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De Felippe: Los hermanos sean unidos

Por Redacción EG · 07 de octubre de 2012

Se llevan seis años y desde hace tres comparten el banco de suplentes como técnico y ayudante. Después de casi una década como segundo de Falcioni, el excombatiente Omar decidió convocar a su hermano y no les va mal: ya lograron dos ascensos, mandaron a River a la Promoción y hoy conducen a un sorprendente Quilmes.

    Nota publicada en la edición de octubre de 2012 de El Gráfico 

LAS CANAS de Omar marcan quién es el DT. Detrás, Walter, el hermano menor, su ayudante.

LAS CANAS de Omar marcan quién es el DT. Detrás, Walter, el hermano menor, su ayudante.

Con Osvaldo Omar De Felippe (“No me digas Osvaldo porque no le doy bola, no me gusta”) la cita periodística siempre tuvo fecha y motivo predeterminados. En la antesala de cada 2 de abril, al cumplirse un nuevo aniversario de la recuperación de las Islas Malvinas, en cualquier redacción de deportes que se buscara un testimonio al respecto, el llamado a De Felippe pagaba 1,20 en Bwin. Por ahí había una preguntita al pasar, para entrar en calor, por su andar como ayudante de campo de perfil subterráneo de Julio César Falcioni, alguna breve referencia a su pasado como futbolista que no logró consolidarse en la A, pero el foco de la nota, inevitablemente, recaía en las peripecias del excombatiente que batalló en las islas hasta el último día de la guerra.

A Walter Fabián De Felippe (sin complejos de primer nombre), el hermano seis años menor, ni siquiera se lo buscaba por eso. Aunque resultó ser el mejorcito de los dos con la pelota y su carrera como futbolista alcanzó un grado mayor de notoriedad, no era suficiente para incluirlo en la agenda periodística de los grandes medios.

Hoy, a Omar De Felippe se lo requiere por su rendimiento como entrenador. Por su presente antes que por su pasado. Por haber conseguido en apenas 3 años y medio dos ascensos a Primera División, uno con Olimpo (2009/10) y otro con Quilmes (2011/12, en coparticipación con Caruso Lombardi, y en el medio haber propiciado como actor principal la hecatombe futbolera del siglo, hablamos del descenso de River, con el humilde conjunto de Bahía Blanca).

Hoy, a Omar se lo convoca para que explique cómo construye equipos desde la modestia, cómo mentaliza a sus hombres para que no renuncien al protagonismo y a la posesión aun en inferioridad de condiciones, cómo mantiene rostro y discurso inmutables aun goleando al super Boca de su amigo Falcioni. Y Walter aporta al interés periodístico porque es el hermano y su ayudante de campo. Y porque no abundan casos familiares de este tipo, sacando el de sus contemporáneos Mellizos Barros Schelotto y el de Jorge y Eduardo Solari, que alguna vez condujeron el destino de Arabia Saudita en el Mundial 94. Y porque siempre resulta atractivo imaginar si en la cena familiar la siguen con panes, cubiertos y vasos.
De Felippe Hermanos, para servirlos desde el banco. Respaldo y seriedad.

OMAR empezó como ayudante de Ricardo Zielinski en la B Metro con San Telmo.OMAR empezó como ayudante de Ricardo Zielinski en la B Metro con San Telmo.

CORTAR EL CORDON
“Donde diga Omar, yo acá obedezco, soy el segundo”, admite Walter –va a la canción de parecidos de TVR con Humbertito Grondona-, ante la consulta sobre dónde se arma la foto. Segundo y hermano menor, no tiene muchas opciones.

-¿De quién fue la idea de trabajar juntos?
-Mi vieja me dijo: “Llevate a este que está sin laburo”, ja, ja –arranca Omar-. En realidad, ya habíamos hablado de que si me salía un laburo como principal, íbamos a ir juntos.

¿Cómo es la historia de los ayudantes de campo? ¿Nacen para ser segundos? ¿O la vivencia al lado de un DT con mayor experiencia se toma como un primer escalón de aprendizaje, la pasantía de un par de años de trabajo práctico final luego del curso teórico?

Omar arrancó en las Inferiores de Atlanta al mismo tiempo que Julio Falcioni. Allí se conocieron y se hicieron amigos, y luego de casi 10 años de trabajo en conjunto, llegó la hora de la independencia.

-Empecé como técnico en Inferiores –retoma Omar- y al no tener una carrera extraordinaria debía mirar todo. Como jugador prestaba mucha atención a los técnicos, qué hacían, qué decían; si veía un trabajo que me gustaba, lo anotaba. En ese momento no se trabajaba como hoy, el fútbol en los últimos 10 años ha sufrido un cambio tremendo. Hice el curso de técnico y la idea era empezar de abajo. La pregunta que siempre me hice es si uno está preparado para convencer a otros, por eso empecé con los chicos. “Si no puedo convencer a un pibe, tengo que poner una verdulería”, pensaba. Y bueno, empecé de a poquito, me pasaron cosas lindas laburando con los pibes. Después fui ayudante del Ruso Zielinski y más tarde de Julio.

-¿Y ahí ya te imaginabas como DT principal en algún momento?
-Sí, sí, pensaba que si seguía incorporando cosas por ahí se daba, aunque a la vez sabía que iba a ser difícil porque no había tenido trayectoria como jugador, lo mío iba a tener que ser con los remos (gesticula con los brazos). Un nombre te abre puertas muchas veces, y si no lo tenés, nadie se la juega por vos.
-Y ojo que hay mucha gente que sabe –se suma Walter- y labura desde abajo, pero después no se le dan los resultados y desaparece del medio. Chau, así que la dosis de suerte juega en esto, más allá de que uno persevera e intenta estar siempre actualizado.

LOS HERMANOS en Olimpo, equipo con el que ascendieron.LOS HERMANOS en Olimpo, equipo con el que ascendieron.

Omar cortó el cordón falcionista en marzo de 2009. Jorge Ledo, el presidente de Olimpo, lo conocía bien. No porque los De Felippe hubieran nacido en Bahía Blanca, como se consigna erróneamente en wikipedia (puede fallar, diría Tu Sam), sino por el paso del excombatiente por su club como jugador y luego como ayudante de Falcioni. Omar y sus dos hermanos menores son de Mataderos y se criaron en los potreros de Villa Madero jugando de sol a sol, como casi todos en esos tiempos sin Play ni iPad.

En 2009, después de un año sin trabajo, Julio César y Osvaldo Omar se reunieron con los dirigentes de Banfield para sellar el regreso a la institución del sur. De Felippe salió de la casa de su amigo y mientras regresaba manejando, sonó su celular. Era Jorge Ledo. Le ofrecía ser el técnico de un equipo que peleaba por no bajar del Nacional B al Argentino A.

-“Te necesito acá; si no venís ahora, no venís nunca más”, me dijo Ledo, y no me dio chances. Ya le había dicho 'no' una vez a él y otra a Villa Mitre, y no me iban a quedar muchas oportunidades de seguir rechazando propuestas. Hablé con mi familia, después con él (señala a Walter) a ver qué pensaba y por último llamé a Julio. Me quería matar... Al otro día fui a su casa a dejarle unos trabajos y ahí me aconsejó que le diera para adelante, me deseó lo mejor y me dijo que estaba para lo que necesitara.

-Walter, ¿qué pensaste en ese momento?
-No estaba ansioso y sabía que en algún momento se iba a dar. Yo había sido técnico principal en 9 de Julio de Rafaela y en ese momento dirigía en las Inferiores de Huracán. Lo charlé con Babington, que nos conocía bien a los dos desde pibes, y tampoco puso ningún reparo en que me fuera.

-Es más relajado ser ayudante, ¿no?
-Más o menos –continúa Walter-. Ahora, después de un tiempo de trabajo, está bueno, al principio Omar me parecía muy estricto. Es muy detallista y yo lo tomaba como una carga muy grande, pero con el tiempo reconozco que aprendí y sigo aprendiendo muchísimo.

-Fue difícil la adaptación apenas arrancamos –detalla Omar-. Yo venía con un ritmo altísimo. Con Julio tuvimos un ida y vuelta bárbaro desde el primer día, nos mirábamos y sabíamos qué quería el otro. Agradezco el lugar que me dio Julio para trabajar, no cualquiera se abre para darte ese espacio, eso te genera una confianza tremenda. Yo quiero que la gente que esté a mi lado se desarrolle; en otra época el técnico hacía todo y el ayudante de campo estaba medio dibujado, a mí me gusta que la gente esté integrada, que todo el mundo se sienta parte.

WALTER Fabián jugó en Huracán, donde ascendió en la temporada 89/90. WALTER Fabián jugó en Huracán, donde ascendió en la temporada 89/90.

-¿Qué taréas cumplís, Walter?
-Veo los videos nuestros y de los rivales, analizo los partidos. En realidad, lo hacemos cada uno por su lado y después comparamos.

-Yo confío en él porque es mi hermano, por la capacidad y porque también necesito escuchar una idea distinta –completa Omar, la voz cantante-, pero lo escuchó a él y también a Grelak, el otro ayudante, a los profes, al entrenador de arqueros, al psicólogo Darío Mendelsohn, al nutricionista Luciano Pena, a Carlitos Di Pascua, con los videos. A mí me toca tomar las decisiones, pero me gusta integrar, esto es un trabajo muy dinámico, interdisciplinario, el fútbol de hoy tiende a eso. Al jugador se le da mucha información desde un montón de lados: trabajos en cancha, detalles del rival, cómo se tiene que cuidar, qué comer. Antes no teníamos nada, había que esperar que terminara de jugar la 7ª para agarrar la única pelota que había. El entrenamiento se hacía en el barrio, era otra cosa.

-¿Se pelearon alguna vez?
-Por un trabajo de campo una vez, ¿no? –duda Walter.

-Sí, al principio fue lo más complicado, yo venía al palo trabajando con Julio y este venía demasiado tranquilo, en otra sintonía.

-Y cuando van a comer a lo de mamá...
-Normal, podemos hablar de fútbol como podemos no hablar –se adelanta Walter-. También está Tito, el del medio. De fútbol, nada, pero las computadoras te las arregla bárbaro. Es hincha de San Lorenzo.

-¿Y qué dice la madre?
-Sufre por duplicado –sigue Walter-. Está contenta, cuando jugamos en Vélez va a la cancha, es cerca de su casa. Nos critica siempre.

OSVALDO OMAR empezó en Huracán, adonde volvió luego de un paso por Mar del Plata y Colombia.

OSVALDO OMAR empezó en Huracán, adonde volvió luego de un paso por Mar del Plata y Colombia.

ALERTA A TODO
“Es humano. Nosotros lo cuidamos”. El eslogan de la prepaga médica Galeno está escrito a un costado de un rostro gigante de Lionel Messi. Hay dos caritas del genio, en realidad, justo enfrente del banco de suplentes del estadio de Quilmes. Como para no tentarse.

-Si lo tuviéramos aunque sea 5 minutos por partido... –sueña Walter.

-Son cosas inalcanzables, otra realidad –lo devuelve Omar a la tierra.

Después de las fotos en el banco, la charla se desarrolla en el vestuario visitante. En ese mismo recinto, hace un año y monedas, los De Felippe se vistieron de verdugos del Quilmes de Caruso (y de River, que cayó en la tan temida Promoción). Paradojas del destino, unos meses después, los De Felippe se instalaron en el vestuario que está del otro lado del hall, y devolvieron a Quilmes a Primera.

-Aquella tarde nos metieron adentro del arco –evoca Omar-, nosotros habíamos preparado el viaje a Córdoba para jugar la Promoción con Belgrano sin volver a Bahía. Al venir uno de tan abajo, tenés que estar mirando todo. Tengo muchos amigos de River que me dicen: “No te queremos ver ni en figuritas“. Claro, encima, después de eso peleamos con ellos por el ascenso a Primera.

-¿Le cambiaste muchas cosas al equipo de Caruso?
-Algunos detalles pudimos introducir: tratar de tener más la pelota, presionar un poco más adelante, pero básicamente fue el mismo equipo. Ricardo tiene mucha habilidad para armar planteles, uno no le saca méritos, al contrario, pero el tema es pegar justo y nos tocó ascender a nosotros.

-¿Cuál es tu ideal de equipo?
-Me gusta que mis jugadores sean protagonistas, que se animen a jugar. Lo más importante de un técnico es convencer a un equipo de lo que se puede hacer. Si se sienten cómodos en esa idea, seguramente lograrán mucho.

A la hora de elegir al mejor técnico argentino, los De Felippe coinciden: Bielsa y Bianchi. No ocurre lo mismo cuando la mirada abarca al resto del mundo; Walter elige a Ferguson; y Omar, a Guardiola. Falcioni es el gran amigo del hermano mayor y Teté Quiroz, del menor. Los dos quedaron impactados cuando enfrentaron a Enzo Francescoli. “Hizo un gol de chilena en cancha de Huracán, que te daban ganas de ir a abrazarlo, y eso que lo estábamos marcando”, sonríe Omar. “Y yo también tuve la suerte de enfrentar a Maradona, cuando estaba en Newell’s”, no olvida Walter. “Lo de Diego es muy fuerte –completa Omar-. Una vez, en una cena de los técnicos, vino Maradona a saludar a las mesas. Se me apoyó con la mano en el hombro y no me animé a decirle absolutamente nada, soy muy tímido”.

Walter es el hermano menor, ya se dijo, y tiene tres hijos: Giuliana, Candela; y Matías, que juega al baby. Omar, el mayor, tiene a Bianca, de 5 años. Curioso, ¿no?

-Es que yo me arrimé de grande –sonríe tenuemente Omar.

-¿Tiene que ver con Malvinas?
-Probablemente tenga que ver con el trauma de mi vida, algo debe haber. Yo era duro de roer, hasta el último momento me resistí.

-¿A qué edad te casaste?
-No, no. No me casé, estoy juntado, ojo que no me entregué totalmente (risas ya no tan tenues).

-Muchos soldados que volvieron de Malvinas se suicidaron, ¿a vos se te cruzó esa idea en algún momento?
-No, porque para mí las cosas fueron difíciles desde antes de Malvinas. Yo perdí a mi viejo de un ataque al corazón cuando tenía 7 años y Walter apenas uno. A mí me faltó mi viejo, no tuve espejo, no tuve guía, siempre la tuve que luchar. Cuando fui a las islas ya estaba bastante curtido, y eso me terminó dando una gran fortaleza para sobrevivir en la guerra. Malvinas me obligó a pensar: te la tenés que arreglar. De alguna manera te la tenés que arreglar. Por eso digo que Malvinas fue duro, pero la vida había sido mucho más dura antes, en realidad. Igual, al regresar tuve que hacer dos años de terapia para acomodarme. Desde entonces, vivo alerta. Yo estoy manejando o dirigiendo una práctica y siento que estoy atento a todo. Es algo que tenía y que me potenció Malvinas.

Atento a todo. En estado de alerta permanente. A Omar De Felippe, hoy, se lo busca por las campañas de sus equipos. Pero a las Malvinas las lleva en la piel. En cada gesto, en cada mirada. Y a mucha honra.

LAS MALVINAS NO SE OLVIDAN
Omar De Felippe fue dado de baja del servicio militar el 23 diciembre de 1981 y el 9 de abril del 82 fue citado para ir a las Malvinas, donde estuvo hasta el 14 de junio, el día de la rendición. Aquí, algunas reflexiones, 30 años después de la guerra.

- “Al volver estuve como siete años sin hablar del tema, pero después de pensarlo y elaborarlo bien, decidí no callarme más. Lamentablemente, los argentinos nos olvidamos rápido de las cosas, por eso creo que a los que nos tocó estar debemos recordar lo que pasó, que hubo una guerra que nos tocó perder”.

- “De Malvinas me duelen los muertos y me enorgullece el excombatiente, la pasión que ha mostrado es inigualable. Me da bronca que por mucho tiempo nos hayan tenido olvidados, escondidos, sin atención médica, por suerte ha mejorado todo en los últimos años, aunque siguen faltando cosas. Yo soy un privilegiado: pude volver bien, reinsertarme y trabajar de lo que me gusta. Eso fue muy valioso”.

- “Si mis jugadores no me consultan, no les cuento, yo no voy a sacar chapa, yo no quiero vivir de Malvinas. Ahora, si alguno lo hace, le cuento mi experiencia. Claro que me duele que no pregunten o que no sepan”.

- “Al principio, en las islas, algunos pibes se herían a propósito para volver a sus casas. Limpiaban las armas y hacían como se les escapaba un tiro y se lo daban en el pie. En un momento los jefes se dieron cuenta, porque se empezaron a multiplicar los casos. A mí nunca se me cruzó por la cabeza hacer algo así, no por héroe sino porque pensaba en volver a jugar en Huracán. Mi miedo era perder algún miembro y no poder jugar nunca más”.

- Ahora el que mete un bocadillo es Walter, para contar cómo se vivía la guerra en su casa: “Yo era chico pero recuerdo que había mucho silencio, mi vieja lloraba, nos desesperábamos cada vez que pasaba el cartero, por ver si traía noticias de Omar, y estábamos muy atentos a los comunicados oficiales. Fue terrible al final, porque hubo un combate y no teníamos noticias de nada, incluso después de la rendición; hasta que un conocido llegó con una campera de Omar, nos dijo que estaba vivo en Campo de Mayo y nos tranquilizó”.

- “Volví de Malvinas y choqué tres veces en un día el Fiat 1.600 que habíamos sacado con mi vieja. Quedó en el taller dos meses tirado, porque no lo podíamos pagar. Estaba muy alterado, ahí entendí un poco por qué al volver de las islas nos dejaron un par de días en Campo de Mayo: para engordarnos y calmarnos”.

- “Pesadillas no tuve nunca pero en los primeros años se me aparecían imágenes de la guerra. Al principio, veía pasar un avión y la mirada indefectiblemente iba hacia ese lugar. También llegué endurecido en lo sentimental, era una roca, por todo lo que había visto y vivido, pero con los años y las sesiones de psicología me fui ablandando. Ahora es distinto y disfruto más de las cosas”.

- “Mis compañeros de Huracán me decían 'gurka' y en las concentraciones, entraban a la habitación y gritaban ‘Cuerpo a tierra’, y se metían debajo de la cama. Era para que lo tomara con humor, para hacerlo natural. Me ayudó mucho”.

- “Cada vez que vamos a jugar al Interior, se acercan de los centros de excombatientes, charlamos, me gusta recibirlos, ver cómo están, tenemos algo en común y me parece muy bueno estar conectados. Nunca volví a las islas, pero en algún momento se dará”.

Por Diego Borinsky. Fotos: Hernán Pepe y Archivo El Gráfico

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