Las Entrevistas de El Gráfico

2006. FILLOL 100X100

Por Redacción EG · 19 de febrero de 2019

Cien respuestas del que fue, para muchos, el más grande arquero en la historia del fútbol argentino: Ubaldo Matildo Fillol. En 2006, "El Pato" repasaba con El Gráfico su vida y su carrera.

2006. El Pato en su hábitat, el arco, con ropa de Selección. Viajó al Mundial de Alemania 2006 para trabajar con los arqueros. Foto: Jorge Dominelli.2006. El Pato en su hábitat, el arco, con ropa de Selección. Viajó al Mundial de Alemania 2006 para trabajar con los arqueros. Foto: Jorge Dominelli.


1 ¿A quién se le ocu­rrió “Ubal­do Ma­til­do”? Mi ma­má me pu­so el nom­bre de su pa­dre, el abue­lo Ubal­do, y mi vie­jo no qui­so ser me­nos y agre­gó el del su­yo, Ma­til­do. Se es­ti­la­ba bas­tan­te. Son par­ti­cu­la­res, pe­ro a mí me en­can­tan.

2 ¿Un ar­que­ro de 20 años pue­de ser ti­tu­lar en un Mun­dial o es un pues­to en el que no se pue­de arries­gar? La je­rar­quía no tie­ne edad.

3 ¿Na­va­rro Mon­to­ya no me­re­cía una chan­ce en la Se­lec­ción? Me gus­ta Na­va­rro Mon­to­ya co­mo ar­que­ro, pe­ro creo que lo per­ju­di­có no mos­trar el mis­mo ni­vel en Es­pa­ña que aquí, no tu­vo la mis­ma je­rar­quía en Eu­ro­pa que en Ar­gen­ti­na. Qui­zás por eso no tu­vo la opor­tu­ni­dad.

4 ¿Con es­te Bra­sil hay que pe­lear por el se­gun­do pues­to? Bra­sil tie­ne un equi­po de gran je­rar­quía pe­ro pue­do dar fe, por ha­ber­los en- fren­ta­do mu­chas ve­ces y por ha­ber ata­ja­do en Fla­men­go, que la úni­ca se­lec­ción a la que res­pe­tan, y mu­cho, es a la Ar­gen­ti­na.

5 ¿Cuá­les de­ben ser las vir­tu­des prin­ci­pa­les del buen ar­que­ro? La ma­te­ria pri­ma, en el ar­que­ro, es fun­da­men­tal. Y a tra­vés de lo que vi creo mu­chí­si­mo en la po­ten­cia de pier­nas, en el ca­rác­ter y en los re­fle­jos del ar­que­ro. Hoy, tam­bién es de­ci­si­vo sa­ber ju­gar con la pe­lo­ta. To­do ar­que­ro que no ten­ga buen ma­ne­jo del pie no es­tá en con­di­cio­nes de ju­gar un Mun­dial ni de ata­jar en el al­to ren­di­mien­to.

6 ¿No te fi­jás en el es­ti­lo? Acá se con­fun­dió mu­cho a la gen­te. El ob­je­ti­vo pri­mor­dial del ar­que­ro es que la pe­lo­ta no en­tre en el ar­co; el es­ti­lo es un ac­ce­so­rio.

7¿Qué tra­ba­jas­te en es­ta eta­pa pre­via al Mun­dial? Apun­té mu­cho al tra­ba­jo de pier­nas. En el pre­dio de la AFA ten­go un ca­jón gran­de de are­na, y ahí la­bu­ré bas­tan­te: en la are­na te en­te­rrás y al prin­ci­pio te cues­ta ho­rro­res arran­car, des­pués ad­qui­rís po­ten­cia. Tam­bién les hi­ce un ca­len­ta­mien­to de sal­to en so­ga, co­mo los bo­xea­do­res. Em­pie­zo con 5 es­ta­cio­nes de 50 sal­tos y lle­go a 10 de 100. La ma­yo­ría no es­tá acos­tum­bra­da, in­clu­so los pi­bes más jó­ve­nes no sa­ben ni sal­tar, pe­ro des­pués apren­den.

8 ¿Có­mo tra­ba­jás los re­fle­jos? Con mu­chas pe­lo­tas. Los pon­go de es­pal­das, y cuan­do voy a pa­tear to­co el sil­ba­to, gi­ran, y tie­nen la pe­lo­ta en­ci­ma. Tam­bién ejer­ci­to la reac­ción: los pon­go mi­ran­do el ar­co, a la al­tu­ra del área chi­ca hay dos ju­ga­do­res de ca­da la­do, otros dos ti­pos de­lan­te de la pe­lo­ta fue­ra del área, y cuan­do voy a pa­tear se cru­zan to­dos. Y an­dá a ata­jar­la. Pa­ra re­ten­ción y re­fle­jos uso pe­lo­tas de vo­ley, que re­bo­tan y se mue­ven mu­cho. Otra de las co­sas en las que ha­go hin­ca­pié es en le­van­tar­se rá­pi­do. Hay ar­que­ros que se le­van­tan en 3 o 4 mo­vi­mien­tos, y yo los obli­go a que lo ha­gan en uno so­lo. Se los ex­pli­co ti­rán­do­me al sue­lo. Si bien hay mu­chos vi­deos y li­bros, a es­tos ejer­ci­cios los sa­qué yo. An­tes era ma­te­ria pri­ma ata­jan­do y aho­ra soy ma­te­ria pri­ma ar­man­do ejer­ci­cios.

Manos magicas y cara de nene. La producción para El Gráfico, en los comienzos.

Manos magicas y cara de nene. La producción para El Gráfico, en los comienzos.



9 ¿Les con­tás co­sas que te pa­sa­ron? Al­go, pe­ro lo ha­re­mos más se­gui­do cuan­do pue­da es­tar con­cen­tra­do con ellos.

10 Vos que te can­sas­te de ata­jar pe­na­les, ¿cuál es la cla­ve? Hay que ser me­dio gi­ta­no, te­ner bue­nos re­fle­jos y bue­nas pier­nas. Gi­ta­no por­que hay que adi­vi­nar, re­fle­jos por­que hay que ir y ma­no­tear y pier­nas por­que por más que adi­vi­nés, si las pier­nas no te dan pa­ra lle­gar, no la sa­cás. Al ar­que­ro mu­chas ve­ces lo co­me la an­sie­dad y se mue­ve an­tes. Yo tra­ta­ba de aguan­tar has­ta lo úl­ti­mo. Si es an­sio­so, al ar­que­ro pier­de el 50% de las con­di­cio­nes.

11 ¿Con­vie­ne ju­gar­se a un pa­lo o que­dar­se en el me­dio? Hay que ju­gar­se. Dey­na a mí me ti­ró una ma­si­ta en el 78, pe­ro si yo no iba a un cos­ta­do, la ma­si­ta en­tra­ba. Los pe­na­les que en­tran fuer­te al me­dio son los me­nos.

12 ¿Un gran ar­que­ro es ne­ce­sa­ria­men­te un buen en­tre­na­dor de ar­que­ros? No, co­mo tam­po­co un gran ju­ga­dor es ne­ce­sa­ria­men­te un buen DT. La me­jor ma­ne­ra de en­se­ñar es sen­tir la do­cen­cia, por­que lo ha­cés con mu­cha más fuer­za. Yo amo la do­cen­cia.

13 Tu ca­so sir­ve pa­ra mos­trar la inu­ti­li­dad del pre­pa­ra­dor de ar­que­ros: apren­dis­te so­lo y fuis­te uno de los me­jo­res. Ce­jas, An­dra­da, Ca­rri­zo, Gat­ti, Po­let­ti y Fi­llol hu­bie­ran ata­ja­do me­jor con un en­tre­na­dor de ar­que­ros. No ten­go du­das. Yo me ma­té por apren­der has­ta el úl­ti­mo en­tre­na­mien­to de mi ca­rre­ra. Y si vos que­rés apren­der, apren­dés. Es lo que les re­mar­co a los chi­cos: tie­nen la gran po­si­bi­li­dad de apren­der tra­ba­jan­do, vien­do (aprie­tan un bo­tón y ven cual­quier par­ti­do) y es­cu­chan­do. No­so­tros apren­di­mos sin tra­ba­jar ni ver ni es­cu­char.

14 ¿Cuál era tu pun­to más fuer­te co­mo ar­que­ro? Lle­ga­ba a pe­lo­tas im­po­si­bles, se­gu­ra­men­te por las pier­nas. De chi­co, en Mon­te, ju­ga­ba to­dos los días al fút­bol y re­par­tía so­das en un ca­rro, su­bía y ba­ja­ba de un va­gón los si­fo­nes, qui­zás esa ac­ti­vi­dad me ayu­dó a de­sa­rro­llar las pier­nas. Pe­ro no tra­ba­jé na­da: las pier­nas, los re­fle­jos y el ca­rác­ter fue­ron na­tu­ra­les. Me en­can­ta­ban los par­ti­dos di­fí­ci­les. Y no me da­ba nun­ca por ven­ci­do. Aden­tro de la can­cha, me sen­tía in­ven­ci­ble. No lo de­cía, pe­ro lo sen­tía.

15 ¿Cuál es la prin­ci­pal fa­len­cia de los ar­que­ros ac­tua­les? Que no ma­ne­jan con pre­ci­sión la re­la­ción tiem­po-dis­tan­cia y que dan re­bo­te. Se com­pli­can con los cen­tros, de­be in­fluir que se jun­ta mu­cha gen­te. Ama­deo sa­lía a des­col­gar­la con una ma­no; aho­ra, si sa­lís así te ba­jan los dien­tes y te rom­pen la cer­vi­cal.

16 ¿Y qué es lo me­jor? Que la ma­yo­ría se es­tá adap­tan­do bien al jue­go con las pier­nas.

Acrobata. Una postal impactante de su capacidad para sacar las pelotas imposibles.

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17 ¿Por qué, des­de 1990, no se sa­be quién es el ar­que­ro de la Se­lec­ción has­ta dos días an­tes de em­pe­zar la Co­pa? Por­que se em­pa­re­jó el ren­di­mien­to. An­tes ha­bía uno que le sa­ca­ba una ca­be­za de ven­ta­ja al res­to.

18 Se em­pa­re­jó pa­ra aba­jo. No, no, hay un buen ni­vel. An­tes por ahí es­ta­ba el dis­tin­to, aho­ra hay buen ni­vel y es­tán to­dos muy pa­re­jos.

19 ¿Có­mo se to­mó la de­ci­sión fi­nal con los ar­que­ros? Jo­sé es el téc­ni­co y el que de­ci­de, pe­ro te­ne­mos agen­da abier­ta pa­ra ha­blar de los ar­que­ros. Ob­via­men­te me pre­gun­tó, y yo le di mi opi­nión, co­mo se la di a Biel­sa unos me­ses an­tes del Mun­dial pa­sa­do y se eno­jó.

20 ¿Quién te­nía que ata­jar pa­ra vos en el 2002? Que­da en­tre Mar­ce­lo y yo.

21 ¿Có­mo fue: él te pre­gun­tó o vos te acer­cas­te a su­ge­rir­le? Mar­ce­lo me pre­gun­tó en to­das las eli­mi­na­to­rias, y me ha­cía tra­ba­jar con los ar­que­ros. Siem­pre me res­pe­tó a muer­te, pe­ro cuan­do ter­mi­nó la eli­mi­na­to­ria me pre­gun­tó quié­nes te­nían que ser los tres ar­que­ros del Mun­dial. Le con­tes­té y, ob­via­men­te, no le gus­tó, por­que a par­tir de ahí no me con­sul­tó na­da más, se cor­tó el diá­lo­go y no me lle­vó al Mun­dial. Los tres de él no eran los tres míos y lle­vó a los que él creía que te­nía que lle­var, que es lo que co­rres­pon­de, por­que es el téc­ni­co.

22 ¿Cuál se­rá tu tra­ba­jo en Ale­ma­nia? Jo­sé me pi­dió que es­té con los ar­que­ros. Soy téc­ni­co y mi­ro to­do, pe­ro va a ha­ber co­sas de los ar­que­ros que qui­zás los de­más no per­ci­ban y yo sí. Ha­ré man­te­ni­mien­to, por­que se jue­ga se­gui­do y es un tor­neo cor­to. Se­ría bue­no que los tres ar­que­ros se sien­tan in­ven­ci­bles, que lle­guen a ese pun­to de for­ta­le­za men­tal.

23 ¿Cuál es la cla­ve pa­ra que a Ar­gen­ti­na le va­ya bien? Es de­fi­ni­to­rio que el equi­po al­can­ce el pi­co de ren­di­mien­to en la com­pe­ten­cia. Eso se lo­gra en el día a día, en la con­vi­ven­cia, en la con­cen­tra­ción, en el con­ven­ci­mien­to, en el men­sa­je de Jo­sé. Des­pués, el ju­ga­dor ar­gen­ti­no es de los úni­cos en el mun­do que va al se­gun­do es­fuer­zo cuan­do to­dos pien­san que es­tá muer­to. No hay ju­ga­do­res de esa ra­za en el mun­do. Pe­ro el pi­co de ren­di­mien­to es cla­ve. A no­so­tros nos pa­só en el 82, el pi­co lo ha­bía­mos te­ni­do un año an­tes. Ita­lia, que fue el cam­peón, ve­nía de pe­lear­se con to­dos los pe­rio­dis­tas, arran­có mal en la fa­se ini­cial y de re­pen­te el equi­po se en­con­tró en ple­na Co­pa.

1973. Perico Pérez y el Pato. La pregunta era ¿Fillol o Perico?. Finalmente Ubaldo se quedaría con el puesto en RiIver Plate.1973. Perico Pérez y el Pato. La pregunta era ¿Fillol o Perico?. Finalmente Ubaldo se quedaría con el puesto en RiIver Plate.



24 Se acer­ca el Mun­dial, ¿sen­tís el cos­qui­lleo de cuan­do eras ju­ga­dor? No. Sé lo que sig­ni­fi­ca un Mun­dial por­que ju­gué tres. Pe­ro al­go que apren­dí y apli­qué en gran par­te de mi ca­rre­ra fue la fra­se de Na­po­león: “Vís­te­me des­pa­cio que es­toy apu­ra­do”. O sea: que no te atra­pe la adre­na­li­na, la an­sie­dad, que­rer ha­cer to­do y no ha­cer na­da.

25 ¿Có­mo lo ves a Jo­sé? Al­gu­nos lo til­dan de frío, con po­co ca­rác­ter. No ten­go nin­gu­na du­da de que Jo­sé tie­ne el men­sa­je y la ca­pa­ci­dad ade­cua­dos pa­ra es­tar don­de es­tá. Es co­mo con los ar­que­ros: la fun­ción pri­ma­ria es evi­tar que le ha­gan go­les. Des­pués, el es­ti­lo es un ac­ce­so­rio, si es frío o no. Per­so­na­li­dad tie­ne, y mu­cha, vi las de­ci­sio­nes que to­mó des­de 1999. Te­ner per­so­na­li­dad no es gri­tar; el que gri­ta es por­que no su­po dar bien el pri­mer men­sa­je.

26 ¿Por qué te pe­leas­te con Me­not­ti en 1975? El Fla­co no me dio mu­cha chan­ce. Al po­co de aga­rrar, me di­jo: “Va a ha­ber dos gi­ras con la Se­lec­ción; us­ted va a ir a la pri­me­ra y a la se­gun­da irá Gat­ti”. En­ten­dí, pe­ro que­ría sa­car­me una du­da, en­ton­ces le pre­gun­té, no co­mo un plan­teo: “Cé­sar, si an­do bien, ¿a la se­gun­da voy, aun­que sea de su­plen­te?”. El Fla­co se ca­len­tó: “Us­ted no me en­ten­dió, si no quie­re no ven­ga, és­tas son las re­glas”. Y chau. Des­pués se com­pli­có por­que hu­bo va­rios cru­ces por la pren­sa y él de­cía que su ar­que­ro era Gat­ti. Ca­da vez sa­lía con más fuer­za a de­fen­der­lo.

27 ¿Te ter­mi­nó me­tien­do La­cos­te en la lis­ta? En el 77 ha­bía una pre­sión tre­men­da de la gen­te y de la pren­sa, por­que an­da­ba es­pec­ta­cu­lar. Un día so­nó el te­lé­fo­no en mi ca­sa: el Fla­co que­ría ha­blar con­mi­go. Nos jun­tó El Grá­fi­co y el 28 de di­ciem­bre de 1977 me vol­vió a con­vo­car. Me in­vi­tó a for­mar par­te del plan­tel. Yo acep­té y le di­je que iba a ju­gar el Mun­dial. Te­nía una mo­ral tre­men­da. El 5 de ene­ro del 78 me pre­sen­té en Vi­lla Ma­ris­ta, me sen­tía un pa­ra­cai­dis­ta, por­que los mu­cha­chos ve­nían de tres años la­bu­ran­do. Gat­ti no se pre­sen­tó, acu­só una le­sión, pe­ro no sé, en Bo­ca ju­ga­ba. Me hu­bie­se gus­ta­do te­ner un po­co más de opo­si­ción (ri­sas).

28 ¿Cuál fue el par­ti­do más di­fí­cil del Mun­dial? Con­tra Bra­sil. Na­die lo nom­bra, pe­ro tu­ve tres ma­no a ma­no. Y con los bra­si­le­ños, eh, que no es lo mis­mo que te­ner­los con otro. Y si nos ga­na­ban, es­tá­ba­mos afue­ra. Ade­más te­nía­mos en­ci­ma la his­to­ria de que no le po­día­mos ga­nar a Bra­sil des­de ha­cía va­rios años.

29 ¿Qué lle­gas­te a pen­sar cuan­do tu­vis­te a Ren­sen­brink ca­ra a ca­ra, en la úl­ti­ma ju­ga­da con­tra Ho­lan­da? No tu­ve tiem­po de pen­sar na­da. Sí re­cuer­do que en­se­gui­da des­pués del ti­ro pen­sé: “So­mos cam­peo­nes”. En el 95 vi­nie­ron de un pro­gra­ma de Ho­lan­da a ha­cer­me una no­ta y fui­mos al ar­co y tu­ve que re­crear la ju­ga­da. ¡Y en­ci­ma me pa­ga­ron!

En el 78 fue una figura decisiva, aunque llegó sobre la hora. Aquí, tapada clave en la final.

En el 78 fue una figura decisiva, aunque llegó sobre la hora. Aquí, tapada clave en la final.



30 ¿Qué hi­cis­te la no­che de la con­sa­gra­ción? Fui­mos a la fies­ta en el Al­vear Pa­la­ce y a las tres de la ma­ña­na sa­li­mos en un pa­tru­lle­ro con Pas­sa­re­lla. Me de­ja­ron en Quil­mes, es­ta­ba to­do os­cu­ro, en si­len­cio. Abrí la puer­ta y ex­plo­tó to­do, es­ta­ba mi fa­mi­lia, mis ami­gos, con co­he­tes, pa­pel pi­ca­do. El ba­rrio me es­ta­ba es­pe­ran­do.

31 ¿Qué sa­bías vos, du­ran­te el Mun­dial, de lo que pa­sa­ba en el país? Que ha­bía una gue­rra con­tra el te­rro­ris­mo, y que los mi­li­ta­res nos es­ta­ban de­fen­dien­do. De la ES­MA y las de­sa­pa­ri­cio­nes no sa­bía na­da, co­mo la ma­yo­ría. Al año de ser cam­peo­nes ju­ga­mos la re­van­cha con­tra Ho­lan­da en Sui­za y cuan­do en­tra­mos vi una ban­de­ra que de­cía “Vi­de­la ase­si­no”. No en­ten­día na­da. Pen­sa­ba: “¿Qué di­ce es­ta gen­te? Es­tá ha­cien­do que­dar mal al país”.

32 Cuan­do te en­te­ras­te de la ver­dad, ¿no te dio bron­ca que la dic­ta­du­ra los usa­ra? Re­pug­nan­cia sen­tí, me sen­tí usa­do, con la eu­fo­ria de la Co­pa se ta­pa­ron las bar­ba­ri­da­des que ha­cían. Pe­ro tam­bién ca­da vez sien­to más or­gu­llo de ha­ber de­fen­di­do al país co­mo lo de­fen­dí. Apar­te, el Mun­dial du­ró 30 días y la dic­ta­du­ra, sie­te años. Y en esos años tam­bién ju­gó Vi­las, pe­lea­ron Mon­zón, Ga­lín­dez, co­rrió Reu­te­mann.

33 ¿En el 82 les fal­tó ham­bre de glo­ria? No lle­ga­mos en el pi­co de ren­di­mien­to y fal­tó un po­co de ham­bre. No a to­dos.

34 ¿A quié­nes? No voy a de­cir a quién. Hay co­sas que al­gu­nos lla­man có­di­gos, yo di­go que es la ca­ja ne­gra del fút­bol, por­que el có­di­go es muy per­so­nal, ca­da uno tie­ne el su­yo. Son co­sas que no se cuen­tan, es­tán en la ca­ja ne­gra del fút­bol. La te­nés que en­con­trar, abrir, o que al­guien lo di­ga. Allá él.

35 ¿De quién eras hin­cha de chi­co? De Ri­ver. Mi vie­jo era fa­na y me re­ga­ló una al­can­cía con el di­bu­jo del Mi­llo­na­rio. Des­pués, me hi­ce hin­cha de ca­da club en el que ju­gué. Hoy, si me pre­gun­tan, di­go que soy hin­cha de Quil­mes, por to­do lo que re­pre­sen­ta en mi vi­da: en Quil­mes me pro­bé, vi­ví la ado­les­cen­cia, de­bu­té en Pri­me­ra, co­no­cí a mi se­ño­ra, me ca­sé y na­cie­ron mis hi­jos. Quil­mes es lo má­xi­mo pa­ra mí.

36 ¿Có­mo te re­ci­bió tu vie­jo cuan­do en el úl­ti­mo par­ti­do de tu ca­rre­ra te ata­jas­te to­do y pri­vas­te a Ri­ver de un cam­peo­na­to? Me fe­li­ci­tó por­que era una he­ren­cia dig­na de un hom­bre que de­fien­de lo que tie­ne que de­fen­der. Yo le di­je: “Hoy le di a Ve­lez lo que le di a Ri­ver 10 años, en­tre­ga ab­so­lu­ta y to­tal”. Es­ta­ba or­gu­llo­so.

37 ¿Siem­pre fuis­te ar­que­ro? No. En el club San Mi­guel, en Mon­te, con 13 años, los sá­ba­dos ata­ja­ba en la Cuar­ta y, ape­nas ter­mi­na­ba, ju­ga­ba de cin­co en la Ter­ce­ra.

38 ¿Có­mo se de­fi­nió tu des­ti­no? Vi­ne a pro­bar­me a Quil­mes con Nés­tor Bus­tos, Pan­di­to, un mu­cha­cho de mi pue­blo que fa­lle­ció ha­ce po­co. Cuan­do el téc­ni­co nos pre­gun­tó de qué ju­gá­ba­mos, yo le con­tes­té: “De cin­co o de ar­que­ro”. Se aga­rró una ca­len­tu­ra tre­men­da: “¡¿Có­mo de cin­co o de ar­que­ro, pi­be, us­ted me es­tá car­gan­do?!”. Ha­bía mu­chos pi­bes y en un mo­men­to pi­die­ron: “Un ocho y un ar­que­ro”. Co­mo Pan­di­to era ocho, di­je: voy tam­bién. En­tra­mos diez mi­nu­tos, Pan­di­to me­tió dos go­les, yo ta­pé tres pe­lo­tas y que­da­mos. Es ra­ro, pe­ro me fui a pro­bar sin sa­ber de qué que­ría ju­gar. Qui­zás, si en vez de pe­dir un ar­que­ro, re­cla­ma­ban un 5, la his­to­ria cam­bia­ba.

1978. Fillol adivina el palo y le ataja el penal al legendario polaco Kazimierz Deyna. Fue en el primer partido de la 2da ronda, al final ganaría Argentina 2 a 0 con goles de Mario Kempes.

1978. Fillol adivina el palo y le ataja el penal al legendario polaco Kazimierz Deyna. Fue en el primer partido de la 2da ronda, al final ganaría Argentina 2 a 0 con goles de Mario Kempes.



39 ¿Qué te gus­ta­ba más? A mí me gus­ta­ba ju­gar al fút­bol. No te­nía te­le­vi­sión, ni ra­dio, ni dia­rios; ju­ga­ba al fút­bol, es­tu­dia­ba y re­par­tía so­das. Na­da más.

40 ¿Y de 5 có­mo an­da­bas? Me de­fen­día, no sé si hu­bie­se te­ni­do la ca­rre­ra que tu­ve co­mo ar­que­ro, lo con­fie­so, pe­ro ju­ga­ba bien.

41 Tu pri­mer tra­ba­jo. Re­par­tí so­das y tam­bién la­bu­ré en un res­tau­rante, La En­ra­ma­da se lla­ma, del Ga­lle­go Ri­ve­ro. To­da­vía es­tá. Era la­va­co­pas, pre­pa­ra­ba el ca­fé, ser­vía los pos­tres. Se me di­fi­cul­ta­ba un po­co por­que era chi­co y te­nía que po­ner un ca­jon­ci­to pa­ra lle­gar al mos­tra­dor.

42 ¿Aten­dis­te a al­gún clien­te fa­mo­so? Un día me lla­mó el Ga­lle­go, que es fa­na de Ri­ver, y me pre­sen­tó a al­guien. Le di­jo: “Acá te­ne­mos un buen ar­que­ri­to que un día va a ir a Ri­ver”. El se­ñor me dio la ma­no y en­se­gui­da sen­ten­ció: “Va a ser un gran ar­que­ro por­que aprie­ta fuer­te la ma­no”. Pa­só el tiem­po, y ha­rá unos cin­co años le pre­gun­té al Ga­lle­go por aquel he­cho y me con­tó que el se­ñor ha­bía si­do Re­na­to Ce­sa­ri­ni.

43 ¿En Bue­nos Ai­res có­mo te las re­bus­cas­te? Al pa­sar la prue­ba en Quil­mes, nos pi­die­ron que lle­ve­mos el pa­se, al­go que siem­pre le agra­de­ce­ré a San Mi­guel, que no hi­zo pro­ble­mas. Quil­mes nos da­ba la pen­sión y un tra­ba­jo pa­ra pa­gar­la: me pu­sie­ron en la pa­na­de­ría La Ga­ri­bal­di. Ahí apren­dí a pre­pa­rar pan, fac­tu­ras, ma­si­tas, y des­pués ha­cía el re­par­to.

44 ¿Por qué “Pa­to”? Era la ter­ce­ra prác­ti­ca, no me co­no­cía na­die. El Pa­to Igle­sias, ar­que­ro de la Cuar­ta, no fue y el téc­ni­co me pi­dió si po­día prac­ti­car con ellos. En­se­gui­da, los pi­bes em­pe­za­ron “Pa­to” de acá, “Pa­to” de allá y que­dó.

45 Tu de­but en Pri­me­ra no fue muy aus­pi­cio­so. No lo ol­vi­do más: 1º de ma­yo de 1968, can­cha de Bo­ca, Quil­mes-Hu­ra­cán. Es­ta­ba en la Quin­ta, y Flo­ren­cio Do­val, que me co­no­cía de in­fe­rio­res, me con­vo­có por­que los otros ar­que­ros te­nían pro­ble­mas. A los tres mi­nu­tos, Brin­di­si ya me ha­bía me­ti­do un gol y ter­mi­na­mos per­dien­do 6-3. No fui un de­sas­tre, pe­ro me co­mí seis go­les. ¡Pa­va­da de de­but!

46 ¿Pen­sas­te que no era lo tu­yo? Llo­ré en el ves­tua­rio, llo­ré en el mi­cro que me de­jó en la pen­sión y llo­ré en la pie­za has­ta el otro día a la ma­ña­na. Fue una de­so­la­ción te­rri­ble.

Semifinal de Libertadores 1978 (ida) entre Boca y River. Mouzo la toma en el aire y le pega con alma y vida. La pelota busca el ángulo del arco. El Pato vuela y la saca. Fue 0 a 0 , solo por Fillol.

Semifinal de Libertadores 1978 (ida) entre Boca y River. Mouzo la toma en el aire y le pega con alma y vida. La pelota busca el ángulo del arco. El Pato vuela y la saca. Fue 0 a 0 , solo por Fillol.



47 ¿Có­mo le­van­tas­te ese muer­to? Des­pués del par­ti­do, Do­val se fue y aga­rró Fa­rao­ne. El mar­tes en­tre­na­mos y no me dio ni cin­co de bo­la, el miér­co­les lo mis­mo, el jue­ves hu­bo fút­bol y ata­jó Os­car Ca­va­lle­ro y a mí ni una pa­la­bra. Cuan­do ter­mi­nó la prác­ti­ca, gol­peé la puer­ta del ves­tua­rio y le pre­gun­té por qué no me te­nía en cuen­ta. “Pi­be, us­ted es un ca­ra­ ro­ta, se aca­ba de co­mer seis go­les y me pre­gun­ta eso”. Con los años, Car­me­lo me con­fe­só que en ese mo­men­to pen­só: “Es­te pi­be tie­ne unos hue­vos bár­ba­ros”. Ahí me di­jo que me que­da­ra tran­qui­lo por­que te­nía bue­nas re­fe­ren­cias mías, pe­ro que por el mo­men­to iba a ata­jar en re­ser­va.

48 ¿Có­mo ter­mi­nó la his­to­ria? Vol­ví a la re­ser­va y la em­pe­cé a rom­per. En un en­tre­na­mien­to, vi­no Car­me­lo y me pre­gun­tó qué co­mía. Le di­je: una en­tra­da y un pla­to prin­ci­pal. A los po­cos días, es­ta­ba en la pen­sión y cae el Gor­do. “De aho­ra en más –le exi­gió al due­ño–, a es­te pi­be le da dos pla­tos de en­tra­da, dos de prin­ci­pal, pos­tre y las be­bi­das que pi­da, que si el club no le pa­ga, lo pon­go yo de mi bol­si­llo”. Ya me ha­bía vis­to con­di­cio­nes. Al ter­mi­nar el tor­neo fui­mos de gi­ra por Cen­troa­mé­ri­ca. Me di­jo: “Pi­be, lle­gó el mo­men­to. Va a ata­jar en la gi­ra, y des­pués o se va pa­ra Mon­te o se que­da acá”. Era du­ro el Gor­do, pe­ro te la can­ta­ba jus­ta. An­du­ve bien en el pri­mer par­ti­do y en el se­gun­do me abrie­ron la ma­no con un ta­pón de alu­mi­nio. Me per­dí el res­to de la gi­ra. Pen­sa­ba: “Me vuel­vo a Mon­te, me vuel­vo a Mon­te, me vuel­vo a Mon­te”. A la vuel­ta, Car­me­lo me en­ca­ró: “Pi­be, se va a que­dar, le veo bue­na ac­ti­tud, tie­ne mu­cha per­so­na­li­dad”. Y así em­pe­cé.

49 ¿Hi­cis­te la co­lim­ba? Sí, vi­vía en el ca­la­bo­zo por­que me pe­lea­ba mu­cho. Co­mo no me de­ja­ban ir a prac­ti­car, me es­ca­pa­ba por atrás, por el río Quil­mes, atra­ve­sa­ba las vi­llas, me to­ma­ba el co­lec­ti­vo, prac­ti­ca­ba y vol­vía. A la vuel­ta me man­da­ban al ca­la­bo­zo por fal­ta de con­duc­ta.

50 Al­gu­na anéc­do­ta. Quil­mes es­ta­ba en la B y ju­gá­ba­mos un par­ti­do chi­vo con La­nús. Dos di­ri­gen­tes apa­re­cie­ron pa­ra pe­dir mi sa­li­da y el ti­po que es­ta­ba a car­go di­jo: lo de­jo pe­ro me lo traen us­te­des ape­nas ter­mi­na el par­ti­do. Ese día la rom­pí y me hi­cie­ron no­tas pa­ra la ra­dio. “Le quie­ro agra­de­cer a la gen­te de Quil­mes que me fue a bus­car –di­je– y al co­man­dan­te Fu­la­no que me dio per­mi­so”. Es­ta­ba emo­cio­na­do. Cuan­do vol­ví, el ti­po me que­ría ma­tar por­que ha­bía he­cho to­do pú­bli­co. “Tie­ne una se­ma­na más de ca­la­bo­zo”, me di­jo. Y otra vez a la cel­da, a lim­piar y a ha­cer tra­ba­jo for­za­do.

51 ¿Qué re­cor­dás del Me­tro 75, cuan­do se ve­nía la no­che? Era te­rri­ble la adre­na­li­na. Ri­ver lle­va­ba 18 años sin tí­tu­los, se ve­nía el 19, se eva­po­ra­ba to­do. Per­di­mos tres par­ti­dos se­gui­dos, la ven­ta­ja de ocho pun­tos que­dó en tres y el am­bien­te por los pa­si­llos era te­rri­ble.

52 ¿Y La­bru­na qué les de­cía? Nos re­pe­tía su fra­se de ca­be­ce­ra: “¡Va­mos, va­mos, a mo­ver la con­chi­ta!”.

53 ¿Có­mo fes­te­jas­te el día de la con­sa­gra­ción con­tra Ar­gen­ti­nos? Se ha­bía de­cla­ra­do la huel­ga, así que los pro­fe­sio­na­les no pu­di­mos ju­gar. Es­cu­ché el par­ti­do por ra­dio y des­pués me fui a dor­mir. Es­ta­ba con bron­ca por­que ese fes­te­jo era de nues­tra per­te­nen­cia.

54 ¿Es cier­to que La­bru­na te qui­so pe­lear cuan­do te ne­ga­bas a ir a Ri­ver? Sí, fue en 1973, es­tá­ba­mos en Ra­cing, y los di­ri­gen­tes se acer­ca­ron a de­cir­me que Ri­ver me que­ría. Yo les di­je que no te­nía ga­nas, por­que era la épo­ca de las in­ter­nas, los 18 años. Se me acer­có La­bru­na: “¿Us­ted es­tá lo­co? Si no va a Ri­ver, yo mis­mo lo voy a ca­gar a trom­pa­das, ¿me en­tien­de? Ri­ver es la ca­sa blan­ca”.

55 Un per­so­na­je, An­ge­li­to. Una vez se qui­so ha­cer el du­ro: “Mu­cha­chos, no pue­de ser que sean tan im­pun­tua­les, que si les di­go que la prác­ti­ca em­pie­za a las cua­tro, sean las cin­co de la tar­de y to­da­vía si­gan ca­yen­do”. Yo sal­té: “Pe­ro An­gel, ¿có­mo nos di­ce eso si us­ted es el úl­ti­mo en lle­gar?”. Y el Vie­jo sa­lió con una ocu­rren­cia ge­nial: “Lo que pa­sa es que yo sal­go a la ca­lle y la gen­te no pa­ra de fe­li­ci­tar­me, que­ri­do”. Vi­vía a tres cua­dras del es­ta­dio…

Labruna fue su padre futbolístico. En 1983, se murió delante de sus ojos. Todavía le duele.

Labruna fue su padre futbolístico. En 1983, se murió delante de sus ojos. Todavía le duele.



56 La­bru­na ca­si mu­rió en tus bra­zos. Sí, fue muy feo. Yo ha­bía ido a ju­gar a Bra­sil con la Se­lec­ción y un di­ri­gen­te me con­tó que lo ha­bían ope­ra­do por una her­nia que te­nía en la pan­za y que siem­pre nos mos­tra­ba. Ape­nas lle­gué a Ezei­za, fui a la clí­ni­ca y cuan­do en­tré  la es­ta­ban sa­can­do llo­ran­do a Ani­ta, su mu­jer. Mi­ro al la­do y veo a los mé­di­cos que tra­ta­ban de rea­ni­mar­lo. Se ha­bía in­far­ta­do y le da­ban con elec­tros­hock en el pi­so, man­da­ba unos sal­tos tre­men­dos, pe­ro no lo pu­die­ron sa­car. Lo que to­da­vía no me per­do­no es que no lle­gué a agra­de­cer­le to­do lo que hi­zo por mí. Ese fue el do­lor más gran­de: ha­ber­lo per­di­do sin po­der de­cir­le gra­cias al hom­bre que fue mi pa­dre fut­bo­lís­ti­co, el que más con­fió en mí. An­gel se em­pe­zó a en­fer­mar cuan­do lo trai­cio­na­ron en Ri­ver. Re­cuer­do que ese día me que­dé con Ani­ta, lla­mé a Ar­gen­ti­nos, a Ri­ver. Fue du­rí­si­mo. No quie­ro se­guir ha­blan­do, me ha­ce mal.

57 ¿Le vis­te de cer­ca la ca­ra a la muer­te al­gu­na vez? En 1988 íba­mos a Vi­lla Ge­sell por la ru­ta con mi se­ño­ra, a la no­che. Ve­nía muy rá­pi­do y se nos cru­zó un ca­ba­llo. No pu­de fre­nar: al ca­ba­llo lo par­tí al me­dio, y nos sal­va­mos de ca­sua­li­dad, por­que con el im­pac­to se que­bró el res­pal­do de los asien­tos y que­da­mos acos­ta­dos, si­ no nos cor­ta­ba la ca­be­za. Na­die en­ten­dió có­mo nos sal­va­mos, por­que aún a 80 por ho­ra, si aga­rrás un ca­ba­llo, te ma­tás. Dios es­tu­vo de nues­tra par­te.

58 ¿Qué mun­dial te dio más bron­ca per­der­te: el de 1986 o el 2002? Bron­ca no, por­que no soy ren­co­ro­so, pe­ro sí do­lor, por­que en el 86 ha­bía ju­ga­do to­das las eli­mi­na­to­rias, y por­que de­fi­ni­mos la cla­si­fi­ca­ción en can­cha de Ri­ver con­tra Pe­rú, cuan­do a Uri­be le sa­qué el 1-3. Se­gún Gron­do­na fue una de las me­jo­res ata­ja­das que vio en su vi­da: se vi­no so­lo, de­fi­nió aba­jo y pu­de aga­rrar­la. Era el 3-1 y afue­ra del mun­dial.

59 ¿Qué te ha­bía di­cho Bi­lar­do cuan­do asu­mió en la Se­lec­ción, sien­do que vos ve­nías del pro­ce­so de Me­not­ti? Me tra­tó co­mo uno más, co­mo de­be ser, pe­ro se per­ci­bía en el ai­re que cuan­tos me­nos mu­cha­chos hu­bie­ra de ese cam­peón del mun­do del 78, me­jor.

60 ¿Quién te avi­só que no ibas al Mun­dial 86? Na­die. Eso me do­lió más que no ha­ber ido. Y es lo que si­go re­cla­man­do. Yo es­ta­ba en la Se­lec­ción des­de 1972, ha­bía ju­ga­do tres mun­dia­les, y creo que al­go ha­bía de­ja­do por la Se­lec­ción. Me­re­cía que al me­nos le­van­ta­ran el te­lé­fo­no y me di­je­ran: “Pa­to, no vas”. De to­dos mo­dos, me pu­so fe­liz el tí­tu­lo en Mé­xi­co.

61 ¿Por qué creés que no fuis­te? Esa es una pre­gun­ta pa­ra Bi­lar­do. No sé. Yo no le guar­do ren­cor a na­die, y si hu­bo al­go ex­tra­ño, ya pa­só. Sí ten­go mis con­vic­cio­nes y si en ese mo­men­to  de­fen­dí a Pas­sa­re­lla, la si­go sos­te­nien­do.

62 ¿Vos sen­tís que es­ta­bas pa­ra ata­jar ese Mun­dial? Sí. Ese y el del 90 tam­bién. Pe­ro eso lo creo yo. Y yo no era el téc­ni­co.

1981. En El Gráfico se votó a los mejores jugadores de América del año y terminaron: 1ro. Diego Maradona (Boca), 2do. Arthur Coímbra “Zico” (Flamengo) y 3ro. Ubaldo Fillol (River).

1981. En El Gráfico se votó a los mejores jugadores de América del año y terminaron: 1ro. Diego Maradona (Boca), 2do. Arthur Coímbra “Zico” (Flamengo) y 3ro. Ubaldo Fillol (River).



63 ¿Al­gu­na vez ha­blas­te del te­ma con Bi­lar­do? No. A los seis me­ses del tí­tu­lo, me cru­cé con él en una pre­sen­ta­ción de Adi­das y lo fui a sa­lu­dar y fe­li­ci­tar por el tí­tu­lo, só­lo eso.

64 ¿Có­mo su­pis­te que no ibas al 2002? Jo­sé, que era el coor­di­na­dor, me avi­só 30 días an­tes, pe­ro ya me lo ima­gi­na­ba por­que ha­bía per­di­do el diá­lo­go con Mar­ce­lo, des­pués de esa char­la en la que no es­tá­ba­mos de acuer­do.

65 ¿No le pre­gun­tas­te por qué no te lle­vó, cuan­do vol­vió del Mun­dial? No, por­que no vol­ví a tra­ba­jar con los ar­que­ros de la ma­yor, si­no que se­guí con los ju­ve­ni­les. Sí re­cuer­do que el día pos­te­rior al ho­me­na­je por los 25 años del Mun­dial 78, en el que los me­dios des­ta­ca­ron mi ac­tua­ción, Mar­ce­lo se cru­zó del pre­dio de la ma­yor y me di­jo: “Te quie­ro fe­li­ci­tar por lo que hi­cis­te ayer, me emo­cio­nas­te, fue im­pre­sio­nan­te”. Se dio me­dia vuel­ta y se fue.

66 ¿Co­mo te sen­tis­te ese día del 25 ani­ver­sa­rio, que ju­ga­ron en un Mo­nu­men­tal se­mi­va­cío? Yo sien­to or­gu­llo ple­no por lo que hi­ci­mos. Me reen­con­tré con ex com­pa­ñe­ros y va­rios mu­cha­chos en ac­ti­vi­dad vi­nie­ron a ju­gar con no­so­tros, por lo de­más no me preo­cu­pé.

67 ¿Vos coin­ci­días con Biel­sa en que de­bía ata­jar Ca­va­lle­ro en 2002? Dis­cre­ción es mi nom­bre, cau­te­la es mi ape­lli­do.

68 ¿Ca­ja ne­gra? Ca­ja ne­gra.

69 ¿Pas­sa­re­lla te pi­dió opi­nio­nes de ar­que­ros cuan­do fue DT de la Se­lec­ción? No.

70 ¿Te arre­pen­tís de ha­ber­te lar­ga­do co­mo DT cuan­do es­ta­bas có­mo­do en la Se­lec­ción? En ab­so­lu­to. Y lo vol­ve­ría a in­ten­tar. Lo que pa­sa es que yo hi­ce el cur­so de téc­ni­co an­tes de de­jar el fút­bol, pe­ro en­tre el 90 y el 98 de­sa­pa­re­cí del ma­pa.

71 ¿Por qué? Ju­gué mi úl­ti­mo par­ti­do el 21 de di­ciem­bre de 1990, el Vé­lez-Ri­ver en el Mo­nu­men­tal. Al día si­guien­te te­nía que ir a al­mor­zar a lo de Mirt­ha Le­grand, pe­ro me do­bla­ba de do­lor y ter­mi­né en el hos­pi­tal, ope­ra­do de apen­di­ci­tis. A los dos días de sa­lir, me avi­sa­ron que mi vie­jo te­nía leu­ce­mia, que se po­día mo­rir en dos se­ma­nas o dos años, así que de­ci­dí que­dar­me con él y no de­di­car­me a otra co­sa. Vi­vió dos años más y unos días des­pués de su muer­te, su­frí la en­fer­me­dad de mi hi­ja y vol­ví a de­sa­pa­re­cer del mun­do. Cuan­do me qui­se acor­dar ya era 1998, y sal­vo unos me­ses con Ba­si­le en Ra­cing no ha­bía he­cho na­da. No me arre­pien­to, cla­ro.

En andas. Así se retiró tras su último partido, atajando para un 10 con Vélez en River.

En andas. Así se retiró tras su último partido, atajando para un 10 con Vélez en River.



72 ¿Des­pués del Mun­dial vas a pro­bar otra vez co­mo DT? Es­toy en un lu­gar de pri­vi­le­gio. Des­pués del Mun­dial no sé qué pa­sa­rá. Na­die sa­be qué va a pa­sar, en rea­li­dad.

73 ¿El am­bien­te te re­sul­tó más hos­til de lo ima­gi­na­do, cuan­do es­tu­vis­te en Ra­cing? No, y me ca­lien­ta que me pre­gun­ten eso, o si ten­go mie­do o si me voy a arre­pen­tir, co­mo si no co­no­cie­ra los ves­tua­rios des­de que ten­go 14 años. Co­no­cí y co­noz­co las re­glas de jue­go. Así que no me sor­pren­dió ni me mo­les­tó na­da.

74 ¿Sen­tís que en Ra­cing no va­lo­ra­ron tu tra­yec­to­ria? Ra­cing te­nía 40 pro­fe­sio­na­les, ha­bían pa­sa­do Ar­di­les, Cap­pa, es­ta­ba de mi­tad de ta­bla pa­ra aba­jo, he­cho mier­da. De­pu­ré el plan­tel, hi­ce una cam­pa­ña de 29 pun­tos, y cuan­do qui­se ar­mar mi plan­tel tra­je­ron los ju­ga­do­res con el tor­neo em­pe­za­do. Es­to lo con­fie­so por pri­me­ra vez: en la se­ma­na pre­via al arran­que del nue­vo tor­neo, un vier­nes con­tra Ar­gen­ti­nos, yo pe­dí ha­blar con Ma­rín pa­ra re­nun­ciar, por­que no ve­nían los re­fuer­zos. Co­mo es­ta­ba en Fran­cia ha­bla­mos por te­lé­fo­no y me pi­dió por fa­vor que no hi­cie­ra na­da. Me con­ven­ció. Ga­na­mos, los ju­ga­do­res no ve­nían, re­nun­cié por se­gun­da vez, me vol­vió a con­ven­cer, ga­na­mos dos par­ti­dos más y los ju­ga­do­res fue­ron lle­gan­do: uno le­sio­na­do, el otro fue­ra de for­ma. Y se dio lo que es­pe­ra­ba, el equi­po ju­ga­ba mal por­que se es­ta­ba ar­man­do. El pro­ble­ma es que no tu­ve la du­re­za pa­ra ir­me al prin­ci­pio. Y des­pués me re­sis­tí por­que sa­bía que ese plan­tel iba a pe­lear el tor­neo, que fue lo que pa­só. A Ra­cing no le pu­de dar el tí­tu­lo pe­ro sí le de­jé un equi­po que pe­leó el tor­neo. Y ese mis­mo téc­ni­co (por Ri­va­ro­la) que pe­leó un cam­peo­na­to con el equi­po que yo ar­mé, des­pués ar­mó otro equi­po, que es el ac­tual. No sien­to en ab­so­lu­to ha­ber fra­ca­sa­do.

75 ¿Te fuis­te ba­jo­nea­do? Do­li­do. Ba­jo­nea­do no, por­que soy un ti­po de mu­cho ca­rác­ter.

76 ¿Quién te lla­mó pa­ra vol­ver a la Se­lec­ción? Gron­do­na. Lo to­mé co­mo un re­co­no­ci­mien­to enor­me.

77 ¿Qué re­cor­dás del día que mu­rió Pe­rón, du­ran­te el Mun­dial 74? Siem­pre fui pe­ro­nis­ta, y me afec­tó, co­mo a ca­si to­dos los mu­cha­chos y a los di­ri­gen­tes. ¡Có­mo llo­ra­ba esa gen­te! Des­pués de ha­cer una mi­sa, pen­sa­mos en no pre­sen­tar­nos a ju­gar, pe­ro nos avi­sa­ron que si lo ha­cía­mos, Ar­gen­ti­na po­día per­der la se­de del Mun­dial 78. Fue mi de­but mun­dia­lis­ta, con­tra Ale­ma­nia De­mo­crá­ti­ca, al­go im­pen­sa­do por­que no me ima­gi­na­ba que iba a ju­gar. El he­cho de ha­ber ido co­mo ter­cer ar­que­ro, me hi­zo sen­tir, a la vuel­ta, que ha­bía ju­ga­do diez años en Eu­ro­pa. Fue una gran ex­pe­rien­cia.

78 ¿O sea que a un Mun­dial de­ben ir dos ar­que­ros pa­ra ata­jar y un ter­ce­ro pa­ra ga­nar ex­pe­rien­cia? No, no, en el fút­bol mo­der­no, si vas es por­que po­dés ju­gar.

79 ¿Te­nías mu­chas cá­ba­las co­mo ju­ga­dor? Só­lo al­gu­nas. Le co­pié una a Ca­va­lle­ro, que en Quil­mes se ti­ra­ba un po­co de al­co­hol en el bu­zo, a la al­tu­ra del pe­cho, an­tes de ju­gar.

80 Nun­ca vol­vis­te a Ri­ver, cuan­do el club sue­le re­cu­pe­rar a los ído­los. ¿Fue por tu sa­li­da con­flic­ti­va de 1983? No lo sé. A mí me hi­cie­ron fa­ma de jo­di­do, pe­ro en nin­gu­no de los otros clu­bes don­de ju­gué y di­ri­gí tu­ve un so­lo pro­ble­ma: Quil­mes, Ra­cing, Ar­gen­ti­nos, Fla­men­go, Atlé­ti­co de Ma­drid y Vé­lez co­mo ju­ga­dor; Ban­field, Ra­cing y la Se­lec­ción, ya de en­tre­na­dor. O sea: fue­ron diez con­tra­tos y no hu­bo nin­gún pro­ble­ma. To­do eso fue un in­ven­to que bus­có en­su­ciar­me, la gen­te de La­cos­te me­tía co­sas en los me­dios y ar­ma­ba el cir­co. Y has­ta me apre­ta­ron a mí y a mi vie­jo.

81 ¿Có­mo te apre­ta­ron? Nos ame­na­za­ron de muer­te. A mi vie­jo lo aga­rra­ron en la ca­lle: se ba­ja­ron ti­pos ar­ma­dos de un Fal­con ver­de, le pe­ga­ron y le di­je­ron: “Que tu pi­be fir­me con­tra­to por­que si no te va­mos a ma­tar”. Sen­tí una re­pug­nan­cia tre­men­da, has­ta pen­sé en de­jar el fút­bol. Y a mí me lle­va­ron a una ofi­ci­na de ellos, que La­cos­te que­ría ha­blar con­mi­go, y me ame­na­za­ron. To­da gen­te ar­ma­da, es­pan­to­so.

1976. Uno de los goles recibidos más duros, en la final del Nacional . La barrera a medio formar, el vía libre del árbitro Ithurralde, el derechazo quirúrgico de Suñé y el viaje sin escalas de la pelota hasta el ángulo izquierdo del Pato Fillol

1976. Uno de los goles recibidos más duros, en la final del Nacional . La barrera a medio formar, el vía libre del árbitro Ithurralde, el derechazo quirúrgico de Suñé y el viaje sin escalas de la pelota hasta el ángulo izquierdo del Pato Fillol



82 ¿Eras du­ro de arriar con la pla­ta, no? Si en esa épo­ca hu­bie­ra ha­bi­do re­pre­sen­tan­te, ha­bría ter­mi­na­do mi ca­rre­ra en Ri­ver. Se hu­bie­ra evi­ta­do mu­chí­si­mo des­gas­te. Pe­ro no era con­flic­ti­vo, ya lo ex­pli­qué.

83 ¿Qué hi­cis­te con el di­ne­ro que ga­nas­te con el Gor­do de Na­vi­dad? Esas fue­ron men­ti­ras. La Gor­da Ma­to­sas hi­zo co­rrer esa pe­lo­ta, de­cía: “A es­te mi­se­ra­ble le ven­dí el gor­do na­vi­dad y no me dio un pe­so”. In­ven­ta­ban cual­quier bo­lu­dez por el pro­ble­ma del con­tra­to.

84 ¿Te si­gue do­lien­do el gol de Su­ñé de ti­ro li­bre, que de­fi­nió la fi­nal del Na­cio­nal 76 pa­ra Bo­ca? To­dos los go­les que me hi­cie­ron me due­len. Qui­zás ese más por­que no ha­bían da­do la or­den y por­que uno de nues­tro equi­po de­bía ir a la pe­lo­ta. Es­ta­ba de­sig­na­do y no fue. Apar­te, des­pués me en­te­ré de que It­hu­rral­de, el ár­bi­tro, era fa­na de Bo­ca. Hu­bo pi­car­día.

85 ¿Quién era el que te­nía que ir a la ba­rre­ra? Ca­ja ne­gra.

86 ¿Tu hi­ja Na­dia ya se re­cu­pe­ró de la ano­re­xia? Sí, se ca­só, es­tá cu­ra­da, muy bien. Igual, co­no­cien­do có­mo es la en­fer­me­dad, uno de­be pres­tar aten­ción siem­pre.

87 ¿Qué co­sas cam­bias­te vos co­mo pa­dre a par­tir de su en­fer­me­dad? Fui el pri­me­ro que lo di­je en es­te am­bien­te: du­ran­te to­da mi ca­rre­ra vi­ví den­tro de una bur­bu­ja. Y cuan­do me pa­só lo de mi vie­jo y des­pués lo de mi pi­ba me di cuen­ta de que era de car­ne y hue­so. Se hi­zo un clic en mi ca­be­za.

88 ¿Te re­pro­chás al­go? Me de­bo ha­ber equi­vo­ca­do en mu­chas co­sas, pe­ro nun­ca me guar­dé na­da. Yo me mo­ri­ría tran­qui­lo si el día de ma­ña­na com­prue­bo que mis hi­jos me tie­nen el mis­mo ca­ri­ño que yo le tu­ve a mi vie­jo.

89 ¿Qué pa­só con el Lo­co En­ri­que en 1988? Nos ex­pul­sa­ron en un Ri­ver-Ra­cing por pe­lear­nos en el cam­po y al Tri­bu­nal de Pe­nas no se le ocu­rrió me­jor idea que ci­tar­nos al día si­guien­te a la mis­ma ho­ra. Yo es­ta­ba en la sa­la, se abrió el as­cen­sor, y ape­nas lo vi, en­se­gui­da me pa­ré, me sa­qué el re­loj y lo fui a bus­car y nos pe­lea­mos de nue­vo. Ya es­tá arre­gla­do.

90 Eras bas­tan­te ca­len­tón. Sí, y me aga­rra­ba se­gui­do a trom­pa­das, so­bre to­do en la ca­lle. Era de los que se ba­ja­ban del au­to pa­ra pe­lear por­que te pu­tea­ban. Hoy no. Era otra épo­ca, tam­bién, hoy co­rre­rías ries­gos por la dro­ga, el al­co­hol, to­dos es­tán ar­ma­dos. Y con com­pa­ñe­ros me aga­rré una vez so­la, con Jo­ta Jo­ta Ló­pez, y tan­to él co­mo yo nos arre­pen­ti­mos.

1978. Es el final, Argentina campeón del mundo. El Pato de rodillas a punto de recibir al Conejo Tarantini, fue unos segundos antes de la célebre fotografía "El abrazo del alma" de Ricardo Alfieri

1978. Es el final, Argentina campeón del mundo. El Pato de rodillas a punto de recibir al Conejo Tarantini, fue unos segundos antes de la célebre fotografía "El abrazo del alma" de Ricardo Alfieri



91 ¿Se te sa­lía la ca­de­na fá­cil? Se me sa­lía fá­cil la ca­de­na, es cier­to, pe­ro te­nía hue­vos, eh. Cuan­do te ha­bla­ba del ca­rác­ter, vis­te, bue­no...

92 Co­mo téc­ni­co de Ra­cing a ve­ces te eno­ja­bas mal por cier­tas pre­gun­tas, co­mo que se te si­gue sa­lien­do fá­cil la ca­de­na. To­da­vía ten­go mu­cha san­gre en las ve­nas, mu­chí­si­ma. ¿Te acor­dás de la fra­se de Na­po­león “vís­te­me des­pa­cio...”. Bue­no, só­lo a ve­ces…

93 ¿Por qué di­jis­te una vez que Com­mis­so era tu ene­mi­go? Tu­vi­mos una di­fe­ren­cia. Fue un mo­men­to en que se me sa­lió la ca­de­na.

94 ¿Có­mo vis­te la in­ter­na de Ri­ver del ve­ra­no? Me do­lió mu­chí­si­mo por Mos­ta­za, por­que lo quie­ro bien, co­mo ami­go.

95 ¿Es­tás ha­cien­do al­go ade­más de la Se­lec­ción? Doy char­las de ma­ne­jo de gru­po, li­de­raz­go, an­te 200 o 600 per­so­nas, por lo ge­ne­ral em­plea­dos je­rár­qui­cos de em­pre­sas. Es­tá la char­la de me­dia ho­ra y des­pués pre­gun­tan. Pa­ra es­to fui a un cen­tro de ca­pa­ci­ta­ción pa­ra sa­ber ex­pre­sar­me, có­mo di­ri­gir­me a las per­so­nas.

96 ¿Qué es lo que más te pre­gun­tan? Mu­chos quie­ren sa­ber có­mo era el li­de­raz­go en el plan­tel del 78, có­mo se for­ma un lí­der. Pa­ra mí, el lí­der na­ce y lo for­ta­le­ce el gru­po en el día a día. El lí­der no só­lo de­be ser­lo en la can­cha si­no afue­ra, a ve­ces esos li­de­raz­gos lo ejer­cen dos per­so­nas dis­tin­tas, y hay que sa­ber apro­ve­char­los. Es me­jor que el li­de­raz­go es­té com­par­ti­do, por­que así se apun­ta me­jor al gru­po.

97 ¿Quié­nes eran los lí­de­res en el 78? Ha­bía mu­chos: Ar­di­les, Ol­guín, Pas­sa­re­lla, Ga­lle­go y Kem­pes tam­bién lo era den­tro de la can­cha. Yo no era lí­der por­que lle­gué al gru­po con el diá­lo­go ro­to con Me­not­ti, pe­ro ahí la Se­lec­ción es­tu­vo por en­ci­ma de los hom­bres. Ba­sán­do­nos en el ob­je­ti­vo se dio el diá­lo­go que te­nía­mos que te­ner pa­ra ese ti­po de em­pre­sa.

98 ¿El ar­que­ro de­be ser egoís­ta? Lan­da­bu­ru se que­ja­ba por­que no le pres­ta­bas el ar­co nun­ca. Yo vi­vía pa­ra el fút­bol las 24 ho­ras, me sen­tía el me­jor, el fí­si­co me da­ba, ¿por qué iba a de­jar ata­jar a otro? Más que egoís­ta, el ar­que­ro de­be ser des­con­fia­do: no tie­ne que con­fiar en su de­fen­sor, ni en la pe­lo­ta, ni en el pi­que. Pa­ra el ar­que­ro, ser des­con­fia­do es una vir­tud.

99 ¿Y debe tener una personalidad particular, también? El arquero debe tener carácter, no dejarse llevar por delanteros que te vienen a joder, sobreponerte a dificultades de resultados, de comerte un gol y no comerte el siguiente por estar dudando.

100 De todos los que viste tras tu retiro, ¿quién fue el más parecido a Fillol?</strong> Ustari es el que más se me parece. Le pega un poquito mejor que yo, nada más... Juan Pablo Carrizo también. Son arqueros serios, de equipo grande: les llega media pelota y la tienen que atajar, no les pesa el escenario.

Diego Borinsky (2006).

 

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