¡Habla memoria!

San Lorenzo – Estudiantes: el reencuentro

Por Redacción EG · 28 de febrero de 2020

A 40 años de la conquista invicta del Metropolitano 68 El Gráfico revivió la final entre San Lorenzo y Estudiantes. Telch, Fischer y Veglio, entre otros, conmemorando el título junto a Poletti, Malbernat y Verón, hidalgos vencidos.

Van lle­gan­do de a po­co. Ca­si en pun­tas de pie, co­mo si fue­ran ca­mi­nan­tes co­mu­nes sin his­to­ria. Y va­ya si la tie­nen. Pri­me­ro, co­mo dos bue­nos ami­gos que ha­ce ra­to no se ven, La Bru­ja Ve­rón y el Ga­lle­go Rosl. La ci­ta es en la puer­ta del es­ta­dio Mo­nu­men­tal, allí don­de ha­ce 40 años –exac­ta­men­te el 4 de agos­to de 1968– San Lo­ren­zo y Es­tu­dian­tes de La Pla­ta pro­ta­go­ni­za­ron el par­ti­do fi­nal del tor­neo Me­tro­po­li­ta­no. Al ra­to cae Ca­cho Mal­ber­nat y de in­me­dia­to le ti­ra un dar­do al Ga­lle­go, na­ci­do en Gim­na­sia: “Vos te­nés que agra­de­cer­nos que, por lo me­nos, te hi­ci­mos ga­nar un tí­tu­lo”.

En­se­gui­da, se es­cu­cha un “Che, ¿adón­de pue­do po­ner el au­to, ¿lo su­bo a la ve­re­da?”. Vi­drios po­la­ri­za­dos, hay que es­pe­rar que quien ma­ne­ja el im­pac­tan­te ve­hí­cu­lo los ba­je, pa­ra re­co­no­cer­lo. “Uy, el Fla­co Po­let­ti”, di­cen ca­si a co­ro los tres. Sa­lu­do efu­si­vo, bien al es­ti­lo del ti­po que la rom­pía ba­jo los tres pa­los y que hoy –mu­chos años des­pués– si­gue li­ga­do al fút­bol, pe­ro sin que­brar los có­di­gos de la vi­da: “Yo no me­to la púa ni en­ga­ño a na­die, aho­ra hay mu­chos im­pro­vi­sa­dos que no tie­nen la me­nor idea de lo que es el ne­go­cio”. Es­ti­lo Po­let­ti, cam­peón de Amé­ri­ca, cam­peón del Mun­do. Cam­peón.

Verón: Silencio en la tribuna santa. Sin que Calics pueda evitarlo, el zurdazo de Juan Ramón Verón va hacia la red. Estudiantes, 1 a 0.

Verón: Silencio en la tribuna santa. Sin que Calics pueda evitarlo, el zurdazo de Juan Ramón Verón va hacia la red. Estudiantes, 1 a 0.

“Ma­ma mía, ya se cum­plen 40 años, con ra­zón ca­da día que pa­sa los hue­sos me due­len un po­co más”. El To­ti Ve­glio ya se su­mó al gru­po, sin pro­ble­mas pa­ra es­ta­cio­nar por más que su “fie­rro” me­rez­ca ser bien guar­da­do. Tras el abra­zo con sus ex com­pa­ñe­ros y los ex ri­va­les, el co­la­bo­ra­dor de  Bian­chi man­da ca­si co­mo en un rue­go: “Me­nos mal que Car­los pa­re­ce que tie­ne ga­nas de vol­ver a di­ri­gir. Oja­lá, por­que a mí ya se me es­tá aca­ban­do la naf­ta. Igual, él me di­ce ‘¿Sa­bés qué pa­sa? Hay que su­mar otra mu­dan­za y cues­ta’. Y bue­no, se­gui­mos es­pe­ran­do“.

Mien­tras Ve­rón cuen­ta lo bien que se tra­ba­ja en Es­tu­dian­tes y el acier­to de aque­llos di­ri­gen­tes vi­sio­na­rios –co­mo Ma­ria­no Mag­na­no– que ad­qui­rie­ron City Bell; y Mal­ber­nat ex­pli­ca su fun­ción co­mo ase­sor pa­ra que de las di­vi­sio­nes Pin­chas sal­gan los me­jo­res ju­ga­do­res, ca­si a me­dia cua­dra pe­ga el gri­to una fi­gu­ra em­ble­má­ti­ca: Al­ber­to Ren­do. Min­ga de au­to­mó­vil, co­lec­ti­vo 42, des­de Nue­va Pom­pe­ya has­ta Nú­ñez. Lo lla­man Tos­ca­no y ya no se eno­ja. Va y vie­ne con su hu­mor úni­co.

Ya es­tán jun­tos al­gu­nos de los pro­ta­go­nis­tas de aque­lla fi­nal inol­vi­da­ble a can­cha lle­na, cuan­do to­da­vía al Li­ber­ti le fal­ta­ba la ter­ce­ra ban­de­ja so­bre el río de la Pla­ta, el úl­ti­mo ves­ti­gio de la mí­ti­ca He­rra­du­ra Mo­nu­men­tal. Pe­ro no es to­do, por eso, Ren­do aler­ta: “Fal­tan Vi­llar, Telch y Coc­co” y al to­que, pre­gun­ta: “¿Le avi­sa­ron al Lo­bo?”.

Co­mo res­pon­dien­do al lla­ma­do del Tos­ca­no, se arri­ma al cor­dón un Fiat 128 blan­co. Cuan­do el vie­jo ve­hí­cu­lo es­ta­cio­na, se co­rre el te­lón de la nos­tal­gia y apa­re­cen la Ove­ja Telch, un ge­nui­no ta­len­to sur­gi­do de las in­fe­rio­res azul­gra­na, y el Sa­po Vi­llar, el uru­gua­yo que de­jó una hue­lla in­de­le­ble en el club por la je­rar­quía fut­bo­le­ra y su mo­des­tia sin igual, un ras­go de su per­so­na­li­dad que aca­so ha­ya he­cho pa­sar por al­to un da­to no me­nor: es el ju­ga­dor que más ve­ces vis­tió la ca­mi­se­ta de San Lo­ren­zo en pri­me­ra.

El derechazo de Carlos Veglio sale impiadoso hacia el arco Pincha; Poletti y Malbernat ven venir la pelota, pero no hay caso: es el empate

El derechazo de Carlos Veglio sale impiadoso hacia el arco Pincha; Poletti y Malbernat ven venir la pelota, pero no hay caso: es el empate

 

El Toti lo festeja como se merecía.

El Toti lo festeja como se merecía.

 

Fren­te al 128, el co­cha­zo que ma­ne­ja Vic­to­rio Coc­co, el ca­po de la Aso­cia­ción de Téc­ni­cos, es co­mo una Fe­rra­ri Tes­ta Ros­sa. Y al igual que ha­ce 40 años en el cen­tro de la can­cha, el hom­bre que se acer­ca con pa­so can­si­no y ca­be­za le­van­ta­da, de a po­co co­pa­rá la es­ce­na, ha­blan­do de ca­nas y tin­tu­ras, de pe­los al vien­to, de aquel equi­po que hi­zo his­to­ria en Boe­do y al­re­de­do­res. Tam­bién él pre­gun­ta por el Fis­cher, y cuan­do com­prue­ba que no es­tá y no se sa­be si cum­pli­rá con lo pro­me­ti­do, arran­ca car­ca­ja­das con su co­men­ta­rio: “Co­mo ga­nó el cam­po, el Lo­bo se­gu­ro que es­tá con­tan­do al­gu­nas va­cas más”.

La remake. El Monumental vacío, pero el corazón repleto de emociones. Poletti en el arco y Veglio pateando como hace cuatro décadas. Cracks sin fecha de vencimiento.

La remake. El Monumental vacío, pero el corazón repleto de emociones. Poletti en el arco y Veglio pateando como hace cuatro décadas. Cracks sin fecha de vencimiento.

Ma­ta­do­res y Pin­cha­rra­tas. Con­ven­ción de cracks. Uno los mi­ra y en­se­gui­da re­fle­xio­na ¿cuán­to val­drían hoy Po­let­ti, Mal­ber­nat, Ve­rón, Rosl, Vi­llar, Ren­do, Telch, Coc­co, Fis­che? For­tu­nas, sin nin­gu­na du­da. Ca­si co­mo le­yén­do­nos el pen­sa­mien­to, Tos­ca­no arro­ja una fra­se que es una mez­cla de hu­mor y de­sen­can­to: “To­do lo que de­bo lo ga­né gra­cias al fút­bol”. Pau­sa. “¿Es­cu­cha­ron bien, mu­cha­chos, no?”. Hay ri­sas que al ca­bo se bo­rran por­que to­dos sa­ben que hay mu­cho de ver­dad en lo que di­ce un ju­ga­dor ex­cel­so que, co­mo tan­tos otros, lle­gó tar­de al gran re­par­to.

Pre­sin­tien­do que el Lo­bo –el ilus­tre mi­sio­ne­ro que pa­ten­tó “la bi­ci­cle­ta” pa­ra de­jar pa­gan­do a más de un mar­ca­dor de pun­ta– no ven­drá, tá­ci­ta­men­te to­dos se en­co­lum­nan ha­cia  el cam­po de jue­go. “Es­tá cam­bia­do es­to” ase­ve­ra Mal­be­nat. “Pa­ra mí, la can­cha es­tá más chi­ca”, apun­ta Rosl. “Che, guar­da cuan­do cuen­tan los go­les que yo par­ti­ci­pé en los dos; no los hi­ce, pe­ro ar­mé las ju­ga­das”, se ata­ja Coc­co. La pe­lo­ta, mo­der­na, lus­tro­sa, rue­da y se va. Ve­glio di­ce: “Uy, có­mo sa­le, pen­sar que a la de cue­ro que usá­ba­mos no­so­tros ha­bía que dar­le con un fie­rro”.

Cá­ma­ra en ma­no, Do­mi va ar­man­do la es­ce­no­gra­fía. El nue­vo apre­tón de ma­nos de añe­jos ri­va­les, el in­ter­cam­bio de re­cuer­dos y un “lo­co” pa­ra en­trar en cli­ma con la pe­lo­ta al pie y una re­fle­xión de Ve­glio que es to­da una mues­tra de có­mo han cam­bia­do las co­sas en el fút­bol y en la so­cie­dad ar­gen­ti­na: “Los ju­ga­do­res de Es­tu­dian­tes me­nos uno, que no ha­ce fal­ta nom­brar por­que to­dos se ima­gi­nan quién es, se que­da­ron en el cam­po de jue­go pa­ra aplau­dir­nos mien­tras dá­ba­mos la vuel­ta olím­pi­ca”. Y de nue­vo en es­te mon­ta­je ce­le­bra­to­rio hay más fra­ses cor­dia­les y ma­nos es­tre­cha­das con los ga­na­do­res que, ca­si a co­ro, coin­ci­den: “Fue un gran ges­to. En ge­ne­ral te­ne­mos una bue­na re­la­ción con ellos”.

Abrazos del alma. Buttice con Cocco, Calics que no lo puede creer, Veglio que se suma. Campeones invictos. Para el álbum de oro.

Abrazos del alma. Buttice con Cocco, Calics que no lo puede creer, Veglio que se suma. Campeones invictos. Para el álbum de oro.

De pron­to, el pa­no­ra­ma cam­bia. Por el me­dio de la can­cha, con cam­pe­ra de ga­mu­za bei­ge, pan­ta­lón al to­no y za­pa­tos im­pe­ca­bles apa­re­ce el hom­bre que fal­ta­ba. El Lo­bo Fis­cher atra­pa el in­te­rés de to­dos, mien­tras Ren­do ase­gu­ra: “Nun­ca lle­gó tem­pra­no. Siem­pre ha­bía que es­pe­rar­lo. Pa­ra lo úni­co que se apu­ra­ba era pa­ra lle­gar al área”.

Cor­dia­li­dad re­no­va­da y tam­bién la se­sión de fo­tos. A esa al­tu­ra, Do­mi­ne­lli trans­pi­ra­ba más que los ju­ga­do­res en aque­lla fi­nal que se es­ta­ba re­me­mo­ran­do.

La vuelta olimpica de los Matadores con un detalle para tener en cuenta: en el fondo aplauden los jugadores de Estudiantes en una actitud para destacar. Solo Bilardo se fue rápido para los vestuarios, ya al Doc no le gustaba ese tipo de demostraciones hacia el rival.

La vuelta olimpica de los Matadores con un detalle para tener en cuenta: en el fondo aplauden los jugadores de Estudiantes en una actitud para destacar. Solo Bilardo se fue rápido para los vestuarios, ya al Doc no le gustaba ese tipo de demostraciones hacia el rival.

Vol­ver al pa­sa­do. Mien­tras en uno de los ar­cos, el Lo­bo se pres­ta a la ver­sión mo­der­na del fil­me “El gol del cam­peo­na­to” –que lo tu­vo co­mo pro­ta­go­nis­ta prin­ci­pal, jun­to al Fla­co Po­let­ti– cer­ca del me­dio de la can­cha, Mal­ber­nat chi­cho­nea otra vez al Ga­lle­go Rosl: “Con­tá có­mo te le­van­tas­te la ca­mi­sa de San Lo­ren­zo mos­trán­do­les a los hin­chas de Es­tu­dian­tes la ca­mi­se­ta de Gim­na­sia que te­nías de­ba­jo”.  Rosl se de­fien­de: “Siem­pre se con­tó esa his­to­ria y a mí me cos­tó des­men­tir­la. Lo cier­to es que de­ba­jo de la azul­gra­na te­nía una ca­mi­se­ta blan­ca con vi­vos azu­les y ro­jos, que era una al­ter­na­ti­va a la que usá­ba­mos en ca­si to­dos los par­ti­dos”.

Pa­ra de­jar­le el lu­gar a la ce­le­bra­ción de los Ma­ta­do­res, el trío pin­cha­rra­ta va en­sa­yan­do la des­pe­di­da; no sin an­tes de­jar con­cep­tos muy cla­ros so­bre esa fi­nal me­mo­ra­ble. Po­let­ti afir­ma: “Pa­ra no­so­tros fue co­mo un re­ga­lo ines­pe­ra­do, no es­tá­ba­mos tan bien pre­pa­ra­dos pa­ra ju­gar­la, y has­ta pen­sá­ba­mos que era in­jus­to que pu­dié­ra­mos ser cam­peo­nes; pe­ro có­mo se dio el par­ti­do, más allá del do­mi­nio de ellos, tu­vi­mos cier­ta es­pe­ran­za”. So­bre el gol del Lo­bo, el que de­fi­nió to­do, el Fla­co fue cer­te­ro: “sin nin­gu­na du­da; la vi ve­nir, me ti­ré cuan lar­go era, pe­ro la pe­lo­ta ba­jó bien atrás pa­ra pe­gar en el tra­ve­sa­ño y en­trar”.

La Bru­ja Ve­rón com­ple­ta: “Es­tá­ba­mos muy can­sa­dos, te­nía­mos la fi­nal de la Co­pa Li­ber­ta­do­res to­da­vía cla­va­da en el cuer­po. Esa con­quis­ta, du­ra y di­fí­cil, nos mar­có. Ade­más te­nía­mos va­rios le­sio­na­dos y sen­ti­mos el tra­jín an­te Vé­lez en la se­mi­fi­nal. La ver­dad es que ni so­ñá­ba­mos con es­tar en la fi­nal, pe­ro Ban­field le ga­nó a Bo­ca con tres go­les de Ta­ver­na y eso nos abrió el ca­mi­no. Igual, San Lo­ren­zo es­ta­ba me­jor pre­pa­ra­do, pe­ro que los asus­ta­mos, los asus­ta­mos”.

Vamos a jugar muchachos que viejos son los trapos. Cocco le da a la redonda y todos esperan su turno para despuntar el vicio.

Vamos a jugar muchachos que viejos son los trapos. Cocco le da a la redonda y todos esperan su turno para despuntar el vicio.

Hay un sa­lu­do fi­nal. Co­mo ha­ce 40 años se evi­den­cia el res­pe­to, pe­ro el To­ti Ve­glio no pue­de con el ge­nio y ape­nas se mar­chan Po­let­ti, Mal­ber­nat y Ve­rón, me­te ci­za­ña: “Aho­ra que se fue­ron, te di­go: les ga­na­mos bár­ba­ro, tu­vie­ron suer­te de po­ner­se 1-0”. Des­pués de las ri­sas, la sin­ce­ri­dad: “Ellos te­nían un equi­po fe­nó­me­no, no por na­da ga­na­ron la Li­ber­ta­do­res, y la In­ter­con­ti­nen­tal con­tra el Man­ches­ter Uni­ted na­da me­nos.”

Ya so­los, el ping­–pong mi­ran­do ha­cía atrás, con la di­cha de aquel tí­tu­lo que co­ro­nó una cam­pa­ña ex­traor­di­na­ria.

Ren­do: “Un equi­po com­ple­to, te­nía to­do, ju­ga­ba e iba al fren­te, por eso lle­gó has­ta la ins­tan­cia fi­nal. Lo cier­to es que tu­vi­mos que en­fren­tar el mis­mo equi­po al que en la zo­na le ha­bía­mos sa­ca­do 12 pun­tos; y no fue fá­cil la de­fi­ni­ción. Pe­ro se de­mos­tró la ca­pa­ci­dad de los ju­ga­do­res y tam­bién del en­tre­na­dor”.

Vi­llar: “Pa­ra mí, Tim fue ex­traor­di­na­rio; yo ve­nía de un club mo­des­to de Uru­guay, no te­nía mu­cho nom­bre, pe­ro él me dio to­da la con­fian­za y eso que me in­te­gré a un plan­tel de gran­des ju­ga­do­res. Nun­ca lo voy a ol­vi­dar: fue de­ci­si­vo en mi car­rre­ra”.

Telch: “Los Ma­ta­do­res fue­ron la con­jun­ción per­fec­ta en­tre ha­bi­li­dad y en­te­re­za, pa­ra afron­tar cual­quier ti­po de par­ti­dos. Nos man­tu­vi­mos in­vic­tos por­que des­de el pri­mer par­ti­do fue co­mo un de­sa­fío que nos im­pu­si­mos to­dos”.

Coc­co: “Fui­mos muy ofen­si­vos, y tam­bién muy ve­lo­ces en el ata­que. Cuan­do se le­sio­nó el Bam­bi­no, in­gre­só Pe­dro Gon­zá­lez, con ca­rac­te­rís­ti­cas di­sí­mi­les, lo que obli­gó a un cam­bio de po­si­cio­nes. Tim fue muy vi­vo pa­ra eso, y con Pe­dri­to por la de­re­cha y el Lo­bo por la iz­quier­da ga­na­mos ve­lo­ci­dad y tam­bién pre­ci­sión tan­to pa­ra ata­car co­mo pa­ra con­traa­ta­car”.

Ve­glio: “Yo ve­nía del as­cen­so en el De­por­ti­vo Es­pa­ñol y me en­con­tré con un mun­do di­fe­ren­te. De sa­li­da me die­ron la 11 y ni pre­gun­té; me la pu­se y chau ¿sa­bés lo que era ju­gar en un equi­po gran­de? ¿Un gol que re­cuer­de más? El que le hi­ce a Hu­ra­cán en el Ga­só­me­tro. Per­día­mos 2-0 fal­tan­do po­co y yo mar­qué el des­cuen­to. Des­pués em­pa­tó el Lo­bo ca­si so­bre la ho­ra. Así man­tu­vi­mos el in­vic­to. Así eran los Ma­ta­do­res”.

Rendo, Veron, Telch, Poletti, Villar, Rosl, Cocco, Fischer, Malbernat y Veglio. Rivales ayer, ahora comparten un grato recuerdo.

Rendo, Veron, Telch, Poletti, Villar, Rosl, Cocco, Fischer, Malbernat y Veglio. Rivales ayer, ahora comparten un grato recuerdo.

Mien­tras Coc­co ha­bla de una ce­le­bra­ción en la se­de del club en la Ave­ni­da de Ma­yo, Ve­glio ti­ra al­gún chis­te más, Ren­do tra­za pa­ra­le­los en­tre el ayer y el hoy, y Vi­llar y Telch re­me­mo­ran pa­re­des, ta­qui­tos y cam­bios de fren­te; las ima­gi­na­rias lu­ces de neón se van apa­gan­do so­bre los ac­to­res de una con­quis­ta que que­dó in­cor­po­ra­da a la his­to­ria de San Lo­ren­zo y del fút­bol ar­gen­ti­no to­do. Ma­ta­do­res. Que 40 años no es na­da cuan­do se tran­si­tan con el or­gu­llo de ha­ber si­do y la sa­tis­fac­ción de to­da­vía ser.

 

La síntesis

SAN LO­REN­ZO            2

ES­TU­DIAN­TES             1

 

SAN LO­REN­ZO: But­ti­ce; Vi­llar, Ca­lics, Al­brecht, Rosl, Ren­do, Coc­co, Telch; Pe­dro Gon­zá­lez, Fis­cher y Ve­glio. DT: El­ba de Pa­dua Li­ma (“Tim”).

ES­TU­DIAN­TES: Po­let­ti; Mal­ber­nat, Tog­ne­ri, Ma­de­ro, Me­di­na; Bi­lar­do, Pa­cha­mé, Eche­co­par; Co­ni­glia­ro, Eduar­do Flo­res y Juan Ra­món Ve­rón. DT: Os­val­do Zu­bel­día.

Go­les: 47' Juan Ra­món Ve­rón (E); 67' Ve­glio (SL); 100' Fis­cher (SL).

De­ta­lle: los 90 mi­nu­tos fi­na­li­za­ron 1-1 por lo que de­bió ju­gar­se un alar­gue de 30 mi­nu­tos, y en esa ins­tan­cia San Lo­ren­zo se cla­si­fi­có cam­peón. Can­cha: Mo­nu­men­tal (Ri­ver). Juez: Mi­guel Co­me­sa­ña.

Re­cau­da­ción: $ 35.739.800.

Ju­ga­do el 4/8/1968.

Los campeones con la célebre foto de El Gráfico enmarcada, testimonio del festejo en la misma cancha donde hoy posan haciéndoles un guiño a los almanaques. Legítimo orgullo.

Los campeones con la célebre foto de El Gráfico enmarcada, testimonio del festejo en la misma cancha donde hoy posan haciéndoles un guiño a los almanaques. Legítimo orgullo.

 

A papá, Papito

Para graficar de qué manera Elba de Padua Lima (Tim) manejaba el grupo, Carlos Veglio contó una anécdota singular y muy graciosa, hasta con tonada portuguesa: “Papito Sconfianza se moría por jugar, pero el brasileño no lo ponía. Un día lo encaró y Tim lo tuvo diez minutos a pura explicación. <Villar amaga y se va al ataque, Albrecht hace una finta y toca enseguida, Rosl hace un giro y se manda por la izquierda, Calics (el zaguero central que tapaba al inquieto suplente) la para con el pecho y la patea fuerte para armar un contrataque. En cambio usted, Sconfianza, gira, hace un taquito y nos quedamos a vivir en nuestra área>.  Recuerdo que Sconfianza, un tipo bárbaro al que queremos mucho, se quedó mudo y un rato después nos dijo: “Me cagó”. “Pasaba -agrega el Toti-, que en un partido Papito metió un taco sin mirar y la pelota fue a parar a los pies de Chirola Yazalde, nada menos, y fue gol de Independiente. Chau taquitos.

 

 

Por Carlos Poggi (2008).

Fotos: Jorge Dominelli y Archivo El Gráfico.

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