Las Crónicas de El Gráfico

1964. El campeón que no baja los brazos

Por Redacción EG · 16 de enero de 2020

El campeón de 1963 va a Córdoba en busca del aire puro de las sierras. La cura dio resultado: ese equipo de Independiente será el primer club argentino campeón de América. Los exitos siempre tienen explicación.

Llega a su fin la serie de verano. La iluminación de Independiente, proyectada por el ingeniero Malbernat, ha puesto ambiente de excepción a una actuación promisoria.

 El equipo está. No hay que salir a buscarlo. La Copa de Campeones  (hoy llamada Libertadores de Ámerica) se aproxima, el campeonato local también, y el plantel acusa la fatiga derivada de la continuidad de partidos.

 

El asado no se come en la mesa con cubiertos en este viaje, se come con la mano y guitarreando. El compañerismo se afianza.

El asado no se come en la mesa con cubiertos en este viaje, se come con la mano y guitarreando. El compañerismo se afianza.

 

No hay decaimiento en el trabajo general de cancha, pero los rostros muestran las primeras señales de saturación futbolística. Giudice y González García (D.T. y Preparador físico) coinciden en la necesidad de hacer un alto en el largo camino.

Y se va a Córdoba: es el primer viaje del año que emprende Independiente en procura del aire puro de las sierras.

 

Trece de los jugadores del plantel campeón 1963, posan sobre un dique para el fotógrafo de El Gráfico Humberto Speranza.

Trece de los jugadores del plantel campeón 1963, posan sobre un dique para el fotógrafo de El Gráfico Humberto Speranza.

 

Se realiza en la segunda quincena de marzo.

Se va a olvidar la responsabilidad de compromisos recientes. El plantel quiere un "aflojamiento mental" en la misma medida que sus músculos.

 Independiente da rienda suelta a su humor, a un optimismo que también ha sido gravitante en la gran campaña. No hay rostros serios. NO HAY ACOMPLEJADOS.
 

Al "nuevo pelado" Tomás Rolán lo atacan de todos lados: Héctor Zerrillo le tira la oreja y Rubén “Hacha Brava” Navarro le trata de tirar del pelo que ya no tiene. Detrás el otro pelado , Miguel Mori, suplica para que no le toque el turno a él.

Al "nuevo pelado" Tomás Rolán lo atacan de todos lados: Héctor Zerrillo le tira la oreja y Rubén “Hacha Brava” Navarro le trata de tirar del pelo que ya no tiene. Detrás el otro pelado , Miguel Mori, suplica para que no le toque el turno a él.

 

Sobran sonrisas y la comprensión hace el resto. Independiente también se abraza a sus cábalas:

 —Mario Rodriguez no quiere que el equipo sea fotografiado antes de los partidos.

—Jorge Maldonado anuncia el propósito de dejarse la barba, repitiendo su promesa exitosa de 1960.

—Ferreiro no se separa del fetiche boliviano que le dio suerte en el torneo de 1963.

   

Ronda de canto. Parado a la izquierda el paraguayo Felix Arambulo; de frente Bernao, Ferreiro, Decaria (con guitarra verdadera), Navarro con guitarra imaginaria y el uruguayo Tomas Rolán.

Ronda de canto. Parado a la izquierda el paraguayo Felix Arambulo; de frente Bernao, Ferreiro, Decaria (con guitarra verdadera), Navarro con guitarra imaginaria y el uruguayo Tomas Rolán.

 

Llegan las críticas de los amargados de siempre. Los abanderados de un puritanismo que no concibe la risa vuelven a poner el grito en el cielo y protestan. Protestan, aferrados tal vez a la minúscula lente por la que ven desfilar el mundo.

Independiente no hace caso. Independiente sigue. Maldonado ve crecer la "pera" día a día. Mario Rodríguez quiere que el equipo no se forme ante los fotógrafos. Nadie le quita la pelota a Ferreiro en el instante de pisar la cancha.

¿Qué más podemos hacer? Paflik, Mori, Rolan, De la Mata y Guagliardi se rapan el cabello. La resolución tiene sentido humorístico para algunos, tono absurdo para otros, pero en el plantel de Independiente se toma como un aporte más a la voluntad de vencer, a una fe que busca estímulos permanentes... a una decisión de cinco muchachos que no han vacilado en ironizarse a si mismos.

   

Cinco hombres con tijera a fondo: José Paflik, Miguel Mori, Tomás Rolan, el brasileño Beni Guagliardi y Vicente De la Mata.

Cinco hombres con tijera a fondo: José Paflik, Miguel Mori, Tomás Rolan, el brasileño Beni Guagliardi y Vicente De la Mata.

 

La cura da sus frutos.

El compañerismo se afianza.

Sol pleno. Baños prolongados al aire libre.

Caminatas a torso desnudo en medio de las sierras. ¿Dónde hay una pelota?

 Las ganas de jugar están en cero kilómetro. Ya pueden volver a la cancha.

Las estribaciones cordobesas se pierden del paisaje de los campeones.

 

Fotos: Humberto Speranza (1964)

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