Las Crónicas de El Gráfico

1997. El título que mas gocé.

Por Redacción EG · 27 de abril de 2020

Por Ramón Ángel Díaz. Tras la conquista de la Supercopa, el técnico de River nos cuenta en primera persona su día. Desde la siesta previa al partido hasta las empanadas con que lo agasajó su madre.

No voy a decirles que fue la noche más feliz de mi vida, pero sí estoy seguro de que nunca voy a olvidar el miércoles 17 de diciembre de 1997.           

Sin dudas, la Supercopa fue el campeonato que más disfrutamos los jugadores y el cuerpo técnico desde que asumí como director técnico de River.

Fue una alegría diferente, más plena, más confiada, por varias razones. La obtención de este torneo era algo sobre lo que habíamos hablado mucho con Alfredo Davicce, porque era su último año como presidente del club y era uno de los pocos títulos que le faltaba ganar. También lo conversamos mucho con los jugadores, sobre todo a medida que fueron pasando los partidos y que el equipo se consolidaba y alcanzaba un nivel de perfección que no habíamos tenido antes.

¿Por qué la alegría fue más plena? Simplemente porque este campeonato lo disfrutamos, algo muy diferente a lo que vivimos cuando ganamos la Copa Libertadores. Recuerdo que, durante aquella Copa, todos sufrimos mucho hasta la noche de la consagración. Los partidos fueron más cerrados, el equipo no tenía tanto fútbol y entonces el camino a la final fue mucho más difícil. Esta vez, en cambio, la jerarquía futbolística del equipo nos permitió gozar más a todos. Para mí era muy importante poder demostrar que también se puede ganar una Copa sudamericana jugando bien al fútbol, atacando en todas las canchas y saliendo aplaudido de la mayoría de ellas. Por eso, apenas el árbitro terminó el partido, pensé en mi familia, en mis hijos, pero también en la satisfacción de haber podido dar la vuelta olímpica respetando mis convicciones y las de mis jugadores.

El diálogo de Berti y Ramón Díaz, poco antes de la final. El jugador no pudo estar por haber sido expulsado en Brasil durante el primer partido.

El diálogo de Berti y Ramón Díaz, poco antes de la final. El jugador no pudo estar por haber sido expulsado en Brasil durante el primer partido.

 La tarde previa al partido no varió en nada a las anteriores. Almorcé con los jugadores en la concentración y me fui muy tranquilo a dormir la siesta. Creo que no di ni una vuelta en la cama. Me dormí profundamente y sólo me desperté cuando me llamó Marcelo Araujo para salir al aire en su programa de radio. Como ésa era una de mis cábalas, estuvimos hablando un rato y ya me quedé despierto esperando la hora del partido. Tomé un café con los jugadores, mientras ellos merendaban y dos horas antes bajamos hacia el vestuario. A esa altura no tenía ninguna preocupación especial en la cabeza. Estaba muy confiado porque sabía que éramos superiores y que el equipo llegaba en muy buenas condiciones a jugar la final. En el vestuario nada fue distinto. Los jugadores se cambiaron casi en silencio y me dispuse para la charla técnica. Por costumbre siempre la doy en el vestuario, pero esta vez decidí hacerla más corta. Fueron nada más que diez o quince minutos de charla en los que recordé sólo un par de conceptos básicos. Les dije que jugaran tranquilos, que respetaran el fútbol que habían mostrado durante todo el campeonato y que así saldríamos campeones. Sabía que San Pablo era un equipo duro de visitante, pero confiaba en poder lograr una ventaja en los primeros veinte minutos. Quise que la charla fuera más corta, porque antes de una final tan importante no es bueno cargar de presión a los jugadores. Ya bastante presión tienen ellos para que uno les llene los oídos con indicaciones que seguramente después no recuerdan, o sólo los ponen nerviosos.

Luego de la charla técnica el profesor Dean empezó el calentamiento y ya todos nos metimos mentalmente en el partido.

Marcelo Salas atropella, supera al arquero Roger y anota el primer gol de River.

Marcelo Salas atropella, supera al arquero Roger y anota el primer gol de River.

 Un rato antes, durante la mañana del miércoles, hablé con mi esposa Mirta y la invité a que viniera a la cancha. Ella no estaba segura porque nunca lo había hecho antes, pero yo estaba tan confiado en el triunfo que le insistí. “Está escrito que vamos a ser campeones, así que no te hagas problemas y vení...”, le anticipé. Por suerte se animó y esa noche estuvo en la platea junto a Michael, mi hijo menor. Emiliano, el mayor, hizo de alcanza pelotas, como cada partido en el Monumental, y fue uno de los primeros en abrazarme luego del final. Pero eso se los termino de contar más tarde.

El San Pablo no me sorprendió, ni creo que haya jugado mejor aquí, en Buenos Aires, que en el partido de ida. Es un buen equipo, con algunos jugadores desequilibrantes y lo respetábamos como tal. El penal de Francescoli fue lo primero que me hizo poner de pie y dejar el banco de suplentes. Por supuesto, desde el banco no vi si había sido mano o no, pero por televisión parece que la pelota pegara en el cuerpo del defensor. Pero bueno, lo cobró y había que aprovecharlo.

¿Qué pensé cuando lo atajó el arquero? Nada en especial, en realidad en esas ocasiones uno sólo putea y sigue para adelante. Sabía que mis jugadores no iban a aflojar ni se caerían anímicamente. Escuché y leí por ahí algunas críticas a Enzo, pero él fue muy importante para nosotros. Participó tirando el centro en la jugada del primer gol, después puso un par de pases muy precisos, y casi convierte en ese remate del segundo tiempo que le desvió el arquero Roger en una atajada espectacular...

El grito con algo de bronca de Francescoli y el grito con alegría de Ramón Díaz. Fue en el abrazo del primer gol de River.

El grito con algo de bronca de Francescoli y el grito con alegría de Ramón Díaz. Fue en el abrazo del primer gol de River.

 No es cierto, como comentaron, que tuve un gesto más cariñoso de lo habitual cuando lo reemplacé. El sabe el valor que tiene para nosotros. Para mí, Enzo jugó un partido bárbaro, no muchos jugadores tienen semejante participación en una final tan complicada.

Repasando el primer tiempo en algunas imágenes televisivas, confirmé que River tuvo varias llegadas claras. Además del penal, hubo un remate de Gallardo que se fue al lado del palo y creo que también uno de Salas. ¿Por qué San Pablo impresionó mejor en el Monumental? Porque tuvieron más espacio para jugar. Aquí nosotros salimos a buscar el partido desde el primer minuto y eso les dio mayor libertad. Allá en el Morumbí, en cambio, nosotros nos cerramos bien, nos cuidamos más en defensa y no nos pudieron romper nunca.

Cuando terminó el primer tiempo y todavía estábamos 0-0, no me fui preocupado al vestuario. Lo digo con sinceridad. De todos modos, tenía en claro que debía remarcar algunas cosas del equipo para el complemento. Les dije a los jugadores que debíamos hacer más hincapié en ganarles la espalda a los laterales de ellos, que subían al ataque, y triangular mucho cuando estuviéramos cerca del vértice del área, que es un arma nuestra muy desequilibrante.

Estaba seguro de que así podríamos llegar al gol, y se cumplió. El primero de Salas llegó luego de una típica jugada nuestra y del centro de Francescoli.

El abrazo de Ramón Díaz con su amigo Omar Labruna, el único colaborador que sigue a su lado desde el primer día de su gestión.

El abrazo de Ramón Díaz con su amigo Omar Labruna, el único colaborador que sigue a su lado desde el primer día de su gestión.

 Después de ese gol les pedí a los jugadores que mantuvieran la actitud, buscaran el segundo y así asegurar el resultado. Pero el gol de Dodó no nos dio tiempo para nada. ¿Si tuve miedo? No. Igual que con el penal, en esos momentos uno sólo pega una puteada y piensa en cómo salir a buscar el triunfo. Desde antes del partido estaba seguro de hacer los tres cambios y, que si no pasaba nada raro, entrarían Gancedo, Escudero y Solari. Los tres jugaron una muy buena Supercopa y me garantizan el despliegue que se necesita para sostener un partido en los últimos veinte minutos. Eso pensaba cuando llegó el golazo de Salas y liquidamos el partido. ¿Qué puedo decir de semejante gol? Que en ese instante agradecí que Boca no lo haya querido, y que estuve más seguro que nunca de que Salas debe ir a la Juventus. Ya se lo dije y espero que me haga caso porque tiene todo para triunfar en ese club. Es el jugador ideal y además Inzaghi no es el goleador que la Juve necesita.

El golazo de Salas me convenció de que seríamos campeones. Corrí a abrazarme con todos y la verdad que no me acuerdo con quién lo hice. En esos instantes podés terminar abrazado con cualquiera, hasta con un policía...

Golazo de Salas –con marco de Monumental completo– y definición del partido. El arquero Roger va para otro lado,los defensores no llegan.

Golazo de Salas –con marco de Monumental completo– y definición del partido. El arquero Roger va para otro lado,los defensores no llegan.

 Los minutos finales del partido los viví con una gran felicidad, porque veía que el San Pablo estaba quebrado y que difícilmente nos empatara. Ni siquiera la expulsión de Astrada me preocupó. El ingreso de Gancedo equilibró al equipo e inclusive tuvimos más posibilidades de gol que ellos. Recuerdo la de Francescoli, y ésa en que el arquero le tapó dos remates consecutivos a Salas y Sorín. Me parece que el arquero de ellos fue, después de Salas, la figura de la cancha, y eso habla del dominio y los merecimientos de River. Si uno analiza la noche de Burgos, casi no vivió situaciones de peligro.

Ramon Díaz en andas de los hinchas millonarios, que lo adoraban.

Ramon Díaz en andas de los hinchas millonarios, que lo adoraban.

Esta vez el pitazo final no lo viví como un desahogo, sino como una continuidad de la alegría que tenía. Por eso digo que ésta es la Copa que más gocé, y hago la diferencia con la Libertadores. Apenas terminó el partido, me abracé con Emiliano, mi hijo mayor, que es fanático de River, y pensé en mi esposa Mirta, en mi otro hijo Michael y en mi mamá Nélida, a quien le decimos Juanita, que se vino desde La Rioja para ver el partido. Todos estaban en la platea y estoy seguro de que lo vivieron con tanta felicidad como yo. Ellos son los que más cerca están de uno en los momentos duros y por eso también son a quienes uno más agradece en los momentos de triunfo.

 

Solari y Salas tras el pitazo final.

Solari y Salas tras el pitazo final.

 

También pensé en los jugadores, que fueron muy generosos en su esfuerzo y en los últimos días aguantaron concentraciones interminables. No puedo negar que terminé bailando el “Pe/peee/pe/pe/pe, pe/peee/pe/pe/pe” con Diego Korol, de VideoMatch, pero se lo había prometido porque estuvo con nosotros en todos los viajes y conmigo siempre fue muy respetuoso.

¿Cómo fue mi festejo personal? Muy sencillo. Los jugadores se fueron a un restaurante llamado La Diosa, pero yo preferí ir con mi familia y Omar Labruna y la suya a comer un bife a Happening en la Costanera, muy tranquilos y muy felices. Me fui a acostar como a las cinco de la mañana y dormí como un rey hasta el mediodía. Felíz porque River había ganado como yo quería y porque estábamos haciendo historia. El jueves me desperté al mediodía y ahí la alegría ya fue total. Por el triunfo y porque a esa hora llegaba la parte del festejo que a mí más me gusta. Las empanadas riojanas que prepara mi vieja. Me comí como media docena y me fui feliz a entrenar pensando en el domingo. Mi vieja me prometió que, si ganábamos, me preparaba otra docena antes de regresar a La Rioja.

 

Producción: Gonzalo Abascal

Fotos: Aldo Abaca, Gerardo Horovitz, Alejandro Del Bosco, Alejandro Pagni, Juan José Bruzza, Rodolfo Solari, Ángel Juárez, Daniel González, Juan Mabromata, Alberto Raggio, Norberto González, Alejandro Mezza, Adrián Díaz, Carlos Brigo.

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