Las Crónicas de El Gráfico

1992. Argentina vs. NBA

Por Redacción EG · 11 de septiembre de 2019

Un acontecimiento histórico vivió el básquetbol argentino en Portland. La selección nacional enfrentó por primera vez a los monstruos norteamericanos, la clasificación no pudo lograrse, pero esa noche será eterna.

Me invaden las frases de los protagonistas.

"¿Argentina? Ohhh, I don't know" (No lo sé).

"¿Argentina? Good fish, very good..." (Buen pescado, muy bueno).

"¿Argentina? Ooohhh, Maradona, steak... Nothing more" (Maradona, bife, nada más).

"¿Magic Johnson? Qué te puedo decir, es mi idolo, me muero por tener su camiseta para ponerla en un marco".

"Es el sueño del pibe, ¿quién no quiere jugar con Michael Jordan y los monstruos de su deporte. No, esto no es cierto..."

 

Hugo Suerte, de El Gráfico saluda a la leyenda. Michael Jordan.

Hugo Suerte, de El Gráfico saluda a la leyenda. Michael Jordan.

 

"Huuuyyy, Dios, ¿te puedo dar la máquina de fotos? Yo me acerco y vos dispara, alguna va a salir".

Descubra usted cuál es la respuesta de un jugador de la NBA y cuál la de un argentino que en la noche del miércoles 1° de julio de 1992, aquí en Portland, se miraron cara a cara —indiferencia y asombro, desconocimiento y admiración, a quién tendré que marcar, uuuhhh, allí está Michael Jordan— frente a los 12.884 espectadores que llenaron el Memorial Coliseum, 16 cámaras de la cadena televisiva TNT (una de ellas ubicada en la base de la pantalla gigante y manejada por control remoto), un contingente aproximado a ochenta argentinos —incluidos los periodistas—que viajaron especialmente, una audiencia potencial de 40 millones de telespectadores sólo para el norte de América, revendedores que salvaron sus vacaciones ofreciendo a 50 dólares una entrada de 25 y a 200 una de 100, 26 puertas de ingreso al estadio para que el mundo del consumo encontrara desde 22 modelos diferentes de remeras hasta una campera de cuero con la inscripción "USA Basketball", ¿o pensaba que decía otra cosa? al módico precio de 1.500 dólares... "El equipo de los sueños" —con sus imponentes 2,03 metros de promedio de altura— por todos lados, bombardeado y asistido por el meticuloso y penetrante aparato publicitario para el que Argentina es sólo un rival más de compromiso, pero para nosotros —los jugadores, nuestro básquetbol, usted, yo— será seguramente el acontecimiento del cual 20 años más tarde fotos amarillentas y ajadas lo recordarán con orgullo.

Por eso mis ojos son sus ojos, por eso le digo que mi asiento (fila 2, butaca 49, a dos metros del banco argentino) es su lugar. Y olvídese de los pochoclos que acá comen y comen, pero por las dudas tenga prendido el flash, porque... "Eeeyyy, saca, ahí están los dos equipos juntos..."

Campana trata de escalar a Ewing, mientras Laettner y De La Fuente aguardan el desenlace. Pichi fue el máximo anotador (19) y rebotero (4) frente a la NBA.

Campana trata de escalar a Ewing, mientras Laettner y De La Fuente aguardan el desenlace. Pichi fue el máximo anotador (19) y rebotero (4) frente a la NBA.

Ese día —el día de su novela deportiva— los jugadores argentinos fueron de compras a un centro comercial en la calle Sunset. Algún aparatito electrónico, refuerzos de rollos de película y un trámite no previsto para el técnico Garrone: tuvo que salir de apuro a comprarse un saco (cuesta 30 dólares), "porque el que traje da vergüenza". Es que la foto, la famosa foto de los terrestres y los que bajaron a la Tierra, merecía cualquier esfuerzo. ¿Pero para qué le cuento esto si usted ya está allí?

Exactamente a las 19.03 horas escuchó la chicharra convocando a los equipos a sus bancos para iniciar la presentación. La voz oficial del Portland Trail Blazers —Mike Stone— arranca con los nuestros. Ellos sienten sus nombres deformados, pero son sus ojos los que rastrean a los doce jugadores de enfrente.

"Magic, buena suerte, sos mi ídolo, me gustaría tener tu camiseta", fue el primer pedido-súplica que escuchó el negro número 15 de la sonrisa sin nubes. Salió de otro base, Marcelo Milanesio, y como no tuvo inmediata respuesta antes del partido, volvió a la carga. "Cambiamos la camiseta, ¿puede ser?" La famosa camiseta. Michael Jordan es otro demandado. Se la pide Espil, se la pide Campana... "Oh, no, ¿y con qué juego en Barcelona?", les contestó el muchacho de los 30 millones de dólares por año. Los argentinos están deslumbrados. Pero ya no queda tiempo para el fenicio arte del intercambio. Desde lo alto estalla rugiente la música de "Rock and roll parte II", de Gary Glitter, con un ritmo frenético que es una invitación a la guerra. ¿Guerra, decimos? ¿Para qué? Si le planteamos duro, perdemos como nadie. ¿Cómo hacerles partido, entonces? "Y... no busquemos nada raro, muchachos, si es imposible ganarles. Lo mejor será que haya espectáculo, que el público se entretenga y se divierta...", fue la coincidencia de todos. Un acierto.

"¡Paren el partido!", se escuchó un grito solitario y porteño cuando no podía creer lo que se veía en el tablero electrónico después de un triple convertido por Milanesio: ARGENTINA 5, U.S.A. 3. Magic marcándolo a Marcelo, Jordan a Espil, Mullin a Esteban Pérez, Robinson a Tourn, Karl Malone a Montenegro. "Qué pensará mi barrio, ay, ay, si, qué pensará. Qué pensará mi madre, ay, ay, si, qué pensará", dice la canción "Cachito, campeón de Corrientes" y algo de eso pasa por las cabezas de los nuestros. Estados Unidos toma la ventaja predecible, obvia, Argentina defiende en zona (otra cosa sería suicidio), pone toda la voluntad en el juego, no lo ensucia, y entonces los poderosos hombres del Norte sienten que no les están mojando la oreja y se prenden en el ida y vuelta sin roces y con lujos. A los 7m 34s entra Campana por Espil. Ahí nomás Pichi recibe ante la marca de Magic, prueba de tres, convierte, y con voz casi filosófica Johnson le dice: "¡Good shot, baby!". Campana sólo lo miró, no podía creer que una leyenda lo felicitara por un lanzamiento.

Integrantes de la delegación Argentina forman parte de la foto junto a los extraordinarios jugadores norteamericanos.

Integrantes de la delegación Argentina forman parte de la foto junto a los extraordinarios jugadores norteamericanos.

De la mano de un juego donde el rol de paternaire no es para nada denigrante, Argentina fue cambiando jugadores para que todos pudieran sacarse el gusto y también fue trocando la indiferencia del público por aplausos ganados por su ubicada actitud de juego. El show, en tanto, debía continuar. Los dos minutos que la televisión agregó por etapa a los tiempos computables de cada banco (seis en total) sirven para el comentario asombrado entre los jugadores. Garrone, por primera vez en el torneo, no se levanta un solo momento de su asiento. Casi no da indicaciones, entonces los jugadores, por ahí, buscan al cómplice que tiene su cámara para saber cuántas fotos pudo disparar. El público, en tanto, desnuda su cholulismo cuando en la pantalla gigante de cuatro caras aparece su rostro o su cuerpo contorneando tras la música, o sus grandilocuentes carteles, o "¡Vamos todavía!", o esa camiseta con la inscripción de "Argentina" que levanta en sus manos el bahiense Darío Genchi y se refleja tan sólo un segundo...

Pero alcanza. Un solo segundo puede bastar para no olvidarse el momento. Como el entrerriano Sebastián Uranga, quien a los 12m 02s ejecutó un tiro libre, la pelota pegó en el aro, se elevó tan alto que parecía remontar y terminó haciendo ¡zum! para después meterse limpita. Magic Johnson, a su lado, le dio su mano derecha y su "Good luck" (Buena suerte) ofició como una bendición para Uranga, quien le guiñó el ojo admirado. Después, en la conferencia de prensa, los americanos habrían de mostrar su simpatía por los continuos pedidos de los argentinos. Contaba Magic Johnson: "Ooohhh, el más insistente era el número 9 (Milanesio), me pedía y me pedía la camiseta, yo se la quería regalar, pero la orden del coach es no entregarla. Se la prometí para después de Barcelona. ¿Si me molesta? Nooo, al contrario, sólo que acá no tenemos esa costumbre..."

Lo que sí se acostumbra es a volcar la pelota, entonces Michael Jordan inventó un par de las suyas y también debió soportar un iwhowww! del público cuando el bahiense Espil entró con una bandeja, vio que se le venía al humo el hombre que vuela, y entonces la tiró alta y llovida para convertir uno de los dobles más elogiados de la noche. Esa jugada Jordan no se la olvidó, al punto que le preguntaron si no había sentido vergüenza porque le hicieron la conversión. Y contestó: "Vergüenza no, ha sido una buena jugada y la reconozco".

La noche de la primera vez se consumía lentamente. El dignísimo papel de Argentina, con un parcial de 50-60 en el segundo tiempo, provocó el definitivo 128-87 (para la anécdota: fuimos los que más puntos les convertimos en Portland) y también algunas cosas que usted y yo nos guardamos con cuidado:

1) El testimonio de Pichi Campana transmitiendo lo que sintió dentro de la cancha: "Sí, son de otro mundo, extraterrestres. Hoy por hoy, ninguna Selección de la FIBA está en condiciones de hacerles partido si juegan al máximo de sus posibilidades. Si ellos quieren, no podemos tirar, ni pasar, ni tomar un rebote..." La diferencia mínima fueron los 38 tantos (119-81) sacados a Puerto Rico. 2) La frase que se le oyó decir a Karl Malone no fue de circunstancia: "Los que nos jueguen como nos jugó Argentina quizás algún día nos van a ganar por 30 puntos, pero los que nos jueguen con mala intención van a perder siempre por 80..." 3) Escuchamos de boca de Magic Johnson elogios para Espil: "El 10 tiene algunas cosas de NBA con ese tacto con el balón". 4) Sentimos como propio el baño de cariño que la gente brindó a toda nuestra Selección y principalmente a Marcelo Milanesio —favorito del público con sus notables asistencias—, cuando recibió una ovación al retirarse por cambio a poco del final.

Cortijo, Campana, Magic Johnson y Marcelo Milanesio. Inolvidable para los argentinos.

Cortijo, Campana, Magic Johnson y Marcelo Milanesio. Inolvidable para los argentinos.

Y el final, como en toda película, ha llegado inexorablemente. Antes de los títulos, antes del telón, están todavía las imágenes indelebles de un hito en el básquetbol argentino: por primera vez enfrentamos a los monstruos de la NBA. Con dignidad, con admiración, con entereza, con ubicuidad, con la ansiedad de quien espera algo toda la vida. Así lo sintieron ellos, así lo sintió usted, ubicado en la butaca 49 de la fila 2 de este descomunal Memorial Coliseum, con la autofocus lista por si pasa... "¡Eeeyyy, ¿no me sacás una foto con Magic Johnson y Michael Jordan?!"

 

 

Por HUGO SUERTE (1992).

Fotos: PABLO GROSBY.

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