Las Entrevistas de El Gráfico

1986. Platini con El Gráfico

Por Redacción EG · 19 de junio de 2019

Quien es hoy noticia mundial, Michel Platini, fue uno de los mejores mediocampistas europeos de todos los tiempos. El tres veces consecutiva Balón de Oro, se encuentra con El Gráfico en México, en lo que fue su último mundial.

ES UN PLACER REPORTEAR A PLATINI

Ni se me cruzó por la cabeza tratarlo de usted. Y ni se me ocurrió pensar tampoco que él hubiera considerado eso como una falta de respeto.

Claro, uno hace un uso indiscriminado de esos conocimientos que brinda la notoriedad del personaje, de esa confianza que nace sólo por haber leído mucho sobre él, de esa tranquilidad que da el pensar que este hombre —que este nombre— no tiene secretos porque todo el mundo lo conoce.

 

Platini en plena entrevista exclusiva con El Gráfico.

Platini en plena entrevista exclusiva con El Gráfico.

 

Porque discutimos sobre si es el mejor del mundo o no, si es mejor que Diego o no, si está lesionado o no, si es culto o no, si es simpático o no, a mil kilómetros de distancia, en cualquier café de Buenos, Aires o en una sala de prensa del dial de México; el lugar no importa.

Importa que no hablamos de un desconocido. Entonces, no decimos el señor francés Michel Platini. Hablamos de Michel, simplemente.

Por eso lo tutee, por eso le dije "Hola, Michel" y las piernas me temblaron. Sentí algo así como que estaba hablando de fútbol, con el fútbol mismo.

Siempre personaje

El hotel Paseo de la Presa está ubicado en una de las partes más altas de la ciudad de Guanajuato. Es un lugar alejado del centro, muy tranquilo, muy íntimo, muy chiquito. Si no fuera por el ejército de agentes de seguridad que pulula por los alrededores y por el cartelón de bienvenida, azul, blanco y rojo, nadie se percataría de que allí, bajando apenas una escalera caracol hasta llegar a una especie de balcón gigante con forma de jardín, se puede encontrar a la Selección francesa, a estos favoritos de fútbol agradable y sonrisa permanente.

Allí estamos, arremolinados alrededor del jefe de prensa de la delegación, PhiIlipe Tournon, que —birome y libreta en mano— anota los nombres de los jugadores solicitados por la prensa. Espero que pidan los franceses, son locales. Jerome Bureau, de "L'Equipe", me hace un lugar y me ayuda con Tournon. "A Platini, por favor, de EL GRAFICO de Argentina..." El jefe de prensa sonríe, figuro en el décimo octavo lugar para hablar con Michel.

La cancha de Nieto Piña, a la entrada de Guanajuato. Trabajando para lograr un sueño: ¨Por primera vez estamos entre los candidatos del Mundial, podemos ser campeones.¨ Decía Michel Platini en vísperas del Mundial del México de 1986.

La cancha de Nieto Piña, a la entrada de Guanajuato. Trabajando para lograr un sueño: ¨Por primera vez estamos entre los candidatos del Mundial, podemos ser campeones.¨ Decía Michel Platini en vísperas del Mundial del México de 1986.

Fabián, el traductor mexicano, me tranquiliza: "Michel habla con todo el mundo. Y de a uno, no le gusta que le amontonen micrófonos delante de la nariz, ahorita baja..."

Por una vez, el "ahorita" es "ahorita", en dos minutos Platini está allí. Permítame describirlo, vale la pena. Flaco —más flaco de lo imaginado—, cara de pibe travieso, —pero bien travieso, ¿eh?—, despeinado —eternamente—, sonriente —eternamente—, la campera Adidas oficial, azul, roja y blanca, un jogging que no tiene nada que ver con la campera y más que jogging es un pijama. Y el toque final en las zapatillas: Adidas las dos, pero gris una y blanca la otra. Y como si esto fuera poco, la gris está casi totalmente destruida, para poder calzarla con el vendaje que lleva en el tobillo.

La gente de "París-Match" lo persigue por todos lados, quieren una foto diferente. Michel se niega, camina por todos lados, se queda solo...

El dedo pulgar hacia arriba, la sonrisa de siempre y las palabras en italiano: "¿Per L'Argentina? Benissimo..." Entonces habla.

En eso coinciden los periodistas italianos y franceses, hacerle una nota a Michel Platini es un placer, porque uno siempre sabe que va a encontrar algo diferente, algo risueño, algo conceptualmente riquísimo, jamás un lugar común.

—Mis orígenes son italianos. Mi abuelo nació en un lugar pequeñísimo llamado Vaprio Degogna, en la zona de Piamonte, en la frontera con Francia. Familia de mineros, aunque mi abuela trabajaba haciendo ropa, lavando y todo eso. Mis padres se mudaron a Joeuf, cerca de Marsella, donde nací yo el 21 de junio de 1955. Mi padre vivía hablando de fútbol, (hoy es miembro de la Comisión Directiva del Nancy), y mi madre jugaba al básquetbol. En ese ambiente crecí, practicando todos los deportes que podía. A veces digo: si tuviera físico de atleta, no sabés que gran futbolista sería... (risas, obvio).

— ¿Y cómo es este futbolista "fracasado" en su casa, en la intimidad?

—Vivo en una villa en la strada San Vito, sobre la colina de i Capucini, en uno de los lugares más hermosos de Torino. Y me gusta estar allí, paso la mayor parte del tiempo libre con mi esposa Christeme (Bigoni, también de origen italiano), y con mis dos hijos Martine y Laurente. Vemos video-casetes, jugamos con aparatos electrónicos que consigo en cualquier parte del mundo; para algo me sirve el fútbol...

— ¿Y cómo es eso de los restaurantes?

—Soy un apasionado de los restaurantes, me gusta comer bien. Un amigo que se llama Freddy Girardet tiene un restaurante en Lausana, cerca de Ginebra. Allí voy cuando puedo. Y si no puedo sé que "per natale" (para navidad en italiano) recibo de él Paté de Foie, (hígado graso de oca), un plato exquisito...

—Pareces un hombre de gustos refinados...

—No, no tanto. Sólo me gusta comer y vestir bien. Por lo demás, me encantaría pasar totalmente inadvertido. Italia me ha dado muchas cosas buenas, pero no me deja ser turista. Me encantaría conocer Venecia, por ejemplo, pero salgo del hotel, camino cien metros y ya no puedo ver ni una gota de agua. Por eso siempre me voy de vacaciones a algún lugar donde nadie conozca a Michel Platini.

La cabeza levantada, la pelota asegurada contra el piso, la estampa del gran jugador enfrentando al canadiense Samuel.

La cabeza levantada, la pelota asegurada contra el piso, la estampa del gran jugador enfrentando al canadiense Samuel.

—¿Existe ese lugar?

— (Se ríe). Sí, ya lo hemos probado con mi amigo Zibi Boniek y su esposa Vislaba, con quienes salimos todos los años de vacaciones. Vamos a lugares donde ni siquiera hay teléfono...

—Zibi es un amigo que te dio el fútbol. Nombrame otro...

—Patrick Battiston, compañero mío en la Selección francesa...

—¿ Y hasta cuándo la Selección francesa? ¿México '86 será tu último Mundial?

—Posiblemente, no creo poder jugar otro. Sólo los dirigentes pueden hacer diez mundiales sin cansarse. Mi idea es acabar sin acabar: dejar de jugar, pero no dejar el fútbol. Quizás el próximo Mundial yo pueda vivirlo como turista, así conozco Italia. O como periodista, si Berlusconi me contrata...

Berlusconi es, además del presidente del Milan, el dueño de una de las cadenas de televisión más importante de Italia. Claro que Michel no debe sentirse muy disminuido ante él; es dueño de la revista "Mondial", ha sido contratado por la RAI para hacer comentarios durante el Mundial, aparece en las pantallas de la televisión italiana cada dos minutos y... no es todo. Tiene una línea de ropa fina, una línea de ropa deportiva ("Número 10"), una línea de relojes (de la marca Zenith), y tendrá también alguna línea de teléfono. Pero su gran pasión —menos rentable, seguramente— es la escuela de fútbol que dirige en San Cipriano, cerca de Los Pirineos.

Dos glorias de la década del 80. Diego Armando Maradona defendiendo los colores del Nápoli y Michel Platini los de la Juventus. Protagonizaron cruces de antología a finales de los 80.

Dos glorias de la década del 80. Diego Armando Maradona defendiendo los colores del Nápoli y Michel Platini los de la Juventus. Protagonizaron cruces de antología a finales de los 80.

Siempre fútbol

Se lleva mucho mejor con los periodistas italianos que con los franceses. Eso lo comprobamos nosotros mismos. Aunque, en realidad, a él le gusta divertirse. Y, cuidado, que su concepto de la diversión no implica la cargada. Para entenderlo bien, vale un comentario que nos hizo Gianni Mura, de "La República" (de Italia, por supuesto): "Él nos hace el verso francés a nosotros, y el verso italiano a los franceses. Es así: a los italianos, —cuando pierde— nos dice que lo que importa es el espectáculo, el buen juego; a los franceses —cuando no juega bien— que importa el resultado, ganar o ganar. Es muy, ¿cómo dicen los argentinos?, chispeante". Así es, justamente.

—Tengo un buen recuerdo del Mundial '78, lo jugué muy descansado, en un equipo que jugaba bien y no se daba cuenta de eso. En ese mundial yo me encontraba bien en forma; no clasificamos pero no jugamos nada mal. Y estábamos en la zona de los dos mejores equipos del campeonato: Italia y Argentina...

 

Gol de Platini a Argentina en el Mundial de 1978.

Gol de Platini a Argentina en el Mundial de 1978.

 

— ¿Y de España '82?

—Mi recuerdo es un gran dolor por la pubalgia. Dos días después de cada partido seguía con bolsas de hielo en las piernas, una cosa temible. Y recuerdo Sevilla (el memorable encuentro semifinal con Alemania Federal), como algo doloroso y algo útil: en ese partido vivimos dos horas de sensaciones que, estoy seguro, algunos futbolistas no viven en toda su carrera...

—Bueno, llegamos al '86...

—Por primera vez en la historia somos auténticos candidatos. No sé si es el mejor momento del fútbol francés, sólo digo que si estamos reconocidos será porque algo hemos hecho y no puedo predecir lo que vamos a hacer...

—Pero es indudable que se trata de un equipo más que poderoso...

—Este equipo nació de una magnífica locura de Michel Hidalgo: juntar en la cancha a cuatro números diez; Genghini, Tigana, Giresse y yo demostramos que podemos jugar juntos. Y bien, con estilo.

—Ese estilo de Francia, ¿puede decirse que está sudamericanizado?

—Totalmente, nos parecemos mucho...

— ¿Y cuál se impondrá en México? ¿Un fútbol individual o colectivo?

—El fútbol es colectivo, sin dudas. Con una variante que vale y valdrá para todos los mundiales: los goles y el desequilibrio los marcan las individualidades...

 

Su estampa, su elegancia en pleno Mundial 1986.

Su estampa, su elegancia en pleno Mundial 1986.

 

—Hablando de individualidades, ¿cuál es tu opinión de Maradona y de Borghi?

—De Maradona hace tres años que vengo hablando maravillas, espero que no lo tomen como un cumplido. Y el caso de Borghi, es un jugador sorprendente, un gran jugador de equipo.

— ¿Pelearás con Diego por el número 1?

—Ojalá, será una forma de darle lo mejor a nuestros equipos.

— ¿Y Argentina, equipo?

—Es favorito, que novedad, ¿no?

— ¿Quién es tu favorito-favorito?

—No lo sé, los de siempre...

— ¿Influye el calor, la altura?

—Me nefrega (vale la respuesta en italiano, le salió del alma), el calor y la altura, será igual para todos, ¿no?. Cada uno sabrá tomar su lugar. Claro, si juegas contra México será mucho más difícil...

— ¿Superarás la marca de trece goles de Just Fontaine en 1958?

— (Se ríe). Sólo si puedo patear trece penales. En realidad, no me gusta que nos comparen con aquel equipo. Nosotros podemos jugar bien también.

El fotógrafo de EL GRAFICO, Eduardo Giménez, había terminado su trabajo. Michel se dirigió a él: "¿Vousavez fini?". "Oui", respondió Eduardo. Platini sólo agregó: "Merci". Entonces, encendió un cigarrillo.

Siempre definido

Cuentan los que saben que en 1979 Platini estaba en el Saint Etienne y el Nantes intentó comprarlo. Henri Michel, actual técnico de la Selección francesa y entonces jugador del Nantes, se negó: "No necesitamos a Platini".

Cuentan también los que saben que cada encuentro en la cancha de Michel Platini y Henri Michel como rivales era encontronazo.

Y los que saben agregan, después de darnos todos estos datos, que la relación entre el técnico y la máxima estrella de su equipo, no es ideal.

Referente absoluto de Juventus, donde además de ganar títulos dejó un legado de un fútbol exquisito.

Referente absoluto de Juventus, donde además de ganar títulos dejó un legado de un fútbol exquisito.

— ¿Qué cambió de Michel Hidalgo a Henri Michel?

—Nada...

—En cuanto a estilo...

—Claro...

—Pero puede haber cambiado la relación. Se dice que no te llevas bien con Michel, cuentan una anécdota, un posible pasa al Nantes...

—Te cuento una anécdota al revés. En 1976, en el primer partido con la Selección francesa frente a Checoslovaquia (2-2), hubo un tiro libre. Lo iba a patear Michel. Le dije: "Dejamelo que yo la pongo". Y fue gol. Y lo festejamos juntos.

— ¿Es un buen técnico?

—No puedo decir ahora si es un gran técnico o no, eso se verá después del   Mundial. El heredó un gran equipo. Pero aquí hay varios viejitos (incluido yo, por supuesto), y cuando nos retiremos se verá realmente el valor de su trabajo.

—Se habla de una recomendación tuya para que juegue Papin...

—No vas a responder todo lo que dicen los periódicos, ¿no?

No es un tipo de los que se achican, precisamente. Cuando firmó el contrato con la Juventus, el presidente Giovanni Agnelli se le acercó y le dijo; medio en broma, y medio en serio: "Michel, todo está muy bien. Pero tienes el pelo un poco largo, ¿no?..." Michel, sin dejar de sonreír, sólo respondió: "No se haga problemas, no se me cae..."

Siempre Platini

Es un showman permanente. Cualquier amante del fútbol tiene grabada aquella imagen del estadio Nacional de Tokio, cuando la final de la Copa Intercontinental, frente a nuestro Argentinos Juniors. El gol anulado, la mueca y el final con Michel acostado en el piso, sonriendo. Así es permanentemente, así se quejó de la reglamentación de jugar con la camiseta dentro del pantalón: "Me siento atado, con el número pegado en la espalda". Así apareció en la conferencia de prensa después del partido con Canadá, así habló: "Este partido con Canadá es histórico para Francia, más allá de lo que todos digan. Por primera vez, después del '58 ganamos el primer partido que jugamos en el Mundial". Sonrió y se levantó. En medio del caos (preguntas en mil idiomas, micrófonos que no funcionaban, canadienses que respondían, mexicanos que ayudaban) escuché su voz: "Merci, grazie, thanks, gracias...".

Platini junto a Daniel Arcucci, dando testimonio para esta entrevista.

Platini junto a Daniel Arcucci, dando testimonio para esta entrevista.

 

Ese hombre que ahí se iba, no es francés, ni siquiera puede decirse que pertenece al fútbol italiano. Durante la entrevista me respondió en francés (con traductor), en italiano (para aclararme cualquier cosa) y hasta metió algún bocadito en español. Ese hombre que ahí se iba tiene respuestas como ésta ante preguntas convencionales:

—Michel, ¿qué serás cuando te retires?, ¿Director técnico o periodista?

—Periodista, es mucho más fácil.

— ¿Eres el mejor del mundo?

— ¿Como periodista?

—No, no. Como futbolista...

—Ah, no, como futbolista no. Pero como periodista no estoy muy lejos.

Me sonrió, me dio la mano y se fue caminando con una zapatilla de cada color.

Entonces comprendí. Este hombre no pertenece a nadie, es de todos.

Por eso algunos lo comparan con Chaplin (camina en diez y diez y todo), y otros con Gardel (esa manera tan nuestra para definir lo grande). Pero claro, nada es definitivo. En realidad, Michel Platini —el de las zapatillas rotas y la frase diferente— sólo se parece a Michel Platini.

Por eso es un fenómeno, por eso no lo traté de usted.

 

Por DANIEL ARCUCCI  (1986)

Fotos: EDUARDO GIMENEZ.

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