¡Habla memoria!

1973. Huracán según Menotti

Por Redacción EG · 17 de octubre de 2019

César Luis Menotti repasa las piezas fundamentales de su Huracán, el que hasta hoy en día se recuerda, el que salió campeón del Metropolitano con grandes figuras como Basile, Babington y Brindisi.

Me hice cargo de Huracán allá por mayo del 71. El equipo iba último. Hoy, setiembre del 73, es el puntero del campeonato. El camino recorrido me da una enorme alegría y me crea una enorme responsabilidad. La alegría es haber logrado con un grupo de jugadores que se hagan realidad mis convicciones futbolísticas, no en forma impuesta sino compartidas por todos ellos. La responsabilidad es sentir que esta gente de Huracán, tan sufrida, tan fiel a sus colores, no puede vivir otra decepción después de cuarenta años de espera. Algunos hinchas viejos del Globo me cuentan que en 1928, faltando tres fechas para terminar el campeonato, a Huracán le bastaba ganar dos puntos para ser campeón. Perdió los dos primeros partidos y sufriendo ganó el tercero y el campeonato. Confieso que esto de tener el triunfo ahí, tan cerca pero sin la certeza de que todo está resuelto, ha sido demasiada guerra de nervios para mí, que no estoy para perder kilos, precisamente... Aquel Huracán del 71 era un equipo distinto. Estaban Doval, el Bambino Veira, Raspo marcaba la punta derecha, apuntaba la gran esperanza de Brindisi, atrás teníamos la experiencia de Coco Basile, pero Roque Avallay estaba todavía en período de adaptación al club y nadie vislumbraba que iba a ser lo que ha sido para este Huracán. Carlitos Babington era un pibe más bien debilucho, talentoso pero sin puesto en la primera. Arrancamos llenos de dudas, de desconfianza, pero con una idea fija sobre lo que yo pretendía de ellos. Estuvimos 12 partidos sin perder y en la fecha 13' sufrimos la primera derrota. Desde que estoy en Huracán tuve cuatro series así, de 12 partidos sin derrotas, para perder en la fecha número 13... ¿Cómo no voy a creer en las cábalas? Hicimos una gira por Costa Rica en ple-no torneo, volvimos, perdimos dos partidos y en la última fecha del Metro le ganamos a Vélez, quitándole el campeonato.

 

EQUIPO Y SUERTE

Ya en el 72 me convencí de que tenía un buen equipo en mis manos. Un equipo capaz de ganar jugando bien, que es lo que siempre me importó como política de largo alcance.

Ese año tuvimos grandes partidos. Y también la ayuda de la suerte. Porque realmente fue una gran suerte que el club no pudiera vender a Brindisi y Babington al exterior cuando anduvieron por Europa con esa finalidad. Recuerdo que los dos volvieron de allá, del aeropuerto fueron a la cancha para jugar contra Boca y ganamos 5 a 1, con una exhibición inolvidable. Ese Huracán ya estaba para ser campeón.

 

AYALLAY

 

Avallay.

Avallay.

 

En la campaña ascendente de Huracán tiene gran influencia la producción de Avallay a partir de la quinta o sexta fecha del Metropolitano del 72. Con Colón, allá, con Vélez acá y en Boca, la tarde que empatamos 2 a 2 y Roque hizo un gol sensacional, se mostró como el gran jugador que yo había intuido cuando estaba en Newell's. El mismo que yo veía jugar en los picados que hacemos para divertirnos en cancha chica. Todos creían que Roque era solamente un picador, un chocador, un velocista sin ningún talento. Y estaban en un error. Ocurría que impulsado por su gran  velocidad Avallay se pasaba de revoluciones y perdía precisión con la pelota. Pero cuando jugábamos en terrenos reducidos, donde no podía confiar en su velocidad porque se le terminaba en seguida la cancha, necesitaba recurrir a su manejo, a su inventiva. Y entonces demostraba todo lo que es capaz de hacer. Fue necesario hacerle comprender que era mucho mejor jugador de lo que todos creían, incluyendo a él mismo, para llegar a este Avallay de hoy. Ya teníamos en el 72 la base de un muy loen equipo y una correcta idea de fútbol asociado. ¿Qué nos faltaba? La contundencia, el cambio de ritmo, la facilidad de llegada que nos dio Roque.

 

BABINGTON

 

Babington.

Babington.

 

Todo equipo de categoría necesita del talento de un jugador como Babington. Es el gran regulador de la velocidad de Avallay y del despliegue de Brindisi. El que hace la pausa justa, el que acelera cuando hay que meter el cambio de ritmo, el que coloca pelotazos de cuarenta metros sin anunciar y sin dar posibilidades de intercepción. ¿Por qué? Porque sabe elegir el momento exacto, Porque le pega como los dioses. Cuando yo tomé Huracán era un pibe que tenía mucho talento y ninguna fuerza. Yo soy un convencido de que al talentoso, trabajando, podemos convertirlo en un atleta. Fue necesario esperarlo, pero al final Carlitos ha demostrado ser el gran jugador que necesitaba Huracán para alcanzar categoría de gran equipo.

 

BRINDISI

 

Brindisi.

Brindisi.

 

Diez puntos en todo. Como jugador y como persona. Como ejemplo de generosidad. Con un jugador como Miguelito uno puede intentar cualquier variante, porque él va siempre. Al sumarse esas tres individualidades en un juego colectivo, Huracán consiguió la gran producción ofensiva que ha sido la base de sus campañas del 72 y 73. En el fútbol la complementación es todo. Fíjese en la jugada que Fiemos venido repitiendo en los últimos dos años y siempre sale. Cuando Avallay arranca en diagonal, Babington le amaga el pase en profundidad y la cruza al vacío para la llegada de Brindisi desde atrás. Eso se consigue con jugadores y con el entendimiento que se gana en muchos entrenamientos y muchos partidos. Si usted no tiene el talento de alguien que le pegue como Babington, el delantero capaz de arrastrar marcas como Avallay y el despliegue de Brindisi para picar siempre, no hay pizarrón que valga.

 

LARROSA

 

Larrosa.

Larrosa.

 

Hay un momento de cada partido jugado por Huracán en estas dos últimas temporadas en que Omar se convierte en el jugador más importante para el funcionamiento del equipo. Es la última media hora, cuando abandona la raya izquierda y pasa a trabajar desde atrás, cerca de Russo, relevando a Brindisi. De ese modo Miguel puede mantener su importancia de media cancha hasta el arco contrario sin preocuparse por lo que deja a sus espaldas. Además, cuando Larrosa pisa el área contraria, ¡guarda!, que tiene dos perfiles, está para la pared corta, para ponerla pasada, para sacarse dos rivales de encima en un metro y para darle al arco... Y todo lo hace bien, con talento. Su problema es que siente el grito de la tribuna, siente mucho la jugada que le salió mal, y ahora que no está Babington no termina de animarse a tomar la manija del equipo, aunque es el más dotado para hacerlo. Para quienes no creen en Omar, ahí están sus 14 goles de este año...

 

HOUSEMAN

 

Houseman.

Houseman.

 

El brasileño Marcos Pereira no quena quedarse más en la Argentina. Necesitaba un wing derecho. Lo había visto a este pibe en Defensores, me gustaba pero le tenía miedo. En una de ésas era medio lotería. De esos pibes que hacen una genialidad y al rato chocan contra una pared, Lo veía como un diamante en bruto, al que habla que pulir. Pero debutó en Huracán cuando estábamos en Mar del Plata, jugando un amistoso contra Kímberley, y se me fue el miedo: ese pibe no necesitaba adaptación porque cabía todo. Intuitivamente estaba siempre en la jugada. Jugamos por el torneo de verano con la selección marplatense, esa noche se encontró por primera vez con Avallay y era como si siempre hubieran jugado juntos. Hicieron varias paredes en velocidad que me convencieron. Ese pibe ya estaba para la primera y lo dije esa misma noche. Sigo creyendo que futbolísticamente no necesita aprender nada más. Lo que le falta es lo otro: hacerse hombre, conocer la vida, ubicarse, tomar conciencia de lo que realmente es y puede llegar a ser dentro del fútbol. En este momento se siente confundido, agredido. Le gritan "villero", "vendepatria". Es lógico que aflore en él la rebeldía amasada en una infancia dura, que se refugie en la idea de que la plata no le importa, porque sin plata fue libre y fue feliz... Está viviendo un momento duro. Ahora recapacita, comprende que defraudó a sus compañeros y lo siente. Es posible, ojalá, que esta prueba que ha tenido que vivir siendo tan pibe lo ayude a madurar, a hacerse hombre. Como jugador ya está. Hay que comprenderlo, respaldarlo, ayudarlo. Nada más que eso.

 

RUSSO

 

Francisco Russo.

Francisco Russo.

 

Es un chico grande, de una pureza inmaculada. Nunca habla mal de nadie pero no por ese código que nos imponemos los argentinos para no ser "botones" sino porque no piensa mal de nadie. Futbolísticamente es el hombre que me equilibra a todo el equipo, el relevo de sus diez compañeros. Algo así como Clodoaldo para el equipo de Brasil en el Mundial de México o Wilson Piazza en el Cruzeiro, cuando juega de volante. La única vez que usé el pizarrón en Huracán fue a mediados del 71, cuando expliqué cuál era el funcionamiento que pretendía del equipo. Y en ese funcionamiento el número cinco era un jugador clave. En aquel momento estaba Maidana. Después entró Leone en esa posición. Yo pensaba hacerlo con Montes, cuando estuvimos en tratos con Newell's para con-seguirlo. Lo de Montes no se hizo y en el 72 quedó libre Russo. Vino un mes a prueba, se le compró el pase y lo fui preparando en la reserva para la función que cumple actualmente. Yo lo conocía desde que jugaba en Central Córdoba, cuando allí estaban el Gitano Juárez y Mugione, con Minni de técnico. Lo iba a ver siempre, jugaba en la cueva y le decíamos Sacchi. Fíjese si le veíamos futuro...

 

BASILE-CHABAY

 

Nelson Chabay.

Nelson Chabay.

 

Los dos fueron campeones del mundo con Racing. ¿Qué otra cosa vamos a buscarles? Coco es la seguridad de que no nos pueden hacer goles de cabeza en el área nuestra, y en cualquier momento hacemos un desparramo en el área de enfrente. Además es oficio, temperamento, personalidad. Sobre un pilar como Basile usted puede armar una defensa. Cuando se recuperó de su lesión no tuve dudas sobre la solidez de Huracán en el fondo. Todos dicen que el nuestro es un fútbol lírico, pero resulta que somos la defensa menos vencida durante todo el campeonato. Chabay reunía todas las condiciones para ser un jugador utilísimo. Nos costaba poco, porque tenía el pase en la mano, y en Huracán ése era un detalle importante, porque el técnico tiene la obligación de resguardar los intereses del club. Si uno quiere que lo respeten debe empezar por respetar, A todos: dirigentes y dirigidos. Además Chabay podía jugarme de 4, de 2, de 6, hasta de 3. Y tiene algo que debe valorarse muchísimo: seriedad profesional. Difícilmente me pierda una pelota saliendo del fondo. Y juega siempre igual, sin importarle el marco, el rival o la responsabilidad del partido.

 

CARRASCOSA-BUGLIONE

 

Buglione.

Buglione.

 

En el 72 Huracán consiguió potencia ofensiva, capacidad para crear situaciones de gol. A veces me pongo a pensar en las goleadas que podíamos haber hecho si tuviéramos canchas como en Europa... ¿Qué nos faltaba? Regularidad defensiva. Estaba seguro de que, con Basile sano, teníamos la mitad del problema resuelto. No pudimos quedarnos con los marcadores de punta que teníamos en el 72, Zanotti y De Rienzo. Necesitaba un número dos sólido, de rendimiento siempre parejo. Sacrifiqué a un jugador en el que sigo creyendo, como Cabral, que estaba condenado a ser suplente, pero conseguí que Central me diera dos titulares para la línea de fondo (Carrascosa y Fanesi) y al club le quedaban quince millones de pesos. Carrascosa fue el hombre-reloj que yo conocía. Sin grandes demostraciones de talento, pero siempre ahí, seguro, parejo. Yo no lo quiero para que se vaya al ataque. Para eso me sobra gente. ¿Qué ganamos cuando sube un marcador de punta y baja un wing a hacerle el relevo? Simplemente cambiamos un número por otro, y sin ningún provecho. A menos que el marcador entre como Carlos Alberto, por el medio, en pared y hacia el gol. Para que se vaya por afuera a tirar un centro, me quedo con Larrosa o con Houseman o con Roque picando por las puntas. Le tenía gran confianza a Fanesi para conseguir recuperación física en el medio de la línea de fondo, pero se lesionó los dos meniscos y no pude tenerlo en todo el campeonato. Se fue afirmando Buglione, ganó en confianza, sincronizó bien con Basile y también tuvimos ese problema resuelto.

 

PICHIN ROGANTI

 

Roganti.

Roganti.

 

Dice Amadeo Carrizo que un arquero recién está maduro cuando tiene doscientos goles en contra. Siempre que no se los metan todos en un año... A Roganti le falta profesión. Sentirse dueño del puesto. Fue suplente en Huracán durante cinco años. Después estuvo en All Boys. Volvió en el 72, cuando estaban Leyes y Hernandorena.

Tuvo que trabajar, pero se ve que en él hay vocación. Evoluciona. Eso es importante. Necesita acostumbrarse a la idea de que es el titular. Y es un excepcional jugador de fútbol. En las prácticas, jugando de número dos, tiene una calidad que se ve en muy pocos hombres de primera división actualmente.

 

AUSENTES Y PRESENTES

La Selección le llevó a Huracán toda su potencia ofensiva. Con Babington, todavía conservábamos el talento Los muchachos que entraron (Quiroga, Del Valle, Scalise, Tello) son buenos jugadores que, de golpe, se enfrentan con la necesidad de asegurar un campeonato, reemplazando a tres grandes valores que estaban atravesando por un momento excepcional. Y es una carga demasiado pesada para ellos. Eso se siente en el funcionamiento ofensivo. Hemos perdido poder de gol. Contra Chacarita, por ejemplo, el pibe Scalise recibió una pelota que normalmente mata con el pecho, gira y la pone en un rincón, porque le sobran condiciones para hacerlo. Le dio de cabeza, débil y mal. Es un problema de falta de confianza, que sólo se resuelve jugando en primera y dentro de un equipo armado. En los últimos partidos, recién puedo decir que Huracán ganó puntos jugando mal. Sin embargo la intención de jugar bien existió siempre, aunque las cosas no salieran. Y eso me reconforta.

 

 

Por JUVENAL (1973).

Fotos: ALFIERI.

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