Las Entrevistas de El Gráfico

2007. Chilavert 100X100

Por Redacción EG · 01 de marzo de 2019

En el clásico formato de entrevistas de El Gráfico, José Luis Chilavert, uno de los arqueros más importantes de la historia del fútbol sudamericano, hace un repaso por su vida y obra. Un personaje único.

José Luis Chilavert de Vélez, presiona el cuello de Marcelo Gallardo, el gesto de desesperación del volante de River lo dice todo. Un disparate que el árbitro no vio.

José Luis Chilavert de Vélez, presiona el cuello de Marcelo Gallardo, el gesto de desesperación del volante de River lo dice todo. Un disparate que el árbitro no vio.

Identifíquese:

NOMBRE: José Luis Félix Chilavert González.

NACIMIENTO: 27/7/1965 en Luque, Paraguay.

TRAYECTORIA: Sportivo Luqueño (1980-83), Guaraní (1984), San Lorenzo (1985-88), Zaragoza (1988-91), Vélez (1991-00), Racing de Estrasburgo (2000-03), Peñarol (2003), Vélez (2004). En la selección de Paraguay jugó 74 partidos, metió 8 goles (1989-03) y disputó los Mundiales de 1998 y 2002. En su primer partido con la selección anotó el primer gol de su carrera. Fue el 27/8/1989, contra Colombia, por las eliminatorias. El primero de tiro libre lo metió en Vélez el 2/10/1994 contra Deportivo Español (1-0). Hasta el 20/8/2006 fue el arquero más goleador del mundo (62). Lo superó Rogerio Ceni. Con Vélez obtuvo 9 títulos,  ganó una Copa de Francia, una Liga con Peñarol y otra con Guaraní. Fue elegido tres veces el mejor arquero del mundo por la IFFHS de Alemania (1995, 96 y 98) y el sexto mejor del siglo

1 ¿Sen­tís que le cam­bias­te la ca­ra al pues­to de ar­que­ro? En el mun­do va a ser im­po­si­ble que me reempla­cen. An­tes, los ar­que­ros só­lo es­ta­ban pa­ra ata­jar; hoy es dis­tin­to. Yo re­vo­lu­cio­né el pues­to, no va a ha­ber un ar­que­ro que su­pe­re lo que yo hi­ce.

2 Tú has ga­na­do mu­cho, Jo­sé Luis, pe­ro Ro­ge­rio Ce­ni ya su­pe­ró tus 62 go­les. No sé có­mo lle­van los cóm­pu­tos en Bra­sil, pe­ro no se pue­de com­pa­rar: yo me­tí 8 go­les pa­ra mi se­lec­ción, con­ver­tí en cua­tro elimina­to­rias di­fe­ren­tes; él no hi­zo nin­gu­no pa­ra su país. No me mo­les­ta, al con­tra­rio: me en­can­ta que los bra­si­le­ños lle­guen se­gun­dos de­trás de Chi­la­vert. Pri­me­ro es­tá el pa­ra­gua­yo.

3 ¿Por qué con to­do lo que lo­gras­te en tu carrera no lle­gas­te a un gran club eu­ro­peo? Por­que no tu­ve un ma­na­ger co­mo los de­más, si jue­gan tan­tos ar­que­ros de­sas­tro­sos en gran­des clu­bes de Eu­ro­pa... Y no só­lo ar­que­ros. El ejem­plo más pa­té­ti­co es Beckham: un ju­ga­dor co­mún y co­rrien­te, que le pe­ga bien a la pe­lo­ta, pe­ro que tie­ne de­trás un ejér­ci­to de bue­nos ase­so­res de mar­ke­ting.

4 Si lo que hi­cis­te en Vé­lez lo hu­bie­ras he­cho en Bo­ca o Ri­ver. Lo mío tie­ne más va­lor por eso, por­que sa­lir cam­peón con Bo­ca o Ri­ver es más fá­cil. Igual, si el gol de 60 me­tros a Bur­gos lo ha­cía con la azul y oro, to­da­vía la hin­cha­da de Bo­ca es­tá dan­do vuel­tas al Obe­lis­co.

5 ¿En la Se­lec­ción tu­vis­te pri­vi­le­gios co­mo di­jo Ga­ma­rra? Por lle­var a su fa­mi­lia en pri­me­ra cla­se y hos­pe­dar­los en un ho­tel cin­co es­tre­llas, co­mo hi­zo en Ale­ma­nia 2006, Ga­ma­rra pac­tó con los di­rec­ti­vos que no le dis­cu­ti­ría los pre­mios del plan­tel. Con Chi­la­vert de capitán, ca­da ju­ga­dor de la se­lec­ción ga­na­ba 10 mil dó­la­res por par­ti­do en el Mun­dial; con Ga­ma­rra ga­na­ban 1500. Pe­ro eso sí: su mu­jer y sus hi­jos via­ja­ban en pri­me­ra cla­se. Ade­más, ¿por qué Gamarra no ha­bló cuan­do yo es­ta­ba aden­tro? Quie­re de­cir que me te­nía mie­do.

6 ¿Quién es Jo­sé Luis Chi­la­vert? Una per­so­na co­mún y co­rrien­te, que na­ció en cu­na po­bre y que gra­cias al fút­bol es­tá en una si­tua­ción de pri­vi­le­gio.

7 ¿Tu hi­ja te pre­gun­ta por tus ha­za­ñas? No en­tien­de por qué los pa­dres de sus com­pa­ñe­ros me co­no­cen a mí mien­tras ella no sa­be na­da de los de­más pa­dres. Tie­ne 8 años. Le ex­pli­co que ju­gué al fút­bol y sa­lí en la te­le­vi­sión, na­da más. Cuan­do pa­san mis go­les, ella me pre­gun­ta si el ar­que­ro no tie­ne que es­tar en el arco. Y yo le con­tes­to: “Lo que pasa es que pa­pá sa­lía a pa­tear y ha­cía go­les de ti­ro li­bre y de pe­nal”.

8 Si un día ve tu es­cu­pi­ta­jo a Ro­ber­to Car­los, ¿qué le ex­pli­ca­rías? Que lo hi­ce por­que me di­jo “in­dio”, y que no­so­tros ve­ni­mos de los in­dios gua­ra­níes y lo lle­va­mos con or­gu­llo. Y que lo vol­ve­ría a ha­cer. Le explica­ría que en el te­rre­no de jue­go pa­san esas co­sas por­que uno es­tá irri­ta­do.

9 No le acon­se­ja­rás que an­de es­cu­pien­do a sus ami­gui­tos... Ob­via­men­te que no, pe­ro una per­so­na no va a es­cu­pir a otra si an­tes no hu­bo una agre­sión del otro la­do. Yo, en la jun­gla, me de­fien­do. En mi pue­blo, ca­za­ba la­gar­tos a las tres de la tar­de...

10 ¿Có­mo fue la pe­lea con la ba­rra de San Lo­ren­zo? Wal­ter Pe­raz­zo no te­nía con­tra­to y los tres ca­pos de la ba­rra vi­nie­ron a apre­tar­lo al ves­tua­rio de la Ciu­dad De­por­ti­va an­tes de un en­tre­na­mien­to. Es­ta­ban M­de­ra, Po­li y el Pa­na­de­ro. Nos es­tá­ba­mos cam­bian­do y em­pe­za­ron a pu­tear a Pe­raz­zo, que no reac­cio­na­ba. Vei­ra y el Pro­fe We­ber mi­ra­ban, los ju­ga­do­res tam­bién. To­dos les te­nían mie­do. El cli­ma se pu­so pe­sa­do y yo sal­té: “¿Qué se creen, los due­ños del club?”. Ellos: “Pa­ra­gua­yo, el pro­ble­ma no es con vos”. Yo: “Si es con mi com­pa­ñe­ro, es con­mi­go”. Ellos: “A que no re­pe­tís lo mis­mo si te­nés las pe­lo­tas bien pues­tas”. Y les de­cla­ré la gue­rra: “Us­te­des son una man­ga de fa­lo­pe­ros, no sir­ven pa­ra na­da”. Ahí no­más Po­li me ti­ró una trom­pa­da a trai­ción...

El joven arquero paraguayo que jugaba en San Lorenzo posa abrazando un símbolo de su país para El Gráfico. Con sólo 22 años ya llamaba la atención por su juego y personalidad.

El joven arquero paraguayo que jugaba en San Lorenzo posa abrazando un símbolo de su país para El Gráfico. Con sólo 22 años ya llamaba la atención por su juego y personalidad.

11 ¿Por qué “a trai­ción”? Si al­guien quie­re pe­lear, se po­ne en po­si­ción pa­ra avi­sar. Pe­ro yo tam­bién era reo, no me iba a en­se­ñar lo que era de­fen­der­se en la jun­gla. Es­qui­ve la pi­ña y le di una yo. Fue al pi­so y ahí no­más lo aga­rré con una pa­ta­da en la cos­ti­lla. Lo que ha­brá si­do esa pa­ta­da que a mí se me fi­su­ró el to­billo, pe­ro a él le rom­pí dos cos­ti­llas. Ma­de­ra gri­ta­ba que me iba a ma­tar, Giun­ta y el Bam­bi­no se cru­za­ron, pe­ro co­bra­ron. El tal Pa­na­de­ro se me ti­ró en­ci­ma y lo aga­rré del cue­llo. El Pro­fe We­ber me gri­tó: “Sol­ta­lo que lo es­tás ma­tan­do”. Le es­ta­ba hun­dien­do la nuez. Se fue­ron ame­na­zan­do: “Pa­ra­gua­yo, sos bo­le­ta, te voy a man­dar ma­tar”.

12 El fi­nal de la his­to­ria. Jun­té a mis compañeros y les di­je: “Yo voy a ha­cer la de­nun­cia, no sé us­te­des”. La hin­cha­da de San Lo­ren­zo em­pe­zó a in­sul­tar­me en los par­ti­dos. “Re­ti­rá la de­nun­cia así te pa­go los premios”, me de­cía Fer­nan­do Mie­le. Los tres ba­rras bus­ca­dos por la po­li­cía es­ta­ban en ca­sas de di­fe­ren­tes direc­ti­vos. Igual, siem­pre le es­ta­ré agra­de­ci­do a San Lo­ren­zo por dar­me la pri­me­ra opor­tu­ni­dad.

13 ¿Con Mie­le ter­mi­nas­te bien? Me trans­fi­rie­ron al Za­ra­go­za y do­né 50 mil dó­la­res pa­ra que pu­sie­ran una pla­que­ta de bron­ce. Hoy, en el Nue­vo Ga­só­me­tro hay un azu­le­jo con mi nom­bre. ¡No sa­bía que los azu­le­jos eran tan ca­ros! Mie­le com­pró los azu­le­jos más ca­ros del pla­ne­ta.

14 ¿A qué te de­di­cás ac­tual­men­te? Dis­fru­to de la fa­mi­lia, me ocu­po de mis in­ver­sio­nes y de mi mar­ca que se co­mer­cia­li­za en Ja­pón, Mé­xi­co, Pa­ra­guay y den­tro de po­co se ha­rá en Ar­gen­ti­na. Y, ob­via­men­te, no le pier­do pi­sa­da al fút­bol.

15 ¿Te­nés ga­nas de ser DT o no te lla­man? Me vi­nie­ron a bus­car clu­bes im­por­tan­tes de Ar­gen­ti­na an­tes de em­pe­zar es­te tor­neo pe­ro no lle­ga­mos a un acuer­do eco­nó­mi­co. Hoy los di­rec­ti­vos apun­tan a con­tra­tar téc­ni­cos ba­ra­tos.

16 ¿Vé­lez te bus­có? Vé­lez es una po­si­bi­li­dad siem­pre pe­ro hay que ver el mo­men­to ideal. De to­dos mo­dos, la prio­ri­dad hoy no se la doy a un club: es­toy es­pe­ran­do la se­lec­ción de Pa­ra­guay. Ve­re­mos có­mo em­pie­za la eli­mi­na­to­ria. Mar­ti­no es un buen en­tre­na­dor, pe­ro hoy man­dan los re­sul­ta­dos. Uno es­tá pre­pa­ra­do pa­ra asu­mir la res­pon­sa­bi­li­dad.

17 ¿Con los ac­tua­les di­ri­gen­tes te­nés bue­na re­la­ción? Sí, por suer­te man­dé a echar al dic­ta­dor del fútbol pa­ra­gua­yo, Os­car Ha­rri­son.

18 ¿Có­mo lo ves a Mar­ti­no? Co­no­ce a los ju­ga­do­res, pe­ro no en­cuen­tra el equi­li­brio pa­ra ser un equi­po repe­ta­ble. Le fal­ta agre­si­vi­dad y en­con­trar un ju­ga­dor ca­ris­má­ti­co. Es­tá cla­ro que co­no­ce el me­dio y ha hecho un buen tra­ba­jo, le po­dría cri­ti­car por qué no tra­ba­jó dos días en la se­ma­na con los ju­ga­do­res lo­ca­les.

19 ¿Por qué Pa­ra­guay en los úl­ti­mos años siem­pre acu­dió a un DT ex­tran­je­ro: Car­pe­gia­ni, Mar­ka­rian, Mal­di­ni, Ma­ño Ruiz, Mar­ti­no? Es un error de los di­ri­gen­tes. En mi país hay en­tre­na­do­res ca­pa­ces de di­ri­gir la se­lec­ción pe­ro no son res­pe­ta­dos co­mo los ex­tran­je­ros. Al ex­tran­je­ro le po­nen una al­fom­bra ro­ja; al pa­ra­gua­yo, lo su­bes­ti­man.

José Luis Félix Chilavert jugó los Mundiales de Francia 1998 y Corea - Japón 2002. En su palmarés acumula 12 títulos.

José Luis Félix Chilavert jugó los Mundiales de Francia 1998 y Corea - Japón 2002. En su palmarés acumula 12 títulos.

20 ¿A quié­nes ves pa­ra cla­si­fi­car en la eli­mi­na­to­ria? Se­rá muy du­ra, no veo a na­die su­pe­rior al res­to; ni Bra­sil ni Ar­gen­ti­na tie­nen un equi­po só­li­do.

21 ¿Có­mo ves al fút­bol ar­gen­ti­no? Me cues­ta en­ten­der su ba­jo ni­vel. En mi épo­ca ha­bía cua­tro fi­gu­ras por equi­po, hoy no hay. Tam­bién me lla­ma la aten­ción que a los cua­tro par­ti­dos echan a un téc­ni­co y a la otra se­ma­na ese téc­ni­co ya asu­mió en otro equi­po y en­fren­ta a sus ex ju­ga­do­res. La Aso­cia­ción de Téc­ni­cos y la AFA de­be­rían ha­cer co­mo en Eu­ro­pa: no te per­mi­ten di­ri­gir en otro club has­ta ter­mi­nar la tem­po­ra­da. Así, tam­bién, les da­rías la po­si­bi­li­dad a to­dos: hoy hay mu­chos en­tre­na­do­res que no tie­nen ca­bi­da por­que con los ma­na­gers y ami­gos se ma­ne­jan en un cír­cu­lo chi­co y vi­cio­so. La bol­sa de tra­ba­jo de los téc­ni­cos es­tá te­rri­ble.

22 ¿Dón­de vi­vís? Ha­go ba­se en Ar­gen­ti­na, pe­ro an­do tam­bién por Pa­ra­guay, Es­ta­dos Uni­dos y otros des­ti­nos. En oc­tu­bre ten­go que ir a In­do­ne­sia pa­ra dar­les dos días de en­tre­na­mien­to a los ar­que­ros de la se­lec­ción. In­do­ne­sia quie­re cre­cer co­mo Ja­pón y Chi­na, tie­nen po­der ad­qui­si­ti­vo al­to. Con­tra­ta­ron a es­pe­cia­lis­tas: Chi­la­vert pa­ra los ar­que­ros, Ba­re­si pa­ra los de­fen­so­res, Bag­gio pa­ra los me­dio­cam­pis­tas y Ba­tis­tu­ta y Pao­lo Ros­si pa­ra los de­lan­te­ros. Más o me­nos...

23 ¿Ju­gás de vez en cuan­do? Sí, me pren­do con Gra­na­dos, el in­ten­den­te de Ezei­za, y otros ami­gos. Pe­ro na­da de ar­que­ro, eh, pa­ra mí el ar­co ya fue. Aho­ra jue­go de nue­ve.

24 ¿Un nue­ve es­ti­lo quién? Y... ti­po Fu­nes, ti­po Asad, le ti­ro to­da la ca­rro­ce­ría a los de­fen­so­res. Siem­pre pe­gán­do­le fuer­te. Ha­go go­les de ti­ro li­bre, de me­dia dis­tan­cia, de ca­be­za.

25 No necesitabas salir, co­mo ar­que­ro al­gu­nos go­les me­tis­te... Al­go hi­ci­mos, sí.

26 ¿Cuál es la prin­ci­pal fa­len­cia del ar­que­ro mo­der­no? Que no sa­be ju­gar con los pies, que da re­bo­tes pa­ra el me­dio en vez de ha­cer­lo pa­ra los cos­ta­dos y que sa­le a des­tiem­po.

27 La ma­yo­ría de los equi­pos tie­ne en­tre­na­do­res de ar­que­ros. Se tra­ba­ja en coor­di­na­ción y caí­da, pa­ra te­ner bien los re­fle­jos y pun­to. No se les da la mis­ma im­por­tan­cia a los cen­tros, a ju­gar con los pies, a cor­tar con la ca­be­za, a te­ner bue­na téc­ni­ca y pe­ga­da pa­ra el con­traa­ta­que. To­do eso se apren­de. Si uno quie­re.

28 ¿Cuál creés que era tu ma­yor vir­tud y tu peor de­fec­to? La ubi­ca­ción y ma­ne­jar bien la de­fen­sa, gri­tan­do cons­tan­te­men­te. ¿De­fec­to? La pier­na de­re­cha.

29 ¿Sir­ve ha­blar­le al que va a pa­tear un pe­nal? Lo psi­co­ló­gi­co es fun­da­men­tal en un pe­nal: si el ar­que­ro se po­ne pa­ra que lo fu­si­len, es­tá muer­to. Yo les de­cía que me iba a ti­rar a un la­do pa­ra me­ter­le la du­da en la ca­be­za.

Procer. El Gráfico propuso y Chila aceptó, cuando iniciaba su producción goleadora.

Procer. El Gráfico propuso y Chila aceptó, cuando iniciaba su producción goleadora.

30 Tu día más fe­liz en el fút­bol. Cuan­do ga­na­mos la fi­nal de la Li­ber­ta­do­res al San Pa­blo en el Mo­rum­bí. Fue épi­co. El cho­fer nos lle­vó por don­de es­ta­ba la ba­rra bra­va del San Pa­blo y nos ti­ra­ban de to­do, pe­ro ese equi­po de Vé­lez po­dría ha­ber ju­ga­do en Viet­nam y sa­lía sa­can­do pe­cho.

31 El más tris­te. Cuan­do nos ga­nó Fran­cia en el Mun­dial 98 con gol de oro. La do­sis de for­tu­na es­ta­ba del la­do de los fran­ce­ses: Ga­ma­rra se ha­bía las­ti­ma­do el hom­bro, te­nía que ir al cho­que con Tre­ze­guet y no lo hi­zo, to­da­vía me si­gue ro­zan­do la pe­lo­ta por el co­do de­re­cho. Fal­ta­ban só­lo sie­te mi­nu­tos, yo es­ta­ba se­gu­ro de que en los pe­na­les ga­ná­ba­mos no­so­tros. Y no tu­ve nin­gún ti­ro li­bre, los fran­ce­ses se cui­da­ron de no co­me­ter fal­tas cer­ca del área. Só­lo pu­de pa­tear uno en ese Mun­dial, con­tra Es­pa­ña. Tu­vi­mos al cam­peón a pun­to de no­quear­lo.

32 Blanc me­tió el gol, tus com­pa­ñe­ros que­da­ron ten­di­dos y vos los le­van­tas­te uno por uno. Les de­cía que ha­bía­mos caí­do co­mo dig­nos pa­ra­gua­yos, lu­chan­do, con ga­rra. Des­pués, en el ves­tua­rio llo­ré, fue una de las po­cas ve­ces que llo­ré por el fút­bol. Lo lin­do es que gra­cias a ese par­ti­do, los fran­ce­ses co­no­cie­ron dón­de es­tá ubi­ca­do mi país, has­ta nues­tra lle­ga­da ni lo co­no­cían. Hoy hay una ca­lle en Cla­pie­rre, el pue­blo don­de es­tu­vi­mos, que se lla­ma “Pa­ra­guay 98”.

33 El me­jor téc­ni­co que tu­vis­te. Car­los Bian­chi y Mar­ce­lo Biel­sa. Bian­chi por­que fa­ci­li­ta el tra­ba­jo de un pro­fe­sio­nal con sis­te­mas sim­ples, res­pe­ta mu­cho al ju­ga­dor y ge­ne­ra una bue­na co­mu­ni­ca­ción con el gru­po. Es un ca­ba­lle­ro. Biel­sa es un es­tra­te­ga, ob­se­si­vo del tra­ba­jo y se di­fe­ren­cia­ba del res­to por la can­ti­dad y ca­li­dad de sus tra­ba­jos.

34 El peor. El Ma­ño Ruiz. An­tes de los par­ti­dos, ya lo veía con el sem­blan­te ama­ri­llo, tem­bla­ba, ni él es­ta­ba con­ven­ci­do de lo que de­cía.

35 El me­jor pe­rio­dis­ta. Víc­tor Hu­go Mo­ra­les, por sus va­lo­res éti­cos en un mun­do tan con­ta­mi­na­do.

36 Un fut­bo­lis­ta. Siem­pre me gus­tó Mi­chael Lau­drup. Y Ro­nal­do. No por lo mons­truo de ju­ga­dor que es, si­no por­que vol­vió a ju­gar des­pués de la gra­ví­si­ma le­sión que su­frió. Eso de­mues­tra la en­te­re­za de un pro­fe­sio­nal.

37 ¿Por qué, si siem­pre re­ne­gas­te de los em­pre­sa­rios, pa­ra lle­gar al Ra­cing de Es­tras­bur­go tu­vis­te que ape­lar a Omar Da Fon­se­ca? Da Fon­se­ca es la peor per­so­na que co­no­cí en mi ca­rre­ra. Fue en­via­do por el club a con­ven­cer­me, es­tu­vo dos me­ses si­guién­do­me y, cuan­do lo con­si­guió, lo pri­me­ro que hi­zo fue pe­dir­me 100 mil dó­la­res de co­mi­sión. Se los di, pe­ro des­pués, cuan­do yo te­nía que co­brar mi con­tra­to y no me lo pa­ga­ban, se bo­rró. To­da­vía Ra­cing me de­be cin­co mi­llo­nes de dó­la­res, por­que ter­mi­né ju­gan­do gra­tis. Igual ga­né la Co­pa de Fran­cia y de­mos­tré la cla­se de pro­fe­sio­nal que soy. Un con­se­jo pa­ra los ju­ga­do­res que lean la no­ta: si tie­nen a Da Fon­se­ca ade­lan­te, cru­cen de ve­re­da. Y an­tes re­ví­sen­se los bol­si­llos.

38 ¿El pro­yec­to “Chi­la­vert pre­si­den­te” si­gue vi­gen­te? No lo des­car­to, la gen­te me lo pi­de, in­clu­si­ve par­ti­dos po­lí­ti­cos me han con­tac­ta­do. Hoy no es el mo­men­to, por­que ade­más no quie­ro te­ner pro­ble­mas con mi es­po­sa. Me gus­ta­ría ayu­dar a la gen­te, ca­da día la bre­cha con los hu­mil­des es más gran­de en mi país.

39 ¿Có­mo te de­fi­ni­rías po­lí­ti­ca­men­te? Me iden­ti­fi­co ple­na­men­te con Jo­sé Ma­ría Az­nar, del Par­ti­do Po­pu­lar de Es­pa­ña. Aga­rró un país de­so­la­do y lo ca­ta­pul­tó al Pri­mer Mun­do.

Perfecciono su pegada a pura práctica. Metió goles en cuatro eliminatorias.

Perfecciono su pegada a pura práctica. Metió goles en cuatro eliminatorias.

40 ¿Qué te pa­re­ce Hu­go Chá­vez? Una per­so­na ne­fas­ta que se apro­ve­cha de la gen­te anal­fa­be­ta. El co­mu­nis­mo ya no exis­te. Le ha­ce un da­ño te­rri­ble a la de­mo­cra­cia de Su­da­mé­ri­ca. Chávez ma­ne­ja a Bo­li­via, Ecua­dor, y quie­re ha­cer lo mis­mo con Pa­ra­guay, pe­ro no se lo va­mos a per­mi­tir.

41 ¿Có­mo com­ba­ti­rías la co­rrup­ción tan común en Sudamérica? Con una cor­te su­pre­ma se­ria y es­ta­ble­cien­do cla­ra­men­te las pau­tas. Cuan­do uno se pre­sen­ta co­mo can­di­da­to se acer­can un mon­tón de em­pre­sa­rios pa­ra la cam­pa­ña. Ahí uno de­be de­jar­la cla­ra: si soy pre­si­den­te, no te vas a lle­var el 100 por cien­to, te vas a que­dar con el 30 y el 70 irá al Es­ta­do. En Su­da­mér­cia se jun­tan los ami­gos y se lle­van el 200 por cien­to; a la gen­te no le que­da na­da.

42 ¿A qué per­so­na­li­dad te que­das­te con ga­nas de co­no­cer? Al pa­pa Juan Pa­blo II: cuan­do es­tu­vo en Pa­ra­guay yo es­ta­ba con mi equi­po en otro país. Al me­nos me di el gus­to de com­prar el pa­pamó­vil que uti­li­zó en mi país.

43 ¿No me di­gas que sa­lís a pa­sear en el pa­pamó­vil co­mo el ar­que­ro su­pre­mo? Des­pués de usar­lo, lo de­ja­ron en la con­ce­sio­na­ria ya sin el blin­da­je. Pu­de com­prar­lo y me sal­vó la vi­da: un día íba­mos de pes­ca con mi pa­dre y dos ami­gos, en 1989, y en una cur­va ce­rra­da el au­to de­rra­pó y sa­li­mos des­pe­di­dos de cos­ta­do. Si me asus­ta­ba y to­ca­ba el fre­no, me lo po­nía de som­bre­ro, por suer­te aga­rré con una ma­no el vo­lan­te y fui­mos de cos­ta­do 50 me­tros. Cho­ca­mos con­tra un ja­ca­ran­dá y lo sa­ca­mos de raíz. Un mi­la­gro.

44 ¿Te de­jó al­gún ami­go el fút­bol? Me de­jó muy bue­nos com­pa­ñe­ros co­mo Omar Asad, Com­pag­nuc­ci, al­gu­nos di­rec­ti­vos de Vé­lez, Si­vis­ki, Ru­bén In­súa, Lu­cho Mal­vá­rez.

45 ¿Con Biel­sa es­tu­vis­te cer­ca de ir­te a las ma­nos? En un mo­men­to pen­sé que sí. To­do em­pe­zó cuan­do Pa­cha Car­do­zo de­cla­ró que le gus­ta­ba más el sis­te­ma de Cap­pa que el de Biel­sa. Mar­ce­lo nos jun­tó y di­jo que éra­mos unos co­bar­des por no de­cir­le las co­sas en la ca­ra. Yo le di­je que no iba a per­mi­tir que nos tra­ta­ra de co­bar­des, dis­cu­ti­mos y me fui. “Us­ted se va a arre­pen­tir cuan­do lle­gue al ves­tua­rio”, di­jo y en­se­gui­da reac­cio­né, vol­ví y le canté una se­rie de bar­ba­ri­da­des irre­pro­du­ci­bles. Ahí es­pe­ra­ba la reac­ción de trom­pa­das, pe­ro se que­dó in­mu­ta­ble.

46 ¿Có­mo ter­mi­nó? Me iba y es­cu­ché que di­jo: “Acá hay cin­co ju­ga­do­res que se tie­nen que ir de­trás de Chi­la­vert”. Qui­so de­mos­trar que sa­can­do al lí­der, ma­ne­ja­ba todo a su an­to­jo. Tra­ba­jé dos se­ma­nas se­pa­ra­do del gru­po, me co­no­cí to­do el green del Hin­dú. An­tes de em­pe­zar el cam­peo­na­to me di­jo: “Es­ta si­tua­ción no pue­de se­guir así”. De a po­co se fue li­man­do to­do, sa­li­mos cam­peo­nes y es­tan­do ya en el Mun­dial de Fran­cia, Mar­ce­lo me lla­mó y me di­jo: “Us­ted me de­mos­tró que es una gran per­so­na y que no me ti­ró el gru­po en con­tra”. Ló­gi­co: yo me con­si­de­ro un lí­der po­si­ti­vo.

47 ¿Exis­ten lí­de­res ne­ga­ti­vos? Cla­ro, hay ti­pos que se creen due­ños de to­do. Pe­ro de­lan­te de las cá­ma­ras, por­que in­ter­na­men­te son muy frá­gi­les. Son los que di­vi­den, los que lle­van agua só­lo pa­ra su mo­li­no. Un lí­der po­si­ti­vo es el que ha­ce par­ti­ci­par a to­dos y ti­ra a fa­vor del gru­po siem­pre.

48 Nom­brá un lí­der ne­ga­ti­vo. Os­car Rug­ge­ri. Las pe­leas que tu­vi­mos fue­ron por­que él pien­sa que yo lo man­dé echar de Vé­lez. Pe­ro en el mun­do del fút­bol to­do se sa­be.

49 ¿Por qué te re­con­ci­lias­te con Rug­ge­ri, en­ton­ces? El pi­dió ha­blar con­mi­go por­que no se po­día ir del fút­bol con ren­co­res, por aque­lla pa­ta­da que me ti­ró. Yo no soy ren­co­ro­so, le di­je; lo que pa­só, pa­só.

50 ¿Por qué creés que Rug­ge­ri ga­nó to­do co­mo ju­ga­dor y co­mo DT no pe­ga una? Ga­nó con la Se­lec­ción cuan­do Ma­ra­do­na es­ta­ba en el me­jor ni­vel, lo mis­mo en Bo­ca, y en la Co­pa Amé­ri­ca es­ta­ban Ca­nig­gia y Ba­tis­tu­ta. En el Real Ma­drid es­tu­vo ro­dea­do de no­ta­bles ju­ga­do­res, igual en Ri­ver. Ga­nó por cir­cuns­tan­cias que se die­ron, eso no quie­re de­cir que sea un gran ju­ga­dor ni el cau­di­llo que to­do el mun­do pien­sa que era.

51 ¿Con cuán­ta gen­te por la ca­lle te aga­rras­te a pi­ñas? No tan­tas. Siem­pre hay de­su­bi­ca­dos que te pue­den gri­tar “pa­ra­gua­yo muer­to de ham­bre, an­dá a ro­bar a tu país”. Pe­ro yo di­go que si los pa­ra­gua­yos so­mos muer­tos de ham­bre acá, ¿qué ha­cen los ar­gen­ti­nos que jue­gan en Eu­ro­pa?

52 ¿Por qué apa­re­cis­te en Vé­lez a tu re­gre­so de Es­pa­ña? De ca­sua­li­dad. Lla­mé al club pa­ra ir a co­mer con el Pro­fe We­ber y me aten­dió Gá­mez, que es­ta­ba con Pe­trac­ca. Me pre­gun­tó qué ha­cía y le di­je que me es­ta­ba yen­do a Pa­ra­guay. Que dón­de vas a ju­gar, que ten­go va­rias ofer­tas, que ve­ní con no­so­tros, que es muy di­fí­cil, que pim, que pum, que es­pe­ra­nos en tal ca­fé que es­ta­mos ahí en una ho­ra. Me con­ven­cie­ron y di­je que lle­ga­ba pa­ra ser cam­peón. Mu­chos se ma­ta­ron de ri­sa... Vé­lez es una ins­ti­tu­ción mo­de­lo, es co­mo la ca­sa blan­ca del Real Ma­drid.

53 ¿A Fran­cia te fuis­te es­ca­pan­do de la jus­ti­cia ar­gen­ti­na? Pa­ra na­da: yo no ro­bé ni ma­té a na­die, es­ta­ba con mis im­pues­tos al día, y no me iban a lle­var pre­so por no pe­gar­le a na­die.

54 ¿Cuán­tas ve­ces te sen­tas­te en un ban­co de su­plen­tes? Una so­la, en Fran­cia. Es­ta­ba en con­flic­to por el con­tra­to y me man­da­ron al ban­co pa­ra que me ne­ga­ra y usa­ran la cláu­su­la de res­ci­sión au­to­má­ti­ca. Yo me sen­té tran­qui­lo y has­ta fu­mé un ha­ba­no.

55 La fo­to re­co­rrió el mun­do, ¿có­mo afec­tó a tu ego? Ahí me di cuen­ta de que el que no sien­te el fút­bol pue­de pa­sar los 90 mi­nu­tos en el ban­co sin pro­ble­mas, pe­ro pa­ra los que nos apa­sio­na es­to, se su­fre mu­chí­si­mo.

56 El me­jor ar­que­ro que vis­te. Di­no Zoff. Al ta­no lo en­con­tré en Ale­ma­nia, en la en­tre­ga de pre­mios de Fe­de­ra­ción de Es­ta­dís­ti­cas y me fe­li­ci­tó. Yo le di­je que pa­ra mí, él ha­bía si­do el me­jor. “No­so­tros éra­mos bue­nos, tú le has da­do je­rar­quía al pues­to”, me de­vol­vió la pa­red. No lo po­día creer.

57 ¿Quién de­be­ría ser el ar­que­ro de la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na? Hoy, Ca­ran­ta. Otro no hay. Ha­ce mu­cho tiem­po que no hay bue­nos ar­que­ros ar­gen­ti­nos.

Bianchi lo mandó a patear tiros libres por primera vez y acertó. Una sociedad exitosa.

Bianchi lo mandó a patear tiros libres por primera vez y acertó. Una sociedad exitosa.

58 Los tres me­jo­res ar­que­ros del mun­do hoy. Hay bue­nos, no ex­cep­cio­na­les. Te di­go dos: Cech y Buf­fon.

59 ¿Qué lu­gar ocu­pás en el ran­king his­tó­ri­co del fút­bol ar­gen­ti­no? Por ahí lo to­man a mal, pe­ro yo creo que fui su­pe­rior a to­dos. Fui el nú­me­ro uno, le­jos.

60 ¿Có­mo fue el gol que te me­tie­ron en Za­ra­go­za por ir a pa­tear un pe­nal? El Va­len­cia ve­nía de eli­mi­nar­nos en Co­pa del Rey y mis com­pa­ñe­ros erra­ron cua­tro pe­na­les. A los tres días, con­tra Real So­cie­dad en ca­sa, nos dan un pe­nal al fi­nal y 40 mil per­so­nas em­pe­za­ron a gri­tar “Chi-la-vert”. An­tic me da la or­den y yo aga­rro al 10 de mi equi­po, Vi­lla­no­va, y le di­go: “Te que­das en la por­te­ría y no te mue­ves”. Me­tí el gol, y cuan­do es­toy cru­zan­do la mi­tad de la can­cha, veo al 10 abra­za­do con un com­pa­ñe­ro en ple­no fes­te­jo. Qui­se arran­car, pe­ro yo no soy Ben John­son, y cuan­do lle­gué al área ya era tar­de. Lo aga­rré a Vi­lla­no­va y le di­je de to­do: “Si tu ma­má te pi­de que va­yas al su­per­mer­ca­do, ¿tú te vas a ju­gar a lo de tu ami­go?”. Y él me con­tes­tó. “Es que nun­ca vi­mos que un por­te­ro con­vir­tie­ra un gol de pe­nal”. Que­dó co­mo un chis­te de ga­lle­gos.

61 Tu pri­me­ra pe­lo­ta en Pa­ra­guay. Fue un po­me­lo ver­de. Los ba­já­ba­mos de los ár­bo­les y ju­gá­ba­mos con mis her­ma­nos des­cal­zos. Me do­lían los de­dos pe­ro me ayu­dó pa­ra mi ca­rre­ra. Cuan­do aga­rré la pe­lo­ta de ver­dad, fue mu­cho más fá­cil.

62 ¿De quién eras hin­cha de chi­co? De Spor­ti­vo Lu­que­ño, el equi­po de mi ciu­dad. Des­pués me gus­ta­ba el Schal­ke 04. Lo que pa­sa es que al ser el pre­si­den­te Alfredo Stroess­ner des­cen­dien­te de ale­ma­nes el fút­bol ale­mán se veía en di­rec­to.

63 ¿Có­mo con­quis­tas­te a Mar­ce­la, tu mu­jer?Ju­ga­ba al te­nis en San Lo­ren­zo, yo la te­nía fi­cha­da por­que nos ha­cían co­rrer al­re­de­dor de las can­chas de te­nis. Ella sa­lía con el au­to, y yo te­nía que es­pe­rar el 101 que me lle­va­ba de la Ciu­dad De­por­ti­va a Pla­za On­ce, don­de me to­ma­ba el sub­te has­ta Ave­ni­da de Ma­yo. Yo vi­vía en el ho­tel Es­co­rial, en Ave­ni­da de Ma­yo y Sal­ta. Un día le hi­ce de­do, pa­ró, la in­vi­té a ce­nar y sa­li­mos.

64 ¿Es ver­dad que no sa­bés na­dar? Soy una pie­dra ne­gra: me ti­ro al la­go y, si es pro­fun­do, me voy al fon­do.

65 ¿Có­mo te ca­li­fi­cás co­mo pa­dre? Por ahí soy muy da­di­vo­so y mi es­po­sa po­ne los lí­mi­tes más que yo. En mi pueblo, pa­ra ver te­le­vi­sión, te­nía­mos que ha­cer 15 cua­dras; hoy los chi­cos tie­nen 2 o 3 te­le­vi­so­res en su ca­sa. An­tes, nues­tro di­ver­ti­mien­to era ha­cer un te­lé­fo­no con dos va­si­tos de plás­ti­co y un hi­lo; fi­ja­te los ju­gue­tes de hoy.

66 Siem­pre te mos­tras­te co­mo el su­per-hom­bre, ¿nun­ca tu­vis­te mie­do en una can­cha? Las bom­bas que me ti­ra­ban eran un pe­li­gro te­rri­ble, pe­ro los pe­rio­dis­tas de­cían que yo fin­gía. Una vez, en Men­do­za, me ti­ra­ron co­mo 15 y el ár­bi­tro me di­jo: “¡Chi­la­vert, no se ha­ga el pa­ya­so, que le ca­yó a 7 me­tros”. Le di­je de to­do: “Us­ted es un bu­rro, un ta­ra­do”.

Los duros también lloran. Aquí, con su compañero Malvárez, en San Lorenzo.

Los duros también lloran. Aquí, con su compañero Malvárez, en San Lorenzo.

67 Lo más ra­ro que te ti­ra­ron en una can­cha. En Ne­well’s me die­ron con un pe­da­zo de cos­ti­llar en la ca­ra, que­dé me­dio groggy. En el pri­mer tiem­po me ha­bían ti­ra­do dos cu­chi­llos Tra­mon­ti­na. Cuan­do ca­yó el cos­ti­llar, Cas­tri­lli me di­jo que nos íba­mos. “¿A dón­de nos va­mos –le res­pon­dí yo–, aho­ra es­tán tra­yen­do la pa­rri­lla pa­ra ha­cer el asa­do”. Lo­gré lo im­po­si­ble: sa­car­le una son­ri­sa a Cas­tri­lli.

68 ¿Al­gu­na vez te aga­rra­ron ga­nas de ir al ba­ño en un par­ti­do? Un mon­tón de ve­ces me meé en­ci­ma en un par­ti­do y la ori­na re­co­rrió mis pier­nas y las me­dias.

69 ¿Que­da mu­cha pla­ta en el ca­mi­no, en el mun­do del fút­bol? Sí, hay em­pre­sa­rios mul­ti­mi­llo­na­rios y los ju­ga­do­res que re­pre­sen­tan se que­dan sin na­da. Ha­cen ne­go­cia­dos con ma­na­gers: le pa­gan 100 a un equi­po, ya lo tie­nen ubi­ca­do en otro país por 500 y se que­dan con 400, que re­par­ten en­tre to­dos.

70 ¿Los téc­ni­cos que les co­bran a los ju­ga­do­res son ma­yo­ría o mi­no­ría? Es una mi­no­ría que gra­cias a Dios hoy en día es­tá en vías de ex­tin­ción.

71 ¿A vos te pi­die­ron? Más que pe­dir, me in­si­nua­ron, pe­ro tam­po­co el DT hi­zo mu­cha fuer­za por­que en ese mo­men­to me es­ta­ba yen­do a ju­gar a Es­pa­ña y ya ha­bía dos ar­que­ros en el lobby del ho­tel lis­tos pa­ra ocu­par mi lu­gar. Y no di­go más, por­que só­lo fue una in­si­nua­ción y no ten­go prue­bas.

72 ¿Por qué el pe­nal con­tra el Mi­lan lo pa­teó Trot­ta y no vos? Por­que Bian­chi dic­ta­mi­nó que te­nía que ti­rar él. Cuan­do un lí­der es po­si­ti­vo to­dos te­ne­mos que su­mar. Lo im­por­tan­te es que lo con­vir­tió y fui­mos cam­peo­nes del mun­do.

73 ¿Te gus­ta La Vol­pe en Vé­lez? Es un buen téc­ni­co, lo res­pe­to, pe­ro en el fút­bol ar­gen­ti­no no cae bien una per­so­na que di­ce lo que sien­te. Aquí hay que ser hi­pó­cri­ta, fal­se­te, te va mejor.

74 ¿Qué pa­sa si te vol­vés a cru­zar a Ro­ber­to Car­los? Por ahí sa­le co­rrien­do, es tan chi­qui­to... Ya pa­só.

75 ¿Y qué pa­sa­ba si Bian­chi no te man­da­ba a pa­tear el ti­ro li­bre con­tra Es­pa­ñol? Hu­bie­ra se­gui­do ata­jan­do, y qui­zás no ha­bría me­ti­do tan­tos go­les. El te­ma es que Bian­chi me veía siem­pre có­mo me que­da­ba a prac­ti­car ti­ros li­bres des­pués de los en­tre­na­mien­tos. Ahí es­tá tam­bién la gran vi­sión de Bian­chi, es una vir­tud del en­tre­na­dor.

76 ¿Con Bian­chi có­mo fue la re­la­ción? Tam­bién lo cri­ti­cas­te. Fue­ron chi­ca­nas que usa­ba cuan­do él di­ri­gía a Bo­ca: que lo ha­bía­mos he­cho fa­mo­so no­so­tros y esas co­sas. Pu­ro mar­ke­ting, ¿qué le po­día de­cir a una per­so­na que ha­bía ga­na­do to­do?

77 ¿Con Trot­ta tam­bién te aga­rras­te mal? Ca­len­tu­ras del mo­men­to. A Ro­ber­to yo lo res­pe­to, es un gran ti­po y es par­tí­ci­pe de la glo­ria de Vé­lez.

Achico el arco. Una de sus primeras producciones para El Gráfico con ropa de época.

Achico el arco. Una de sus primeras producciones para El Gráfico con ropa de época.

78 ¿Con Ga­lle­go no se te fue la ma­no cuan­do lo tra­tas­te de bo­rra­cho? Ter­mi­nó Ri­ver-Vé­lez y él me hi­zo un ges­to de que era un ca­gón. Pe­ro lo cier­to es que cuan­do sal­té el car­tel de pu­bli­ci­dad pa­ra bus­car­lo, se ti­ró al tú­nel de ca­be­za co­mo si fue­ra una pi­le­ta de na­ta­ción.

79 Un par de de­fi­ni­cio­nes. El Me­lli­zo Gui­ller­mo. Un Chi­la­vert en po­ten­cia, por­que te ha­ce sa­car de las ca­si­llas. Tra­ba­ja bien la psi­co­lo­gía den­tro del cam­po, una per­so­na in­te­li­gen­te a la que ad­mi­ro y res­pe­to.

80 Germán Bur­gos. Un ar­que­ro mu­si­cal, que ha­ce reír a la gen­te. Buen ti­po, pe­ro co­mo ar­que­ro, nor­mal.

81 Na­va­rro Mon­to­ya. Qué sé yo... el con­se­jo que uno le pue­de dar es que se ten­dría que re­ti­rar. Creo que no ne­ce­si­ta más se­guir ju­gan­do al fút­bol, tal vez lo ha­ce por pla­cer o por te­mas eco­nó­mi­cos, pe­ro sus equi­pos ter­mi­nan siem­pre pe­lo­tea­dos y la ma­yo­ría se van al des­cen­so. El per­ju­di­ca­do es él.

82 Raúl Gá­mez.Una per­so­na hu­mil­de pe­ro po­co in­te­li­gen­te. Di­ce que Gron­do­na es un dic­ta­dor pe­ro él en Vé­lez ha­ce lo mis­mo. Se la pa­sa cri­ti­cán­do­lo y re­sul­ta que a Fran­cia 98 fue co­mo pre­si­den­te de la de­le­ga­ción argentina con to­da la fa­mi­lia a dis­fru­tar el Mun­dial. Esa in­co­he­ren­cia me mo­les­ta.

83 Mar­tín Pa­ler­mo. Un go­lea­dor na­to. Lo co­noz­co po­co, pe­ro por gen­te alle­ga­da sé que es una bue­na per­so­na.

84 Mar­ce­lo Ti­ne­lli. Tra­ba­jé al­gu­na vez con él, sa­be ex­plo­tar lo que le gus­ta a la gen­te en el mo­men­to, pe­ro no me pa­re­ce bue­no lo que ha­ce, no lo mi­ro. Creo que los es­pa­cios de te­le­vi­sión se de­ben uti­li­zar en co­sas más im­por­tan­tes. La te­le­vi­sión ar­gen­ti­na en ge­ne­ral es muy be­rre­ta y no pier­do mi tiem­po allí. No veo que le ha­gan no­tas a Ro­ber­to Zal­dí­var que ha ope­ra­do gra­tis de los ojos a más de 3 mil chi­cos en Tu­cu­mán o a los cien­tí­fi­cos que bus­can una va­cu­na con­tra el sida.

85 Pa­trick Proisy. El ti­tu­lar del Ra­cing de Es­tras­bur­go es un per­so­na­je ne­fas­to y de guan­tes blan­cos. Me hi­zo un con­tra­to y no lo pre­sen­tó en la Fe­de­ra­ción. Un de­lin­cuen­te.

86 Hu­go Gat­ti. Di­ce que hoy po­dría ju­gar pe­ro yo le di­ría que con esas pier­nas de pa­ja­ri­to, un tan­que co­mo De­nis o Bal­vo­rín se lo lle­va pues­to. ¿Qué ha­cía bien Gat­ti? ¿La de Dios? Si hay al­go que les acon­se­jo a los más jó­ve­nes es que “la de Dios” no la ha­gan nun­ca, no sir­ve.

87 Mi­guel An­gel Rus­so. Una per­so­na que un día pro­me­te que se va a que­dar en un club y al otro día rom­pe el vín­cu­lo pa­ra ir­se a Bo­ca no me gus­ta. Evi­den­te­men­te, al­gu­na gen­te, por di­ne­ro, ma­ta a la ma­dre.

88 De to­das las pe­leas que tu­vis­te, ¿cuál fue la que más te hi­zo eno­jar? La de La Pla­ta. De­cían que me iban a san­cio­nar, que no iba a ju­gar más al fút­bol y ha­ce dos años me lla­ma­ron de la Jus­ti­cia de La Pla­ta pi­dién­do­me per­dón, di­cién­do­me que yo no te­nía na­da que ver. En to­da so­cie­dad exis­ten per­so­na­jes ne­fas­tos y en es­ta lis­ta es­tá Gui­ller­mo Mar­co­ni que mon­tó to­do el show, co­mo le han he­cho a Cop­po­la en su mo­men­to con el juez Ber­nas­co­ni. Cuan­do se quie­re en­su­ciar y mon­tar al­go en la Ar­gen­ti­na es fá­cil, pe­ro des­pués la jus­ti­cia lle­ga.

89 ¿Re­sis­tís un ar­chi­vo o TVR se ha­ría una pan­za­da con vos? Lo re­sis­ti­ría per­fec­ta­men­te, siem­pre tra­té de man­te­ner la co­he­ren­cia.

90 Sin em­bar­go, de Ma­ra­do­na, entre otros, ha­blas­te mal y bien... Si me ata­can, yo me de­fien­do. En su mo­men­to, Ma­ra­do­na me fal­tó el res­pe­to, di­jo que yo no ser­vía co­mo per­so­na, y le con­tes­té. Yo soy to­tal­men­te di­fe­ren­te a Ma­ra­do­na, te­ne­mos fi­lo­so­fías de vi­da di­fe­ren­tes.

91 ¿A qué te re­fe­rís? Pri­me­ro, yo soy de de­re­cha. El di­ce que es co­mu­nis­ta, pe­ro le gus­ta ir al Ca­ri­be con la no­via, pa­sar­la bien, y eso creo que lo ha­cen los ca­pi­ta­lis­tas. Es fá­cil ser co­mu­nis­ta de la bo­ca pa­ra afue­ra. Apar­te otra co­sa: a mí me gus­ta­ría que Ma­ra­do­na nos di­je­ra a los que fui­mos de­por­tis­tas de eli­te qué pa­só des­de Bar­ce­lo­na cuan­do es­tu­vo de­te­ni­do. Nun­ca la so­cie­dad ar­gen­ti­na su­po, cuan­do ca­yó de­te­ni­do en Bar­ce­lo­na, qué le di­jo el co­mi­sa­rio a Jo­sé Luis Nú­ñez, el pre­si­den­te del Bar­ce­lo­na, que te­nía que ha­cer con Ma­ra­do­na. Le dio dos op­cio­nes: o trans­fe­rir­lo o pu­bli­car don­de lo ha­bían de­te­ni­do. Esas co­sas na­die las sa­be. Ave­ri­güen. Tam­po­co me pa­re­ce se­rio ha­cer cam­pa­ña an­ti­dro­ga pa­ra des­pués caer otra vez en lo mis­mo. Esa in­co­he­ren­cia no me gus­ta.

Se puso la de River en 1988, se entrenó 22 días con Menotti, y el pase se cayó.

Se puso la de River en 1988, se entrenó 22 días con Menotti, y el pase se cayó.

92 ¿Có­mo to­mas­te que el Ra­cing fran­cés te obli­ga­ra a ir a una clí­ni­ca pa­ra adel­ga­zar? Fui­mos va­rios ju­ga­do­res an­tes del Mun­dial: Zi­da­ne, Henry, Viei­ra, Del Pie­ro, to­dos los gran­des. Era un lu­gar es­pec­ta­cu­lar, del año 1800, an­ties­trés: sau­na, ma­sa­je, era un re­lax. Me hi­ce unos pro­ble­mas bár­ba­ros.

93 ¿Cuán­to pe­sás? Hoy es­toy en 126, unos 26 más que cuan­do ju­ga­ba.

94 ¿Te cos­ta­ba mu­cho dar el pe­so en tu ca­rre­ra? Pa­ra na­da, lo úni­co que es­qui­va­ba eran las fri­tu­ras.

95 ¿Ter­mi­nas­te la ca­rre­ra y te des­con­tro­las­te? Se ter­mi­nó la exi­gen­cia de le­van­tar­se tem­pra­no y sa­ber que te­nía que ir a tra­ba­jar. La vi­da es una so­la, yo nun­ca qui­se ser mo­de­lo y, fun­da­men­tal­men­te, si en 25 años de fút­bol no tu­ve la opor­tu­ni­dad de to­mar y co­mer lo que que­ría, lo dis­fru­to aho­ra. Apar­te otra co­sa: los che­queos mé­di­cos dan per­fec­to.

96 Tu au­toes­ti­ma es co­lo­sal. ¿La traés de cu­na o la for­jas­te de gran­de? Yo vi­ví las dos eta­pas de la vi­da: la cu­na hu­mil­de y el éxi­to, en­ton­ces sé va­lo­rar las co­sas y eso psi­co­ló­gi­ca­men­te me hi­zo fuer­te. Hoy en día la gen­te se ol­vi­da muy rá­pi­do de sus raí­ces, ahí es­tá el error.

97 Ade­más del hin­cha de Vé­lez y Pa­ra­guay, ¿quién te quie­re? Lo lin­do es que hoy ca­mi­no por la ca­lle y to­do el mun­do me quie­re, has­ta el de Ri­ver y Bo­ca. El hin­cha ar­gen­ti­no sa­be re­co­no­cer real­men­te lo que ha he­cho uno en el mun­do del fút­bol.

98 ¿Hay al­go que no vol­ve­rías a ha­cer de lo que hi­cis­te en tu ca­rre­ra? Dis­cu­tir tan­to con la pren­sa. Fue una pér­di­da de tiem­po.

99 Ad­mi­tis­te que co­mo ju­ga­dor no te que­da­ba otra que ha­cer el rol de ma­lo por la ca­ra que te­nías. ¿Có­mo es el Chi­lavert ac­tual? Lo im­por­tan­te es sa­ber ma­ne­jar el mar­ke­ting, los mo­men­tos, ha­cer­se no­tar. Aho­ra ya no lo ne­ce­si­to, pa­ra na­da. Es­toy más tran­qui­lo que Las­sie.

100 Mu­cho no se no­tó. ¿Te pa­re­ce?

 

Por Diego Borinsky (2007)

Fotos: Archivo El Grafico

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