Las Entrevistas de El Gráfico

1988. Un flaco ingenuo, simpático y explosivo

Por Redacción EG · 28 de junio de 2019

Por la final del grupo 1 de la zona americana, Estados Unidos visitaba Argentina. André Agassi y John McEnroe integraban el equipo estadounidense y el Kid de Las Vegas le concedió una entrevista única a El Gráfico.

¨¡Por fin!¨

Se estiró en el asiento del Regatta 2000 y miró a su hermano con un gesto de doble satisfacción. No podía ser de otra manera. Había terminado un viaje iniciado 16 horas antes en Stuttgart que incluyó una demora de casi cinco horas en el aeropuerto de Río, por un desperfecto en el jumbo del vuelo 201 de Pan Am. Así, la llegada prevista para las 13.40 del martes 19 de julio se produjo recién a las 18.20. Había otro motivo para que Andre Agassi se sintiera feliz: después de mucho tiempo, llegaba a un aeropuerto sin que lo siguiese la siempre molesta compañía de periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión. Andre y su hermano Phil cambia-ron miradas interrogantes mientras el automóvil abandonaba Ezeiza. Con ellos iba un tercer pasajero. El enigma y las sonrisas se terminaron cuando el desconocido sacó de su bolsillo una revista y se la tendió diciendo: —Mucho gusto. Soy César Litvak, de EL GRAFICO.

Cuenta la tradición familiar que apenas tenía un mes de vida cuando le regalaron su primera raqueta. Nació el 29 de abril de 1970 en Las Vegas. Su padre Mike había sido boxeador en su Irán natal. Así representó al país en los Juegos Olímpicos de Londres (1948) y Helsinki (1952) y después emigró a Estados Unidos de América. Su carrera boxística se terminó abruptamente una noche, en el legendario Madison de Nueva York, cuando se enteró de que su rival se había enfermado y de que tendría que pelear con uno más grandote que él. "Vi una ventana abierta y, sencillamente, me escapé", contaría más tarde Mike Agassi, casado con Elizabeth y padre de cuatro hijos: Rita, Phil, Tammy y Andre.

 

Andre Agassial servicio en el Buenos Aires Lawn Tenis Club.

Andre Agassial servicio en el Buenos Aires Lawn Tenis Club.

 

El ex boxeador consiguió primero trabajo en Hollywood y finalmente recaló en Las Vegas. Hoy trabaja en el Bally's (ex MGM), uno de los hoteles más grande del mundo. Su hijo Andre se convirtió en un ¨cargoso del tenis¨, según las palabras del padre y obligó a éste a aprender casi todo del deporte. Quizás no sirva para ningún libro de record, pero a los cuatro años Andre jugó con Jimmy Connors y a los siete ya intervenía en algunos torneos. Un año más tarde lo vio Lennart Bergelin (¿se acuerda de un tal Bjorn Borg?) y quedó impresionado. No era para menos. El pibe tomaba al tenis con una mezcla de boxeo, por aquello de que —según sus palabras— "es mejor un golpe corto que un manotazo al mentón", lo que, traducido al tenis, se aproximaría a algo así como ¨una buena muñeca es mejor que un brazo lleno de fuerza¨.

En un desolado territorio norteamericano en donde los Connors y los McEnroes —perdón John— son cosa del pasado, este pibe pelilargo carilindo agresivo es pectacular no podría pasar inadvertido. Y aunque haya que detallar algo más de la historia, valga decir que ahora es una de las estrellas del equipo norteamericano de la Copa Davis, que las chicas se desmayan por él, que los muchachos lo miran con bronca y que el Plaza Hotel, en Buenos Aires haya formado una guardia de hierro para evitar reportajes. Y eso que, hasta ahora, al menos en la Copa Davis, sólo había jugado un partido, cuando le ganó al peruano Jaime Yzaga 6-8, 7-5, 6-1 y 6-2.

El viernes dejó su habitación (la 790) y junto a su hermano Phil bajaron al lobby del hotel. Suspiró cuando no vio ningún periodista, pero no pudo celebrar su victoria. De pronto sintió un flash y una voz (¿amiga?) le dijo al oído:

—Mucho gusto, soy Irusta de EL GRAFICO.

Un par de días antes, en el trayecto Ezeiza-Buenos Aires, ya había estado charlando sobre cosas de aquí y de allá, haciendo preguntas y recibiéndolas.

—Felicitaciones por tu triunfo en Stuttgart. Por el resultado, parece que Gómez estuvo irregular, ¿no?

—No, Andrés venía jugando muy bien y lo demostró en la semifinal ante Guillermo (por Pérez Roldán). Pero yo también anduve muy bien, mejor de lo que estaba jugando. Decime, ¿Sabatini es muy popular aquí, no?

—Sí, claro, como Maradona.

—¡Aaaah! Maradona, soccer.

—Sí, para nosotros es fútbol.

—Sí, claro. Fútbol. ¿Y entre Jaite y Roldán quién es más popular?

—En este momento Pérez Roldán, por los resultados; Martín no viene de una buena temporada.

—Sí, se nota que le falta confianza... ¿Es cierto que la gente aquí es muy ruidosa?

—Sí, grita bastante, pero sin agredir, a vos...

—No, no, a mí no me molesta, me divierte. A John (por McEnroe) lo enoja bastante, pero no es mi caso, si me p.. me agrando más.

—Este será tu segundo partido en la Davis. ¿Sentís la presión?

—No, me gusta la Davis. Además, para Roldán también será el segundo, ¿no es cierto? Y Jaite, ¿cuánto hace que la juega?

—Desde 1984. Debutó en Atlanta, contra McEnroe y Connors. ¿Te acordás?

—Más o menos... Martín no rinde mucho en la Copa Davis, ¿es cierto?

—Sí, suele bajar el nivel. Decime: ¿qué significa tener a un tipo de la experiencia de McEnroe en el equipo?

—Mucho, muchísimo, por más que sea en clay. Y no sólo es importante adentro de la cancha sino afuera, por su personalidad. Fortalece a todo el equipo. ¿Sabes cuál fue el primer consejo que me dio?

—No.

—Que no le de reportajes a nadie, porque si le doy un reportaje a alguien después voy a tener que hablar con todo el mundo...

 

En 1988 vino a Argentina a representar a su país.

En 1988 vino a Argentina a representar a su país.

 

Aunque se dice que "todo es posible en América", los Agassi siempre desconfiaron. ¿Puede un iraní triunfar allá? En un torneo junior, el joven Andre fue acusado por una chica de haber sido tratada obscenamente. "Lo que pasa es que somos inmigrantes", rezongó papá Agassi, hasta que luego de gastar 10.000 dólares tras aboga-dos le permitieron ganar el caso. Ya para entonces Andre tenía 12 años. Las Vegas le quedaba chica, su hermana Rita se había casado con el famoso Pancho González, Phil no lograba crecer como jugador y toda la familia hablaba de tenis. Entonces Andre se fue a Miami, Florida, al encuentro de Nick Bolletieri. Discutido, defendido, polémico, Bolletieri lo tomó de la mano. Debutó en el Nabisco Grand Prix y en mayo de 1986 decidió integrarse definitivamente al circuito profesional. Perdió en cuartos de final con McEnroe 6-3 y 6-2 en Stratton Mountain y quien luego sería su compañero de equipo en la Copa Davis dejó toda una definición: ¨Nunca encontré un tipo que le pegara tan fuerte a la pelota¨. Finalizó aquel año en el puesto 91° —había comenzado número 618— con una ganancia de 24.938 dólares.

Hoy maneja una Corvette, es modelo de Nike, posee un agente que le arregla los negocios —Bill Shelton— y es considerado la gran esperanza del tenis norteamericano. El sucesor de Connors y McEnroe. Así rotulan a Andre, con esas frases hechas. Y tienen razón: es el mejor de su país en el ranking mundial. Está quinto, un lugar que consiguió gracias a sus triunfos en Memphis, Charleston, Forest Hills y recientemente Stuttgart (su quinto torneo de Grand Prix, ya que el primero lo consiguió a fines del '87 en ltaparica).

—Este es el centro de Buenos Aires?

—No, falta muy poco. Decime, ¿pensabas llegar a ser el número 5 de la ATP tan rápido? ¿No te pesa el hecho de ser considerado el sucesor de McEnroe…?

—Para nada, a mí me divierte jugar al tenis y al mismo tiempo quiero alegrar a la gente. No esperaba a esta altura, ser el número cinco, pero en realidad no pienso en el ranking. Lo único que me preocupa es mejorar mi juego, especialmente el saque, la volea y mi estado físico.

—Hace poco estuvimos con Bolletieri y el doctor Jim Loehr, tu psicólogo, y éste nos decía que en los últimos dos años cambió mucho tu personalidad. ¿Cómo y por qué se produjo ese cambio?

—Por Dios, principalmente por él. En 1987 descubrí la Biblia y me sentí identificado. Me di cuenta de que ganar o perder es una circunstancia; lo importante es la fe... ¿Y eso qué es?

—El Obelisco...

— ¡Igual que en Washington! ¿Falta mucho?

—No, ya llegamos. ¿Sabés que acá te bautizaron como "el tenista punk"?

—¿Punk? ¿Por qué?

—Fundamentalmente por el pelo, por tu look...

—No, yo no tengo nada que ver con eso. Los punks son agresivos, yo no... Y mi pelo en todo caso sería "new romantic", no sé cómo le dirán aquí. Además, ellos musicalmente son duros y a mí me gusta la música más "slow", más suave, tipo Pink Floyd. Escuchame, si salgo a caminar por el centro, ¿me reconocerán?

Con su look particular que supo lucir en los finales de la década del 80.

Con su look particular que supo lucir en los finales de la década del 80.

—Me parece que sí, acá ya se habló bastante de vos. Y lo que es seguro es que te van a querer vender ropa de cuero...

—No hay problema; entonces me pongo un sobretodo y anteojos y salgo a caminar...

Pero no salió. La calle Florida no sintió sus pasos porque un cerco impasable —más las negativas reiteradas de su hermano Phil— lo harían después inmune a fotos y reportajes. EL GRAFICO lo lograría luego, con la gestión de Francisco Moreno (marketing manager de Nike), espontáneo traductor, de paso. Pero ese martes a la noche, mientras lo ayudábamos a bajar sus pesadísimos cuatro bolsos Prince, fue tajante ante el pedido:

—No, reportajes no. A partir de este momento estoy a total disposición de la LISTA. Hablen con mi capitán, Tom Gormar). Okey, Andre, ningún reportaje.

 

Por CARLOS IRUSTA y CESAR LITVAK

Fotos: HECTOR MAFFUCHE.

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