Las Entrevistas de El Gráfico

1979. Passarella va y viene por la historia

Por Redacción EG · 11 de febrero de 2020

A los 26 años Daniel Passarella vuelve a su querido Chacabuco para revelar sus orígenes y su comienzo en River tras los rechazos, entre otros clubes, de Boca, Independiente, Estudiantes y Chacarita.

Le decían Mocho.

Todos en Chacabuco lo llamaban así, sin que hoy sea posible descubrir la raíz del apodo. Como si lo hubieran olvidado. Como si la fama del propietario, habitante de la cúspide del fútbol fuera demasiado grande y no pudiera ocuparse de la pequeñez de un sobrenombre pueblerino.

 Le decían Mocho. ¿Quién era entonces? El flaquito del pelo duro y corto, zurdo a la fuerza por ese accidente en la pierna derecha cuando andaba por los seis o siete años, el terror de las vecinas, idólatra de Rojitas y Karadagián, hincha de Boca como toda su familia. ¿Y qué más? No mucho. La escuela primaria, la bicicleta a toda velocidad detrás de los camiones, y la pelota, cada día y hasta la noche la pelota, pasión, vocación, obsesión.

"El Santos", su primer equipo. Daniel tenía 12 años —es el más alto, en el medio—, y recuerda que lo llamaban así porque tenían camisetas blancas y ellos eran negritos. Nacía el crack.

"El Santos", su primer equipo. Daniel tenía 12 años —es el más alto, en el medio—, y recuerda que lo llamaban así porque tenían camisetas blancas y ellos eran negritos. Nacía el crack.

 Era hijo único de don Vicente Uberto, capataz de corralón, futbolero de alma, y de doña Elida, ama de casa y "victima" de sus travesuras. Vivía sobre una calle sin asfalto a diez cuadras de la plaza pero a tres, solamente, de la canchita de Argentino donde empezó jugando de wing izquierdo.

Era el más vago del barrio. Le decían Mocho.

* * *

Carmelo Spataro es un veterano buceador de cracks con una perla en su record: Daniel Alberto Passarella.

—Conmigo el asunto no fue fácil porque mi viejo era delegado de Racing, así que un día se apareció por casa con mi tío Edmundo para tratar de convencerlo. Le explicaron y el viejo les contestó: "Está bien, si Daniel está de acuerdo no hay problema; cuando yo era chico me fiché para el club que quise, así que él puede hacer lo mismo. Además tengo que reconocer que Argentino se preocupa más que Racing por las inferiores". El también había sido jugador. Jugaba de "5" y había sido compañero del padre del Negro Ortiz, que era marcador de punta. Bueno, ahí arranqué y empecé a retroceder en la cancha. De 11 pasé a 10, después 8 y al final  6, cuando jugaba en la cuarta. Si seguía así iba a terminar de arquero...

Con don Carmelo Spataro, el hombre que lo inició en la ruta del fútbol profesional. Passarella no olvida su pasado ni sus viejos afectos.

Con don Carmelo Spataro, el hombre que lo inició en la ruta del fútbol profesional. Passarella no olvida su pasado ni sus viejos afectos.

 — ¿Saliste campeón acá?

—Sí, a los 15 años, en cuanto llegué a la primera. Y salimos tres años seguidos. Argentino hacía como 20 años que no salía campeón. Enseguida me pusieron en la selección de Chacabuco. Mirá, si de chico era loco por el fútbol, en esa época ya no pensaba en otra cosa. Trabajaba porque me hacía falta, pero había dejado la secundaria en primer año; era industrial y me ocupaba mucho tiempo entre los teóricos y el taller. ¿Cuándo iba a jugar si estaba mañana y tarde en la escuela? Me acobardé. Me gustaba estudiar pero la verdad es que nunca tuve una vocación definida, solamente el fútbol.

 La plaza de Chacabuco está desierta porque es la ociosa, insobornable, llena de silencio hora de la siesta. Acá enfrente están la tienda donde Daniel trabajó muchos años, el "boliche" Archibaldo, la Municipalidad y la iglesia. Alrededor, varios lugares para tomar café. Un poco más lejos, en la distancia y la memoria, la carnicería de unos pocos pesos mensuales y los camiones que se cargaban con material y la mente puesta en el potrero.

El equipo de Argentino, campeón en Chacabuco. El primero de la izquierda, parado, es Daniel. Era el año 1969.

El equipo de Argentino, campeón en Chacabuco. El primero de la izquierda, parado, es Daniel. Era el año 1969.

 Las sombras van por la derecha y atrás. Devuelven sensaciones y recuerdos. Cruzan las imágenes quietas de baldosas simétricas y canteros coloridos. Se detienen. Una de ellas, hamacando distraídamente las llaves del Torino rojo, piensa en voz alta. Y aparecen entonces aquella ilusión paterna de un hijo que fuera "zurdo y centrojás", aquel equipito de baby que todos llamaban "El Santos" porque las camisetas eran blancas y los jugadores negritos, los primeros tiempos en Argentino cuando había que cambiarse en la sede y después cruzar la calle para jugar los partidos…

Todas esas cosas. Y también algunas nuevas que se mezclan porque el tiempo ha sido corto, porque ha llegado vertiginosamente a estos veintiséis años capitanes y campeones del mundo. La alegría de Sebastián, que aún no tiene tres años, es de River, fue a ver la final contra Vélez y pedía más goles para divertirse con los gritos de la gente; el debut oficial en primera, en el 74, contra Rosario Central; las fotos y la charla con el Papa antes del partido con Italia, durante la última gira de la Selección.

Las calles, poco a poco, se van desperezando. Es sábado. Es fiesta.

La cara arrugada y orgullosa por el cariño de Sebastián, el hijo que completa su felicidad. El pibe es hincha de River.

La cara arrugada y orgullosa por el cariño de Sebastián, el hijo que completa su felicidad. El pibe es hincha de River.

 Yo estaba convencido de que era un verde. Mirá: en el 70 me llevaron a Boca. Estuve dos meses y medio viviendo en La Candela y Gandulla me dijo que dejara el trabajo en la tienda, que era jugador del club. Pero apareció un tal Campos, dijo que no le servía y me quedé afuera; Gandulla medio se lavó las manos. Estaba con el Loco Sánchez, con Mouzo. . . Al año siguiente apareció Independiente. Me habló Pipo Ferreiro para jugar de "10". Me probó, le dijo a mi papá que estaba todo fenómeno pero un empleado se equivocó y cuando se dieron cuenta ya habían cerrado el Libro de Pases. Una cosa de locos. Y sigo. En el 72 me llevó el 'Cochero' Antonio a Estudiantes de La Plata. Estuve tres meses en la pensión que tienen al lado de la cancha y cuando abren el Libro se armó un lío en la Comisión Directiva, echan a medio mundo y yo caigo en la volteada. Volví a Chacabuco destrozado y dije en casa que nunca más me iba a probar... ¿Sabés las cargadas que me tenía que aguantar? Ahí tengo otro recuerdo de papá. Me agarró y me dijo: "No aflojas, que a los cracks siempre los echan. Vos seguí".

— ¿Ahí aparece Sarmiento de Junín?

—Sí, en el 73. Me probaron en un partido contra Platense y le hice un golazo a Topini desde justo el medio de la cancha. La pateó desde el arco, la paré con el pecho, me quedó picando y lo agarré en el borde del área. . . Bueno, Sarmiento me pidió pero mi amigo Carmelo dijo que únicamente por un año y sin opción. Al principio el técnico no me ponía. Se llamaba Villafañe. A mitad de año vino el Tucumano Hernández y me probó de "3" en las prácticas; te juro que la rompía. Al final quedé de titular y hasta terminar el campeonato hice quince goles. Hernández me decía que hasta la Selección no paraba.

—Y se hizo lo de River. .

—No, todavía falta. Te había contado de Boca, Independiente y Estudiantes, ¿no? Bueno, me olvide de Chacarita. Voy un día al entrenamiento, era en Parque Saavedra, y me llevan en auto Buzzo. Converti y Frassoldati. Entrenamos y Maschio, que era el técnico, me dijo que me iba a llamar pronto. Nunca más se supo. ¡Uh me acordé de otra: resulta que también me quería el Pulpa Echamendi que estaba en Nacional de Montevideo y entonces vinieron a Junín a jugar un amistoso. ¿Sabés lo que hicieron los de Sarmiento? No me pusieron, porque como yo estaba a préstamo no querían competencia para cuando tuvieran que arreglar. Y otro interesado era San Lorenzo. . . Un lío bárbaro.

Su debut en River, en 1974. Arriba: Perico Pérez, Ernesto Mastrángelo J.J. López y Norberto Alonso. Abajo: Passarella, Hugo Pena y Enrique “Quique” Wolff.

Su debut en River, en 1974. Arriba: Perico Pérez, Ernesto Mastrángelo J.J. López y Norberto Alonso. Abajo: Passarella, Hugo Pena y Enrique “Quique” Wolff.

 — ¿Cómo es la historia de ese partido contra la Selección?

 —Fue en el 73 también. Vino la Selección completa; el técnico era Sívori. Estaba arreglado que para Sarmiento jugaban de refuerzo Rojitas y el Tano Roma. La noche antes estábamos cenando los jugadores de Sarmiento y en una mesa de al lado estaban el tucumano Hernández y Sívori. Cuando terminamos de comer Hernández me llamó y me dijo que al día siguiente iba a jugar para la Selección de "3", porque el Gallego Rosl se había lastimado. Me quedé duro. Como no le contesté nada me preguntó: "¿Pero usted quiere jugar para la Selección, no?" No sé cómo me animé pero le dije que no, que me convenía jugar bien en Sarmiento, porque si jugaba bien en la Selección iban a decir que había sido por mis compañeros. Se agarró una bronca bárbara pero se la aguantó. Al día siguiente lo marqué a Ponce y anduve muy bien.

+ + + 

Final. Final de una etapa. La fama del zurdito que ya era novio de Graciela Benvenutto —los Benvenutto vivían a una cuadra y media de los Passarella—, que saltaba y corría como una fiera, trascendía ya la canchita rodeada de alambre, las casas bajas de Chacabuco, la ruta 7 y la misma ciudad de Junín, con su equipo de Primera "C" que había sido vidriera y trampolín.Era el final. Los 30.000 habitantes de la ciudad, la euforia de la Fiesta del Maíz que se prepara doce meses para vivir una semana, la cuna compartida con el Negro Ortiz y Huguito Coscia iba a ser, pronto, los materiales de su nostalgia. Llegaba River. Nada menos que River, con su desafío de tantas temporadas sin campeonato, con sus urgencias impiadosas. Raúl Hernández, su amigo de hoy, fue entonces su abogado. Habló con Néstor Rossi, que era el técnico millonario, le avisó a Daniel que a Pipo le gustaban los jugadores que se tenían fe y entonces el pibe pidió debutar contra Boca, en el Torneo de Mar del Plata. Pipo se hizo el enojado; tenía a Giustozzi, Bottaniz y Osvaldo Pérez en el plantel, estaban por comprarle al Gorrión López, pero igual se la jugó. Fue éxito total marcando a Ponce. Y nada de entrar en el segundo tiempo; de entrada no más. Rossi lo había llamado "Mocoso caradura", pero ya lo tenía en su afecto.

Y fue final. Con suspenso, como corresponde, porque el pase valía 18 millones y River decía que era demasiado.  La decisión tardó unos días. Tanto, que casi firma para Ferro, si no hubiera sido porque los dirigentes de Caballito se dieron cuenta a último momento de que tenía pendiente el Servicio Militar, o para Huracán, si el Flaco Menotti hubiese tenido 24 horas más de tiempo. Pero se hizo lo de River. Doce millones por el pase, 230.000 por mes y los premios para él. Una fortuna. Suficiente para esconderle por un tiempo el cariño por sus raíces, para empujarlo a la aventura urbana, para cambiarle definitivamente aquellos clásicos contra Porteño por otros contra Boca, contra Racing. . .

 Final y comienzo. La vida es eso.

Con los dueños, en la sastrería que fue su último trabajo extrafutbolístico, frente a la plaza principal. Su historia está escrita con la claridad de lo sencillo y la alegría de su vocación.

Con los dueños, en la sastrería que fue su último trabajo extrafutbolístico, frente a la plaza principal. Su historia está escrita con la claridad de lo sencillo y la alegría de su vocación.

 —Qué pasó en River, Daniel, qué cambió?

—Se unió al grupo humana y futbolísticamente. Ojo, que acá se jugaba la suerte de Labruna y algunos jugadores. Charlamos, nos metimos en la cosa y salió bien. Ahora, tácticamente, el cambio fundamental fue Comisso, además de que Jota Jota y yo nos quedamos más para acompañar a Merlo. El problema era sobre nuestra izquierda y así se solucionó. Y además el Beto tuvo más libertad.

— ¿Por qué tuvieron algunos fracasos?

—Por exceso de confianza. Porque hacíamos las cosas cuando el agua nos llegaba al cuello, y nunca más, y en una semana no se puede hacer todo lo que no se hizo en un año. Eramos los mejores pero no podíamos demostrarlo. Esta vez nadie hizo macanas a pesar de que la concentración no es un lugar muy solitario; ¿vos viste lo que es el club, no? Hasta hicimos autocrítica después de los partidos, y entre profesionales eso no es fácil. Y te digo algo más: teníamos una motivación especial por lo que dijo Aragón el año pasado después de la final con Independiente; eso de que no teníamos espíritu. Fijate el caso de Héctor López. Casi se va del club por ese partido y ahora reapareció y es campeón.

Hasta esta nota había salido cuatro veces campeón con River.

Hasta esta nota había salido cuatro veces campeón con River.

 —Ahora viene la Copa. . .

—Para mí es un campeonato más, pero la quiero ganar porque para la gente de River es una obsesión, sueñan con la Copa. La verdad es que no tuvimos suerte. En el 76 nos tocó el Cruzeiro con Palinha, Jairzinho, un equipazo. Después va Boca y lo agarra al Cruzeiro todo roto, y en el 78 le toca el Cali, un equipo sin experiencia. Si nosotros llegamos a la final el año que viene, seguro que nos toca el Flamengo de Coutinho. Pero no importa, hay mucha fe.

— ¿River va a seguir así?—Seguro. Porque vimos que nos conviene y porque la gente nos va a a obligar. Va a ser difícil ganarnos, pero yo no me engaño: Vélez es un cuadro inmaduro; contra un Independiente o un Boca las cosas van a ser más complicadas.

Domingo a la mañana. Las canchas están mojadas pero esta tarde hay fútbol. La mañana es el ritual profundo y respetuoso de la misa, los pibes y el sol, la mesa tendida para todos con pasta italiana y postre especial. La hora de los ojos entrecerrados para los que fueron a bailar o al cine; del televisor y de cigarrillo en el living, con los amigos o con el silencio.

Sebastián —a quien don Carmelo quiso fichar para Argentino en cuanto nació—, juega con mamá en la puerta de la casa de los abuelos. Daniel lo mira, le habla, le hace bromas. Dentro de un rato vamos a ir al club.

Maradona, la esperanza de un rey del fútbol para el Mundial '82; Menotti, un hombre a quien le debe mucho, un amigo. La Selección es el capítulo clave en su vida plena de fútbol.

Maradona, la esperanza de un rey del fútbol para el Mundial '82; Menotti, un hombre a quien le debe mucho, un amigo. La Selección es el capítulo clave en su vida plena de fútbol.

  —Esta Selección ha hecho un proceso positivo, y lo que están pasando los muchachos nuevos yo lo pasé peor en el 76 y en el 77, cuando nadie nos perdonaba nada. Ahora no andaba bien de la pierna pero no le podía fallar a Menotti, que me puso como algo representativo, para que transmitiera mis experiencias. Y yo le debo mucho a él. Así que en algunas reuniones hablaba, como también lo hicieran después  Olguín y Gallego.

— ¿Cómo ves el futuro de la Selección?—Yo creo que el Flaco quiere 15 jugadores seguros el año que viene, como base. Y en este grupo hubo varios que tuvieron garra y personalidad. Vidallé, por ejemplo, anduvo bien y se mató aunque sabe que el titular es Fillol. Otro caso es Gaspari. No se le puede pedir que juegue ahora como jugaba Ardiles en el Mundial: a mí me gustaría ver el videotape de nuestros primeros partidos para comparar en serio. Y después están Van Tuyne, Coscia. . . El equipo mostró personalidad en Brasil y estoy seguro que va a andar bien en Europa.

— ¿La motivación es la misma?

—Eso le va a costar un poco al Flaco, pero se reemplaza con la experiencia que ahora tenemos. Jugar un Mundial siempre es suficiente motivación, pero además Barbas o Maradona, por ejemplo, van a llegar a España con 40 ó 50 partidos internacionales contra 20 que teníamos nosotros. Ahora, la contra que tenemos es que todos se matan por ganarnos, aunque sean partidos amistosos, como nosotros hacíamos antes si jugábamos con el Campeón del Mundo. Pero en la Selección dan ganas de estar y luchar por el grupo, por la gente. Es familia en serio.

Y esa tarde Daniel volvió a ser el capitán de Argentino. Por unos minutos, los que alcanzaron para salir a la cancha de siempre con la querida camiseta azul, posar y volver al vestuario.

Y esa tarde Daniel volvió a ser el capitán de Argentino. Por unos minutos, los que alcanzaron para salir a la cancha de siempre con la querida camiseta azul, posar y volver al vestuario.

 Vamos a la cancha. Está distinta. El alambre a la calle es ahora pared de ladrillos. Hay vestuarios. Está distinta pero es la misma porque ahí están don Carmelo, los hinchas de siempre, las camisetas azules y hasta algún compañero de Daniel que estira el vicio amateur e insustituible del fútbol. Lo esperan el pasto que pisó con zapatillas sin pasado ni suela acolchada, las rayas voluntariosas de sudor y cal, los arcos de sus primeros goles. Por un rato, quizás, va a ser otra vez Mocho, el hijo de don Vicente, el cuevero de Argentino.

— ¿Daniel, estás hastiado de fútbol?

—No, estuve cansado nada más, Porque me pasé más de dos meses concentrado y jugando entre River y la Selección. Eso fatiga un poco, mentalmente también, pero eran dos compromisos demasiado importantes. Ahora ya estoy bien, descansado y pensando en jugar.  Si me hubiera sentido hastiado o saturado le hubiera dicho a Labruna o Menotti,y seguro que no había problemas, pero no es el caso. Esto me gusta de alma, con decirte que tengo 26 años y estoy asustado pensando en el día que tenga que dejar de jugar. Qué sé yo, ser director técnico es una posibilidad, pero para esa época vamos a ser tantos. . . El otro día lo estaba hablando con Pinino Mas; me asusta pensar en eso.

— Pero a veces las exigencias son muchas, ¿no?

—Sí, pero no me molesta. Lo único es que entre los partidos, los viajes y la lesión no pude practicar más de cinco o seis veces en más de un mes, y eso a mí me quita velocidad, pique. Por suerte no engordo; en el Mundial subí dos kilos Pero fue a propósito, por indicación del doctor Oliva.

— ¿Con Brasil qué pasa, por qué no le ganamos?

—Nada, tenemos mala suerte. Una vez 1 A 0 en Rosario, otra vez 2 a 1en la cancha de River. . . Nos han ganado sin merecerlo, nada más.

— ¿Y con el número 3?

—Que no siento el puesto, no me gusta. Si me dan un pantalón con el "3" para una práctica, lo cambio. Pero si ME lo piden, juego, no hago problemas.

— ¿Qué esperás del fútbol?

—Dos cosas: ganar la Copa con River y jugar y ganar el Mundial del '82.

El "Gran Capitán" con la primera copa mundial de fútbol lograda por Argentina.

El "Gran Capitán" con la primera copa mundial de fútbol lograda por Argentina.

Esa cancha es un poco suya, al margen de la foto y la emoción. Porque él no se olvidó del club humilde que lo ayudó a ser quien es y entonces trajo a River, y trajo a la Selección, y con ese dinero se han comprado cinco hectáreas que pronto tendrán pileta, canchas y un gimnasio para los pibes que hoy caminan sus mismas calles. Porque él recuerda todo, a pesar de esa imagen popular, importante, del hombre con la Copa entre las manos, la camiseta celeste y blanca, los diarios y las revistas.

Porque él nació ahí y no ha cambiado sus afectos. Para el mundo es el fenómeno, el capitán, el sucesor de Beckenbauer, el goleador, el lugarteniente de Menotti, el símbolo de un fútbol que renació. Para todo el mundo, excluyendo una ciudad que queda a 200 kilómetros de la Capital, por la ruta 7, al Oeste. Para ella no.

Para Chacabuco sigue siendo Mocho.

JOSE LUIS BARRIO Fotos: OSCAR MOSTEIRIN (1979)

Imagen de EL GRAN CAPITÁN FUI YO
Las Entrevistas de El Gráfico

EL GRAN CAPITÁN FUI YO

En El Gráfico vivimos la carrera de Diego Maradona metro a metro, gol a gol, En está nota, el gran referente de la era Bilardo y la Seleccioń Argentina destapaba los detalles ocultos de su relación con Daniel Passarella. Un testimonio imperdible. ETERNO.

DEJÁ TU COMENTARIO