¡Habla memoria!

Historias del Mundial 78, parte II.

Por Redacción EG · 15 de febrero de 2020

Fillol, Gallego y hasta el mismo Diego Maradona, que no fue convocado al Mundial, cuentan cómo vivieron aquellos días donde Argentina ganó su primera Copa del Mundo.

UBALDO FILLOL

El segundo jugador más importante del Mundial detrás de Kempes, estuvo cerca de mirarlo de afuera. Convocado al inicio del proceso, discutió con Menotti por una gira al exterior. El DT le había expresado que a una iría él; y a la otra, Gatti. Al Pato no le gustó. Después hubo varios cruces por la prensa que los alejaron, y cada día Menotti salía a defender con más fuerza a Gatti. En 1977 la presión de los medios fue tremenda, porque el Pato era invulnerable. El Gráfico reunió a los dos protagonistas y el 5 de enero Fillol se presentó en la concentración. “Me sentía un paracaidista, porque los muchachos venían laburando desde hacía tres años. Gatti no fue, acusó una lesión, pero en Boca jugaba. Me hubiese gustado tener más oposición”, afirma. El uno, que recibió 4 goles en 7 partidos y le atajó un penal clave a Polonia, asegura que el partido más difícil fue contra Brasil y que un segundo después del tiro de Rensenbrink en el palo, se convenció de que serían campeones. “En el 95 vinieron de la TV de Holanda a recrear la jugada. ¡Y encima me pagaron!”, recuerda con la sonrisa de los ganadores.

 

Fillol ataja el penal frente a Polonia.

Fillol ataja el penal frente a Polonia.

 

 

AMERICO GALLEGO

El To­lo fue uno de los cam­peo­nes más jó­ve­nes; ha­bía cum­pli­do 23 años unos días an­tes de ini­ciar­se la com­pe­ten­cia. Tam­bién fue un pa­dre jo­ven. Mar­tín, su pri­mer hi­jo, na­ció mien­tras es­ta­ba con­cen­tra­do. La no­ti­cia se la dio el Pro­fe Piz­za­rot­ti, por­que él es­ta­ba dur­mien­do. Me­not­ti le per­mi­tió ir a co­no­cer­lo a Ro­sa­rio y vol­vió en el día. El pro­ble­ma es que a la se­ma­na, el chi­co cor­tó un dien­te, se le in­fec­tó y su­frió una neu­mo­nía con pro­nós­ti­cos re­ser­va­dos. Otra vez tu­vo que sa­lir vo­lan­do pa­ra su ca­sa. Por suer­te so­lo que­dó en anéc­do­ta y el chi­co se re­cu­pe­ró. “Tu­ve to­do el apo­yo de mis com­pa­ñe­ros, eso es pa­ra des­ta­car: na­die se sen­tía más que na­die por más que al­gu­nos ve­nía­mos del in­te­rior en va­que­ri­to y otros an­da­ban con ca­de­nas de oro”, re­sal­ta el To­lo. Ya cam­peo­nes, el re­gre­so a Ro­sa­rio fue con to­da la glo­ria. Pe­ro sin pla­ta. “Des­pués de la ce­na del fes­te­jo, pa­sa­mos por la con­cen­tra­ción a bus­car la ro­pa. Ahí no te­nía­mos ni un man­go y nos tu­vi­mos que vol­ver con Kem­pes y el Lo­co Ki­ller en au­to. Ma­rio lle­va­ba el bo­tín de oro por ser el go­lea­dor y le di­je que si no nos al­can­za­ba pa­ra la naf­ta lo de­ja­ra co­mo par­te de pa­go”, to­da­vía se ríe el To­lo.

 

Americo Gallego.

Americo Gallego.

 

 

RUBEN GALVAN

El Ne­gro, múl­ti­ple cam­peón con In­de­pen­dien­te, fue –de los tres ju­ga­do­res de cam­po que no en­tra­ron ni un mi­nu­to en el Mun­dial– el de ma­yor car­tel. “Ser cam­peón del mun­do sig­ni­fi­có una gran ale­gría pa­ra mí, pe­ro al mis­mo tiem­po fue una tris­te­za no ha­ber si­do par­tí­ci­pe ac­ti­vo. El Fla­co fue in­jus­to, yo es­ta­ba pa­san­do un mo­men­to es­pec­ta­cu­lar, ve­nía de es­tar ter­na­do en los pre­mios Olim­pia y creo que al­gún ra­to po­dría ha­ber en­tra­do en un par de par­ti­dos. De he­cho, con­tra Pe­rú sa­lió Ga­lle­go al fi­nal y en­tró Ovie­do, cuan­do el reem­pla­zan­te na­tu­ral pa­ra ese pues­to era yo. Al fi­nal, creo que es­ta­ba un po­co por cá­ba­la”. El for­mo­se­ño Gal­ván, cá­li­do y ama­ble co­mo buen pro­vin­cia­no, fue el que peor la pa­só de aque­llos cam­peo­nes en es­tos años. Di­ri­gió equi­pos me­no­res en Ne­co­chea, Arro­yo Se­co y For­mo­sa, tu­vo un lo­cal de ro­pa que lue­go per­dió y en 2007 la tra­ge­dia lo sa­cu­dió con toda du­re­za: pri­me­ro le de­bie­ron ex­tir­par un ri­ñón y rea­li­zar­le un tras­plan­te de hí­ga­do y unos me­ses des­pués fa­lle­ció su hi­jo ma­yor, a los 33 años, de muer­te sú­bi­ta, tras ju­gar un par­ti­do de pa­pi fút­bol. “Y aquí es­toy, de pie, pe­leán­do­le a la vi­da”, afir­ma, or­gu­llo­so y de­ci­di­do.

 

Ruben Galvan.

Ruben Galvan.

 

 

ROBERTO SAPORITI

El Sa­po se su­mo al cuer­po téc­ni­co en los úl­ti­mos me­ses. “Al Fla­co le dis­cu­tía to­do, no me ca­lla­ba”, re­cuer­da. Y de­ta­lla dos con­tra­pun­tos. El pri­me­ro, al mo­men­to de ele­gir a los tres que de­bían que­dar afue­ra del plan­tel. “Cuan­do la no­che an­te­rior el Fla­co me cuen­ta que que­da­ban afue­ra Bra­vo, Bot­ta­niz y Die­go, fue una sor­pre­sa gran­de. Esa tar­de, Die­go ha­bía me­ti­do cua­tro go­les en la prác­ti­ca. Coin­ci­día­mos en los dos pri­me­ros pe­ro le di­je que con Die­go se equi­vo­ca­ba, que lo pen­sa­ra. Al otro día, Cé­sar los reu­nió a to­dos y me acuer­do de las ca­ras del gru­po cuan­do dio los nom­bres. Yo lo te­nía jus­to enfren­te, sen­ta­do en una pe­lo­ta. Su ros­tro se de­sen­ca­jó y se fue co­rrien­do”. En la otra, Me­not­ti te­nía ra­zón. “Pa­ra la fi­nal, dis­cu­ti­mos por el ban­co. El que­ría a Ki­ller, por si ju­ga­ba Nan­nin­ga, que era al­to. Yo lo con­ven­cí de que pu­sie­ra a Ovie­do, al que di­ri­gía en Ta­lle­res, y ju­ga­ba en to­dos los pues­tos de atrás. Cuan­do Nan­nin­ga se pre­pa­ró pa­ra en­trar, el Fla­co me mi­ró mal. 'No pa­sa na­da, que­da­te tran­qui­lo', le di­je. Y cuan­do me­tió el gol, me re­pu­teó en co­lo­res”.

 

Saporitti junto al Flaco Menotti.

Saporitti junto al Flaco Menotti.

 

 

JORGE OLGUIN

“El que no po­dia ju­gar”. Así ti­tu­ló El Grá­fi­co la no­ta con Ol­guín tras la con­sa­gra­ción. El de­fen­sor de San Lo­ren­zo era uno de los más cues­tio­na­dos. Por esa crí­ti­ca des­pia­da­da, tras el triun­fo an­te Ho­lan­da, ex­plo­tó en llan­to so­bre los hom­bros de Me­not­ti, otra pos­tal im­bo­rra­ble de la Co­pa. “Llo­ré co­mo un chi­co, sol­té to­do lo que te­nía re­pri­mi­do”, ase­gu­ra. Eso sí: esa no­che no pu­do fes­te­jar de­ma­sia­do. Se lo lle­va­ron en pa­tru­lle­ro por­que ha­bían in­ter­na­do a su es­po­sa, que es­pe­ra­ba fa­mi­lia pa­ra un mes después. Fue so­lo un sus­to, su hi­jo lle­ga­ría a tér­mi­no. Com­pa­ñe­ro de ha­bi­ta­ción de Lu­que, re­cuer­da que en la no­che pre­via a la fi­nal se que­da­ron has­ta las dos de la ma­ña­na le­yen­do car­tas: “Una lle­gó con 11 Cle­men­tes y no­so­tros le agre­ga­mos la ca­rac­te­rís­ti­ca de ca­da ju­ga­dor. Al Cle­men­te Ga­lle­go lo pin­ta­mos de ne­gro, al Or­tiz le pu­si­mos un ci­ga­rri­llo en la bo­ca, y así con to­dos, nos reí­mos co­mo chi­cos, des­pués nos to­ma­mos un li­tro de le­che ca­da uno, y nos fui­mos a dor­mir”. Lo más cu­rio­so es que Ol­guín lle­gó a la Se­lec­ción por el ex­ce­len­te in­for­me que le pre­pa­ró a Me­not­ti el DT de San Lo­ren­zo, un tal Os­val­do Zu­bel­día. Si se en­te­ra Bi­lar­do...

 

Jorge Olguin.

Jorge Olguin.

 

 

DIEGO MARADONA

“Ese día jure que iría por la re­van­cha, fue la de­si­lu­sión más gran­de de mi vi­da y la bron­ca es mi me­jor com­bus­ti­ble”. Así ca­li­fi­có Ma­ra­do­na en su bio­gra­fía el ins­tan­te cum­bre de la de­sa­fec­ta­ción del 19 de ma­yo. “Es­ta­ba afi­la­do co­mo nun­ca. A Me­not­ti no lo per­do­né ni lo voy a per­do­nar nun­ca. Igual, me la veía ve­nir; el día an­te­rior me ha­bía ido a vi­si­tar Fran­cis (Cor­ne­jo) a la con­cen­tra­ción y me en­con­tró llo­ran­do en la pie­za. Des­pués, cuan­do Me­not­ti dio los tres que nos íba­mos, solo al­gu­nos se acer­ca­ron a con­so­lar­me: me acuer­do de Lu­que y de Ga­lle­go, de na­die más. Bot­ta­niz se que­dó con el plan­tel por­que lo sin­tió así, no me gus­tó. Yo no me que­dé ni un se­gun­do más, ya no me sen­tía par­te de ese gru­po. Lo peor fue cuan­do vol­ví a mi ca­sa. Pa­re­cía un ve­lo­rio, llo­ra­ban to­dos”. A pe­sar de la amar­gu­ra, Ma­ra­do­na en­vió un te­le­gra­ma a la con­cen­tra­ción de­sean­do suer­te y fue al Mo­nu­men­tal con­tra Ita­lia y Ho­lan­da. Tras la fi­nal, sa­lió a festejar en la fur­go­ne­ta ver­de de su sue­gro, sen­ta­do con Clau­dia en el ca­pó. “No hu­bo un re­cla­mo ma­si­vo por él”, ase­gu­ra Gui­ller­mo Blan­co, por en­ton­ces el pe­rio­dis­ta más cer­ca­no a Ma­ra­do­na, quien po­ne en con­tex­to la de­ci­sión.

 

Maradona.

Maradona.

 

 

ALBERTO TARANTINI

Una de las image­nes im­bo­rra­bles es el fes­te­jo del Co­ne­jo en el se­gun­do gol a Pe­rú. De fren­te a las cá­ma­ras, en su co­rri­da de­sen­fre­na­da lan­zó to­do ti­po de in­sul­tos. Hoy ad­mi­te a quié­nes se los de­di­ca­ba. “Pu­tea­ba a los mi­li­cos, a los 'tres ti­ras', co­mo les de­cía yo. Un tiem­po an­tes ha­bían de­sa­pa­re­ci­do unos ami­gos míos y en un en­cuen­tro con Vi­de­la le pe­dí por ellos, pe­ro el ti­po me di­jo que no es­ta­ba en el te­ma. Un men­ti­ro­so. En­ci­ma, ni si­quie­ra ha­bía po­di­do za­far de la co­lim­ba, a pe­sar de ser sos­tén de mi ho­gar. El asunto fue que yo es­ta­ba pe­lea­do con Ar­man­do, el pre­si­den­te de Bo­ca, por­que no me da­ban el pa­se y él an­da­ba bien con los mi­li­cos, en­ton­ces me ca­ga­ron”. Co­mo fru­ti­lla del pos­tre, Ta­ran­ti­ni se man­dó una de ka­mi­ka­ze en el ves­tua­rio, tras un par­ti­do. “Estábamos du­chán­do­nos con Pas­sa­re­lla y le di­je: 'Si nos vie­nen a sa­lu­dar los co­man­dan­tes, me en­ja­bo­no bien los hue­vos y des­pués les doy la ma­no sin lim­piár­me­las'. Da­niel me to­reó, a que no me ani­ma­ba. Y ape­nas apa­re­ció Vi­de­la, lo hi­ce. No di­jo na­da por­ los fo­tó­gra­fos, pe­ro pu­so una ca­ra de or­to te­rri­ble, es­ta­ba reca­lien­te”.

 

Alberto Tarantini.

Alberto Tarantini.

 

 

OMAR LARROSA

Unas semanas an­tes del Mun­dial, el cam­peón con Hu­ra­cán 73 se le­sio­nó el ta­lón en una prác­ti­ca. “No evo­lu­cio­na­ba y es­ta­ba preo­cu­pa­do –evo­ca Omar–. Fui­mos a ju­gar un amis­to­so en Uru­guay y no po­día pe­gar­le con la de­re­cha. No se lo de­cía ni a Me­not­ti ni al doctor, es­ta­ba pe­li­gro­sa la co­sa, no me que­ría que­dar afue­ra. Cuan­do vol­vi­mos, le pe­dí el fin de se­ma­na a Me­not­ti y me vio Fer­nán­dez Sch­noor, el mé­di­co de In­de­pen­dien­te. Me in­fil­tró en el ta­lón y san­to re­me­dio, se me pa­só to­do”. La­rro­sa la vio de afue­ra has­ta que se le­sio­nó Ar­di­les con­tra Bra­sil y Me­not­ti lo man­dó a la can­cha, con cua­tro me­ses sin par­ti­dos ofi­cia­les, con­tra Pe­rú. Fue la fi­gu­ra del par­ti­do: El Grá­fi­co lo ca­li­fi­có con 10. “Em­pe­cé de ocho, pe­ro co­mo no le en­con­trá­ba­mos la vuel­ta me fui a la iz­quier­da. El tío de un ami­go mío in­glés, que es his­to­ria­dor, me di­jo que esa no­che to­qué 72 ve­ces la pe­lo­ta, una ci­fra que nin­gún ju­ga­dor en un Mun­dial ha­bía con­se­gui­do”, ase­gu­ra y no ol­vi­da có­mo sa­lió co­rrien­do ape­nas ter­mi­nó el par­ti­do: “Fui a bus­car una de las tres pe­lo­tas del par­ti­do, la que es­ta­ba en nues­tro ban­co, y me la que­dé. Hoy la ten­go en una me­si­ta, en mi ca­sa, y la veo to­dos los días”. No era pa­ra me­nos.

 

Larrosa.

Larrosa.

 

 

DANIEL BERTONI

Fi­gu­ra de In­de­pen­dien­te y ti­tu­lar en bue­na par­te del ci­clo, Ber­to­ni ve­nía con la es­pi­na cla­va­da del Mun­dial 74, cuan­do lo ba­ja­ron del avión so­bre la ho­ra a pe­sar de que los di­ri­gen­tes le ha­bían ase­gu­ra­do que iba a via­jar. En 1977 se le­sio­nó y per­dió te­rre­no. Du­ran­te la pre­tem­po­ra­da en Vi­lla Ma­ris­ta ha­cían par­ti­dos ti­tu­la­res con­tra su­plen­tes en el es­ta­dio Mar del Pla­ta, que es­ta­ba cons­tru­yén­do­se. Ber­to­ni ju­ga­ba pa­ra los su­plen­tes. Lo evo­ca Da­niel: “En esos par­ti­dos nos ma­tá­ba­mos. Una vez le me­tí al Pa­to un gol de em­bo­qui­lla­da y sa­lí a gri­tar­lo co­mo lo­co; Me­not­ti me que­ría echar del plan­tel. Le tu­vie­ron que ir a ha­blar Pas­sa­re­lla y Lu­que al ves­tua­rio pa­ra cal­mar­lo. El sen­tía que se lo ha­bía gri­ta­do con bron­ca a él”. Por suer­te, el Fla­co cam­bió de opi­nión, Ber­to­ni se ga­nó el pues­to con­tra Ita­lia (fue al ban­co en los dos pri­me­ros par­ti­dos) y me­tió go­les cla­ve: uno en el de­but y otro en la fi­nal. Lo ha­bía va­ti­ci­na­do en una en­tre­vis­ta con El Grá­fi­co, fren­te a la tri­bu­na Al­mi­ran­te Brown en ple­na re­mo­de­la­ción. “Sue­ño con me­ter un gol en la fi­nal”, se ilu­sio­nó. Y en ese ar­co, lo me­tió. Un hom­bre de pa­la­bra.

 

Gol Bertoni a Holanda en la final.

Gol Bertoni a Holanda en la final.

 

 

RICARDO LA VOLPE

Cuando aún no le ha­bía cre­ci­do el bi­go­te ni flo­re­ci­do la ver­bo­rra­gia, a La Vol­pe le to­có dar un sal­to in­fre­cuen­te pa­ra la épo­ca: de Ban­field a la Se­lec­ción. “La ve­nía rom­pien­do y hu­bo un ami­go que me veía mu­cho, por­que era de la zo­na, el pe­rio­dis­ta Os­val­do Ar­diz­zo­ne, que ade­más era ami­go de Me­not­ti. Él siem­pre le de­cía que me fue­ra a ver”. Lo vio, lo lla­mó y Ri­chard dio el pre­sen­te en ca­si to­do el ci­clo. Fue el ter­cer ar­que­ro y co­mo no te­nía lu­gar en el ar­co en los pi­ca­dos de ti­tu­la­res con­tra su­plen­tes, so­lía ju­gar arri­ba. Fi­na­li­za­dos los 90 mi­nu­tos con­tra Ho­lan­da, ha­bló: “Dos o tres de­cía­mos: si no en­tró la del úl­ti­mo mi­nu­to, aho­ra los pa­sa­mos por arri­ba, los pa­sa­mos por arri­ba”. Y los pa­sa­mos por arri­ba. Con­cre­ta­da la vic­to­ria, el hom­bre ca­si no pu­do fes­te­jar por­que ese mis­mo 25 de ju­nio na­ció Sa­bri­na, su se­gun­da hi­ja, así que lo sa­ca­ron de la can­cha en pa­tru­lle­ro. Ya co­mo DT de Mé­xi­co no es­ca­ti­mó re­cur­sos pa­ra afron­tar el Mun­dial 2006: fun­dió la me­da­lla del 78, pu­so un po­qui­to más de oro e hi­zo pul­se­ri­tas que les re­ga­ló a sus ju­ga­do­res, que las usa­ron co­mo to­bi­lle­ras. No al­can­zó. Fal­ta­ban las pier­nas de Kem­pes y Lu­que, en­tre otros.

 

Ricardo La Volpe.

Ricardo La Volpe.

 

 

RICARDO VILLA

ventidos años des­pués del Mun­dial ga­na­do por Ar­gen­ti­na, por pri­me­ra vez un fut­bo­lis­ta cam­peón acep­tó jun­tar­se con una Ma­dre de Pla­za de Ma­yo. A ins­tan­cias del dia­rio Cla­rín, en ju­nio del 2000, dos sec­to­res que vi­vie­ron sen­ti­mien­tos con­tras­tan­tes en aque­llos con­tra­dic­to­rios días del 78 se con­fe­sa­ron a co­ra­zón abier­to. Vi­lla con­tes­tó qué sa­bían y qué hu­bie­ra he­cho en ca­so de sa­ber. Ta­ti Al­mei­da, ma­dre de un de­sa­pa­re­ci­do, in­ten­tó com­pren­der un po­co más por qué el fút­bol no fue so­li­da­rio con aquel re­cla­mo de­ses­pe­ra­do. “Pa­ra mí fue in­te­re­san­te –des­ta­ca hoy Vi­lla–, es­tar ca­ra a ca­ra y que me ex­pre­sa­ran su sen­ti­mien­to fue muy po­si­ti­vo. Ella no po­día en­ten­der nues­tra si­tua­ción: que hu­bie­ra de­sa­pa­re­ci­dos, no lo su­pié­ra­mos y no to­má­ra­mos car­tas en el asun­to. Y yo le con­té mi ver­dad: que lo úni­co que que­ría era ser cam­peón del mun­do. Na­da más le­ja­no de mi ideo­lo­gía que las dic­ta­du­ras, pe­ro yo sa­bía muy po­qui­to en ese mo­men­to; uno hasta pa­re­ce un ig­no­ran­te al re­co­no­cer es­to, pe­ro era así, por­que si de he­cho acep­té aquel en­cuen­tro es por­que me sen­tía con la au­to­ri­dad mo­ral pa­ra ha­cer­lo, no me sen­tí ni cóm­pli­ce ni par­tí­ci­pe”.

 

Ricardo Villa.

Ricardo Villa.

 

 

LEOPOLDO LUQUE

Un ver­da­de­ro gla­dia­dor. Hi­zo go­les cla­ve y su­po li­diar con do­lo­res fí­si­cos y del al­ma. Un ojo ne­gro, un co­do lu­xa­do y un hom­bro fue­ra de ca­ja fue­ron al­gu­nas de las he­ri­das de ba­ta­lla que so­por­tó Lu­que. Pe­ro eso no fue lo peor. “Ve­nía­mos con el mi­cro por la Pa­na­me­ri­ca­na y vi­mos un ca­mión cho­ca­do. Acá no se sal­vó na­die, pen­sa­mos. Y re­sul­ta que ahí ve­nía mi her­ma­no pa­ra ver­me ju­gar”, recuerda. “Ha­bíamos jugado con Fran­cia y yo ve­nía de pa­sar la no­che in­ter­na­do, te­nía el bra­zo en­ye­sa­do. Cuan­do vol­ví a la con­cen­tra­ción, lle­ga­ron mis pa­dres y un tío pa­ra dar­me la no­ti­cia de su muer­te. Me fui a San­ta Fe y pen­sé en no vol­ver. Pe­ro mi fa­mi­lia me in­sis­tió, me lla­ma­ron Me­not­ti y Pas­sa­re­lla pa­ra de­cir­me que me ne­ce­si­ta­ban, y mis vie­jos me lle­va­ron de vuel­ta”. Te­nía tres cá­ba­las. Usa­ba el slip al re­vés, se mi­raba con Piz­za­rot­ti mien­tras so­na­ba el Him­no; y for­ma­dos pa­ra es­cu­char­lo, le de­cía “¡Fuer­za!” a Kem­pes, que se lo de­cía al ju­ga­dor ve­ci­no has­ta ar­mar la ca­de­na que ter­mi­na­ba en Fi­llol.

 

Luque.

Luque.

 

 

EL ABRAZO DEL ALMA

Victor Nicolas D'aquila  te­nía 13 años cuan­do al caer­se de un pos­te de al­ta ten­sión ti­ró el ma­no­ta­zo, aga­rró lo pri­me­ro que en­con­tró (el ca­ble) y ter­mi­nó con los dos bra­zos car­bo­ni­za­dos. Has­ta ese mo­men­to, nun­ca ha­bía ido a un es­ta­dio. “Des­pués me em­pe­zó a gus­tar. Es­tar con los ju­ga­do­res y pe­dir­les un au­tó­gra­fo me ha­cía bien”, re­co­no­ció con los años, in­mor­ta­li­za­do co­mo em­ble­ma del Mun­dial. Hin­cha de Bo­ca, en la Bom­bo­ne­ra sal­ta­ba al cam­po por los pal­cos, has­ta que un po­li­cía le dio un gran con­se­jo: “Si te­nés al­gún pro­ble­ma, me­te­te en el cam­po de jue­go que ahí los pe­rros no pue­den en­trar”. El 25 de ju­nio es­ta­ba en la pla­tea ba­ja, por­que no ha­bía si­tio pa­ra dis­ca­pa­ci­ta­dos, y cuan­do el ár­bi­tro pi­tó, se lan­zó. Se ade­lan­tó por­que fal­ta­ba el adi­cio­nal. Re­cor­dó el con­se­jo y se pa­ró al la­do del pos­te: “Cuan­do ter­mi­nó fui a bus­car a Fi­llol y al de­te­ner­me, las man­gas se fue­ron pa­ra ade­lan­te por la fre­na­da; ahí Al­fie­ri to­mó la fo­to”. La ima­gen no sa­lió pu­bli­ca­da en El Grá­fi­co del 27 de ju­nio, don­de hay una fo­to de Fi­llol con Ta­ran­ti­ni per­te­ne­cien­te a esa se­cuen­cia. Re­cién a la se­ma­na si­guien­te vio la luz con los tres pro­ta­go­nis­tas y el tí­tu­lo que in­mor­ta­li­zó Os­val­do Ar­diz­zo­ne: “El abra­zo del al­ma”. Ga­nó mu­chí­si­mos con­cur­sos.

 

Victor D´aquila, protagonista del Abrazo del Alma.

Victor D´aquila, protagonista del Abrazo del Alma.

 

 

RICARDO PIZZAROTTI

Era un du­ro y equi­li­bra­ba el ca­rác­ter más flo­jo de Me­not­ti. Pese a que los ha­cía trans­pi­rar de lo lin­do y de que por lo ba­jo los ju­ga­do­res lo ha­bían ­bau­ti­za­do Piz­za­hue­vos, to­dos des­ta­can el va­lor del Pro­fe en la con­quis­ta. Fue la pri­me­ra vez que una Se­lec­ción com­pi­tió de igual a igual en lo fí­si­co con los eu­ro­peos, y ese mé­ri­to le co­rres­pon­dió a él. Ade­más, su ta­rea fue muy im­por­tan­te pa­ra ame­ni­zar los cua­tro me­ses de con­cen­tra­ción, or­ga­ni­zan­do dis­tin­tas ac­ti­vi­da­des. Era el úni­co in­te­gran­te del cuer­po téc­ni­co alo­ja­do en el cha­let de los ju­ga­do­res. En el pi­za­rrón de la en­tra­da, su men­sa­je anun­cia­ba: “Fal­tan X días pa­ra ser cam­peo­nes del mun­do”, y la X lle­gó a ce­ro, cum­pliendo su pro­fe­cía. Aún se re­cuer­da la anéc­do­ta del ves­tua­rio tras el de­but con Hun­gría. “Per­do­ne, se­ñor, pe­ro aho­ra se va a te­ner que re­ti­rar por­que te­ne­mos que se­guir tra­ba­jan­do”, le so­li­ci­tó a Jor­ge Ra­fael Vi­de­la, que ha­bía pa­sa­do a sa­lu­dar. Fa­lle­ció el 12 de mar­zo de 2007.

 

El Monumental colmado para ver a la Selección.

El Monumental colmado para ver a la Selección.

 

 

EN SINTESIS. LA CAMPAÑA

PRIMERA FASE / GRUPO 1

FECHA            RIVAL RES.    GOLES

2/6     Hungría          2-1      Csapo (H), Luque (A), Bertoni (A)

6/6     Francia           2-1      Passarella (A) de penal, Platini (F), Luque (A)

10/6   Italia   0-1      Bettega (I)

SEGUNDA FASE

FECHA            RIVAL RES.    GOLES

14/6   Polonia           2-0      Kempes (A) 2

18/6   Brasil  0-0

21/6   Perú    6-0      Kempes (A) 2, Luque (A) 2, Houseman (A), Tarantini (A)

FINAL

FECHA            RIVAL RES.    GOLES

25/6   Holanda         3-1      Kempes (A) 2, Bertoni (A), Nanninga (H)

 

PRESENCIAS Y GOLES

                        PJ        GOLES            MINUTOS

1          Norberto Alonso (River)     3          -           52 (8%)

2          Osvaldo Ardiles (Huracán) 6          -           470 (71%)

3          Héctor Baley (Huracán)      -           -           -

4          Daniel Bertoni (Independiente)     6          2          477 (72 %)   

5          Ubaldo Fillol (River)            7          -4        660 (100%)

6          Américo Gallego (Newell's)            7          -           655 (99%)

7          Luis Galván (Talleres Cba.) 7          -           660 (100%)

8          Rubén Galván (Independiente)      -           -           -

9          René Houseman (Huracán)            6          1          348 (53%)

10       Mario Kempes (Valencia)    7          6          660 (100%)

11       Daniel Killer (Racing)          -           -           -

12       Omar Larrosa (Independiente)      2          -           145 (22%)

13       Ricardo La Volpe (San Lorenzo)   -           -           -

14       Leopoldo Luque (River)     5          4          480 (73%)

15       Jorge Olguín (San Lorenzo)            7          -           660 (100%)

16       Oscar Ortiz (River)   6          -           322 (49%)

17       Miguel Angel Oviedo (Talleres Cba.)         1          -           5 (0,7%)

18       Rubén Pagnanini (Independiente) -           -           -

19       Daniel Passarella (River)    7          1          660 (100%)

20       Alberto Tarantini (libre)     7          1          660 (100%)

21       Daniel Valencia (Talleres Cba.)      4          -           266 (40 %)

22       Ricardo Villa (Racing)          2          -           90 (14%)

 

 

Por Diego Borinsky y Elías Perugino (2008).

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