¡Habla memoria!

1955. La muerte de Alberto Ascari

Por Redacción EG · 11 de abril de 2019

En Monza perdura el triste recuerdo, lleva su nombre la curva en donde el piloto de Fórmula 1 perdió la vida probando un sport prototipo. Un hecho que conmocionó al mundo del automovilismo.

Gran muchacho y gran volante. En toda circunstancia lo ha repetido Juan Manuel Fangio refiriéndose a quien siempre consideró como su más calificado adversario. Es que lo era realmente. Simpático, correcto, capaz. No lo decimos porque haya caído para siempre en la pista de Monza. Repetidas veces lo hemos consignado. Además, no podemos olvidar que en nuestro país obtuvo sus primeras victorias de importancia.

Cuando vino a competir en el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires, realizado en el circuito de Palermo el 29 de enero de 1949, era un discípulo de Gigi Villoresi y "el hijo de Ascari". Carecía de antecedentes mayores. Tuvo un debut felicísimo llevando la Maserati a la victoria. Dijimos entonces que había respondido a su estirpe. La verdad es que su actuación entre nosotros se producía en el momento en que Alberto iniciaba su ascensión al primer plano mundial. Es seguro que habría sucedido en cualquier lugar. Pero quiso el destino que fuera aquí, como dos años atrás ocurriera con Gigi cuando vino siendo nada más que un segundo del maestro inolvidable que fue Aquiles Varzi. Lo vimos ganar de nuevo el 18 de diciembre de 1949 en Palermo, cuando por segunda vez inscribió su nombre entre los vencedores del premio que lleva el nombre de nuestra ciudad. El 15 de enero de 1950 triunfó en Mar del Plata. En ambos casos con Ferrari. Y con esa marca conquistaría la primera prueba con puntaje para el campeonato del mundo el 18 de enero de 1953 en el Autódromo Municipal "17 de Octubre". En algún lado habría de producirse su salto hacia la fama automovilística, pero aquellos sus primeros éxitos le acompañaron siempre como gratísimo recuerdo suyo y nuestro también. Porque fue desde aquí donde saltó a la popularidad, que dejó de ser un discípulo de Gigi y "el hijo de Ascari sin dejar de serlo. Porque en adelante, cada vez que mencionábamos a él y a su padre, fue de otra manera, fue reconociendo que el hijo agregaba fama al apellido y llegaba mucho más lejos que su progenitor. Muy borrosos recuerdos tenía Alberto de su padre. Cuando Antonia cayó para siempre en la pista de Monthlery durante la disputa del Gran Premio de Francia en 1925 el hijo era un niño de siete años. Pero a su memoria se remitía siempre, y antes de las largadas buscaba un aparte, donde nadie lo viera, y elevando sus ojos al dele pedía protección a su padre. El papá murió el 26 de julio de 1935 a los 39 años de edad. Había nacido en la provincia de Verona. Alberto nació en Milán el 13 de julio de 1918.

En la última temporada internacional lo volvimos a ver en el Autódromo al comando de la Lancia. Bien recordamos el momento en que pasó al frente con su natural pujanza y habilidad. Luego se fue de pista. Señalamos entonces que las Lancia no se mantenían en el camino. Si entrar en trompo es cosa que le sucede al más astro, aunque se llamara Ascari, la verdad es que todas esas máquinas acusaron dificultades extremas de conducción.

Después de esa primera reunión se fue por resolución del director del equipo. Y no lo hemos vuelto a ver, ni ya lo veremos, nosotros que siempre lo esperábamos. Porque una temporada internacional sin Ascari no lo era plenamente. Exigía la presencia del mejor volante europeo y, en lo particular, el encuentro de los dos astros mundiales: Ascari y Fangio. Se habían repartido los últimos cuatro títulos. Se respetaban, se estimaban, como respetábamos todos a Alberto y como lo hemos estimado. Por lo que valía en sí como muchacho y como corredor, y también porque lo considerábamos un poco nuestro. Nos lo permitían los recuerdos comunes. "Tu vida está ligada al automovilismo argentino", solíamos decirle. Alberto lo ratificaba con palabras y sonrisas.

 

Alberto Áscari corriendo la Maserati en su debut triunfal en nuestro medio, el 29 de enero de 1949, cuando conquistó el Gran Premio Ciudad de Bs. Aires, realizado en el circuito de Palermo. Dijimos entonces que había respondido a su estirpe recordando a su padre caído en Monthlery en 1925. El trágico automovilismo los ha juntado ahora.

Alberto Áscari corriendo la Maserati en su debut triunfal en nuestro medio, el 29 de enero de 1949, cuando conquistó el Gran Premio Ciudad de Bs. Aires, realizado en el circuito de Palermo. Dijimos entonces que había respondido a su estirpe recordando a su padre caído en Monthlery en 1925. El trágico automovilismo los ha juntado ahora.

 

En esta tierra en la que llegó a ser figura familiar un Tazio Nuvolari a quien nunca vimos; en esta tierra en donde se forma un equipo nacional y lleva a escenarios europeos el nombre de Aquiles Varzi como homenaje sentido al maestro, lógico y humano era que consideráramos un poco nuestro a Alberto. Por eso nos golpea muy hondo, por eso cuando supimos de su calda pensamos en que cuatro días antes se fue al agua en el circuito de Montecarlo y que si en el momento dijimos "¡qué suerte!", al saber que apenas tenía unos magallones, luego pensamos en que habría sido de desear un poco menos de fortuna, algo que lo hubiera retenido escasos días más sin serle posible montar sobre un coche de carrera para así sortear la sesión del entrenamiento fatal. Pero en ello pensamos ahora que ya no tenemos aquel refugio, que esa esperanza no lo fue en su momento y ahora tampoco existe. No obstante, buscamos lo que pudo ser frente a lo que tristemente es. Pudo ser aquello, esto, lo otro, lo de más allá..., cuando la única realidad es ésa: la del más allá. Y ni siquiera sabemos de que lo sea, porque también ese más allá es una esperanza que nos acompaña toda la vida o procuramos asirnos a ella, en tanto de lo hondo del escepticismo nos sacude una palabra: nada.

Pudo ser, pudo no ser, debió ser... y como en el escéptico "nada" nos sale al cruce una realidad: es el trágico automovilismo. Cuando vino Alberto por primera vez, en esos días cayó en una sesión de entrenamiento aquel caballero azul que fue Jean Pierre Wimmille; días más tarde perdimos a uno nuestro en Mar del Plata, a Pocholo Malusardi. Es el trágico automovilismo, no fue el volante rígido de la Simca, no fue un desequilibrio de chasis. Fue lo que es, lo que hace treinta años también se llevó a Antonio Ascari dejando un niño que, de grande, se remitía a su memoria y le pedía protección. Y el hijo marcha ahora dejando dos hijos.

Creamos, necesitamos creer que padre e hijo se están abrazando fuerte allá lejos, bien lejos de este escepticismo que hace más duro el golpe.

Ricardo Lorenzo.

 

La última frenada, en Monza quedará el triste recuerdo

 

Ya por entrar en máquina el presente número de nuestra revista nos han llegado fotografías del accidente fatal sufrido por Alberto Ascari. Son las que aquí insertamos acompañándolas con la que le fuera tomada en Montecarlo antes de la partida de la que habría de ser la última carrera del celebrado volante italiano y ex campeón mundial.

 

Ultima fotografía del famoso corredor sentado en un coche de carrera. Se le tomó antes de la partida de la prueba de Montecarlo.

Ultima fotografía del famoso corredor sentado en un coche de carrera. Se le tomó antes de la partida de la prueba de Montecarlo.

 

En los días subsiguientes a la tragedia se han publicado algunas posibles razones determinantes del luctuoso suceso. Ninguna de ellas es concreta. Faltaron testigos oculares que dieran una versión exacta. De ahí las suposiciones: que la Ferrari que le cediera a Ascari su amigo Castellotti era muy celosa en su conducción, que el propio colega le advirtió a Alberto de ello, que el astro europeo acaso haya sufrido un amago de vahído, etcétera. Nada se sabe a no ser la única verdad: la de que Ascari perdió la vida probando un coche.

 

Ha muerto Alberto Áscari. Sobre su detenido corazón se ha colocado un gran moño con los colores de Italia. Los llevaba más adentro y a ellos les brindó lo mejor de su vida de magnífico volante y de correcto deportista. Ellos vibran sobre el corazón que momentos antes ha dejado de latir.

Ha muerto Alberto Áscari. Sobre su detenido corazón se ha colocado un gran moño con los colores de Italia. Los llevaba más adentro y a ellos les brindó lo mejor de su vida de magnífico volante y de correcto deportista. Ellos vibran sobre el corazón que momentos antes ha dejado de latir.

  
La viuda de Áscari asciende al coche de Villoresi después de haber visto a su marido ya sin vida.

La viuda de Áscari asciende al coche de Villoresi después de haber visto a su marido ya sin vida.

 

En la calzada quedaron huellas de la fuerte frenada. Por ello se admite que Procuró mantener la máquina en la pista en un esfuerzo que sería el último.

Si en automovilismo está previsto hasta lo imprevisto, verdad es que nadie podía imaginar que Ascari caería para siempre en una sesión de entrenamiento, que no era tal para él, pues se trató de probar una máquina sport que le cedió su amigo Castellotti. Es aquello de "¿querés dar una vuelta?" o "¿me dejas dar una vuelta?", cosa común entre los volantes. Se cuenta que hubo chistes previos y que Ascari se refirió a su "experiencia de buzo”. Por lo acontecido días antes en Montecarlo.

 

Estado en que quedó la Ferrari sport después del accidente. La máquina se salió de la pista y dio varios violentos tumbos, como lo expresan los deterioros que presenta la carrocería del coche.

Estado en que quedó la Ferrari sport después del accidente. La máquina se salió de la pista y dio varios violentos tumbos, como lo expresan los deterioros que presenta la carrocería del coche.

 

En la puta de Monza quedaron bien marcadas Las huellas de la última frenada de Áscari en su esfuerzo por mantener el coche sobre la calzada. Aunque el tiempo las borre de la superficie, ellas quedarán por años en el recuerdo.

En la puta de Monza quedaron bien marcadas Las huellas de la última frenada de Áscari en su esfuerzo por mantener el coche sobre la calzada. Aunque el tiempo las borre de la superficie, ellas quedarán por años en el recuerdo.

 

Si el automovilismo deportivo es peligroso, como bien nos consta a todos, esa "probada" era, aparentemente, la menos peligrosa de la profesión. Sin embargo, en ella quedaría para siempre un maravilloso volante y un magnífico deportista. En el epígrafe en que nos referimos a las huellas dejadas en la pista por la última frenada de Asean decimos que aunque el tiempo las borre de la calzada por mucho han de quedar en el recuerdo. Y así será. Porque ellas se han grabado más hondamente. De ahí el sentimiento unánime ante la tragedia.

 

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