¡Habla memoria!

Prehistoria del Martillo

Por Redacción EG · 23 de abril de 2019

Un valioso recuerdo de los orígenes y primeros registros del lanzamiento de martillo en Argentina, destacando la figura extraordinaria de Jorge Llobet Cullen, el primer gran martillero nacional.

Sin entrar en los detalles minuciosos podemos explicar que el lanzamiento del martillo consiste en arrojar un implemento atlético formado por una esfera de metal que está tomada por un alambre que mide no más de cuatro pies, que son 1 m. 219, y que en total no puede pesar menos de 16 libras o sean 7 Kg. 257.

 

Jorge Llobet Cullen fue figura de relieves extraordinarios en los lanzamientos de bala, disco y martillo, cuyos registros inician las estadísticas de los records homologados por la Federación Atlética Argentina.

Jorge Llobet Cullen fue figura de relieves extraordinarios en los lanzamientos de bala, disco y martillo, cuyos registros inician las estadísticas de los records homologados por la Federación Atlética Argentina.

 

El lanzamiento se efectúa desde un círculo cuyo diámetro es de 2 m. 135, dentro del cual hay que mantenerse hasta cumplir el intento. Si el atleta, impulsado por el esfuerzo, sale de ese sector, que está colocado a nivel del suelo sin ningún reborde de contención, su tentativa quedará anulada. El lanzamiento del martillo es un ejercicio que integra el grupo de las prácticas modernas, puesto que no tiene ninguna herencia helénica. Todo induce a creer que es de origen escocés y que consiste en una depuración de la práctica que los hombres fuertes de esas tierras hacían arrojando pesados ejes de carros o grandes martillos de herrero. Cómo, cuándo y quién tuvo la ocurrencia de darle la forma actual son cosas que no concilian los autores afortunados que tienen la suerte de investigar en la literatura original de la época en que el martillo hizo su primera aparición. A falta de esa partida de nacimiento tenemos fecha más o menos cierta de su presentación inicial, ocurrida en el año 1866, cuando el primer Campeonato Británico de Atletismo. En esa oportunidad el vencedor fue R. J. James con un registro de 23 m. 897. En ese entonces el martillo pesaba, como hoy, las mismas 16 libras, pero había dos aspectos que luego sufrieron fundamental modificación. El largo no estaba reglamentado y en lugar de alambre la unión se efectuaba con un mango de madera. La otra variante era que en vez de efectuar el lanzamiento desde el espacio limitado de un círculo de 2 m. 135, el atleta tenía a su disposición una carrera ilimitada. Los jueces medían el lanzamiento desde el punto en que partía el martillo hasta el lugar de la caída. Este último aspecto es de enorme importancia en la práctica del martillo, cuyas grandes conquistas no tienen otro secreto que el del aprovechamiento de la fuerza centrífuga. Una herramienta que sale en busca de los 50 metros lo hace con una fuerza de expansión calculada en 200 kilos, que para aguantarlos a pie firme hay que tener basamentos de hércules. La libertad de poder seguir corriendo una vez arrojado el martillo, tal como se admitía en la primera época, acordaba un beneficio que quedó destruido recién en el año 1871, cuando se reglamentó el uso del círculo.

 

Fue en el año 1933 cuando Federico Kleger estableció la marca de 53m.51 como record sudamericano en el lanzamiento del martillo. En ese entonces un record de esas proyecciones tenía sólido merecimiento mundial.

Fue en el año 1933 cuando Federico Kleger estableció la marca de 53m.51 como record sudamericano en el lanzamiento del martillo. En ese entonces un record de esas proyecciones tenía sólido merecimiento mundial.

 

Estos detalles resultan importantísimos para la historia de nuestro atletismo, porque permiten reconstruir aspectos del primer lanzamiento realizado en estas tierras. Fue en el año 1867, es decir, al siguiente del primer campeonato británico, cuando el Buenos Aires Athletic Club hizo disputar un torneo en el que estaba incluida la prueba de martillo. El único detalle del reglamento que se publicó entonces fue que la herramienta pesaba 11 y 1/2 libras, que son 5 Kg. 200. Reconstruyendo, podemos agregar que el mango del martillo era de madera y que los actuantes tomaban el impulso que más se ajustaba a su estilo y necesidades. Ganador fue J. Rose con una distancia de 77 pies y 6 pulgadas (23 m. 63). El segundo clasificado, de nombre Howden, finalizó a dos pulgadas del vencedor. Recién encontramos otra constancia del lanzamiento del martillo efectuado entre nosotros cuando el torneo realizado por los empleados del Ferro Carril Sud en el año 1888. En ese entonces todavía seguía usándose la manija de madera, pero el sector de partida lo constituía el círculo de siete pies. H. Withingeon triunfó con una distancia de 85 pies (25 m. 92).

 

24 de noviembre de 1934. Otro atleta que perdura: Federico Kleger, quien en su tiempo estuvo adelantado técnicamente con respecto a su época (en el ambiente sudamericano)

24 de noviembre de 1934. Otro atleta que perdura: Federico Kleger, quien en su tiempo estuvo adelantado técnicamente con respecto a su época (en el ambiente sudamericano)

 

La forma actual del martillo se reglamentó en el año 1896 estableciéndose la longitud del alambre en reemplazo  del mango de madera, de medida arbitraria. De esta época no tenemos constancia de los concursos que pudieron haberse efectuado, hasta llegar al año 1901, que fue cuando en el Campeonato de la Amateur Athletic Association se produce un sólido 34 m. 03 a cargo del británico L. C. Newell. La actuación de atletas argentinos no alcanzó a merecer ninguna consideración hasta el surgimiento de Jorge Llobet Cullen, que fue figura fabulosa dentro de nuestro incipiente medio atlético. La primera satisfacción en el lanzamiento del martillo la obtuvo al ganar los Juegos Olímpicos del Centenario; con registro de 32 m. 82, que estaba muy por encima de todo cuanto hasta entonces habían hecho los lanzadores nativos. Al año siguiente, en torneo realizado en el Club Atlético San Isidro, cuyos colores defendió en toda su campaña atlética, cumplió performance de 36 m., que rubricó en calidad un año después, en 1912, cuando en la misma institución realizó un lanzamiento de 35 m. 80.

Dentro de ese proceso ascendente anotamos en el año 1913 una marca de 41 m. 78, lograda en torneo del Club Atlético Provincial de Rosario. En ese entonces no teníamos ninguna institución que regentease las actividades dispersas de las instituciones dedicadas a las prácticas atléticas, razón por la cual esas marcas quedan en la historia como citas curiosas, pero sin ningún reconocimiento oficial.

Fue muchos años después, en 1920, cuando se constituyó la actual Federación Atlética Argentina, que entre otras muchas actividades procedió a iniciar las estadísticas de performances records homologadas bajo su gobierno. Fue así que hubo borrón y cuenta nueva, anotándose el nombre de Jorge Llobet Cullen como primer recordista argentino en el lanzamiento del martillo, con un 33 m. 05 logrado en Santiago de Chile cuando el II Campeonato Sudamericano, realizado con fecha 25 de abril de 1920.

Luego siguieron para el representante del C. A. San Isidro otras muchas superaciones, que lo convirtieron en recordista sudamericano, destacándose en su ficha personal las siguientes conquistas máximas:

 

33m.05                 25 abril 1920                      Record Arg.

36m.34                 25 mayo 1921                    Record Sud.

37m.50                 16 octubre 1921               Record Sud.

38m.81                 16 abril 1922                      Record Sud.

41m.965              16 julio 1922                      Record Sud.

42m.03                 30 marzo 1923                  Record Sud.

 

Con este proceso pudo ofrecer Jorge Llobet Cullen las seguridades del 41 m. 78 logrado en Rosario en el año 1913, cuando escribió un capítulo hermoso de la prehistoria del lanzamiento del martillo.

 

Por Alberto Salotto (1955)

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