¡Habla memoria!

1994. Martina, esa leyenda

Por Redacción EG · 02 de octubre de 2019

Navratilova, una de las mejores tenistas de la historia brinda conceptos sobre su vida. Nacida en Checoslovaquia, nacionalizada estadounidense, habla del lesbianismo, de los cambios en el tenis y mucho más.

En aquella lluviosa primavera de Hamburgo, la vi por primera vez. Hace ya más de veinte años que, vestida con ropas tan grises, uniformes e impersonales, se asomaba asombrada al verde húmedo del Hamburg Tennis Gilden, para descubrir un mundo que desde su desolada Praga era difícil de imaginar.

Jan Kodes era la estrella checoslovaca del momento -eliminó a Guillermo Viles en ese torneo- y la primera que me habló de ella fue Beatriz Araujo, nuestra N° 1 por aquellos tiempos de un circuito más bohemio, amistoso y divertido. Donde los jugadores terminaban el día de labor y se juntaban en interminables cenas bien regadas, con discoteca incluida. Total, al día siguiente, el adversario estaría en el mismo estado... Pero ella, una "gordita" la definirían hoy, de pelo corto, sin brillo, cara tallada en piedra y ojos Infinitamente penetrantes, sólo podía adivinar ese mundo...

La guerra fría estaba en su apogeo, el bloque socialista transportaba el Muro de Berlín por cualquier escenario del mundo. Dos silenciosos hombres, tan grises como ella, cuidaban celosamente que ni Kodes (jamás lo intentó), ni ella, ni Hana Strachonova (sindicada como la gran estrella, terminó asilada en Suiza y dejó el tenis) pudieran dar un paso más ella del permitido por el servicio secreto.

 

Navratilova debutó profesionalmente en 1975.

Navratilova debutó profesionalmente en 1975.

 

Nadie, en aquella perspectiva histórica, podía suponer que Martina Navratilova, nacida el 18 de octubre de 1956, en Praga, Checoslovaquia (hoy República Checa), se convertiría en una de las leyendas más grandes del deporte mundial. No exclusivamente por sus notables hazañas deportivas, sino por una personalidad única, que llevó al tenis femenino bajo su liderazgo a superar en dinero y honores al masculino.

Decisiva impulsora de la Women's Tennis Association (WTA), creada en 1973, activista de los derechos humanos, asumida lesbiana, defendió públicamente a los homosexuales y aportó millones de dólares a la campaña ecologista. Logró ser una leyenda aun antes de retirarse. Y eso es para unos pocos elegidos.

Gentil, dulce, extremadamente franca. Quizás, por aquella falta de libertad que padeció en carne propia y que la llevó el 12 de agosto de 1975 a pedir asilo político en los Estados Unidos de América. Dejó atrás a su familia, a la que recién volvió a ver en julio de 1979 cuando ganó Wimbledon por segunda vez consecutiva y sus padres recibieron un permiso especial del gobierno checo para trasladarse a Londres y presenciar la final. Luego lograría ser ciudadana norteamericana desde el 21 de julio de 1981.

Buenos Aires, 1979. Una exhibición junto a Billie Jean Moffith de King.

Buenos Aires, 1979. Una exhibición junto a Billie Jean Moffith de King.

Con su nueva nacionalidad regresó a su ciudad natal, Praga, en 1986. Fue para jugar la Federation Cup (la Davis femenina) para Estados Unidos, vencer a su país natal por 3-0 en la final y retirarse arrasada en lágrimas de un estadio que la ovacionaba de pie.

Genial intérprete de una de las más ortodoxas y bellas escuelas de tenis del mundo, como es la checa (Lendl, Mecir, Mandlikova, Novotna, por citar ejemplos cercanos), le adicionó el notable sentido del show americano. Jamás nadie pudo aburrirse en un partido suyo y Buenos Aires podrá disfrutarla por última vez (estuvo en 1979) el próximo viernes 9, cuando enfrente en el complejo Costa Salguero a la española Arantxa Sánchez Vicario en una exhibición.

A Roland Garros 1984, un triunfo difícil. El polvo de ladrillo siempre le costó.

A Roland Garros 1984, un triunfo difícil. El polvo de ladrillo siempre le costó.

En Nueva York, hace dos semanas, se despidió de las competencias y con su sinceridad habitual dijo cosas como éstas:

• "Debo buscar algo donde me encuentre a mí misma y donde pueda hacerme entender como en las canchas de tenis. Quizás me convierta en una activista política, aunque no creo que pueda llegar al Congreso, porque soy demasiado frontal. Me sentiría frustrada como funcionaria: nunca ocurren cosas importantes en los Parlamentos. Más bien me veo como defensora de los derechos de los niños, las mujeres y los homosexuales. Por el medio ambiente y los animales ya llevo tiempo luchando..."

• "Se dice que hay mucho lesbianismo en el tenis femenino y no es cierto. Serán seis o siete chicas entre las primeras cincuenta. Por serlo, a mí siempre me tratan como una leprosa... Eso no pasa en los deportes masculinos y yo conozco muchos homosexuales entre beisbolistas, basquetbolistas y futbolistas, pero no se atreven a confesarlo".

• "La humanidad es muy hipócrita. Hace poco un amigo, de alto rango en el ejército, me decía de su frustración porque lo habían condecorado por matar a otros hombres en la Guerra del Golfo, pero lo habían expulsado de las Fuerzas Armadas por amar a otro hombre..."

• "Difícilmente alguien pueda llegar a jugar tanto tiempo como yo. Ahora todo es tenis, tenis, dinero, dinero, más tenis y más dinero. Se queman como le sucedió a Jennifer Capriati. En cambio, en mi época jugábamos cuatro o cinco meses al año y después volvía a casa. Jugaba con mis amigas, asistía a la escuela, patinaba en el hielo y nadaba. Era feliz. Hoy, en cambio, las tenis-tas están rodeadas de entrenadores, masajistas, consejeros, sponsors, agentes y los padres, que son los peores..."

Todavía gordita, raqueta de madera, sus comienzos en el profesionalismo. Transcurría 1975.

Todavía gordita, raqueta de madera, sus comienzos en el profesionalismo. Transcurría 1975.

• "El tenis no necesita cambios de reglamentos. Sólo hay que frenar el desarrollo tecnológico para que no se pierda el espíritu del juego. Apostaría lo que fuera a que, si tuviéramos todavía las raquetas de madera, John Mc Enroe seguiría estando entre los diez primeros del mundo".

• "Mis jugadores preferidos en el circuito son Boris Becker, un tipo honesto y valiente y activista social como yo."

Martina Navratilova, aquella "gordita" es hoy una leyenda.

 

 

Por LUIS A. HERNÁNDEZ (1994).

Estadísticas: DANIEL CORUJO

Fotos: THE ASSOCIATED PRESS/RON FREHM, ADRIANA GROISMAN y ARCHIVO ¨EL GRÁFICO¨.

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