¡Habla memoria!

Alfredo Garassini era Boca

Por Redacción EG · 18 de abril de 2019

Nació en la Boca, vivió para Boca y murió estando con Boca. Garassa fue centro, nervio, acción, amistad, uno de esos tipos únicos, de esos que cuando nacen se rompe el molde para que no haya otro igual.

Boca en el alma, en la sangre.

Desde niño, desde aquel team de menores que aguardó un año para que lo incorporaran oficialmente a la institución, Alfredo Garassini fué de Boca, Como una casita de madera en la barriada, de aquellas que guardaban el bote bajo el piso; como una pincelada de intenso y característico colorido, así fué Garassa.

Nació en la Boca, vivió para Boca y murió estando con Boca, acompañando al equipo en su gira a Santa Fe. De golpe se acabó la expresión más definida y más peculiar de un amor por una institución. Tuvo Boca en su historia larga y pintoresca, incomparable por razones de ambiente, muchas personalidades bien definidas, pero ninguna como Alfredo Garassini. Por el tipo, por ese cariño hecho carne, por ese afecto realizado y hasta por ese hablar salpicado de palabras en genovés en el que hasta las mismas en castellano llevaban el acento del barrio.

Alfredo Garassini en sus tiempos de jugador activo en Boca Juniors, el club por el cual desfiló en todos los puestos y cubiertos siempre con suma eficiencia. Su calidad lo llevó hasta reemplazar a los arqueros en casos de lesiones.

Alfredo Garassini en sus tiempos de jugador activo en Boca Juniors, el club por el cual desfiló en todos los puestos y cubiertos siempre con suma eficiencia. Su calidad lo llevó hasta reemplazar a los arqueros en casos de lesiones.

Nacido en la calle Alegría, ahora Villafañe, fué la alegría desbordante, el chiste a flor de labios, el ruido que hacía de eje en todas las reuniones y viajes. Garassa fue centro, nervio, acción, amistad uno de esos tipos únicos, de esos que cuando nacen se rompe el molde para que no haya otro igual. Quinta, cuarta, tercera, la A, la B, la C, todas las divisiones, ocupó todos los puestos hasta el de arquero cuando su amigo de la infancia, Tesorieri, se lesionaba. ¿Una cena? Garassa. Y a la hora de los brindis, para quien los comenzaba antes de hora, Garassa tomaba la palabra, dirigía el debate, enrumbaba la alegría, la amenidad, y de su persona surgía toda la pirotecnia de la fiesta. Respetuoso, honesto, optimista, confiado, quiso el destino que sufriere la última prueba en el trance amargo de Boca y que lo viéramos reír llorando al salvarse su cuadro del descenso.

Todos los puestos en el campo y los demás complementarios: el de aguatero, de consejero, de componedor que busca siempre amistad, que no admitía rencillas, que quería unir a los jugadores para que fueran amigos porque sabía que allí residía una fuerza que fué su fuerza moral de toda la vida.

Lo dejaron de lado, lo llamaron, lo volvieron a dejar, pero Garassini supo siempre que los hombres pasan y las instituciones quedan. El quedó en Boca como quedara en su historia. Garassa fué algo así como une bandera de Boca, encarnó los colores, la tradición, la gloria. Él era Boca y Boca era suyo, Hasta el exceso, hasta olvidar sus amores hogareños. ¿Boca lo precisaba? Ya no tenía que pensar. Ese era su rumbo, su norte, su amor desinteresado, inconmovible, hecho de sacrificios que nunca fueron tales porque los realizó con inefable afecto. 

 

Garassini jugó en Boca de 1916 a 1920 y de 1921 hasta 1928. Como DT fue campeón con Boca en los torneos de 1943 y 1944. Falleció en un viaje con el equipo a Santa Fe.

Garassini jugó en Boca de 1916 a 1920 y de 1921 hasta 1928. Como DT fue campeón con Boca en los torneos de 1943 y 1944. Falleció en un viaje con el equipo a Santa Fe.

 

De niño formó un día ala con Calomino, con uno de sus grandes ídolos de la más tierna infancia y se apichonó junto a la gloria. "¿Yo con usted?", se atrevió a preguntar dudando en el día del debut inolvidable. "Sí, conmigo". Y fué el insider de lo que para Garassa era una leyenda, no ere un hombre, no era un jugador. Y se la entregó cortada, rasante, como fueron sus pases.

Participó de la gira de Boca por el Viejo Mundo hace ya un cuarto de siglo y por allá fué el torrente chispeante de sus dichos, de sus relatos, de sus cuentos. En una estación de Alemania y a la espere del tren, pitó el cigarrillo, se quitó el sombrero y comenzó como un ilusionista a accionar. Puso el cigarrillo bajo el sombrero. "Nada por aquí..." y un pase de manos misterioso. "Nada por acá", y otro pase. Todo en genovés. Se juntaron los transeúntes, la barra de amigos se desternillaba de risa, Garassa continuaba con su "arte". Levantaba los brazos, imploraba, volvía a sus pases de manos y te pronto levantó el sombrero, extrajo el cigarrillo, pitó y exclamó: "Yo lo dejé encendido y ahora está apagado". Eso tan simple, tan ingenuo, solamente lo podía hacer Garassini. Quería alegrar, Para eso había nacido en la calle Alegría, cerquita de la plaza en donde surgiera Boca, el club que él habría fundado de no haberlo encontrado ya fundado.

Ese torrente de chistes contó siempre con un corazón tierno y, en medio de las risas, Garassa fué un empleado cumplidor de los que escalaron posiciones a fuerza de constancia sin renunciamientos. Pero por encima del bancario y del jugador completísimo y eficiente en donde lo pusieran se irguió el amigo, porque para Garassa la amistad era una religión.

Vivió su vida en la Boca y junto a Boca. Lejos de la Boca y acompañando a su Boca en los partidos en Santa Fe, se apagó Garassini. Pero en su barriada seguirá su recuerdo resistiéndose al tiempo, como guapean las casitas de madera ante el material que avanza y las arrasa. Mientras haya una, mientras quede un amigo. Garassa seguirá viviendo. Tendrá que abatirse la última chapa de cinc, ceder el último peldaño de las crujientes escaleras de madera; tendrá que cerrarse al cielo el último patio de esos que se visten de fragata con sus ropas puestas a secar, para que el olvido vaya cayendo sobre ese jirón de barriada y de club que fué Alfredo Garassini

 

Por: R. L. (1950)

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