¡Habla memoria!

Reportaje al Viejo Gasómetro. Por Juvenal

Por Redacción EG · 19 de marzo de 2020

¿Hablar con los tablones de la historia? ¿Oír los estruendos eufóricos del ayer? Es posible a través del sentimiento, el que despierta el inolvidable y desaparecido estadio de San Lorenzo en Boedo.

Durante varios años me negué sistemáticamente a pasar por avenida La Plata al 1700. Me resultaba insoportable la sola idea de que allí no iba a ver más el viejo estadio de San Lorenzo. El Wembley porteño donde disfruté tantas tardes, tantas noches y también algunas mañanas. Tampoco me resignaba a ver que en ese sitio por donde desfiló la historia de un fútbol inolvidable, se levantaba ahora un supermercado... Era algo que mi alma de futbolero no podía tolerar. Pero hace poco, pasé por allí, estacioné y entré. Fui recorriendo las góndolas repletas de productos domésticos casi como un autómata. Y llegué a un rincón del supermercado donde me detuvo una placa pegada a la pared. La placa decía que en ese terreno estuvo alguna vez una cancha de fútbol. Me sentí como transportado a otro tiempo Y otro lugar. Desaparecieron las latas de tomates, arvejas y aceite. Las botellas de gaseosas. Los salamines y las mortadelas. Los alimentos para perros y los insecticidas. Fue brotando ante mis ojos el antiguo estadio de madera. Aquella tribuna donde viví mis primeras avalanchas y mis primeros partidos nocturnos. Aquel Palco de periodistas que llevaba un nombre caro a los afectos de EL GRAFICO: Félix Daniel Frascara. El glorioso y querido Gasómetro. Y me puse a charlar con él. A recordar tiempos idos que muchos lectores jóvenes sólo pueden conocer por transmisión folklórica, porque no llegaron a vivirlos. Siento que mi obligación es contarles cómo vuelven en los recuerdos del estadio que ya no está pero sigue estando ahí. En el alma y en la sangre de los hinchas del Ciclón que tienen más de veinte años…

El primer partido en este mítico estadio se jugó el 7 de mayo de 1916 (San Lorenzo - Estudiantes de La Plata) y el último encuentro oficial fue el 2 de diciembre de 1979 (San Lorenzo - Boca).

El primer partido en este mítico estadio se jugó el 7 de mayo de 1916 (San Lorenzo - Estudiantes de La Plata) y el último encuentro oficial fue el 2 de diciembre de 1979 (San Lorenzo - Boca).

  ¿Sabe, viejo Gasómetro? Por un instante vi asomar por la boca del túnel que estaba justo en la mitad de la cancha al Nene Sanfilippo encabezando a los azulgranas de hace treinta años. ¿Sería, en realidad, Sanfilippo? ¿O era Rinaldo Martino? Sin embargo, no era tan morocho. . . En una de ésas era Diego García, porque lo recuerdo retacón como a Sanfilippo... ¿Sabe, mi querido estadio? Cuando a uno se le nublan los ojos, se le mezclan las imágenes...

 —A mí también me pasa lo mismo. Después de tantos años de estar dormido, sin aquel ruido lindo de aquellos tiempos, sin aquel rumor de multitud, sin aquellos gritos de alegría y de bronca que sentí en tantas tardes domingueras, al despertar de golpe se me entremezclan las figuras y los sonidos. Pero los recuerdos ayudan. Y le digo con precisión: el que salía por la boca del túnel era el Nene Sanfilippo. Le aclaro más: ahora mismo, cuando empiece el partido, Capdevila le va a tirar una pelota larga. José habrá picado a buscar ese pase por elevación y, cuando le salga el Tano Roma, la va a enganchar de taquito para marcarle un gol histórico. . . ¡Y mire qué notable! En el túnel, estando por entrar a la cancha, discutieron los míos y los de Boca porque ninguno de los dos quería salir primero. Son esas cábalas que tienen los jugadores. Me imagino que los de hoy también. Es una forma de aprovechar la condición de local, el grito de la propia hinchada. Los hacen salir primeros a los visitantes, después entran los locales y la tribuna se viene abajo, con gritos y papelitos. Los que estaban en la cancha se tragan el impacto de esa recepción y, usted sabe, los estados de ánimo también juegan...

—Pero, siga contándome cómo se resolvió la discusión con los boquenses y qué tuvo de notable...

—Que al final, cansado de hablar, el capitán de San Lorenzo dijo: “Está bien, salimos primero nosotros. Pero apenas empiece el partido, a vos (y lo señaló al arquero de Boca), te hago un gol de taquito. . ." El capitán era Sanfilippo. Movieron la pelota, se la tiraron al Nene y lo hizo. ¡Si no lo veo, no lo creo!

 

Sanfilippo cumple su amenaza venciendo a Roma a los veinte segundos... y de taquito.

Sanfilippo cumple su amenaza venciendo a Roma a los veinte segundos... y de taquito.

 

— ¿En aquellos tiempos también jugaba Rossi? Ese la rompía, ¿no?

—Eso pasó en 1962. El número 8 era Oscar Pablo Rossi, apodado “el Manija", uno de los jugadores más hábiles que hayan pisado mi cancha. La gente lo adoraba. Y eso que venía de Huracán que, como usted sabe, siempre ha sido mala palabra para nosotros, los cuervos... Pero Coco la descosía. Era el rey de la pisada. Y también de la rabona, ésa que se tira pasando un pie por detrás del otro. Yo le vi meter caños de rabona. . . ¡Qué jugador! En el último partido de 1961, Coco lo sacó goleador del campeonato a Sanfilippo por cuarta vez consecutiva. Y también contra Boca, mire qué casualidad. Bueno, en realidad, no era casual. En aquellos tiempos le ganábamos a Boca con la camiseta. Los teníamos de hijos. A los de Huracán también, ¿eh? Aquella tarde, al Nene le faltaba un gol para salir primero en la tabla de goleadores. Se metió a buscar el posible pase de Oscar Rossi pero al ver que se había ido al offside, Coco comenzó a gambetear rivales hasta que tuvo la seguridad de que el Nene estaba bien habilitado. Recién entonces se la colocó y Sanfilippo metió el gol que necesitaba. Solamente un virtuoso como Rossi podía hacer algo semejante...

—Pero usted se me está quedando en Sanfilippo y parece olvidar que antes y después pasaron por esta cancha otros grandes goleadores del Ciclón...

—No me olvido. ¡Por favor! ¿Cómo no voy a recordar aquel trío de 1946 que llenó todos los arcos de goles? Aquel de Farro, Pontoni y Martino. San Lorenzo fue campeón con 90 goles convertidos, a razón de tres por partido. Y todos de gran espectáculo. René Pontoni era completo. Exquisitez y potencia. Calidad y eficacia. Movía los hilos del ataque como un titiritero. Armando Farro era la hormiguita laboriosa. Pero también llegaba y la metía. Rinaldo Martino era el gol envuelto en papel de seda, adornado con moñitos, todos del mismo color como decía el tango. . . Cuando Mamucho entraba por la izquierda, estaba cantado: le pegaba de cachetada al palo opuesto y la metía allá, suave y fuerte a la vez. Era un delantero de lujo. He visto muy pocos que la llevaran a la carrera tocándola cortita con uno u otro pie, como Martino.

 

Fútbol de oro. Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino formaron un terceto de alto nivel futbolístico y de eficacia notable.

Fútbol de oro. Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino formaron un terceto de alto nivel futbolístico y de eficacia notable.

 —Atención que Rinaldo no arrancó jugando con Pontoni. Los dos eran de Rosario, René de Newell's, Martino de Belgrano, y recién se encontraron aquí en San Lorenzo para el campeonato de 1945, aunque Mamucho venía de antes…

 —Así es. Martino jugó al lado de otro inolvidable: el vasco Isidro Lángara. ¡Qué debut el suyo en mayo de 1939! Llegó a Buenos Aires, del puerto a mi vestuario, allí conoció a sus nuevos compañeros del Ciclón y salió a jugar, nada menos que contra River. Fue el asombro total. Antes de terminar el primer tiempo, el vasco le había metido cuatro goles al uruguayo Besuzzo, que defendía el arco de River. Nunca, antes, se había producido una conmoción semejante. Todos los españoles del país se hicieron hinchas de San Lorenzo. Casi lo dejamos sin gallegos a los de Independiente… Era grandote, vigoroso, un centro forward tipo tanque, de una nobleza extraordinaria. Una sola vez se plantó frente a un rival de los muchos que le daban leña para detenerlo. Lo miró fijo y le dijo: “¡Chico: mira que te doy un topetazo!" Esa fue toda su reacción.

DEBUT DE LÁNGARA. Cuarto gol de San Lorenzo. Beristain, que resultó un eficaz colaborador de Lángara, colocó otro centro bajo. Cuello dejó pasar la pelota y cuando Besuzzo se iba a apoderar de ella, surgió inesperadamente el delantero español, quien se adelantó a la intervención del guardavalla y marcó el tanto.

DEBUT DE LÁNGARA. Cuarto gol de San Lorenzo. Beristain, que resultó un eficaz colaborador de Lángara, colocó otro centro bajo. Cuello dejó pasar la pelota y cuando Besuzzo se iba a apoderar de ella, surgió inesperadamente el delantero español, quien se adelantó a la intervención del guardavalla y marcó el tanto.

 —En aquellos años, San Lorenzo se convirtió en el club de los vascos…

—Así fue. Después de Isidro Lángara llegaron otros: Irraragorri, Emilín y uno que duró 13 temporadas, con 354 partidos oficiales, inolvidable por su temple y su categoría: Angel Zubieta. Gran jugador, gran señor, una figura imponente y un fútbol de primera calidad. Zubieta jugó también en aquel gran equipo de 1946, al lado del Tano Greco y Bartolomé Colombo. Zubieta no toleraba que se jugara con desprolijidad una pelota, sin apoyarla con justeza al compañero desmarcado. Cuando algún defensor le pegaba para arriba, con esos rechazos que son más para los contrarios que para los nuestros, don Ángel se ponía loco y hasta largaba un insulto: “¡Centros no, me c. . . en Satanás!"

— También hubo brasileños en los viejos tiempos del Ciclón…

 —Uno extraordinario, en 1933, cuando ganamos el primer campeonato profesional. Se llamaba Petronilho de Britos y llegó de Brasil con el apodo justo: "La Maravilla Negra". Era finísimo. Un negro espigado, elegante, que le ponía música a cada pelota que tocaba. Era el hombre ideal para aquel cuadro del Ciclón porque los otros delanteros eran agresivos, penetrantes, esos que iban directamente al gol: Gabriel Magán, Genaro Canteli, Diego García y Arturo Arrieta. Petronilho hacía la pausa justa, ponía el toque intencionado, distinto. Después, en 1935, llegó el hermano menor. Se llamaba Waldemar de Britos y en su tierra le decían "La Pantera Negra". Con el tiempo iba a pasar a la historia por un detalle que no lo definía como jugador sino por su ojo clínico: descubrió en una estación de servicio de Baurú a un negrito que la rompía. Le decían Gasolina y con los años se convirtió en Pelé. ¿Lo ubica? La intención era juntar a los dos hermanos en una fórmula ofensiva espectacular pero no pudo ser. El día de su debut, contra Boca, Waldemar estuvo en la cancha al lado de Petronilho apenas un cuarto de hora. Salió lesionado y ya no pudieron jugar juntos nunca más. Cuando Waldemar volvió al equipo, luego de haberse ido a Brasil, Petronilho ya no estaba.  

El primer campeonato de San Lorenzo en la era profesional. Lema, Pacheco, Brizuela, Bellomo, Baigorria y Wilson, arriba. En la fila de abajo posan Magan, Cantelli, Petronhilo do Brito, Diego García y Arrieta. Pelearon mano a mano con Gimnasia, River y Boca. A lo Ciclón, al final fueron campeones.

El primer campeonato de San Lorenzo en la era profesional. Lema, Pacheco, Brizuela, Bellomo, Baigorria y Wilson, arriba. En la fila de abajo posan Magan, Cantelli, Petronhilo do Brito, Diego García y Arrieta. Pelearon mano a mano con Gimnasia, River y Boca. A lo Ciclón, al final fueron campeones.

—De Brasil llegó también un gran director técnico.

—El de Los Matadores de 1968. Don Elba de Padua Lima. Tim para la gente del fútbol. Ya había estado aquí, pisando mi gramilla treinta años antes, cuando vino con la Selección Brasileña a jugar el Sudamericano de 1937. Hay gente que todavía se acuerda de aquella famosa pareja izquierda, Tim y Patescko. Uno moreno, el otro rubio. Tim era un gambeteador imparable. Habría sido lindo verlo en el ataque del Ciclón. Porque detrás de ese apodo que habla de un equipo batallador, pujante, de esos que van a la carga con lanza y boleadora, nosotros tuvimos jugadores que la movían con una habilidad extraordinaria. Antes y después de Coco Rossi. Sin ir más lejos, Diego García. Aunque pasó a la historia con aquel nombre que le puso Borocotó en EL GRAFICO: Diego Corajudo García. Por aquí estuvo Gabino Ballesteros, rosarino de la escuela de Newell's. Un José Pérez, que después dejó una imagen bárbara en Nacional de Montevideo. Ya hablamos de Rinaldo Martino que, luego de ser un fenómeno en San Lorenzo y en la Selección Argentina —todavía se recuerda su golazo a los uruguayos en la final del Sudamericano de 1945, después de pasarse a casi toda la defensa celeste— triunfó en Italia. Un Armando Benavídez, tan señorial, tan científico que le decían "el Doctor". Un Omar Higinio García que devolviendo paredes era un arquitecto del fútbol. . . ¡Si habrá metido goles Sanfilippo con las pelotas que le servía Omar Higinio...!

—Pero yo le hablaba de Tim como entrenador, como constructor de un equipo que pasó a la historia...

—En aquel San Lorenzo de hace veinte años se dio una conjunción perfecta: gran entrenador y grandes jugadores. Con clase y personalidad. Tim les daba libertad, no los abrumaba con indicaciones pero era muy observador e indicaba las instrucciones justas. "Usted, Telch, no me pase la mitad de la cancha. . .", le decía al Oveja. Roberto reaccionaba: "¿Usted se olvida de los dos goles que le hice a Brasil en la Copa de las Naciones? Tim, mansamente, le explicaba: "Aquello fue un milagro. Y los milagros no se repiten. Usted quédese atrás, delante de la defensa. Deje que los otros vayan a hacer goles. . ." Y los otros eran nada menos que el Lobo Fischer, el Toti Veglio, Pedro González, Victorio Cocco, que le pegaba con la cabeza más fuerte que otros con el pie, Miguel Ángel Tojo, el Bambino Veira, Toscano Rendo...

Los Matadores: Equipo de San Lorenzo de Almagro de 1968: Buttice, Albrecht, Rosl, Telch, Calics y Villar. Pedro González, Veglio, Fischer, Cocco y Veira.

Los Matadores: Equipo de San Lorenzo de Almagro de 1968: Buttice, Albrecht, Rosl, Telch, Calics y Villar. Pedro González, Veglio, Fischer, Cocco y Veira.

 —Sin embargo, Rendo no pasó a la historia como un gran goleador...

—Pero servía pases-gol perfectos como Bochini. Toscano era tan inteligente que tenía todos los futuros movimientos del equipo en la cabeza, hasta cinco jugadas después. Cuando el Lobo Fischer arrancaba, hacía un surco en la cancha. Andaba siempre por la izquierda pero si le daban la camiseta número 11 se empacaba. No quería jugar de wing izquierdo y se pasaba casi todo el partido de wing izquierdo. . . ¡Qué problemas mentales se hacían los jugadores con los números! , Tim lo resolvió fácil. Le dio esa camiseta al último delantero que llegó al club. Era un pibe que venía de Deportivo Español y, con tal de jugar en San Lorenzo, no le daba importancia al número. El Toti Veglio. Un jugador finísimo. Ganamos ese Campeonato Metropolitano invictos, cosa que nunca había pasado en el fútbol profesional argentino. Pero una noche, aquí, casi se nos quema el rancho. . . Y justo contra Huracán. ¿Quién los aguantaba a los quemeros si nos quitaban el invicto? Nos iban ganando 2 a 0. Los nuestros no la agarraban. Pero en el entretiempo les habló Tim. Era un fenómeno el brasileño para cambiarle el rendimiento al equipo con cuatro o cinco indicaciones durante los 15 minutos de descanso. El segundo tiempo del Ciclón fue arrasador. Toti Veglio metió un golazo, el Borracho González fue imparable, empató el partido y salvamos el invicto. . . Mire qué cosa. . . Me quedé pensando. En aquello que le dije de Toscano Rendo, que preparaba goles como Bochini. ¿Quién habrá sido el portero que le dijo que Diego García salía por la puerta de avenida La Plata cuando Bochini era un pibe y vino a probarse en San Lorenzo? Diego García, que entonces dirigía las inferiores del club, se fue por la puerta de Las Casas y el pibe Bochini se quedó esperándolo hasta que se hizo la noche. Y no volvió más. Yo creo que aquel portero fue el precursor de todas las desgracias que nos pasaron después...

Diego García posa para El Gráfico con sus dos hijos. “Soy sanlorencista de alma y fui hincha antes que jugador”. Hábil y letal delantero, fue campeón como jugador (1927 y 1933) y técnico.

Diego García posa para El Gráfico con sus dos hijos. “Soy sanlorencista de alma y fui hincha antes que jugador”. Hábil y letal delantero, fue campeón como jugador (1927 y 1933) y técnico.

 —No se deje abrumar por los recuerdos  tristes, don Gasómetro. Sigamos evocando todas las cosas lindas que pasaron aquí, frente a sus tablones, desde 1923 hasta 1979. Fueron cincuenta y seis años de gloria azulgrana. . .

 —Es cierto. Pero no me puedo olvidar de las desgracias que tuvimos, de la muerte de Huguito Pena cuando era el mejor back centro del fútbol argentino. Del brazo que le llevó la metralla de un centinela a un pibe tan alegre como Victorio Casa. . . Por suerte, cuando nos fuimos al descenso, ya me habían cerrado y no me quedaban ni los tablones. No lo habría podido soportar...

 —Usted mencionó a Victorio Casa y su alegría. ¿No tiene ganas de contarme cosas de Los Caras Sucias?

—Eran unos atorrantes divinos. Jugadores excepcionales. Un manejo, una picardía, una facilidad para dejar pagando al Contrario. Y el Bambino Veira, zurda como si fuera un palo de golf. La ponía donde se le daba la gana. Tuvo una tarde de gloria cuando le ganamos a Independiente, que terminaba de consagrarse Campeón de América, y Veira le hizo los tres goles a Pepé Santoro.

23.08.64 San Lorenzo 3 - 1 Independiente. El Bambino domina la pelota frente a Juan Carlos Guzmán. Con 18 años Héctor Veira convierte los tres goles de San Lorenzo frente a Independiente.

23.08.64 San Lorenzo 3 - 1 Independiente. El Bambino domina la pelota frente a Juan Carlos Guzmán. Con 18 años Héctor Veira convierte los tres goles de San Lorenzo frente a Independiente.

 Otro día, en la Bombonera, le metió cuatro al Tano Roma en menos de 45 minutos. Pero esos muchachos jugaban más para divertirse que para ganar. Se tomaban todo en broma. Al Chiche Barreiro, que era el técnico, lo volvían loco. Un día que jugábamos contra River, el gran problema durante la charla previa en el vestuario era marcarlo a Pando. Por una causa u otra, ninguno quería asumir la tarea de perseguirlo al armador riverplatense echándole el aliento en la nuca. Saltó el Bambino Veira y dijo: “No se preocupen. Lo corro yo por toda la cancha. . ." Ahí mismo se terminó la charla técnica. Las carcajadas deben haber llegado hasta avenida Alcorta y Luna. . . Otra vez, Barreiro volvió a dirigir nuestro equipo después de un período de ausencia. Reunió a los jugadores y comenzó a decirles: “Ya ven, estoy de vuelta. Todo está igual. Ustedes, yo. . ." Lo interrumpió Casa: "¡Un momento! Si todo está igual, ¿A mí, quién me afanó el brazo…?" Aquellos muchachos tenían tanta alegría que eran capaces de reírse hasta de sus desgracias…

25 de mayo de 1965. El habilidoso Victorio Casa, campeón con la Selección de la Copa de las Naciones en 1964, vuelve a jugar con un solo brazo en San Lorenzo frente a Banfield.

25 de mayo de 1965. El habilidoso Victorio Casa, campeón con la Selección de la Copa de las Naciones en 1964, vuelve a jugar con un solo brazo en San Lorenzo frente a Banfield.

—Además de ser el primero en ganar un campeonato invicto, San Lorenzo fue también el primer club que conquistó dos títulos en un año, ¿no es cierto?

—Usted lo ha dicho. Fue en 1972. El Ciclón ganó Metropolitano y Nacional, lo que no había conseguido ningún equipo de primera división desde que la temporada anual se abrió en dos torneos. Hasta ese momento, los campeones del Metro aflojaban el tren de carrera y se venían abajo en el Nacional. Algo así les pasó a Los Matadores en 1968. Parecía algo inevitable. Pero ese año tomó la dirección técnica Juan Carlos Lorenzo. Ya había estado en San. Lorenzo cuando volvió de España en 1961 y dejó muy buen recuerdo por sus condiciones de hombre trabajador, responsable, seguidor de los más mínimos detalles hasta ser un obsesivo. Por eso era el entrenador ideal para impedir que el equipo bajara los brazos y se cayera cuando había alcanzado un título. San Lorenzo salió campeón metropolitano y el Toto siguió verdugueándolos a los jugadores, haciéndoles sentir que no habían ganado nada. Así, mantuvo el fuego sagrado y nos consagramos campeones nacionales en una final inolvidable con River…

 —No se jugó en el Gasómetro…

 —Fue en la cancha de Vélez. Hubo que jugar 120 minutos para llegar a esa definición. Hubo alargue, como en la final del Metro '68. Aquella vez, el gol del triunfo fue del Lobo Fischer. Contra River, lo hizo el Lele Figueroa, un pibe que se especializó en meterle goles a los millonarios. Tuvimos varios delanteros especialistas en River. En los viejos tiempos, allá por los años treinta, era Diego García. Después fue Mamucho Martino. Más tarde, Mario Papa, un formidable cabeceador pese a su poca altura. Luego, el negrito Picot. Pero, en realidad, la especialidad de Picot era hacerle goles a Amadeo Carrizo. ¡Qué manera de amargarle la vida! Después, el Nene Sanfilippo y más tarde, el Gringo Scotta. Aunque, en realidad, el Gringo les hacía goles a todos. ¡Qué goleador! Fue el único que le batió el record al paraguayo Erico, con los 60 goles que metió en 1975. Los hizo en 57 partidos a más de un gol por presentación, hazaña que en nuestro fútbol sólo consiguieron Bernabé Ferreyra y Arsenio Erico, dos cracks de la guardia vieja. Le costó al Gringo meterse en el corazón de la gente. Cuando vino al club, pateaba de cualquier lado y la mandaba a la tribuna, a los carteles, a la bandera del comer. . . Lo silbaban, se reían de él, le gritaban "iTronco!”, pero Héctor le seguía dando al arco. Fue un caso bárbaro de perseverancia: nos ganó a todos por cansancio...  

1975. Héctor Scotta vence de penal a Biasutto y convierte el tercer gol de San Lorenzo que vence a Boca 3 a 1 en el Gasómetro. El “Gringo” superó ese año el récord de goles en una temporada de Arsenio Erico.

1975. Héctor Scotta vence de penal a Biasutto y convierte el tercer gol de San Lorenzo que vence a Boca 3 a 1 en el Gasómetro. El “Gringo” superó ese año el récord de goles en una temporada de Arsenio Erico.

 

—Pero el goleador máximo fue el Nene Sanfilippo...

 —Otro caso notable de aplicación. Cuando terminaba el entrenamiento y todos los jugadores querían irse, Sanfilippo se quedaba con un par de compañeros. Uno iba al arco, el otro le tiraba centros. Y el Nene le pegaba una y otra vez a los rincones, allá abajo, donde los arqueros no llegan. Practicaba el remate con pelota en movimiento hasta que la sombra del crepúsculo caía sobre mis tablones. Después, en los partidos, la metía con los ojos cerrados. Fue el hombre que más goles hizo con la chaquetilla del Ciclón: 200 clavados. Además, San Lorenzo fue el club que más goleadores de un campeonato le dio al fútbol argentino. Anote: Isidro Lángara, Martino, Papa, Benavídez, el paraguayo Ángel Berni, Sanfilippo —cuatro temporadas seguidas—, el Bambino Veira, Rodolfo Fischer, Héctor Horacio Scotta y después que cerraron mis puertas supe que también tuvo ese honor el Gordo Rinaldi. Yo lo vi en las inferiores. Jugaba bien ese pibe…


En el Monumental de Núñez, celebran la obtención del Metropolitano, invictos, Rosl, en el suelo, tomándole el brazo a Cocco, Villar y Buttice en un abrazo interminable. Fischer y Veglio ruedan apretujados. Una locura colectiva tras vencer 2-1 a Estudiantes.

En el Monumental de Núñez, celebran la obtención del Metropolitano, invictos, Rosl, en el suelo, tomándole el brazo a Cocco, Villar y Buttice en un abrazo interminable. Fischer y Veglio ruedan apretujados. Una locura colectiva tras vencer 2-1 a Estudiantes.

—Paremos un poco con los delanteros, mi viejo y querido Gasómetro. Salvo el vasco Zubieta, no me habla de los defensores que vio pasar por su cancha…

—Tiene razón. Tuvimos arqueros extraordinarios. El primero del profesionalismo fue también el más chico que haya conocido nuestro fútbol: Jaime Lema, tan menudo que lo llamaban el Ratón Mickey. Después vino un adelantado del puesto Sebastián Gualco. Fue el primero que jugaba fuera del arco, en una época que todos se quedaban atornillados en la raya. En la década del cuarenta tuvimos otro arquerazo: el húngaro Mierko Blazina. Fantástico atajando, además, divertido. Bien al estilo de San Lorenzo.  

1946. San Lorenzo 2 –Independiente 1. Por foul de Zubieta a Cervino se acuerda un tiro penal que efectúa el citado puntero, y Blazina, en magnífico esfuerzo, desvía al córner. Ese día el arquero de San Lorenzo tuvo una actuación extraordinaria.

1946. San Lorenzo 2 –Independiente 1. Por foul de Zubieta a Cervino se acuerda un tiro penal que efectúa el citado puntero, y Blazina, en magnífico esfuerzo, desvía al córner. Ese día el arquero de San Lorenzo tuvo una actuación extraordinaria.

 Más adelante vino un cordobés que le pegaba a la pelota desde su área penal como ninguno: el Mono Agustín Irusta. Un día se dejó los bigotes y los muchachos lob llamaron Cara con Riendas. . . Después atajó para Los Matadores, Carlitos Buttíce. Un arquero volador, audaz, de una moral indestructible. Y entre los defensores, tuvimos algunos backs señoriales, de esos que quitaban la pelota después de pedir permiso, como Pedro Omar en los comienzos del profesionalismo, como Oscar Basso, como el pobre Hugo Pena. . . ¿Sabe, Juvenal? Por un momento me dio bronca que usted me despertara de golpe, sacándome de un sueño que yo creía eterno. Pero ahora, después que me hizo recordar tantas cosas lindas, se lo agradezco. Y perdóneme una pequeña vanidad: nosotros salimos siete veces campeones mientras fuimos Los Gauchos de Boedo, mientras estuvo en pie esta vieja cancha de tablones…

— ¿Cuándo y cómo fue su último partido oficial?

 —El 2 de diciembre de 1979. Jugamos contra Boca y empatamos sin goles. Ni siquiera me dejaron esa última alegría de un triunfo para la tarde de la despedida. Estuvimos a punto de conseguirlo, pero Hugo Gatti le atajó un penal a Hugo Coscia. No nos clasificamos para las finales. Del viejo Ciclón quedaba sólo el azul y el grana de las camisetas, fue mi final. Paremos aquí. Es muy feo ver un viejo estadio rumiando recuerdos, silencioso, mustio, lagrimeando...

 

UN DIA GRIS para los fanáticos del Ciclón. Ante Boca, el último partido en el Viejo Gasómetro.

UN DIA GRIS para los fanáticos del Ciclón. Ante Boca, el último partido en el Viejo Gasómetro.

 

Se rompió el encantamiento. Reapareció el supermercado. La placa en la pared para contarnos que aquí hubo una cancha de fútbol. La prosaica realidad de hoy. La triste comprobación de que ya no existe más aquel maravilloso Wembley porteño de los años treinta. ¿Será cierto que no existe? Para la memoria indestructible de nuestros corazones, cada vez que pasemos por avenida La Plata al 1700, al entrecerrar los ojos, estaremos viendo como ayer al viejo Gasómetro de Boedo.

JUVENAL (1° DE NOVIEMBRE DE 1988)  

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