Las Entrevistas de El Gráfico

1959. Mi amigo Lucho

Por Redacción EG · 22 de marzo de 2019

Una jugosa entrevista de Ernesto Lazzatti a su ex compañero y amigo Carlos Adolfo Sosa, notable medio derecho de Boca y la selección nacional, que volvía al país después de jugar 7 años en Francia.

Ha regresado de Francia, después de siete años de ausencia, un gran jugador argentino, Carlos Adolfo Sosa, ex medio derecho de Boca Juniors, titular de la selección nacional, futbolista defensiva y ofensivamente brillante, al que muchas opiniones sitúan como lo más perfecto que aquí existió en su puesto. Quien fuera su compañero en Boca Juniors, Ernesto Lazzatti, lo ha reporteado en la doble vinculación que hoy lo une a Sosa: su amistad y su condición de crítico de fútbol en El Gráfico.

 

Carlos Adolfo Sosa jugó en Boca entre 1941 y 1951.

Carlos Adolfo Sosa jugó en Boca entre 1941 y 1951.

 

Carlos Adolfo Sosa, gran medio de Boca Juniors, mi reporteado de hoy, compañero y amigo de muchos años, regresó de Francia.

Apenas lo vi me surgió sola la pregunta.

— ¿Cuánto hace que te fuiste?

—Calculá: partí el 12 de noviembre de 1952.

—Casi siete años. Te veo tan igual, con tu "pinta" de siempre, que no me parece que hiciera tanto tiempo que no nos veíamos.

—Sin embargo, es así; han pasado siete años desde mi traspaso de Boca al Racing de París.

— ¿Qué motivos provocaron tu alejamiento de Boca, y en qué condiciones se produjo?

—Motivos ciertos, definidos, francamente no creo que existieran. Pienso que como ocurriera y ocurre con muchos otros jugadores, se cansan de vernos, o creen que ya no rendimos lo necesario. Lo real es que a mí nadie me dijo concretamente qué razones fundaban mi separación de los equipos. Como me gustaba jugar (a vos te consta) y llegué a la conclusión que ya no podría hacerlo en Boca, tendí líneas, entrevi una posibilidad, conseguí el pase y me fui a Francia.

—Quiere decir que terminaste tu brillante carrera en Boca Juniors en la forma que parece ser norma en la institución; un poco "echado" de ella.

—Bueno, si no echado por lo menos con un procedimiento no muy agradable. De cualquier manera las satisfacciones vividas mientras defendí su divisa fueron tantas y tan importantes para mí, que superan fácilmente aquella circunstancia. Además fui tan feliz en Francia que les estoy agradecido a quienes me despidieron.

—Lucho, vos conoces mi manera de pensar. No soy de los que caen en la sensiblería de creer que las instituciones profesionales deban agradecer a sus futbolistas la permanencia de varios años en sus filas. Por el contrario, estimo que es por conveniencia mutua que se produce esa relación. Pero de cualquier manera creo que lo cortés no quita lo valiente. Y que encarando con franqueza la situación se puede llegar al mismo fin, por medios más agradables. Pasemos a Francia. ¿En qué condiciones fuiste?

—Fui a prueba al Racing Club, de París, por tres meses, con los gastos pagos.

Fue un emblema del Xeneize. Ganó los Campeonatos de Primera División de 1943 y 1944.

Fue un emblema del Xeneize. Ganó los Campeonatos de Primera División de 1943 y 1944.

—Por tres meses y te quedaste casi siete años. Ante prueba tan concluyente de éxito, no hace falta preguntarte cómo te fué.

—Sin embargo, no todas fueron flores. Tuve suerte al ir como entreala; en Europa, en general, interesa poco llevar defensores. Seguramente porque les cuesta menos formar valores para anular que para crear.

—Explícame eso de formar.

—Sí. En Francia te puedo asegurar que hay futbolistas que sólo a los 18 años empiezan a jugar. Entonces es necesario enseñarles todos o casi todos los secretos del fútbol. Y siempre resulta menos difícil aprender los movimientos defensivos que crear maniobras ofensivas. Aquéllas, aunque se realicen en forma rudimentaria, pueden tener su eficacia, mientras que en los ataques es preciso tener una mayor dosis de imaginación, así como de astucia y recursos, que se van asimilando con la Práctica desde temprano. O sea que tienen menos inconvenientes en conseguir en poco tiempo un discreto defensor que un forward de las mismas condiciones.

—A través de tus palabras se advierte una diferencia fundamental entre la formación de los valores entre ellos y nosotros. Aquí a los 18 años ya se conocen en fútbol muchos recursos, buenos, y de los otros.

—Con respecto a los últimos, a medida que avance nuestra charla irás conociendo detalles que marcarán el distinto concepto del deber que existe entre un profesional europeo y uno de nuestro ambiente. Sigamos ahora con mi vinculación al Racing de París.

—Muy bien...

—Jugué dos partidos como entreala derecho, gusté, conseguí algún gol y me contrataron por dos años.

—Te habrás puesto al día con la gambeta. Ahí no estaba Lazzatti para protestarte.

—Sí, eso es lo que vos crees; y lo que yo creí en el primer momento, cuando pensé que lo más difícil había pasado, pero me equivoqué.

Abril de 1949. Carlos Sosa enfrenta a Deambrosi, de River.

Abril de 1949. Carlos Sosa enfrenta a Deambrosi, de River.

— ¿Por qué?

—Allá se juega con frío, lluvia y nieve, y se entrenan fuerte porque corren mucho. Se juegan los noventa minutos con todo. Para ello hay que estar bien preparado. Una sesión de entrenamiento a la mañana, almuerzo, descanso, y vuelta al trabajo. Nadie protesta, todos lo hacen a gusto, puesto que saben que es su obligación. El club te convoca en forma imprevista con un llamado telefónico, o por medio de un cable (que llega y rápido) para cualquier hora del día, y allá vas "chito" y puntual. Y algo más. Cada jugador al llegar saluda con un apretón de manos a cada uno de sus compañeros en cuanta oportunidad se encuentran. Disfrutan del placer de sentir-se correctos.

— ¿Te costó mucho acostumbrarte?

—Algo más de seis meses... y te aseguro que sufrí. Más de una vez llegué a casa después de un entrenamiento, y me tiré en la cama rendido. Hasta pensé en abandonar. Pero entonces entraban en juego el amor propio y el deseo de cumplir como los demás, según cumplían conmigo. Fué la primera lección que aprendí. Repetidamente me decía: si ellos lo hacen, ¿por qué no lo voy a poder hacer yo? Me acostumbré y lo hice luego cómodamente durante varios años.

— ¿Durante ese proceso de adaptación no jugaste bien?

—No, anduve a los tumbos. Pedí que me pusieran de medio.

—Aquí ahora le decimos volante. Te tendrás que acostumbrar, si es que te quedás.

—En ese puesto tampoco andaba bien; creía que con una gambeta dejaba al rival en el camino, pero siempre lo tenía encima. Saltaba a cabecear como lo hacía acá, mirando a la pelota y sin reparar en el contrario, y al suelo. Allá se salta preparado para resistir el encontronazo. También lo aprendí. Y también aprendí (te lo digo aunque te rías) a jugar con la pierna izquierda. Después de haber sido profesional del fútbol en la Argentina, una de las primeras potencias mundiales, entendí, porque me lo hicieron entender, que era sumamente necesario que dominara las dos piernas por igual ¡Y lo aprendí en Francia, a los 32 años! Durante ese periodo de aclimatación me sentía cansado, disminuido, sin energías ni voluntad para seguir el ritmo del juego.

—Pero luego de conseguido el mismo estado atlético de los demás, y hecho a su modalidad, hiciste valer tus recursos…

—Sí, pero como número cinco; en Francia, zaguero centro.

Jugó en la Selección Argentina. Fue Campeón de la Copa América de 1945 (Chile) y 1946 (Argentina).

Jugó en la Selección Argentina. Fue Campeón de la Copa América de 1945 (Chile) y 1946 (Argentina).

— ¿Por qué fuiste a ocupar ese puesto?

—Por indicación del director técnico.

—Te formulé esa pregunta porque recuerdo que en nuestros últimos tiempos de Boca, cuando conversábamos sobre tus futuras posibilidades, conveníamos en que, al llegar el inevitable eclipse de Perico Marante, se impondría tu desplazamiento a ese sitio.

—Así lo vió el director técnico del Racing de París, y en ese puesto jugué hasta junio del corriente año.

— ¿Qué función cumplías en ese sitio? ¿Marcabas a un hombre determinado o te movilizabas dentro de una zona?

—Bueno, aquí se impone una aclaración con respecto al fútbol que se practicaba en Francia, y al que lo ha llevado su favorable evolución.

— ¿Hubo marcada diferencia?

—Sí. Fundamental. Antes se marcaba de hombre a hombre, casi te diría, de número a número. El 5 seguía al 9 a cualquier lugar. El 2 al 11, aunque se fuera al otro extremo, lo mismo que el 3 al 7, y así sucesivamente. En resumen se hacían una confusión con sus corridas detrás de sus respectivos candidatos, que terminaban por hacer un juego desordenado e incoherente al extremo. Yo solía preguntarles para qué corrían de un lado a otro para marcar, si quedándose en su zona siempre encontrarían un rival a quien cuidar, prescindiendo del número que llevara cada uno. Felizmente eso duró poco.

— ¿Lo abandonaron?

—Por anticuado e ineficaz.

— ¡Agárrate fuerte! Ese es el último descubrimiento estratégico del fútbol argentino.

—¡No puede ser!.

—Aunque te cueste creerlo, en el encuentro San Lorenzo-Atlanta los defensores bohemios persiguieron a los delanteros santos en la misma forma que, según vos me acabas de relatar, lo hacían en Francia. Así que ya ves: en lugar de agregar a nuestro estilo de juego el apego al trabajo y la disciplina con que lo ejecutan, le copiamos a los europeos los planes que ellos abandonaron por inadecuados. ¡Así anda nuestro fútbol! ...

—No salgo de mi asombro. Puesto que la corriente imperante en el fútbol de Francia e Inglaterra (al que vi y enfrenté varias veces) es la de darle mayor libertad de acción a cada jugador dentro de su zona, con el fin de hacerlo más dúctil, y permitir que cada uno de ellos contribuya con su iniciativa al mejoramiento del juego.

Sosa fue exponente del fútbol clásico, efectividad y lujo. Un hombre casi inamovible de la alineación titular.

Sosa fue exponente del fútbol clásico, efectividad y lujo. Un hombre casi inamovible de la alineación titular.

— ¿A qué se debió, a tu entender, ese cambio, y cómo se realizó?

—A las observaciones de técnicos y jugadores franceses sobre el desempeño de equipos sudamericanos que con frecuencia visitan en sus giras a Francia. Especialmente de los equipos brasileños, que desarrollaron magníficas exhibiciones de juego coordinado, cambiante, en los que se amalgaman perfectamente la disciplina del conjunto con los recursos individuales de sus componentes. Ese proceso se afirmó con lo visto en el Campeonato Mundial. En Francia se siguieron las alternativas de los partidos con sumo interés por medio de la televisión. Se analizó especialmente el desempeño del team brasileño, con toda lógica, puesto que antes del torneo había sido tomado su fútbol como modelo, y porque en su desarrollo confirmó lo acertado de la elección.

—Luego de esta explicación, defíneme qué tarea cumplías como zaguero centro.

—Como no. Se sigue jugando con tres zagueros. Dos laterales que actúan un poco adelante del zaguero centro, que es el eje en torno al cual se mueve la defensa, función que yo desempeñaba. No marca específicamente a un jugador, sino que juega dentro de un amplio radio de acción y se desplaza hacia uno u otro costado del campo, de acuerdo con quién y por donde represente un peligro inmediato. Cuando un equipo  pasa al ataque, acompaña el avance de los medios volantes hasta el centro del campo, seguido por los zagueros laterales. Forman así un block que se mueve en conjunto, y que así cómo se adelantan, retroceden en orden cuando les toca defender. En esos momentos los volantes se unen a su esfuerzo y los dos entrealas ocupan el lugar de aquéllos como gestores iniciales de movimientos atacantes, manteniendo siempre a la expectativa a los punteros y al eje delantero.

—Quiere decir que el back centro hace las veces de nuestro antiguo eje medio, pero desde una posición más retrasada.

—Sí, pero con una mayor tendencia a la tarea defensiva. Del apoyo se ocupan primordialmente los dos medios volantes, con la estrecha colaboración de los entrealas, que cumplen una labor continua y generosa.

Sosa dice que aprendió a saltar con energía y preparado para el encontronazo. Aquí aparece en la primera de las facetas, saltando con ganas.

Sosa dice que aprendió a saltar con energía y preparado para el encontronazo. Aquí aparece en la primera de las facetas, saltando con ganas.

—Lo que demuestra que nada o muy poco de nuevo hay bajo el sol. También nuestros grandes entrealas desarrollaban gran actividad y eran los encargados de buscar la unidad de sus teams. A mí me sigue gustando más el fútbol que se afirma en la base de dos backs y tres medios.

—Yo te relaté la forma en que se planea allá.

—Mi opinión fué dicha así, al pasar; es personal y por ello sin mayor importancia. Lo que sí lo tiene, y en grado sumo, es el hecho de que donde el fútbol se concebía un poco maquinalmente, ahora tenga valor principal la creación del individuo. ¿Seguís creyendo que el jugador es lo principal?

—Por supuesto. Con buenos jugadores se pueden realizar planteos cambiantes y tácticas diversas. Todo juego uniforme, por bueno que sea, termina por resultar negativo. Pero de lo que me contás se desprende que aquí se sigue un proceso a la inversa. Se confía más en los sistemas que en los valores. ¿Qué explicación le encontrás, o me podrías dar?

—Cuando te alejaste de nuestro país ya estábamos viviendo, a mi entender, el clima que nos llevó a esa situación. En fútbol también habíamos empezado a aceptar directivas, a realizar lo que nos indicaban. Vos fuiste uno de los primeros sacrificados en la función del 4 que marca al 11.

—Sí, pero yo me escapaba de ese cerco, no me quedaba Pegado al puntero.

—Claro, porque no estabas sistematizado desde el principio. Habías aprendido a jugar de otra forma. Aquí cabe perfectamente una expresión de Carlos Peucelle que publicó El Gráfico. Es de una claridad meridiana. Refiriéndose a la misión que les corresponde a quienes orientan desde sus primeros pasos a los futuros futbolistas, dijo lo siguiente: "Los chicos traen dos cosas; virtudes y defectos; las primeras son de ellos, los otros son nuestros". Pero en general se procedió al revés. Se anularon las primeras en mayor proporción que los segundos.

—Se les mató la iniciativa, para enseñarles a jugar para una función, para un puesto.

iQué demostración de "limpieza" en todos sus aspectos nos da esta foto! Sin alambrados altos como previsión; orden en la ropa de los jugadores y en las tribunas. Un solo particular al costado de la cancha, el césped parejo y bien cortadito. Uno se imagina el sol, unía pelota nueva iY una invitación a correr, a jugar!..

iQué demostración de "limpieza" en todos sus aspectos nos da esta foto! Sin alambrados altos como previsión; orden en la ropa de los jugadores y en las tribunas. Un solo particular al costado de la cancha, el césped parejo y bien cortadito. Uno se imagina el sol, unía pelota nueva iY una invitación a correr, a jugar!..

—Exacto, Lucho; por eso ahora hay menos cantidad de buenos jugadores, y como el fútbol vive un reflejo del país y estamos acostumbrados a seguir un camino indicado, no nos atrevemos a innovar. ¿Volvemos a Francia?

— ¡Encantado!

—i Se ve que te fué bien, eh! ¿Qué otras variantes, aparte de las tácticas, advertiste en la transformación del fútbol de Francia?

—Aparte de lo ya dicho sobre la tendencia a darle valor a la imaginación del individuo, se busca convertir al artesano en artista, dotándolo de mayor agilidad y soltura en los movimientos. Como dato ilustrativo y para mí muy importante (aunque parezca intrascendente), en la vestimenta que usaban y usan los jugadores queda reflejada dicha inquietud. En los dos pares de botines que traje encontramos la diferencia. Los que usaban: toscos, pesados, fuertes, señalaban su destino. Serían calzados por quienes querrían imponer la fuerza sobre la destreza y la habilidad. Los que usan flexibles, livianos, delicados, definen la intención de cambiar el arma primitiva, por recursos pulidos, mejorando el dominio de la pelota, la seguridad en el pase, y la agilidad en los desplazamientos. Hacia esto último tiende también la distinta dimensión de los pantalones. Largos, casi hasta la rodilla los de antes. Cortos, elegantes y cómodos, los de ahora.

—En el equipo militar francés que ganó el campeonato aquí, en Buenos Aires, se advertían ya algunas de las condiciones que señalás, y otra, que a mí me impresionó muy favorablemente. El deseo de seguir jugando ambiciosamente a pesar de ir ganando por bastante diferencia. Sin demorar la pelota y sin enviarla deliberadamente afuera  del campo. ¿Es allá común eso?

—Absolutamente habitual. El público de Francia, en especial el de París, es extraordinariamente imparcial y justo. Gusta del fútbol como espectáculo y quiere recursos limpios. Al que arroja la pelota afuera sin necesidad, la detiene con las manos para interrumpir el juego, o se queda en el suelo simulando una lesión, lo reprueba con todas sus fuerzas, El espectador paga para ver noventa minutos y exige que los jueguen todos. No le interesa que sean franceses, ingleses, brasileños o argentinos los protagonistas. Para él se enfrentan 22 futbolistas profesionales, y como tales tienen que cumplir.

Puedo agregar otro ejemplo que demuestra con qué espíritu deportivo concurren los franceses a la cancha. Todos los años se miden Arsenal y Racing, en Londres y París. Si los ingleses juegan bien en Francia, se les aplaude como cuando lo hacen bien los franceses, o como si fueran actores teatrales que interpretan correctamente su trabajo.

— ¿Cómo les iba a ustedes en esos encuentros? En cuanto a resultados me refiero.

—Mirá: en Francia ganábamos más veces nosotros; en Londres, ellos.

—También allá ser local es una ventaja, entonces.

—Como en todos lados. Uno no encuentra una explicación lógica, pero así ocurre y hay que aceptarlo.

— ¿Cómo se juega el campeonato en Francia, y cuántos teams intervienen?

—Es un verdadero campeonato nacional. Participan representantes de los centros más importantes del país. De los 18 cuadros que se enfrentan, uno sólo es de París, Racing. Por ello cada 15 días viaja al interior y también cada 15 días un team del interior viaja a la capital.

 

Después de siete años sin vernos, teníamos muchas ganas de conversar, y él, gran cantidad de cosas que contarme. Aquí se inició la charla, que en su mayor parte reflejo en esta nota.

Después de siete años sin vernos, teníamos muchas ganas de conversar, y él, gran cantidad de cosas que contarme. Aquí se inició la charla, que en su mayor parte reflejo en esta nota.

 

— ¿En qué viajan?

—En ferrocarril: los trenes marchan rápido y las distancias parecen menores, aun los ochocientos y novecientos kilómetros que separan a Marsella y Niza de la capital.

— ¿Qué trato se dispensan dirigentes y jugadores?

—De mutuo respeto en todos los aspectos. Tanto en las relaciones diarias, casi familiares, como en las comerciales. Cuando se firma un contrato, en él queda todo definido, y sus condiciones rigen hasta su término.

—¿Y entre los jugadores son amigos, se tratan sus familiares?

—Sí, y ello es alentado por los dirigentes. Periódicamente realizan comidas o reuniones en el club, a las que son invitadas especiales las novias y esposas de los jugadores, y a las que concurren los familiares de las autoridades de la institución. Se realizan así verdaderas reuniones sociales que van formando un clima propicio para que todos se sientan cómodos y a gusto.

—Pensar que cuando nosotros lo hacíamos en Boca espontáneamente, porque sentíamos el placer de ser amigos, y que nuestros familiares se conocieran y trabaran amistad, se dijo que formábamos "camarillas". Si supieran qué importante es, cuánto une y qué beneficiosa es esa confianza que se logra con la amistad, para el rendimiento de los jugadores en la cancha, tal vez no se emitiría un juicio tan injusto.

—Así es. Y en Francia tiene lugar otro acto simpatiquísimo todos los años. Al promediar el mes de diciembre las autoridades consultan a los jugadores sobre los juguetes que desean los chicos, y el 24 del mismo mes todos reciben el objeto deseado, y las damas, perfumes y otras atenciones de parte del club.

—Simpático y útil, Casi está de más que te pregunte si regresás conforme.

—Mirá, es posible que otros jugadores argentinos al salir a conocer mundo la pasaran muy bien, y tal vez ganado más dinero que yo, pero dudo que alguno haya sido más feliz, Lo que he conocido y disfrutado, mejor dicho, lo que hemos conocido y disfrutado, puesto que tuve la suerte que Alicia y los chicos lo compartieran, es tanto y tan hermoso que seguramente toda nuestra vida girará en torno a ello. No en balde conocimos toda Francia y gran parte de Europa. Inglaterra, España, Rusia, Hungría, fueron entre otros los países que visitamos.

¡Además en París vivimos tan bien! Nos rodeamos de un círculo de amigos tan cordiales como los que dejamos en Buenos Aires al irnos. De manera que ahora no tengo todavía una idea fija sobre mi futuro, Momentáneamente pienso descansar, aclarar pensamientos y luego veremos.

— ¿No descartas la posibilidad de un nuevo viaje?

—No, todo es posible.

—Quiero hacerte una pregunta casi confidencial. ¿Seguiste leyendo novelas policiales, de espionaje o truculentas?

— ¡Oh, la, la! ¡Y en qué cantidad!

Así terminó la primera charla con mi amigo Lucho, que se inició por la mañana en El Gráfico, continuó en el almuerzo y culminó en las últimas horas de la tarde en un café. Ella me produjo la alegría (aparte de la lógica del reencuentro) de saber que Sosa regresa contento y agradecido de Francia. ¡Es tan lindo saber que a los amigos les va bien!...

 

Por ERNESTO LAZZATTI (1959)

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