¡Habla memoria!

1999. ¿Cuándo van a marcar a Palermo? Por Carlos Bilardo

Por Redacción EG · 17 de diciembre de 2019

El ex técnico de la Selección pone énfasis en el protagonismo del centrodelantero de Boca, en su meticuloso análisis encuentra ingenuidad en sus adversarios.

Fue un superclásico muy emotivo. Por ahí, si nos pusiéramos en exigentes, se podrá decir que no se dio un desarrollo bien jugado; pero eso quedó en un plano secundario ante tanto derroche de ganas y de esfuerzo por parte de los futbolistas. Eso es valorable y hay que mencionarlo en primer término, porque nadie se guardó nada.

Si hasta Palermo quiso cabecear una pelota que iba por el suelo, cuando cayó y se desesperó por la posibilidad de que River pudiera arrancar un contraataque peligroso. La actitud de los dos equipos fue muy destacable. Partiendo de esta definición, tengo que decir que el partido tuvo dos mitades absolutamente distintas: la primera, y nueve minutos del segundo tiempo, fueron de River. De allí hasta el final gobernó Boca, que sacó mejor provecho a su etapa de predominio, y por eso ganó.

Existía un posicionamiento que iba a ser clave para ver desde qué sector del campo River debería a empezar sus ataques. Todo pasaba por la punta por la que pudiera cargarse Guillermo Barros Schelotto. Como Bianchi lo mandó al Mellizo por la izquierda, sobre el sector de Hernán Díaz, la puerta abierta que le quedó a Ramón Díaz para tener salida y proyección fueron las mandadas de Juan Pablo Sorín por el sector izquierdo.

Sorín al ataque era una de las llaves con las que River podía comenzar a ganar el partido y no la aprovechó como debería haberlo hecho. Sorín fue al ataque, pero no lo suficiente. Debió haber llegado todas las jugadas al fondo, tendría que haberse metido abajo del arco de Boca en muchas ocasiones y no lo hizo.

Las circunstancias estaban dadas para que Sorín intentara generarle grandes peligros a Boca, pero no lo pudo lograr. Por eso el primer tiempo, que fue favorable a River, terminó en derrota para el equipo de Ramón Díaz. ¿Por qué estaban dadas todas las posibilidades para Sorín?

Porque Basualdo se quedaba con Berti en posiciones del medio del campo y no bajaba a colaborar con la defensa, con lo que Sorín podía pasar sin problemas y meterse prácticamente en el área. Ibarra tampoco se adelantaba, y se generaba un espacio que era muy aprovechable.

¨River debió haber aprovechado mucho más las subidas de Sorín. Porque Basualdo se quedaba con Berti e Ibarra no se adelantaba para tapar los espacios. Sorín se tendría que haber ido todas las jugadas hasta el arco de Boca. No lo hizo y River desperdició la gran pegada de Netto para cambiar de frente¨. Dice Bilardo.

¨River debió haber aprovechado mucho más las subidas de Sorín. Porque Basualdo se quedaba con Berti e Ibarra no se adelantaba para tapar los espacios. Sorín se tendría que haber ido todas las jugadas hasta el arco de Boca. No lo hizo y River desperdició la gran pegada de Netto para cambiar de frente¨. Dice Bilardo.

Al primer tiempo lo manejó Gallardo, quien hizo funcionar a River. En realidad, no es ninguna novedad que Gallardo se luzca frente a Boca o que Riquelme lo haga contra River.

Eso sucede por las características de los volantes centrales. Tanto Astrada como Serna siempre les dieron un metro para recibir y armar la jugada. No es que hayan jugado mal ninguno de los dos (al contrario, me gusta mucho lo prolijo que es Astrada en cada uno de sus movimientos en la cancha) sino que se trata de un problema de características.

Boca fue superado en ese lapso inicial. Ni Ibarra ni Arruabarrena pudieron salir desde el fondo para desahogar a su equipo. Era el tiempo de Sorín y de Gallardo y River lo disfrutó. Pero no lo supo llevar al resultado y terminó pagándolo muy caro. Tendrían que haber explotado la gran pegada de Netto para que las subidas de Sorín pusieran a Boca en graves dificultades defensivas. Pero lo hicieron demasiado poco.

¿Por qué el técnico le habrá dado la instrucción a Barros Schelotto de jugar preferentemente por la izquierda? Bianchi, seguramente, pensó que el Mellizo podría superar con mucha más facilidad a Díaz que a Sorín, pero lo planeado no le salió bien. Salvo en una oportunidad en la que Guillermo enganchó para adentro y pateó bajo, exigiendo una gran salvada de Bonano al corner.

Palermo arrastra la marca en el centro cruzado, va a buscar el cabezazo con decisión. A sus espaldas, entró un malón.

Palermo arrastra la marca en el centro cruzado, va a buscar el cabezazo con decisión. A sus espaldas, entró un malón.

Boca no estaba bien, Riquelme parecía incapaz de entrar en el juego. Pero aun metido en ese problema, porque su equipo no disponía lo suficiente de la pelota, Riquelme demostró lo buen jugador que es. Le bastó un balón parado para demostrar lo que vale una pegada exacta para desnivelar un trámite que no venía para nada bien.

Tiró un centro perfecto, que peinó Guillermo, cabeceó para adentro Samuel y Bermúdez la metió adentro del arco de Bonano. Boca había superado un pasaje crítico, aprovechando al máximo las pocas posibilidades con las que había contado para acercarse. Porque no era sólo que River manejaba mejor el partido, sino que hubo algunos episodios que también les jugaron en contra a los locales.

 

Jorge Bermúdez la empujó al gol.

Jorge Bermúdez la empujó al gol.

 

Que se te lesione un arquero siempre es un hecho grave. Y a Boca le pasó, con la luxación de Abbondancieri y la entrada de Christian Muñoz. El pibe estuvo bien, pero el momento en el que debió ingresar fue terrible. Me hizo acordar al Mundial ’90, cuando se lesionó Pumpido y debí poner a Goycochea. Al Vasco también le tocó ingresar en un corner, como a este chico. Es un instante de angustia, por el que entra frío y porque la propia gente traslada su ansiedad hacia el campo.

Pero Boca pasó la prueba. Estuvo muy bien el doctor Batista en pedir inmediatamente el cambio. Al Pato le dolía, pero, cuando inmediatamente le redujeron la luxación de hombro, se le pasó. Entonces quiso seguir pero era imposible. En esas condiciones, no hay más remedio que realizar la variante.

Boca también superó la lesión de Serna, a quien reemplazó Pereda, y –lo más importante de todo, porque significó quedarse con un futbolista menos– también pudo disimular bastante bien la expulsión de Bermúdez. Bianchi esperó los tres minutos que faltaban para terminar el primer tiempo, pasando a Ibarra de primer marcador central y a Basualdo como lateral derecho. Fue una solución transitoria, la definitiva llegaría en el vestuario.

Allí, Carlos decidió que entrara Traverso por Guillermo Barros Schelotto. Confieso que yo no hubiera hecho el cambio que hizo Bianchi. De haber estado en esa situación, yo ponía a Traverso, pero habría excluido a Basualdo. ¿Por qué? Muy sencillo. Para evitar lo que ocurrió en el arranque del segundo tiempo, cuando River, favorecido porque Palermo se quedó solo adelante, se vino, se vino y se vino hasta que alcanzó el empate.

Claro que, probablemente, Bianchi no haya visto entero al Mellizo, tras una semana en la que sufrió una lesión. Y, a lo mejor, tuvo temor de sacar a otro hombre y después quedarse sin cambios ante un eventual resentimiento de Guillermo. Enseguida, esa igualdad que todos veíamos que caería de un momento a otro, cayó.

Martín la aguantó de espaldas al arco. Berizzo llega de atrás pero sin la vehemencia necesaria.

Martín la aguantó de espaldas al arco. Berizzo llega de atrás pero sin la vehemencia necesaria.

River tenía todo para ganar el clásico, estaba 1-1 y dominaba, pero ocurrió lo inesperado. O lo esperado, porque Palermo volvió a demostrar que es un fenómeno. En el primer tiempo sacó un tiro que casi mata a un espectador del segundo piso de la Bombonera. Muchos se rieron de él. Al final, él se rió de todos. El gol que hizo fue espectacular. Recibió una pelota de espaldas al arco, a unos 25 metros del mismo. Se dio vuelta rápidamente y sacó un disparo formidable, que no le dio ninguna chance a Bonano.

Yo sigo preguntándome lo mismo que me pregunto muchas noches en mi programa nocturno de Radio La Red: ¿Cuándo se darán por enterados de que a Palermo hay que marcarlo hombre a hombre y no en zona? Porque dicen que lo agarra uno cuando va por la derecha y otro cuando arranca para la izquierda, pero la verdad termina siendo una sola. No lo agarra ninguno, todos miran, la culpa no la tiene nadie y Palermo sigue haciendo goles.

 

Le dio un espacio para girar y perdió por muerte. 2-1.

Le dio un espacio para girar y perdió por muerte. 2-1.

 

En ese momento, River perdió el partido y Boca empezó a ganarlo. Fue el instante de quiebre. La reacción de las hinchadas marcó inmediatamente que algo muy importante había ocurrido. Porque River siguió atacando, otra vez en busca del empate, y su gente estaba muda, como presintiendo que el partido estaba perdido.

Por el otro lado, Boca otra vez se encontraba a la defensiva, y sus hinchas gritaban a más no poder. Tenían la convicción de que lo peor había pasado y que difícilmente River podría volver a igualar. Y tenían razón. Boca todavía con un hombre menos, pasó a manejar el juego.

Riquelme se transformó en el mejor jugador de la cancha. Boca necesitaba un futbolista que le permitiera tener la pelota, darle un destino cierto y, sobre todo, evitar que River la siguiera monopolizando para buscar el 2-2. Y Riquelme hizo lo indicado. Lo de Boca no fue sólo aguante, sino que también llegó claramente a situación de gol en, al menos, dos ocasiones. Una aparición a fondo de Cagna –quien también jugó bien– que terminó en un centro que controló Bonano. Y una mandada de Ibarra, quien fue al ataque decidido y casi convierte el 3-1.

En este lapso, el que se equivocó fue Ramón Díaz. Debió haber tirado a Castillo a la cancha antes, no cuando lo hizo, promediando el segundo tiempo. Lo ideal hubiera sido que lo hiciera ingresar en el inicio del segundo tiempo. Eso, siempre teniendo en cuenta la variante que obligadamente iba a tener que realizar Bianchi, ante la expulsión de Bermúdez.

¿Cómo saberlo? Enviando a un asistente para que averiguara quién salía. Porque no es lo mismo que salga Barros Schelotto o que lo haga un volante, como pudo haber sido Basualdo. Así, se hubiera enterado que iba a tener a cuatro defensores para controlar a un solo delantero: Palermo. La entrada de Castillo fue tardía y River terminó manejando la pelota, pero no tuvo nada que ver con el conjunto dominante del primer tiempo.

Estuvo apurado, nervioso, errático y desesperado. Ya no se iba sólo Sorín. Se iban Ramos, Berizzo, Astrada. Todos querían agarrar la lanza e ir a buscar el empate. Pero Boca ya estaba organizado. Con Ibarra, Traverso, Samuel y Arruabarrena sólidos y firmes atrás. Con los volantes marcando y entorpeciendo el progreso de River en el terreno.

El problema de Boca para rematarlo era que Palermo no es un contragolpeador y que necesita a otro delantero para que lo acompañe. El Mellizo ya no estaba. Pero River tampoco era el mismo equipo que había dominado el juego. Lo buscaban a Sorín como alternativa para llegar pero en forma anunciada y no sorpresiva.

Lo que debía ser un toque para que Sorín se desenganchara rápidamente se transformaba en tres toques que, lo único que lograban, era que lo taparan Ibarra, Basualdo u otro jugador de Boca que se ubicara sobre la derecha de su defensa. Cuando iban 1-0, el empate de River se veía venir. Con el resultado 2-1, la impresión era que River podía dominar el resto del partido y que no iba a igualar nunca.

Es que se había transformado en un conjunto alterado y nervioso y, en ese estado, se hace complicado superar a un rival que lo aguarda bien parado y sin regalar espacios.

Boca ganó bien. Porque aprovechó su tiempo e hizo pesar la presencia de un fenómeno como Palermo.

 

Carlos Bilardo en La Bombonera.

Carlos Bilardo en La Bombonera.

 

River empezó mejor pero terminó mal. No aprovechó su momento y no le dieron posibilidades de tener una segunda oportunidad. Me despido con el interrogante que me sigue desvelando por estas horas: ¿Cuántos goles más tendrá que meter Palermo para que los técnicos se decidan a marcarlo al hombre, la mejor manera de detener a futbolistas que, por sí solos, son capaces de determinar el resultado de un partido?

 

 

Por: CARLOS BILARDO(1999).

Producción: ALFREDO ALEGRE.

Fotos: ALEJANDRO PAGNI, JUAN JOSE BRUZZA, EDUARDO FARRE, ALBERTO RAGGIO, DANIEL GONZALEZ, DANIEL JAYO, DIEGO DEL CARRIL, DIEGO DIAZ y HUGO RAMOS.

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