¡Habla memoria!

1999. Alta Sociedad

Por Redacción EG · 10 de mayo de 2019

Esteban Cambiasso, en ese momento jugador del Rojo y Andrés Calamaro, una gloria del rock hasta los días que corren, se encontraron para hablar de Independiente y de música.

¨Ahí está llegando el comandante¨, anuncia un colaborador de Andrés Calamaro mientras su jefe recorre los últimos metros de uno de los pasillos subterráneos del Gran Rex con un bate de béisbol azul en la mano derecha. Es el atardecer del miércoles 15 y dentro del camarín de la estrella principal del show previsto para una hora y media más tarde lo espera Esteban Cambiasso, un chico de 19 años que podría ser un fan cualquiera, pero tiene la suerte de ser conocido y por eso puede acceder al rincón exclusivo del músico. “Uy, mirá quién está”, arranca Calamaro, con voz ronca, de recién levantado, y cara de sorpresa, a pesar de que ya había sido advertido de la presencia de Cambiasso. Y enseguida llama a un par de sus músicos, españoles ellos, para presentarle a “Cambiasso, el crack de Independiente y del Real Madrid”, según su propia definición. Si bien el crack y la estrella no pueden considerarse amigos, ya se conocían por haber compartido mesas algunas noches en el restaurante De María, de Madrid, en la época en la que eran otros dos hombres que habían anclado en España, pero que vivían con sus corazones mirando al sudoeste.

Calamaro y Charly García entrando al restaurante madrileño De María. En ese lugar se conocieron Calamaro y el Cuchu Cambiasso cuando el volante estuvo en el Real Madrid.

Calamaro y Charly García entrando al restaurante madrileño De María. En ese lugar se conocieron Calamaro y el Cuchu Cambiasso cuando el volante estuvo en el Real Madrid.

En aquellas reuniones, el Cuchu Cambiasso y su hermano, Nicolás, apenas hablaban. Esteban, por ese entonces un adolescente que estaba aprendiendo a vivir, prefería mirar y dejar que le rebasaran los oídos con las experiencias de Calamaro y de los demás comensales que solían reunirse en esos largos encuentros nocturnos: Jorge Valdano, Fernando Redondo, Angel Cappa, César Menotti, Charly García (cuando todavía no se había peleado con Calamaro) y otros argentinos (famosos y no tanto) que anduvieran dando vueltas por la capital española. En ese tiempo, el fanático de Independiente Calamaro no imaginaba que el chico rubio que observaba todo sin poder disimular la cara de asombro iba a ponerse la camiseta de su club poco después.

Jorge Valdano, por quien el cantante siente una gran admiración. Si bien en Argentina es confeso hincha del Rojo, en España simpatiza por el Real Madrid.

Jorge Valdano, por quien el cantante siente una gran admiración. Si bien en Argentina es confeso hincha del Rojo, en España simpatiza por el Real Madrid.

El reencuentro se hizo esperar. “Hace bastante tiempo que no nos vemos. Sé que Andrés estuvo por ir a la fiesta de Independiente, que tenía muchas ganas de estar, pero que al final no pudo porque andaba por Córdoba. Fue una lástima porque hubiera estado muy bueno”, contaba Cambiasso –quien confesó escuchar mucha música, aunque nunca antes había ido a un recital– mientras se distraía conversando con un amigo que llegó con él en el camarín de Calamaro. Alrededor suyo, tres paredes cubiertas de espejos, un guardarropas vacío, cuatro sillones de cuero negros, dos potes de plástico con cerezas cubiertas por hielo, algunas latas de gaseosas, una botella de whisky, un termo con agua caliente, miel, velas blancas flotando en vasos con agua y un fortísimo aroma a jazmines que inundaba el ambiente. Nada demasiado pretencioso. “Andrés va a llegar un poquito más tarde porque recién se despertó. Me acaba de llamar por el Movicom y me dijo que ya está en camino. Sírvanse lo que quieran”, ofrece Olga, la manager de Calamaro. “Está bien que tarde, si es una estrella”, admite con un poquito de resignación y mucha humildad Cambiasso, mientras bromea con algunos de los colaboradores del dueño del espectáculo. Eso sí, en cuanto lo vio entrar a Calamaro el Cuchu se olvidó del reloj y del horario estricto de la cita que tenía programada para después del encuentro y hasta de que está a punto de quedarse sin vacaciones porque seguramente va a ser convocado para jugar el Sudamericano Sub 23 en enero. Fue curioso descubrir al mismo chico que es capaz de hacer vibrar a la tribuna de Independiente con un enganche o un cruce justo y al mismo tiempo hacer delirar a adolescentes (femeninas, obviamente) de cualquier equipo con su sola presencia, acomodándose en un segundo plano.

España fue fundamental para los dos. Cambiasso jugó en el Real Madrid entre 2002 y 204 y Calamaro vivió allí por muchos años y hasta formó Los Rodríguez, una banda emblemática.

España fue fundamental para los dos. Cambiasso jugó en el Real Madrid entre 2002 y 204 y Calamaro vivió allí por muchos años y hasta formó Los Rodríguez, una banda emblemática.

La aparición de Calamaro fue confusa. Saludó, lo abrazó a Cambiasso, se puso una campera de jean que traía en la mano para evitar los efectos del aire acondicionado del teatro y enseguida pidió un minuto para tratar de “producir” el clima del encuentro. Enchufó un moderno equipo de música redondo sobre un costado, pero se dio cuenta tarde de que había olvidado todos los compacts y reclamó que alguien saliera a recorrer la avenida Corrientes para que lo aprovisionara con sus grupos preferidos. Así que el comienzo fue sin música. Esteban, el fan de Calamaro, miraba asombrado los movimientos del artista, como en las noches de De María. Andrés, el hincha de Independiente, daba cierta sensación de indiferencia, pero fue el que inició y manejó el diálogo, aunque de manera poco ortodoxa. A lo Calamaro:

La Doble Visera explota. Cambiasso surgió de Independiente, club del cual es cantante es hincha.

La Doble Visera explota. Cambiasso surgió de Independiente, club del cual es cantante es hincha.

–Me demoré un poquito porque tuve... ¿cómo fue que la llamé?.. una emergencia gástrica... vomité en el pasillo del edificio y tuve que buscar al encargado para pedirle disculpas...

–No hay problema.

El reenganche también tiene el sello de Calamaro.

–A veces voy a la cancha, aunque en este campeonato no fui. En realidad, la última vez que fui a la cancha de Independiente fui a ver un partido entre Boca y Banfield, y sólo porque jugaba Maradona. En los últimos años fui a ver más partidos de Diego que de Independiente. Uno de los últimos partidos que fui como hincha fue por una Supercopa. Me metí en la cancha y me quedé atrás de los carteles de publicidad. Pude hacerlo porque no estaba organizado por la AFA.

–Y yo es la primera vez en mi vida que voy a ver un recital. Nunca fui a ninguno ni acá ni en España.

–Entonces, me imagino que te vas a quedar para el de hoy.

–No, hoy no puedo, porque tengo un asado, pero ya saqué entradas en la fila 24 para venir mañana con mis hermanos y unos amigos. Me dijeron que en algunos conciertos usás la camiseta de Independiente, así que te traje la mía, para regalártela.

Inmediatamente, al tiempo que el músico colgaba la camiseta con el 19 en la espalda en una percha y usaba un tubo de ventilación como improvisado perchero, aparecieron en manos de un asistente cuatro camisetas celestes con un 10 en el frente y el nombre de Maradona y otro 10 en la espalda y el apellido Calamaro para devolver la gentileza. Cambiasso ya tenía otra negra, de las que se vendían en el hall de entrada del teatro, con la cara de Andrés estampada a la altura de la panza.

Sobre el escenario del Gran Rex, un rato antes de uno de los recitales de Calamaro, hicieron un cambio de camisetas.

Sobre el escenario del Gran Rex, un rato antes de uno de los recitales de Calamaro, hicieron un cambio de camisetas.

En medio del intercambio de remeras, Cambiasso lamentó no haber llevado también un bolso para regalarle después de notar que el músico había llegado con un bolsito botinero azul con el escudo de Belgrano de Córdoba. “Tenía frío, me fui a comprar un buzo y de paso también me lo compré”, se excusó Andrés por la “traición” al Rojo.

–¿En España, de qué equipo eras hincha? –retomó Cambiasso.

–Del Real Madrid. En cuanto llegué a España lo vi jugar a Michel y me encantó, así que me hice hincha del equipo. También jugaba Butragueño en ese equipo y varios más. En esa época el Madrid tenía un equipazo impresionante. Después, encima llegaron Valdano y Redondo, así que ya era mucho más hincha de ellos. Ahora parece que Jorge vuelve al club, aunque con el presidente que hay... Pero ojalá que se haga cargo y que le vaya bárbaro porque es un fenómeno. Y en cualquier momento te tenés que volver vos para allá también.

–Por ahora, no. Todavía hasta mitad del año que viene me quedo en Independiente y después ya veremos qué pasa.

–Allá se está armando una banda bárbara. Porque también está Gustavito López, llegó el Morrón Rotchen al Espanyol de Barcelona, también está Miguelito Brindisi... Parece Independiente del ’94, aquel que tenía un equipazo.

 Vuelve a distraerse Calamaro, se levanta del sillón en el que se había acomodado y regresa a escena con una videocámara portátil. Apunta, enfoca, da un par de vueltas por el camarín invadido e invita a Cambiasso –a esa altura todavía no podía salir de su asombro– a presenciar la prueba de sonido. Y mientras va saliendo del camarín aprovecha para explicar la presencia del bate de béisbol en su vida cotidiana: “Qué sé yo, por ahí un loco me grita algo feo en la calle o me quieren hacer algo y lo tengo que tener conmigo por las dudas. Eso sí, no te sirve para defenderte porque te pegan una patada y no lo podés usar. Si lo tenés, debés pegar primero”. Después de los primeros pasos por el pasillo nota la ausencia de un casete en la filmadora. Los movimientos anteriores sólo quedaron grabados en las memorias. En el regreso hacia el camarín, Calamaro habla a toda velocidad de varios temas a la vez, hasta que encuentra el casete virgen y encara otra vez por el pasillo. A partir de ahí, la cámara registrará lo que sigue. Todo en forma vertiginosa. Todo en forma desordenada. Todo al ritmo de Calamaro.

“Al Bocha lo invité mil veces a mis recitales, pero hasta ahora nunca pudo venir. A él le debo una canción dedicada. Es un monstruo y en algún momento la voy a hacer para cumplir con esa promesa.”

“Al Bocha lo invité mil veces a mis recitales, pero hasta ahora nunca pudo venir. A él le debo una canción dedicada. Es un monstruo y en algún momento la voy a hacer para cumplir con esa promesa.”

La conversación al paso deriva en la figura de Ricardo Bochini (“lo invité mil veces a los recitales, pero todavía no pudo venir. Ya va a aparecer”, se ilusiona Calamaro, quien alguna vez admitió que le debe una canción dedicada al Bocha); en un par de anteojos que desapareció de la casa del cantante; en la fiesta que Independiente organizó el fin de semana anterior para agasajarse como el campeón internacional del milenio (“los dirigentes me pidieron que hiciera un himno para el club. Tenía algo escrito de hace varios años, pero tengo que ponerme a hacerlo de nuevo”, reconoce el artista); en la música... Hasta que el escenario atrapa al músico. El grupo lo esperaba desde hacía casi dos horas para ajustar los últimos detalles previos al show. Calamaro cambia la cámara por la guitarra y Cambiasso disfruta desde un costado, relegando cada vez más el protagonismo en la situación. “Es un monstruo”, comenta por lo bajo cuando ve que Andrés acomoda la camiseta recién regalada justo delante del micrófono que domina al escenario.

“Maradona es una gran persona...” dice una de las canciones del último disco de Calamaro. El Diez es uno de los amigos futbolistas del músico y participa en “Honestidad brutal” cantando una de las canciones.

“Maradona es una gran persona...” dice una de las canciones del último disco de Calamaro. El Diez es uno de los amigos futbolistas del músico y participa en “Honestidad brutal” cantando una de las canciones.

La relación de Calamaro con el fútbol es larga. Además de su juventud como hincha de Independiente tuvo vinculación con varios jugadores y técnicos. Su amistad con Diego Maradona –grabó un tema en el último disco– ocupó grandes espacios, en forma de fotos y de textos, en los medios. Además, el cantante tiene una teoría que lo une a los futbolistas profesionales. Cuando le preguntan si toma a sus discos solamente como un negocio, explica que los jugadores de fútbol, “más allá de que cobran por jugar, el juego les gusta a veces más que a los que juegan un partido de solteros contra casados. Claro que la necesidad de ganar, para los profesionales, es diferente. En la música, es igual”.

Calamaro lo busca con la mirada y Cambiasso se arrima hasta el centro del escenario. Los efectos del sol matutino y la timidez hacen que la cara del mediocampista de Independiente quede del mismo color que un tomate. Una vez más el músico se lo presenta a la banda y vuelve a manejar la cámara. Otro fan de Calamaro que consiguió meterse por algún hueco en el escenario le pide tocar un tema y Andrés le ofrece una guitarra para que se sume a la prueba de sonidos. Empieza a sonar “Paloma”, uno de los temas de Honestidad brutal, el último disco de Calamaro. A Cambiasso ya se le hizo tarde para el asado, pero la demora está justificada por completo. No se quiere perder nada.

 Finalmente, se despiden, aunque sólo por algunas horas. “Mañana vengo con mis hermanos, maestro”, promete Cambiasso en medio del abrazo. Ya hizo las gestiones para poder volver al camarín un rato antes del show y vivir otro reencuentro con Calamaro. De paso se aseguraba no tener que sufrir el acoso que le tocó vivir a Javier Saviola una semana antes cuando fue a ver uno de los recitales del Gran Rex, a quien los fans de Calamaro no dejaron tranquilo hasta que se apagó la luz en el teatro y empezó a tocar la banda: “Pobre Saviolita, lo que debe haber sido eso. Igual, conmigo no va a pasar”.

Las carreras de ambos estuvieron marcadas por el éxito. Cambiasso jugó muchos años en Europa y en la Selección. Por su parte, Calamaro sigue sacando discos y la gente lo sigue acompañando en sus giras mundiales.

Las carreras de ambos estuvieron marcadas por el éxito. Cambiasso jugó muchos años en Europa y en la Selección. Por su parte, Calamaro sigue sacando discos y la gente lo sigue acompañando en sus giras mundiales.

Recién después del último saludo el mediocampista de Independiente y de la selección juvenil vuelve a sentirse famoso. “Uh, la entrada del teatro va a estar llena de gente y me tengo que ir volando”, se anticipa. Una salida de emergencia, una escalera y una puerta escondida que lo dejan justo en el estacionamiento lo ayudan a mantenerse en el bendito anonimato. Fueron unas pocas horas en las que se vistió de fan y le dejó el protagonismo a otro.

 

Por JUAN MANUEL DURRUTY y MARÍA ORDÁS CARBONI

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