¡Habla memoria!

1981. Memorias de un trotamundos

Por Redacción EG · 06 de agosto de 2019

Carlos Alberto le decía adiós al fútbol. Supo brillar en once años en el Santos junto a Pelé y fue campeón del mundo en México 1970, además se destacó en Flamengo y Fluminense.

El próximo 17 de julio voy a cumplir 37 años. Ya es hora de retirarme del fútbol. Estoy entero, podría seguir una o dos temporadas más, pero tengo que pensar en mi familia. Quise dejar el año pasado y los dirigentes del Cosmos me convencieron para que continuara hasta fines de 1981. 'Todavía no tenemos el equipo bien armado, se fue Beckenbauer, lo necesitamos', me dijeron, y no me pude negar porque es una gente extraordinaria. Vivo solo en Nueva York, y eso no sirve. Mi mujer y mis tres hijos están en Río de Janeiro. Los chicos Marcelo (15), Carlos Alexandre (14) y Andrea (13), se hicieron grandes y a esta edad un padre debe convivir con ellos. Nos vemos todos los meses, pero no es lo mismo. Mi mujer, Teresa Sodre, es una actriz muy popular en Brasil, trabaja en los teleteatros de TV Globo y necesita que la ayude con los muchachos. Yo nunca le pedí que dejara su carrera. Si Teresa soportó a un marido que se pasó la vida viajando, hubiese sido injusto que la presionara para que abandone algo que es tan importante para ella."

Carlos Alberto vistiendo la camiseta de Cosmos, donde jugó con Pelé.

Carlos Alberto vistiendo la camiseta de Cosmos, donde jugó con Pelé.

El fútbol me dio todo. Tengo un dúplex en Copacabana con pileta de natación privada. Además, otros diez departamentos en los mejores barrios de Río. Creo que voy a vivir tranquilo el resto de mis días. Pero hay algo que no se puede medir en dólares. Jugué once años en el Santos de Pelé. Fui el capitán que recibió la copa Jules Rimet que Brasil ganó para siempre en 1970. Y cuando estaba de vuelta aparece el Cosmos. Otra vez compañero de Pelé. Conozco de cerca a Beckenbauer. Y de alguna manera soy partícipe de un hecho que todavía el mundo no reconoció en su real dimensión: la entrada del fútbol en los Estados Unidos. Cuando me pongo a pensar en todo lo que viví como jugador, siempre termino besando el Cristo que llevo colgado en el pecho; lo beso y me digo: 'Carlos Alberto, tú eres un hombre de suerte, agradécele a Dios todo lo que te ha dado..."

Nací, y sobre los pañales me pusieron una camiseta de Fluminense. En mi país es así, en el noventa por ciento de las familias. El primer souvenir que recibe un chico tiene que ver con el fútbol. Mi padre era fanático del 'Flu'. Crecí jugando en todas las playas de Río. A los 16 años entré a los juveniles de Fluminense. ¿De qué juega?' me preguntó el técnico. Le dije que era lateral derecho. Y ahí me puso. Tres años después debutaba en la primera, en un partido contra Bangú. El Carlos Alberto que entró a la cancha ese día era el mismo muchacho, puro futbolísticamente, que unos años antes jugaba por las playas. Nadie me había dado una indicación. Nadie me había enseñado nada. Aprendíamos y mejorábamos hablando entre nosotros y mirando a los grandes. Ahora me cuentan que en Brasil a los garotos los están mecanizando en las divisiones inferiores. Es para sufrir. Debe ser por eso que ya no salen grandes jugadores. Si los jóvenes que llegan a los planteles mayores no renuevan la alegría del fútbol, no sé qué puede ocurrir en el futuro. En Brasil están equivocados. A los juveniles les llenan la cabeza con tácticas, esquemas y todas esas cosas, y se olvidan que lo único importante es prepararlos para que un día sean buenos profesionales. Yo puedo hablar de eso porque sufrí la conmoción del dinero."

 

En su país, jugó en Fluminense, Santos y Flamengo.

En su país, jugó en Fluminense, Santos y Flamengo.

 

A los 20 años tenía muchos cruceiros en el bolsillo, mi foto salía en diarios y revistas, y ya había integrado la selección brasileña en la Copa de las Naciones que ganó Argentina. Ahí fue cuando conocí a Pelé, y él me anticipó que el Santos quería llevarme a su equipo. El Santos me compró en 1965. Y esa fue mi salvación. A los 20 años yo quería llevarme el mundo por delante. La fama y el dinero me habían mareado. Aparecen los amigos que no son amigos, la noche, las muchachas... El periodismo me perseguía por mi fama de farrista y, aunque exageraron mucho, consiguieron que la torcida de ¨Flu¨ me retirara su apoyo. Entonces el Santos fue la mejor salida. Ellos confiaban en mí y pagaron por mi pase el precio record de esa temporada."

El día que me incorporé al Santos recibí una de las lecciones más sabias de mi vida. Zito, que era el patrón del equipo, y no Pelé como muchos suponen, me llevó aparte y me dijo: 'Nosotros jugamos casi cien partidos por año, si cualquiera de nosotros hace una vida irregular lo vamos a sentir en la cancha. Perder porque el contrario es mejor, no es drama. Pero perder por culpa nuestra, no, eso no va en el Santos. Aquí tenemos la oportunidad de enriquecer-nos todos haciendo lo que más nos gusta, jugar al fútbol. Zito no hizo referencia a la fama que yo traía del Fluminense. Hasta en eso, la forma de hablar, era un exquisito. Pero yo comprendí muy bien la intención de sus palabras. Si todos los equipos de Brasil tuviesen un Zito, el fútbol de mi país sería distinto. Porque el problema más grave del jugador brasileño es su falta de sentido profesional. No todos tienen la suerte de cruzarse con un Zito en el camino."

Una época del fútbol. El histórico Santos que marcó una época. En esta imagen se lo ve a Carlos Alberto con Pelé, Toninho y Rildo.

Una época del fútbol. El histórico Santos que marcó una época. En esta imagen se lo ve a Carlos Alberto con Pelé, Toninho y Rildo.

Estuve once años en el Santos. Tuvimos ciclos excepcionales, otros muy buenos y épocas menos felices. Porque el fútbol es así: no se puede mantener siempre el mismo nivel. Así y todo el Santos fue una máquina, cada uno sabía lo que tenía que hacer en la cancha, y lo mismo daba una final de campeonato que un amistoso en Japón. Esa seriedad futbolística, no tengo dudas, hizo la grandeza del Santos. Jamás especulamos con un resultado. Sólo una vez nos preocupamos en demasía por un rival y resultó un fracaso. En verdad no fue por culpa de los jugadores. En 1966 fuimos a Belo Horizonte a jugar la final del Campeonato Nacional con el Cruceiro. Lula, que era el técnico, nos re-unió antes del partido y nos recomendó: 'Cuidado con este equipo, recién aparece en el fútbol grande de Brasil y tiene muchas ambiciones. Vamos a jugar con mucha precaución los primeros quince minutos. Esperamos atrás y después sí, salimos como siempre. Los jugadores nos miramos porque Lula nunca hablaba. Pero decidimos hacerle caso. A los veinte minutos perdimos 4 a 0. Se nos había escapado un título (el partido terminó 6 a 2) pero en cambio ganamos mucho:

Lula jamás volvió a abrir la boca."

Pelé era el fenómeno del equipo. Pero nosotros lo sentíamos como un compañero más. Porque él fue grande hasta en los mínimos detalles. Cuando íbamos de gira, en cada país los organizadores le reservaban una suite especial. Sin embargo rechazaba esa distinción y ocupaba una habitación doble como cualquier otro jugador. Pelé nunca tuvo un gesto de vedettismo hacia los demás. No quiso ser capitán. Y cuando nos poníamos a conversar sobre algún rival o un problema de viajes y premios, era uno más dando su opinión. Lo que ganaba Pelé en el Santos siempre fue un secreto para nosotros. Pero en el fondo a nadie le importaba. Si gracias a Pelé había buena plata para todos".

Tanto trotamos por el mundo que llegamos a ser amigos casi íntimos de todos los tripulantes de Varig. Nos llamábamos por los nombres. Las azafatas no nos preguntaban qué queríamos tomar porque conocían el gusto de cada jugador. Al capitán Ferreira le decíamos que el capitán Goncálvez era más suave para posar en la pista un Boeing 707, y entonces Ferreira, en venganza, cuando nos encontraba en otro viaje, se paseaba por el pasillo del avión con un banderín del Flamengo, que en una época tuvo a mal traer al Santos. Con la gente de Varig —los que volaban— nos hacíamos mutuos regalos de casamientos, cumpleaños y nacimientos, como esas familias que se encuentran cada quince días para contarse las novedades. Esto da una idea de lo que viajamos. Santos era el equipo más famoso del mundo y sin embargo la prensa sensacionalista de San Pablo casi no se ocupaba de nosotros. Hasta esa suerte tuvimos. En la intimidad del plantel nos reíamos cuando los diarios decían que los jugadores del Palmeiras estaban en conflicto o dos del Corinthians se habían agarrado a trompadas en un entrenamiento. En Santos a veces ocurría lo mismo, como en todo grupo. Pero nunca tomaba estado público. El motivo era muy sencillo. Santos está a 50 kilómetros de San Pablo, y los periodistas, para no hacer el viaje, nos ignoraban toda la semana."

En el Mundial de México 1970. Brasil superó a Italia por 4 a 1. Carlos Alberto marcó el cuarto gol y lo celebró trepado a la red.

En el Mundial de México 1970. Brasil superó a Italia por 4 a 1. Carlos Alberto marcó el cuarto gol y lo celebró trepado a la red.

Del Mundial que ganamos en México, en 1970, se dijeron muchas cosas. Pero pocos son los que conocen la historia real. Es cierto que hicimos un gran trabajo y que durante cuatro meses nos alejamos del mundo. Sin embargo si tuviese que elegir el verdadero fundamento del triunfo diría que fue el sentido profesional de un grupo lo que nos llevó adelante. Brasil había ganado en Suecia (1958) y en Chile (1962), y no pudo repetir en Inglaterra (1966). Eso bajó la cotización del jugador brasileño en el mundo, y principalmente en el mercado interno. La única manera de mejorar los contratos, de ganar más dinero en los clubes, sólo lo podíamos lograr por una conmoción: conquistando la copa Jules Rimet en México. En el plantel había muy buenos jugadores. No quiero olvidar este detalle porque de nada vale ser inteligente fuera de la cancha si después no se sabe jugar al fútbol. Yo siempre pensé que los brasileños, o los argentinos, como lo demostraron en 1978, se convierten en imbatibles cuando son capaces de sumar grandes jugadores y un buen trabajo de preparación. Pero si a esto se le agrega una gran motivación, no hay quien nos gane un Mundial. Ese grupo de gran sentido profesional, que le abrió los ojos a los demás, lo formaban Pelé, Gerson, Tostao, Wilson Piazza y Carlos Alberto. Yo me incluyo porque era el capitán y había aprendido muy bien la lección de Zito."

 

Disputó 53 partidos para la Selección de Brasil.

Disputó 53 partidos para la Selección de Brasil.

 

Después de jugar once años en el Santos volví al Fluminense. Hice una buena temporada. Pero como yo quería terminar mi carrera con un gran contrato, acepté la oferta del Cosmos. Era el último año de Pelé. Había llegado Beckenbauer. Hoy puedo decir, después de haberlos conocido íntimamente a los dos, que fueron, los únicos fuera de serie que vi en mi vida. Los califico así por su calidad de juego y porque creo que la grandeza de un jugador se nutre también de otros elementos. Pienso que hay cuatro clases de futbolistas. Los normales, que son aquellos que nunca sobresalen. Los buenos, que deben ser la mayoría. Los muy buenos, una clase entre los que incluiría a Bobby Charlton, Nilton Santos, Sívori, Garrincha y muchos más que ahora acaso olvide. Y por fin los realmente grandes, que insisto, para mí son Pelé y Beckenbauer. Jamás los vi hacer un gesto de contrariedad por el asedio del público. Jamás le dijeron que no a un periodista. Jamás se negaron a sacarse una foto con un admirador. Creo que esa paciencia, que en el caso de Pelé llegó a límites increíbles, es un don de la naturaleza. De los muy buenos de ahora destacaría a Maradona y Zico. Pero para que se consagren definitivamente tienen que ganar un Mundial y deben jugar bien en Europa, que es la prueba definitiva para saber si un jugador sudamericano es realmente un crack. Espero que lo consigan y que tengan la humildad, el don de gentes y el sentido de ubicación —fuera de la cancha— de Pelé y Beckenbauer."

En 1979 se encontró con Maradona en Nueva York y declaró: ¨Ojalá lluegue al nivel de Pelé¨.

En 1979 se encontró con Maradona en Nueva York y declaró: ¨Ojalá lluegue al nivel de Pelé¨.

No me alejaré del fútbol. No podría. Voy a seguir ligado al Cosmos como encargado de las relaciones públicas para Sudamérica. Ese puesto me permitirá vivir en Río. Mis hijos me necesitan. Marcelo y Carlos Alexandre ya están jugando en Fluminense y quiero estar cerca de ellos para repetirles una y cien veces que el fútbol es un juego dentro de la cancha, y que el profesionalismo es algo muy serio antes y después de los partidos. Ojalá que tengan la suerte de su padre. Dios sabe cómo se la agradezco todos los días."

 

Producción: NATALIO GORIN

Fotos: EDUARDO BOTTARO.

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