¡Habla memoria!

EL FIN DE LA LOCURA

Por Redacción EG · 11 de septiembre de 2020

Hace 32 años se terminaba la carrera de Hugo Orlando Gatti. Silvano Maciel, delantero de Deportivo Armenio, condenaba al “Loco” a vivir en la cordura del retiro. Uno de los arqueros fundamentales y fundacionales del fútbol argentino, dejó una marca y en estas líneas lo revivimos.

El “Loco” está con los brazos en jarra, desde lejos relojea el festejo de un gol, uno de los tantos sufridos en su carrera. A sus 44 años  y 21 días de vida, esa mirada de la celebración rival lo dejaba pensativo, sin palabras, tal vez intuía que no sería uno más. Un pelotazo cruzado salió de los pies de Sergio Oudoukian, Hugo Gatti apuró el paso para interceptarlo, poniéndole el cuerpo al balón a la altura de la medialuna del área, pero se encontró con la velocidad de Silvano Maciel, quien le ganó en el anticipo y el rebote producido por el cruce entre ambos se introdujo en el arco sin vacilar. Mientras los jugadores del humilde Deportivo Armenio se abrazaban incrédulos, la "Bombonera" naufragaba en un profundo silencio. La “Fiera” sería el último jugador en convertirle un gol a aquel arquero que marcó una época, que cambió un estilo, que le puso color y locura a un puesto que juega todo el tiempo entre el heroísmo y el escarnio.

 

El fin de la locura

 

Gatti no lo puede creer. Armenio festeja.

Gatti no lo puede creer. Armenio festeja.

 

El principio del fin

José Omar Pastoriza había llegado a Boca para sacarlo del letargo y la intrascendencia de las últimas malas campañas. El "Pato" Había dejado la comodidad de su Independiente campeón de todo, para ir por la gloria de entrar en la historia “xeneize”. Arribó desde Avellaneda con Claudio Marangoni y Alejandro Barberón. Ricardo Bochini fue convidado para la aventura, pero el “Bocha” se quedó del otro lado del puente para seguir luciendo la camiseta de toda su vida.

Pastoriza y Gatti, antes de la tormenta.

Pastoriza y Gatti, antes de la tormenta.

 

En ese mercado de pases, llegó desde Vélez Sarsfield el arquero del momento: Carlos Fernando Navarro Montoya. El “Mono”, tal su apodo, era de la escuela de Gatti, uno de sus modelos. Jugar con los pies, salir del área con la pelota, achicar haciendo la de “Dios” englobaban un estilo totalmente innovador para la época. Hoy es habitual. Hace 30 años no lo era. La pretemporada fue normal. Hugo Gatti y Navarro Montoya tuvieron una competencia respetuosa, casi de maestro a pupilo.

La semana, una hoguera

Pese a que en el año 1988, no existía el despliegue mediático de estos tiempos, la decisión que debía tomar Pastoriza ocupó mucho espacio en los diarios, noticieros televisivos y programas deportivos radiales. Si un condimento le faltaba al momento, la segunda fecha del campeonato contra el rival de toda la vida -en el mismísimo Monumental- tornó la previa en la historia de la semana.
River Plate se había reforzado con el mismo objetivo que su némesis: ser campeón. César Luis Menotti, con Claudio Borghi como la figura del mercado de pases, también habían trastabillado en el debut con una sorpresiva derrota ante Platense por 2 a 1 en cancha de Vélez, donde el "Calamar" hacía de local ante los grandes. Tampoco le sobraba nada.

La semana previa al superclasico, el hincha se hizo escuchar.

La semana previa al superclasico, el hincha se hizo escuchar.

 
Pastoriza era un técnico con “calle”, con un caracter particular y cuyo fuerte era el manejo de grupo. No dudó en tomar la decisión y le comunicó a Gatti que había llegado el turno de Navarro Montoya, lo que significaba solo una cosa: El fin de su ciclo.

La construcción del mito


Un Gatti "millonario" en una producción para El Gráfico.

Un Gatti "millonario" en una producción para El Gráfico.

             
Nacido en Carlos Tejedor, provincia de Buenos Aires, el 19 de agosto de 1944, su debut deportivo lo hizo en Atlanta en 1962. En esa época sin vincha y con el pelo bien corto. Disputó 38 partidos en el “Bohemio” y de allí pasó a River Plate. Alternó el arco con Amadeo Carrizo, la otra escuela, el opuesto a su estilo, más allá que el histórico arquero del "millonario" era su espejo. Después de su estaba en River, pasó por Gimnasia y Esgrima de La Plata, Unión y desde Santa Fe recaló en Boca. Al asumir Juan Carlos Lorenzo fue una de las exigencias que puso arriba de la mesa de Alberto J. Armando, presidente del equipo "xeneize". Excéntrico, confiado, pero solvente, era un cóctel que no tenía medias tintas y dividía las aguas en el gusto de los fanáticos. Dentro de la cancha fue un jugador más, un adelantado a su época.
Se coronó campeón en seis oportunidades con la camiseta de Boca Juniors. Obtuvo el Nacional y Metropolitano de 1976, el Metropolitano de 1981, las Copas Libertadores de 1977 y 1978 y la Intercontinental en 1977.
Gatti en familia, el eterno bronceado era su marca registrada.

Gatti en familia, el eterno bronceado era su marca registrada.

 
"En Boca me siento imbatible”, comentó en noviembre de 1977, y fiel a su estilo, ironizó: “Cuando yo nací, en 1944, recién habían tirado la bomba atómica en Japón y terminaba la Segunda Guerra Mundial. Y ahí aparecí yo, bien Gatti, para cambiar un poco el fútbol, para ponerle un poco de alegría”.
Su ídolo de toda la vida fue Cassius Clay, re bautizado como Muhammad Alí en su conversión al Islam, del cual copiaba en cierto modo su comportamiento y humor. Era tal la admiración por el “peso pesado” que su hijo mayor se llama Lucas Cassius, el menor heredó su primer nombre, Hugo.
Después de Roberto Mouzo, es el jugador con más presencias en la historia azul y oro: 417 (381 a nivel nacional y 36 internacionales).
Sigue siendo el hombre récord de presencias en el fútbol argentino, con 817 partidos y comparte el record de 26 penales atajados con Matildo Ubaldo Fillol.

El día después de mañana

Finalmente, Boca y Navarro Montoya salieron victoriosos de su visita al Monumental. El reemplazante de Hugo Gatti se fue con la valla invicta, en el tirunfo por 2 a 0 con goles de Walter Perazzo y Alfredo Graciani.

Maestro y alumno. El "Loco" y el "Mono".

Maestro y alumno. El "Loco" y el "Mono".

 
El “Loco” no volvió a atajar de manera profesional. Siguió entrenando por las suyas en los bosques de Palermo, esquivando cualquier partido homenaje que significara el adiós a su carrera. El 10 de Agosto de 1991, una compañia de seguros le organizó un partido en cancha de Vélez Sarsfield, pero no ofició de despedida. El "Loco" sí tuvo su adiós en la "Bombonera", el 3 de diciembre de 1998, cuando Boca festejó la conquista del torneo Apertura -de la mano de Carlos Bianchi- con un amistoso ante Universidad Católica de Chile. Ese día, más de diez años después, Hugo Gatti tuvo el merecido adiós de su gente a los 54 años. Atajó 28 minutos y fue ovacionado por las 30.000 personas presentes.
Una noche más de amor, la última. Gatti se despedía de su gente.

Una noche más de amor, la última. Gatti se despedía de su gente.

Desde hace un tiempo ya, se radicó en España y allí es un "tertuliano" más del programa sensación de la medianoche: "El Chiringuito de jugones". A principios de este año, el "Loco" estuvo internado en España tras haber sido diagnosticado con el virus Covid. La pasó realmente mal, pero fiel a su estilo, no usó las manos; puso la pelota debajo de la suela y salió gambeteando una vez más.

Hugo Gatti, tras recuperarse del Coronavirus, en su regreso al Chiringuito de jugones.

Pasaron 32 años del día que significó el adiós definitivo de Hugo Gatti de las canchas, al menos en forma profesional. Su legado, sus locuras, sus verdades, sus vinchas y desenfado continuarán por siempre en el imaginario colectivo del futbolero argentino. Al fin y al cabo, no hay nada mas sincero que un loco.

 

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