¡Habla memoria!

1929. Rosario cuna de campeones

Por Redacción EG · 24 de febrero de 2020

Rosario se consagró campeón argentino y la ciudad estuvo de fiesta. Ya se comenzaban a mostrar los grandes jugadores que serías los primeros cracks del profesionalismo.

"¡¡Rosario cuna de campeones!!" fue el hurra del negro Díaz frente a la tribuna de River al finalizar el campeonato argentino. Fue el grito de su alma, fue la expresión de anhelos contenidos. Lo emitió el sobrino del inolvidable Zenón y lo pudimos haber coreado todos nosotros, todos aquellos que recordamos las hazañas de los Hayes, de los Celli, de Dannaher de Badalini, de Sosa, de Viale y de otros tantos campeones que fueron mecidos en esa inmensa cuna rosarina. Pálido, quebrado sus nervios por la emoción del momento, el negro lloraba sin lágrimas. Se desbordaba de alegría su corazón pletórico de recuerdos, y su fuerte corpachón había perdido la fortaleza y se desmoronaba en una borrachera triunfal. Vedlo aquí en la foto agitando los brazos: es la tradición gloriosa que se yergue en él, reverdecer de los laureles marchitos; es todo un pasado que renace; es el ayer que vuelve; es, acaso, la anunciación inefable de una nueva era de glorias; es el símbolo de Rosario en la apoteosis del campeonato.

 

Rosario celebra su conquista.

Rosario celebra su conquista.

 

Si Tucumán necesitaba esa victoria que otra vez había estado a punto de lograr, Rosario la necesitaba mucho más en estos momentos en que el eco de los aplausos de antaño se había apagado en el rodar de horas ingratas. Después de algún tiempo de decadencia, sus representantes de hoy, como si por sus espíritus cruzaran fugazmente figuras de cracks imperecederos, suplieron con sangre luchadora la capacidad técnica que les faltaba. Se agrandaron ante la posibilidad de la, derrota, crecieran cuando la situación los llamó a defender el terreno con los dientes, quisieron ponerse a tono con sus padres deportivos cuyas figuras se agigantaban en sus recuerdos...

Y ganaron. Obtuvieron ese título codiciado por todos. Y si en la actualidad otros evidenciaron iguales derechos para lucirlo, por su pasado, los rosarinos lo merecían. Será para ellos un aliciente, un acicate, la comprobación de que todo no se ha perdido, que todavía hay tiempo para reconquistas y volver a reeditar las hazañas de otrora cuando ganaban a porteños y uruguayos, y cuando sus hombres eran de los que más valían en los combinados internacionales.

¡Rosario, cuna de campeones! ... Cuna vieja, cansada por el peso de tantos purretes dribleadores que forman su historia, que le han cantado con sus proezas. Cuna que aún sigue meciéndose; cuna que promete arrullar el sueño de futbolers que jugarán como los Hayes, los Celli, los Díaz, Badalini, Sosa, Dannaher y otros... 

Apagado el eco de aplausos de otrora en el perezoso rodar de horas ingratas de decadencia, Rosario ha reeditado una de sus viejas hazañas al conquistar el título de campeón argentino de 1929. No ha hecho una demostración técnica como las brindadas en su época de gloria, pero la clase de sus hombres, acicateada por los recuerdos tradicionales, hizo acrecentar los valores, y, ente la inminencia de la derrota, los rosarinos se agigantaron en su match final contra Tucumán, logrando imponer condiciones, no de técnicos, sino de aguerridos, ya que defendieron el terreno con sangre. Este team, que se puso a tono con aquellos otros cuyas proezas las cantan todos los recuerdos, merece un sitio preponderante en la historia futbolística de Rosario, cuna de famosos compeones. Ello obliga e la cita individual. De pie, izquierda a derecha: Conti, Ferreira, De Cicco, Díaz, González y Sosa. Hincados, de izquierda a derecha: Peruch. Scarone, Cristini, Indaco y Barreiro.

Apagado el eco de aplausos de otrora en el perezoso rodar de horas ingratas de decadencia, Rosario ha reeditado una de sus viejas hazañas al conquistar el título de campeón argentino de 1929. No ha hecho una demostración técnica como las brindadas en su época de gloria, pero la clase de sus hombres, acicateada por los recuerdos tradicionales, hizo acrecentar los valores, y, ente la inminencia de la derrota, los rosarinos se agigantaron en su match final contra Tucumán, logrando imponer condiciones, no de técnicos, sino de aguerridos, ya que defendieron el terreno con sangre. Este team, que se puso a tono con aquellos otros cuyas proezas las cantan todos los recuerdos, merece un sitio preponderante en la historia futbolística de Rosario, cuna de famosos compeones. Ello obliga e la cita individual. De pie, izquierda a derecha: Conti, Ferreira, De Cicco, Díaz, González y Sosa. Hincados, de izquierda a derecha: Peruch. Scarone, Cristini, Indaco y Barreiro.

 

 

El Gráfico (1929).

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