Las Entrevistas de El Gráfico

1988. Navarro Montoya: ¨Yo nací para atajar en Boca¨

Por Redacción EG · 08 de enero de 2020

Comenzaba el ciclo del Mono en Boca, con la difícil tarea de reemplazar a una gloria boquense como Hugo Gatti. En esta entrevista habla de sus comienzos y de sus referencias en el puesto.

A los 22 años está abrazado a una gran ilusión: triunfar en Boca. Y la meta está cerca. Después no le van a quedar muchos objetivos más allá de los títulos. La Selección Argentina, por ejemplo, es un camino clausurado, ya jugó por Colombia eliminatorias del Mundial y eso lo inhabilita para soñar con una convocatoria. Carlos Fernando Navarro Montoya es colombiano, nació en Medellín el 26 de febrero de 1966, pero no quiere repetir la experiencia en ese fútbol, algo pasó, lo marcó, queda por averiguar.

Es hijo de Juan Carlos Navarro, a quien nunca vio jugar, pero que evidentemente le transfirió los genes del arco. Su padre hizo campaña en Argentinos Juniors, Huracán, Rampla Juniors (Montevideo), Cristal Caldas y Nacional de Medellín (Colombia), no ganó fama ni dinero, pero dejó una huella: buen arquero, buen tipo.

Este momento de Boca, antes Vélez e Independiente Santa Fe, y un montón de cosas para contar.

Boca está muy bien atrás. No lo digo por mí ni por la línea de cuatro. Se dio. En el medio y arriba es más difícil, se notan las ansiedades y la falta de partidos. Es bravo jugar en Boca, hay muchas presiones, este año hay que salir campeón o campeón. La única alternativa que tenemos es entrar en la Copa Libertadores. Todo lo demás es fracaso. Yo me entiendo muy bien con Simón y Tavares, me ayudan mucho. Lo de Simón debe ser una cuestión de piel, llegamos al club los dos juntos, ya me parece un hermano. Es un jugador fantástico, podría jugar de ocho o de diez, tranquilamente, porque le sobra clase. Lo de Tavares es bárbaro, en este momento debe ser el mejor seis del fútbol argentino.

 

Llegó a Boca en 1988 para reemplazar a una gloria como Gatti.

Llegó a Boca en 1988 para reemplazar a una gloria como Gatti.

 

—Pará un poquito, que los hinchas de Cuciuffo y Passarella se deben agarrar la cabeza.

—¿Estás seguro de que es el mejor seis argentino?

—Cuciuffo es muy parecido a Simón, juega con clase, y lo de Passarella no lo niego, tiene una gran trayectoria. Pero en este momento Tavares está arriba, se ganó el lugar remando, se tranquilizó, aprendió mucho con la pelota. Además tiene una fuerza impresionante.

—Recién dijiste que jugar en Boca es difícil. ¿Es muy distinto a Vélez?

—Boca juega todos los domingos una final. Me doy cuenta ahora, desde adentro, y ato cabos recordando mi época en Vélez. Cuando nos tocaba jugar contra Boca, toda esa semana previa era muy especial. No digo que se entrenaba mejor, pero se esperaba el partido con mucha expectativa. Para triunfar en Vélez o en cualquier club chico hay que fijarse metas personales. No existe la exigencia de un Boca o de un River, entonces el jugador termina achanchado. Yo creo que la mejor prueba de lo que digo es Vélez, hace veinte años que no sale campeón, y no pasa nada...

—¿Por qué te fuiste a Colombia a los 20 años?

—Primero porque Vélez necesitaba la plata, por mi pase el América de Cali pagó 250.000 dólares. Yo también lo vi como una salida económica, pero me fue mal.

—¿Qué problema tuviste?

—América me dio en préstamo a Independiente Santa Fe de Bogotá por seis meses, y de ese contrato todavía me deben una parte. Pero peor fue lo de América, me tuvo sin pagar un peso desde setiembre de 1986 hasta junio de 1987. Por eso la FIFA aceptó mis reclamos, me dio el pase libre en primera instancia, por incumplimiento de contrato por parte del club.

—No lo tengo muy claro. América paga 250.000 dólares por tu pase y después no te utiliza y tampoco te paga.

—En Colombia puede pasar cualquier cosa, la organización del fútbol es muy mala. Hay muchas falencias.

—¿Por ejemplo?

—Yo digo que no se puede tomar muy en serio un Campeonato donde no hay control antidoping. —¿Y vos qué viste? ¿Los jugadores se drogan?

—Yo no vi nada en ese sentido, pero el fútbol colombiano está mal organizado. Hay muchos jugadores en mi condición.

—¿Los podés nombrar?

—En este momento recuerdo a Karabín.

Navarro Montoya y una postal típica de La Boca, con el riachuelo de fondo.

Navarro Montoya y una postal típica de La Boca, con el riachuelo de fondo.

—Yo te podría citar a Falcioni y Gareca. Juegan en América, ganan mucho dinero, nunca se quejaron del fútbol colombiano.

—El problema no es con ellos. Los que están sometidos son los jugadores colombianos, no los dejan agremiar, no tienen ningún derecho, nada...

—¿Todo esto lo dijiste en Colombia?

—Sí, creo que es el mínimo derecho que puede tener una persona, hablar. Y no me lo perdonaron nunca.

El fútbol, hasta ahora, le dio para regalarle una casa a sus padres, y para comprarse un BMW de segunda mano, modelo 81, rojo brillante, pero no lo asume, no quiere sacarse una foto con el auto. El Mono pierde la sonrisa y murmura tímidamente: "¿Hace falta? A mí me chocaría, hay mucha gente que está mal, me parece una falta de respeto'. Se podría discutir la respuesta, quizá el fundamento, pero es lindo que lo diga, porque tiene 22 años.

—¿Quiénes fueron tus espejos en el arco?

—Tengo dos: Hugo Orlando Gatti y Amadeo Carrizo.

—Pero vos no lo viste jugar a Amadeo.

—Es cierto, pero charlamos mucho en Adidas, me dio consejos, me tiró varios secretos del puesto. Por ejemplo dónde pararse cuando va a sacar el arquero contrario, esperar la pelota en puntas de pie; esto también lo dice siempre Hugo. Yo iba muy seguido a Adidas, esa gente me ayudó mucho cuando recién empezaba, me daban ropa para todos mis hermanos, y además siempre valoré sus consejos, los de Angel Coerezza, Héctor Querido. Un día lo tenía que decir públicamente, es mi agradecimiento.

—Recién mencionaste a Gatti. ¿Te recibió bien en Boca?

—Es mi ídolo, esto no lo digo ahora. Hugo lo sabe desde siempre. Yo sé que hizo mucha fuerza para que jugara en Boca, me nombraba en las notas, decía que estaba dentro de su estilo. Ahora la vida nos puso frente a frente compitiendo por un puesto, pero no por eso nos llevamos mal, al contrario, Hugo es muy cordial conmigo: eso lo enaltece.

 

En Boca ganó cinco títulos. Marcó una época.

En Boca ganó cinco títulos. Marcó una época.

 

—¿Quiénes son los mejores arqueros argentinos?

—Gatti y Fillol, para mí polarizaron el puesto, son dos fenómenos desde estilos distintos. Después vienen todos los demás, Pumpido, Scoponi, Cancelarich, Vivalda, Carlitos Goyén.

—No lo nombraste a Islas.

—Como arquero no lo niego, pero hay cosas que no me gustan.

—¿En el arco de la Selección, quién, Pumpído o Islas?

—Pumpido, sin dudas, es ganador.

— ¿Qué no te gusta de Islas?

—Que haya competido por un puesto diciendo cosas fuera de lugar. En la vida hay que ser derecho. Un hombre tiene que discutir el puesto en la cancha.

—Vos lo criticás a Islas pero la semana pasada lo quisiste pelear al Panza Videla en Mar del Plata, en un vestuario, a la vista de todo el mundo.

—No lo fui a pelear, sólo quería una explicación. Pedir disculpas también es de hombre. Videla se quedó cruzado de brazos, y eso me dolió más que el planchazo.

—Estás hablando como si tuvieras la verdad bajo el brazo.¿Quién tiene la verdad?

—Cada uno dice la suya. Lo que me molesta son los enfrentamientos: Menotti y Bilardo, Fillol y Gattí, Passarella y Maradona. A mí me parece que Menotti interpreta mejor la idiosincrasia del fútbol argentino, pero no lo puedo defenestrar a Bilardo, también es un ganador. Me da bronca que haya rivalidad entre Fillol y Gatti entre Passarella y Maradona. La polémica es linda, pero no sirve si destruye.

—¿Reconocés maestros en tu forma de pensar y actuar?

—Hay mucha gente que me ayudó: Carlitos Fren, un tipo muy derecho; el Coco Basile, Roberto Rogel, el Toto Lorenzo, que me llevó al banco como suplente de Pumpido a los 16 años; la gente de las divisiones inferiores, Bermúdez, Osvaldo Diez, Cielinsky, Montaño; el Negro Marchetta, Carlitos Babington...

—¿Siempre fuiste hincha de Boca?

—Sí, y no es camelo. De pibe seguía al Boca de Curioni, Potente, el Picky Ferrero, Rogel, atajaba el Loco Sánchez. Yo nací para jugar en Boca, y se me hizo.

—¿Y ahora, desde adentro, qué pensás?

—Lo que dice todo el mundo: Boca es un sentimiento.

Carlos Fernando Navarro Montoya. Le dicen el Mono y está escribiendo una historia. De él depende que sea simple o grande.

 

 

Por NATALIO GORIN (1988).

Fotos: ALDO ABACA.

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