Qué sos?

—Personal, tengo mis cosas, mi forma de ser. Leí eso que dijo el Tolo, sobre Antonio y sobre mí. No sé por qué lo dirá, pero por ahí se refiere a esas cosas que son muy particulares de cada uno... — ¿Qué, por ejemplo?

—Y... Por ahí llego tarde a un entrenamiento, sigo siendo un poco haragán, las concentraciones me fastidian, me aburren, me tengo que llevar el equipo de música porque otra cosa no puedo hacer... A veces me decían que me tenía que quedar después de fa práctica, a trabajar la definición, y no me quedaba nunca... Pero, qué se yo, habría que preguntárselo a Gallego.

—Pero, ¿sos consciente de que esas cosas te perjudican?

—Sí, sí, pero ojo que he cambiado, he mejorado muchas de esas cosas. Desde dos meses atrás más o menos. Pero bueno, creo que es lógico, ¿no?, yo hace cinco o seis años que me vine de Henderson a Buenos Aires y aprendí a vivir solo, a manejarme solo... Yo soy así, ¿qué voy a hacer?

— ¿Aceptás consejos?

—Los acepto y los escucho, pero después decido yo. Me aconseja mucho mi hermano Marcelo, que es dos años mayor que yo y vive conmigo, también Cacho Paladino...

Enfrentando a Independiente. Claudio Paul jugó en River 53 partidos y marcó 8 goles.

Enfrentando a Independiente. Claudio Paul jugó en River 53 partidos y marcó 8 goles.

— ¿Tenés amigos?

—Sí, pero todos fuera del fútbol. . . Gustavo Delgado, un chico con el que hicimos las inferiores de River, Guillermo Olivieri, que me sigue a todos lados y se fue a Chile en colectivo para verme, qué sé yo, varios chicos de Henderson que estudian en Buenos Aires...

"Sería lindo ser ídolo, pero la fama no me enloquece"

Lo dijo Caniggia hace seis meses, cuando ya había salido en la tapa de EL GRAFICO y enloquecía —el sí— a propios y extraños con gambetas y velocidad. Ya había definido su personalidad, ya había impuesto su estilo y había anécdotas para demostrarlo. Una la contó Pedrito Troglio: estaban juntos viendo "Todos los Goles" y escucharon que al invitado lo presentaron como el "Señor Gol". Caniggia preguntó: "Pedro, ¿quién es el Señor Gol? Troglio le respondió inmediatamente: "Iglesias, el Toti Iglesias...". Caniggia volvió a hablar y lo dejó mudo: "¿Iglesias? ¿Quién es Iglesias? ¿Dónde juega…?" La otra fue en un entrenamiento del Seleccionado Preolímpico, en Bolivia: tenía la pelota Oscar Acosta por la izquierda y metió el pelotazo cruzado hacia la derecha. Claudio entró a buscar la pelota al vacío como siempre, a mil por hora, pero con un agregado: con los dedos de la mano derecha se acomodó el pelo antes de bajarla.

— ¿Siempre fuiste así?

—En algunas cosas sí, en otras no. Reconozco que cambié en Buenos Aires, desde que llegué de Henderson. Me gustó mucho esto, me gustó la ciudad, le tomé el gustito, aunque al principio me costó.

—Contá tu historia.

—Bueno, nací en Henderson, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, el 1° de setiembre de 1967. Mis padres se llaman Vicente Hugo y Neldi y tienen allá un negocio de artículos del hogar. Hice la primaria en la Escuela N° 2 Vicente López y Planes y justo enfrente había un potrero donde siempre jugábamos los pibes. En esa época yo hacía mucho atletismo, me ganaba todo desde 100 hasta 1.500 metros...

Cuando tenía 13 años, el señor Jaimarena, de la filial de River en Henderson me quiso traer. Mis viejos no quisieron saber nada, pero al otro año, volvió a insistir. Y ahí, pese a que mi vieja no quería, me trajeron...

—¿Quién te probó?

—Dominichi. ¿Sabés que yo no era siete? Jugaba de ocho, pero a la tercera prueba me mandaron a la punta y ahí nomás quedé. Me vine a vivir a la casa de unos tíos en Ituzaingó, mientras terminaba tercer año en el San Francisco Solano. No jugaba ni de suplente... En el '83 me fui con mi hermano a vivir a una pensión, en Córdoba y Gascón. Pasé al colegio William Morris y empecé a jugar en la séptima más seguido. Después apareció el Bambino, los entrenamientos en la primera, las prácticas contra la Selección, cuando terminaba siempre con la camiseta rota, y todo Id que vino después...

"El que primero lee esto, lava"

Claudio Paúl Caniggia abrió la puerta de su departamento, en el tercer piso, de Catamarca al 100, y se encontró con una parva de vasos y platos, con restos de carne y ensaladas, adornando la mesa del living. Por supuesto, fue el primero en leer el papelito con el mensaje. Seguramente lo habían dejado Marcelo (22 años) y Diego (18), copropietarios del lugar y hermanos de Claudio.

Un Caniggia auténtico, como siempre: secándole el pelo a su hermano menor Diego.

Un Caniggia auténtico, como siempre: secándole el pelo a su hermano menor Diego.

Los tres ambientes pintan una casa de solteros, común y corriente. La cocina es el lugar menos pisado. El personaje principal del living es un TV color con una videocasetera Panasonic y, curiosamente, no hay afiches colgando de las paredes. Sólo un par de cuadros de paisajes y dos fotos más chicas: en una, los tres hermanos, en la otra, Claudio con Francescoli y Osvaldo Diez.

En la habitación, un radiograbador enorme que suena invariablemente con Phill Collins, Sting y los Rolling Stones. Una foto enorme de Yayi (así lo llaman en confianza) con la camiseta de River, en la pared. Algunas "Tony" y "Nippur" desparramadas por el piso y varios ejemplares de EL GRAFICO entre ellas. El teléfono no para de sonar y Diego ha definido la situación: "Esto ya parece Hola Susana...". Por debajo de la puerta pasan, una tras otra, cartas y más cartas.

Le piden camisetas, le mandan saludos, lo felicitan, le declaran su amor. Le escriben a ese personaje famoso que, con la camiseta de River o la de la Selección, seduce, conmueve, electriza, corriendo detrás de una pelota de fútbol.

Le escriben a quien puede ser su ídolo. Le escriben a este pibe que ahora se levanta de la mesa y se va a lavar los platos.

 

DANIEL ARCUCCI Y HUGO SUERTE

 Fotos: GERARDO HOROVITZ y HECTOR MAFFUCHE

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